Un día me dije que nunca perdería la inocencia .
Esa virtud que sólo algunas personas mantienen.
Porque la inocencia supone tener ilusión por las pequeñas
cosas.
La vida y mi destino, me obligaron a dejar de lado todo
aquello, para convertirme en lo que se supone se esperaba de mí.
Y Cuando creí que todo estaba perdido, apareciste tú para
romperme por completo. Para demostrarme que existe esperanza , que la ilusión
nunca se pierde, y que jamás se deja lo más hermoso de la infancia , aunque lo
revestamos de responsabilidad y obligaciones.
Tus ojos no mentían entonces, tampoco lo hacen ahora.
Y cuando me miraste , lo supe.
Una leve sonrisa hizo el resto.
Sólo faltó que me entregara , porque ya me habías
convencido.
Lograste tu objetivo.
La pequeña niña curiosa , amante de los juegos, salía por
fin a flote, se mostraba a ti en todo su esplendor.
Tanto me provocaste, que no supe decirte que no.
Tanto susurraste mi nombre, que casi no lo concibo dicho por
otra voz.
Tanto dejaste tus huellas en mi cuerpo, sin tocarme, que aún
puedo sentir tus dedos recorriendo cada hueco de su curvatura.
Moldeas mi alma, la haces tuya , y todo por tan sólo una
mirada.
Tú mirada de ángel que nunca deja de sonreírme y de
transportarme.
Pero ahora las tornas han cambiado, y soy yo la que te atrae
una y otra vez, cuando en mí, los sueños , aún despierta, se convierten en el
mejor y más vibrante de los juegos.
Y tú, seguirás viniendo una y otra vez, como aquel niño
curioso que fuiste una vez.
Y yo, te seguiré recibiendo con los brazos abiertos.
FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchísimas gracias por participar en esta página