Sumergida por ti en este mundo
onírico e irreal,
siento que no soy capaz de
controlar nada.
En él,
recuerdo lo que me enseñaste ,
grabado en mi piel y
penetrando como el rocío de cada mañana
ya que es mi cuerpo el único
que goza de memoria.
Aquellas palabras transgresoras
capaces de erizar mi piel ,
directas ,
salvajes .
Constantes aullidos de un lobo
solitario
atrapado en su propia trampa.
Roces que se convierten en
arañazos ,
como mensaje de lo que es la naturaleza animal del ser humano
cuando las bajas pasiones y
los instintos nos dominan.
Un corazón en alerta perpetua
que teme le hagan daño de
nuevo ,
sabedor de que esta vez será diferente ,
que en caso de caer ,
no habrá salida.
Encuentros fortuitos entre
desconocidos
que parecieran saberse para sí
y para el otro,
como la conjunción simplemente
perfecta
e ignorada por los que no son
capaces de sentir de esa forma.
Dos desconocidos que juegan a
entenderse ,
que se desatan amándose como
única forma de comunicarse.
Dos que parecen haber nacido
para ser uno,
para no separarse.
Lágrimas de felicidad con cada
entrega
en donde el placer recibe otro
nombre ,
otro aspecto ,
en donde la posible suciedad
vista por los demás
no ha nacido ni puede
clasificarse ,
porque de lo que no son
conocedores
ni siquiera pueden hablar.
Ansias con rienda suelta ,
sin impedimentos,
en aquella burbuja maravillosa
que construiste ,
sin cerraduras , ni paredes ,
en donde el cielo es nuestro
lecho
y el infierno ,
nuestro encuentro.
Crecimos para amarnos ,
vivimos para encontrarnos,
y no contentos con eso
aún seguimos buscándonos ,
como aquellos dos desconocidos
para los que todo resultaba
nuevo ,
para los que las palabras
nunca fueron suficientes
y las agujas del reloj no
existían salvo en la penosa realidad .
Como chiquillos que se andaban
descubriendo ,
nuestro juego fue nuestra
droga ,
aquella a la que ambos nos
enganchamos
y de la que nunca quisimos deshacernos.
Algo sin forma ni fondo ,
sin definición posible ,
sin futuro ,
aunque ello nunca nos importó.
Sólo cabía el presente ,
el instante,
porque detrás de cada
despedida
la burbuja de seguridad ,
la de nuestro mundo,
la que ambos construimos,
se desvanece como el humo
para atraer y llevarnos
consigo
en esa penosa realidad de la que nos aislamos .
Esa realidad ,
en la que tú le
perteneces a ella
mientras yo,
en mi soledad ,
ni siquiera sé a quién
pertenezco .
Corazones divididos en pedazos
porque a partes iguales jamás
han estado,
realidades distintas
que sólo nosotros somos
capaces de convertir en una mala farsa ,
en una interpretación banal e
inconstante
de tristezas y finales no
definidos
por miedo a hacer daño a otra
persona ,
al jugador involuntario e inconsciente
que , desconociendo que nos
amamos ,
prosigue con su agenda vital
como siempre ,
con sus mismas costumbres ,
como si nada estuviese
pasando,
porque para él nada pasa en
realidad.
Pobre ignorantes víctimas de
esta desazón ,
de heridas invisibles que la
lanza que portamos inflige.
Pobres víctimas de un desamor no buscado ,
y de dos desconocidos
que nacieron para amarse.
Ana Patricia Cruz López
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