viernes, 20 de febrero de 2015

ENCUENTROS: Capítulo sexto. ¿Quién eres? (Aviso + 18)

A la mañana siguiente la luz se colaba tímidamente por mi ventana, pero algo a mi lado impedía que me llegase a molestar. Lo que en principio era una sombra, en cuanto abrí mucho más los ojos se convirtió en  él. 
Apoyado sobre uno de sus brazos encima de la almohada, tenía la expresión más dulce que jamás había visto. Desprovisto de armadura alguna o de capacidad de distanciarse. Vulnerable, humano.

- ¿Desde cuándo llevas despierto?
- Toda la noche.
Créditos: Tomjoy Photography
- Imposible.

Su sonrisa , porque sólo podía ser suya, volvió a aparecer, comenzando a ser él de nuevo.

- En serio- se rió abiertamente- ¿por qué te extraña tanto? Disfrutaba viéndote dormir.

Me incorporé ligeramente.

-¿Qué es lo que me estás haciendo?
-Tenemos que hablar.

Me senté recta en la cama en frente de él y él hizo lo mismo apoyando la espalda en la almohada.
Su semblante volvía a ser serio y distante. Todo hacía presagiar que la conversación versaría sobre algo que posiblemente preferiría no escuchar.

-¿Por qué tengo la impresión de que no me va a gustar lo que me vas a decir?
-Depende. ¿Aún quieres saber quién soy ?

Bajé mi cabeza buscando otro punto de referencia. Ya no estaba tan segura de querer saberlo. ¡Qué diablos! Por supuesto que no quería saberlo!

-Ni se te ocurra pensarlo. Ahora soy yo el que necesito que sepas la verdad.

Pensé ¿cómo podía saber lo que estaba pensando?

- Aunque haciéndolo se que pierdo más que nadie. ¿has oído hablar de LOS TERRESTRES?
- No sé de qué me hablas.
- Pues los has fotografiado más de una vez.
- Será mejor que me digas de qué va ésto porque estás empezando a asustarme y no me gusta la sensación.

Realmente un leve pero creciente miedo se apoderaba de mí. No podía pensar que algo tan hermoso y que fuese capaz de hacerme sentir todo aquello fuese malo.

- Los terrestres fuimos humanos una vez. Morimos y en un momento determinado fuimos expulsados del mundo de los espíritus. Llevamos entre los mortales más décadas de las que muchos podemos recordar. Se nos otorga una misión y a una persona a la cual nos vinculamos desde el momento de su gestación. Para que la misión tenga lugar nosotros no podemos contactar con esa persona, debe ser ella la que nos escoja y venga a nosotros.

A mi mente vino la escena de la noche del bar.

- De hecho, entre los nuestros , sólo algunos gozamos de apariencia humana y de los poderes suficientes como para que la misión tenga éxito.

Me alejé hacia el borde de la cama.

- Por favor...

Intentó cogerme del brazo pero lo retiré bruscamente.

- Ahora comienzo a entender. Toda aquella información sobre mí, lo que me dijiste.... Pero..... Hablas de apariencia , y yo no sólo te veo , te sentí dentro de mí , ¡ no puedes decirme que éso no es real! Se lo que sentí y era muy real.
-Y lo es, en la medida en que logré engañar a tu subconsciente. Cuando alcanzamos cierto nivel de poder, ...
- ¿Misión?

Se acercó a mí y yo salté de la cama. Asustada,  me acerqué como pude a la puerta sin darle la espalda . Su rostro carecía de la seguridad de antaño. Conforme yo más me alejaba él recortaba  la distancia entre nosotros. 

- Por favor, sólo quiero explicarte...

Los nervios , mis ojos llorosos, y un sudor frío que recorría mi cuerpo sólo me daban las fuerzas suficientes para huir de allí y no escuchar más.
Abrí la puerta como pude  y corrí hacia la salida. Sus pasos y oírle gritar mi nombre de forma atropellada me angustiaban más aún. Como el ascensor tardaba en venir, la única salida fiable y cercana fue la escalera de incendios. Tan sólo unos minutos después de haberla cerrado yo y mientras corría escaleras abajo, oí la puerta cerrarse de nuevo y saltos bruscos  como de varios escalones a la vez.
No me atrevía a mirar hacia atrás, no quería acobardarme. 
Llegué al vestíbulo del edificio, corrí hacia la salida y en la calle, justo en el borde de la acera paré por el tráfico , me giré, y vi que estaba allí mismo. Me separé bruscamente con la intención de correr sin acordarme de que la carretera estaba justo detrás, su cara de pánico después de mirar hacia su izquierda, como me alargaba el brazo con la intención de agarrarme y un fuerte golpe lateral fue lo último que recuerdo de aquella mañana.


Todo se nubló, gritos a mi alrededor, ruidos de frenazos.... sentí pesada mi cabeza....

FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)

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