LA
TEMPESTAD
Podía sentir , a través de su
mano , como su respiración parecía irse calmando conforme sus ojos
se centraban en los suyos.
La palidez de su piel iba
desapareciendo y su tonalidad habitual comenzaba a hacer acto de aparición.
Aquella mano femenina ,
aferrada a la suya , no cesó de apretarle con confianza , como el ahogado cuando encuentra
un salvavidas .
No era la primera vez que la
veía así . Aprender a calmarla , sólo se
trató de una cuestión de tiempo.
La última vez , ella acababa de cumplir los quince años , de
hecho , los cumplía ese mismo día . Su madre había estado organizando durante
toda la semana una fiesta sorpresa con
la que agasajarla ayudada por la vieja cocinera y dos damas de servicio .
Convertido en un acto social , las invitaciones , precisas , se cursaron a mano
y fueron llevadas a los respectivos domicilios personalmente consiguiéndose
la afluencia de personas que se esperaba desde un principio.
Ante aquella avalancha de
personas en su casa , el viejo Aldrich , antes de que el exceso de alcohol
comenzase a hacer mella en él , aprovechó la circunstancia para concretar algunas operaciones de negocios y
cerrar promesas de acuerdos ante la reiterada actitud de desaprobación de
su esposa .
Quince años . En
un ambiente quizás menos tradicional , más urbanita y moderno , menos clasista
, ese número , esa edad , podían suponerlo todo , algo de libertad cuando menos
. Para ella , sólo suponía cambiar hasta las formas de vestirse o actuar en
público, siempre medidas, pero a las que
ahora había que asociar con una observación continua por quiénes la rodeaban.
Sin olvidar su lado más
salvaje e infantil que aún conservaba a buen recaudo y que procuraba exteriorizar en ciertas
ocasiones , jugando con los hijos de matrimonios amigos , en mitad de
una carrera , alguien se atravesó en su camino derramándole el contenido de su
copa en la falda del vestido destinado a
aquella noche .
Preocupada , en principio
, por la visibilidad de la mancha y el
consiguiente enfado de su madre en caso de descubrirla , lo subsiguiente era
descubrir el verdadero motivo instigador
de tal accidente no siendo otro que el
viejo Wadlow. Se sintió tan minúscula a su lado , tan insignificante ante aquella
mirada penetrante , de satisfacción por
haber tenido , al menos , el roce de
aquel cuerpo joven que tanto deseaba.
Presuntamente galante , se
ofreció de inmediato a repararle el desagravio de la mancha con un pañuelo que
extraía del bolsillo interior de la chaqueta , pero al tratar de acercar su
mano , ella huyó hacia detrás unos pasos
dándose la vuelta sin pensarlo y dirigiéndose , escaleras arriba , hacia
su dormitorio a toda prisa .
Adentrándose en él con la
mayor celeridad posible , buscó en su armario
un vestido de repuesto que pudiera usar
para lo que restaba de noche . Con
las prisas y el apuro por bajar lo antes posible , sólo se percató de
que no se encontraba sola en el dormitorio
cuando oyó una llave pasar dos vueltas .
Sin visibilidad alguna por la
puerta del armario que se encontraba abierta , trató de recordar , mientras los
nudos se formaban en su garganta , cómo había entrado en la estancia .
Las prisas y la ansiedad por
cambiarse hicieron que el empujón otorgado a la puerta no llevase aparejado el
suficiente impulso como para cerrarla y aquellos pasos , firmes , pesados …
Su cuerpo comenzó a
enfriarse sin que quisiese tocar aquella madera que le servía de escudo
improvisado , pero el sonido insistente de aquellos pies que se acercaban
despacio y amenazadoramente la hicieron encontrarse mal allí , de píe , sin
capacidad para moverse y mucho menos para huir.
Una mano se le atravesó
delante suya cerrando el portalón del
mueble. Una mano que ella vio bien , con el puño abotonado y asegurado con el
gemelo de oro con su inicial en relieve.
Una garganta que se cerraba
por momentos y aquel brazo que en cualquier momento quedaría libre de su
encomienda , listo para asumir la nueva ,
aquella en la que se sentía implicada.
Un cuerpo paralizado , consciente de su soledad allí dentro y de
que en la planta inferior de la casa ,
en el gran salón, con el gentío , los ruidos y la música , nadie la echaría
en falta .
Un cuerpo alto y de aspecto
serio que sentía un enorme placer sólo por mirarla en aquel estado, sola e
indefensa , sin escapatoria . Un hombre que por fin lograba tenerla dónde
quería aunque no cómo deseaba , aún.
Paralizada , buscando entre
sus vestidos un punto fijo donde abstraerse , una sombra alargada aparecía
justo delante suya , reflejo del cuerpo ansioso que tenía detrás .
Era incapaz de sentir
nada y en parte lo prefirió así . La
tensión , cortante y desagradable , provocó que apenas se diese cuenta hasta que fuera demasiado tarde de como aquel
tacto , para ella rugoso pese a la suavidad de la mano , se hacía con la piel
de su cuello sin que pudiese hacer nada
por evitarlo .
Que la cremallera del vestido
comenzase a descender lentamente por su espalda y ella pudiese sentir todo su
fatal recorrido hasta donde culminaba ,
en la cintura , terminó desarmándola .
Sentía muchísimas ganas de llorar
por la impotencia , por su incapacidad para reaccionar y detenerle , de huir de
aquel lugar , bajar corriendo las escaleras
y gritar a los cuatro vientos qué clase de hombre era ese que tanto
admiraban todos , pero no podía , nunca pudo , ni cuando la tocaba de forma
disimulada delante de todos para hacerse
notar y que el mundo supiera de quién era propiedad y cuál su último capricho .
Con las manos del viejo Wadlow
en sus hombros , dispuesto a culminar su obra y desnudarla , la joven Emma cerró sus ojos queriendo que todo aquello sólo fuese un mal
sueño , un deseo culminado , tal vez, al menos en parte , por quién interrumpió
oportunamente aquella escena abriendo la
puerta de forma brusca.
Con apenas veinticinco años y
el cuerpo de un hombre de casi cuarenta , a Richard le bastó quedarse donde
mismo se encontraba . Ella no podía abrir los ojos , pero la curiosidad , al
sentir que el viejo Wadlow se detenía
con severo respeto y le retiraba las manos del cuerpo , la provocó el hacerlo
y dirigir sus ojos hacia su salvación.
Aquellos dos hombres sólo se
miraron. No hubieron amonestaciones ni
reprimendas , no hubieron palabras mal sonantes ni voces en grito recordando la
posición de cada uno , sólo la rabia contenida y más que evidente del
joven y la ácida sensación de Wadlow de
haber sido vencido , un rostro , por
otra parte , completamente impagable .
Éste se limitó a echar un
último vistazo a su mercancía más preciada antes de partir hacia el salón quedando ambos jóvenes solos en el dormitorio
. Con el traje desvencijado , Emma cayó
a plomo al suelo sobre sus rodillas
siendo recogida por su salvador antes de que su cabeza chocase con la madera que
los sostenía bajo sus pies .
Igual de sudorosa , con su
piel helada como ahora , con la mirada perdida en busca de un auxilio que
inexplicablemente parecía no llegar nunca , débil y sin voluntad , aquel cuerpo recordaba al de las
muñecas de trapo , casi sin vida ni reacción pero cuya respiración comenzaba a
entrecortarse tras una profunda y
retenida aspiración.
Pronto comenzó a hiperventilar
, a faltarle el aire , a actuar como alguien que se ahogaba .
En sus brazos , estrechada fuertemente contra su pecho ,
Richard comenzó a mecerla mientras acercaba
su boca a uno de sus oídos y le susurraba tratando de calmarla : “ Tranquila mi ángel , ya estás en casa ,
estás conmigo . Tranquila “.
Una y otra vez , aquellas
palabras , casi musicalmente proferidas
, de forma continua , fueron surtiendo efecto al ir recuperando poco a
poco la tranquilidad mientras el sudor y la palidez iban desapareciendo .
Hoy hace más de quince años ,
en aquella misma habitación, justo frente a donde se encontraban ambos ahora , Wadlow dejaba en aquella fina
, blanca y delicada piel una huella difícil de borrar . Una imagen nada
recurrente con la que continuó despertándose noche tras noche durante años
. Un recuerdo actualizado , posiblemente , a través del que ahora
ocupaba su lugar , en otro ambiente , en su propio terreno , donde ella no pudiese defenderse o calmar su ansiedad .
Él ahora , como entonces
hiciera , la retuvo en su regazo para que todo volviese a fluir con normalidad
, para que se olvidase lo más pronto posible de aquello que la atoraba y le
impedía reaccionar , de aquello que
tanto daño le hacía y hoy , como entonces , aquel flácido cuerpo , cerca del suyo , fue recuperando el brío y el
color . El sudor dejaba paso a la tersura de su piel y la flacidez , progresivamente , fue desapareciendo pero , por encima de todo, aquellos ojos en
los que Richard se adentrara ya una vez
, en las caballerizas , temerosos , huidizos ,
los recuperaba aunque sólo fuera por un instante y , tal y como
sucediera en aquel entonces , volvía a sentirlos suyos exclusivamente .
La mujer fuerte y de carácter
que siempre demostró ser, quedó relegada a un segundo plano en pos de aquella
indefensa pequeña que , desde siempre , buscase
a su ángel protector para que la
reconfortase. Un gesto inocente que le hizo asumir a él un papel que no le era permitido en público y que más
de una reprimenda , por parte de su madre , le trajo .
Para Richard , llegó a
resultar imposible concebir la idea de no verla , de no estar con ella aunque
fuese cinco minutos al día , de no escuchar su risa o sentirla cerca .
Lo que había comenzado como
una casualidad pasó a ser su vida y ,
por ende , la de ella , aunque nunca fuese realmente consciente de a dónde
estaba llevando a aquel a quién recurría
.
Teniéndola de nuevo allí, en
su regazo, sus labios entre abiertos resultaban todo lo que siempre había deseado.
Imaginados mil veces, suaves y templados
respondiendo a cada muestra de los suyos ,
su cabeza y raciocinio luchaban en ese preciso instante contra sus
instintos y la sinrazón de lo que sentía .
Ambos eran personas adultas .
La leyenda negra de la menor y de lo que
podría hacerle la policía británica llegado el caso , gobernó su conciencia y
retuvo sus instintos hasta cotas casi
dolorosas .
Adultos, solos , en el dormitorio de ella y pese a todo, sólo él parecía un ser libre .
Libre por fin para expresar sus sentimientos hacia ella a través de sus ojos ,
lo que deseaba y había querido siempre , para ofrecerle aquello que nunca había dejado de anhelar y sabía que merecía , mientras que los
de ella , sólo por un instante , no parecieron corresponder . Algo la apresaba
en su interior pese a lo que en principio parecía y sólo entonces , él se acordó de su esposo fallecido
, aquella figura desconocida a la que no podía poner cara , de la que no sabía
ni su nombre y del que sólo le resultaba
familiar esa reacción perdida de la mala noticia recibida.
¿Cuántas preguntas pueden sobrevolar la cabeza de un ser humano antes
de decidir que dejarse llevar por sus
instintos es lo más razonable como asunción de la palabra riesgo ?
Riesgo , el que le llevó a
acercársela , cogida con ambos brazos ,
mientras su rostro se dibujaba cada vez con más nitidez . Riesgo el sentir el calor emanado de su boca y que la sensación de vida auténtica le
cruzase medio cuerpo .
Una sensación de inmensa vida
y felicidad que sólo duraría un instante y aun así no le importaba porque nadie
en este mundo podría quitarle lo ya vivido entonces. Él la sentía suya de esa
forma y sólo bastaba ese ínfimo detalle para
ser feliz y lo era , y no tendría que
justificarlo ni explicárselo a nadie. Sería su primer y quizás su último
recuerdo feliz con ella siendo adultos , habiendo dejado atrás los momentos de
niñez enrevesada y difícil adolescencia .
Un interior que copaba sus
deseos haciéndole prevalecerlos ante la cabeza y lo razonable o conveniente ,
el mismo que no encontrando resistencia en ella , le hizo acercar su rostro y
su boca en demasía hacia quién nunca
había dejado de amar en el más público de los deseos , bajo intenciones veladas y reacciones de disimulo
, harto quizás de tener que pensar , de no ser él mismo con ella .
La inesperada reacción de Emma , entregada ,
correspondiéndole en el acercamiento ,
hizo que nada más existiera y nada
hubiera que pensarse , que ambos labios apenas quedasen separados por una
finísima capa de invisibilidad y en el que las
cálidas respiraciones de cada uno
erizasen
la piel hasta que todo terminase
con la calidez del beso más deseado , aquel que siempre quiso darle antes de
que se marchase , en cada ocasión en que permanecían solos , en cada momento de asueto y lectura en los
aledaños de la casa.
Correspondido sobre manera ,
aunque sólo fuera apenas cuestión de segundos , aquel cuerpo grande acabó
debilitándose , rindiéndose mientras su
boca la acaparaba por completo , mientras trataba de robarle vida a través de
su aliento , mientras sus manos recogían
con cuidado exquisito ambos lados de su cara y sus ojos se abrían tratando de
comprobar , una y otra vez , que era real y que aquello estaba sucediendo. Tan
real todo lo que le rodeaba como la
verdad que le hizo detenerse sin explicación aparente.
Alzó su cabeza hacia el techo
sin soltar su rostro de entre las manos , apretándola fuertemente contra su
pecho , apretando su mandíbula hasta casi hacerla crujir.
-
¡Dios, lo siento! .- afirmó lamentándose de
algo que sólo él sabía -
¿ Qué diablos estoy haciendo?
Aun ligeramente aturdida ,
Emma no podía llegar a comprender qué estaba pasando por su cabeza pero sí
pudo sentir su rabia a través de un cuerpo, tembloroso y tenso, sobresaltando
las venas de los lugares visibles .
Sin recibir explicaciones ni saber cuál había sido su error , Richard
se alejó de ella saliendo de su habitación a toda prisa y con una dirección fija , las caballerizas .
Necesitaba saber qué había pasado exactamente
en aquella casa y sólo quién la
hubo acompañado podía responderle .
Empujando una de las alas de la gran puerta , no hizo
falta que llamase a su primo para que éste , en la parte habilitada a hogar ,
le escuchase y se asomase . Viéndole notablemente enfurecido , se dispuso ,
preocupado , a bajar por las escaleras y a reunirse con él.
-
¿Cómo se encuentra? – le preguntó preocupado
Thomas -.
Poseído por mil demonios ,
aquel hombre , nervioso en su
inmensidad , no podía detenerse caminando
sin sentido ni punto fijo de referencia mientras
estuvo allí.
-
¿Qué fue lo que sucedió en esa maldita casa
Thomas ?
Visiblemente alterado pero
distinto a como Thomas le recordaba , comenzó a entender que había algo más
escondido en todo aquello y que él sólo parecía perfilar la parte que conocía ,
la más superficial. El rostro de su primo , fuera de sí , su actitud , nerviosa
y poco condescendiente a admitir errores o lo que él pudiese considerar como
tales , provocó en el más joven de los dos
ostentar una sobredosis de paciencia y talante .
-
Nada que yo viera fuera de lo corriente . La
estuvo presentando a gente y …
Inquieto , aquel “y”
suspensivo hizo que se revolviera sobre sí mismo y esperase , mirándole a la
cara , lo que habría de cerrar la frase.
-
Vale, los perdí pero fue …- antes de que
pudiera proseguir , las aguerridas manos de su primo , se aferraron a la
camiseta de llevaba puesta hasta
zarandearlo . - … ¡fue un segundo sólo , sólo eso Richard ! Y te aseguro que no
por culpa mía .
Lo soltó esperando se
explicase.
-
Ya tuve oportunidad de conocer a “la bomba de relojería “ la cual , por
cierto , no se contuvo nada en “elogiar a su hermana” delante de alguien que no conocía .
-
¿Alice estuvo allí también ? – preguntó
extrañado - .
-
Me temo que en toda su gloria . Sí , estuvo
y juraría que no le atrae nada ser
discreta precisamente . - Le respondió
un Thomas muy seguro de sí mismo -
-
Dices que la perdiste durante un instante ¿por su culpa ?- volvió a insistir mientras
su cabeza daba vueltas a la misma idea una y otra vez .-
Comenzando a preocuparse dado
el grado de conocimiento sobre aquella joven que su primo parecía
manifestar, éste trató de desviar la
atención hacia otro punto.
-
Richard , ese hombre …
Parecía apesadumbrado dentro de su autoconvencimiento de que
aquello no podía estar ocurriendo. Un Wadlow la trajo hasta él y otro se la
acabaría arrebatando si todo cuanto veía a su alrededor se perdía , pensó para
sus adentros tras echar una mirada detallada hacia todo .
-
Yo hace mucho tiempo que me alejé de todo
esto -
le dijo tratando de consolarle -
pero en el poco tiempo que llevo aquí, observándote , he comprobado que hay
cosas que no cambian. Ya hablabas de
ellos con tu madre y realmente nunca
entendí aquella disposición de ella a perdonar
la actitud de él en contraposición a la tuya . Te oía hablar a ti , contándome
sus depravaciones y el tipo de persona
que era y ahora … Éste … El mismo maldito perro inglés con un collar
similar , aunque desde luego , no sé
cómo sería el anterior pero éste sabe lo que se hace .
Extrañado por tal aseveración
, se giró bruscamente reclamándole una
explicación.
-
¿Qué ha pasado en esa casa Thomas ?
-
Dímelo tú primo , respóndete porque
de su reacción , porque de su palidez apenas salir de la casa . Tú no la
viste , ni a él . Ese tipo sabe lo que se hace , con sus buenas maneras y sus
palabrería fácil y acomodada , pero cuando estuvieron bailando … Su forma de
mirarla , de tenerla entre sus brazos … - Encendido de nuevo por momentos ,
Thomas se dio cuenta de que aquello
afectaba a aquel hombre más de lo que hubiera imaginado -
Recuerdo una vez , en la cocina ,
que ambos estábamos merendando y tu madre te vio preocupado . Ya sabía por
aquel entonces la causa de esas preocupaciones y te dijo una gran verdad que no he olvidado
nunca : “ sólo si no la amas de verdad , si no eres capaz de luchar hasta el
final por ella y por lo que sientes , déjala volar “. – Con los ojos hinchados y llorosos , Richard
miró fijamente a un Thomas al que le corazón dio un estrepitoso vuelco al darse
cuenta de la enorme debilidad del capataz. -
¡Dios ! ¡La amas en serio , después de tantos años!
-
Jamás pude tenerla , ni decírselo . Nunca tuve
la oportunidad - visiblemente hundido ,
sólo quién le conociera bien podría
darse cuenta de aquello por lo que continuaba pasando pese a los años
transcurridos y la distancia . – Y ahora que ha vuelto … ese maldito apellido
vuelve a interponerse .
Arrancando abruptamente del
lugar , con una dirección fija sólo conocida en su cabeza , Thomas trató de
detenerle dado su estado de ofuscación,
pero fue imposible .
A tres horas de allí, lejos de aquel lugar , el
ruido iba desapareciendo para dejar paso a la tranquilidad nada efímera que
solía campar a sus anchas en aquella otra casa . Los invitados habían terminado de marcharse y todo se disponía a ser recogido . Para William, la paz tan deseada , su glorificada compañera ,
volvía a su mundo y a la soledad de
aquellas enormes y solitarias paredes de piedra
cuyo frío no le resultaba nada ajeno .
Sólo cuando el silencio comenzó su propio paseo , aquel recorrido
innato por cada espacio de aquel núcleo
habitable , miró su reloj y decidió que era hora de salir de su despacho y
dirigirse hacia su dormitorio pero antes , una parada por la biblioteca para
escoger algún nuevo ejemplar que no hubiera leído más de dos veces y
acompañarlo con una suntuosa copa de
brandy.
Con la chaqueta a cuestas
entró en la estancia tras abrir las puertas
y dejar que el olor acumulado a todo aquel saber le traspasase los poros
. Depositándola en el espaldar de una de
las sillas , mientras revisaba una de las librerías , se remangó las mangas , una tras otra , y se
desabrochó dos de los botones de la camisa a efectos de encontrar una comodidad
simplemente distinta.
Con el ruido aún en su cabeza
, con el murmullo reiterativo que aún pervivía tras ella marcharse , con el
recuerdo de su fragilidad en la terraza y sentirla tan cercana durante el vals
, rozando la cubierta del libro escogido , notó la presencia de alguien más en
esa misma habitación, alguien silencioso y suficientemente hábil como para
saber ocultarse y no ser escuchado ni en su respirar .
Apenas una ligera visión por
el rabillo del ojo le fue suficiente a
William para saber de quién se trataba . Aquellas botas , sucias de barro , el largo abrigo oscuro hecho trizas en las costuras , aquella particular
forma de sentarse , desgarbado pero imponente dada la envergadura del
individuo…
Dejando cuidadosamente el
libro de nuevo en su lugar , con la copa de licor en la mano , sonrió ante una no tan inesperada visita .
-
Ya había olvidado que conocías esta casa mejor
que yo mismo . – Le espetó William sin dignarse a mirarle -.
No se inmutó . Parecía que en
el fondo le estuviera esperando y Richard no le hubiera defraudado . Sin moverse ni un ápice del sillón en el cual
se encontraba sentado , con los reposabrazos ocupados por el apoyo de sus manos
, un altivo Richard esperaba el momento oportuno .
-
Así que no te preguntaré cómo has logrado
evitar al servicio . Casi seguro que te
han ayudado incluso a permanecer oculto hasta que la gente se ha marchado ¿o me
equivoco?
Aquel pesado silencio no menguaba la tensión que el propietario
sentía proveniente del intruso . Sabía perfectamente qué le motivó a
presentarse y sin embargo , como ya
venía siendo costumbre en él , se limitó a tantear.
-
Y por lo que veo , no me equivoco al pensar que
ésta dista de ser una visita amistosa .
– Apuró de un solo trago la copa dispuesto a servirse otra - .
-
Tú sabes bien a qué he venido .
Y su voz retumbó en toda la
sala , entre aquellas paredes . Incorporándose para ser visto tal y como el otro requería y la
circunstancia exigía , un más que enfadado y serio Richard se le interponía
delante , junto al mueble bar, aceptándole al anfitrión la copa que le ofrecía.
-
Ella , siempre ella . El único motivo por el
que padre te echó de esta casa . Nunca
me atreví a preguntarle que le motivó a hacerlo , no es que me lo haya preguntado a menudo tampoco
, pero conociéndole y sabiendo cómo eras y eres , juraría que el enfrentamiento
debió ser glorioso.
Mostrándose altivo y orgulloso , como no podía ser de otra forma , tras
volver a apurar de nuevo esa segunda copa , una tercera fue servida como forma de tratar
de disimular los nervios a flor de piel
que evitaba aflorasen.
-
Y pensar que todo esto – señalando con la mano
ocupada hacia todo lo que les rodeaba – podía haber sido tuyo… Hermano.
Aquella pausa dramática antes
de mencionar, con su más característica
altivez y desprecio absoluto sólo como él sabía evidenciarlo , la palabra que en cierta forma les unía ,
hizo que sus peores recuerdos en aquella casa , con el viejo Wadlow fuera de
ella e incluso con el propio William le
vinieran de regreso , aunque en realidad jamás los hubiera olvidado .Apenas
comenzaba a rondar por la casa cuando regresaba de la escuela y los rumores se habían expandido como la
pólvora .
Su madre , una mujer
trabajadora que jamás había dejado sus labores ni aún encontrándose enferma ,
faltaba inexorablemente algunos días por
indisposición . La Sra . Aldrich , consciente de todo , trató de disimular tal
estado redistribuyendo las tareas entre el resto del personal asignado a las
cocinas e incluso realizando algunas ella misma
a escondidas de su esposo y de
las miradas indiscretas de quiénes pudiesen hacer preguntas .
Rezando a lo más sagrado para
que durante ese tiempo a su marido no
le diese por improvisar ningún tipo de reunión social , tras dos intentos
fallidos en los que ella hubo de inventarse unas fiebres que la tendrían en
cama sin poder presentarse , cuando la
buena mujer se encontró en disposición de regresar todo volvió a la normalidad
, hasta que el embarazo comenzó a notarse.
Las magulladuras , los
golpes , las heridas internas e incluso las del alma podían cicatrizar y
desaparecer , pero aquel fruto engendrado a la fuerza y con violencia inaudita
, aquel ser que más tarde o temprano vería la luz del día , debía tener una
historia detrás , algo que disimulase la vergüenza del hecho que lo provocó y del que no podría
haber culpable dadas las circunstancias.
Cuando Richard contó con conocimiento suficiente ,
su madre optó por hacer caso del buen consejo de la señora de la casa y
contarle todo a su hijo, su verdadera ascendencia y lo qué había sucedido . Lejos
de ocasionarle un daño irreparable ,
Richard debía aprender a defenderse de aquellos maledicentes que sólo
versaban mentiras sobre ella , de los que habían expandido por la ciudad que
durante años había sido la “querida oculta” del viejo Wadlow y que
posiblemente su hijo lo fuera de él.
El niño fue creciendo y su
madre decidió apartarlo durante la temporada escolar , enviarlo con unos
familiares , hasta que hizo falta que dejase la escuela y volviese para echar
una mano en la finca . Jornadas estivales donde un Wadlow , consciente de que aquel joven aguerrido era hijo suyo ,
lo reclamaba utilizando al vecino Aldrich como intermediario con su madre ,
permitiéndole ,ésta, sin remedio , que debiera acudir e incluso quedarse.
Nunca lo reconoció
oficialmente pero sí le admiraba como el
hijo que siempre quiso tener en realidad y no el enfermizo de William,
debilucho y sin talante para maniobrar
en el campo y sus tareas , apartado de todo aquello por su propia madre que veía como un bastardo hijo de una
cocinera ocupaba el lugar y el amor que
le correspondían a su hijo legítimo, hasta que él , quién lo engendrara, se fijó en quién no
debía , en ella, y él tuviera suficiente conciencia para ver venir sus
intenciones .
Sabedor de toda la historia
por su propia madre , William jamás asumió la verdadera identidad consanguínea
de alguien que a su entender no la merecía , de alguien que jamás estaría a la
altura ni llevaría el apellido que a él
tanto le estaba costando elevar y mantener a la altura de cómo se debía y al que nunca consideraría como tal hermano . La
persona que podría arrebatárselo todo llegado el caso .
-
Sólo te lo diré una vez William, déjala en paz.
No era la primera vez que le
provocaba . William le conocía tanto como Richard le conocía a él y ambos adoraban atacar los puntos flacos del
contrario.
-
Con una cocinera … Años visitando prostitutas
de todas las esferas sociales posibles y resulta que la que mayor satisfacción
le produjo le salió gratis.
Cogiéndole por el cuello de la
camisa , Richard le zarandeó hasta hacer
caer la copa al suelo, notando éste sus resoplidos en plena cara.
-
¡Jamás te atrevas a hablar así de ella ! ¡No
eres suficiente hombre para tan siquiera pensar ni mentarla !
William le cogió las manos
fuertemente y de la misma forma irónica
y grandilocuente con la que se había dirigido desde que entró , esta vez
fue él quien tiró de Richard para que le
oyese y le mirase mientras hablaba.
-
¿Y con la Aldrich ? ¿Crees que podré ser
suficiente hombre con ella o eso es algo que ni siquiera te cuestionas ?
Richard trató de soltarlo sin
conseguirlo mientras la rabia se lo comía por dentro .
-
Claro , ya la dejaste escapar una vez y no fuiste
suficiente hombre para decirle nada .
Un nuevo intento por
separarse caía en saco roto .
-
¿Un vulgar capataz , un irlandés de campo sin
estudios ni posición con una Aldrich? Sigue soñando irlandés.
Liberado por fin de las
ataduras del Wadlow , alejado de él, en la
puerta , dispuesto a marcharse antes de cometer una auténtica locura, necesitó
detenerse y decirle algo más .
-
Jamás , escúchame bien William, jamás conseguirás
que Emma sea tuya ni yo lo permitiré ,
es más , espero sepas rezar a tu maldito dios sea cual sea éste si me entero que le pones un solo dedo encima .
– Bajó la cabeza riéndose sarcásticamente
- Qué razón tenía ella al suponerte
diferente a ese que tú llamas padre . Es cierto , no eres idéntico a él porque a él no le llegas a la altura , ni de en sus maneras , ni en su forma de hacer las cosas
ni sus pretensiones . Eres peor que él en aquello en lo que a él le hacía
insuperable . Si tu madre pudiese levantarse de la tumba y ver en lo que te has convertido …
Dándole la espalda se dirigió hacia la salida con la única intención de regresar a su casa
bajo la atenta mirada de las estrellas y la madre luna viajera que tanto le
consoló siendo niño .
ANA PATRICIA CRUZ LÓPEZ
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