CAPITULO DECIMO SEGUNDO (Segunda
parte)
“ Me creí valiente ante todo,
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| Créditos a quién corresponda |
y sin embargo,
me he convertido en lo más indefenso entre tus brazos.
Una mirada tuya capaz de desarmarme,
Capaz de atrapar mi alma sin que pueda hacer nada por evitarlo.
Sentimientos que creí olvidados en el cajón de mi mente,
Al que ahora descubro, que jamás cerré con llave” .
ENCONTRANDO LA
REALIDAD FRENTE AL ESPEJO
El timbre sonó dos veces, y sólo en su segunda ocasión fue escuchado
por ella.
No se encontraba lista , así que optó por coger su albornoz colgado en
la puerta del cuarto de baño, abrirle, y continuar arreglándose.
Se dirigió hacia la puerta, miró por la mirilla y ahí estaba él, con
la cabeza gacha esperando que le abrieran .Tras hacerlo, un Steve ligeramente
más preocupado de lo que acostumbraba, quizás algo temeroso incluso, esperó a
que ella le diese permiso para pasar.
Se sintió observada. Era consciente de que aquella , posiblemente, no
resultaba la mejor forma de recibir a un invitado aunque ya la hubiese visto
con menos ropa, pero el tiempo se le había echado prácticamente encima , tras
comprobar , con el reloj grande situado en la pared de la cocina, que él había
sido demasiado puntual para lo que esperaba y en la ciudad dónde se
encontraban. Agarrándose el cuello del albornoz para cerrarlo un poco
• SARAH: Lo siento, programé todo para estar lista
pero se me ha venido el tiempo encima, no tardo nada. Puedes dejar la chaqueta
y el casco en el armarito que está yendo
para la cocina.
Steve se le quedó mirando
insinuándole que no sabía dónde era.
• SARAH: ¡Oh perdona!
Sígueme, precisamente voy para allá.
Steve la siguió, y cuando ella
le señaló con la mano , lo abrió y dejó sus cosas en él.
Al darse la vuelta, él vio una copa de vino vacía que se encontraba encima de la encimera alta de mármol de la isla de la cocina, y productos ordenadamente colocados dando a entender que parecía haber estado terminando de preparar algún tipo de ensalada.
• SARAH: ¿Te importa
acercarte a la nevera y servirme una copa de vino?, sírvete tú otra. Voy a
cambiarme , vuelvo en seguida.
Tras buscar por todos los armarios, y observar su meticuloso orden ,
como en el resto de la casa, sacó una copa igual a la que ya había sido usada,
cogió la botella de la nevera, y se la sirvió, esperándola sentado en una de
las butacas altas.
Al regresar, apenas cinco minutos después, él , que se encontraba
dispuesto a probar el vino tras dejarlo respirar, tuvo que detener el recorrido
de la copa ya en sus labios cuando ella apareció. Aquel jersey de punto azul
oscuro y cuello alto llevado con la misma naturalidad de entonces. Con su pelo
suelto y una pinza en la mano, caminaba hacia la cocina tratando de
recogérselo, y cada movimiento de su cuerpo, como visto a través del objetivo
de una cámara lenta, aquella serenidad de su rostro que solía acompañarla y que
la hacía parecer aislada de todo lo que pudiera perjudicarle, recuerdos que se
sucedían por segundos en la mente de él y que a diferencia de ella, recorrían
todo el espacio temporal con claridad meridiana.
• SARAH: ¿Espero que
te guste la ensalada y la pasta?
• STEVE: Perfecto.
Normalidad por su parte era la actitud que él percibía de ella. Como
si nada hubiera pasado.
Al ver que Steve se mantenía en silencio, lo que no era habitual en
él, ella intentó distender el ambiente.
• SARAH: Nunca estás tan callado ¿sucede algo?
• STEVE: No, nada.
• SARAH: ¿Entonces ?
• STEVE: A veces
aprecio más los silencios, simplemente.
Ella lo miró.
• STEVE: De echo, se
suele decir más con ellos que con las propias palabras.
• SARAH: Pues ahora
necesito que te manifiestes ¿te importa
si cenamos antes de ponernos con el libro?
• STEVE: Claro, como
quieras. Éste es tu terreno y aquí
jugamos según tus reglas.
Aunque su tono era serio, aquello sonó a segunda intención.
Como bien dijo él, durante la cena hablaron más los silencios y las
miradas que lo que unas palabras hubieran podido manifestar.
Cuando terminaron, entre ambos recogieron la mesa , y ella cogió lo
que quedaba del vino y las copas, y se
las llevó hasta la mesita auxiliar que se encontraba delante del gran sofá
blanco que enmarcaba los espacios del
gran salón .
Cuando él se sentó, al lado de ella, observó que encima de la
mesa había una copia del libro en papel
y que ésta estaba abierta justo por donde lo habían dejado la última vez.
Callado, esquivo con la mirada y más serio de lo que sería deseable,
ese era el panorama con el que Sarah
tenía que enfrentarse. Demasiados encontronazos entre ambos en poco tiempo podrían haber provocado que él no se sintiese
tan cómodo con antes, o simplemente, que
se encontrase en una situación en la que de momento, no sabía qué decir
o si lo que dijese pudiese resultar inoportuno.
Mientras él ojeaba las páginas , Sarah no dejaba de observarle
fijamente haciéndose mil preguntas, y rebuscando mentalmente la forma de poder
plantearlas, con la correspondiente contra respuesta suya.
Pese a no girar la cabeza , él se sentía observado y no pudo evitar
preguntar sin levantar la cabeza de los papeles.
• STEVE: ¿Qué?
• SARAH: Negarte que
antes de que en mi mente algo decidiese cruzarse y me permitiera recordarte ,
me sentía extraña porque me encontraba muy cómoda a tu lado , o que en el fondo
, inexplicamente, me sintiese atraída por ti sin saber por qué, y hasta
demasiado cómoda en tu presencia, sería
negarme una verdad que me ha estado persiguiendo desde el día que te vi en mi
clase, cuando buscabas la secretaría, a parte de no creer que fuera una forma
honesta de actuar contigo. Ahora que parece que sé realmente quién eres ,
necesito hacerte una pregunta directa.
• STEVE: Bien- cogió la copa de vino y se enderezó
apoyándose sobre el espaldar del sillón de cara a ella- .
• SARAH: Necesito una
respuesta directa y sincera. No
endulzada.
• STEVE: ¿Y si la
respuesta no te gusta?
• SARAH: No se trata
de que me guste Steve, se trata de que necesito que seas honesto respondiendo.
Bebió algo de vino, y se
preparó .
• STEVE: Está bien.
Pregunta.
La cuestión ya era de por sí lo suficientemente comprometida como para
hacerla con rodeos, pero necesitaba seguir atando cabos, así que fue lo más
directa que supo.
• SARAH: ¿Lo nuestro
fue sólo sexo o hubo algo más?
Steve abrió mucho más los ojos, sorprendido .
A diferencia de lo que Sarah creía, no tardó en responder con esa
seguridad que le caracterizaba, aunque sólo fuese como defensa.
• STEVE: Empezó
siendo atracción, siguió siendo muy buen
sexo, y continuó en algo mucho más allá.
Por lo menos por tu parte.
• SARAH ¿Por mi
parte?
• STEVE: Tú no sabías
ni que yo existiera, pero ya entonces te admiraba antes de conocerte
personalmente. Conocerte de cerca poder hablar contigo, sobre cualquier tema,
ver cómo eras realmente , cambió las perspectivas mías sobre ti. No sé ni cómo,
pero te convertiste en imprescindible desde prácticamente el minuto uno.
Interiormente, nunca supe que rondó tu cabeza para querer dejarte llevar por
aquello que terminamos no controlando ninguno de los dos, pero la química era
innegable, y la atracción también.
Ella , que comenzaba a sentir que le faltaba el aire, sintió la
necesidad de levantarse, no obstante,
algo la hizo permanecer sentada. Debía seguir preguntando.
• SARAH: ¿Por qué se
terminó?
• STEVE: No lo sé.
• SARAH: Steve, te he
pedido que fueras sincero y honesto.
• STEVE: Y lo estoy
siendo. No lo sé.
• SARAH: ¿Cómo puedes
no saberlo? ¿Hubieron terceras personas por parte de alguno de los dos? ¿Qué
pasó?
• STEVE: ¿En serio no
te acuerdas?
• SARAH: ¿Quién te
dijo lo de mi accidente? ¿Candice?
Steve bajó la cabeza y miró hacia una copa semivacía a la que no
paraba de dar vueltas sobre una de sus piernas.
Sarah se levantó y se acercó a uno de los ventanales.
• SARAH: Hace tiempo
que habían dejado de venir a mi mente imágenes recurrentes. Sabía que eran
personas, pero no lograba ver sus caras
ni entender lo que decían. Apareces tú, y las imágenes regresaron, cada vez más
frecuentes, más nítidas. Y de pronto ya
no había nebulosa. Discutimos y la imagen tenía una cara clara , sin falla
alguna, y la voz era la tuya. Desde
entonces esas imágenes han vuelto una y otra vez, distanciadas, sin sentido. No
tengo forma de ubicarlas en el tiempo, no soy capaz de reconocer los lugares.
Ni siquiera reconozco lo que sentía en lo que veo, pero lo que me han
transmitido me gusta. Me sentí amada, acompañada , estremecida de deseo .Pero
al mismo tiempo, todo ello me hace sentir extraña. Te he visto tocarme y lo he sentido , y
parecía que aquellas sensaciones de entonces volviesen a repetirse una y otra
vez.
Steve se levantó del gran sillón y
caminó hasta la misma ventana sentándose en el saliente, de frente a ella, la cual seguía observando
el río.
• STEVE: El día antes
de marcharte recibiste una llamada. Estábamos en mi casa cenando. Miraste quién era, te disculpaste, me dijiste
que tenías que responder y te fuiste al dormitorio. Yo terminé de recoger todo
y al ver que tardabas más de la cuenta me preocupé y fui a buscarte. Cuando
abrí la puerta, estabas sentada en la cama . Te pregunté si te encontrabas bien
y si pasaba algo. Tardaste en contestar, y cuando lo hiciste, parecías haber
estado llorando. Me acerqué a ti y efectivamente aún lo estabas. Te insistí , pero no hubo forma de
saber qué había pasado. Intenté seguir preguntándote, pero me callaste
tapándome la boca con las manos, me miraste y me besaste. Ni se cómo me hiciste
olvidar que te estaba preguntando. Comenzaste a quitarme la ropa sin control
como en mitad de un arranque, llegando incluso a romper la camisa que
llevaba puesta. – pausó sus palabras
mientras ella le escuchaba atentamente pero sin mirarle a la cara. La
respiración de ella comenzó a agitarse visiblemente. Él decidió continuar- No
recordaba haber hecho el amor con nadie como aquella noche. Siempre habías sido
pasión pura y entrega, pero aquella
noche , era como si el tiempo no te diera suficiente, como si fuese a
terminarse el mundo al llegar la mañana.
Jamás te había visto ni sentido entregarte de aquella forma.
La mañana llegó. Yo me había quedado algo traspuesto, y cuando abrí
los ojos ya no estabas en la cama. Te
llamé pero no contestaste. Me levanté,
fui al cuarto de baño, y allí estabas, de pie frente al espejo del lavabo. Me
miraste, y me dijiste que te ibas. Que volvías
a casa. No era capaz de entender nada.
Te preguntaba y sólo respondías con evasivas, muy nerviosa y sin
encadenar una palabra con otra. De
pronto , comenzaste a levantar la voz
buscando que yo te respondiera de la misma forma. Comenzaste una
discusión sin sentido alguno. Fuiste al
dormitorio y empezaste a vestirte y a coger tus cosas , y a decir gritando que
se había terminado , que aquella relación no tenía futuro, y que tenías que
marcharte.
Fui incapaz de entender qué estaba ocurriendo o que te pasaba. Sólo sé
que intenté impedir que te fueras, aunque me gritases. Dado que el comienzo de
todo había resultado la llamada de teléfono,
intenté volver a preguntarte , pero no hubo forma.
No pude detenerte, sólo ver cómo te alejabas de mi lado . – Al
mirarla, vio una lágrima seguir su curso
por su mejilla.- Lo que nunca pude entender,
es cómo la mujer que la noche
anterior se había entregado en cuerpo y
alma como nunca lo había hecho, abrazada a mí y temblando, me decía al oído que no quería volver a casa,
que no quería alejarse de mí , que no la dejara irse nunca y que no sabía
realmente hasta qué punto me quería , podía irse y menos de aquella forma. Lo único que me quedaba, mi
última posibilidad , cuando reaccioné,
fue ir a la residencia a buscarte , pero allí me dijeron que te habías
ido ya, así que me marché lo más rápido que pude al aeropuerto, pero allí me confirmaron que habías tomado el vuelo de
regreso.
Días más tarde cogí un avión que me trajo hasta aquí, y nada más pisar
tierra cogí un taxi y me acerqué a la Secretaría, pero ya era como si te
hubiese tragado la tierra. Nadie sabía nada de ti. Nadie daba información. Hasta que me llegó la invitación de la
facultad y con ella el listado del profesorado. ¡No podía creerlo! .Cuando vi
tu nombre fue…….. me costó ….. ¡Dios! Pero vine, y al principio no supe que
pensar. Era extraño. Tu reacción al verme, tu forma de tratarme. En el fondo me
resultaba imposible de creer que te hubieses olvidado de todo . De lo vivido de
como comenzó , de lo sentido, de cada palabra , de cada instante. Hasta que Candice me dijo lo que había pasado, y comencé a casar todo.
Sarah cerró los ojos mientras intentaba respirar . Steve no pudo dejar de mirarla, con su cabeza
apoyado en el gran cristal y las luces de la ciudad de fondo.
Mientras la miraba, se desconsolaba sólo con la idea de tocarla. No se
trataba de un deseo con segunda intención. Ella no se acordaba, pero Steve al
verla así, tenía muy presente esa misma imagen compartida en más de una
ocasión. Teniendo en cuenta las actuales circunstancias, abrazarla no entraba
en sus perspectivas, pese a ser
consciente de que era justamente lo que necesitaba en este momento, pero no
podía permitirse que huyese de nuevo.
Sin que ella se percatase de ello, con una de sus manos muy cerca de
su pierna derecha, abría y cerraba la mano. Amagaba acercarla sin atreverse a
culminar el gesto por miedo a su reacción. Con la antigua Sarah ya habría
sabido hace tiempo cómo actuar tal y como ella se encontraba en este momento ,
pero dadas las actuales circunstancias,
para él, era casi una desconocida todavía por redescubrir.
Sarah abrió los ojos e intentó
secar su cara mojada por las lágrimas sin demasiada fortuna. Seguía sintiendo
la misma sensación de ahogo y sin poder salir corriendo que era lo que
realmente deseaba . Su única salida , por el momento, algo intermedio y
temporal.
• SARAH: Voy un momento al servicio. Discúlpame.
Mientras Steve , descolocado, intentaba pensar con claridad qué decir
o cómo actuar, ella entraba en su baño empujando la puerta , abría el grifo del
agua fría la cual salía abundantemente , y agachaba la cabeza hasta que el
líquido elemento se deslizase por ambos lados de su nuca mojando parte de su
pelo. Levantó la cabeza , y observó su cara en el espejo. Las imágenes antiguas
y nuevas de Steve se le intercalaban sin orden en su cabeza como una película
mal cortada en producción. Llenó ambas manos de agua y volviendo a bajar la
cara, se la refrescó por entero un par
de veces. Al volver a alzarla, abrió los ojos,
y volvió a verse con una imagen que la dejaba en permanente duda. En
cierto momento , sus ojos se desviaron hacia su izquierda. La imagen reflejada
por el espejo: la puerta abierta y Steve apoyado en la moldura, con las manos
en los bolsillos del pantalón y con rostro de condescendencia.
Ninguno de los dos se percató en aquel instante de cuánto tiempo se
estarían mirando fijamente a los ojos, tampoco les importaba. En tiempos atrás
, él sabría lo que podía significar aquella forma de mirarlo, pero ahora….
• SARAH: ¿Cómo fue?
• STEVE: ¿El qué?
• SARAH: El día que me marché de tu casa.
Steve bajó la cabeza gesticulando un “no” claro con la cabeza dando
por imposible continuar aquella conversación, acompañado de una sonrisa de no
entendimiento. La voz le temblaba y parecía no entender nada de lo que estaba
pasando.
• STEVE: Ya te lo he dicho.
Por aquella forma de mirarle a
través de su reflejo , insistente, tuvo
la impresión de que el tema no se encontraba cerrado.
• STEVE: - tomando
aire y soltándolo resignándose- No…no
entiendo la necesidad…. Es ….
• SARAH: No hace falta que lo entiendas, basta que me lo cuentes.
Steve se aceleraba , los nervios le mataban.
• STEVE: ¡Me marcho!
Y con tono y gesto de mucho enfado,
se marchó de la puerta hablando en voz baja apenas perceptible. Sarah
salió detrás de él , pero cuando llegó al salón él recogía la chaqueta y su
casco.
• SARAH: -muy alterada- ¡Tengo derecho a saber qué fue lo que pasó!
• STEVE: ¿Derecho? ¿Necesidad? ¡Explícame dónde radica la verdadera
necesidad y dónde el regusto morboso de saber lo qué pasó, de cómo fue y cómo
nos comportamos !
Steve lanzó el casco y la chaqueta encima del sofá y se dirigió a ella
quedando su cara muy cerca de la de ella.
• STEVE: ¡Sí morbo! ¡Me … me…me parece de muy mal gusto que me pidas
que te cuente eso porque tú no te acuerdas , pero yo no he podido olvidarlo, ni
creo que lo haga nunca! ¿Por qué no me preguntas sobre los buenos momentos
estando juntos?
• SARAH:¡Porque parte de ellos ya vienen solos! No puedes hacerte una
idea de lo desagradable que resulta pensar que has perdido la cabeza con
supuestas imágenes y sueños recurrentes sin sentido, sin rostros, voces que no
lograba identificar y que me hablaban. Apareces de nuevo en mi vida y aquellas imágenes, lejos de ausentarse, aparecen más a menudo e incluso empiezan a
aclararse, pero sin seguir un hilo o una historia. Imágenes que me aturden y
confunden, y de repente , me dices que
tú ,protagonista de ellas y yo,
mantuvimos una relación, y yo no me acuerdo de ella.- bajó la cabeza-
Steve, no hace ni cinco minutos me has dicho que fui yo la que lo rompí de la
peor forma.- volvió a mirarle y se le notaba dañado con lo que estaba
escuchando- Si me dejo llevar por lo que las imágenes me transmiten y por lo
que tú me acabas de decir, he de suponer que te he hecho mucho daño, y ni
siquiera puedo pedirte perdón, porque no sé qué es lo que hice.
Steve llevaba rato escuchándola sin poder mirarla a la cara, se centró
de nuevo en su casco y en la chaqueta.
• STEVE: Lo siento, pero me temo que no puedo ayudarte. – dándose la
vuelta con la intención de irse , pero volviéndose por un instante sobre sí
mismo de nuevo- no me pidas que te ayude en eso. En eso no.
Y salió por la puerta dando un portazo que hasta a ella la hizo
sobresaltar .
Para él, su interior era una mezcla
casi peligrosa entre impotencia y enfurecimiento . Algo turbio sin causa
clara.
Al llegar al parking y acercarse a la moto, comenzó a andar sin
sentido y de forma nerviosa y alterada alrededor de ella. Miró al casco, el cual le molestaba en ese momento en el
brazo y lo tiró violentamente contra el suelo. Con los dedos de sus manos
agarrotados del enfado, se frotaba el pelo hacia detrás e incluso se lo
agarraba y tiraba de él con un grito de rabia contenida.
• STEVE: ¡Joder!- y siguió caminando sin pausa, de forma muy nerviosa
durante largo rato.-
Sarah , con la cabeza embotada , decidió acostarse y tratar de que el sueño le viniera pensando en
todo aquello. Sin embargo, cuando acaba de apagar la luz sonó el timbre de la
puerta. Miró el reloj despertador de la mesilla de noche, extrañándole recibir visita a esa hora. Cogió la bata
corta que tenía a los píes de la cama, y en el camino hacia la puerta, mientras
encendía las luces del salón , el timbre volvió a sonar acompañado de un
golpeteo compulsivo de la puerta. La abrió
con la cadena puesta, y al otro lado, un Steve bastante más serio que de costumbre y
no mucho más calmado, le clavaba con sus
ojos claros , mucho más azules de lo que ella creía haber visto. Ella cerró de
nuevo la puerta para abrir la cadena y aunque le dejaba pasar, él se
adentró empujándola, aún alterado y
dejando sus cosas encima de la mesa del comedor.
Sarah la cerró quedándose apoyada en ella.
Steve se encontraba dándole la espalda mirando hacia el ventanal ,
gesticulando mucho con las manos casi sin saber qué hacer con ellas.
• STEVE: - Con un tono más pausado- No sé si fue peor lo qué dijiste o
cómo . Empezaste muy nerviosa a buscar cualquier excusa estúpida para
provocarme . Al principio no entendía
ese cambio de actitud y por eso no reaccioné. Al ver que no te
funcionaba , comenzaste a elevar el tono de voz , y comenzaron los insultos,
las indirectas convertidas en presuntas sinceras verdades tardías , y los
comentarios relativos a la importante diferencia de edad habida entre nosotros
, o como me interpuse sabiendo que tenías una relación aquí. Intentaba razonar
contigo , y cuanto más lo intentaba más brusca te volvías en tus reacciones.
Incluso intenté acercarme un par de ocasiones,
y me gritaste que “ni siquiera me atreviese a tocarte”. No fui capaz de
reconocerte Sarah.- se dio la vuelta y aquel rostro alterado dejó de estarlo
para adoptar la de un hombre asustado con los ojos humedecidos- Comencé a
pensar que había hecho o dejado de hacer algo, que la culpa era mía. Pero la
duda me asestaba los peores latigazos porque no era capaz de saber por qué. Por
qué la mujer que siempre admiré y que me hizo sentir el hombre más afortunado
del mundo el día que me correspondió cuando la besé por primera vez, se mostraba de pronto de esa forma , cuando
ese mismo hombre jamás había dejado de amarla , respetarla o admirarla por cómo
era y por lo que hacía. Por qué pudiendo estar con cualquier hombre o
simplemente estando bien como estaba, quiso estar conmigo. Y aquello……..- él se
fue acercando a la puerta- ¡Dios! Cuánto te busqué. Cuánto me desesperé al
encontrarme que a cada paso que daba tú ya te habías ido. Y una vez aquí, nadie
sabía nada, nadie hablaba. Pero yo sabía que ellos tenían las respuestas que
buscaba pero que no me las daban.
Se acercó tanto a ella, que deseando más que nunca besarla y pensando
ella que iba a hacerlo , inmóvil, vio como sus antebrazos se apoyaban en la
puerta a cada lado suyo, uniendo ambas frentes. Un suave y sentido beso en la
misma , tras unos segundos, fue el único
gesto que se permitió . Se dio la vuelta, recogió sus cosas, y volvió para
marcharse.
Sarah seguía apostada en la puerta.
Él la miró y ella se apartó . Abriéndola, se marchó de nuevo bajo la
atenta mirada de su figura disiparse conforme se alejaba.
Nervioso y confuso su regreso a
casa distó mucho de lo que esperaba. Sin querer nada más que olvidarse
en la medida de lo posible del día pasado, de lo acontecido con ella, de los
recuerdos desagradables que le asestaban una y otra vez por propia voluntad de
la mujer que seguía amando , tomó una ducha y se acostó. Con la sábana por la
cintura , una de sus manos en el pecho y la otra en la nuca, los recuerdos no
le abandonaban. Recuerdos de aquellos inolvidables momentos de lo que para ella
suponía una liberación de sí misma , y para él una realidad casi imposible.
Esta vez era él , el que deseaba recordarla tal y como nunca se fue de
su memoria. Entregada , aguerrida , con el ánimo sutilmente provocador que le
inspiraba cada paso dado , cada gesto. Una madurez convertida en deseo
inteligente. Cada acto de presencia transformado en necesidad . Necesidad por
tenerla, por poseerla , por siquiera rozarla .
Una noche en la que ambos ,volvían a convertirse en la atracción del
otro, en la tentación viva y sin control
, que comenzaba en el local donde acabaron bailando parte de la noche después
de salir a cenar.
Aunque ellos no necesitasen del alcohol para estimularse, su mezcla en
un grado normal, combinado con la
pérdida de la noción de notoriedad y de
estar rodeados de mucha más gente que, ante el sonido de la música buscaba lo
mismo: encontrarse con cada roce jugando a la cacería perfectamente alimentada
por la música impuesta en ese instante, y las luces azul añil que lo teñían todo en el
ambiente, simplemente se dejaron llevar. Nadie les observaba pese a tener más
gente que nunca alrededor, pero tampoco les importaba .
Un hacedor de cuerpos mutuos que continuó en su habitación de la
residencia universitaria, debiendo introducirle con cuidado de no ser vistos.
Las normas eran muy estrictas a este respecto, y si le descubrían con ella ,
los problemas no sólo serían para la residente ocasional.
Pero la ansiedad por culminar ese encuentro les podía, y tras una
interminable noche en la que llegaron a olvidarse hasta de dónde se
encontraban, abatidos y agotados, el sueño pudo con ellos.
Sin embargo , ella , más
pendiente del reloj que de su propio
descanso, apenas pudo dormir. Abrazado a ella , trató de retirarle el brazo sin
despertarle. Todavía no había amanecido , y apartada en el otro extremo de la cama, sobre sus
rodillas , tapando medio cuerpo
con parte de la sábana, quedó lo que restaba de noche, observándole.
Su cuerpo, digno de una observación más propia de un artista ,
permanecía desnudo, de espaldas hacia
ella , sobre la sábana. En un momento
concreto, extendió el brazo buscándola encontrando el resto de cama vacía.
Levantó la cabeza, y comenzó a revisar toda la habitación hasta que miró hacia detrás y la
vio . Se incorporó apoyándose en la pared.
• SARAH: Está a punto
de amanecer.
Steve se sacudió el pelo con ambas manos. Aquella forma de mirarla,
continuadamente, con una ternura que pronto se tornaba en un reminiscente deseo
temprano y arrebatado capaz de todo, era
un rostro que ella no podría olvidar. Volvió a bajar la vista, y cuando alzó de
nuevo la cabeza, el diablillo travieso
volvía a ocupar su cuerpo y con
propósito infinito la enfocaba.
·
STEVE: Y se supone que tengo que irme.
• SARAH: No quiero que tengas problemas .
Aquella tentación con cuerpo de
hombre joven , comenzó a acercarse a ella casi arrastrándose por encima de las
sábanas terminando de recalar bocarriba, con su cabeza en sus rodillas, y sus brazos acariciándole la parte de su
espalda a la que alcanzaba.
Sarah no podía dejar de mirarle
a los ojos. Con el dorso de sus manos acariciaba su rostro con roces perfectos
y estudiados, y con la yema de su dedo
central , sobre dibujaba la curvatura
perfecta de sus labios entreabiertos.
• STEVE: ¿Tú quieres
que me vaya?
Sarah le colocó la mano en la boca , su mirada lo decía todo. No
quería que se marchase , nunca, no quería que aquello terminase.
• SARAH: Sí alguien
te encuentra saliendo de aquí tendrás problemas.
• STEVE: - Cogiéndole
la mano con fuerza y retirándosela de la boca- No me has contestado.
• SARAH: No. No
quiero
• STEVE: Entonces ¿qué
te preocupa?
• SARAH: ¿Qué?
Steve se levantó y se sentó de rodillas sobre la cama, muy cerca de
ella, retirándole el pelo de la cara.
• STEVE: De pronto
tus ojos parecen tristes. Hay algo que te preocupa.
• SARAH: Voy a
ducharme – se levantó de la cama y se acercó al cuarto de baño- tengo la primera mesa redonda dentro de una
hora.
Lejos de quedarse sentado esperando una respuesta, la curiosidad le
pudo y la siguió. Cuando llegó, se encontraba dentro de la bañera y el agua
corría abundantemente. Decidió esperar a que terminase apoyado en el lavabo.
Cuando ella corrió las cortinas se encontró un Steve que esperaba una
respuesta, con sus brazos cruzados.
• SARAH: ¿Has pensado
que si tuvieses algo más de ropa encima te tomaría más en serio?
• STEVE: ¿Y tú te has
creído que puedes darme largas?
Sarah intentó terminar de
arreglarse pero él se lo impedía.
• SARAH: Si no te
retiras no puedo continuar. ¿Por qué no aprovechas para tomar una ducha?
Su tono serio aún le avivaba
más su curiosidad por entender este cambio de actitud , pero lejos de desoírla
, le hizo caso para ir ganando tiempo.
Apenas cinco minutos más tarde, estando casi vestida , volvió al
cuarto de baño para recogerse el pelo.
Imbuida en su mundo, con sus brazos levantados agarrándoselo, algo la despistó. Miró a su derecha y vio la
imagen de él en el espejo, observándola, completamente mojado, con las gotas de
agua aún bajando por su piel y sólo con una toalla apenas sostenida en la
cintura, que sólo le llegaba a la rodilla. Todas las preocupaciones
desaparecieron. Toda su atención se centró en aquel hombre que con una mano en
el filo de la toalla y con la otra sacudiéndose el agua del pelo, parecía
invitarla a hacerlo suyo de nuevo.
Steve la pilló mirándole de la misma forma que cuando se encontraba
apoyada en la pared la noche anterior.
Se acercó y ella se dio la vuelta olvidando el pelo y colocando las manos en la
encimera del lavabo.
Aquel perfume natural de su piel, tan cerca como para que la humedad
de su cuerpo traspasase su blusa , el tacto de sus manos aprisionando las de ella
para que no tuviera escapatoria, su
rostro rozándose una y otra vez mientras notaba su aliento y su boca jugaba con ella a su antojo sin
más, logrando que volviera a olvidar la situación espacio-temporal en el que se encontraba.
Sarah volvió a dejarse ir, y ese instante resultó tan placentero, que su
cuerpo parecía flotar una y otra vez. Tenía claro lo que deseaba , y sabía lo
que recibía , sin importarle nada más.
Ella dejó caer su cabeza hacia atrás. Con la habilidad harto
demostrada de sus dedos finos , largos y elegantes, le fue desabrochando los
botones teniéndola enteramente para él. Cuanto más cerca le notaba, cuanto más
percibía aquella humedad de su cuerpo recorriendo su piel , la sensación creciente de desvanecimiento parecía poseerla.
Sentir la pesada y mojada toalla caer en sus pies la devolvió a la
realidad , y levantando la cabeza de un sólo gesto, rápido y seco, se encontró con su
boca a pocos centímetros y con sus manos en los límites de su ropa interior
dispuesto a bajarla.
Un despertador, inoportuno como siempre, hizo que Steve se despertase
sobresaltado. Se encontraba agitado e incómodo. Se tocó el pecho y la cara,
sudaba abundantemente. Recordaba perfectamente su sueño más como una vivencia
que como algo alejado. Una sensación en la que procuró recalar más que nunca a
tenor de lo que contado por ella a raíz de sus sueños recurrentes y reales. Ahora era plenamente consciente de
lo que ella era capaz de sentir .
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados

Sorprendente, esa narrativa es espectacular, tanto detalle, tanta meticulosidad al narrar cada cosa, las imágenes de lo leído con proyectadas en mi mente cual película vista en 3D tan cerca que hace que mi piel se erice tan solo de recordar lo leído. gracias por tan placentero capitulo.
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