miércoles, 24 de junio de 2015

MOMENTOS. Siempre tuya (85)

En el suave murmullo de las olas, 
que frente a mí avanzan, 
es tu nombre el que sobrevuela  
y de lejos parece escucharse.

Maravillosa combinación 
de sutiles sonidos, 
que me envuelven por completo
en una eterna caricia.
O al menos , 
eso es lo que yo llegué a querer creer.


Una lágrima 
rodeando con ternura mi mejilla, 
me confirmaba la cruel verdad.
Aquella única razón, 
de por qué tu nombre  
es aquel que mecen ellas, 
mezclando tu dolor con su espuma, 
mientras arrastran mis sentimientos, 
con la corriente,
al volver al mar.

Viento reacio a dejarlo marchar, 
a que ellas vuelvan a llevarse todo aquello
por lo que yo sigo aún viva.
Viento que arrecias sobre sus cumbres blancas, 
que luchan por no ser arrebatadas de su prisionero, 
mientras yo, 
expectante , en la orilla, 
soy incapaz de contener  lo que siento, 
mientras me siento impotente 
por no enfundarme del valor suficiente 
para luchar,  por lo que ellas, 
las crueles amantes de Poseidón, 
las que él gobierna con mando firme, 
tientan a mi amado , 
a permanecer entre ellas 
a cambio de gloria eterna.

Cara ofrenda solicitan, 
las  especialistas en estos lares, 
en estas bravías y desiguales pugnas, 
que sin lazo posible, 
ni arma contundente, 
logran hacerse con botín ajeno.

Rostro de oscuridad desconocida
y risas entremezcladas con silbidos, 
los de las siervas de su señor, 
que reclama su gloria,  
a costa de separar a los amantes 
que se encontraran en su seno.

Desconcierto.
Angustia.
Lamentos mudos  de tu alma , 
la cual apenas alarga sus brazos para alcanzarme.
Ellas te arrastran.
Yo no te alcanzo.
Tú gritas mi nombre.
Yo no te escucho.

Y el silencio volvió a ocupar su lugar.

Mar en calma.
Viento inerte.
La oscuridad ,
dejó paso a las estrellas.
Silencio.
Calma dolorosa.
Destrozada, vencida.

Tu nombre ya no es llevado por el viento.
El silencio ha ocupado tu lugar.
Ya las lágrimas no emanan. 
Mis ojos encontraron la paz.
Pero , 
mi corazón..........

Ardor doloroso que rescrebajas sin sentido, 
que como un cuchillo de hoja roma, 
te abres camino dañando más de lo que sería deseable, 
por el simple placer de dañar.
Regusto morboso el de mi lamento silencioso, 
mientras mis entrañas chillan sin temor, 
no por el corte, 
si no por la soledad sobrevenida, 
de quién fue arrebatado de su sueño 
por una mar irrespetuosa y celosa, 
cuyos apasionados cuerpos, 
envidió en su entrega.
Mar incapaz de amar con corazón, 
porque no posee.
Mar incapaz de arropar a los vivos, 
porque sólo los muertos dejan llevarse .
Mar que gozas de ventaja, 
que sin cuerpo de mujer llamas, 
y que no devuelves.
Como cueva de negro abatimiento, 
no recibes bien las derrotas, 
mientras te vanaglorias de tus triunfos.

Mal amante, 
descarnada y beligerante, 
que arrastras todo a tu paso 
reclamando algo que nunca ha sido tuyo.
¿Habré de entregarme yo también a tu cuna, 
para poder estar con él de nuevo?, 
o ¿ seguirás interponiendo tus anhelos 
de carne y hueso? 
Y aún así,  no me dejarás recuperarlo.
¿Tanta es la envidia que te corroe de esta simple mortal, 
que no eres capaz , tanto qué dices que le amas, 
de cumplir su último deseo ?
¿Cuentas acaso,  con la esperanza fallida,
de que él llegue a amarte como sólo a mí  me ama,
qué pueda entregarse sólo cómo a  mí se entrega ,
qué pueda decirte te amo, con la misma voz melodiosa 
con la que mis oídos se lo han escuchado decir  infinidad de ocasiones?
¿Cuentas con la triste esperanza, 
falsa y engrosada por tus ilusiones, 
de que él vea en ti , 
a la que le sumirá en el más completo de los delirios, 
a la que habrá de hacerle estallar de júbilo perpetúo
y éxtasis , con tan sólo su compaña, 
a la que con sólo una caricia, 
consigue a cambio una sonrisa imborrable y sincera, 
a la que habrá de ser su amante entregada . 
de abnegación exquisita, 
y pulcritud de formas ?

Tú, mi querida y oscuro mar.
Tú, atrayente al igual que peligrosa, 
he venido a reclamarte,
tus lágrimas cuya desesperación generan, 
puesto que ese , 
es el premio y recompensa, 
que tu dios y señor me ha dejado, 
verte sufrir por no conseguir, 
lo que a mí, 
un día fue arrebatado.

Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)

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