Aire que eres capaz de traer su
nombre contigo,
entre las paredes invisibles de sentimientos que le recubren.
Intensidad en tus gestos
de armoniosa rabia levantada ,
que meces las copas de los árboles a su paso.
Mar bravía que rocías mi cuerpo según llegas a la orilla,
y cada gota ,
fundes en mi piel como un abrazo suyo.
Sereno, que en la noche,
regalas lágrimas por no encontrarte con tu amada
debiendo esperar al amanecer ,
si es que no decidió huir ,
porque la desesperanza la pudo.
Y la melodía de tus lamentos gritando mi nombre
comenzaron a acercarse desde lo lejos,
y mis oídos ya no quisieron escuchar nada más.
Negación de roce alguno
por miedo a implicarnos y no saber salir,
la ansiedad nos pudo
cuando ya no había arreglo,
cuando todo estaba perdido ,
cuando la distancia habida fue tan grande,
que sólo quedaron los recuerdos de ayer,
de siempre.
Un deseo febril y enfermizo
que convertimos en algo llamado supervivencia.
Cuerpos que recorrimos en la
soledad ,
cada uno en su respectivo lugar,
mientras nos hacíamos con el del otro.
Excitación sublime
con sólo una imagen ,
exaltación de la sangre ,
haciendo palpitar cada una de tus venas
por el imaginario roce de las yemas de mis dedos,
escalofríos en mi intimidad
por unos labios que componen mi realidad sin serlo,
caderas que comparten la misma danza sutil
de un encuentro interminable nunca realizado .
Ni una sola palabra que indique que nos amamos,
ni un te quiero
por muy distante que suene.
Silencios cubiertos con miradas ruidosas,
que orquestan nuestra partitura ,
y dirigen a los músicos: nuestros corazones.
Y mientras mis ojos permanezcan cerrados,
será tu pecho el que en mi espalda note,
tus manos rodeando mi cintura
sólo con ternura por entrega,
tu sonrisa de felicidad inmensa ,
la que no vea , ni me haga falta,
la que me acompañe,
y los latidos de un corazón sentido,
el tuyo,
el que acompase el mío.
Mientras mis ojos permanezcan cerrados,
todo será perfecto ,
tanto como real,
y tú y yo seremos lo que siempre quisimos ser,
dos amantes sin más,
sin nombres ,
sin miedo,
sin reglas.
Donde dar ,
tenga otro significado que nadie conoce,
dónde recibir,
tenga todo el contenido que queramos darle .
Donde amar,
sea la muerte en vida de todo
lo que conocíamos,
para renacer en los brazos del otro,
como de las entrañas propias.
Mientras,
mis ojos permanezcan cerrados.
Ana Patricia Cruz López
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