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| Crédito foto a quién corresponda |
Ni una sola palabra en toda la noche.
Las caricias, las miradas, los
silencios entre ambos, tensos en ocasiones, eran suficiente para entenderse.
No dejaron de observarse en toda la noche. La luz de la luna llena , única
iluminación sutil en toda la habitación, les servía como abrigo y referencia .
Un sentimiento de culpa lo embargaba por el ahogo que se traducía en los
ojos de ella. Ojos oscuros y tristes aquella noche, pero ojos que seguían
mirándole con el mismo sentimiento de siempre.
Como si todo aquello fuese a terminarse en horas o días, sin
proponérselo, ninguno de los dos dejó que Morfeo pudiese con ellos, hasta que
éste terminó venciendo a uno de los dos, a Itzabó, que cerró sus ojos un
instante y no volvió a despertar, pero eso sí, poco después de cerrarlos, una
lágrima rebelde quiso respirar y correr juguetona por su cara.
Izan no sabía aún cómo reaccionar.
Ahora que la creía dormida, que no lo veía ni lo escuchaba, sintió las ganas de
explotar, y dándose la vuelta en la cama, apretando la almohada contra su boca,
grito tan silenciosa y ahogadamente que apenas le quedaban fuerzas para
respirar. Era consciente de que de forma involuntaria había traicionado en
su confianza, y eso era lo último que debía haber hecho.
Cuando a la mañana siguiente el sol comenzaba a aparecer, él, con mucho
cuidado para no despertarla , recogió sus cosas y se marchó sin hacer ruido.
Llegó a la escuela con la peor y más seria cara que nadie le había visto jamás.
Las ojeras le marcaban su tez blanca y el cansancio era palpable. Ni siquiera quiso pasar por el despacho de Jesse como acostumbraba a hacer para quedar en el desayuno. Se dirigió directamente al aula- taller donde
le esperaban todos los alumnos.
Poco acostumbrados a verlo de esa forma, los rumores sobre su
estado se extendieron como la peste. Más serio que de costumbre, apático y con
un genio continuado, aunque no cargado sobre los alumnos, Izan no era el mismo
de siempre.
A las dos horas, legaba Itzabó a la Escuela. Su apenado rostro tampoco
parecía ser buena señal, pero a su cara la gente estaba acostumbrada.
Al acercarse al pasillo de la planta de arriba para ir a su aula, tuvo
que pasar irremediablemente por la que estaba utilizando Stelle, y se quedó
observándola durante un instante. Un estilo diferente , una forma distinta de
entender la música , la danza. Pero
perfecta en cuanto a ejecución y belleza. Sin taras de las que avergonzarse, fue
lo primero que pensó Itzabó.
Ambas se conocían de oídas mucho
antes de encontrarse en la Escuela.
Stelle no destacó pronto como bailarina, ni fue una niña prodigio, y su
estilo era mucho menos arriesgado, eso sí, más delicado en cuanto a gestos y
sensibilidad. Posiblemente , si nos encontrásemos en El Lago de los Cisnes y
fueran dos bailarinas las que realizasen el papel protagonista, el dulce y
delicado cisne blanco sería perfectamente encarnado por ella. Inocente.
Sensible. Nunca recibió mote significativo a diferencia de Itzabó, y en más de
una ocasión , coincidieron en algún casting , hasta que Itzabó desapareció y el campo quedó en abierto enteramente para Stelle.
Hasta en su forma de enseñar era diferente. Aunque de eso, Itzabó prefería no comentar nada por no entrometerse , pero las dos poseían diferentes
conceptos de disciplina y sacrificio.
Itzabó estuvo atareada antes y después de sus clases con la preparación
de la próxima performance del trimestre, y queriendo que fuera especial,
descansaba poco y no paraba de trabajar entre clases, permitiéndole así
evadirse de la realidad. La pieza
clásica escogida: Suites en Chelo de
Bach, y como siempre , dentro de su estilo, sus alumnos debían darlo todo.
Por su parte, Izan , no encontrándose bien, decidió pedir permiso a Jesse
para suspender las dos últimas clases y marcharse a casa , lo cual le fue
concedido, especialmente porque no tenía buen aspecto . Necesitaba la soledad
de su casa, de su taller, para poder pensar, para poder encontrarse consigo
mismo.
Y en el taller se encontraba encerrado, cuando oyó el portero y dejó la puerta abierta pensando que podría ser Itzabó.
Se encontraba retocando una obra
dejada a mitad, cuando una voz familiar le sacó de su concentración.
·
STELLE: ¿Así que efectivamente estabas en
casa?
Una pesadez de cabeza le sobrevino de golpe a Izan.
·
IZAN: ¿Qué quieres Stelle?
·
STELLE: Te estuve buscando por toda la
Escuela , hasta que me vi a Jesse y me dijo que no te encontrabas bien y que te
habías venido a casa, lo cual debe ser cierto porque tú nunca suspendes clases.
·
IZAN: - Muy serio y contundente- No hagas que te lo pregunte otra vez.
·
STELLE: Te lo acabo de decir, estaba
preocupada por ti.
·
IZAN: -mientras buscaba desordenadamente
entre sus herramientas, intentaba controlar las mil y una reacciones que ella
le provocaba- Pues ya que me has visto puedes quedarte tranquila.
Ella se le acercó hasta la mesa, y
puso su mano encima de la de él.
·
STELLE: ¿Tanto te molesta mi presencia?-
acercó su cuerpo a su espalda mientras Izan resistía como podía la realización de un
gesto desagradable- Te he echado tanto de menos.
Izan se alejó de ella bruscamente.
Al ver que le rehuía, decidió darle algo de espacio y visionar más de
cerca el estudio, hasta que la gran estatua del centro , cubierta, le llamó la
atención especialmente y caminó con decisión hacia ella.
·
STELLE: ¡Vaya ¡ ¿estás creando algo para la
nueva colección?
Cuando Izan la escuchó y se dio la vuelta, Stelle tenía uno de los
extremos de la tela que la cubría en una mano, y se disponía a tirar de ella.
·
IZAN: ¡Stelle no !
Pero ya era demasiado tarde, la tela caía lentamente en el suelo y la
escultura quedaba al descubierto.
Ella , que se preciaba de conocer toda la obra de Izan , no podía creer lo
que tenía ante sus ojos, jamás le había conocido obra más expresiva y bella que
la mostrada en ese preciso instante. Llena de movimiento, de luz
propia, de energía.
De pronto sintió algo en su interior, algo que le hacía desear tocarla, pero justo cuando
estuvo a punto de hacerlo el brazo de Izan la detuvo.
·
IZAN: No está terminada.
Realmente Stelle llegó a asustarse, Izan parecía fuera de sí con todo
esto.
·
STELLE: Pero ¿Cómo que no está terminada? Es
sencillamente maravillosa. Lo mejor que te he visto crear en años. - Algo la llamó poderosamente la atención- Pero….. ¿por qué tiene los ojos cerrados?
Todas tus obras se caracterizan por la expresividad de las miradas, ¿es eso lo
qué tienes que terminar?
·
IZAN: No.- le contestó mientras volvía a la mesa de herramientas-.
·
STELLE: ¿Quién fue la modelo? Realmente no es que destaque por
su delicada belleza. Es extraña. Parece que ocultara algo. Desde luego si la
miras bien es casi aterradora.
·
IZAN: Sabes que no me gustaba hablar de obras
que no están finalizadas. Ya me has visto , creo que deberías marcharte.
Al observarle, Stelle decidió arriesgar. Aprovechando que se encontraba
quieto, apoyado en la mesa de herramientas y que por una vez no huía, se le
acercó con aquel movimiento de caderas sensual difícil de olvidar mientras se
quitaba el abrigo lentamente dejándolo caer en
una silla. Aquel traje ajustado blanco, de cuello mao, le realzaba su
cuerpo. Un cuerpo perfecto, sinuoso y siempre tentador que él recordaba bien .
Un cuerpo en el que cayó en más de una ocasión tiempo atrás , cuando las cosas
entre ellos no iban tan bien.
Ella conocía a la perfección sus puntos débiles, y de sus flaquezas ella
se reforzaba desplegando sus más exquisitas virtudes.
Al llegar hasta donde él se encontraba, comenzó a restregar su cuerpo
contra el de él, especialmente sus piernas , con el único objetivo de abrirlas lentamente mientras introducía las suyas . Su mortal pelvis solía siempre conseguir lo que
su dueña se proponía, y aunque la mirada de él , en otras circunstancias,
hubiera bastado para parar todo aquello, a ella sin embargo, su actitud la
excitaba sobremanera . Sólo cuando intentó besarle, él la dejó pero su
capacidad nula de respuesta al beso, su inmovilidad , por más que ella lo
intentase, fue la mejor respuesta para que desistiera. Enfurecida, le cogió de
la parte alta de la camiseta y le espetó con rabia.
·
STELLE: ¡He vuelto por ti! ¡Sólo por ti!
¿Qué tiene ella tan especial?
Él enderezó la vista, y altanero y desafiante le contestó.
·
IZAN: Ésto no tiene nada que ver con ella.
·
STELLE: ¡Mientessssss!- enfurecida y llorando
no lo soltaba, pero poco a poco se aflojaba sobre él sin soltarle-
·
IZAN: Como
tú bien dijiste , hace mucho tiempo que me había marchado.
Nunca sus ojos , aquellos ojos azules grandes y expresivos, la habían mirado con tanta indiferencia. Apoyó
su cabeza en el pecho de él, y tras apenas un
instante, pareciendo calmada, le soltó. Como si se hubiera relajado de inmediato aunque su gesto fuera serio,
miró hacia la mesa de herramientas, y antes de que Izan pudiera reaccionar,
cogió un martillo y arrancó corriendo hacia la escultura. Izán reaccionó con toda la prisa que pudo yendo
detrás de ella en cuanto le vio la intención, abalanzándose sobre ella. Cayeron
los dos al suelo, y ella intentó zafarse dándole patadas que el esquivaba como podía. Cuanto más
tiraba de ella , más hacía ella por acercarse a la escultura, hasta que con
gran esfuerzo por su parte, él logró inmovilizarla colocándose justo encima, y
tratando de quitarle el martillo de las manos evitando que le golpeara.
Cuando lo consiguió, le inmovilizó sus manos con las suyas, sin soltarla ni levantarse hasta
que no se calmase.
·
STELLE: ¿Es ella verdad?
Izan elevó la vista , y desde su posición
la figura resultaba aún más impresionante. Cerró los ojos, y en su cabeza
sonó la música, y por segundos pudo verla bailar. Algo se removió en su
interior como la primera vez que la vio hacerlo.
·
IZAN: Tú no lo entenderías jamás.
·
STELLE: ¿Y crees que ella lo entenderá ? ¿Cuándo la dejes?
La soltó y se incorporó. A duras penas, Stelle pudo ponerse de pie,
recogió sus cosas y su abrigo , pero no se fue sin decir la última palabra
sentenciadora.
·
STELLE: Es curioso Izan, con la edad debes de
estar volviéndote menos exigente o menos perfeccionista. Irte a liar con una bailarina imperfecta .¿ Sabes? Es posible que hasta
tengas suerte, si no muere cuando la
dejes, lo hará cuando se termine de
destrozar la pierna y ni siquiera pueda andar, entonces sí que será su fin, sin su hombre y sin su danza.
¿qué le quedará? Nada.
Y se marchó . Izan se quedó
sólo, en su
taller. Mirando fijamente la escultura, aquella obra malditamente realista.
FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)

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