lunes, 9 de marzo de 2015

PURO SENTIMIENTO. CAPITULO SEXTO (SEGUNDA PARTE). (RATED +18)

   RODIN. Crédito foto: Ana P. Cruz López

Terminó el día y con ello la jornada de trabajo. 

Toda la Escuela en silencio. Sólo quedaban él e Itzabó que como siempre tardaba en salir por los ensayos de nuevas coreografías.

Sabiéndolo, Izan prefirió   retrasarse un poco más en el aula taller,  a fin de poder relajarse  antes de encontrarse con Itzabó para acompañarla a casa.


Revisando unos papeles, oyó la puerta del aula cerrarse pasando la llave. Al darse la vuelta ,  comprobó que  no era quién él creía.

 

·         IZAN: ¿Qué crees que estás haciendo?

·         STELLE:-  caminando sinuosamente alrededor de la mesa- Llevas esquivándome todo el día y he pensado que es la única forma de que hables conmigo sin salir corriendo.

·         IZAN: Dame la llave.

 

Izan no sabía exactamente si estar más enfadado con él mismo o con ella. Lo cierto es que le costaba no mostrarse tenso y mucho menos guardar la calma.

 

·         STELLE: Habla conmigo Izan.

·         IZAN: Está bien ¿y de qué se supone que quieres hablar?

 

Mientras recogía sus cosas  para calmar sus nervios , la sola presencia de ella  lo alteraba más, hasta el punto de tirar las cosas sobre la mesa en vez de colocarlas.

 

·         STELLE: Izan….. Pareciera que no te alegras de verme….. hace más de …..

·         IZAN: - la interrumpió.- Más de un año sí, más de un jodido año que no he sabido nada de ti.

·         STELLE: Te recuerdo que tú te marchaste primero.

·         IZAN: - levantando progresivamente la voz- A trabajar Stelle, me fui a trabajar y lo sabías, y sabías cuándo tenía previsto volver.

·         STELLE: Tenía que aceptar la proposición de Nueva York, era una gran oportunidad- ella se le acercó y al tocarle, la agresividad en la mirada de él hizo que lo soltara- Izan…

·         IZAN: Volví y ya no estabas. Te fuiste y no me dijiste nada , ni  un correo, ni una llamada, nada. Decidiste por sí sola Stelle, has vuelto, asume las consecuencias de las decisiones que adoptas.

·         STELLE: - con los ojos llorosos-de todas formas da igual ¿no? Tú ya te habías marchado mucho antes de la gira o de  Nueva York.

 

Nunca antes sus ojos azules se le habían clavado de aquella manera a nadie.

 

·         STELLE: Ya no hablabas conmigo. Te centraste en tu trabajo . Ya no me veías de la misma forma. Te cansaste de la habitualidad, lo que no debería sorprenderme porque siempre has sido así.   Odias la costumbre. Al principio te apasiona la curiosidad, la novedad y te destella en la cara. Despliegas todo tu ser sin importar los límites ,porque en ese momento para ti no existen, pero cuando la sorpresa desaparece, cuando la frescura  pasa a ser rutina, huyes, te ausentas, callas. ¿Al final qué éramos Izan? ¿Qué quedó entre nosotros en los últimos años? ¿Buen sexo? Claro el mejor , seguro, pero sólo eso. Pura atracción física como si fuésemos animales llevados por instinto.

·         IZAN: - bajó la cabeza y al volver a levantarla su expresión había cambiado- ¿Qué es lo quieres de mí Stelle?

 

Ella se le acercó  e intentó temerosamente acariciarle , primero en el brazo .  No hubo rechazo. Un Izan completamente desarmado y sin saber exactamente qué hacer, se limitó a escuchar.

 

·         STELLE: Quiero que vuelvas conmigo. Podemos intentarlo de nuevo .

·         IZAN: ¿Intentarlo de nuevo? 

·         STELLE: Sé que si ponemos los dos de nuestra parte saldría bien. Somos tal para cual.

·         IZAN:  ¿Y si yo no quisiera dar nada más, ni volver a intentarlo?

 

Stelle le cogió su cara con sus manos, y aquella sonrisa perturbadora de antaño que ella sabía hacer tan bien y que a él le volvía tan loco , fue un nuevo y arriesgado intento por recuperarle.

 

·         STELLE: Nos necesitamos y tú lo sabes. Sólo tenemos que querer intentarlo.

·         IZAN: Yo….. No quiero volver a intentarlo Stelle. Ni quiero , ni puedo.

·         STELLE: Izan , sé que  ahora estás resentido pero…. Amor mío  … soy consciente de  que ha pasado un año, sé que no he hecho las cosas bien ,  pero no he dejado de pensar ni un solo minuto en ti y en nosotros. Aún te quiero Izan. No he dejado de quererte nunca.

 

Cuando ella intentó besarle , él le retiró ligeramente la cara a un lado, pero sus ojos lo decían todo, y ella que lo conocía bien supo captar el mensaje.

 

·         STELLE: ¡Oh Dios!  - su tono revelaba haber descubierto una sorpresa para ella desagradable- Hay alguien.

 

Los ojos de Izan nunca mentían y aquella vez tuvo su peor confirmación.

La puerta se abrió, y apareció Itzabó que lo venía a buscar para marcharse juntos.  Izan cerró sus ojos por la inoportunidad y la impotencia. Stelle al verla, giró su cabeza y lo miró a él,  entonces lo entendió todo. No obstante,  puso la mejor de sus caras y fue a saludarla.


Para Itzabó , la situación no dejaba de resultar curiosamente familiar, especialmente por la reacción de Izan al verla entrar por la puerta. Sus temores iniciales podían haberse confirmado, y desde luego no presagiaban nada nuevo a lo que ella no estuviera acostumbrada, aunque hubiera deseado que con Izan no se hubieran cumplido.

 

·         ITZABÓ: Lo siento, no pensé que quedara nadie más. ¡Stelle!

·         STELLE: Itzabó.

·         ITZABÓ: No sabía que estuvieras aquí ¿es qué has vuelto?

·         STELLE: Precisamente Izan y yo estábamos recordando los viejos tiempos cuando entraste ¿verdad Izan?- su malévola y provocadora sonrisa a él le resultaban desquiciantes ,  pero a Itzabó no se atrevía a mirarla directamente a la cara, y Stelle supo aprovechar la ocasión-  Y sí, he vuelto para quedarme.  A partir de ahora habrán dos profesoras de Clásico, yo me quedaré con el alumnado nuevo. Si te digo la verdad,  me sorprendió mucho que Jesse me dijera que te ofreciste en seguida a cubrir mi puesto, y más si tenemos en cuenta quién eres.

·         ITZABÓ: De eso hace ya mucho tiempo. Y sí,  me ofrecí, porque tú lo dejaste todo  para irte a probar fortuna a otro sitio, aunque te alegrará saber que tus alumnos no te echaron especialmente de menos. Tuviste una más que digna sustituta.

·         STELLE: De eso no me cabe ninguna duda.

·         ITZABÓ: Bueno yo, - fijándose en un Izan que prefería seguir mirando al suelo apoyado en la mesa- sólo venía a despedirme, ya me marcho.  Bienvenida Stelle.

·         STELLE: Gracias . Ya nos veremos mañana .

 

Y cerró la puerta tras de sí, sin querer pensar en nada más que en llegar a casa, darse una ducha caliente, tomar una copa de vino y acostarse.

 

Aprovechando el momento, y dándose cuenta de la reacción de él con la presencia de Itzabó allí,  Stelle comenzó a desplegar aquella ironización que tanto le desquiciaba siempre a Izan, y que en más de una ocasión se había convertido en causa de discusión.

 

·         STELLE: Oh Dios, Izan ¿la Boshyk? No puedo creerlo. 

·         IZAN: Cree lo que quieras, por mi parte lo que hubiera entre tú y yo está más que terminado.

 

Con rabia, Izan cogió sus cosas y salió de allí a toda prisa, Stelle salió detrás de él hasta la puerta y le espetó a voz en grito.

 

·         STELLE: ¿Qué le dirás a ella cuándo te hayas cansado Izan? o ¿es qué crees que con ella va a ser diferente?

 

Tras conducir con su moto por la ciudad durante unas dos horas , cogió valor y fue a casa de Itzabó. Fuese cual fuese la imagen que ella pudiera haberse llevado de todo aquello, necesitaba abrazarla fuerte, sentirla , hablarle.

 Tocó al portero y le abrió. Cuando llegó al piso, Izan encontró a una Itzabó relajada, con una copa de vino en la mano,  pero en cuyo rostro se notaba demasiado descaradamente que no había parado de llorar.


Izan no encontraba las palabras con las que comenzar a hablar.

 

·         ITZABÓ: Cuando entré en la Escuela oí una historia. Lo cierto es que nunca supe hasta qué punto era cierta, pero quién la contaba,  parecía una persona seria que lo hizo como advertencia a lo que pudiera encontrarme a corto o medio plazo;  quizás para evitar que cayera en unas redes cuyos pescadores , no se sabía muy bien por qué , posiblemente nunca supiesen apreciar verdaderamente el fruto conseguido con su arte.  Y ahora , hoy, después de algo más de un año,  he entendido porque aquella persona me la contó. Bendita casualidad la que hace que tiempo después coincidan los personajes , aunque uno de los actores haya cambiado.

·         IZAN: - se iba acercando lentamente a ella que se encontraba en una de las ventanas- ¿y cómo terminaba la historia?

·         ITZABÓ: La persona que lo contaba era reticente a decírmelo.  porque desde su perspectiva , podía hacer más daño saberlo que ignorarlo. Para él, la caída en semejantes redes era del todo inevitable, así que el dolor que podía sentir quién quedase atrapada en las mismas, también lo era.

·         IZAN: - ya junto a ella- ¿Entonces por qué la contó realmente? 

·         ITZABÓ: Porque simplemente sintió la necesidad de hacerlo.

 

Él la abrazó tan fuerte contra su pecho que casi le costaba respirar, y una vez más , Itzabó rompió a llorar sólo que imperceptiblemente , salvo por la humedad que él sintió en su brazo.

 

·         ITZABÓ: No digas nada. No hace falta.

·         IZAN: Yo…

·         ITZABÓ: schhhhhhhhh. No digas nada. Nada.

 


Y así continuaron sin medir el tiempo. Ni él quería soltarla ni ella quería que la dejase libre. 

Sea como fuere, por distintas razones, los dos necesitaban ese gesto, un sencillo abrazo. Nadie pedía nada más y nadie exigiría nada. Ni una sola palabra. Sólo permanecer así, abrazados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Muchísimas gracias por participar en esta página