CAPITULO SEGUNDO
(2ª PARTE)
UN DURO COMIENZO
Tras dos semanas de intensa recuperación hospitalaria , y la noticia
del traslado de Andy a un destino que ni ella quiso saber , la gota que terminó colmando el vaso de las
desavenencias con su padre, a parte del echo de que en ningún momento se
presentase en el hospital, lo que por otra parte agradeció, se produjo,
cuando quiso presentar la correspondiente denuncia debiendo acudir a su
despacho .
David la acompañó, aunque ella le pidió que esperase fuera por
su propio bien. Aún magullada y con cierta dificultad al caminar, circuló con la cabeza bien alta por el largo pasillo
que llevaba desde la entrada hasta aquella maldita habitación, siendo el objeto
de las miradas indiscretas y desafiantes del resto de los agentes de la
comisaría. Cuando pasó al lado de la que hasta entonces había sido la mesa de
Andy, rozó el filo con la punta de los dedos y la observó ligeramente, para a
continuación, tragarse su orgullo todo
lo que pudo y entrar con la dignidad que la caracterizaba en aquella dependencia.
Pero su padre no se encontraba solo en aquel despacho. Sean estaba de
pie, a su lado.
Cerró la puerta tras entrar , y se sentó en una de las dos sillas
situadas frente de él.
• CAPITAN: Ya veo que
las noticias que me llegaban no exageraban.
¿No ha sido para tanto verdad?
Heyden combinaba su atención entre la cara sonriente de su padre y el
gesto tranquilo de Sean, sin saber exactamente qué le desquiciaba más, si el tenerlos a ambos con esa actitud, o el tono
hiriente e irónico del que se decía llamar “su padre”.
• CAPITAN: Además,
según tengo entendido, a oscuras, sin testigos….. ¿Lograste verle la cara o
algún signo distintivo? No claro, bebida como seguro que estabas…….
Ella se limitaba a guardar silencio,
siendo consciente de que de nada servía hablar.
• CAPITAN: Lo
imaginaba- se levantó y se acercó a ella con la intención de ponerle la mano en
el hombro, retirándoselo bruscamente- siempre tan arisca. Como tú comprenderás,
sin eso, como mínimo, no tiene sentido plantear denuncia , no hay material
sobre el que trabajar. Lo único que lamento, sinceramente, es que no voy a poder atraparle, - aquel tono
la estaba matando, pero esa especie de pausa dramática que realizaba en
ese instante no predecía nada bueno,
tenía la sensación de ser el pavo al que estaban a punto de matar por Acción de
Gracias” - para felicitarle por ser el
único hombre capaz de imponerte un correctivo eficaz e inolvidable.
La sonrisa abierta de su padre disfrutando del momento de humillación,
y una última mirada a Sean , el cual se limitó a bajar su cabeza y contemplar
las losetas del suelo, no la hicieron decaer . Por dentro sólo que ría llorar y
gritar, pero su orgullo, en principio dejado en la puerta antes de entrar, fue
recuperado de inmediato , haciéndole levantarse de la silla con su rostro muy
alto , darse la vuelta, y salir de allí conteniendo los nervios y la ira como pudo, y sin haber
cruzado una sola sílaba.
Podía esperar mucha cosas de su padre. A estas alturas , nada tendría
por qué sorprenderla. Pero lo cierto, es
que aquello, la dejó sin capacidad de
asimilación ni reacción.
Se marchó a casa acompañada de su hermano, el cual, durante todo el
camino le estuvo insistiendo que se
fuese con él y dejase aquello, pero ella le
repetía una y otra vez que debía
volver, y que ya le avisaría cuando ese
momento llegase. Indudablemente, aquel fue un punto de inflexión
importante, porque era consciente, de
que nunca había resultado ni fácil ni cómodo vivir con su padre, que había
tenido que soportar lo indecible, pero que ahora, estaba más fuera de control que nunca y ella
necesitaba salir urgentemente de allí.
David la dejó en la puerta esperando que entrase, mientras él
regresaba a su Hotel. Una vez dentro, esperó pacientemente a que llegase la
noche y a que su padre se durmiera. Recogió a toda prisa algunas de sus cosas,
las metió en una bolsa grande de deporte, cogió algo de dinero que él guardaba
en uno de los cajones de un mueble de la cocina, y salió a toda prisa en plena madrugada, sin
apenas hacer ruido no fuese a despertarse, con la idea clara de que no habría
de volver jamás, pasase lo que pasase.
Heyden nunca olvidaría aquella noche, y mucho menos, todos y cada uno de los malos momentos
vividos en aquella casa. Pero aun así,
procurando quedarse con los buenos y felices ratos compartidos con su
madre o con su hermano , con el que sabía que siempre contaría, y al que llamó aquella noche para que la
recogiese en la estación de autobuses.
Desde aquel
instante, ella pasó a vivir con su
hermano hasta que llegó el inicio del curso universitario, decantándose
por Gestión Empresarial, que
habría de realizar de noche mientras de día buscaba algún trabajo por horas con
el que poder colaborar en los gastos, y quizás independizarse.
Él jamás le insinuaría ni le
diría nada , pero ella , con el tiempo, comenzaba a encontrarse incómoda por él
mismo, sabiendo que impedía toda
posibilidad de intimidad .
Ayudada en parte por él, el cual había montado hacía tiempo su propio
despacho de abogados en Nueva York y gozaba de algunos contactos en Miami,
consiguió trabajo de camarera y gogó (bailarina) en una afamada
discoteca de la ciudad los fines de semana , y en una cafetería del Distrito Financiero por las mañanas.
Y sería durante aquella etapa universitaria, donde conocería a la que después
resultarían ser sus mejores amigos : Elizabeth Adkins y Frank Martin.
Elisabeth, proveniente de una larga estirpe de abogados de prestigio,
quiso seguir la tradición familiar y ser
abogada, pero no trabajar en el mismo
despacho familiar, lo que le acarreó innumerables conflictos .
Liz, a diferencia de Heyden, que físicamente podía pasar más
desapercibida, destacaba por sí sola : Alta, esbelta, muy elegante. Con un
carácter dulce pero férreo, solía tener
mucho éxito en el terreno personal aunque ella no lo ponía fácil. Su nivel de
exigencia le hacía gozar de un reducido
grupo de amigos .
Estudiante destacada ,resultó muy conocida en el ambiente
universitario, primero por su
apellido, y después, por las generosas contribuciones que en
antaño hiciera su abuelo y que continuase su padre, y que permitieron, entre otras cosas,
agrandar el gimnasio, tener una nueva piscina y todo un campo de atletismo que
llevaría su nombre; sin embargo, no
parecía ser la “niña de papá” de la que todos hablaban casi con envidia, ya que la inmensa mayoría de los estudiantes
lograban cursar sus estudios mediante becas que costaban mucho esfuerzo,
algunas incluso relacionadas con el deporte,
mientras otros tenían que trabajar duro y pedir préstamos para poder
sobrellevar los gastos.
Nadie lograba entender como teniéndolo todo, y con todas las
facilidades del mundo , incluyendo la posibilidad de trabajar nada más
licenciarse, ella no quisiera nada de eso. Ni siquiera entendían, que si hubiera querido, con sólo abrir la
boca y haberle pedido cualquier cosa a su padre, lo hubiera conseguido, y sin
embargo , rechazase siquiera toda posibilidad.
Bueno, nadie menos Heyden y David , el cual tuvo oportunidad de
conocerla durante una cena que organizó su hermana con motivo de su visita a la
ciudad por negocios.
Ambas compartirían residencia universitaria y habitación, horas de
sueño y conversaciones interminables.
Liz era una persona especial y
se contrastaba muy bien con la personalidad de los hermanos. Con experiencias
de vida completamente diferentes, eran tres personas capaces de complementarse perfectamente y apoyarse tanto en los buenos
como en los malos momentos, sin que , aparentemente, la distancia con David
resultase ser ningún problema, al menos a priori.
Liz, mujer pasional, cabezota y de carácter donde las haya , tenía claro
lo que quería en la vida, y por encima de todo, su objetivo prioritario era
hacer carrera profesional alejada de su familia.
El día que se lo comunicó a su padre,
Heyden la acompañó, y ninguna de las dos lo habían visto de aquella
manera nunca. Exaltado, gritando como un desaforado y tirando cosas al suelo,
sin importarle que desde fuera le estuvieran escuchando. Quizás el motivo de
tanta ofuscación, viniese provocado, al menos en parte, porque pese a no querer entrar en Harvard, después de
que su padre hubiera movido los hilos oportunos y estudiar la carrera en Miami,
aprovechándose de la fortuna familiar
para costearla , una vez terminada, ella
le comunicase que no pensaba trabajar
con él.
Consiguientemente, aquello
supuso un punto y aparte en su vida, pero ella sabía que contaba con el apoyo
incondicional de sus dos mejores amigos, los hermanos Nash.
La forma en que ambas mujeres se conocieron personalmente, tampoco dejó indiferente a nadie, pero
resulta difícil imaginarlo de otra forma. Encontrándose en las dos últimas
semanas de aquel semestre, en plena
preparación preexámenes, una
mañana, Heyden se disponía a
enclaustrarse en la biblioteca como de
costumbre cuando al pasar por el pasillo de acceso , a ambos lados de las
paredes, había corrillos de chicos del
equipo de rugby y de natación. Aunque ella hubiera preferido evitarlos, se armó
de orgullo y decidió no esquivarlos, y
seguir hacia adelante. Liz , que se encontraba en el mismo pasillo intentando
sacar sus cosas de su taquilla, se percató
de todo.
Mientras ella cruzaba aquel pasillo,
tuvo que oír todo tipo de comentarios desagradables sobre su persona,
pero en ningún momento bajó la cabeza. Liz , harta de este tipo de actitudes,
cerró su taquilla de un golpetazo, se acercó al capitán del equipo de
rugby, y sin poder oír lo que le dijo,
lo que sí le quedó claro a ella por el acompañamiento a sus palabras: una cogida en condiciones de
sus partes más íntimas con retorsión incluida, era más que evidente que la
contundencia le desagradaba a su víctima propiciatoria.
Tras el asentimiento de él con la cabeza a algo que le preguntaría
Liz, le soltó, y con una media sonrisa en la cara, se dirigió a la biblioteca parándose justo a
su altura.
• LIZ:
¡Capullos! Todos son iguales. Musculitos
y media neurona por cerebro que sólo funciona para planificar cómo abrir una
cerveza. Y lo peor es que creen que todas somos iguales. ¡Joder! Flaco favor
nos hacen las puñeteras animadoras. Liz Adkins- le extendió la mano y Heyden, con una sonrisa enorme, le respondió estrechándosela-.
• HEYDEN:
Heyden….-Liz la interrumpió para decir su apellido-.
• LIZ: Nash, lo sé.
Bueno, creo que hay exámenes en vista
¿entramos?
Y así fue como se conocieron y más nunca volvieron a separarse.
El tercero en discordia en este triángulo, Frank, no tuvo tampoco una
primera toma de contacto con ellas , digamos, normal.
El entonces más que destacado Campeón Nacional de Natación , poseía un
carisma especial, aunque su actitud era lo contrario a lo que se esperaba en
alguien con su curriculum.
Un hombre muy maduro para su edad, y primero en su promoción de
Medicina. Codiciado por muchas mujeres , y no exclusivamente de su facultad, y
envidiado por muchos de los de su sexo.
Centrado estrictamente en la distribución ordenada de su tiempo, su más
que metódica agenda mental de compartición
de tiempos entre los entrenamientos , competiciones y estudios, nadie hubiera
dicho , que este hombre era capaz de ser normal o de tener incluso vida social.
Un hombre de principios firmes, aderezado con un toque de cabezonería
y tozudez, imbuido en un cuerpo casi perfecto de deportista nato.
Estudiante brillante , llevaba mucho tiempo pensando en alistarse al
ejército, idea que a los demás, a los que se preciaban de conocerle bien, les
parecía una auténtica locura, pero que , formando parte de su carácter, todos
tenían claro que acabaría
consiguiéndolo.
Como ya había adelantado, Frank entra a formar parte de este selectivo
círculo de “gente de confianza” de Heyden ,
prácticamente , de la única forma posible dadas las circunstancias.
Ella había comenzado a destacar por sus largas horas en la
biblioteca, y su pasión y trabajo
concienzudo en los debates universitarios que se organizaban cada mes.
Desgraciadamente, algunos
ambientes universitarios gozaban del elitismo y del gusto de hacer daño de
forma gratuita como diversión alternativa,
y ella había acabado convirtiéndose en el centro de los rumores más
descarnados sobre sus presuntos gustos sexuales, o sobre su forma más que dudosa de costearse
la carrera.
Pese a los numerosas propuestas
realizadas por sus compañeros a lo largo de los años , algunos de
ellos miembros destacados de algunos de
los equipos deportivos de la Universidad,
ella sólo otorgaba respuestas negativas quizás con exceso de sequedad.
El centro de su vida estaba situado en
sus estudios y en avanzar, ya que no lo tenía fácil.
Dichos rumores fueron a más , hasta que estallaron. Una noche, un grupo de chicos del equipo de natación ,
acompañados de algunos del de fútbol, se
presentaron en el local donde trabajaba ella.
Llevarían en el local en torno a unos quince minutos, cuando uno de ellos la reconoció. Comenzó a
correr la voz entre el grupo, y se
acercaron todos en torno al pilar alto donde ella se encontraba bailando, todos
menos Frank, que simplemente se limitaba
a observarla con una cerveza en la mano. Él sabía que los chicos irían a por
ella y que se sobrepasarían, y justamente eso fue lo que hicieron. Pese a intentar
convencerles para que la dejaran en paz, sus compañeros estaban demasiado
bebidos como para querer detener aquella diversión de mal gusto, así que
él, decidió avisar a los
miembros de la seguridad del local para que intervinieran adecuadamente,
y marcharse de allí, una vez se aseguró
que ella estaba bien.
Desde aquel día, todo tipo de descalificativos relativos a su carácter
o supuesta condición sexual, fueron algunos los términos más usados, para aludir en el campus, a una
Heyden que lo único que trataba
de hacer era terminar la carrera intentando pasar lo más desapercibida posible.
Se decía de ella, que era una infinidad de cosas a las que ella prefería
hacer oídos sordos en vez de contestar, buscando lugares tranquilos para poder estudiar y aprovechando las
bibliotecas cuando se celebraba algún evento deportivo importante, ya que sabía que todo el mundo se encontraría
ahí y no estudiando.
Aquella tarde en la que conoció
personalmente a Frank, no era la primera
vez que se había percatado de él. Habitual también de las bibliotecas , hacía tiempo que ella le
había llamado la atención, por lo que él
consideraba un auténtico misterio de mujer, además de que tenía la creencia, no
menos cierta, de que si trataban de derribarla era porque los demás la
consideraban un peligro por motivos que desconocía.
Fue durante el transcurso de la final de futbol americano entre
universidades del Estado, cuando , estando prácticamente sola, en el último
piso de la gran biblioteca, conoció personalmente a Frank.
Puesto que no tenía demasiadas oportunidades de disfrutar de “aquel
templo de conocimiento “ como ella misma lo denominaba, sobre todo, en aquel estado de paz absoluta , aprovechó
para ir temprano y quedarse hasta bien tarde.
Cuando llevaba unas dos horas, le pareció ver por encima de las gafas
la silueta de alguien buscando algo
entre las estanterías, pero no le prestó más importancia y prosiguió su
lectura.
Frank, que en principio, no se había percatado de quién era aquella
lejana y solitaria figura humana, se topó con la cruda realidad nada más
acercarse a la estantería que estaba justo en frente de la mesa donde ella se
encontraba sentada.
Heyden, en mitad de la lectura,
vio una silueta bien definida en frente suya, miró por encima de las gafas, y
comprobó que era Frank.
Parecía estarle pidiendo permiso para poder sentarse en el sitio que
estaba justo en frente de ella, pero no recibió
gesto alguno como respuesta. Se limitó a devolver su mirada al libro que
estaba leyendo.
Él dejó los libros encima de la mesa y se sentó. Entre página y
página, ambos elevaban de vez en cuando las miradas para observar detenidamente
al otro. Él por simple curiosidad, y
ella, porque el hecho de que no
participase del acto de sus compañeros en el local, le había llamado poderosamente la
atención, y de paso, había derrumbado un
poco la imagen prejuiciosa que se había hecho de él.
Pasaron las horas, y pese a las
ganas que tenían ambos de dirigirse la palabra, ninguno se decidía a tomar la
iniciativa, hasta que Heyden tomó las riendas de la situación, se quitó las
gafas y las colocó encima del libro que estaba leyendo, observando fijamente a Frank, hasta que éste
subió su rostro y procedió a corresponderla.
• HEYDEN: Gracias.
• FRANK: ¿Por?
• HEYDEN: Sé que fuiste tú quién avisó a seguridad la
otra noche.
• FRANK: No tienes porque darlas, no hice nada que no
hubiera hecho cualquiera.
• HEYDEN: Tus amigos
seguro que no.
Ambos se sonrieron, y continuaron estudiando, y sólo Frank lo
interrumpió para alargarle la mano por encima de los libros y presentarse
formalmente.
• FRANK: Soy Frank
Martin.
• HEYDEN: Heyden
Nash, aunque supongo que eso ya lo sabes.
Y aquello fue el inicio de una amistad que llegaría a cotas
insospechadas de intimidad . Muchas
horas de estudio encerrados en habitáculos individuales y de grupo, comidas.
Aunque Liz se mostraba bastante reacia a conocer a los deportistas del
campus, a los que consideraba como “carros de testosterona sin nada inteligente
que aportar”, y aunque nunca fue capaz de decir nada al respecto cuando a las
sesiones de estudio se incorporó Frank, lo cierto es que él consiguió en parte,
sin proponérselo, que ella empezase a
distinguir entre deportistas y deportistas.
Liz veía como trataba a su amiga,
sin importarle lo que sus compañeros dijeran o hicieran, como fue
alejándose de ellos para compartir horas de estudio tranquilo e intercambio de
impresiones con ellas, con las “raritas del campus”, como empezaron a ser
denominadas, y poco a poco ella también fue cogiendo confianza con él.
Por su parte, Frank, cada vez
comenzaba a mostrarse más interesado por aquella aspirante a abogada, de
carácter sorpresivo y siempre explosivo,
que destacaba , sin proponérselo , sobre todo, por sus argumentaciones cuando tocaba debatir
cualquier tema.
Heyden, consciente de
encontrarse como punto intermedio y vigilante silencioso de todo lo que pasaba
en aquel especial submundo que formaban, vio crecer algo, que en principio, no
parecía comenzar con buenos augurios, por lo menos en lo que a Liz se refería.
Con el tiempo, y tras muchas conversaciones compartidas, fue deduciendo que Frank no podía ir más en
serio con su amiga, y que a ella la idea no parecía disgustarle, aunque
realmente nunca se lo puso demasiado fácil. Para envidia de muchas y muchos, lo
que en principio se pronosticaba como algo imposible, pasó a ser la noticia del
campus por el resto del tiempo que duró la carrera.
La elegante inteligencia de él, mezclada con una deliciosa habilidad
para ganársela al cien por cien, lograron derribar ideales preconcebidos sobre
el mundo en el que él se movía, y que Liz no pudiera ni quisiera, dejar pasar la oportunidad de vivir algo realmente
intenso con alguien que a priori parecía merecer mucho la pena.
Respecto a Heyden, el tiempo pasaba y los gastos crecían. El dinero
que ganaba en sus actuales trabajos no
le permitía poder vivir con holgura, así
que decidió buscar algo en otro sitio que le reportara ingresos más
sustanciosos. A través de una compañera,
se enteró que otro de los locales más selectos de la ciudad buscaba
bailarinas con cierto atractivo ,
preferentemente cultas o con cierto nivel de estudios.
Las referencias que esta compañera le dio resultaban inmejorables:
mucho dinero por bailar, y especialmente
cuando esos bailes se realizaban en los privados. Clientes selectos y
adinerados. Totalmente fácil y discreto. Aunque había un añadido. La
posibilidad de incrementar dichos ingresos
con los “extras” , servicios especiales concertados y muy bien
remunerados.
Esta parte del negocio no le resultaba del todo desconocido. Viniendo
del mundo en el que se había desenvuelto, lo habitual era enterarse de todo,
especialmente si eran puntos destacados de venta de sustancias, o aquellos
clubes que usaban los espectáculos de las chicas como la tapadera de algo más.
Un “extra” que jamás se desarrollaba en los mismos, y que , realmente,
se convertía en la manera más rápida de salir de una situación complicada.
Sin pensárselo dos veces, esa
misma tarde-noche, acudió para intentar
conseguir un puesto. Como bailarina era buena, y no era la primera vez que lo
hacía.
Se vistió elegante, pero con las dosis justas de sensualidad, conforme los consejos que le dieron.
Según se bajó del taxi, con paso decidido, atravesó la puerta sin
pensar demasiado lo qué estaba haciendo.
Sólo se repetía constantemente para sí misma “ tú puedes”, y con la cabeza bien
alta, y segura de sí misma, se dirigió directamente hacia lo que ella consideró
que era la barra principal.
Preguntó por el encargado a uno de los camareros, y mientras le
llamaban, decidió tomarse algo y ver el
espectáculo que comenzaba en ese momento.
Una mujer morena, de pelo negro azabache y rasgos latinos, se
contorneaba con tanta firmeza y de tal forma, que todos los clientes se
quedaban embobados mirándola. Entre lo
que le habían comentado , y ella sabía de por sí sobre el club, no le había extrañado que, salvo alguna mujer
entrada en años que disfrutaba del espectáculo como clienta con copa en la
mesa, todos los clientes se quedasen
casi hipnotizados por la bailarina que se hacía con todo el pequeño escenario, porque hasta a ella, le resultaba sorprendente su forma tan sexy y
brutal de atraer la atención con el movimiento de su cuerpo al ritmo de la
música.
Apenas le bastaron unos treinta minutos en aquel sitio para darse
perfecta cuenta de todo lo que se movía allí dentro, y el tipo de “servicios extras” que
presuntamente parecían ofrecerse. La
panorámica general, le desveló además
otro dato de sumo interés: el tipo de cliente que lo frecuentaba. La
compañera ya le advirtió que era del
tipo de local que no todos podían permitirse, y menos, entrar y disfrutar de la totalidad de los
servicios que se ofertaban. Nada más ver el panorama presente allí aquella noche, observó que los datos
dados y la idea que ella misma se había hecho,
no andaban aislados los unos de la
otra. Hombres muy bien vestidos con ropa de marca y zapatos
de primera categoría, maneras exquisitas y mucha seguridad en sí mismos,
consumiendo alcohol proveniente de botellas con las que un americano medio
podía dar de comer a su familia , al menos, un año y medio.
Clark, el encargado, se acercó
a ella y se presentó, cuando ella le dijo a lo que había venido, la obligó a
ponerse de pie delante de él y a darse la vuelta.
La miró detenidamente de arriba abajo,
y pese a esperarse una rotunda negativa, sin embargo, recibió un tal vez y un dependiendo de lo que
diga la “nena”.
¿Quién sería esa famosa “nena” que parecía ser la diosa con voz
decisoria de los castings de
chicas, y qué mandaba aparentemente más
que el encargado?
Heyden tendría que esperar a la hora de cierre para averiguarlo. La
morena de rasgos latinos que vio actuar,
se le acercó con mirada devoradora.
• VICTORIA: Vaya ,
vaya, vaya ¿Así qué quieres trabajar aquí? Mi nombre es Victoria.
Ella no salía de su sorpresa.
• HEYDEN: Heyden
Nash.
Victoria se sentó a su lado en la barra y pidió una copa.
• VICTORIA: Bien nena
¿En serio sabes dónde te metes?
• HEYDEN: Es un trabajo ¿no? Mientras no sea ilegal….
Además, tengo buenas referencias respecto a lo bien que lo ganan las
chicas, y yo necesito el dinero.
• VICTORIA: -se
sonrió- Claro . Todas lo necesitamos, algunas más , algunas menos. pero ¿crees en serio que lo
hacen sólo por bailar? Verás querida, las chicas ganan más en, digámoslo así,
servicios especiales que se realizan con los clientes que los contratan, y que
pueden ir desde bailes privados en el local o incluso en sus domicilios , por
los que , por cierto, pagan aún más. Y si el llamado servicio especial se
completa, los beneficios son aún
mayores. ¿Entiendes lo qué te estoy diciendo?
• HEYDEN: Claro y
nítido.
Victoria se placía de ser la que tuviera la última palabra respecto de
las elegidas, y para ello, utilizaba todas las armas que le fueran
imprescindibles, aún a costa de poder incomodar a la observada.
• VICTORIA: ¿Qué edad
tienes?
Le sacó de su bolso el carnet que usaba normalmente. Victoria se rió.
• VICTORIA: Éste no
te lo han hecho aquí. Es demasiado bueno. ¿La real?
• HEYDEN: 19.
• VICTORIA: Está
bien, no pierdas ese carnet, aquí entran todo tipo de clientes, incluso alguno de la secreta. – La miraba de
arriba abajo con ojos intrigantes y muy interesados- Me intrigas. Súbete al escenario y demuéstrame de lo que
eres capaz.
• HEYDEN: -
Sorprendida- ¿Ahora?
La seleccionadora se reía y comentó , en parte por la mezcla de
cansancio, hora y alcohol ingerido, de forma irónica.
• VICTORIA: No. Si
quieres vuelves cuando te plazca que aquí te estaré esperando.- señalando para
la banqueta alta en la que se encontraba- aquí mismo.
Ella comenzó a mirar al resto de la sala como asegurándose de que no
quedaba nadie más.
Victoria le metió prisa.
• VICTORIA: ¿Te vas a
poner las pilas o tendré que esperar a que me crezcan raíces? ¿No habrás
pensado que tengo el resto del día para ti? Sigue hasta esa puerta del fondo – se la señaló- y
quítate lo que te pueda molestar. Algo encontrarás que te sirva.
Sólo quedaban en la sala Victoria, Clark el encargado y alguien más
que se encontraba sentado en una de las mesas del fondo y al que sólo se le
podía distinguir la silueta.
Aquella fue la primera vez que Victoria se cruzaría en su vida. Al
principio encantadora y amable, fue con el tiempo convirtiéndose en una especie
de mantis religiosa brutal que iría destapando sus peores artimañas con ella.
Dura y caprichosa, se encargaba de elegir a las chicas que actuaban y entraban
al servicio del local, e incluso se permitía escogerles clientes, normalmente los que ella no quería.
Heyden se dirigió al escenario
y se posicionó cerca de la barra sin que Victoria le perdiera la atención
por un instante. Un solo foco la iluminó, de espaldas , con el pelo recogido y
tapado por un sombrero que había visto en el fondo del escenario, dejado
seguramente por algunas de las chicas que había actuado aquella noche. Comenzó la música. Clark decidió
sorprenderla con un tema inesperado: IMAGINATION. (LAURA BRANIGAN). Al sonar el
primer compás, cerró los ojos, respiró profundamente, y trató de concentrarse
pensando que estaba sola y nadie la veía. Su cuerpo comenzó a moverse
lentamente, para combinarse con lances casi mecánicos de combinaciones
gimnásticas que era su mejor faceta. Su
enorme elasticidad le permitían aprovechar el suelo en toda su amplitud sin
ningún esfuerzo, y por esta ocasión, la barra , sólo serviría de apoyo.
En el momento final, lanzó el sombrero, y justo cuando su larga melena comenzó a caer
por su espalda , observó como Victoria se mostraba deleitada con algo
delicioso, y la figura del final de la sala se incorporaba hacia delante.
Como una auténtica estratega , no quiso desvelar todas sus armas ni su potencial de
entrada, pero por el rostro de Victoria , cuando ella bajó del escenario, sabía
que la muestra había resultado suficiente.
Con su ropa de nuevo,
Victoria se dirigió a la silueta
difuminada que se encontraba en la semioscuridad.
• VICTORIA: ¿Qué
dices?
• DESCONOCIDO
(Michael): Es un diamante en bruto que hay que pulir, pero es buena, muy buena. La cuestión es si
será capaz de ir más allá.
Victoria volvió a mirarla de arriba abajo, y con una sonrisa
amplia se dirigió a ella.
• VICTORIA: Me
apetece darte una oportunidad. ¿Hasta
dónde estás dispuesta a llegar?
Heyden la miró, y giró levemente la cabeza hacia dónde se encontraba
la silueta de la que provenía aquella voz masculina que le había llamado tanto
la atención dando su visto bueno. Aquel, que ella pensaba que debía ser en
realidad el dueño, y cuya inmensa presencia percibía.
Acogiendo valor desde sus adentros, siendo consciente de que no habría
marcha atrás posible, y asumiendo con total responsabilidad las consecuencias
de su respuesta, decidió mostrarse desafiante.
• HEYDEN: ¿Hasta
dónde crees tú que sería capaz ?
Victoria comenzó a reírse abiertamente. Ese aire descarado de la novata mezclado con el de la adrenalina que desprendía, resultaban de
lo más inquietantes.
• VICTORIA: Así que ,
vas a por todas.
• HEYDEN: ¿Se puede
ir de otra forma en este negocio?
• VICTORIA: - Alzando
su copa- Bien, esa actitud me gusta, veremos cuánto eres capaz de mantenerla.
Empiezas mañana. Las actuaciones empiezan desde las ocho, pero a las nuevas les
dejamos el lugar privilegiado de las diez. Te quiero aquí desde las siete, y
procura no llegar tarde o estás fuera. Ya mañana te explicarán cómo funciona
todo.
Y al día siguiente, en la hora establecida, volvió al local. Su
sorpresa fue mayúscula cuando se encontró que quién le comentaba todo el
desarrollo de las distintas facetas del negocio era Clark, el Encargado, y de sus descripciones,
pudo confirmar que tanto los comentarios como las referencias recibidas , no se
equivocaban.
La primera semana allí fue
relativamente fácil, se limitó a bailar y aligerar peso en su cuerpo. Para la
desnudez, se concentraba, dejaba su mente en blanco, y se limitaba a escuchar
la música escogida por ella y a mostrar su cuerpo al compás de la coreografía
previamente ensayada, haciendo como que la sala estaba desierta .
Dada su nueva actividad, de la que no se atrevió a hablar con
nadie, tuvo que reorganizar su agenda y
sus tiempos. Procuraba entrenar y
ensayar antes de clase, levantándose muy
temprano, y después de estudiar unas
horas en la biblioteca, volver al combinado de entrenamiento y práctica. Pocas eran las horas del día que le quedaban libres, más que las horas de descanso , las cuales ,
también tuvo que reducir.
La oportunidad de demostrar lo que realmente podía llegar a hacer, le
vendría tan sólo unos días después de empezar, en una fiesta que organizaba un
ricachón de la industria musical en su casa.
Victoria le advirtió de
antemano , que cuando se aceptaba una oferta como esa, no se podía dejar mal ni
al negocio ni a quién lo había cerrado , es decir, ella. Suponía mucho dinero
para todos, y el comportamiento debía ser distinto.
En esas fiestas, eran los clientes quienes mandaban y siempre tenían
razón, pidiesen lo que pidiesen. Para ella , novata en esos quehaceres, todo
aquello le suponía un riesgo por un aparte apetecible y excitante por lo
desconocido, y por otro, terriblemente
descarnado.
Su imaginación comenzó a volar . ¿Cualquier tipo de servicio? ¿El
cliente tenía siempre las de ganar y razón en lo que pedía? Por momentos
prefería no pensar en todo aquello y dejarse llevar.
Ambas saldrían en coche desde el local. Victoria, acostumbraba a vigilar muy de cerca los
movimientos de las chicas nuevas, especialmente, si nunca se habían dedicado a los otros
servicios que se ofertaban. En el caso de Heyden, debía vigilarla, darla a conocer, y ofertarla al mejor postor por el bien del
negocio, colmando sólo así, sus ansiosas
ganas de saber hasta dónde era capaz de llegar, todo un reto más que deseable.
Elegantemente vestidas y con
maneras más propias de señoras de alta sociedad, nada más adentrarse en la casa
y ser recibidas por el organizador del “evento”, el cual se mostró muy
interesado por cierto en la joven nada más verla, Victoria le dio las indicaciones oportunas , especialmente,
que procurara dejarse ver en la sala
donde se encontraban todos, y que ya
estaría ella pendiente .
Las reglas referidas a la
asistencia a este tipo de fiestas estaban tasadas de antemano. Allí todos se
conocían y cada uno sabía perfectamente su papel.
Quizás la más despistada fuera ella, la cual se acercó a tomar una
copa en una de las barras habilitadas en
el jardín, cerca de la piscina.
Mientras procuraba no perder atención de todo lo que a su alrededor se
movía, algo le llamó la atención. Un individuo muy atractivo y elegante no paraba de mirarla con una sonrisa
bastante tentadora.
Lo primero que le vino a la cabeza,
es que podía tratarse de un cliente y que el juego acababa de empezar,
la única duda , es si podía permitírselo o no,
ya que las reglas no decían nada de cómo actuar en estos casos.
Conforme bebía, supo que algo
cambiaría a partir de ese momento, especialmente, cuando aquel individuo
comenzó a rodear lentamente la piscina hasta llegar a ella.
Heyden intentó disimular comportándose como si no le hubiera visto
caminar hacia ella.
En ese instante , Victoria se encontraba intentando localizarla, cuando desde lo alto de la casa , en una de
las terrazas, la vio cerca de la piscina
y reconoció con quién estaba hablando,
prefiriendo observar por el momento sus reacciones.
El sujeto se le acercó por detrás y decidió romper el hielo con voz
insinuante:
• DESCONOCIDO
(Michael) : Vaya, al final no parece que haya que pulirte tanto”.
Ante su sorpresa, reconoció la frase y la voz, la del individuo
misterioso del local, la de la silueta escondida que la observaba con atención
desde la oscuridad .Se dio la vuelta y pensó para sí misma, “ bien “. Aunque no
sabía quién, era el hecho de que
conociera a Victoria y estuviera en la selección , le brindaba, en principio,
la pequeña tranquilidad de pensar que no se trataba de un cliente.
• DESCONOCIDO
(Michael): Hay trucos para engañar a más de un cliente, y ganar mucha pasta con el mínimo esfuerzo.
• HEYDEN: - con gesto
serio- Hay cosas que no se pueden trucar.
• DESCONOCIDO
(Michael): ¿Ah sí? ¿Pensaba que eras nueva en ésto?
• HEYDEN: ¿Tú crees?
• DESCONOCIDO (Michael)
: No lo creo. Lo sé.
Su determinación y seguridad al hablar la ponían bastante nerviosa.
Era como si quisiera ponerla a prueba en cuanto a su talante.
• DESCONOCIDO
(Michael): Por supuesto que hay cosas que se deben hacer porque para eso se te
paga el precio acordado , pero hay formas sutiles de alargar determinados
procesos, y que la “cuestión” sea lo
menos desagradable posible.
• HEYDEN:
Pareces desenvolverte muy bien en estas
cuestiones.
• DESCONOCIDO
(Michael): ¿En serio quieres qué crea que no necesitas ayuda? No sé qué es lo
que te habrán vendido sobre este mundo , ni sobre lo qué se hace y deshace en
el local, pero no es fácil. Hay que ser
muy buena para que Victoria te deje escoger.
Extrañamente desafiante, aquel sujeto logró lo que esperaba, hacerla
saltar de su estado letárgico y aceptar el reto que se le planteaba.
• HEYDEN: ¿Y quién
dice qué no sea buena? Ponme a prueba. Ya sabes cómo soy en lo que sé hacer,
ahora toca descubrir lo que supuestamente no sé.
Aquellos penetrantes ojos se le clavaron tan profundamente, que sintió en su interior, como un cuchillo bien afilado se adentraba
lentamente en su estómago mientras ella se crecía por momentos.
Tras quedarse pensativo unos
instantes, la seriedad volvió a su rostro y se le acercó al oído.
• DESCONOCIDO
(Michael): Ven conmigo.
Se la llevó hasta un lugar un poco más apartado del jardín, al otro
lado de la piscina, en un largo paseo con fuentes encadenadas en escalón. Se
sentó en un muro , mientras ella se quedaba de pie frente a él.
• DESCONOCIDO
(Michael): ¿Quieres que te ponga a prueba? Está bien.- Cruzó los brazos- Ponme
a cien en menos de cinco minutos, pero
sin tocarme.
Ciertamente no sería una prueba fácil de superar en tan poco tiempo,
sobre todo con un tipo que no conocía de nada , pero era un reto que había
aceptado y le apetecía conocerse.
• DESCONOCIDO
(Michael): Estoy esperando.
Ella se le acercó lentamente, con normalidad y gesto confiado, casi
dulce ante sus ojos, procurando no rozarle, y
con la excusa de dejar la copa que portaba en el muro. Él deslió sus
brazos y los apoyó en él, pero ella, en vez de incorporarse, y midiendo muy bien las distancias
corporales, mientras le miraba fijamente a los labios humedeciendo los suyos,
comenzó a hablarle suavemente al oído, con palabras voladas ,sobre lo que
podría hacer con su cuerpo entre sus manos, como se apoderaría de cada centímetro
de piel saboreando su esencia más infinita, como podría dejarle indefenso y
como él terminaría deseando que aquello no acabara.
Por lo que a él respecta,
cuanto más le decía , su respiración
comenzaba a oírse ligeramente agitada, su resistencia forzada, casi
obligada , puesto que él había planteado el reto , y sin embargo, no podía hacer otra cosa , bajo su propia
sorpresa, que aguantar el tipo como
podía, pero lo que sí que no pudo evitar,
fue sentirse muy excitado, cuando
el tono de sus palabras subió y relató muchos más detalles sobre todo lo que
podría hacerle.
Miró el reloj, y casi sin darse cuenta habían pasado sólo tres
minutos.
• DESCONOCIDO
(Michael): Detente.
Ella , que también había visto el tiempo, se sonrió, porque había decidido parar el juego que él
mismo había propuesto, siendo consciente
de que lo había superado.
No conforme con eso, y sintiéndose muy a gusto no quiso separarse de
él , esperando la respuesta mientras se dirigía a él empleando el mismo tono susurrante.
.
• HEYDEN: ¿Y bien?
• DESCONOCIDO
(Michael): Efectivamente, no creo que haya demasiado que pulir. Tres minutos y
medio, muy buena , sí. Y sin tocar.
Ahora sé que eras tan buena en lo que haces como en lo que no haces.
Ella no evitó sonreírse. Aquello empezaba a ir bien.
Victoria, que lo había contemplado todo desde una posición
privilegiada, decidió acercarse a ellos , no mostrándose demasiado complaciente
por el espectáculo.
• VICTORIA: -
dirigiéndose a él- ¿Ya te has divertido lo suficiente Michael?
• DESCONOCIDO ( a
partir de ahora Michael): Sólo estábamos
hablando.
• VICTORIA: ¿En
serio?- su tono, ofuscado y nervioso, parecía demostrar que más que la actitud
de ella, era con él con quién se encontraba
molesta- Desde luego hay que ver
cómo eres , sabes cómo son las cosas con las nuevas y tú la alejas del punto de
visión- se giró hacia Heyden- Hay un servicio especial, han pagado mucho dinero
y será fácil.
• MICHAEL: ¿Mucho
dinero y fácil?
• VICTORIA: Sí
Michael, mucho y fácil. – volvió a dirigirse hacia ella- Sólo quieren mirar, el
aliciente ha sido que eres nueva en esto y por lo tanto se cotiza como si
fueras virgen- miró a Michael intencionalmente mientras se dirigía a ella
- Por cierto, ¿lo eres?
Ella no pudo evitar mirarle, y éste , con la cabeza, casi
imperceptiblemente, le señaló que dijera que “no”.
• HEYDEN:¿ Realmente
importa?
• VICTORIA: Soy yo quien hace las preguntas. Ya veo que
no a juzgar por tu reacción. Que pena, se hubiera cotizado mucho más. En fin,
será mejor que te vayas acostumbrando, aquí hay gente para todo querida y no es
lo más raro que te pedirán , sólo que….. hay que buscarte una pareja adecuada.
Voy a pensar a quien te escojo mientras vas yendo a la planta superior.
Victoria se dirigió al interior de la casa y Michael fue a dar con
ella al notar el nerviosismo de la muchacha.
• MICHAEL: ¡Victoria!
Victoria se dio la vuelta con
mirada atravesada y molesta.
• MICHAEL: - se
acercó a ella y agarrándola por el brazo la alejó un poco más- ¿En serio ese va
a ser su bautismo de fuego, delante de un montón de gente?
• VICTORIA: Me estás
haciendo daño en el brazo.
• MICHAEL: Te conozco
bien y sé que le has echado el ojo desde el día que entró en el local- tras
observarla brevemente se sonrió satisfecho por haber logrado confirmar lo que
sospechaba- ¡Te gusta! No puedo creerlo.
Victoria la miró y ciertamente los nervios podían con ella.
• VICTORIA: ¿Y qué me
dices de ti? ¿Ya te has encaprichado con la nueva como de costumbre?
• MICHAEL:
-Agarrándola más fuerte del brazo- No te pases Victoria. Sabes perfectamente lo
que hay conmigo.
• VICTORIA: Y tú
sabes perfectamente que es mi negocio. Ella quería el trabajo y tendrá que
resultar rentable si quiere mantenerlo, de todas formas , no creo que dure ni
un mes . Dile que vaya a la primera habitación de la izquierda , en el primer
piso.
Y se marchó.
Michael se dio la vuelta y cogiendo a Heyden de la mano, arrastró por
ella hacia el interior de la casa, mientras le hablaba agitado.
• MICHAEL: No sé si
tienes o no experiencia, aunque en este momento poco importa. Hazme caso y
saldrá bien, al menos esta noche. Si te bloqueas déjate llevar, los chicos
sabrán que hacer, todos los que están dentro son viejos en esto.
Conforme se iban acercando a la habitación , Victoria reapareció en la
puerta justo antes de que entraran.
• VICTORIA: -
poniéndole la mano en el pecho a él- Tú no.- dirigiéndose a ella- Dentro te
esperan Aarón y Daniel.
• MICHAEL: ¿Aarón y
Daniel?
• VICTORIA: ¡Por dios
Michael! Tú no eres del negocio procura recordarlo, además es mejor que empiece
fuerte, así sabremos si es tan buena como tú deduces- mirándola de nuevo- Tú
vete entrando, que aquí el tiempo es
oro.
• MICHAEL: - La cogió
por los brazos y la miró fijamente-
Procura recordar dos cosas: no les mires a la cara , olvídate que hay nadie; y
siempre recuerda por qué lo haces.
Aquellas palabras se le quedarían grabadas para siempre.
Intentando relajarse y recordar cada palabra que le había dicho ,
entró en la sala evitando mirar a su alrededor,
fijando su mirada sólo en los dos chicos con los que tendría que servir de espectáculo placentero para los
más de veinte individuos que se disponían
a disfrutar en su interior.
Mientras, en la puerta, hasta que ésta se cerró, él no le perdía la
vista, porque eran consciente, de lo que estaría pasando por la cabeza de
ella en ese momento y cómo debía sentirse. Con la vista de la madera blanca de
la puerta ante él, y una rabia más que evidente, se percató del alejamiento
progresivo de Victoria de aquel punto, y sin querer contenerse, aún se dirigió
a ella.
• MICHAEL: ¿Te excita
esto verdad?
• VICTORIA: -Se
detuvo, y tras darse la vuelta, volvió sobre sus pasos por un instante, insinuantemente, y acariciándole la cara, le dijo-Sabía
perfectamente dónde se metía. La verdad Michael, pensé que ya no te iban este tipo de
caprichitos .
Victoria fue bajando la mano hasta llegar a sus genitales, siendo
detenida en seco por una de las manos de él.
• MICHAEL: Y tú sabes
perfectamente que para mis juegos me gusta escoger al otro jugador.
Ella se le acercó al oído para hacer suyo su cuello, ante un sujeto al
que conocía perfectamente y del que había conseguido volver a enfadar como
venía siendo costumbre, lo que por otra parte la excitaba sobremanera.
• VICTORIA: Cariño,
sé que en el fondo me echas mucho de menos, nos compenetrábamos tan bien.
Siempre puedes volver conmigo si quieres, podría ser una reentré para el
negocio.- aprovechaba la cercanía para acariciar el resto de su cuerpo ante la
indiferencia de él- Incluso podríamos incorporar …. A la nueva- él la miró- ah!
Ya veo que la idea te gusta. Vuelve conmigo , y nos tendrás a las dos.
• MICHAEL: Tú nunca
me has tenido ni me tendrás, sólo te has trabajado un cuerpo que ni siquiera se
excitaba pensando que eras tú en lo que la metía, pero claro, considerando que
no estás muy acostumbrada a sentir ahí dentro
nada que no sea de látex, no me
extraña que no te hayas dado cuenta.
• VICTORIA: - Se
separó de él bastante enfadada- Quizás el problema, no es que yo no lo
sintiera, sino que tú no lo supieras trabajar dado mi nivel de exigencia. Lo
cierto es que estás perdiendo bastantes facultades por lo que he podido palpar.
Es probable, que la decisión más acertada que hayas tomado en mucho tiempo sea
retirarte.
• MICHAEL: Sí claro,
sobre todo porque es el primer sitio al que has lanzado la mano rápidamente.
Dime una cosa Victoria ¿Qué te cabrea más ,
saber que no vas a volver a catarme o que sea yo el que te esté rechazando
una vez más?.
Justo cuando Victoria levantaba la mano para intentar darle un
bofetón, él le cruzó uno de sus brazos y se lo impidió, marchándose de allí
bastante alterada.
Victoria estaba más que acostumbrada a sus desaires , ya eran muchos
años a sus espaldas y se conocían tan bien,
que nunca habían podido congeniar. Especialmente, por sus caracteres
parecidos, igual de fuertes. Simplemente,
se limitaban a trabajar y normalmente , por lo menos él, procuraba
distanciar su mente en otro lugar mientras lo hacía.
Tres horas más tarde, y con Victoria fuera del juego, ya que se había marchado hacía rato, Heyden
salía de la casa algo aturdida y bastante
cansada.
En la puerta, la esperaba un
coche, y en su interior, un conductor que no esperaba: Michael.
Él le abrió la puerta del acompañante desde dentro y le indicó que
subiera al coche. Ella pasó de hacerlo y siguió de largo para intentar
dirigirse a la salida, con los tacones en una mano , el pelo suelto, y la
mirada ida. Michael lo arrancó tras cerrar la puerta y dio la vuelta para
seguirla con el coche, intentando
convencerla desde la ventanilla para que
subiera.
• MICHAEL : ¿Quieres
hacer el favor de subir al coche?
Ella, sin ni siquiera mirar,
proseguía su camino por la carretera,
sin importarle mucho ni la hora ni la falta de iluminación de la misma.
• MICHAEL: Joder
Heyden! Sube de una puñetera vez, vas a conseguir que nos maten a los dos.
Como siguió desoyendo, él
decidió acelerar algo y cruzarse un poco más adelante, saliendo del coche y esperándola junto a la
puerta.
Cuando llegó a su altura, ella
intentó bordear el vehículo, pero él la
cogió de los brazos y la apoyó violentamente sobre la parte de atrás.
• MICHAEL: ¡Mírame!
Ella seguía con la cabeza baja,
hasta que ante la insistencia de él decidió mirarle.
Él reconoció aquella mirada. La soltó lentamente y le dejó algo de
espacio.
Muy aturdida y con los ojos vidriosos , no parecía escuchar lo que
Michael le hablaba o le preguntaba.
Intentó cogerla del brazo de nuevo,
pero ella se lo retiró bruscamente antes de que pudiera tocarla.
• MICHAEL: Vale,
vale. No te tocaré. Sé que es difícil lo
que te voy a pedir, porque no me conoces
ni sabes nada de mí, pero sólo quiero que confíes un poco por favor, aunque sólo
sea un poco ¿vale?. Ahora, ¿te importaría subirte al coche ?
Ella dio la vuelta y se subió al coche sin musitar palabra alguna.
Él se subió , y antes de arrancar,
decidió que ya era el momento de intentar romper algo más el hielo para
intentar ganarse su confianza.
• MICHAEL: Me llamo
Michael, Michael Fassworth. – Ella seguía sin responde y con su vista fija en
la carretera -.
El coche de Michael se convirtió en descapotable en cuestión de pocos
minutos, Heyden necesitaba respirar
aire, aquel que en esos momentos no lograba que le entrase como a ella le
hubiera gustado. Todo a su alrededor daba vueltas y el aturdimiento, lejos de
disminuir, iba a más.
Comenzó a encontrarse muy indispuesta, hasta el punto de pedirle a Michael que parase el coche para poder vomitar.
Apartado en un lado, con mucha dificultad, ella abrió desesperada la puerta del coche, y al
salir incluso se cayó al suelo. Michael salió a toda prisa para intentar
ayudarla a levantarse del asfalto , y apoyarla en el coche mientras vomitaba. Cuando
pudo soltarla y dejarla sola de forma estable, abrió el maletero, y buscó algo
de agua con la que poder enjuagarse.
Sólo unos minutos después , algo más tranquila y recuperada en cuanto
al color de su tez, la ayudó a sentarse de nuevo en el interior del
vehículo, le reclinó el sillón
y arrancó a toda prisa llevándola a su casa.
Muy aturdida y confusa, se dejaba guiar por aquel sujeto sin poder
pensar, ni importarle en aquel instante, si se podía fiar realmente de él o no.
Una vez dentro, la llevó hasta su dormitorio y la recostó . Michael reconocía perfectamente aquellos
síntomas : sudoración, pupilas más
dilatadas de lo normal, y una
temperatura corporal que pareciera fiebre. Con su mano, intentó tomarle las
pulsaciones y se encontraban demasiado
alteradas.
Cogió su teléfono , y llamó a una amiga, enfermera, para que se
acercase a su casa y le ayudase.
Una vez en ella, entre los dos,
la desvistieron y la sentaron en
el plato de ducha. Mientras una la sostenía para que no saliese huyendo ni se
cayese hacia los lados, el otro abría la llave del agua fría , cayendo ésta , encima suya, en cantidad
abundante.
Después de un largo rato bajo el agua,
Michael la metió en su cama , y su amiga estuvo vigilando
sus signos vitales, entre ellos, la temperatura, el pulso, la frecuencia
respiratoria y la presión arterial, mientras Michael no se separaba de ella.
Cada cierto tiempo, le inyectaron los medicamentos que necesitaba
para rebajarle el ritmo cardíaco y
regularle la tensión.
Sólo cuando la enfermera estuvo segura de que se encontraba mejor y
que podía marcharse tranquila, se fue
dándole instrucciones a Michael sobre lo que debía hacer los dos próximos días, recomendándole, al mismo tiempo, que aprovechase para descansar él
también, puesto que su “enferma” estaría durmiendo bastante tiempo.
Como él no quiso dejarla sola, se limitó a echar cabezadas en el
sillón que se encontraba al lado de su
cama.
Tras un día y medio durmiendo, logró despertarse bastante desorientada
, algo asustada, y con un intenso dolor
de cabeza.
No sabía dónde estaba. Sus ojos sólo lograban vislumbrar una tenue luz
a través de la persiana de la ventana ,y al otro lado, a Michael recostado en
el sillón.
Al intentar incorporarse y no poder, se agarró de la mesilla de noche
y tiró el vaso de agua al suelo rompiéndose y despertando sobresaltado a
Michael, el cual se levantó casi de un salto para evitar que pusiera los pies en el suelo hasta
recoger los cristales.
Sin aún mediar palabra entre ambos, y con toda la habitación dándole
vueltas, ella decidió volver a recostarse.
Pasado un rato, él volvió a aparecer en el dormitorio con algo suave para desayunar, y mientras ella
trataba de hacerse una composición de lugar,
él recogía el estropicio del vaso.
Heyden, que se sentía rara, se
miró y levantó la sábana confirmando su inicial sospecha sobre su ausencia de
ropa. Comenzó a visualizarse , y al
fijarse en uno de los brazos, tenía un hematoma y una tirita.
Cuando Michael lo recogió todo,
se sentó a su lado para tomarle la tensión y la temperatura.
• MICHAEL: ¿Cómo te
encuentras?
• HEYDEN: Desnuda.
• MICHAEL: ¿No me
digas? – en tono irónico y haciéndose el falso sorprendido-. No te acuerdas de
nada ¿verdad?
• HEYDEN: Si vas a
empezar a jugar conmigo diciéndome que hemos pasado una noche de órdago y que
estaba muy borracha, hazme un favor,
déjalo.
• MICHAEL: Podría, de
echo sería una posibilidad interesante,
pero no, ¿hasta dónde te acuerdas?
• HEYDEN: Recuerdo
estar en una gran casa, y una fiesta,
y..- a su cabeza comenzaban a venirle las imágenes sueltas de lo que pasó en la
sala- mucha gente alrededor.
• MICHAEL: ¿Recuerdas si alguien te dio algo de beber ?
• HEYDEN: ¿De qué
hablas?
• MICHAEL: ¿Alguno de
los chicos te dio algo a beber?
Heyden se quedó pensativa por un instante hasta que recordó.
• HEYDEN: No lo sé- trataba de recordar, pero las
imágenes que sobrevolaban su cabeza , no eran nada esclarecedoras- está todo
muy confuso en mi cabeza.
Él se levantó para acercarse al baño de la habitación y sacar del
armarito unos medicamentos. Cuando volvió a sentarse a su lado y le enseñó las
pastillas que portaba en una de las manos y le entregaba el vaso de agua, ella
se le quedó observando desconfiada. Volvió a mirarse , y de nuevo, alzó la
vista hacia él.
Cogió ambas cosas , y él se dispuso a correr las cortinas y abrir la
ventana.
• HEYDEN: ¿Me la
quitaste tú?
• MICHAEL: Tuve que
echar una mano, ella no podía sola.
Extrañada por la respuesta, continuó indagando.
• HEYDEN: ¿Ella?
Él le respondía mientras recogía la habitación.
• MICHAEL: Tuve que
llamar a una amiga enfermera y pedirle un favor. Se encontraba descansando
cuando vino- ante su rostro de desconcierto, él prosiguió- Alguien te dio algo
en la casa. Cuando saliste, te encontrabas muy desorientada y con taquicardias. Vomitaste dos veces, una
de ellas en el coche, y hubo que darte un baño en cuanto logramos estabilizarte
un poco. No podía llevarte a la residencia de estudiantes en ese estado, y
menos aun siendo menor. Alguno de los chicos debió darte algo de beber, sólo
que ese líquido contenía algo más : coca disuelta. Al tragarse te llega antes a
donde tiene que llegar y su efecto es más rápido. Además, juraría por cómo
saliste de la casa , que incluso se
les fue la mano.
• HEYDEN: Yo no he
tomado drogas en mi vida.
• MICHAEL Ya , se
nota, por eso encima te hizo el doble de efecto. Te encontraste tan mal, que tuve que llamar a mi amiga, aunque no
estabas tan grave como para llevarte a un hospital. Esto suele usarse mucho con
las nuevas, a escondidas, para que se desboquen , duren mucho más
tiempo, se dejen llevar y no causen problemas, sobre todo por el tema de lo que
tienes alrededor . ¿Supongo que preguntarte si te acuerdas de lo qué hiciste ,
cómo y con quién, ya es mucho pedir?
Heyden le miró con cara de parecerle morbosa y de mal gusto la
pregunta. Él salió un instante hacia su
cuarto , y regresó con una camisa suya y unos pantalones . Ante su mirada
detallistamente observadora, las colocó con mucho cuidado a los pies de la
cama, y del armario de esa misma habitación , extrajo dos toallas de baño.
Al mirar hacia ella, vio que la pastilla continuaba en una de las
manos y el vaso en la otra.
• MICHAEL: Eso es
para la tensión, con la próxima habrás
terminado. Será mejor que te la tomes. ¿Te encuentras con fuerzas para bañarte
sola o quieres que te ayude?
El rostro de ella fue suficiente respuesta para que desistiera del
ofrecimiento.
• MICHAEL: Bien, de
todas formas no cierres la puerta de la habitación , y si necesitas dame una
voz, yo estaré en la cocina, prepararé algo de comer y veré si tu ropa se ha terminado de secar.
Tras tomar un apaciguante baño con agua templada y ponerse la ropa que él le había prestado,
salió de la habitación observando con detenimiento la casa.
Grande, espaciosa, decorada de forma minimalista pero cara, al menos,
ese fue el aspecto inicial que le dio. Cada una de las estancias que se abrían
ante sus ojos , parecían sacadas de las revistas de decoración y diseño para
gente selecta. Todo en pulcros blancos y
negros.
Un salón enorme con un gran
sofá en “L” encargado a hacer, porque dudaba que nadie fabricase algo así , si
no era a medida. Suelos de mármoles
abrillantados y convenientemente pulidos, sin arañazo alguno, donde se
reflejaba cada uno de los elementos que la rodeaba, igual que en un espejo que
difuminase levemente la imagen.
Grandes ventanales con envidiables vistas al mar, y que a su vez,
daban lugar a una amplia terraza con tumbonas. Aprovechando que una de ellas se
encontraba ligeramente entreabierta, la empujó algo más y se adentró en aquel
espacio abierto, apoyándose en la barandilla. Sólo entonces , obtuvo la
dimensión situacional real . Unos 20 pisos por debajo de donde ellos se
encontraban , les hacían de parapeto artificial, y el cielo que les iluminaba y
daba los buenos días , el elemento protector natural. Un auténtico ático en una
de las zonas privilegiadas de Miami, esa era la residencia de aquel misterioso
sujeto.
Con su espalda apoyada en el hierro, y los brazos extendidos sobre la
baranda, echó su cabeza hacia atrás disfrutando del roce de la ligera brisa
mañanera y el sol . El olor a un delicioso café , y la mirada azul intensa de su anfitrión , la devolvieron a la
realidad de aquel día. Él, con su taza en las manos, y su vista al frente , bebía sorbos mientras preparaba
mentalmente las siguientes preguntas.
• MICHAEL: Dicen que
las cicatrices suponen recuerdo permanente de algún suceso en nuestras vidas.
Me pregunto si la del cuello te recuerda también la otra no tan evidente.
Ella , sin perder de vista el punto central que le servía de
protección, la puerta de cristal, comenzó a taparse parte de la cara con la
taza haciendo como bebía a sorbos pequeños.
• MICHAEL: Mi amiga ,
la enfermera. No preguntaré porque no me
corresponde, pero me extraña que busques este tipo de trabajo precisamente,
estando tan reciente.
• HEYDEN: - A la
defensiva- ¿Vas a juzgarme?
• MICHAEL: No, jamás.
No soy nadie para ello, ni por la decisión , ni por los motivos para ello.
Entonces, sintió que un escalofrío recorría su cuerpo . Aquellos
inquisitivos ojos azules se le clavaban por entero, y aunque no podía, no
quería verlos, los sentía.
• HEYDEN: ¿Cómo
supiste que..?
• MICHAEL: No lo
sabía, pero sí me precio de conocer a Victoria. De haberle dicho lo contrario ,
sus beneficios se hubieran incrementado, y hubieras entrado en una especie de
subasta final con alguno de los presentes. Las vírgenes se cotizan más.
• HEYDEN: Bueno, por
esa regla de tres, yo no lo era.
• MICHAEL: En su argot, que desde luego es mucho más
amplio que el tuyo, se podría decir que estas en pañales.
El tema la incomodaba, y él se percató de ello.
• HEYDEN: ¿Por qué me
ayudas? Podrías tener problemas con ella.
Michael no evitó ni sonreírse ni soltar una media carcajada nerviosa
de sorpresa.
• MICHAEL:
¿Problemas? ¿No irás a decirme que has pensado que trabajo para ella?
Ella no salía de su asombro, y así se lo mostró al dar media giro de
cabeza hacia él.
• HEYDEN: Bueno………..yo…..su forma de preguntarte………….de
tratarte en la casa…….
Michael continuaba riéndose, y aquella hilera de perfectos dientes
resplandecía en la más amplia sonrisa que hacía mucho tiempo que no había visto
en nadie.
• MICHAEL: Yo no me dedico
a esto.
• HEYDEN: ¿Entonces?
¿Qué eres , un cliente habitual o algo así?
• MICHAEL: Estuve en
el negocio. Y sí , trabajé para Victoria.
• HEYDEN: ¿Y cómo.?
• MICHAEL: ¿Cómo
salí? Con determinación, justo como te iba a decir que hicieras tú, antes de
que ella te engulla, y desgraciadamente, dadas las perspectivas, no dejará pasar demasiado tiempo.
Se sentó en una de las tumbonas , y la invitó a hacer lo mismo.
• MICHAEL: Ponte una
meta : de tiempo, dinero y contactos. De
éstos últimos haz todos los que puedas y afiánzalos, incluso fuera del negocio
te serán útiles. Ahora te interesa dejar la vergüenza y los remilgos en la
puerta del club, y hacer todo lo que sea posible para convertirte en lo más
rentable que posea Victoria, tanto , que no pueda decirte que no a la selección
del personal. Está demasiado encaprichada contigo , y eso sólo irá a más, y
sólo cuándo crea verdaderamente que vas en serio y puedes dejarla, te dejará
hacer a tu manera. Para empezar, le diré a una de las chicas , a Rosie, que te ayude a ocultar lo del cuello.
Y respecto a lo otro- acerco su tumbona mucho más a la de ella- hay muchas
formas de alargar la cosa sin que el de en frente se entere.
• HEYDEN: - Incrédula
con lo que estaba oyendo- Pero , siendo ustedes, - y bajó su mirada hacia su
entrepierna- no todo es disimulable ni alargable en exceso.
Él se miró la entrepierna, y con una mueca de complacencia, intentó
explicarle mejor a lo qué se refería. Desde luego, del negocio no tendría mucha
idea, pero sí era más espabilada de lo que él se creía en un principio.
• MICHAEL: Cierto,
pero sí se puede conseguir que a la hora de la verdad, el “trago” sea breve y
olvidable.
Ella se sonrió.
Por alguna razón, aquel hombre , con más experiencia de la que
aparentaba por su edad , le otorgaba una cierta confianza. ¿La razón? Ni ella
misma la descubriría hasta mucho tiempo después, pero a partir de entonces ,
Michael Fassworth , por voluntad propia, se convirtió prácticamente en su
sombra protectora, vigilante de Victoria y de lo que hacía con ella.
Los días pasaron, y ella tuvo que combinar las clases , sus horarios
libres de estudios en bibliotecas con las horas del club, que cada vez, la
acaparaban en mayor medida.
Aunque ella procuraba despistar a Liz
cuando quedaban juntas, uno de los días le fue imposible, y Michael fue
a buscarla ya que debían pasar por un sitio antes de ir al club.
El grado de confianza entre ambas sólo había crecido, hasta el punto,
de contarse todo lo que pudiera acontecer a cada una. El hecho de la despedida repentina aquel día
, y verla correr hacia aquel deportivo caro , y subirse junto a aquel hombre,
no le dio buenas palpitaciones a Liz.
Sin decirle a dónde la llevaba, atravesaron todo el centro de la
ciudad . Por más que le preguntó, él no le dijo palabra alguna hasta que detuvo
el coche . Cuando ella miró a su derecha, por encima de su brazo, vio el nombre
de la tienda, y se le encaró sorprendida .
• HEYDEN: ¿Estarás de
coña?
Él se limitó a salir del coche, cerrar su puerta, dar toda la vuelta por
la parte de atrás, y abrirle la suya. Se agachó mientras le extendía la mano y
con una sonrisa socarrona de las suyas , mientras ella sentía sus imponentes
ojos a través de las gafas de sol, y con tono irónico se atrevió a preguntarle.
• MICHAEL: ¿En serio
crees que bromeo?
Con el cuerpo tembloroso , y dejándose llevar por él casi a rastras ,
entraron en VICTORIA´s SECRET.
Nada más atravesar la puerta, ella se detuvo en seco, él aprovechó
para quitarse las gafas.
• HEYDEN: ¿Sabes que
no puedo permitírmelo verdad?
• MICHAEL: Lo sé.
Trató de tirar de ella , pero continuaba prestando resistencia ,
mientras lo miraba sin entender nada.
• HEYDEN: ¿Entonces
qué hacemos aquí?
• MICHAEL:
Déjame pensar…..¡Ah sí! Es una boutique
de lencería.
Aquel tono de conversación la estaba desquiciando.
• HEYDEN: No. Es
Victoria´s Secret, ni en un año gano lo suficiente para comprar una sola braga
aquí dentro.
• MICHAEL: Escúchame
atentamente- se acercó tanto a su cara y en un tono casi amenazante, que ella
se quedó paralizada con su rostro a
menos de cinco centímetros del suyo. – sé perfectamente dónde estamos, y lo que
venimos a hacer aquí. Así que ahora,
echarás un vistazo, escogerás sin pensar en otra cosa que en lo que te guste y
quieras llevarte, y cuándo termines, pagaré y nos iremos.
• HEYDEN: ¿Condición?
• MICHAEL: Creo que
ya sabes cuál, y sabes para qué.
Y se adentraron en la tienda. La segunda sorpresa de aquel día,
Michael resultó ser un conocido habitual de todas las dependientas presentes, que a partir de su entrada en el local, no sólo se
encargaban de saludarlo efusivamente, sino de atenderlos como auténticos
clientes oro.
Como profesionales experimentadas, dos de ellas , nada más echar un
vistazo a Heyden, calcularon la talla en cada pieza, y sorpresivamente, dentro
del catálogo con la última colección que le fue mostrado, las recomendaciones realizadas ,
coincidieron bastante con sus gustos.
En el amplio probador privado , con aquel dispendio de ropa interior
tan perfectamente separada por modelos y colores, se sintió apabullada. Abrió
un poco la cortina que la separaba del resto de la tienda, y le vio a él,
sentado en aquel cómodo sofá individual, con las piernas cruzadas , hablando
oportunamente por el móvil.
Volvió a cerrar, escogió uno de los conjuntos, y tras vérselo puesto
ante el espejo, sin pensárselo, abrió la cortina y se le presentó delante. Él ,
se disculpó con quién estuviera hablando y colgó.
Habiéndose guardado los nervios no se sabe dónde, de píe frente a él,
dando una vuelta completa para que pudiera apreciar lo que más tarde le tocaría
pagar, él la visionó por completo sin perder detalle, y una amplia sonrisa ,
fue el mejor preámbulo de que la selección era la correcta.
Las exhibiciones subsiguientes , sólo mejoraban la anterior. Encajes,
sedas, asillas , sin asillas, conjuntos de bodys , ligeros y las cintas que
servían para agarrar las medias de liguero, en negros, azules oscuros, rojo
sangre, blanco seda, hueso , verde billar……..toda la gama de diversos
colores atrevidos y elegantes, a gusto
del consumidor más exigente: el cliente que definitivamente lo disfrutaría.
Después de casi una hora y media de compras, a él se le ocurrió comer
algo cerca de allí, especialmente para que no se le hiciera tarde a ella.
• HEYDEN: ¿Te
quedarás hoy?
• MICHAEL: No puedo,
he de ir a ver a un viejo amigo.
Tras aquellos sorbos de café , y miradas esquivas de ella, él , que la empezaba a
conocer, sabía que se escondían preguntas , así que decidió adelantarse.
• MICHAEL: Victoria y
yo trabajamos juntos en ésto hasta que yo conseguí lo que venía a buscar y lo
dejé. Cuando empecé, coincidimos en el mismo local. Ella entonces
era una más, pero mucho más ambiciosa y
sin control que las demás , sin límite.
Le daba igual el trabajo o el cliente. Nunca ha tenido demasiados escrúpulos.
La técnica de la coca en el alcohol… no eres la primera en caer. Conmigo lo
intentó al principio, pero no coló. Es
la técnica que usaba ella para evadirse de lo que llamaba servicios
desagradables o poco apetecibles, aunque aprendió pronto a controlar las mezclas.
No eres la primera chica a la que veo así, aunque sí a la primera que
recojo y llevo a mi casa. En cuanto a lo del local, sigo yendo de vez en cuando
a tomar una copa y disfrutar del espectáculo. Además, suelo llevar a clientes míos porque es lo mejor de
la ciudad en ese estilo. Las últimas cuatro chicas que han entrado y que han
resultado un filón, entraron porque yo
le dije a Victoria lo mismo que le dije respecto a ti, sólo por eso, y ella
siempre se ha fiado de mi ojo para escogerlas.
De las cuatro , sólo una sigue trabajando allí, las otras lo dejaron
hace tiempo.
Ella, sin decir nada, se
limitaba a mirarle, pero por una vez, fue ella la que dedujo algo diferente en
su forma de observarla.
• HEYDEN: ¿En qué
estás pensando?
• MICHAEL: En que te miro y me veo a mí cuando empezaba.
Mismas fuerzas y ganas de conseguir lo que
te propongas, haciendo lo que
haga falta para ello, aunque sea lo más mezquino y humillante, porque sabes que al final serás la mejor en
ello, ya que no te permitirás otra cosa, y que sólo por eso lo dejarás cuando
lo hayas conseguido.
• HEYDEN: No puedes
sacar una conclusión así de alguien a quien no conoces en realidad.
• MICHAEL: ¿En serio
crees que no te conozco?
• HEYDEN: Apenas hace
unos días que me has visto por primera vez.
• MICHAEL: Sí, pero
eso no significa que no te conozca.
Con aquella frase que la hizo pensar, volvieron al coche, en dirección
al local.
Sólo el tiempo daría o quitaría razones.
Ana Patricia Cruz López
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MUJER si te digo que Te Amo? que pasaría? por dios que es la lectura mas atrapante desde Puro Sentimiento y Elección que he leído, Felicidades, doy gracias a Dios por permitirme conocerte, tienes un Don y lo sabes. besos y un super like
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