domingo, 22 de enero de 2017

LA TEMPESTAD . CAPÍTULO UNO: JUGÁRSELO TODO A UNA SOLA CARTA. (Registrado en SAFE CREATIVE ENERO 2017)

LA TEMPESTAD
CAPÍTULO UNO: JUGÁRSELO TODO A UNA SOLA CARTA
CRED EDICIÓN APCL73

ULVERSTON (CUMBRIA). UK

Tarde noche del 19 de Abril de 1986.

Tras la fiesta que solía ofrecerse  para dar por comenzada la primavera , como venía siendo tradición desde hacía mucho tiempo,  pocos fueron los asistentes que aún quedaban en la casa.  Dos matrimonios  cuyas sendas residencias  se encontraban vecinas , amigos de la familia Aldrich desde muy antiguo , y el señor Wadlow , el noble propietario de las tierras contiguas a las del anfitrión.

Con aquel altivo gusto por la conservación de las exquisitas tradiciones , llegado el momento , durante el trascurso de aquella velada, ambos caballeros propusieron  el comienzo de un partida de póker con la que alguno de los presentes pudiera extraer algún sustancioso beneficio, sabedores ambos, de que finalmente sería un duelo exclusivamente a cuatro manos , las de ellos .

Sin que el sonido de los viejos relojes de cuco , antiguas reliquias familiares que decoraban de forma perfecta el pasillo que llevaba a tal estancia  o  cada una de las paredes que los rodeaban en la misma , les  dejasen alguna constancia del pasar de las horas , aquellos dos hombres , conociendo a la perfección cada gesto o posible manía del otro al cual tenían justo en frente , repartían cada carta ofrecida por a quién le tocaba darlas.



Con aquel pequeño cartón pintado por ambos lados colocado boca abajo sobre el nada improvisado tapete de terciopelo color vino , el presunto receptor lo observaba hasta casi la extenuación ,como si se encontrase en una suerte de ritual  en el que su objetivo primordial fuese sacar de quicio a su oponente y no desistiese hasta conseguirlo. Y de esas lides y tácticas varias , el Sr. Aldrich , poseía ventaja.

Una partida sin límite alguno , porque hablar con reservas de dinero se concebía descortés y muy grosero entre caballeros . Aquellos que aceptaban participar ,  conocían la responsabilidad que se asumía con ello , y que pese a no tratarse , en principio, de algo más que un juego, lo cierto es que los aceptantes lo consideraban una suerte de compartición de honores varios entre los que , por supuesto, la compañía de aquel al que posiblemente le tocase ser desvalijado en pro de sus principios  , era el más valioso de todos . Una compañía , la de una especie de soldado de fortuna , cuya suerte o mala suerte más bien , no le quitaba honorabilidad ninguna ni le reprimía la posibilidad de retirarse de la mesa con la cabeza muy alta .

Sin embargo, la tarde noche había comenzado de forma extraña para el viejo y voluptuoso Sr. Aldrich.  Visiblemente más inquieto que de costumbre , se negó a acudir al almuerzo , en su comedor . Extrañamente nervioso , se negó a salir de su despacho hasta que  el mayordomo le avisase de la cercanía de la fiesta y, por tanto, de la hora de  vestirse para tal ocasión.

No debía presentarse tarde , nadie se lo perdonaría socialmente si al acceder a la casa , él , como anfitrión, no estuviese en el vestíbulo para recibirles.

Lejos de destensarse durante la fiesta y de relajarse durante su interrelación social con los invitados , su carácter parecía alterarse más por momentos . Su rostro , bañado de sudor de forma constante , disfrutaba de los continuos pases de su pañuelo de seda blanco que extraía , conforme avanzaba la  velada , sin cuidado alguno, del bolsillo interior de la chaqueta de su frac. Las copas que procuraba agenciarse , al principio de champagne  y a continuación de las nada sutiles mezclas que podían encontrarse en las distintas bandejas con las que el servicio se paseaba por la sala , eran vaciadas tan deprisa como podía durar una exhalación , otorgando un espectáculo al que pocos de los asistentes estaban acostumbrados , al menos , proviniendo de su protagonista.

Sin embargo, de entre todos ellos , uno de los invitados sí podía presumir de haberle visto incluso en peor  estado que el que se visualizaba aquella noche , tanto , como para aseverar haberlo portado de algún que otro club nocturno de no muy buena reputación  hacia su coche  e incluso tener que cargarlo, con notable dificultad,  hasta lograr adentrarlo en su propia casa , aquella en la que esa noche se encontraban.

Dado el lamentable estado que presentaba , ante la propuesta de partida , el Sr. Wadlow,  trató de disuadirle pero todos los intentos resultaron en vano , lo que no resultaba  nada extraño a juzgar por su harta conocida cabezonería.

Las cartas fueron danzando sobre la mesa con absoluto virtuosismo . Unas primeras manos afortunadas para el anfitrión , hicieron que en éste apareciera un extraño sentido del humor del que no solía hacer gala , mostrándose distendido en ocasiones  con toda clase de comentarios jocosos y cierta actitud amable . Pero la suerte comenzó a torcerse de pronto , apenas habiendo comenzado a ser cosa de dos .
Las torres de monedas que tan cuidadosamente había alzado el viejo Sr. Aldrich, disminuían de  volumen casi a más velocidad que con la que descendían los licores por su garganta o las gotas de sudor por su rostro.

La palidez progresiva y un nerviosismo extremo , casi psicótico, hacían parecerle tremendamente enfermo , con reacciones nada propias de alguien cuerdo , y mientras  una nueva carta esperaba ser aceptada , Wadlow no cesaba en su empeño por continuar observando a su alcoholizado vecino  mientras , en su mente, la siguiente jugada se perfilaba .

El irreverente señor de la casa aceptó la carta a desdén, pero cuando fue dada la vuelta , la sonrisa ampliada lentamente por su vecino  y el palpitante acercamiento de una de sus manos a fín de juntar y desvelar su jugada final , le hizo lanzarse prácticamente sobre la mesa desde su posición , con las manos sobre el tapete  y el rostro húmedo tan cerca como le fue posible .

Algo no iba bien y lo sabía , pero en su mente enferma y ambiciosa  no cabía perder , no en esta ocasión.

Girada las cartas , vista la jugada maestra de quién no fue capaz de ver las señales , Aldrich cayó en pleno sobre su silla  con la senda musicalidad de los reverberados rumores y cuchicheos de los pocos humanos que les rodeaban y que se mostraban especialmente atentos a la glorificación del nuevo triunfador de la noche  o, por el contrario, deberían esperar, en  una suerte casi suicida a juzgar por el montante de dinero real hallado en la mesa , a una nueva entrega que supusiera la muerte definitiva y el final esperado por quién se sentía, a cada minuto que pasaba , en el gran triunfador de la velada.

Observando el monto de fichas , alzó su cabeza hacia los frescos del techo  que sobrecargaban la estancia de la misma opulencia con la él había vivido durante años , y tras alzar uno de sus dedos , dio señal para continuar .

Wadlow, se recolocó en la silla de forma presencialmente distinguida e  incluso la chaqueta de su traje  pareció cobrar otro aire tras abrirla de nuevo a efectos de que no estorbase .

Repartidas las nuevas daciones , la suerte parecía echada  a favor del viejo testarudo que , con cada nueva entrega , todas favorables a priori, se emocionaba hasta el punto de no controlar con exactitud cuántas debía tener sobre la mesa y, por ende , cuándo parar.

Wadlow ,impasible , se detuvo en la quinta carta entregada , puesto que al serle señalada la entrega de una sexta , para sorpresa de su erguido anfitrión y contendiente , éste la rechazó. Por más que Aldrich tratase de averiguar su magistral jugada  y tratase de desentrañar las causas de la falta de riesgo de su vecino de juego, el exceso de alcohol en sangre , dificultades para concentrarse y su enorme y evidente malestar no se lo facilitaban .

Cinco cartas frente a las siete suyas  y una jugada que no podía desvelar . El proponente de aquella guerra debía decidir si continuar elevando la apuesta con lo poco que tenía o retirarse , a lo que tras mirar fijamente a los ojos a su vecino , cogió con ambas manos la pequeña montaña de fichas de colores  empujándola hacia el centro de la mesa , rociando aquel paño rojo sangre  , aquel terreno de batalla , de esperanzas coloreadas cubiertas en  pocos segundos por las de a quién le tocaba la vez en esa ocasión.

No sólo suponía una respuesta , sino una declaración de guerra en toda su extensión . El dinero puesto sobre la mesa  de juego por Wadlow, superaba con creces el de Aldrich , de hecho lo doblaba , y frente a aquella inmensidad , a sus manos no las rodeaba sino el aire y el vacío pedazo de tapete que no cubría ni sus expectativas ni sus esperanzas.

Un silencio casi mortuorio se apoderó de la sala . El abundante sudor y la palidez cada vez más manifiesta del dueño de aquellas tierras causaron preocupación en su mayordomo,  de píe en una de las esquinas , pero tratar de ayudarle , delante de sus invitados , sólo hubiese  generado que montase en cólera , por lo que éste optó por esperar.

Mientras  una decisión debía adoptarse , el pomo de la gran puerta de entrada se giraba lentamente entreabriéndola sólo un poco, apenas una rendija en la que ni una mano pequeña pudiese colarse.

Tras la supuesta reflexión vino la locura absoluta y la sorpresa para el resto de los presentes . Una desesperación convertida en raciocinio , hizo que el viejo , alcoholizado y enfermo Aldrich , a voz en grito , ofreciese a su partener aquello que desease y tuviese algún valor para él , el suficiente como para cubrir e incluso incrementar la apuesta.

Apoyando su espalda en la silla  y con un gesto de satisfacción inmenso, la expectación tensaba el aire que los circundaba hasta cargarlo y hacerlo prácticamente irrespirable .

Un rostro , al otro lado de la puerta , que se acercaba cuidadosamente para tratar de escuchar con atención , y el mayordomo que ve la puerta abierta  . Tratando de explicarse la razón , se acercó hasta ella para cerrarla , pero cuando trató de atraerla hacia sí , algo se lo impedía desde el otro lado .

Decidido a abrirla y averiguar qué estaba pasando , trató de empujarla cuando vio su rostro, asustado y suplicante que le rogaba guardase silencio, que no descubriera su presencia y que dejase la puerta cómo la había encontrado.

Sin soltarla  y aun observando a quién la retenía, la imponente voz de  Wadlow se alzó : “ Quiero que cumplas tu palabra  y el pacto que firmaste se lleve a cabo “.

Aquel tenso silencio fue roto por el ruido de la silla  que  propició el cuerpo de un Aldrich más derrotado que nunca . 

El mayordomo , sin soltar el pomo de la puerta , giró su cabeza hacia su señor esperando la respuesta , y bajo la atenta mirada de quién gozaba de ventaja y exigía que , a cambio de poder aprovechar su última posibilidad de vencerle ,  cumpliera el pacto que entre caballeros fue firmado en la Real Sociedad Económica años atrás , un más que ambicioso Aldrich aceptó .

Wadlow, sonriente , le hizo señas para que diese vuelta a su mano , dejándole disfrutar de su espectacular jugada a siete cartas de las que cinco gozaban de un valor insuperable en apariencia . Cuando hubo tocado su turno , una sola carta bastó para girar todas las demás , y ante el hondo suspiro de sorpresa emanado del resto de asistentes , la jugada maestra de las cinco cartas perfectas imperó un triunfo sonado y brutal.

De vuelta su atención sobre quién se encontraba al otro lado de la puerta , un rostro asustado y lloroso de impotencia quedaba paralizado sin poder creer lo que había escuchado .

El servidor abrió la puerta discretamente introduciendo su cabeza  y sin que nadie pudiese escucharle , le instó : ¡ Corre! . Y aquella joven ,  asustada y aún incrédula con lo que había pasado en el salón , abriendo la puerta de la casa hasta lanzarla , corrió en mitad de una sobrevenida tormenta con viento arreciando fuertemente sobre la tierra , arrasando todo lo que tenía a su paso , hacia las caballerizas .  Al fondo de las mismas , el portalón seis protegía a un pertrechado “ Demonio”  , el más hermoso semental de pelaje blanco que se hubiera visto en toda Inglaterra , debidamente ensillado y con sendos bultos  amarrados  fuertemente con correas a ambos lados .

Sin mirar atrás , la asustada  jinete se apresuró a salir a toda prisa de aquellas tierras , de aquella casa que la vio nacer , de todo cuanto conocía , sin intención de detenerse , pensando que la noche y el  mal tiempo borrarían sus huellas , pero sobreviviendo en la memoria de la única persona que la vio marcharse , desde una de las ventanas de la cocina .

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Mañana  del 19 de Abril de 2000.
Londres.
Despacho de la firma de Abogados Spencer , Bowman  y Kendell.

Tras revisar el correo , una carta urgente destaca por encima de todas las demás . Va dirigida a E. Bowman , uno de los socios , y sin saber con exactitud si había llegado ya al despacho , procedió a dirigirse a él con toda la premura de que era capaz , tocó a la puerta con los nudillos y abrió la puerta.

-        Tienes una comunicación urgente que acaba de llegar a primera hora  - le señaló 
mientras se acercaba a su mesa  para entregársela- .

Dejando de hacer aquello que la tenía atareada desde antes del amanecer , se dispuso a abrir el sobre , no sin antes , ver el remitente .

-        ¿Paul Reder , abogado? – se preguntó en voz alta con extrañeza -.

Tras leer el encabezado de la misiva  y su origen , un escalofrío recorrió su cuerpo.  En ella , sin entrar en demasiados detalles , el remitente le rogaba se pusiera en contacto con él en la mayor brevedad posible puesto que sólo estaría en la ciudad hasta la mañana siguiente , a lo que dio orden a su asistente de ponerse en contacto con él en el número facilitado y concordase una cita para ese mismo día , preferiblemente a la hora del almuerzo y en su hotel , lo que no tardó en llevar a cabo.

Con el origen de la comunicación aún en su memoria , trató de centrarse en el trabajo pendiente hasta que llegase la hora de marcharse y dirigirse a su cita programada de improviso.

Llegando al restaurante del hotel a la hora convenida , preguntó en recepción por él , siendo acompañada hasta la mesa donde ya se encontraba esperándola un hombre de pelo cano y altura media pero edad bastante avanzada.
Viéndola llegar , el hombre se puso en píe extendiéndole la mano a fín de estrechársela cortésmente , y sólo cuando ella tomó asiento , él lo hizo a continuación.

Tras encontrarse ambos sentados , un camarero se acercó para tomarles nota del servicio , a lo que el hombre señaló que prefería esperar un poco si ello fuera posible ,  rogándole a ella una respuesta que no tardó en hacer acto de presencia de forma afirmativa.

Encontrándose uno frente a otro, el abogado no tardó en interpelarla .

-        Sé que es una persona ocupada Sra. Bowman , así que procuraré ser lo más breve posible .

Colocándose la servilleta extendida sobre las piernas , ella esperó a que el anciano letrado continuase.

-        He sido el abogado de la familia Aldrich durante los últimos veinte años , y ahora ostento , por desgracia , el dudoso honor de tener que comunicarle el fallecimiento de su padre .

Sin que la noticia causase sorpresa alguna en ella , se limitó, en silencio , a proseguir escuchando .

-        Observo que ello no le causa sorpresa alguna . – Estipuló tratando de disimular su desasosiego.
-        Todo se sabe tarde o temprano, sobre todo cuando  de quién provienen las noticias,  la discreción no fuese precisamente su modus vivendi. – Cogiendo  la copa de agua que tenía justo en frente suya , bebió un pequeño sorbo tranquilizador. – Mi tiempo es lo suficientemente escaso como para perderlo en evidencias que no me son gratas pero que tampoco extraen de mí  muestras de sensiblería gratuita – con su gesto tan correcto como altivo , continuó tratando de centrar la improvisada reunión – así que le estaría muy agradecida si logra resumirme en pocas palabras el verdadero motivo que le impera a reunirse conmigo con esta  premura,   esperando ciertamente que sea algo más consistente que transmitirme una noticia cierta  que muchos , incluida yo misma, esperábamos desde hace bastante tiempo.

El anciano abogado bebió , casi sin mediar respiración alguna , lo que de vino quedaba en su copa volviéndola a llenar visiblemente nervioso , tras lo cual volvió a beber siendo interrumpido en su continuo gesto por la voz de la fémina que lo acompañaba.

-        Observo que mi padre se sabía rodear de cálida comprensión – dijo con  ironía inaudita y doliente -.

El letrado de su padre venía a plantearle cuestiones sumamente delicadas , y dada la actitud nada receptiva de su receptora , tratar de encontrar las palabras adecuadas para transmitirle la información, se le estaba haciendo harto difícil.

-        Está bien Sra. Bowman, usted ha solicitado que sea directo y yo trataré de  hacerlo , pero le advierto que no será fácil hacerle entender esto.
-        Observando y señalándole con los ojos hacia la copa , se permitió  aconsejarle - Quizás si bebe algo más de vino su mente se esclarezca hasta límites insospechados .

Y él alargó la mano hasta la copa , pero justo cuando se disponía a continuar bebiendo , los penetrantes ojos verdes de la mujer parecieron conminarle a no hacerlo, deteniéndose de inmediato.

Recolocándose la ropa y sentándose muy recto en la silla , se dispuso a relatarle  el motivo que lo había traído hasta allí.

-        Sra. Bowman, además de abogado familiar  me ha sido conferida la labor de  albacea testamentaria y en los últimos años también tuve la … digamos desgracia  de ocuparme , en la medida en que su padre me lo permitía , de su contabilidad . – Ella le escuchaba con toda la atención de que era capaz , con sus grandes ojos  verdes abiertos de par en par y guardando silencio sin pestañear apenas – Su padre murió completamente arruinado y cubierto de deudas . Dilapidó el poco dinero que quedaba o hacía vendiendo algunos elementos de la casa y de  las tierras , aquello que no estuviese vinculado como pieza única universal . Las deudas a día de hoy son muy cuantiosas  y … bueno… no sé cómo decirle esto.

Ante la falta de determinación del abogado , ella decidió ayudarle.

-        No pienso aceptar una herencia presunta que pudiera haber  si es lo que le  preocupa.  Elabore los documentos de renuncia si no lo ha hecho ya  y los firmaré encantada para que vuelva a Cumbria.

Pero el rostro del hombre no parecía satisfecho con esa opción.

-        ¿Qué es lo que  me está ocultando Sr. Reder?  - cuestionó inquieta- ¿Qué es  eso que le cuesta tanto decirme?

El abogado miró su copa unos instantes antes de beber su contenido de forma compulsiva , dejándola encima de la mesa de nuevo tras hacerlo, y  sacar su valor de dónde estuviese escondido para continuar relatándole .

-        La mayor deuda de su padre , la condicionada a la casa y a las tierras ,  no es  renunciable . Fue transmitida  mediante documento privado emitido por él  y sólo puede saldarse de dos formas , me temo.

No quería pensarlo . Con una vida aparentemente resuelta o al menos estable , y ahora esto. El último gran acto de su padre .

-        ¿Qué dos formas  son esas ?- le preguntó temerosa de la respuesta -.
-        Recomprando la deuda en el tiempo que estipule su actual  titular o….

Aquel rostro transmitía el temor  propio de alguien que  no era consciente de ante lo que se enfrentaba en realidad , aún así decidió proseguir y finalizar su interlocución.

-        Cumpliendo la vieja promesa que su padre hiciese hace dieciséis años .

Aquel escalofrío que la rondase  se convirtió en frío extremo. Sus aires de prepotencia y seguridad se diluyeron y aquello que creía formaba parte de su peor pasado , volvía a hacer acto de presencia de la peor forma .
Cogiendo la botella de vino del enfriador , se sirvió la copa que para tal menester tenía justo junto a la de agua  . Saltándose todas las normas protocolarias de la distinción y el buen gusto, olvidándose  de dónde se encontraba y que podía ser múltiplemente vista , bebió apurada y ansiosamente aquella copa sin respirar  ni pestañear , dándole igual , en ese instante, lo que pudieran pensar o decir de ella.

Dejando la copa encima del mantel, delante suya y con el rostro de la impotencia por cara , volvió a dirigirse al letrado que la observaba temeroso.

-        ¿Y mi hermana ? ¿Qué pasará con ella si no se cumplen las condiciones ?
-        Me temo que se quedaría desamparada y sin nada .

Visiblemente colérica  y sin terminar de creerse lo que estaba escuchando, no pudo ocultar su nerviosismo al repreguntar.  

-        ¿Cómo que  sin nada ? El fondo fiduciario legado por mi madre a ella …- él  la interrumpió- .
-        Las cantidades no disminuyeron durante los peores momentos de su padre ,sin embargo,  su hermana continúo gastando sin medida ya que lograba sacarle más de la cantidad pactada , pero su padre ….. me temo que también dilapidó lo poco que quedaba de él.   
-        Así qué… - visiblemente afectada , le costaba articular palabra alguna  siendo él ahora quien la ayudaría a terminar - .
-        Su hermana quedaría completamente desprotegida . Usted es  su único recurso familiar  al que poder acudir. – apostilló el buen hombre que parecía asentarse más tranquilo conforme pasaban los minutos sentado en aquella mesa -.

Visiblemente afectada, su mente pareció bloquearse , sin poder pensar en otra cosa que en el tiempo, el trabajo y el esfuerzo que le habían costado llegar hasta dónde había llegado , y tener lo que poseía en este momento de su vida , o en cómo se había conformado  un destino por ella misma  sin ayuda de nadie.

Todo aquello parecía ser la última jarra de agua fría en forma de venganza  por parte de su padre , el cual, al fin y al cabo , había logrado ganar la única partida que siempre creyó perder , la que jugaba con su hija mayor.

Ana Patricia Cruz López
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