Atada de pies y manos,
no logro avanzar.
Hace tiempo que siento que a mi vida le falta algo.
Necesidad de un abrigo extraño,
de no reconocerme
y dar un vuelco.
Rebelde con causa
poco común,
con costumbre adquirida por llevar la contraria,
el mundo se invierte ante mis pies.
El cielo es mi propio infierno,
y mi penitencia, es la gloria que se apodera de mí ,
una y otra vez.
Añoranza de lo nunca tenido.
Sabores familiares nunca probados.
Frío en mi piel por roces siempre deseados.
Arqueo vital de mi cuerpo,
cuando tus manos guían las mías
en mi propio reconocimento.
Todo mi interior provocado por ti,
y no conforme ,
como siempre,
sigues retorciendo mi voluntad ,
inexistente.
Una vez más,
has vuelto a esculpir tus
anhelos de placer en mi piel.
Caricias convertidas en palabras ,
unidas en sonetos que me hablan de ti.
Poeta del sentimiento ,
convertido en acción.
El esfuerzo se riñó contigo
el día que me conseguiste.
Nunca fue tan fácil entregarme.
Nunca me habían recibido así.
Dos desconocidos que adscriben un nuevo firmamento,
donde cada estrella abrirá el camino al día siguiente.
Un mañana que sólo
existe en nuestra mente,
en el que sólo somos supervivientes
de nuestros propios deseos.
Y una mañana más,
mi cuerpo amanecerá junto al tuyo.
Y una tarde más,
la poesía volverá a retumbar.
Y, durante la noche,
simplemente ,
desaparezco en cuanto te adentras en mí.
Sensación de minuciosa libertad,
bajo tus cadenas.
Sensación de sentirme muy pequeña a tu lado,
e inmensa siendo tuya.
Amada por ti,
odiada por mí misma,
consciente que esto
no ha de durar.
El angel negro,
mi insana compaña,
la envidia ajena,
el desaire,
la desconfianza,
los celos,
todo lo que me ha destruido con tibieza mortal,
poco a poco, casi sin darme cuenta,
aparecerá de nuevo ,
llevándose , sin aviso, todo aquello que siento.
El odio , su amante fiel, lo cubrirá todo como una plaga,
y mi alma conseguirá
arrebatarte.
Bastará una palabra,
una sola palabra,
para que la canción cambié su letra,
y el siguiente amanecer se tiña de rojo.
Rojo sangre, una vez más.
Del mismo rojo sangre,
que la que emanará de mi corazón
partido en dos,
por miedo a que me falte el aire,
a que me limite la libertad,
a que ésto me cambie demasiado,
a ser devorada por el
sentimeinto verdadero.
Y el angel habrá ganado una vez más.
Atada de pies y manos,
no logro avanzar,
y por más que lo intento,
sé que no puedo.
¿Vivir o amar?
Para mí,
sólo una es posible.
Ana Patricia Cruz López
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