lunes, 3 de agosto de 2015

UNA HISTORIA INACABADA. CAPITULO CUARTO.UN NUEVO INTENTO. (Registrada en SAFE CREATIVE JUNIO 2015)

CAPITULO CUARTO

“Intento respirar y no puedo.
Siento una opresión en el pecho desde hace más tiempo del que puedo recordar
Soy consciente de que sólo tú puedes aliviarme
Pero algo en mi interior sigue pensando que es una mala idea,
Que no puede ni debe ser
Que sólo eres una ilusión
Mi ilusión”
N.Y. CITY Créditoos a quién corresponda

UN NUEVO INTENTO

Ya habían  pasado un par de días desde que comenzase el inicio del curso más accidentado que se recordaba en años.
Sarah,  se había centrado exclusivamente en sus clases y en intentar terminar su libro, aquel ,  del que una maldición inesperada parecía haberla contagiado el fenómeno del bloqueo mental.

Nadie , ni ella misma sabe cómo empezó o por qué fue. Comenzó a escribirlo bien, a buen ritmo, con una motivación brutal, y de la noche a la mañana , sentada delante de su portátil, se encontró incapaz de escribir una sola letra, y desde ese momento hasta ahora.

Usando como excusa el libro, decidió cambiar de hábitos y estar menos tiempo en el despacho del Departamento. Solía aprovechar que aún la climatología lo permitía, y con su portátil aprovechar los maravillosos jardines del campus, o los escalones de la pista de atletismo.
Una excusa perfectamente modulada y a la medida,  de quién prefería evitar intencionalmente a su nuevo compañero de despacho y Departamento con el que debía cruzarse obligatoriamente entre clases puesto que cuando ella terminaba y salía , le tocaba entrar a él. 
Un saludo cortés y casi forzado , fue lo que Steve consiguió de ella durante esos días. Consciente de encontrarse en mitad de una guerra que involuntariamente había propiciado , aprovecharía la primera ocasión que se le presentase para intentar solucionarlo. Por una parte , en su interior,  sabía que esa situación resultaría insostenible durante todo un curso, y por otra, aquello le llamaba poderosamente la atención y avispaba su curiosidad.

Aquella mañana , tras dos clases a primera hora, Sarah no tenía nada mejor que hacer hasta después de comer , así que aprovechó para coger sus cosas e irse a ocupar espacio a la pista de atletismo.
Candice llevaba una hora recorriendo el campus buscándola , el último sitio en el que buscó fue la pista deportiva y cuando llegó ,tras visualizar todo el espectro , la reconoció sentada en las gradas.
Se acercó a ella con clara falta de aire y como quien acabase de conquistar una montaña alta y ese fuese su reto. Sarah estaba tan  concentrada en lo que tenía delante y escuchando música con sus auriculares , que ni la vio ni la oyó acercarse , ni siquiera cuando la saludó.

•             CANDICE: ¡Dios santo! ¿Pero se puede saber a qué volumen tenías eso puesto?
•             SARAH: A veces no es cuestión de volumen sino de la calidad e intensidad de lo que se escucha.
•             CANDICE: Fui a buscarte al Departamento y no estabas, de echo pregunté y me dicen que ya no  paras por ahí.  – Sarah la escuchaba pero seguía mirando la pantalla del ordenador- Si no te conociera desde hace tiempo y supiera cómo eres , diría que te estás ocultando de algo – cambiando el tono – o alguien.
•             SARAH: - sin mirarla- Yo no estoy huyendo, simplemente que necesito terminar esto de una vez y el despacho resulta asfixiante.
•             CANDICE: Asfixiante. ¿será ahora? Para una persona que se pasaba hasta altas horas allí encerrada,  y a la que prácticamente costaba si quiera sacar de allí para tomar un café.

Candice era de las pocas personas, por no decir la única, que la conocía tan bien como para  saber sus puntos débiles e ir a por ellos , y si lo hacía con aquel particular tono de una niña pequeña con ganas de juego y mucha curiosidad, Sarah ya sabía que estaba perdida, que ninguna excusa sería suficiente.

•             SARAH: Tengo unos puñeteros plazos de entrega que cumplir y necesitaba cambiar de aires , nada más. Todo lo que quieras ver más allá de eso son imaginaciones tuyas.

Candice no le contestó, Sarah la miró y la vio atenta a alguien  que corría en la pista, y devolvió su mirada  al ordenador.

•             CANDICE: Pues te diré que es una auténtica pena, porque hay algunas imaginaciones que resultan de lo más atrayentes- aquel tono suyo de voz , típico de la Candice ave rapaz en busca de presa,  la puso en alerta y volvió a elevar la vista hacia la persona que su amiga observaba , pero el sol no permitía distinguir bien a quién se les acercaba  dónde estaban ellas.- Y más si se comparte con ellas el mismo reducido espacio.

Conforme el sujeto se acercaba corriendo por la pista a su altura, la sonrisa de Candice era mucho más amplia, pero el sol le reflejaba directamente en la cara y aún le costaba reconocerle, hasta que pasó corriendo justo por delante y se le quedó mirando de reojo , sin decir nada ni hacer gesto alguno, continuando su paso alrededor de la pista.

•             SARAH: ¡Oh dios!
•             CANDICE: ¿Dios? Bueno- mirando hacia su trasero con cara de apetencia infinita- bien mirado , creo que exageras un poco pero sí, hay que reconocer que puede convertirse en oscuro objeto de deseo femenino con mucha facilidad. Como cambia una ropa y un poco de sudor bien colocado.

Sarah cerró la tapa del portátil de golpe y  rebuscó en su bolso algo con auténtica desesperación.

•             CANDICE: Pero ¿Qué buscas?- y le ofreció  la botella de agua que llevaba en su mano derecha- Para no estarte ocultando diría que esto es el comienzo de una clara maniobra evasiva.
•             SARAH: - bebió un buen trago de agua - Es tarde.
•             CANDICE: No tienes la próxima clase hasta dentro de una hora , ¿no me irás a decir que por fin has ampliado tu círculo social?

Sarah guardaba todo lo más deprisa que podía ,  no atinando  la mitad  de las veces a colocar las cosas   de forma que el bolso adicional que traía consigo,  le cerrase de la misma forma. Mientras, Candice ,  observaba con sonrisa comprometedora,  como el sujeto en cuestión,   Steve, terminaba  de correr la última curva de la pista ,  las observaba y se detenía justo debajo a coger una toalla que había dejado y su riñonera.

•             CANDICE: ¡Dios! Que cruel pararse a pensar cuánto daño a hacho la ropa al espécimen humano, claro que , por otra parte- en su tono interesado habitual de quien se encuentra despedazando visualmente a la presa ya fijada-  hay que reconocer , que determinadas prendas ayudan a ver al ser humano con otras perspectivas.

Sarah comenzaba a impacientarse , y las palabras de Candice la ponían más nerviosa.

•             CANDICE: Ese reguero recto de sudor en la cruz perfecta del pecho que se le marca a través de esa camiseta gris .
•             SARAH: Candice…..
•             CANDICE: Y esas pedazo de piernas…… no sé cómo diablos sales huyendo de eso. ¡Madre de Dios!.
•             SARAH: - Cada vez más desesperada- Candice…….
•             CANDICE: ¿Has pensado qué quizás es eso lo que te hace falta?

Sarah la miró perpleja y hasta algo molesta.

•             SARAH: ¿Perdón? Que yo recuerde,  eres tú la alegre divorciada devoradora de hombres, lo que como sigas así , acabarás con uno de veinte.
•             CANDICE: Realmente son comentarios así los que nos dan mala  fama. Yo sólo me divierto de vez en cuando, no hay nada malo en eso, y tú deberías hacer lo mismo, a lo mejor conseguimos endulzarte el carácter.

Cuando hubo recogido sus cosas y secado el sudor de su  cara y cuello , con la toalla en su nuca, Steve subió corriendo los anchos escalones hasta donde ellas se encontraban. Sarah mantenía la cabeza baja intentando terminar, mientras Candice se disponía a darle  la bienvenida.

•             STEVE: Vaya, buenos días. Sra. Harrots.
•             CANDICE: Huy Sra, por favor Steve , llámeme Candice, ya se lo dije , teniendo en cuenta que vamos a tener que vernos y trabajar intensamente durante el curso , las excesivas formalidades solo suponen atrasos.

Steve se percató de que Sarah continuaba enfrascada guardando las cosas sin si quiera levantar la cabeza.

•             STEVE: Buenos días Dra. McBridge.

Su tono con ella, aunque cordial, sonó mucho más serio y respetuoso.

•             SARAH: - sin mirarle- Buenos días Sr. Lowell.
•             STEVE: Curioso lugar para trabajar.

Sarah alzó la cabeza por primera vez, y pese a que el sol a su espalda le sombreaba, en un movimiento suyo lo tapó y pudo verlo bien. En algo tenía razón Candice, se veía diferente, aun así   procuró mantener los ojos en los suyos, mientras los de él se le penetraban una vez más como de costumbre.

•             SARAH: Cada uno busca el espacio que puede y necesita.

Y continuó intentando cerrar el bolso.
Candice, que no había perdido ni por un segundo la atención de ellos  y lo que les rodeaba, se percató de pequeños detalles casi imperceptibles, aunque a ella le ganaba la edad y la experiencia. Decidió aprovechar para meter a Sarah en una situación complicada y comprometida pero a la que no podría negarse si no quería quedar mal.

•             CANDICE: Por cierto Steve, tenía ganas de encontrármelo. El sábado celebraremos una fiesta de bienvenida del curso , y después , un reducido número de personas iremos a cenar y a tomar algo para celebrar  el cumpleaños de Sarah. Me preguntaba , que si no tenía nada mejor que hacer podría aprovechar y venir.

Sarah le lanzó una de esas miradas  que lo decían todo por sí mismas. Posiblemente le hubiera faltado el bate de béisbol para reventarle la cabeza en ese momento. Claro que de su cara también se percató Steve.

•             STEVE: Gracias Candice- miró para Sarah- pero no creo que sea una buena idea, además tengo algo que hacer , pero se lo agradezco.
•             CANDICE: Hombre- insistente y casi suplicante mientras Sarah más se enfadaba con ella- por favor, el día es largo y no hay clase, siempre podría darse un salto aunque sea a su cumpleaños- señalando hacia  Sarah con la cabeza.

Con su media sonrisa habitual de quien se siente en medio de una situación indeseadamente violenta , procuró pensar rápido una respuesta sin compromiso que le permitiera salir de allí airoso.

•             STEVE: Podría intentarlo , siempre que a la Dra. McBridge no le importe.

A Sarah le costaba tragar su propia saliva. No podía creer en el compromiso en que se veía envuelta por culpa de Candice. Le miró y le dio una respuesta de compromiso.

•             SARAH: Al contrario. Venga si lo desea.
•             CANDICE: Estupendo , será en el HABBLE. En la calle 33 , no tendrá pérdida , el edificio que se encuentra al lado es el Empire State. En pleno corazón de Manhattan, que por cierto, de noche es precioso e ideal para pasear.
•             STEVE: Estupendo , no habrá pérdida.
•             CANDICE: A partir de las siete .
•             STEVE: Perfecto. Entonces nos veremos allí. He de irme , tengo clase dentro de media hora. – Volviendo a dirigirse hacia ella - Dra. McBridge.
•             SARAH: Sr. Lowell.
•             STEVE: Candice, muchas gracias.

Y se marchó lanzando su última mirada cómplice a una Sarah evidentemente tan tensa como molesta.
Una vez se hubo ido……..

•             SARAH: ¡Dios Candice! Pero ¿cómo se te ocurre?
•             CANDICE: Queda bastante mal que se invite a todo el Departamento y él quede fuera.
•             SARAH: ¿A mi cumpleaños? Además, sabes que no me gusta celebrarlo y que no hago nada desde hace años.
•             CANDICE:  Precisamente , porque todo está saliendo a  pedir de boca es necesario que lo celebres este año, como punto de inicio de tu nueva vida.
•             SARAH: ¿Ah sí? Con él.
•             CANDICE: Oye, no sé qué diablos te pasa con él pero esa animadversión  ha trascendido del despacho de Freddy,  y eso sabes que no es bueno.
•             SARAH: ¿En serio hace falta qué te lo diga?
•             CANDICE: No le conoces, él no tiene la culpa de haber tenido éxito o de ser jodidamente listo. Ha tenido su  momento y ha sabido aprovecharlo, pero lo de Oxford… ¿o se lo dan a cualquiera?  Lo sabes. Sarah, no puedes seguir prejuzgando a la gente sólo porque tú lo hayas tenido más difícil, cada uno tiene lo que está marcado y punto.
•             SARAH: Déjalo, sólo es un maldito inmaduro con suerte , como todos los de su edad, que ahora está invadiendo mi espacio profesional. ¿Puedes entender eso?
•             CANDICE: No quiero ser yo quién te lo recuerde , pero ocupabas esa clase de forma provisional y lo sabes.
•             SARAH: Vendrá, primero se quedará con tu casa, luego con tu vida.
•             CANDICE: Sarah!!!!!!!!!!!!!
•             SARAH: -tirando el bolso de mala manera sobre el frío cemento- ¿Si tanto te gusta por qué no le echas el lazo y dejas de metérmelo por los ojos? ¡No necesito a nadie y lo sabes! Y menos necesito líos o problemas con compañeros de Departamento.
•             CANDICE:  ¿Desde cuándo hace que no mantienes una conversación normal con alguien del sexo opuesto? Sarah, después de lo que has pasado necesitas volver a la normalidad, a divertirte , a salir , conocer gente interesante para variar, aunque sea para hablar del puto trabajo. No hay nada malo en divertirse ¿Sabes? De echo , dicen que lo mejor para mantener una adecuada calidad de vida es pasarlo bien de vez en cuando – mirando hacia la pista- además, si dependiera de mí , por supuesto que no me negaría ese gusto aunque sólo fuera una vez, pero me temo que yo no soy ni seré el centro de su atención. – se le acercó más a ella y se sentó a su lado pasándole uno de los brazos por encima y estrechándola hacia ella- Vamos, sólo te digo que vivas, y vuelvas a ser la que eras.
•             SARAH: Ya lo hago, a mi forma.
•             CANDICE: Pues tu forma es un asco, hace que parezcas mayor. Vamos , ¿qué es un tipo joven , atractivo y listo que viene a dar este curso una materia? Pues que la de, ¿qué hay de malo? Sabes que no va a quedarse. Y por lo que yo veo,  sólo trata de ser amable contigo. No parece mal tipo.
•             SARAH: ¿Y si te equivocas? ¿Y si se queda?
•             CANDICE: Sé cuál es tu temor, pero es prácticamente imposible que Freddy no convenza al Consejo para que el puesto de Directora de Departamento sea tuyo. Además ¿por qué habrían de dárselo a él? –  se quedó pensativa en lo que ella misma se había escuchado decir-Vale , no he dicho nada, pero no se quedará , no tiene motivos para quedarse.
•             SARAH: Ya lo veremos.

La situación no cambió por su parte durante los días que siguieron a  aquel encuentro en la pista de atletismo. Ella continuó tratándolo con la distancia y la cortesía habitual , pese a los intentos de él de entablar una conversación o ser más amable.  Candice, mientras preparaba la fiesta y confirmaba los asistentes, dejaba todo listo,  puesto que saldría ese día desde casa de Sarah, con ella ,  para llevarla en su coche y comprobar que se arreglaba , cosa que hacía tiempo que no hacía ya que su vida social había sido nula desde hacía años.

Para ir relajando el ambiente, llevó una botella de vino blanco que abrieron nada más llegar a su casa.
•             SARAH: ¿Te has propuesto emborracharme antes de llegar?
•             CANDICE: ¿Por una botella de vino entre dos? Yo recuerdo haberte visto beber mucho más y estar fresca, muy fresca. Sólo quiero que te relajes y llegues distendida.

Mientras Sarah permanecía de píe en el vestier , mirando hacia todos lados y sin saber qué ponerse, Candice echaba un ojo a los zapatos  intentando ayudarla a elegir.

•             CANDICE: ¿Te has  decidido ya? A este paso seremos nosotras las que lleguemos tarde.
•             SARAH: No sé cómo me he dejado convencer.
•             CANDICE: ¿Quieres que elija yo?
•             SARAH: Tú misma- y se sentó en la butaca del centro esperando ver la elección de su amiga , con la copa de vino en la mano-.

Candice revisó prenda por prenda y tras un rato , escogió un vestido azul oscuro, sin mangas   y hombros destapados,  entallado desde el cuello hasta la cintura, a partir de la cual ,  se volvía vaporoso hasta la rodilla .

•             CANDICE: Lo tengo. – se lo colocó encima para que viera la impresión, y situándose detrás de ella, le recogió con una de las manos el cabello -  con el pelo recogido, y los pendientes adecuados  estarás de muerte. Además,  ya tengo los zapatos justos para él.

Sarah la miraba riéndose.

•             SARAH: ¿Tú te has empeñado en que yo cumpla los 43 a lo grande y dando la nota?
•             CANDICE:  ¿Y por qué no? Ya está bien de discreción y de irse escondiendo.

Dejó el vestido colgado en una de las perchas  y se sentó frente a ella en el banco.

•             CANDICE: Llevo demasiado tiempo viéndote llorar, observándote triste. Tenemos muchos motivos para ser felices, para que vuelvas a sonreír , pero tienes que creértelo. Eres buena , hermosa y grande, ¿qué más se puede pedir? Sólo tienes que volver a realzar aquello que tienes , incluido lo que tienes ahí dentro- y le tocó la cabeza con uno de sus dedos- pero de la forma que sólo tú sabes. No tengas miedo a vivir, porque ahora puedes hacerlo, es más, debes hacerlo. Ni tengas miedo de sentir, eso es lo más humano que existe, y a veces  tan maravilloso como doloroso.

Ambas se miraron y se fundieron en un abrazo, terminaron el contenido de sus copas de golpe, y se dispusieron a arreglarse para la fiesta.

Tras la pequeña fiesta de bienvenida en la facultad,  fueron al  Hubble, donde todos fueron llegando poco a poco. No eran muchos los invitados, más bien un grupo reducido de conocidos comunes, muchos de ellos de la propia Universidad. Apenas una hora después , Sarah se encontraba en una de las barras  bebiendo  cuando Candice se acercó a dar con ella.

•             CANDICE: ¿Cansada?
•             SARAH: No mucho, pensé que me encontraría peor la verdad.
•             CANDICE: ¿Pensativa?

Media sonrisa, y unos ojos reveladores de un comentario con segundas mientras bebía de su copa ,  le bastaron a Candice para saber por dónde podría ir la respuesta.

•             CANDICE: Dilo
•             SARAH: Vas a tener que cambiar tu bola de cristal.
•             CANDICE: Vamos, es temprano, además dijo que tenía algo que hacer antes. Vaya ,  al final va a resultar  que tienes interés y todo.

Sarah no pudo evitar  soltar una carcajada.

•             SARAH: ¡No me fastidies! Simplemente que me hace gracias el ojo que sueles tener a veces para ciertas cosas.

Sarah miraba hacia la pared de espejo  en frente suya. Las repisas donde se mantenían copas ,  algunas botellas y  más de un elemento decorativo. Y mientras bebía,  le pareció ver algo,  y cuando lo confirmó , dejó la copa encima de la barra.

Candice también le había visto llegar, y no pudo por más sonreírse. Justo cuando fue a decirle algo a Sarah, ésta la detuvo.

•             SARAH: Ni se te ocurra .
•             CANDICE: Vaya,  ya no te noto tan distendida y divertida, por lo menos conmigo.

Steve había llegado y se encontraba buscándoles por toda la sala.

•             CANDICE: ¡Dios de mi vida bendita!
•             SARAH: Candice , no empieces.
•             CANDICE: ¿Estás viendo lo mismo que yo?
•             SARAH: No lo sé , posiblemente sea lo mismo pero visto con distintos ojos.
•             CANDICE:  Contéstame una cosa, independientemente de esa animadversión que tú misma te has generado y que yo no entiendo aún, ¿En serio me vas a decir a mi cara que no estás encantada de alegrarte la vista con este compañero de mesa y reducidos metros cuadrados?
•             SARAH: Desde luego Candice, a ti el cuero te pierde y la perspectiva te la nubla.
•             CANDICE: Sí, y más si es en unos pantalones que cubren algo como eso.
•             SARAH: ¡Candice! Por Dios , para de una vez.
•             CANDICE: Upss, nos ha visto, y viene enfilado hacia aquí.

Sarah comenzó a beber compulsivamente el vino que le quedaba en su copa casi llena.

•             CANDICE: lo que realmente  no entiendo es ¿por qué si no lo tragas te pone tan nerviosa tenerle delante?
•             SARAH:  Si te hubiera mirado como lo hace él lo entenderías, no es nada cómodo.
•             CANDICE: Querida Sarah, si él me mirase con esos ojos,  te aseguro que nervios no es lo que cogía precisamente. Por cierto , ya está aquí.
•             STEVE: Buenas noches, por fin las encontré.
•             CANDICE: Sí, buenas noches . ¿Le fue difícil dar con el sitio?
•             STEVE: No, ya había estado aquí hace años, me refiero a la ciudad no al local.

Sarah se dio la vuelta, y aquellos ojos azules volvían a penetrarla hasta desnudarla por completo, sólo que la reacción de ella sería distinta, gracias a la cantidad de alcohol ingerida se mostraba más relajada que de costumbre , aunque no dejaba de guardar las formas más correctas.
•             STEVE: Buenas noches Dra. McBridge.
•             SARAH: Sr. Lowell.
•             STEVE: Hace calor aquí dentro.

Comenzó lentamente a quitarse la chaqueta de  vestir oscura , dejándola bien doblada sobre la silla alta que tenía delante, se desabrochó los pequeños botones de los puños y empezó a remangarse hasta medio antebrazo.
Candice, que se encontraba a su espalda, le hacía gestos de lo más insinuantes y llamativos a Sarah , mientras ésta trataba de que parase no fuera a verla.

•             STEVE: Lo siento, pero comenzaba a sofocarme.
•             CANDICE: No importa ,  además es comprensible, demasiada gente quizás. Por cierto, hablando de gente, me voy a saludar a alguien que acabo de ver, nos vemos luego.

Steve se sentó al lado de Sarah , la cual había vuelto a su posición de  recta con las piernas cruzadas una encima de otra, una de las manos apoyada sobre ellas y la otra jugueteando con el pie de la copa vacía.
Al venir el camarero , le preguntó  a él qué deseaba tomar.  Al ver la copa de ella, y que en el fondo quedaba una gota del vino, se decidió a pedir lo mismo.

•             STEVE: Lo mismo que ella estará bien. – dirigiéndose a ella- ¿Otra?

Sarah le miró brevemente y asintió con la cabeza.
Cuando el camarero traía la ora copa y se dispuso a servir el vino blanco, Steve no pudo evitar sonreírse.
Sarah, que lo estaba viendo, no pudo evitar preguntarle.

•             SARAH: ¿Qué?
•             STEVE: Es mi bebida preferida- cogió  la copa por su pie y su base, la movió en círculos para que el vino respirase un poco , y se la acercó a la nariz para olerlo. Cerró ligeramente los ojos , y con su característica media sonrisa afirmó- Exquisito,  muy joven y ligeramente afrutado.  Deliciosa elección.

Sarah no podía creer lo que acababa de escuchar. Ahora resultaba que el chico inglés no sólo era listo y con suerte , sino que además entendía de vinos. Así que no pudo evitar reírse mientras jugueteaba con el borde de la copa ante la mirada atenta de Steve.

•             STEVE: Ahora debería ser yo el que preguntase.
•             SARAH: A parte de una cátedra en Oxford a los treinta,  haber tenido su primer éxito de ventas sólo con quince, y ser uno de los aspirantes al nobel de literatura más joven de la historia, encima entiende de vinos ¿qué más sorpresas nos depara Sr. Lowell?

Steve se sonrió, bajó la cabeza, se mordisqueó el labio inferior, y al levantar la mirada, su expresión había cambiado. Su rostro se suavizó, la media sonrisa pasó a ser un rostro penetrante y devorador, más propio de un manipulador de circunstancias y ambientes , que de forma natural se hacía con todo lo que le rodeaba, pero que a ella le producía una  sensación extraña.

•             STEVE: Tuve que estar un año en la Toscana  por trabajo, así que aprovechando que me gusta disfrutar del vino , hice un curso de sumiller y otro de cata.
•             SARAH: Que maravilla que entre tanta agitada vida tenga tiempo para distraerse con esas cosas.
•             STEVE: Dicen que uno no deja de terminar de aprender,  si quiere.
•             SARAH: ¿Un año en Italia?
•             STEVE: Sí, y antes de que me lo pregunte,  hablo un poco de italiano.

Sarah intentaba mostrarse tranquila pero aquello le parecía muy cargante .

•             SARAH: - no pudo evitar susurrar-  ¡Dios!
•             STEVE: ¿Perdón?
•             SARAH: -disimulando no haber dicho nada- Nada.
Sin poder evitar observarla por entero, trató de continuar con su línea de amabilidad.

•             STEVE: Aún no he tenido oportunidad de agradecerle mi presentación del otro día. La verdad es que me dejó muy agradablemente sorprendido.
•             SARAH:  Forma parte de mi trabajo mientras sea la Jefa de Área- Bebió de su copa antes de continuar y respiró hondo- Lo que me pregunto,  es si lo que realmente le sorprendió es que fuera capaz de presentarle de esa forma o la cantidad de cosas que se de usted, profesionalmente hablando.
•             STEVE: Digamos  que las dos cosas. Me dejó muy sorprendido la verdad .
•             SARAH: Sé más cosas de usted de lo que se imagina, aunque nunca había mostrado tanto interés como ahora . Alguien dijo : “Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro; si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra; si no conoces a los demás ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla.”
•             STEVE: Sun Tzu. El arte de la Guerra.
Sarah no pudo evitar sonreírse.
•             STEVE: Lo que no sabía , es que yo fuese un enemigo , ni que esto fuese una guerra.
•             SARAH:  Aún no Sr Lowell, pero lo será , y no lo habremos provocado ninguno de los dos.
•             STEVE: No soy ni me considero enemigo de nadie Dra. McBridge, sólo he venido a trabajar y a dar clase que es lo que mejor se me da.

Sarah bebió de golpe lo que le quedaba de vino en la copa.

•             SARAH: Recuerde lo que le he dicho Sr Lowell, ninguno de los dos , pero surgirá. – miró su reloj- Hora de marcharme.

Candice apareció corriendo.

•             CANDICE: ¿No me irás a decir que te vas ya?
•             SARAH: Estoy cansada .
•             CANDICE: Es que no puedo llevarte ahora a casa, si esperas un rato a que termine , estoy intentando conseguir nuevos fondos privados para investigación. Por favor.
•             SARAH: Déjalo, conseguiré un taxi y me iré a casa.
•             CANDICE: ¿Un taxi? ¿A esta hora y en esta ciudad?
•             STEVE: Yo puedo llevarla,   si quiere.
•             CANDICE: ¿En serio? ¿Le importaría llevarla usted?
•             STEVE: Para mí no será ninguna molestia.
•             SARAH: NO hace falta de verdad, quédese disfrutando de la fiesta, yo conseguiré un taxi y me iré a casa.

Steve insistió.

•             STEVE: A mí no me importa , en serio. Al contrario, sólo que tendrá que indicarme , hace muchos años que no vengo por aquí.

Candice , cogiendo las manos de Sarah le sonrió, la besó en la mejilla, y le dijo algo al oído.

•             CANDICE: Recuerda, vive y se feliz.

Y se marchó. Steve cogió su chaqueta y se dirigieron al ascensor. Justo antes de acceder, él se dio cuenta de algo.

•             STEVE: ¿No ha traído abrigo?
•             SARAH: No , no hacía falta vine en coche.

 Una vez allí, bajaron hasta la planta de garaje habilitada para los clientes del local. Mientras se dirigía al vehículo , volvía a bajarse las mangas y a cerrárselas con los botones. Dos minutos después , Steve se detuvo al lado de una imponente Harley Davidson negra con un enorme maletero en su parte de atrás. Él le ofreció su chaqueta.

•             STEVE: Tome , póngasela.

Sarah se encontraba tan relajada como sorprendida aquella noche, e incrédula de lo que estaba viendo, y Steve volvió a percatarse.

•             SARAH: ¿No pretenderá hacerme creer que se la ha traído?
•             STEVE: -riéndose- No que va, esto era lo que tenía que hacer esta tarde, ir a buscarla a casa de un amigo. ¿Ha subido alguna vez en una?
•             SARAH:   Lo que no lo suelo hacer es ir de paquete, soy motera Sr Lowell.
•             STEVE: -sacando otro casco del maletero y unos guantes de cuero negros- Bien, entonces no hay nada que deba decirle, salvo que se lo ponga, se suba y se agarre.

Mientras él se los colocaba y apretaba bien, ella tuvo dificultades para cerrar la cremallera, a lo que él le hizo el gesto de si le permitía ayudarla. Ella  asintió, y él se la fue cerrando subiendo la cremallera lentamente mientras tiraba de la chaqueta hacia sí, atrayéndola hacia él .

Una vez Steve se subió, ella hizo lo propio, pegando su cuerpo al de él. Sus piernas ,  custodiaban las caderas masculinas del piloto , desnudas dada la parte baja del vestido , siendo la visión más deleitante para la  vista de él  cada vez que la bajaba. Ante la incomodidad de la situación en sí, ella prefirió agarrarse de las asas del sillón del acompañante que de su cintura.
Una vez arrancó, le faltó un detalle por saber.

•             STEVE: Será mejor que me vaya indicando sobre la marcha una vez lleguemos al distrito , pero necesito saber a dónde vamos.
•             SARAH: A Brooklyn. Cerca del río.
•             STEVE: De acuerdo.

Y arrancó. Lo cierto es que la perspectiva de la ciudad , de noche y a dos ruedas , se disfrutaba  completamente diferente que en un coche. Desde la moto, la ciudad parecía un poco más suya. Los  altos rascacielos , parecían realizar una reverencia conforme ellos pasaban a su lado,  por el efecto óptico de la velocidad y la mirada perdida hacia toda la extensión vertical de los mismos.
Una sensación de libertad absoluta y deleite,   mezclado con su perfume que el viento le traía a la parte de atrás, y que en la chaqueta parecía permanecer , introduciéndose en sus fosas nasales sin que nada lo quitase, permitiéndole  evadirse por un instante.

Algunos baches , y la suspensión dura de la moto se hizo notar. Steve aprovechó un semáforo en rojo para recomendarle algo a Sarah.

•             STEVE: Será mejor que se agarre de mi cintura, un par de baches más y terminará dolorida de los brazos.

Sarah le miró desconcertada .

•             STEVE: - por la expresión de los ojos se sabía que volvía a sonreír- Soy un enemigo muy condescendiente y preocupado por los demás, no puedo evitarlo.

Sarah  colocó sus brazos abarcando parte de su cintura para agarrarse.
Durante todo el camino, aquella situación  no hacía más que incomodarla  y hacerla tragar su propia saliva a borbotones.

Una media hora después  llegaron al portal del edificio. Se bajaron ambos, sobre todo porque él tendría que guardar  el otro casco en el maletero.
Al intentar quitarse la chaqueta, la cremallera volvió a jugarle una mala pasada teniendo que pedirle ayuda de nuevo.

•             SARAH: Normalmente no soy tan torpe con estas cosas.
•             STEVE: Es la cremallera, no es la primera vez que pasa. ¿puedo?

Ella le miró a los ojos y asintió con la cabeza con un leve gesto.
Con ambas manos , él hizo dio un pequeño tirón de la misma empujándola de nuevo contra su pecho poniendo sus manos como parapeto natural, pero logró desatascar la cremallera consiguiéndola bajar lentamente, mientras ella sentía como la misma se abría en su pecho, sintiendo casi su mano al propio tiempo que el aire frío,  mientras él, con sus ojos , no perdía detalle de lo que aquel gesto le iba descubriendo. 

Se la quitó y se la devolvió.

•             SARAH: Gracias por traerme, y por la chaqueta.
•             STEVE: -Mientras se la colocaba- no hay de qué. ¿Podrá subir bien sola?
•             SARAH: Sí claro, gracias. Nos veremos el lunes.
•             STEVE: Por supuesto.

Y se subió a la moto arrancándola de nuevo, esperando a que ella entrara en el portal.

Antes de salir , una nueva mirada hacia la parte exterior de sus piernas, y  una leve sonrisa fruto de un recuerdo reciente  muy agradable que rememoraba.

Ana Patricia Cruz López

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