Amanece.
Los rayos de sol se cuelan
por los huecos que dejan las
cortinas
al ser movidas por la brisa de la mañana.
Abro mis ojos.
Lado desierto de la cama.
Sábanas que............
Prueba de delito mortal,
tu cuerpo en entrega total.
Recreación de los hechos.
Recorrido mental.
Piel tersa, que despierta los sentidos
en las yemas de los dedos
de la apasionada amante .
Exigencia de valor,
de pérdida de voluntad.
Descubrimiento de faceta desconocida.
Sin capacidad para reconocer
al que se suponía mi amante,
la ternura habitual,
dejó paso a susurros con otras peticiones,
con otras palabras escuchadas en otro tono.
Móvil del crimen desvelado.
Descubriste tu rostro oculto
una vez ganada mi confianza por entero.
Petición especial.
Ruego sepultado entre mis gemidos ansiosos.
Tú , simple observador.
Tercero en discordia.
Sin límite.
Jugador que impone sus reglas.
Yo , un simple peón
incapaz de negarte nada.
Mientras , en mi silencio,
mi deseo reclama tu nombre,
mi corazón un por qué.
¿Por qué son las manos de otro las que se hacen conmigo
cubriendo tus huellas?
¿Por qué debo someterme a este
pérfido
y endiablado juego?
¿Es a esto a lo que tú llamas amor,
o sólo es algo que nunca te atreviste a descubrirme?
Es tu respiración agitada la que siento al otro lado de la habitación,
aquella, que sobrepasa los dedos de la mano con la que cubres tu boca.
Es tu mandíbula, la que presiento cerrar con fuerza,
viendo como otro hace de mí lo que tú le estás dejando.
Es tu corazón el que siento palpitar ,
en brusquedad absoluta,
como caja a punto de reventar
por la rabia contenida.
Una sola palabra , lo desencadenó todo.
En mi agonía,
fue tu nombre lo que resonó en aquella habitación.
Y como mismo se nombró,
el tercero desapareció.
Ahora, mientras mi cuerpo siente impregnarse de tu piel,
en su roce con el lado vacío de la cama,
es tu rostro furioso contigo
mismo,
el que creo que no olvidaré jamás.
¿Para quién ha sido la prueba
en realidad?
¿Lo sabes?
Intento de roce.
Tus manos buscaban mi hombro.
Tu boca mi rostro.
Esperando encontrar odio en mí,
fue lástima de ti mismo lo que viste reflejado.
Digno amante de necesidades especiales,
de límites incomprensibles,
de palabras huecas,
de mentiras revestidas de verdades,
de dolor disfrazado de amor.
Sábanas con olor a ti.
Sábanas con olor a juego mortal.
El que tú propiciaste.
Él que terminó con todo.
Equivocación mortal
que rompe todo a su paso,
que destroza las confianzas ganadas,
que habilita los "no me toques",
los gritos despechados y las lágrimas no gratuitas.
Pero no.
No lograrás verme llorar.
Desesperado amor,
revestido de falso orgullo y cabeza alta.
Respuesta inmediata.
Hoy,
mientras sólo me queda el recuerdo del sabor de tu piel entre mis
labios,
el olor de tu esencia en mi memoria,
mientras recuerdo lo compartido
en el lado solitario de la cama,
te recuerdo saliendo por la puerta
para no volver.
Una cabeza baja,
supuesto arrepentimiento.
No más palabras,
no más caricias,
no más intentos.
Traicionero corazón ,
que agrietado quedas.
Lluvia que arrecias ,
limpiando todo a tu paso,
en riachuelos improvisados de sangre y sentimientos.
Viento que te levantas de pronto,
amenazante,
recordándome de forma constante
el daño hecho.
Pasan las horas.
Mi cabeza me traiciona.
Una nueva mirada al lado vacío de la cama.
Tu lado.
Deseo inquitante de ocupación.
Mente que juegas en mi contra ,
y pone la imagen de tu cuerpo en ella.
Escalofrío que recorre mi piel.
El viento se detiene.
La lluvia para.
Y el frío,
deja paso al calor humano .
Piel con piel.
Vendas y remiendos al cerebro,
heridas cicatrizando en mi interior.
Es el olor de tu piel lo que me adentra,
son tus labios los que me recorren,
son tus ojos los que me miran.
Es mi locura por ti ,
la que hace que no me reconozca,
la que se deleite con tu vuelta.
La misma que te odió un solo instante,
con la misma intensidad con la
que te sigo amando.
No.
No es mi mente la que me traiciona.
No es mi vista la que me engaña.
No me reconozco .
No soy la misma.
Sólo una verdad.
Son tus caricias las que añoro,
tus palabras las que ansío,
la humedad de tu cuerpo la que
me invade,
tus recuerdos los que me abruman,
mi necesidad de ti ,
lo que me mata.
Y sólo un deseo:
TU VUELTA.
Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)
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