LA TEMPESTAD
ULVERSTON (CUMBRIA). UK
Tarde noche del 19 de Abril de 1986.
Tras la fiesta que solía ofrecerse para dar por comenzada la primavera , como
venía siendo tradición desde hacía mucho tiempo, pocos fueron los asistentes que aún quedaban
en la casa. Dos matrimonios cuyas sendas residencias se encontraban vecinas , amigos de la familia
Aldrich desde muy antiguo , y el señor Wadlow , el noble propietario de las
tierras contiguas a las del anfitrión.
Con aquel altivo gusto por la conservación de
las exquisitas tradiciones , llegado el momento , durante el trascurso de
aquella velada, ambos caballeros propusieron
el comienzo de un partida de póker con la que alguno de los presentes pudiera
extraer algún sustancioso beneficio, sabedores ambos, de que finalmente sería
un duelo exclusivamente a cuatro manos , las de ellos .
Sin que el sonido de los viejos relojes de cuco
, antiguas reliquias familiares que decoraban de forma perfecta el pasillo que
llevaba a tal estancia o cada una de las paredes que los rodeaban en
la misma , les dejasen alguna constancia
del pasar de las horas , aquellos dos hombres , conociendo a la perfección cada
gesto o posible manía del otro al cual tenían justo en frente , repartían cada
carta ofrecida por a quién le tocaba darlas.
Con aquel pequeño cartón pintado por ambos
lados colocado boca abajo sobre el nada improvisado tapete de terciopelo color
vino , el presunto receptor lo observaba hasta casi la extenuación ,como si se
encontrase en una suerte de ritual en el
que su objetivo primordial fuese sacar de quicio a su oponente y no desistiese
hasta conseguirlo. Y de esas lides y tácticas varias , el Sr. Aldrich , poseía
ventaja.
Una partida sin límite alguno , porque hablar
con reservas de dinero se concebía descortés y muy grosero entre caballeros .
Aquellos que aceptaban participar , conocían la responsabilidad que se asumía con
ello , y que pese a no tratarse , en principio, de algo más que un juego, lo
cierto es que los aceptantes lo consideraban una suerte de compartición de
honores varios entre los que , por supuesto, la compañía de aquel al que
posiblemente le tocase ser desvalijado en pro de sus principios , era el más valioso de todos . Una compañía
, la de una especie de soldado de fortuna , cuya suerte o mala suerte más bien
, no le quitaba honorabilidad ninguna ni le reprimía la posibilidad de
retirarse de la mesa con la cabeza muy alta .
Sin embargo, la tarde noche había comenzado de
forma extraña para el viejo y voluptuoso Sr. Aldrich. Visiblemente más inquieto que de costumbre ,
se negó a acudir al almuerzo , en su comedor . Extrañamente nervioso , se negó
a salir de su despacho hasta que el
mayordomo le avisase de la cercanía de la fiesta y, por tanto, de la hora
de vestirse para tal ocasión.
No debía presentarse tarde , nadie se lo
perdonaría socialmente si al acceder a la casa , él , como anfitrión, no
estuviese en el vestíbulo para recibirles.
Lejos de destensarse durante la fiesta y de
relajarse durante su interrelación social con los invitados , su carácter
parecía alterarse más por momentos . Su rostro , bañado de sudor de forma
constante , disfrutaba de los continuos pases de su pañuelo de seda blanco que
extraía , conforme avanzaba la velada , sin
cuidado alguno, del bolsillo interior de la chaqueta de su frac. Las copas que
procuraba agenciarse , al principio de champagne y a continuación de las nada sutiles mezclas
que podían encontrarse en las distintas bandejas con las que el servicio se
paseaba por la sala , eran vaciadas tan deprisa como podía durar una exhalación
, otorgando un espectáculo al que pocos de los asistentes estaban acostumbrados
, al menos , proviniendo de su protagonista.
Sin embargo, de entre todos ellos , uno de los
invitados sí podía presumir de haberle visto incluso en peor estado que el que se visualizaba aquella
noche , tanto , como para aseverar haberlo portado de algún que otro club
nocturno de no muy buena reputación
hacia su coche e incluso tener
que cargarlo, con notable dificultad, hasta lograr adentrarlo en su propia casa ,
aquella en la que esa noche se encontraban.
Dado el lamentable estado que presentaba , ante
la propuesta de partida , el Sr. Wadlow,
trató de disuadirle pero todos los intentos resultaron en vano , lo que
no resultaba nada extraño a juzgar por
su harta conocida cabezonería.
Las cartas fueron danzando sobre la mesa con
absoluto virtuosismo . Unas primeras manos afortunadas para el anfitrión ,
hicieron que en éste apareciera un extraño sentido del humor del que no solía
hacer gala , mostrándose distendido en ocasiones con toda clase de comentarios jocosos y
cierta actitud amable . Pero la suerte comenzó a torcerse de pronto , apenas
habiendo comenzado a ser cosa de dos .
Las torres de monedas que tan cuidadosamente
había alzado el viejo Sr. Aldrich, disminuían de volumen casi a más velocidad que con la que
descendían los licores por su garganta o las gotas de sudor por su rostro.
La palidez progresiva y un nerviosismo extremo
, casi psicótico, hacían parecerle tremendamente enfermo , con reacciones nada
propias de alguien cuerdo , y mientras
una nueva carta esperaba ser aceptada , Wadlow no cesaba en su empeño
por continuar observando a su alcoholizado vecino mientras , en su mente, la siguiente jugada
se perfilaba .
El irreverente señor de la casa aceptó la carta
a desdén, pero cuando fue dada la vuelta , la sonrisa ampliada lentamente por
su vecino y el palpitante acercamiento
de una de sus manos a fín de juntar y desvelar su jugada final , le hizo
lanzarse prácticamente sobre la mesa desde su posición , con las manos sobre el
tapete y el rostro húmedo tan cerca como
le fue posible .
Algo no iba bien y lo sabía , pero en su mente
enferma y ambiciosa no cabía perder , no
en esta ocasión.
Girada las cartas , vista la jugada maestra de
quién no fue capaz de ver las señales , Aldrich cayó en pleno sobre su
silla con la senda musicalidad de los
reverberados rumores y cuchicheos de los pocos humanos que les rodeaban y que
se mostraban especialmente atentos a la glorificación del nuevo triunfador de
la noche o, por el contrario, deberían
esperar, en una suerte casi suicida a
juzgar por el montante de dinero real hallado en la mesa , a una nueva entrega
que supusiera la muerte definitiva y el final esperado por quién se sentía, a
cada minuto que pasaba , en el gran triunfador de la velada.
Observando el monto de fichas , alzó su cabeza
hacia los frescos del techo que
sobrecargaban la estancia de la misma opulencia con la él había vivido durante
años , y tras alzar uno de sus dedos , dio señal para continuar .
Wadlow, se recolocó en la silla de forma
presencialmente distinguida e incluso la
chaqueta de su traje pareció cobrar otro
aire tras abrirla de nuevo a efectos de que no estorbase .
Repartidas las nuevas daciones , la suerte
parecía echada a favor del viejo
testarudo que , con cada nueva entrega , todas favorables a priori, se
emocionaba hasta el punto de no controlar con exactitud cuántas debía tener
sobre la mesa y, por ende , cuándo parar.
Wadlow ,impasible , se detuvo en la quinta
carta entregada , puesto que al serle señalada la entrega de una sexta , para
sorpresa de su erguido anfitrión y contendiente , éste la rechazó. Por más que
Aldrich tratase de averiguar su magistral jugada y tratase de desentrañar las causas de la
falta de riesgo de su vecino de juego, el exceso de alcohol en sangre ,
dificultades para concentrarse y su enorme y evidente malestar no se lo
facilitaban .
Cinco cartas frente a las siete suyas y una jugada que no podía desvelar . El
proponente de aquella guerra debía decidir si continuar elevando la apuesta con
lo poco que tenía o retirarse , a lo que tras mirar fijamente a los ojos a su
vecino , cogió con ambas manos la pequeña montaña de fichas de colores empujándola hacia el centro de la mesa ,
rociando aquel paño rojo sangre , aquel
terreno de batalla , de esperanzas coloreadas cubiertas en pocos segundos por las de a quién le tocaba
la vez en esa ocasión.
No sólo suponía una respuesta , sino una
declaración de guerra en toda su extensión . El dinero puesto sobre la
mesa de juego por Wadlow, superaba con
creces el de Aldrich , de hecho lo doblaba , y frente a aquella inmensidad , a
sus manos no las rodeaba sino el aire y el vacío pedazo de tapete que no cubría
ni sus expectativas ni sus esperanzas.
Un silencio casi mortuorio se apoderó de la
sala . El abundante sudor y la palidez cada vez más manifiesta del dueño de
aquellas tierras causaron preocupación en su mayordomo, de píe en una de las esquinas , pero tratar
de ayudarle , delante de sus invitados , sólo hubiese generado que montase en cólera , por lo que
éste optó por esperar.
Mientras
una decisión debía adoptarse , el pomo de la gran puerta de entrada se
giraba lentamente entreabriéndola sólo un poco, apenas una rendija en la que ni
una mano pequeña pudiese colarse.
Tras la supuesta reflexión vino la locura
absoluta y la sorpresa para el resto de los presentes . Una desesperación
convertida en raciocinio , hizo que el viejo , alcoholizado y enfermo Aldrich ,
a voz en grito , ofreciese a su partener aquello que desease y tuviese algún
valor para él , el suficiente como para cubrir e incluso incrementar la
apuesta.
Apoyando su espalda en la silla y con un gesto de satisfacción inmenso, la
expectación tensaba el aire que los circundaba hasta cargarlo y hacerlo
prácticamente irrespirable .
Un rostro , al otro lado de la puerta , que se
acercaba cuidadosamente para tratar de escuchar con atención , y el mayordomo
que ve la puerta abierta . Tratando de
explicarse la razón , se acercó hasta ella para cerrarla , pero cuando trató de
atraerla hacia sí , algo se lo impedía desde el otro lado .
Decidido a abrirla y averiguar qué estaba
pasando , trató de empujarla cuando vio su rostro, asustado y suplicante que le
rogaba guardase silencio, que no descubriera su presencia y que dejase la
puerta cómo la había encontrado.
Sin soltarla
y aun observando a quién la retenía, la imponente voz de Wadlow se alzó : “ Quiero que cumplas tu
palabra y el pacto que firmaste se lleve
a cabo “.
Aquel tenso silencio fue roto por el ruido de
la silla que propició el cuerpo de un Aldrich más
derrotado que nunca .
El mayordomo , sin soltar el pomo de la puerta
, giró su cabeza hacia su señor esperando la respuesta , y bajo la atenta
mirada de quién gozaba de ventaja y exigía que , a cambio de poder aprovechar
su última posibilidad de vencerle , cumpliera
el pacto que entre caballeros fue firmado en la Real Sociedad Económica años
atrás , un más que ambicioso Aldrich aceptó .
Wadlow, sonriente , le hizo señas para que
diese vuelta a su mano , dejándole disfrutar de su espectacular jugada a siete
cartas de las que cinco gozaban de un valor insuperable en apariencia . Cuando
hubo tocado su turno , una sola carta bastó para girar todas las demás , y
ante el hondo suspiro de sorpresa emanado del resto de asistentes , la jugada
maestra de las cinco cartas perfectas imperó un triunfo sonado y brutal.
De vuelta su atención sobre quién se encontraba
al otro lado de la puerta , un rostro asustado y lloroso de impotencia quedaba
paralizado sin poder creer lo que había escuchado .
El servidor abrió la puerta discretamente
introduciendo su cabeza y sin que nadie
pudiese escucharle , le instó : ¡ Corre! . Y aquella joven , asustada y aún incrédula con lo que había
pasado en el salón , abriendo la puerta de la casa hasta lanzarla , corrió en
mitad de una sobrevenida tormenta con viento arreciando fuertemente sobre la
tierra , arrasando todo lo que tenía a su paso , hacia las caballerizas . Al fondo de las mismas , el portalón seis
protegía a un pertrechado “ Demonio” ,
el más hermoso semental de pelaje blanco que se hubiera visto en toda Inglaterra
, debidamente ensillado y con sendos bultos
amarrados fuertemente con correas
a ambos lados .
Sin mirar atrás , la asustada jinete se apresuró a salir a toda prisa de
aquellas tierras , de aquella casa que la vio nacer , de todo cuanto conocía ,
sin intención de detenerse , pensando que la noche y el mal tiempo borrarían sus huellas , pero
sobreviviendo en la memoria de la única persona que la vio marcharse , desde
una de las ventanas de la cocina .
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Mañana
del 19 de Abril de 2000.
Londres.
Despacho de la firma de Abogados Spencer ,
Bowman y Kendell.
Tras revisar el correo , una carta urgente
destaca por encima de todas las demás . Va dirigida a E. Bowman , uno de los
socios , y sin saber con exactitud si había llegado ya al despacho , procedió a
dirigirse a él con toda la premura de que era capaz , tocó a la puerta con los
nudillos y abrió la puerta.
-
Tienes una comunicación urgente que acaba de llegar a primera hora
- le señaló
mientras se acercaba a su mesa para entregársela- .
mientras se acercaba a su mesa para entregársela- .
Dejando de hacer aquello que la tenía atareada
desde antes del amanecer , se dispuso a abrir el sobre , no sin antes , ver el
remitente .
-
¿Paul Reder , abogado? – se preguntó en voz alta con extrañeza -.
Tras leer el encabezado de la misiva y su origen , un escalofrío recorrió su
cuerpo. En ella , sin entrar en
demasiados detalles , el remitente le rogaba se pusiera en contacto con él en
la mayor brevedad posible puesto que sólo estaría en la ciudad hasta la mañana
siguiente , a lo que dio orden a su asistente de ponerse en contacto con él en el
número facilitado y concordase una cita para ese mismo día , preferiblemente a
la hora del almuerzo y en su hotel , lo que no tardó en llevar a cabo.
Con el origen de la comunicación aún en su
memoria , trató de centrarse en el trabajo pendiente hasta que llegase la hora
de marcharse y dirigirse a su cita programada de improviso.
Llegando al restaurante del hotel a la hora
convenida , preguntó en recepción por él , siendo acompañada hasta la mesa
donde ya se encontraba esperándola un hombre de pelo cano y altura media pero
edad bastante avanzada.
Viéndola llegar , el hombre se puso en píe
extendiéndole la mano a fín de estrechársela cortésmente , y sólo cuando ella
tomó asiento , él lo hizo a continuación.
Tras encontrarse ambos sentados , un camarero se
acercó para tomarles nota del servicio , a lo que el hombre señaló que prefería
esperar un poco si ello fuera posible ,
rogándole a ella una respuesta que no tardó en hacer acto de presencia
de forma afirmativa.
Encontrándose uno frente a otro, el abogado no
tardó en interpelarla .
-
Sé que es una persona ocupada Sra. Bowman , así que procuraré ser lo más breve posible .
Colocándose la servilleta extendida sobre las
piernas , ella esperó a que el anciano letrado continuase.
-
He sido el abogado de la familia Aldrich durante los últimos veinte años , y ahora ostento , por
desgracia , el dudoso honor de tener que comunicarle el fallecimiento de su
padre .
Sin que la noticia causase sorpresa alguna en
ella , se limitó, en silencio , a proseguir escuchando .
-
Observo que ello no le causa sorpresa alguna . – Estipuló tratando de disimular su desasosiego.
-
Todo se sabe tarde o temprano, sobre todo cuando de quién provienen las noticias, la discreción no fuese precisamente su modus
vivendi. – Cogiendo la copa de agua que
tenía justo en frente suya , bebió un pequeño sorbo tranquilizador. – Mi tiempo
es lo suficientemente escaso como para perderlo en evidencias que no me son
gratas pero que tampoco extraen de mí
muestras de sensiblería gratuita – con su gesto tan correcto como altivo
, continuó tratando de centrar la improvisada reunión – así que le estaría muy
agradecida si logra resumirme en pocas palabras el verdadero motivo que le
impera a reunirse conmigo con esta premura,
esperando ciertamente que sea algo más
consistente que transmitirme una noticia cierta
que muchos , incluida yo misma, esperábamos desde hace bastante tiempo.
El anciano abogado bebió , casi sin mediar
respiración alguna , lo que de vino quedaba en su copa volviéndola a llenar
visiblemente nervioso , tras lo cual volvió a beber siendo interrumpido en su
continuo gesto por la voz de la fémina que lo acompañaba.
-
Observo que mi padre se sabía rodear de cálida comprensión – dijo con ironía inaudita y doliente -.
El letrado de su padre venía a plantearle
cuestiones sumamente delicadas , y dada la actitud nada receptiva de su
receptora , tratar de encontrar las palabras adecuadas para transmitirle la
información, se le estaba haciendo harto difícil.
-
Está bien Sra. Bowman, usted ha solicitado que sea directo y yo trataré de hacerlo , pero le advierto que no será fácil
hacerle entender esto.
-
Observando y señalándole con los ojos hacia la copa , se permitió aconsejarle - Quizás si bebe algo más de vino
su mente se esclarezca hasta límites insospechados .
Y él alargó la mano hasta la copa , pero justo
cuando se disponía a continuar bebiendo , los penetrantes ojos verdes de la
mujer parecieron conminarle a no hacerlo, deteniéndose de inmediato.
Recolocándose la ropa y sentándose muy recto en
la silla , se dispuso a relatarle el
motivo que lo había traído hasta allí.
-
Sra. Bowman, además de abogado familiar me ha sido conferida la labor de albacea testamentaria y en los últimos años
también tuve la … digamos desgracia de
ocuparme , en la medida en que su padre me lo permitía , de su contabilidad . –
Ella le escuchaba con toda la atención de que era capaz , con sus grandes
ojos verdes abiertos de par en par y
guardando silencio sin pestañear apenas – Su padre murió completamente
arruinado y cubierto de deudas . Dilapidó el poco dinero que quedaba o hacía
vendiendo algunos elementos de la casa y de
las tierras , aquello que no estuviese vinculado como pieza única
universal . Las deudas a día de hoy son muy cuantiosas y … bueno… no sé cómo decirle esto.
Ante la falta de determinación del abogado ,
ella decidió ayudarle.
-
No pienso aceptar una herencia presunta que pudiera haber si
es lo que le preocupa. Elabore los documentos de renuncia si no lo ha
hecho ya y los firmaré encantada para que
vuelva a Cumbria.
Pero el rostro del hombre no parecía satisfecho
con esa opción.
-
¿Qué es lo que me
está ocultando Sr. Reder? - cuestionó inquieta- ¿Qué es eso que le cuesta tanto decirme?
El abogado miró su copa unos instantes antes de
beber su contenido de forma compulsiva , dejándola encima de la mesa de nuevo
tras hacerlo, y sacar su valor de dónde
estuviese escondido para continuar relatándole .
-
La mayor deuda de su padre , la condicionada a la casa y a las tierras ,
no es renunciable . Fue transmitida mediante documento privado emitido por él y sólo puede saldarse de dos formas , me temo.
No quería pensarlo . Con una vida aparentemente
resuelta o al menos estable , y ahora esto. El último gran acto de su padre .
-
¿Qué dos formas son
esas ?- le preguntó temerosa de la respuesta -.
-
Recomprando la deuda en el tiempo que estipule su actual
titular o….
Aquel rostro transmitía el temor propio de alguien que no era consciente de ante lo que se
enfrentaba en realidad , aún así decidió proseguir y finalizar su interlocución.
-
Cumpliendo la vieja promesa que su padre hiciese hace dieciséis años .
Aquel escalofrío que la rondase se convirtió en frío extremo. Sus aires de
prepotencia y seguridad se diluyeron y aquello que creía formaba parte de su
peor pasado , volvía a hacer acto de presencia de la peor forma .
Cogiendo la botella de vino del enfriador , se
sirvió la copa que para tal menester tenía justo junto a la de agua . Saltándose todas las normas protocolarias de
la distinción y el buen gusto, olvidándose
de dónde se encontraba y que podía ser múltiplemente vista , bebió
apurada y ansiosamente aquella copa sin respirar ni pestañear , dándole igual , en ese
instante, lo que pudieran pensar o decir de ella.
Dejando la copa encima del mantel, delante suya
y con el rostro de la impotencia por cara , volvió a dirigirse al letrado que
la observaba temeroso.
-
¿Y mi hermana ? ¿Qué pasará con ella si no se cumplen las condiciones ?
-
Me temo que se quedaría desamparada y sin nada .
Visiblemente colérica y sin terminar de creerse lo que estaba escuchando, no pudo ocultar su nerviosismo al repreguntar.
-
¿Cómo que sin nada ?
El fondo fiduciario legado por mi madre a ella …- él la interrumpió- .
-
Las cantidades no disminuyeron durante los peores momentos de su padre ,sin embargo, su hermana continúo
gastando sin medida ya que lograba sacarle más de la cantidad pactada , pero su
padre ….. me temo que también dilapidó lo poco que quedaba de él.
-
Así qué… - visiblemente afectada , le costaba articular palabra alguna
siendo él ahora quien la ayudaría a terminar - .
-
Su hermana quedaría completamente desprotegida . Usted es su único recurso familiar al que poder acudir. – apostilló el buen
hombre que parecía asentarse más tranquilo conforme pasaban los minutos sentado
en aquella mesa -.
Visiblemente afectada, su mente pareció
bloquearse , sin poder pensar en otra cosa que en el tiempo, el trabajo y el
esfuerzo que le habían costado llegar hasta dónde había llegado , y tener lo
que poseía en este momento de su vida , o en cómo se había conformado un destino por ella misma sin ayuda de nadie.
Todo aquello parecía ser la última jarra de
agua fría en forma de venganza por parte
de su padre , el cual, al fin y al cabo , había logrado ganar la única partida
que siempre creyó perder , la que jugaba con su hija mayor.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados

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