Nueva vida.
Sonrisa aislada que
engrandece una tímida mirada.
Apenas un atisbo de conversación
que nos permita conocernos.
Ilusión contenida
que crece en el interior ,
como un ser vivo.
Caricias cubiertas de inocencia.
Miedo a fallar,
como dos chiquillos
que experimentan mientras dulcifican su juego.
Ternura a manos llenas,
provocado por un interior lleno de vida.
Besos intentados ,
convertidos en la frontera a atravesar
para poder llegar al corazón del otro.
Milagroso estado
mantenido al paso de los años.
Pura observación para ser feliz
y sentirse pleno.
Sin exigencias,
sin que el tiempo corra detrás nuestro,
pero sin pausa.
Pensamientos que sobrevuelan llegado el momento,
inquietud ocultada sabiamente
para no herir al otro.
Incapaz de creer que pueda amar a otro que no seas tú,
tu rostro reflejó ese temor.
El temblor de mis manos
al roce con tu piel,
te confirió seguridad,
mientras a mí me confirmaba mi miedo.
Miedo a que llegue el día
en que tus labios dejen de buscar los míos,
o no sienta ésto que me llena ahora.
Miedo a que tu cuerpo no responda de la misma forma,
extasiante y plena,
con mi solo acercamiento.
Miedo a dejar de expresarte
que eres lo que más amo en este mundo,
que no concebí en su momento
que pudiera merecerte,
ni que tú pudieses ser mío.
Pavor el tuyo,
en que llegue el día ,
en que el pasar del tiempo
haga de esta historia una cotidianidad perpetua,
una habitualidad tan familiar como indeseable.
Que tu sonrisa de la mañana,
no sea suficiente para contentarme en el día,
y que tu entrega durante las noches,
pase a ser algo más por realizar.
Nunca existió obligación de amarse,
pero nosotros,
jamás nos planteamos otra forma de hacerlo.
Necesidad de respirar el aire del otro para sentirse vivo,
y el calor mutuo,
para sentirse acompañado,
Extraño concepto de amor el nuestro,
que partimos siendo uno desde el principio,
y nunca supimos qué era ser dos.
Extraña forma de sentir ,
la que nos enseñamos,
donde nunca hubo cabida para el egoismo,
y donde dar,
siempre significó TODO.
Desesperados ,
aburridos de todo,
en expectativa,
simplemente dejamos de buscar.
La casualidad o el destino,
obraron el siguiente paso.
Y hoy,
con el paso irremediable de los años,
la foto fija de uno que son dos,
sentados en un banco,
cogidos de la mano,
observando el
horizonte,
cuando las canas han cubierto nuestro pelo
y las arrugas nuestros rostros,
nos dio la mejor
lección,
la de la razón,
y la de simplemente, seguir viviendo.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchísimas gracias por participar en esta página