Sentimiento de culpabilidad inducida.
Hace mucho que ya no sé quién soy,
y lo demuestro.
Comportamiento más
propio
de un animal enjaulado que alguien sacó en libertad.
Arañazos por toda mi piel
que demuestran mi desesperación,
la imposibilidad de esta situación.
Ropa rasgada a mitad.
Todo tirado en el suelo,
como si un huracán hubiera decidido atravesarlo todo.
Ventanas rotas y cortinas mecidas por el viento.
Sombras en las paredes.
Vienen a buscarme.
No hay escapatoria .
Su ejército de almas perdidas,
obedeciendo sólo a su señor,
reclaman mi alma como precio.
Mi negación, mi resistencia,
imposible.
Sólo consigo excitarte más,
mandando tus hordas salvajes sobre mí.
Alaridos de dolor
al clavar sus colmillos sobre mí,
mientras lo observas todo .
Placentero disfrute
con puro olor a adrenalina viva y sangre.
Sonrisa maliciosa como respuesta.
Mi amor a la oscuridad ,
mi rebelión a lo establecido
me llevó hasta ti,
que siempre estuviste en ese lado oscuro.
Mientras se hacen conmigo,
te observo.
Sabes que sé lo que estás pensando,
que esto no te conviene ,
pero tampoco puedes evitarlo.
Sabes que se, que te encantaría ser tú uno sólo de ellos,
de los que me intentan dominar,
sentir en tu carne,
la muestra de mi ira , de mi impotencia.
Resistencia hasta el agotamiento.
Caída fatal,
a expensas tuyas quedé,
cuando mis rodillas tocaron el suelo.
Buscabas una sierva para tus sentidos,
pero encontraste otra cosa.
Algo que no esperabas,
y que te asustó cual niño perdido en un espacio
grande y poco iluminado.
Te viste a ti mismo delante mío,
suplicante,
lacrimoso como un penitente
que busca la muerte como modo de salvarse.
Te viste raído,
arañado,
con llagas en la piel por cada uno de los pecados cometidos,
por cada uno de los malos deseos realizados sobre la gente.
Caprichoso naciste,
caprichoso morirás.
Con la daga en la que tu orgullo se convirtió,
y con la que tanta sangre derramaste,
te tocará vivir el
resto de tus días,
clavada en el corazón que aparentemente tienes.
Cuando, pudiendo tenerlo todo,
decidiste obviar lo poco de persona
que tu alma oscura parecía aún tener.
Y entre todos,
yo,
tú última víctima,
la última superviviente por expreso deseo tuyo,
malherida por siempre,
y último recurso tuyo
al que siempre volverás.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchísimas gracias por participar en esta página