viernes, 12 de febrero de 2016

MOMENTOS. Siempre tuya (200)

La exhalación como muestra del tiempo , existe.
La respiración entre cortada como símbolo, permanece.
Un recuerdo de tus dedos pasando por mi piel, es real.
Un sabor irrepetible , el de tu boca, se mantiene.

Bucle de sensaciones que no se detienen,
mientras, en relax absoluto,
siento mi cuerpo caer en picado a un vacío sin final.

Y en esa caída,
manos que no reconozco,  tratan de atraparme ,
mientras yo trato de caer más deprisa y huir.

Mi cordura la perdí contigo,
con todo lo que me entregaste ,
y con la sensación de ansiedad dejada
por lo que aún faltaba por entregar.


La escalera ,
con sus dificultades,
contigo, se convirtió en rampa sutil.
Todo era tan fácil...
Tan sencillo.

Nunca  hubieron puntos intermedios.
Prefiriendo los extremos,
me enseñaste a amarlos,
porque los extremos eran un riesgo
que todos debemos correr alguna vez.

Corriendo sin pausa
a más de doscientos por hora cada vez,
contigo aprendí
que la vida se nos escapa entre los dedos,
que sin mirar atrás,
conviene tener presente el pasado,
y que la inteligencia ,
jamás estuvo reñida con la edad.

Rompiendo mis esquemas ,
destrozando mis principios,
me enseñaste que podía vivir soñando,
y que éstos eran reales ,
faltando sólo , que uno creyera en ellos.
Que las sensaciones se percibían y eran capaces de erizar la piel,
si te empeñabas en sentirlas.
Que los dedos entrelazados,
pueden estarlo siempre .
Que tu mirada permanece,
sólo si yo quiero.
Que somos protagonistas de nuestra propia historia,
y elegimos no darle final.
Que cada capítulo de la misma,
lo inventamos a cada segundo,
improvisando todo y dejándonos llevar.

Una mirada ,
serena  y siempre inquietante ,
con la que supiste desnudar mi alma desde la primera vez,
y con la que mi cuerpo se sintió tuyo desde el principio.

Un recorrido inusual
por mundos de desconocida intimidad,
donde los subterfugios buscados,
encontraron asilo en mis adentros.
Permanencia que nunca quisiste dejar,
que te costaba abandonar,
recogido en mi calor,
cual chiquillo en el vientre de con quién se siente a gusto.

Una desazón de ternura infinita,
en aquel atisbo de inocencia que aún te queda.
Unos dedos entrelazados entre tu cabello,
cuyo tacto aún permanece ,
refugiando tu sueño,
tu paz,
de la que me has hecho tu vigilante y protectora.

Extremos.
Los que circundan
el eterno movimiento entre el amor y el deseo,
como arma arrojadiza a los sentimientos encontrados.

Extremos ,
que sin aviso cambian de rol,
y quién fue capaz de dar,
recibe en contraprestación
siempre más de lo entregado.

Inmensidad sin control,
hasta el éxtasis y el agobio.
Ahogamiento voluntario
con regusto a sal y cierto nivel de acidez,
que lejos de saciar,
acrecientan la sed,
de ti,
de mí,
de piel.

Piel que es una , y lo será siempre.
Piel que no se reconoce sin la otra.
Piel en todas sus formas,
que  revive con tan sólo pronunciar tu nombre.

Piel imaginada entre la humedad de mis sueños,
devorada por mis labios
que incansablemente aún continúan buscándola.
y que sin duda,
esperan tu vuelta.

Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados


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