Cuántos recuerdos son
capaces de viajar por mi mente
durante un paseo en cualquiera de los lugares de nuestros
encuentros.
Cuántas sonrisas involuntarias ,
extraídas de las que un día sonsacaste de verdad,
mientras me contabas aquellas maravillosas historias
que imaginabas en
cada coincidencia .
Cuántas palabras
resonaban entonces ,
mudas ahora , ante la presencia de tus ojos ,
mis mayores conversadores.
Cuántos roces voluntarios teñidos de ingenuidad
para colmar de inocencia infinita algo sincero,
lo que sentiste por mí desde el primer día,
y lo que me enseñaste a sentir por ti hasta el último.
Silencios bordados con los colores que transmitías,
con las esperanzas venidas en las nubes ,
y las ilusiones de un futuro construido
a imagen y semejanza de los amantes perfectos .
Silencios.....
Y el día llegó.
Aquel en que la mañana se dibujaba gris oscura,
aquella en que el sol nunca quiso aparecer
porque entendía que su luto lo merecía.
Día, en que las lágrimas ,
sonoras en su descender por las mejillas
y su rompimiento definitivo recalando en el suelo,
lo ocuparon todo de forma brutal;
en donde el llanto , ahogado , de una viuda en ciernes,
una que nunca necesitó papel ni oficio ,
ni juez que la reconociera como su mujer,
vería rasgada su alma
como nunca nadie antes la vio jamás,
como nadie , pudo sentirla.
Un alma,
un cuerpo,
que se quedaban sin el halo protector de a quién pertenecía.
Una mente, huérfana ,
de quién originaba parte de esa ilusoria vida
que le permitía seguir adelante.
Una vida rota y de pronto esquiva,
que buscaba esquinas nuevas donde poder ocultarse de la
realidad ,
de un seguir adelante que , pese a los años pasados,
nunca terminó de llegar por propia voluntad.
Una voluntad que nunca quiso olvidarte,
que siempre quiso echarte de menos ,
que permanentemente te tuvo presente,
que pese al tiempo pasado,
pese a los años,
aún lloró tu ida ,
cuando el hermoso ángel que te visitaba,
decidió que para ella era mejor compaña,
y con disculpas previas y una hermosa reverencia,
te llevó de mi lado .
¿Cuántos recuerdos me hacen falta para no olvidarte?
¿Cuántas batallas debo ganar para que te devuelva conmigo,
aunque sólo sea un instante ?
¿Cuándo me darás la señal que espero,
para decirme que aún puedo seguirte queriendo,
que el sentimiento sigue correspondido,
y que mi vida no tiene punto y a parte?
¿Cuándo ese mismo ángel,
egoísta y sincero,
tan cruel como hermoso,
me dejará compartirte aunque sea un poco ,
para volver a sentirme completa?
¿Por qué siento en el fondo,
que me has abandonado hace tanto ,
y soy yo la que se aferra a tus recuerdos
como a una vieja melodía triste
revestida de falsa felicidad,
como única forma de sobrevivir sola , sin ti?
Hasta que mis oídos dejen de escucharla,
y entonces,
sabré que ese sí es el fín,
definitivo,
verdadero.
La hora de pasar una página
que ha resultado el libro entero,
y cuyas hojas repaso una y otra vez
buscando tu nombre ,
tu voz,
tu sonrisa,
tus lágrimas,
tus palabras de aliento,
tu consuelo,
tus abrazos cuando hacía frío,
la correspondencia a los míos cuando te necesitaba ,
la deseperanza del desarraigo en los sentimientos,
el encuentro en tu búsqueda,
el imaginado reencuentro allá dónde estés.
Allá , donde ese ángel te haya llevado.
Por ello,
mi vida,
que en mi silencio sé que me escuchas,
quiero que sepas que sigo esperando tenerte,
que nunca te he perdido,
y que para mí, sólo estás ausente,
que ésto pasará pronto,
y que el reencuentro será el momento más dichoso
jamás imaginado ,
que por ello,
no volverás a verme llorar,
no volverás a sentirme triste,
porque en mi esperanza por volver a reencontrarte ,
sobrevives.
Ana Patricia Cruz López
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