jueves, 26 de febrero de 2015

PURO SENTIMIENTO. CAPITULO SEGUNDO. (RATED +18)

Créditos foto a quién corresponda
Día duro el del regreso a la normalidad.  Izan casi había perdido la costumbre de tener más de 2 o a lo sumo 5  personas prestándole atención. 

Al término de la misma, Jesse le recordaba que esa misma tarde tendría su primer Consejo con las planificaciones del curso, proyecto que , por supuesto, apenas vislumbraba en su cabeza al estar recién incorporado. Claro que nunca le había faltado creatividad suficiente, así que antes de ponerse a escribir algunas líneas sobre el mismo, fue encadenando las ideas mentalmente.
Tan concentrado en ello estaba, que al salió  al pasillo mientras rebuscaba sus llaves en el maletín  sin prestar  atención a lo que tenía delante siendo , los se cruzaban con él quienes le esquivaban. Hasta que hubo alguien que no lo hizo porque no le vio,  y sólo cuando notó el golpe y las cosas que llevaba en la mano se le cayeron al suelo, se dio cuenta de que había más gente alrededor.  
Ambos dos se agacharon a recoger sus respectivas pertenencias. Él pidió disculpas con la vista fija en el suelo sin ver aún de quién se trataba, cuando la alzó,  no supo cómo reaccionar. Lo menos que esperaba era que su primer encuentro con Itzabó se produjese de esa forma. Al alargar la mano para coger la última carpeta , una de las de  ella se encontraba justo encima, coincidiendo ambas manos . Lejos de retirarla, ella lo observó esperando que retirase la suya,  lo que hizo recogiendo de inmediato sus pertenencias.

Sus penetrantes ojos negros sobrecogían. Su tez pálida y su serio semblante imponía mucho respeto, aunque no conseguiría su objetivo: intimidarle.

  • ·         IZAN: Lo siento- volvió a repetir con su tono más condescendiente para poder escuchar su voz-


Se levantaron ambos y ella prosiguió su camino escaleras abajo sin responder. Incrédulo y hasta un poco molesto, desde la parte alta de la escalera  e importándole poco si le escuchaban o no, le dijo algo en alto  intentando  sacarle una reacción.

  • ·         IZAN: Aceptar las disculpas se entiende una muestra de educación.


Ella  continuó bajando la escalera mientras le contestaba.

  • ·         ITZABÓ: Y no expiar a los demás mientras ensayan también.


Y prosiguió su camino sin mirarle.  No hizo falta que alzara mucho la voz, su acento extranjero predominaba.

El Consejo ya había comenzado hacía unos quince minutos cuando Izan hizo acto de presencia.
No faltó nadie, y de eso se percató en seguida al realizar el recorrido visual. La casualidad había barajado las sillas de forma muy oportuna y casi morbosa , y  la única libre que quedaba, y en la que tuvo que sentarse, era justo frente a ella.

Como si se hubiese iniciado un juego involuntario por parte de ambos, Izan no evitaba observarla. Aquel perfil de persona atenta  a  sus papeles escrupulosamente ordenados mientras , al mismo tiempo, escuchaba   lo que se hablaba . Ella , sintiéndose observada y sabiendo por quién, prefirió mantener la calma  e ignorarle.

  • ·         JESSE: Bien , ¿alguna queja o sugerencia respecto a los cuadrantes?


Se hizo un silencio sólo roto por la voz de Izan.

  • ·         IZAN: - levantó la mano- Yo tengo un problema con estos cuadrantes. Tengo casi el doble de alumnos que el  año antes de irme y el mismo espacio, apenas cabemos.  Necesito otra aula o arreglar horarios con alguien que termine.
  • ·         JESSE: Déjame que mire un momento.- agachó la cabeza -  ¿La necesitas para práctica o teoría?
  • ·         IZAN: Para práctica puedo arreglar los horarios y hablar con los alumnos, pero considerando que una de las aulas he de compartirla con pintura la necesito más bien para teoría, aún así tendré que ajustar horarios.
  • ·         JESSE: Bien,  mirando todo la única posibilidad que veo es que te pongas de acuerdo con Danza Clásica y cojas el aula de ensayos que es la que menos se usa,  salvo para las performances. Por cierto – dirigiéndose a ambos- creo que ustedes dos aún no se conocen. ¿Itzabó? Te presentó..


Fue interrumpido por ella, la cual, continuaba observando sus papeles demostrando una imponente seguridad al hablar. 

  • ·         ITZABÓ: Izan Thorm,  el escultor británico.- Izan no pudo evitar sentir sorpresa y una leve presión en su garganta-.
  • ·      JESSE: - sorprendido- ¡Vaya! , bien,  me alegro de que entonces ya nos conozcamos todos. - se dirigió a él  que , sin salir de su asombro, continuaba observándola- Pues lo que te decía Izan, vas a tener que ponerte de acuerdo con ella. ¿lo arregláis por vuestra cuenta?


Izan esperaba impaciente una respuesta. Las casualidades estaban comportándose muy cruelmente con él.

  • ·         JESSE: Itzabó, disculpa, estoy esperando una respuesta.
  • ·         ITZABÓ: ¡ Oh! Perdona Jesse pero estaba revisando mis cuadrantes , por mí no hay problema- miró a Izan-  Venga a verme , negociaremos.- se levantó- .
  • ·         JESSE: ¿A dónde vas?
  • ·         ITZABÓ: Mis cuadrantes son estos- se los entregó sacando previamente una hoja – Mis horarios éstos- se la entregó a Izan encima de la mesa- Tengo una clase más el ensayo de la perfomance del trimestre, si hay alguna novedad estoy segura que ya me informarás de ella. Si me disculpan…


Al término de la reunión , Izan fue directo al aula de  danza donde la vio a ella  la primera vez.  Necesitaba comprobar algo.  En su interior , una de las limpiadoras se afanaba con el parquet. Él entró en el aula y estuvo comprobando los panelados del pasillo, tanto por dentro como por fuera. La limpiadora, extrañada, se acercó a él curiosa por lo que estaba haciendo.

  • ·         LIMPIADORA: Disculpe Sr. Thorm, ¿puedo ayudarle?

 Se lo pensó durante unos segundos.

  • ·         IZAN: Sí gracias.


La cogió por el brazo y le pidió que se quedase detrás del panelado mientras él observaba desde el pasillo exterior . Cuando volvió a entrar,  le preguntó si lo veía  y la mujer le dijo que no , que sólo veía su propia imagen en el espejo.
Ni aún tocando el resto de los botones y haciendo todas las pruebas posibles,  consiguió explicarse como Itzabó supo que él la estaba observando. Más aún, que había alguien en el otro lado viendo lo qué hacía.

Decidido a solucionar su problema de espacio ese mismo día.  Al término de todas las clases y aprovechando que tenía el horario de Itzabó, fue a verla  con  la resolución de las aulas como excusa. Aquella curiosidad inicial,  sólo ella la había logrado acrecentar sin darse cuenta ¿o sí?

Y las horas pasaron y la jornada terminó. Cuando Izan llegó al aula , la puerta estaba abierta, y desde su interior se escuchaba el Requiém de Mozart in D minor K626 ( Lacrimosa). 
A diferencia de otras veces, el panelado se encontraba opaco por completo . Se acercó  muy despacio para no hacer ruido ni molestar,  asomó la cabeza,  y tras ver lo que en el interior se le mostraba,  dio un paso más y se apoyó silenciosamente.
Itzabó volvía a sorprender. Entrega absoluta , ciega por completo. La hermosa música parecía fluir por ella . Cada delicado gesto, cada curvatura de su piel . Todo a su alrededor era aire puro ,  brindándole  su mayor apoyo y abrigo.

Viéndola, no podía entenderse como el director del Bolshói no la quiso dejar escapar.

La elegancia en sus movimientos, su apoderamiento del espacio. Una pieza especialmente triste que ella engrandecía con cada gesto. Y siempre con los ojos cerrados.
Momento musical sublime. El gran coro  eleva a gracia infinita esta obra, y acorde con él, ella demuestra la agitación y angustia del sentimiento  más terrible del miedo  con una expresión de dulzura en su rostro.

Era imposible perderla de vista ni un solo instante. Era capaz de transmitirte lo que sentía cuando hacía suya la obra, casi transportándote a lo que posiblemente Mozart quiso decir con ella.
Izan había escuchado aquella pieza en multitud de ocasiones pero nunca fue capaz de ponerle imagen.
Momento sublime de gloria, y , aparentemente, ella , en su nivel de concentración, aún no se había percatado que Izan estuviese allí.
Los pliegues de su ropa , que caían suavemente por su cuerpo, prolongaban el éxtasis de movimientos encumbrados por la música. Dramatismo  en sus manos , en su rostro.
Agotada pero sin detenerse, con el sudor corriendo por su rostro y su espalda, parecía no poder ni querer parar hasta que la pieza llegase a su fin. Con gestos de dolor,  continuaba, y aunque Izan la vio, no llegaba a comprender si era por la concentración y su expresividad corporal,  o por algo real que estuviese pasando. 

Cuando la obra hubo finalizado, y la música se silenció, cayó a pleno en el suelo , se rasgó las medias a la altura de una de las rodillas y,  tras mirarse y decir algo en una lengua incomprensible, muy enfadada, se la protegió y apretó con ambas manos apoyando  su cabeza en ella.

Izan comprendió que su gesto de dolor no era parte de la interpretación, pero que sólo alguien que ame realmente lo que hace podía continuar bailando de esa forma con aquella angustia reflejada en su rostro.   Se acercó a ella con toda su mejor intención, prudentemente , y se agachó hablándole muy bajito para no asustarla.

  • ·         IZAN: ¿Estás bien?

 Ella levantó la cabeza, y el sudor de su cara se mezclaba con lágrimas que bañaban un rostro de impotencia sublime.

  • ·         IZAN: La puerta estaba abierta, y no he querido molestarte.


Al quitarse las manos para apoyarse en el suelo y levantarse, Izan vio su rodilla. La hinchazón y rojez de la misma no fue lo que más le dañó de la imagen. La visión de una rodilla completamente llena de cicatrices y marcada por cuatro extremos bastante visibles de lo que podían ser clavos, no se le borraría fácilmente.
Cuando ella se dio cuenta de su cara condescendiente y casi de espanto, se la tapó rápidamente como pudo , y aunque él le ofreció su mano para levantarse, ella decidió ignorar el ofrecimiento y levantarse por si sola.  Cojeando y con evidente gesto de dolor,  llegó hasta el otro extremo del aula para sentarse.

Izan suspiró . Es cierto que Jesse le advirtió que tenía un carácter bastante extraño , pero apenas la conocía y ya a veces resultaba  cargante. Atractivamente cargante .

  • ·         ITZABÓ: ¿y qué se supone que querías?
  • ·         IZAN: Lo de la cesión de clases, pero….- siguió mirando como el dolor por la rodilla continuaba- si es mal momento…..

 Ella le pilló observando de nuevo lesión  y su cara la enfureció.

  • ·         ITZABÓ: ¿Te gusta lo que ves?- le espetó desafiante- ¿Preciosa verdad?

 Cogió un pantalón deportivo y se lo puso.

  • ·         IZAN: Lo siento, no pretendía molestarte , es que….
  • · ITZABÓ : Sólo puedo dejarte la clase de ensayos, es donde preparo las perfomances ¿cuántas horas necesitas?

 A Izan le costaba poder centrarse en su cara, aquellos ojos negros y profundos  parecían intimidarle. Una sensación extraña a la que no estaba acostumbrado.

  • ·         IZAN: Tres horas.
  • ·         ITZABÓ: Rodaré la hora, pero los lunes y viernes imposible.
  • ·         IZAN: Lo sé – fue un comentario natural a raíz de lo visto el día anterior, lunes por cierto, pero pensarlo en alto fue algo que no supo controlar- .
  • ·   ITZABÓ: Quédatela de martes a jueves , a primera hora después del almuerzo, yo rodaré los ensayos.

 Se levantó, y cojeando como pudo se disponía a marcharse, pero siguiendo su costumbre, la última palabra sería suya.

  • ·         ITZABÓ: La próxima vez entra , no te quedes en la puerta.

Izan no pudo evitar sonreír, sobre todo porque hasta ahora tenía que reconocer que su capacidad de respuesta ante esta mujer era nula en determinadas circunstancias. Siempre conseguía sorprenderle.

Pasaron los días y llegó la fiesta y su consecuente representación del trimestre, lo que se agradecía después de los exámenes.
Ese día sólo había clases por la mañana, a mediodía todos se marchaban para dejar listo todo para la tarde y verse en el teatro.
Jesse e Izan acudieron juntos y en aquella ocasión,  la expectación se había acrecentado con un rumor sobre un número sorpresa no previsto que cerraría el espectáculo, pero del que no se sabía nada.

Este año las Perfomances se basaban en bandas sonoras de películas, y en ellas,  se habían arreglado incluso piezas clásicas para entremezclarlas sorprendentemente con músicas más modernas  y arreglos de todo tipo.
 El espectáculo sólo iba a mayores. Cada número mejoraba al anterior , y se notaba mucho la calidad de los alumnos y el duro trabajo realizado. Ni un solo fallo, ni una mínima descoordinación. 
Dos horas después llegaba el final. Un inesperado final  no anunciado. Cuando finalizó el último número  citado en el libreto, el telón fue echado,  pero nadie se movió, nadie dijo nada. Un silencio sepulcral colmado en su inmensidad por la oscuridad del escenario sólo hacía presagiar que lo visto no era el final real. 

El telón se levantó pero  el escenario seguía a oscuras. De pronto , junto con el primer compás de la melodía , un sólo foco iluminó el centro del escenario . Los primeros acordes hacían muy reconocible la pieza musical ejecutada:  EL TANGO DE ROXANNE , y la figura iluminada en uno de los extremos del escenario, la única , era Itzabó.
Como no podía ser de otra forma, por razones que nadie conocía, ella decidió aquella noche y aquel año participar en el espectáculo ,  con una perfomance donde sólo ella y los bailarines lo llenaban todo. Tanto Jesse como Izan se quedaron muy sorprendidos, hasta el punto de que el segundo se incorporó sobre su silla y apoyó su barbilla sobre sus manos.

  • ·         JESSE: Increíble, no dijo nada a nadie. –le puso la mano sobre el hombro a su amigo- ¿Querías conocer a la verdadera Itzabó ? Ahí la tienes amigo,  en todo su esplendor.

 Izan estaba absorto. No sabía hasta que punto su amigo le exageraba lo que esa mujer podía transmitir, pero lo que sí tenía claro es que su pasión al bailar sólo era comparable a su carácter. Para ella la danza debía serlo todo , absolutamente todo como para sufrir auténtico dolor si era necesario por sentirse viva , y sólo se sentía así bailando.
Fuerza en cada gesto, ya no era tan etérea, ni tan inalcanzable. Parecía una mujer real, fuerte, capaz de darlo todo.

Al término del espectáculo, tras una ovación con el auditorio en píe y su imagen aún grabada en su mente, Izan y Jesse fueron a la fiesta que se celebraba en una de las aulas.  Llevando allí un tiempo considerable, Izan se percató de que estando todos los profesores ella no se encontraba allí. 
Jesse,  que estaba pendiente , le dijo que además de rara no acudía  a actos sociales ni a fiestas.  Pero no contento con la respuesta,  comenzó a buscarla por el resto de la escuela. Abriendo y cerrando aulas,   probando puertas sin éxito. De pronto un pálpito le decía que subiese hasta el piso superior. 
Creyendo que podría estar en el aula de siempre, su decepción por ver todo apagado y cerrado sólo fue superada por una pequeña esperanza. La última aula del final de ese pasillo, la principal suya, el aula de prácticas, se encontraba encendida. Extrañado por si pudiera haber dejado él  las luces así, fue  directo a comprobarlo.
Cuando llegó a la puerta, en su interior se encontraba Itzabó con una de las esculturas. Aquella férrea mujer se le presentaba ante sus  ojos  de forma inquietantemente sutil al verla pasar los dedos delicadamente por la fría piedra, acariciándola.
Él decidió entrar pese a interrumpir tal colosal momento.
  • ·         IZAN: Yo también prefiero que pasen a que se queden en la puerta.

Ella , lejos de asustarse o dejar de observar y acariciar la escultura,  siguió haciéndolo.

  • ·         ITZABÓ: Es tuya .
  • ·         IZAN: ¿Preguntas o afirmas?-hablándole desde la espalda-
  • ·         ITZABÓ: Afirmo. Vi tu exposición en Londres.

 Izan pareció relajarse algo con el comentario.

  • ·         ITZABÓ: Te llaman el nuevo Rodin. ¿También extraes las figuras directamente del bloque de piedra? Sin boceto, la idea de la cabeza.
  • ·         IZAN: Sí, de un único bloque de mármol, sin cortes, sin partes a ensamblar. ¿Y qué te pareció, si puedo preguntarte?
  • ·         ITZABÓ:  Dolor, sentimientos encontrados, fuerza brutal medida en forma de pasión. Como ésta.
  • ·         IZAN: Es la desesperanza.
  • ·         ITZABÓ: ¿Por? ¿Una vida sin sentido? ¿O porque le arrancaron salvajemente aquello por lo que merecía la pena seguir viva? La expresión de su cara….. – acarició la misma con tanta suavidad que pareciera que acariciase a una persona- Como si le hubieran arrancado sin esperárselo algo a lo que se sentía aferrada.  Son tan expresivos…… sus ojos….. ¿alguna vez te has sentido así como para poder plasmarlo?
  • ·         IZAN: Es posible, pero la mejor forma de sentir el interior  que su autor quiso transmitir no es tocándola así. ¿puedo?


Ella giró ligeramente su cabeza hacia él , y sin mirarlo, le autorizó asintiendo. Con su mano izquierda sobre la cara de la escultura, él colocó la suya justo encima y presionó la de ella para que pudiera sentir bien el frío de la piedra, y la guió en su recorrido por cada recoveco y por cada milímetro mientras le hablaba.

  • ·         IZAN:  Para poder transmitir lo que quieres tienes que sentir la piedra, dejar que ella te posea, te hable,  y que sean sus vibraciones las que te guíen. Empiezas por unos golpes toscos, sin mucha forma, y conforme va perdiendo pedazos es como si le arrancases un trozo de alma. El mármol es frío, pero conforme le das forma deja de serlo. Entonces la imagen va tomando forma en tu cabeza y empiezas a redondear. Poco a poco te atrapa su fuerza, su vigor, y las manos del escultor son el corazón que le falta. Acabas escuchando lo que te quiere decir, y quiere dejar de ser una fría pieza de piedra para convertirse en algo hermoso, cálido, suave.

 Ella le retiró la mano inesperadamente.

  • ·         ITZABÓ: Será mejor que me vaya.
  • ·         IZAN: ¿Irte? ¿Querrás decir bajar con los demás a la fiesta?
  • ·         ITZABÓ: Nunca asisto a fiestas. Tengo mucho trabajo mañana.

Salió por la puerta  y él salió detrás.

  • ·         IZAN: ¡Itzabó!- ella siguió su paso y él tuvo que correr hacia ella deteniéndola por el brazo.- ¿es qué nunca te permites un descanso? ¡Vamos! Es lo mínimo que te podrías permitir después de lo de hoy.
  • ·         ITZABO: ¿Lo de hoy?
  • ·         IZAN: Sí, el trabajo tan maravilloso con los chicos y…. el tuyo personal.
  • ·         ITZABO: ¿En serio crees que esos ojos azules que tienes y  una par de palabras de galantería te van a servir de algo?
  • ·         IZAN: Pero…- sorprendido- vamos, ¿crees que yo…?
  • ·         ITZABO: Como te he dicho , no asisto a actos sociales ni fiestas, mucho menos cuando trabajo. Procuro tomármelo en serio.
  • ·         IZAN:¿ Insinúas que yo no me lo tomo, o los demás ?
  • ·         ITZABO: Yo no insinúo nada.
  • ·         IZAN: Y en todo caso, si así fuera, ¿ cuál es el problema?
  • ·         ITZABO:  No se de qué me estás hablando- ella se fue alejando para marcharse-.
  • ·         IZAN: Pues la vida así es muy aburrida, no me extraña que no tengas amigos.

 Ella lo miró de tal forma  que él hubiera preferido evitar. Izan había metido la pata hasta el fondo y ahora no sabría cómo arreglarlo.

A la mañana siguiente , él se presentó en el aula al término de una clase de Itzabó , esperó que los alumnos se marcharan y entró,  pero se quedó en la puerta. Ella lo vio y todavía se encontraba molesta, continuó recogiendo sus cosas.

  • ·         ITZABÓ : Empiezo a pensar que tienes complejo de portero.
  • ·         IZAN: No es mi terreno. Esperaba que me dieses permiso.
  • ·         ITZABÓ: Si te molestases igual en pedir permiso para ofender , posiblemente tu distinguida y carísima educación inglesa no se vería tan perjudicada.

 Izan sacó una rosa  abierta de tierno color rosado, y se la brindó con la cabeza gacha en gesto de disculpa.
Ella lo miró , pero la respuesta dada no era la que esperaba él.

  • ·         ITZABÓ: Soy alérgica a las flores.


Izan levantó una ceja, miró la flor, y comenzó a comerse los pétalos.

  • ·         ITZABÓ: Pero ¿se puede saber que haces?
  • ·         IZAN: No  puedo permitir que mi pedida de disculpas se vea empañada por un gesto que te moleste o cause enfermedad, además no creo que pase nada, se usan en cocina …. –poniendo cara de asco-… hay que ver que malas están.

 Ella se la quitó.
  • ·         ITZABÓ: Oh Dios la has destrozado.

 Él medio sonriente acercó su rostro con mirada  de niño travieso , miró la flor e intentó arreglarlo.

  • ·         IZAN: Sólo ha sido un pétalo… o dos.
  • ·         ITZABO:  Además en cocina las arreglan antes de servirlas. Toma agua anda- le dejó su botella – Así que ¿sin malas intenciones?
  • ·         IZAN: - sonrió- ¿Además de bailar como lo haces también entiendes el lenguaje de las flores?
  • ·         ITZABO: -con un amago de sonrisa inevitable- Hay muchas cosas que no sabes de mí inglés.
  • ·         IZAN: ¿Me dejas compensarte invitándote a un café al menos? No es un acto social ni una fiesta. Un café en un lugar público.
  • ·         ITZABÓ: - pensativa- De acuerdo.
  • ·         IZAN: ¿Qué tal ahora?
  • ·         ITZABÓ:  Vale, tengo un rato antes de la próxima clase.
  • ·         IZAN: Bien, entonces vamos.

 Izan se mostró internamente satisfecho. No todo lo hecho podía haber estado tan mal puesto que había conseguido derribar parcialmente los muros de aquella mujer por la que sentía mucha curiosidad a la par que admiración. 
Un café, el primer paso.

FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)

1 comentario:

  1. bueno algo bueno salio de esta lectura me hiciste escuchar a Mozart Requiem in D minor hehehe hermosa musica.

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