Entré en aquel bar en busca de una copa que me ayudase a
evadirme. La luz tenue y su música de fondo lograrían relajarme .
Tras dos breves sorbos, me fijé en la pared del fondo del
local donde habían unos bancos en vez de las sillas habituales, y allí estabas
tú, absorto en tus pensamientos, cabizbajo y con aspecto de llevar allí varias
horas.
Aún hoy no se por qué hice aquello de esa forma, supongo que
necesitaba evadirme por completo, ser otra persona y tú te cruzaste en mi
camino. Te levantaste, te pusiste la chaqueta, y mientras te dirigías a la
puerta, te fijaste en mí por un instante con lo que yo creía que podía ser un
amago de sonrisa.
Salí detrás tuya y te seguí, pero decidiste tomar una
desviación y te perdí de vista.
Apenas sin poder ver por la escasa iluminación, corrí detrás tuyo con la esperanza de volver a tenerte en el punto de mira, y tras doblar la esquina, te abalanzaste sobre mí reteniéndome con tu cuerpo contra la pared e inmovilizando mis manos con las tuyas.
Apenas sin poder ver por la escasa iluminación, corrí detrás tuyo con la esperanza de volver a tenerte en el punto de mira, y tras doblar la esquina, te abalanzaste sobre mí reteniéndome con tu cuerpo contra la pared e inmovilizando mis manos con las tuyas.
Me miraste por entero mientras mi respiración entrecortada
hacía denotar la tensión de mi cuerpo.
El destello de un relámpago nos ponía en sobre aviso del
trueno posterior y la intempestiva lluvia que sorpresivamente nos empapaba por
completo , dejando al descubierto nuestros cuerpos más aún si cabe a través de las
transparencias de la ropa.
Me soltaste las manos, y aprovechándote de mi incapacidad
para moverme en ese instante, acercaste tus labios a los míos sin llegar a
contactar. Con una leve sonrisa maliciosa querías comprobar hasta dónde era
capaz de llegar, y pese a acercar mi rostro al tuyo para hacer tus labios míos,
decidiste separarte, colocarte bien la chaqueta, sonreírme y marcharte callejón
arriba.
Yo, con los latidos de mi corazón más acelerados de lo que
están acostumbrados, y con la sensación placentera de no saber por qué lo
habría hecho , pero con el desasosiego de verte partir, me quedé allí durante
largo rato, bajo la lluvia, con la esperanza de que en algún momento te darías
la vuelta y regresarías a terminar lo empezado. Sin embargo, continuaste tu
camino con paso tranquilo , hasta que paraste por un instante, giraste la
cabeza y me miraste. Entonces supe que guardaría la esperanza de volver a
encontrarte: "mi ansiado desconocido".
FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchísimas gracias por participar en esta página