A la mañana siguiente la luz se colaba tímidamente por mi
ventana, pero algo a mi lado impedía que me llegase a molestar. Lo que en
principio era una sombra, en cuanto abrí mucho más los ojos se convirtió en él.
Apoyado sobre uno de sus brazos encima de la almohada,
tenía la expresión más dulce que jamás había visto. Desprovisto de armadura
alguna o de capacidad de distanciarse. Vulnerable, humano.
- ¿Desde cuándo llevas despierto?
- Toda la noche.
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| Créditos: Tomjoy Photography |
- Imposible.
Su sonrisa , porque sólo podía ser suya, volvió a aparecer,
comenzando a ser él de nuevo.
- En serio- se rió abiertamente- ¿por qué te extraña tanto? Disfrutaba
viéndote dormir.
Me incorporé ligeramente.
-¿Qué es lo que me estás haciendo?
Me senté recta en la cama en frente de él y él hizo lo
mismo apoyando la espalda en la almohada.
Su semblante volvía a ser serio y distante. Todo hacía
presagiar que la conversación versaría sobre algo que
posiblemente preferiría no escuchar.
-¿Por qué tengo la impresión de que no me va a gustar lo que
me vas a decir?
-Depende. ¿Aún quieres saber quién soy ?
Bajé mi cabeza buscando otro punto de referencia. Ya no
estaba tan segura de querer saberlo. ¡Qué diablos! Por supuesto que no quería
saberlo!
-Ni se te ocurra pensarlo. Ahora soy yo el que necesito que
sepas la verdad.
Pensé ¿cómo podía saber lo que estaba pensando?
- Aunque haciéndolo se que pierdo más que nadie. ¿has oído
hablar de LOS TERRESTRES?
- No sé de qué me hablas.
- Pues los has fotografiado más de una vez.
- Será mejor que me digas de qué va ésto porque estás
empezando a asustarme y no me gusta la sensación.
Realmente un leve pero creciente miedo se apoderaba de mí.
No podía pensar que algo tan hermoso y que fuese capaz de hacerme sentir todo
aquello fuese malo.
- Los terrestres fuimos humanos una vez. Morimos y en un
momento determinado fuimos expulsados del mundo de los espíritus. Llevamos
entre los mortales más décadas de las que muchos podemos recordar. Se nos
otorga una misión y a una persona a la cual nos vinculamos desde el momento de
su gestación. Para que la misión tenga lugar nosotros no podemos contactar con
esa persona, debe ser ella la que nos escoja y venga a nosotros.
A mi mente vino la escena de la noche del bar.
- De hecho, entre los nuestros , sólo algunos gozamos de
apariencia humana y de los poderes suficientes como para que la misión tenga
éxito.
Me alejé hacia el borde de la cama.
- Por favor...
Intentó cogerme del brazo pero lo retiré bruscamente.
- Ahora comienzo a entender. Toda aquella información sobre
mí, lo que me dijiste.... Pero..... Hablas de apariencia , y yo no sólo te veo
, te sentí dentro de mí , ¡ no puedes decirme que éso no es real! Se lo que
sentí y era muy real.
-Y lo es, en la medida en que logré engañar a tu
subconsciente. Cuando alcanzamos cierto nivel de poder, ...
- ¿Misión?
Se acercó a mí y yo salté de la cama. Asustada, me acerqué
como pude a la puerta sin darle la espalda . Su rostro carecía de la
seguridad de antaño. Conforme yo más me alejaba él recortaba la distancia entre nosotros.
- Por favor, sólo quiero explicarte...
Los nervios , mis ojos llorosos, y un sudor frío que
recorría mi cuerpo sólo me daban las fuerzas suficientes para huir de allí y
no escuchar más.
Abrí la puerta como pude y corrí hacia la salida. Sus pasos y oírle
gritar mi nombre de forma atropellada me angustiaban más aún. Como el ascensor
tardaba en venir, la única salida fiable y cercana fue la escalera de
incendios. Tan sólo unos minutos después de haberla cerrado yo y mientras
corría escaleras abajo, oí la puerta cerrarse de nuevo y saltos bruscos como de varios
escalones a la vez.
No me atrevía a mirar hacia atrás, no quería acobardarme.
Llegué al vestíbulo del edificio, corrí hacia la salida y en la calle, justo
en el borde de la acera paré por el tráfico , me giré, y vi que estaba allí
mismo. Me separé bruscamente con la intención de correr sin acordarme de que la
carretera estaba justo detrás, su cara de pánico después de mirar hacia su
izquierda, como me alargaba el brazo con la intención de agarrarme y un fuerte
golpe lateral fue lo último que recuerdo de aquella mañana.
Todo se nubló, gritos a mi alrededor, ruidos de frenazos....
sentí pesada mi cabeza....
FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)

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