CAPITULO CUARTO
“Intento respirar y no puedo.
Siento una opresión en el pecho desde hace más tiempo del que puedo
recordar
Soy consciente de que sólo tú puedes aliviarme
Pero algo en mi interior sigue pensando que es una mala idea,
Que no puede ni debe ser
Que sólo eres una ilusión
Mi ilusión”
![]() |
| N.Y. CITY Créditoos a quién corresponda |
UN NUEVO INTENTO
Ya habían pasado un par de días
desde que comenzase el inicio del curso más accidentado que se recordaba en
años.
Sarah, se había centrado
exclusivamente en sus clases y en intentar terminar su libro, aquel , del que una maldición inesperada parecía
haberla contagiado el fenómeno del bloqueo mental.
Nadie , ni ella misma sabe cómo empezó o por qué fue. Comenzó a escribirlo bien, a buen ritmo, con una motivación brutal, y de la noche a la mañana , sentada delante de su portátil, se encontró incapaz de escribir una sola letra, y desde ese momento hasta ahora.
Usando como excusa el libro, decidió cambiar de hábitos y estar menos
tiempo en el despacho del Departamento. Solía aprovechar que aún la
climatología lo permitía, y con su portátil aprovechar los maravillosos
jardines del campus, o los escalones de la pista de atletismo.
Una excusa perfectamente modulada y a la medida, de quién prefería evitar intencionalmente a
su nuevo compañero de despacho y Departamento con el que debía cruzarse
obligatoriamente entre clases puesto que cuando ella terminaba y salía , le
tocaba entrar a él.
Un saludo cortés y casi forzado , fue lo que Steve consiguió de ella
durante esos días. Consciente de encontrarse en mitad de una guerra que
involuntariamente había propiciado , aprovecharía la primera ocasión que se le
presentase para intentar solucionarlo. Por una parte , en su interior, sabía que esa situación resultaría insostenible
durante todo un curso, y por otra, aquello le llamaba poderosamente la atención
y avispaba su curiosidad.
Aquella mañana , tras dos clases a primera hora, Sarah no tenía nada
mejor que hacer hasta después de comer , así que aprovechó para coger sus cosas
e irse a ocupar espacio a la pista de atletismo.
Candice llevaba una hora recorriendo el campus buscándola , el último
sitio en el que buscó fue la pista deportiva y cuando llegó ,tras visualizar
todo el espectro , la reconoció sentada en las gradas.
Se acercó a ella con clara falta de aire y como quien acabase de
conquistar una montaña alta y ese fuese su reto. Sarah estaba tan concentrada en lo que tenía delante y
escuchando música con sus auriculares , que ni la vio ni la oyó acercarse , ni
siquiera cuando la saludó.
• CANDICE: ¡Dios
santo! ¿Pero se puede saber a qué volumen tenías eso puesto?
• SARAH: A veces no
es cuestión de volumen sino de la calidad e intensidad de lo que se escucha.
• CANDICE: Fui a
buscarte al Departamento y no estabas, de echo pregunté y me dicen que ya
no paras por ahí. – Sarah la escuchaba pero seguía mirando la
pantalla del ordenador- Si no te conociera desde hace tiempo y supiera cómo
eres , diría que te estás ocultando de algo – cambiando el tono – o alguien.
• SARAH: - sin
mirarla- Yo no estoy huyendo, simplemente que necesito terminar esto de una vez
y el despacho resulta asfixiante.
• CANDICE:
Asfixiante. ¿será ahora? Para una persona que se pasaba hasta altas horas allí
encerrada, y a la que prácticamente
costaba si quiera sacar de allí para tomar un café.
Candice era de las pocas personas, por no decir la única, que la
conocía tan bien como para saber sus
puntos débiles e ir a por ellos , y si lo hacía con aquel particular tono de
una niña pequeña con ganas de juego y mucha curiosidad, Sarah ya sabía que
estaba perdida, que ninguna excusa sería suficiente.
• SARAH: Tengo unos
puñeteros plazos de entrega que cumplir y necesitaba cambiar de aires , nada
más. Todo lo que quieras ver más allá de eso son imaginaciones tuyas.
Candice no le contestó, Sarah la miró y la vio atenta a alguien que corría en la pista, y devolvió su
mirada al ordenador.
• CANDICE: Pues te
diré que es una auténtica pena, porque hay algunas imaginaciones que resultan
de lo más atrayentes- aquel tono suyo de voz , típico de la Candice ave rapaz
en busca de presa, la puso en alerta y
volvió a elevar la vista hacia la persona que su amiga observaba , pero el sol
no permitía distinguir bien a quién se les acercaba dónde estaban ellas.- Y más si se comparte
con ellas el mismo reducido espacio.
Conforme el sujeto se acercaba corriendo por la pista a su altura, la
sonrisa de Candice era mucho más amplia, pero el sol le reflejaba directamente
en la cara y aún le costaba reconocerle, hasta que pasó corriendo justo por
delante y se le quedó mirando de reojo , sin decir nada ni hacer gesto alguno,
continuando su paso alrededor de la pista.
• SARAH: ¡Oh dios!
• CANDICE: ¿Dios?
Bueno- mirando hacia su trasero con cara de apetencia infinita- bien mirado ,
creo que exageras un poco pero sí, hay que reconocer que puede convertirse en
oscuro objeto de deseo femenino con mucha facilidad. Como cambia una ropa y un
poco de sudor bien colocado.
Sarah cerró la tapa del portátil de golpe y rebuscó en su bolso algo con auténtica
desesperación.
• CANDICE: Pero ¿Qué
buscas?- y le ofreció la botella de agua
que llevaba en su mano derecha- Para no estarte ocultando diría que esto es el
comienzo de una clara maniobra evasiva.
• SARAH: - bebió un
buen trago de agua - Es tarde.
• CANDICE: No tienes
la próxima clase hasta dentro de una hora , ¿no me irás a decir que por fin has
ampliado tu círculo social?
Sarah guardaba todo lo más deprisa que podía , no atinando
la mitad de las veces a colocar
las cosas de forma que el bolso
adicional que traía consigo, le cerrase
de la misma forma. Mientras, Candice ,
observaba con sonrisa comprometedora,
como el sujeto en cuestión,
Steve, terminaba de correr la
última curva de la pista , las observaba
y se detenía justo debajo a coger una toalla que había dejado y su riñonera.
• CANDICE: ¡Dios! Que
cruel pararse a pensar cuánto daño a hacho la ropa al espécimen humano, claro
que , por otra parte- en su tono interesado habitual de quien se encuentra
despedazando visualmente a la presa ya fijada-
hay que reconocer , que determinadas prendas ayudan a ver al ser humano
con otras perspectivas.
Sarah comenzaba a impacientarse , y las palabras de Candice la ponían
más nerviosa.
• CANDICE: Ese
reguero recto de sudor en la cruz perfecta del pecho que se le marca a través
de esa camiseta gris .
• SARAH: Candice…..
• CANDICE: Y esas
pedazo de piernas…… no sé cómo diablos sales huyendo de eso. ¡Madre de Dios!.
• SARAH: - Cada vez
más desesperada- Candice…….
• CANDICE: ¿Has
pensado qué quizás es eso lo que te hace falta?
Sarah la miró perpleja y hasta algo molesta.
• SARAH: ¿Perdón? Que
yo recuerde, eres tú la alegre
divorciada devoradora de hombres, lo que como sigas así , acabarás con uno de
veinte.
• CANDICE: Realmente
son comentarios así los que nos dan mala
fama. Yo sólo me divierto de vez en cuando, no hay nada malo en eso, y
tú deberías hacer lo mismo, a lo mejor conseguimos endulzarte el carácter.
Cuando hubo recogido sus cosas y secado el sudor de su cara y cuello , con la toalla en su nuca,
Steve subió corriendo los anchos escalones hasta donde ellas se encontraban.
Sarah mantenía la cabeza baja intentando terminar, mientras Candice se disponía
a darle la bienvenida.
• STEVE: Vaya, buenos
días. Sra. Harrots.
• CANDICE: Huy Sra,
por favor Steve , llámeme Candice, ya se lo dije , teniendo en cuenta que vamos
a tener que vernos y trabajar intensamente durante el curso , las excesivas
formalidades solo suponen atrasos.
Steve se percató de que Sarah continuaba enfrascada guardando las
cosas sin si quiera levantar la cabeza.
• STEVE: Buenos días
Dra. McBridge.
Su tono con ella, aunque cordial, sonó mucho más serio y respetuoso.
• SARAH: - sin
mirarle- Buenos días Sr. Lowell.
• STEVE: Curioso
lugar para trabajar.
Sarah alzó la cabeza por primera vez, y pese a que el sol a su espalda
le sombreaba, en un movimiento suyo lo tapó y pudo verlo bien. En algo tenía
razón Candice, se veía diferente, aun así
procuró mantener los ojos en los suyos, mientras los de él se le
penetraban una vez más como de costumbre.
• SARAH: Cada uno
busca el espacio que puede y necesita.
Y continuó intentando cerrar el bolso.
Candice, que no había perdido ni por un segundo la atención de
ellos y lo que les rodeaba, se percató
de pequeños detalles casi imperceptibles, aunque a ella le ganaba la edad y la
experiencia. Decidió aprovechar para meter a Sarah en una situación complicada
y comprometida pero a la que no podría negarse si no quería quedar mal.
• CANDICE: Por cierto
Steve, tenía ganas de encontrármelo. El sábado celebraremos una fiesta de
bienvenida del curso , y después , un reducido número de personas iremos a
cenar y a tomar algo para celebrar el
cumpleaños de Sarah. Me preguntaba , que si no tenía nada mejor que hacer
podría aprovechar y venir.
Sarah le lanzó una de esas miradas
que lo decían todo por sí mismas. Posiblemente le hubiera faltado el
bate de béisbol para reventarle la cabeza en ese momento. Claro que de su cara
también se percató Steve.
• STEVE: Gracias
Candice- miró para Sarah- pero no creo que sea una buena idea, además tengo
algo que hacer , pero se lo agradezco.
• CANDICE: Hombre-
insistente y casi suplicante mientras Sarah más se enfadaba con ella- por
favor, el día es largo y no hay clase, siempre podría darse un salto aunque sea
a su cumpleaños- señalando hacia Sarah
con la cabeza.
Con su media sonrisa habitual de quien se siente en medio de una
situación indeseadamente violenta , procuró pensar rápido una respuesta sin
compromiso que le permitiera salir de allí airoso.
• STEVE: Podría
intentarlo , siempre que a la Dra. McBridge no le importe.
A Sarah le costaba tragar su propia saliva. No podía creer en el
compromiso en que se veía envuelta por culpa de Candice. Le miró y le dio una
respuesta de compromiso.
• SARAH: Al
contrario. Venga si lo desea.
• CANDICE: Estupendo
, será en el HABBLE. En la calle 33 , no tendrá pérdida , el edificio que se
encuentra al lado es el Empire State. En pleno corazón de Manhattan, que por
cierto, de noche es precioso e ideal para pasear.
• STEVE: Estupendo ,
no habrá pérdida.
• CANDICE: A partir
de las siete .
• STEVE: Perfecto.
Entonces nos veremos allí. He de irme , tengo clase dentro de media hora. –
Volviendo a dirigirse hacia ella - Dra. McBridge.
• SARAH: Sr. Lowell.
• STEVE: Candice,
muchas gracias.
Y se marchó lanzando su última mirada cómplice a una Sarah
evidentemente tan tensa como molesta.
Una vez se hubo ido……..
• SARAH: ¡Dios
Candice! Pero ¿cómo se te ocurre?
• CANDICE: Queda
bastante mal que se invite a todo el Departamento y él quede fuera.
• SARAH: ¿A mi
cumpleaños? Además, sabes que no me gusta celebrarlo y que no hago nada desde
hace años.
• CANDICE: Precisamente , porque todo está saliendo
a pedir de boca es necesario que lo
celebres este año, como punto de inicio de tu nueva vida.
• SARAH: ¿Ah sí? Con
él.
• CANDICE: Oye, no sé
qué diablos te pasa con él pero esa animadversión ha trascendido del despacho de Freddy, y eso sabes que no es bueno.
• SARAH: ¿En serio
hace falta qué te lo diga?
• CANDICE: No le
conoces, él no tiene la culpa de haber tenido éxito o de ser jodidamente listo.
Ha tenido su momento y ha sabido
aprovecharlo, pero lo de Oxford… ¿o se lo dan a cualquiera? Lo sabes. Sarah, no puedes seguir prejuzgando
a la gente sólo porque tú lo hayas tenido más difícil, cada uno tiene lo que
está marcado y punto.
• SARAH: Déjalo, sólo
es un maldito inmaduro con suerte , como todos los de su edad, que ahora está
invadiendo mi espacio profesional. ¿Puedes entender eso?
• CANDICE: No quiero
ser yo quién te lo recuerde , pero ocupabas esa clase de forma provisional y lo
sabes.
• SARAH: Vendrá,
primero se quedará con tu casa, luego con tu vida.
• CANDICE:
Sarah!!!!!!!!!!!!!
• SARAH: -tirando el
bolso de mala manera sobre el frío cemento- ¿Si tanto te gusta por qué no le
echas el lazo y dejas de metérmelo por los ojos? ¡No necesito a nadie y lo
sabes! Y menos necesito líos o problemas con compañeros de Departamento.
• CANDICE: ¿Desde cuándo hace que no mantienes una
conversación normal con alguien del sexo opuesto? Sarah, después de lo que has
pasado necesitas volver a la normalidad, a divertirte , a salir , conocer gente
interesante para variar, aunque sea para hablar del puto trabajo. No hay nada
malo en divertirse ¿Sabes? De echo , dicen que lo mejor para mantener una
adecuada calidad de vida es pasarlo bien de vez en cuando – mirando hacia la
pista- además, si dependiera de mí , por supuesto que no me negaría ese gusto
aunque sólo fuera una vez, pero me temo que yo no soy ni seré el centro de su
atención. – se le acercó más a ella y se sentó a su lado pasándole uno de los
brazos por encima y estrechándola hacia ella- Vamos, sólo te digo que vivas, y
vuelvas a ser la que eras.
• SARAH: Ya lo hago,
a mi forma.
• CANDICE: Pues tu
forma es un asco, hace que parezcas mayor. Vamos , ¿qué es un tipo joven ,
atractivo y listo que viene a dar este curso una materia? Pues que la de, ¿qué
hay de malo? Sabes que no va a quedarse. Y por lo que yo veo, sólo trata de ser amable contigo. No parece
mal tipo.
• SARAH: ¿Y si te
equivocas? ¿Y si se queda?
• CANDICE: Sé cuál es
tu temor, pero es prácticamente imposible que Freddy no convenza al Consejo
para que el puesto de Directora de Departamento sea tuyo. Además ¿por qué
habrían de dárselo a él? – se quedó
pensativa en lo que ella misma se había escuchado decir-Vale , no he dicho
nada, pero no se quedará , no tiene motivos para quedarse.
• SARAH: Ya lo
veremos.
La situación no cambió por su parte durante los días que siguieron
a aquel encuentro en la pista de
atletismo. Ella continuó tratándolo con la distancia y la cortesía habitual ,
pese a los intentos de él de entablar una conversación o ser más amable. Candice, mientras preparaba la fiesta y
confirmaba los asistentes, dejaba todo listo,
puesto que saldría ese día desde casa de Sarah, con ella , para llevarla en su coche y comprobar que se
arreglaba , cosa que hacía tiempo que no hacía ya que su vida social había sido
nula desde hacía años.
Para ir relajando el ambiente, llevó una botella de vino blanco que
abrieron nada más llegar a su casa.
• SARAH: ¿Te has
propuesto emborracharme antes de llegar?
• CANDICE: ¿Por una
botella de vino entre dos? Yo recuerdo haberte visto beber mucho más y estar
fresca, muy fresca. Sólo quiero que te relajes y llegues distendida.
Mientras Sarah permanecía de píe en el vestier , mirando hacia todos
lados y sin saber qué ponerse, Candice echaba un ojo a los zapatos intentando ayudarla a elegir.
• CANDICE: ¿Te
has decidido ya? A este paso seremos
nosotras las que lleguemos tarde.
• SARAH: No sé cómo
me he dejado convencer.
• CANDICE: ¿Quieres
que elija yo?
• SARAH: Tú misma- y
se sentó en la butaca del centro esperando ver la elección de su amiga , con la
copa de vino en la mano-.
Candice revisó prenda por prenda y tras un rato , escogió un vestido
azul oscuro, sin mangas y hombros
destapados, entallado desde el cuello
hasta la cintura, a partir de la cual ,
se volvía vaporoso hasta la rodilla .
• CANDICE: Lo tengo.
– se lo colocó encima para que viera la impresión, y situándose detrás de ella,
le recogió con una de las manos el cabello -
con el pelo recogido, y los pendientes adecuados estarás de muerte. Además, ya tengo los zapatos justos para él.
Sarah la miraba riéndose.
• SARAH: ¿Tú te has
empeñado en que yo cumpla los 43 a lo grande y dando la nota?
• CANDICE: ¿Y por qué no? Ya está bien de discreción y
de irse escondiendo.
Dejó el vestido colgado en una de las perchas y se sentó frente a ella en el banco.
• CANDICE: Llevo
demasiado tiempo viéndote llorar, observándote triste. Tenemos muchos motivos
para ser felices, para que vuelvas a sonreír , pero tienes que creértelo. Eres
buena , hermosa y grande, ¿qué más se puede pedir? Sólo tienes que volver a
realzar aquello que tienes , incluido lo que tienes ahí dentro- y le tocó la
cabeza con uno de sus dedos- pero de la forma que sólo tú sabes. No tengas
miedo a vivir, porque ahora puedes hacerlo, es más, debes hacerlo. Ni tengas
miedo de sentir, eso es lo más humano que existe, y a veces tan maravilloso como doloroso.
Ambas se miraron y se fundieron en un abrazo, terminaron el contenido
de sus copas de golpe, y se dispusieron a arreglarse para la fiesta.
Tras la pequeña fiesta de bienvenida en la facultad, fueron al
Hubble, donde todos fueron llegando poco a poco. No eran muchos los
invitados, más bien un grupo reducido de conocidos comunes, muchos de ellos de
la propia Universidad. Apenas una hora después , Sarah se encontraba en una de
las barras bebiendo cuando Candice se acercó a dar con ella.
• CANDICE: ¿Cansada?
• SARAH: No mucho,
pensé que me encontraría peor la verdad.
• CANDICE:
¿Pensativa?
Media sonrisa, y unos ojos reveladores de un comentario con segundas
mientras bebía de su copa , le bastaron
a Candice para saber por dónde podría ir la respuesta.
• CANDICE: Dilo
• SARAH: Vas a tener
que cambiar tu bola de cristal.
• CANDICE: Vamos, es
temprano, además dijo que tenía algo que hacer antes. Vaya , al final va a resultar que tienes interés y todo.
Sarah no pudo evitar soltar una
carcajada.
• SARAH: ¡No me
fastidies! Simplemente que me hace gracias el ojo que sueles tener a veces para
ciertas cosas.
Sarah miraba hacia la pared de espejo
en frente suya. Las repisas donde se mantenían copas , algunas botellas y más de un elemento decorativo. Y mientras
bebía, le pareció ver algo, y cuando lo confirmó , dejó la copa encima de
la barra.
Candice también le había visto llegar, y no pudo por más sonreírse.
Justo cuando fue a decirle algo a Sarah, ésta la detuvo.
• SARAH: Ni se te
ocurra .
• CANDICE: Vaya, ya no te noto tan distendida y divertida, por
lo menos conmigo.
Steve había llegado y se encontraba buscándoles por toda la sala.
• CANDICE: ¡Dios de
mi vida bendita!
• SARAH: Candice , no
empieces.
• CANDICE: ¿Estás
viendo lo mismo que yo?
• SARAH: No lo sé ,
posiblemente sea lo mismo pero visto con distintos ojos.
• CANDICE: Contéstame una cosa, independientemente de
esa animadversión que tú misma te has generado y que yo no entiendo aún, ¿En
serio me vas a decir a mi cara que no estás encantada de alegrarte la vista con
este compañero de mesa y reducidos metros cuadrados?
• SARAH: Desde luego
Candice, a ti el cuero te pierde y la perspectiva te la nubla.
• CANDICE: Sí, y más
si es en unos pantalones que cubren algo como eso.
• SARAH: ¡Candice!
Por Dios , para de una vez.
• CANDICE: Upss, nos
ha visto, y viene enfilado hacia aquí.
Sarah comenzó a beber compulsivamente el vino que le quedaba en su
copa casi llena.
• CANDICE: lo que
realmente no entiendo es ¿por qué si no
lo tragas te pone tan nerviosa tenerle delante?
• SARAH: Si te hubiera mirado como lo hace él lo
entenderías, no es nada cómodo.
• CANDICE: Querida
Sarah, si él me mirase con esos ojos, te
aseguro que nervios no es lo que cogía precisamente. Por cierto , ya está aquí.
• STEVE: Buenas
noches, por fin las encontré.
• CANDICE: Sí, buenas
noches . ¿Le fue difícil dar con el sitio?
• STEVE: No, ya había
estado aquí hace años, me refiero a la ciudad no al local.
Sarah se dio la vuelta, y aquellos ojos azules volvían a penetrarla
hasta desnudarla por completo, sólo que la reacción de ella sería distinta,
gracias a la cantidad de alcohol ingerida se mostraba más relajada que de
costumbre , aunque no dejaba de guardar las formas más correctas.
• STEVE: Buenas
noches Dra. McBridge.
• SARAH: Sr. Lowell.
• STEVE: Hace calor
aquí dentro.
Comenzó lentamente a quitarse la chaqueta de vestir oscura , dejándola bien doblada sobre
la silla alta que tenía delante, se desabrochó los pequeños botones de los
puños y empezó a remangarse hasta medio antebrazo.
Candice, que se encontraba a su espalda, le hacía gestos de lo más
insinuantes y llamativos a Sarah , mientras ésta trataba de que parase no fuera
a verla.
• STEVE: Lo siento,
pero comenzaba a sofocarme.
• CANDICE: No importa
, además es comprensible, demasiada
gente quizás. Por cierto, hablando de gente, me voy a saludar a alguien que
acabo de ver, nos vemos luego.
Steve se sentó al lado de Sarah , la cual había vuelto a su posición
de recta con las piernas cruzadas una
encima de otra, una de las manos apoyada sobre ellas y la otra jugueteando con
el pie de la copa vacía.
Al venir el camarero , le preguntó
a él qué deseaba tomar. Al ver la
copa de ella, y que en el fondo quedaba una gota del vino, se decidió a pedir
lo mismo.
• STEVE: Lo mismo que
ella estará bien. – dirigiéndose a ella- ¿Otra?
Sarah le miró brevemente y asintió con la cabeza.
Cuando el camarero traía la ora copa y se dispuso a servir el vino
blanco, Steve no pudo evitar sonreírse.
Sarah, que lo estaba viendo, no pudo evitar preguntarle.
• SARAH: ¿Qué?
• STEVE: Es mi bebida
preferida- cogió la copa por su pie y su
base, la movió en círculos para que el vino respirase un poco , y se la acercó
a la nariz para olerlo. Cerró ligeramente los ojos , y con su característica
media sonrisa afirmó- Exquisito, muy joven
y ligeramente afrutado. Deliciosa
elección.
Sarah no podía creer lo que acababa de escuchar. Ahora resultaba que
el chico inglés no sólo era listo y con suerte , sino que además entendía de
vinos. Así que no pudo evitar reírse mientras jugueteaba con el borde de la
copa ante la mirada atenta de Steve.
• STEVE: Ahora
debería ser yo el que preguntase.
• SARAH: A parte de
una cátedra en Oxford a los treinta,
haber tenido su primer éxito de ventas sólo con quince, y ser uno de los
aspirantes al nobel de literatura más joven de la historia, encima entiende de
vinos ¿qué más sorpresas nos depara Sr. Lowell?
Steve se sonrió, bajó la cabeza, se mordisqueó el labio inferior, y al
levantar la mirada, su expresión había cambiado. Su rostro se suavizó, la media
sonrisa pasó a ser un rostro penetrante y devorador, más propio de un
manipulador de circunstancias y ambientes , que de forma natural se hacía con
todo lo que le rodeaba, pero que a ella le producía una sensación extraña.
• STEVE: Tuve que
estar un año en la Toscana por trabajo,
así que aprovechando que me gusta disfrutar del vino , hice un curso de
sumiller y otro de cata.
• SARAH: Que
maravilla que entre tanta agitada vida tenga tiempo para distraerse con esas
cosas.
• STEVE: Dicen que
uno no deja de terminar de aprender, si
quiere.
• SARAH: ¿Un año en
Italia?
• STEVE: Sí, y antes
de que me lo pregunte, hablo un poco de
italiano.
Sarah intentaba mostrarse tranquila pero aquello le parecía muy
cargante .
• SARAH: - no pudo
evitar susurrar- ¡Dios!
• STEVE: ¿Perdón?
• SARAH: -disimulando
no haber dicho nada- Nada.
Sin poder evitar observarla por entero, trató de continuar con su
línea de amabilidad.
• STEVE: Aún no he
tenido oportunidad de agradecerle mi presentación del otro día. La verdad es que
me dejó muy agradablemente sorprendido.
• SARAH: Forma parte de mi trabajo mientras sea la
Jefa de Área- Bebió de su copa antes de continuar y respiró hondo- Lo que me
pregunto, es si lo que realmente le
sorprendió es que fuera capaz de presentarle de esa forma o la cantidad de
cosas que se de usted, profesionalmente hablando.
• STEVE: Digamos que las dos cosas. Me dejó muy sorprendido la
verdad .
• SARAH: Sé más cosas
de usted de lo que se imagina, aunque nunca había mostrado tanto interés como
ahora . Alguien dijo : “Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en
cien batallas correrás peligro; si no conoces a los demás, pero te conoces a ti
mismo, perderás una batalla y ganarás otra; si no conoces a los demás ni te
conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla.”
• STEVE: Sun Tzu. El
arte de la Guerra.
Sarah no pudo evitar sonreírse.
• STEVE: Lo que no
sabía , es que yo fuese un enemigo , ni que esto fuese una guerra.
• SARAH: Aún no Sr Lowell, pero lo será , y no lo
habremos provocado ninguno de los dos.
• STEVE: No soy ni me
considero enemigo de nadie Dra. McBridge, sólo he venido a trabajar y a dar
clase que es lo que mejor se me da.
Sarah bebió de golpe lo que le quedaba de vino en la copa.
• SARAH: Recuerde lo
que le he dicho Sr Lowell, ninguno de los dos , pero surgirá. – miró su reloj-
Hora de marcharme.
Candice apareció corriendo.
• CANDICE: ¿No me
irás a decir que te vas ya?
• SARAH: Estoy
cansada .
• CANDICE: Es que no
puedo llevarte ahora a casa, si esperas un rato a que termine , estoy
intentando conseguir nuevos fondos privados para investigación. Por favor.
• SARAH: Déjalo,
conseguiré un taxi y me iré a casa.
• CANDICE: ¿Un taxi?
¿A esta hora y en esta ciudad?
• STEVE: Yo puedo
llevarla, si quiere.
• CANDICE: ¿En serio?
¿Le importaría llevarla usted?
• STEVE: Para mí no
será ninguna molestia.
• SARAH: NO hace
falta de verdad, quédese disfrutando de la fiesta, yo conseguiré un taxi y me
iré a casa.
Steve insistió.
• STEVE: A mí no me
importa , en serio. Al contrario, sólo que tendrá que indicarme , hace muchos
años que no vengo por aquí.
Candice , cogiendo las manos de Sarah le sonrió, la besó en la
mejilla, y le dijo algo al oído.
• CANDICE: Recuerda,
vive y se feliz.
Y se marchó. Steve cogió su chaqueta y se dirigieron al ascensor.
Justo antes de acceder, él se dio cuenta de algo.
• STEVE: ¿No ha
traído abrigo?
• SARAH: No , no
hacía falta vine en coche.
Una vez allí, bajaron hasta la
planta de garaje habilitada para los clientes del local. Mientras se dirigía al
vehículo , volvía a bajarse las mangas y a cerrárselas con los botones. Dos
minutos después , Steve se detuvo al lado de una imponente Harley Davidson
negra con un enorme maletero en su parte de atrás. Él le ofreció su chaqueta.
• STEVE: Tome ,
póngasela.
Sarah se encontraba tan relajada como sorprendida aquella noche, e
incrédula de lo que estaba viendo, y Steve volvió a percatarse.
• SARAH: ¿No
pretenderá hacerme creer que se la ha traído?
• STEVE: -riéndose-
No que va, esto era lo que tenía que hacer esta tarde, ir a buscarla a casa de
un amigo. ¿Ha subido alguna vez en una?
• SARAH: Lo que no lo suelo hacer es ir de paquete,
soy motera Sr Lowell.
• STEVE: -sacando
otro casco del maletero y unos guantes de cuero negros- Bien, entonces no hay
nada que deba decirle, salvo que se lo ponga, se suba y se agarre.
Mientras él se los colocaba y apretaba bien, ella tuvo dificultades
para cerrar la cremallera, a lo que él le hizo el gesto de si le permitía
ayudarla. Ella asintió, y él se la fue
cerrando subiendo la cremallera lentamente mientras tiraba de la chaqueta hacia
sí, atrayéndola hacia él .
Una vez Steve se subió, ella hizo lo propio, pegando su cuerpo al de
él. Sus piernas , custodiaban las
caderas masculinas del piloto , desnudas dada la parte baja del vestido ,
siendo la visión más deleitante para la
vista de él cada vez que la
bajaba. Ante la incomodidad de la situación en sí, ella prefirió agarrarse de
las asas del sillón del acompañante que de su cintura.
Una vez arrancó, le faltó un detalle por saber.
• STEVE: Será mejor
que me vaya indicando sobre la marcha una vez lleguemos al distrito , pero
necesito saber a dónde vamos.
• SARAH: A Brooklyn.
Cerca del río.
• STEVE: De acuerdo.
Y arrancó. Lo cierto es que la perspectiva de la ciudad , de noche y a
dos ruedas , se disfrutaba completamente
diferente que en un coche. Desde la moto, la ciudad parecía un poco más suya.
Los altos rascacielos , parecían
realizar una reverencia conforme ellos pasaban a su lado, por el efecto óptico de la velocidad y la
mirada perdida hacia toda la extensión vertical de los mismos.
Una sensación de libertad absoluta y deleite, mezclado con su perfume que el viento le
traía a la parte de atrás, y que en la chaqueta parecía permanecer ,
introduciéndose en sus fosas nasales sin que nada lo quitase,
permitiéndole evadirse por un instante.
Algunos baches , y la suspensión dura de la moto se hizo notar. Steve
aprovechó un semáforo en rojo para recomendarle algo a Sarah.
• STEVE: Será mejor
que se agarre de mi cintura, un par de baches más y terminará dolorida de los
brazos.
Sarah le miró desconcertada .
• STEVE: - por la
expresión de los ojos se sabía que volvía a sonreír- Soy un enemigo muy
condescendiente y preocupado por los demás, no puedo evitarlo.
Sarah colocó sus brazos
abarcando parte de su cintura para agarrarse.
Durante todo el camino, aquella situación no hacía más que incomodarla y hacerla tragar su propia saliva a
borbotones.
Una media hora después llegaron
al portal del edificio. Se bajaron ambos, sobre todo porque él tendría que
guardar el otro casco en el maletero.
Al intentar quitarse la chaqueta, la cremallera volvió a jugarle una
mala pasada teniendo que pedirle ayuda de nuevo.
• SARAH: Normalmente
no soy tan torpe con estas cosas.
• STEVE: Es la
cremallera, no es la primera vez que pasa. ¿puedo?
Ella le miró a los ojos y asintió con la cabeza con un leve gesto.
Con ambas manos , él hizo dio un pequeño tirón de la misma empujándola
de nuevo contra su pecho poniendo sus manos como parapeto natural, pero logró
desatascar la cremallera consiguiéndola bajar lentamente, mientras ella sentía
como la misma se abría en su pecho, sintiendo casi su mano al propio tiempo que
el aire frío, mientras él, con sus ojos
, no perdía detalle de lo que aquel gesto le iba descubriendo.
Se la quitó y se la devolvió.
• SARAH: Gracias por
traerme, y por la chaqueta.
• STEVE: -Mientras se
la colocaba- no hay de qué. ¿Podrá subir bien sola?
• SARAH: Sí claro,
gracias. Nos veremos el lunes.
• STEVE: Por
supuesto.
Y se subió a la moto arrancándola de nuevo, esperando a que ella
entrara en el portal.
Antes de salir , una nueva mirada hacia la parte exterior de sus
piernas, y una leve sonrisa fruto de un
recuerdo reciente muy agradable que
rememoraba.
Ana Patricia Cruz López
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