Sumida en este carrusel de sensaciones,
donde tus manos han pasado a ser afiladas agujas imposibles
de sacar,
donde tus ojos parecen marcar la línea del bisturí fantasma
con el que diseccionas mi vida,
donde tus labios buscan verme desesperada anhelando su
contacto,
decido seguir adelante con esto, aunque sepa que no me
conviene.
Conocerte fue mi mayor tentación,
pero también mi mayor
error.
Sin ganas ni forma de dar marcha atrás,
por más que otros lo hayan intentado,
de esta profunda oscuridad en la que has sumido mi vida ,
no quiero salir.
Descubrir que cada amanecer
es distinto visto desde tu
ventana,
sentir que el anochecer te cubre lento según tú le haces una
señal,
no evitar que las estrellas
me aten a la cama ,
para goce de tu plan .
Desechas ideas silenciosas sobre mi cuerpo,
perspectivas dudosas sobre lo que puede ser.
Controlas el entorno ,
y yo, sin embargo,
apenas se cómo respirar.
Locura sin forma y sin sentido,
en la que , una vez dentro,
sólo queda dejarnos llevar.
La habitación se empequeñece más y más con tu presencia.
Andas al rededor mío buscando un punto débil,
cuando en realidad lo tengo delante mío.
Ciego intencional,
incapaz de ver que te deseo ,
que lo mío no se resuelve con romanticismo,
que no espero flores por San Valentín.
Incauto mortal,
que crees tener el control de todo ,
cuando en realidad soy yo la que escribe esta historia.
Mi tinta son las motivaciones para tenerte donde siempre quise,
el resultado, tu
respuesta a ellas.
Hablas de confianza ,
cuando ni siquiera te has comportado como persona.
Perdí esta batalla ,
el día en que me hiciste extraer el animal salvaje que en mi
interior dormitaba.
Los amantes , han dejado paso a los instintos más
primitivos,
y en torno a ellos no han dejado de rehacerse jamás.
Lágrimas que brotan a borbotones,
cuando el placer no se siente igual,
y deja de tener el mismo sentido.
¿Qué ha sido de aquel nosotros ?
¿De los adultos que lo hablaban todo y nada daban por
supuesto?
¿Qué ha sido de las conversaciones que convertimos en
negociación?
¿Qué ha sido de aquellos tiempos , en que una mirada lo
decía todo,
y un gesto bastaba para saber el deseo del contrincante?
¿Que ha pasado en nuestra vida, para que lo que antes se
disfrutaba ,
se haya convertido en hastío ,
y en búsqueda de una guerra frontal con cada encuentro?
¿Qué ha sido de mi persona ,
a la que sumiste en una vida tuya ,
mecanizada y deshumanizada ?
La palabra daño jamás existió entre nosotros,
y ahora es la que lo prioriza todo.
Los gritos se retorcían de placer infinito entre los
sudores que impregnaban las sábanas,
y ahora, son nuestro hilo conductor.
Las ojeras que
bordean nuestros ojos, se consumaban con serenidad al día siguiente
por una entrega a deshora ,
y ahora, son el maquillaje de nuestra realidad.
El cansancio ha hecho tanta mella,
que apenas nos reconocemos en el espejo.
¿Qué queda entonces?
Casi con sentimiento masoquista y regusto despiadado,
pese al mal aspecto
y los flashes de los momentos vividos,
nuestro encuentro mutuo en el espejo,
hace que , apenas,
nuestras manos vuelvan a buscarse,
encontrándose .
Y , entonces, la mirada volvió a cambiar.
Y los silencios con mensaje reconocible,
volvieron a escucharse en nuestro interior.
Miradas intensas y desgarradas de necesidad.
Caricias que terminan con la ropa arrancada , y por el suelo.
Marcas en mi piel de tu desenfreno.
Tus oídos sordos de mi gemir hondo y angustioso.
Historia de nuestra vida.
Historia de dos animales encerrados en su propia jaula de
oro ,
a la que cada día le añaden un barrote.
Esclavitud aderezada con desasosiego por la locura de estar
solo,
con el ahogo de sentirse ausente.
Historia de almas
penitentes voluntarias,
conocedoras de su final.
Historia que habrá de terminar con uno ,
pero que en realidad ,
acabará con los dos.
Historia de un
encuentro que jamás ha dejado de serlo,
por pura y miserable necesidad.
Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)
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