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| Créditos foto a quién corresponda |
Día duro el del regreso a la normalidad. Izan casi había perdido la costumbre de tener
más de 2 o a lo sumo 5 personas
prestándole atención.
Al término de la misma, Jesse le recordaba que esa misma tarde tendría
su primer Consejo con las planificaciones del curso, proyecto que , por
supuesto, apenas vislumbraba en su cabeza al estar recién incorporado. Claro
que nunca le había faltado creatividad suficiente, así que antes de ponerse a
escribir algunas líneas sobre el mismo, fue encadenando las ideas mentalmente.
Tan concentrado en ello estaba, que al salió
al pasillo mientras rebuscaba sus llaves en el maletín sin prestar atención a lo que tenía delante siendo , los se cruzaban con él quienes le
esquivaban. Hasta que hubo alguien que no lo hizo porque no le vio, y sólo
cuando notó el golpe y las cosas que llevaba en la mano se le cayeron al suelo,
se dio cuenta de que había más gente alrededor.
Ambos dos se agacharon a recoger sus respectivas pertenencias. Él pidió disculpas con la vista fija en el suelo sin ver
aún de quién se trataba, cuando la alzó, no supo cómo reaccionar. Lo
menos que esperaba era que su primer encuentro con Itzabó se produjese de esa
forma. Al alargar la mano para coger la última carpeta , una de las de ella se encontraba justo encima, coincidiendo ambas manos . Lejos de retirarla, ella lo observó esperando que retirase la suya, lo que hizo recogiendo
de inmediato sus pertenencias.
Sus penetrantes ojos negros sobrecogían. Su tez pálida y su serio
semblante imponía mucho respeto, aunque no conseguiría su objetivo:
intimidarle.
- · IZAN: Lo siento- volvió a repetir con su tono más condescendiente para poder escuchar su voz-
Se levantaron ambos y ella prosiguió su camino escaleras abajo sin
responder. Incrédulo y hasta un poco molesto, desde la parte alta de la
escalera e importándole poco si le
escuchaban o no, le dijo algo en alto
intentando sacarle una reacción.
- · IZAN: Aceptar las disculpas se entiende una muestra de educación.
Ella continuó bajando la
escalera mientras le contestaba.
- · ITZABÓ: Y no expiar a los demás mientras ensayan también.
Y prosiguió su camino sin mirarle.
No hizo falta que alzara mucho la voz, su acento extranjero predominaba.
El Consejo ya había comenzado hacía unos quince minutos cuando Izan
hizo acto de presencia.
No faltó nadie, y de eso se percató en seguida al realizar el
recorrido visual. La casualidad había barajado las sillas de forma muy oportuna
y casi morbosa , y la única libre que
quedaba, y en la que tuvo que sentarse, era justo frente a ella.
Como si se hubiese iniciado un juego involuntario por parte de ambos, Izan no evitaba observarla. Aquel perfil de persona atenta a sus
papeles escrupulosamente ordenados mientras , al mismo tiempo, escuchaba lo que se hablaba .
Ella , sintiéndose observada y sabiendo por quién, prefirió mantener la
calma e ignorarle.
- · JESSE: Bien , ¿alguna queja o sugerencia respecto a los cuadrantes?
Se hizo un silencio sólo roto por la voz de Izan.
- · IZAN: - levantó la mano- Yo tengo un problema con estos cuadrantes. Tengo casi el doble de alumnos que el año antes de irme y el mismo espacio, apenas cabemos. Necesito otra aula o arreglar horarios con alguien que termine.
- · JESSE: Déjame que mire un momento.- agachó la cabeza - ¿La necesitas para práctica o teoría?
- · IZAN: Para práctica puedo arreglar los horarios y hablar con los alumnos, pero considerando que una de las aulas he de compartirla con pintura la necesito más bien para teoría, aún así tendré que ajustar horarios.
- · JESSE: Bien, mirando todo la única posibilidad que veo es que te pongas de acuerdo con Danza Clásica y cojas el aula de ensayos que es la que menos se usa, salvo para las performances. Por cierto – dirigiéndose a ambos- creo que ustedes dos aún no se conocen. ¿Itzabó? Te presentó..
Fue interrumpido por ella, la cual, continuaba observando sus papeles demostrando una imponente seguridad al hablar.
- · ITZABÓ: Izan Thorm, el escultor británico.- Izan no pudo evitar sentir sorpresa y una leve presión en su garganta-.
- · JESSE: - sorprendido- ¡Vaya! , bien, me alegro de que entonces ya nos conozcamos todos. - se dirigió a él que , sin salir de su asombro, continuaba observándola- Pues lo que te decía Izan, vas a tener que ponerte de acuerdo con ella. ¿lo arregláis por vuestra cuenta?
Izan esperaba impaciente una respuesta. Las casualidades estaban
comportándose muy cruelmente con él.
- · JESSE: Itzabó, disculpa, estoy esperando una respuesta.
- · ITZABÓ: ¡ Oh! Perdona Jesse pero estaba revisando mis cuadrantes , por mí no hay problema- miró a Izan- Venga a verme , negociaremos.- se levantó- .
- · JESSE: ¿A dónde vas?
- · ITZABÓ: Mis cuadrantes son estos- se los entregó sacando previamente una hoja – Mis horarios éstos- se la entregó a Izan encima de la mesa- Tengo una clase más el ensayo de la perfomance del trimestre, si hay alguna novedad estoy segura que ya me informarás de ella. Si me disculpan…
Al término de la reunión , Izan fue directo al aula de danza donde la vio a ella la primera vez. Necesitaba comprobar algo. En
su interior , una de las limpiadoras se afanaba con el parquet. Él entró en el
aula y estuvo comprobando los panelados del pasillo, tanto por dentro como por
fuera. La limpiadora, extrañada, se acercó a él curiosa por lo que estaba
haciendo.
- · LIMPIADORA: Disculpe Sr. Thorm, ¿puedo ayudarle?
- · IZAN: Sí gracias.
La cogió por el brazo y le pidió que se quedase detrás del panelado
mientras él observaba desde el pasillo exterior . Cuando volvió a entrar, le preguntó si lo veía y la mujer le dijo que no , que sólo veía su propia
imagen en el espejo.
Ni aún tocando el resto de los botones y haciendo todas las pruebas
posibles, consiguió explicarse como Itzabó supo que él la estaba observando.
Más aún, que había alguien en el otro lado viendo lo qué hacía.
Decidido a solucionar su problema de espacio ese mismo día. Al
término de todas las clases y aprovechando que tenía el horario de Itzabó, fue
a verla con la resolución de
las aulas como excusa. Aquella curiosidad inicial, sólo ella la había logrado
acrecentar sin darse cuenta ¿o sí?
Y las horas pasaron y la jornada terminó. Cuando Izan llegó al aula , la puerta estaba abierta, y desde su
interior se escuchaba el Requiém de Mozart in D minor K626 ( Lacrimosa).
A
diferencia de otras veces, el panelado se encontraba opaco por completo . Se acercó muy despacio para no hacer ruido ni molestar, asomó la cabeza, y tras ver
lo que en el interior se le mostraba, dio un paso más y se apoyó
silenciosamente.
Itzabó volvía a sorprender. Entrega absoluta , ciega por completo. La
hermosa música parecía fluir por ella . Cada delicado gesto, cada curvatura de
su piel . Todo a su alrededor era aire puro , brindándole su mayor apoyo y
abrigo.
Viéndola, no podía entenderse como el director del Bolshói
no la quiso dejar escapar.
La elegancia en sus movimientos, su apoderamiento del
espacio. Una pieza especialmente triste que ella engrandecía con cada gesto. Y
siempre con los ojos cerrados.
Momento musical sublime. El gran coro eleva a gracia infinita esta obra, y acorde
con él, ella demuestra la agitación y angustia del sentimiento más terrible del miedo con una expresión de dulzura en su rostro.
Era imposible perderla de vista ni un solo instante. Era
capaz de transmitirte lo que sentía cuando hacía suya la obra, casi transportándote
a lo que posiblemente Mozart quiso decir con ella.
Izan había escuchado aquella pieza en multitud de ocasiones
pero nunca fue capaz de ponerle imagen.
Momento sublime de gloria, y , aparentemente, ella , en su
nivel de concentración, aún no se había percatado que Izan estuviese allí.
Los pliegues de su ropa , que caían suavemente por su
cuerpo, prolongaban el éxtasis de movimientos encumbrados por la música.
Dramatismo en sus manos , en su rostro.
Agotada pero sin detenerse, con el sudor corriendo por su
rostro y su espalda, parecía no poder ni querer parar hasta que la pieza
llegase a su fin. Con gestos de dolor,
continuaba, y aunque Izan la vio, no llegaba a comprender si era por la
concentración y su expresividad corporal,
o por algo real que estuviese pasando.
Cuando la obra hubo finalizado, y la música se silenció,
cayó a pleno en el suelo , se rasgó las medias a la altura de una de las
rodillas y, tras mirarse y decir algo en
una lengua incomprensible, muy enfadada, se la protegió y apretó con ambas
manos apoyando su cabeza en ella.
Izan comprendió que su gesto de dolor no era parte de la
interpretación, pero que sólo alguien que ame realmente lo que hace podía
continuar bailando de esa forma con aquella angustia reflejada en su rostro. Se
acercó a ella con toda su mejor intención, prudentemente , y se agachó
hablándole muy bajito para no asustarla.
- · IZAN: ¿Estás bien?
- · IZAN: La puerta estaba abierta, y no he querido molestarte.
Al quitarse las manos para apoyarse en el suelo y levantarse, Izan vio
su rodilla. La hinchazón y rojez de la misma no fue lo que más le dañó de la
imagen. La visión de una rodilla completamente llena de cicatrices y marcada por cuatro extremos
bastante visibles de lo que podían ser clavos, no se le borraría fácilmente.
Cuando ella se dio cuenta de su cara condescendiente y casi de espanto, se la tapó
rápidamente como pudo , y aunque él le ofreció su mano para levantarse, ella
decidió ignorar el ofrecimiento y levantarse por si sola. Cojeando y con evidente gesto de dolor, llegó hasta el
otro extremo del aula para sentarse.
Izan suspiró . Es cierto que Jesse le advirtió que tenía un carácter
bastante extraño , pero apenas la conocía y ya a veces resultaba cargante. Atractivamente cargante .
- · ITZABÓ: ¿y qué se supone que querías?
- · IZAN: Lo de la cesión de clases, pero….- siguió mirando como el dolor por la rodilla continuaba- si es mal momento…..
- · ITZABÓ: ¿Te gusta lo que ves?- le espetó desafiante- ¿Preciosa verdad?
- · IZAN: Lo siento, no pretendía molestarte , es que….
- · ITZABÓ : Sólo puedo dejarte la clase de ensayos, es donde preparo las perfomances ¿cuántas horas necesitas?
- · IZAN: Tres horas.
- · ITZABÓ: Rodaré la hora, pero los lunes y viernes imposible.
- · IZAN: Lo sé – fue un comentario natural a raíz de lo visto el día anterior, lunes por cierto, pero pensarlo en alto fue algo que no supo controlar- .
- · ITZABÓ: Quédatela de martes a jueves , a primera hora después del almuerzo, yo rodaré los ensayos.
Se levantó, y cojeando como pudo se disponía a marcharse, pero siguiendo su
costumbre, la última palabra sería suya.
- · ITZABÓ: La próxima vez entra , no te quedes en la puerta.
Izan no pudo evitar sonreír, sobre todo porque hasta ahora tenía que
reconocer que su capacidad de respuesta ante esta mujer era nula en
determinadas circunstancias. Siempre conseguía sorprenderle.
Pasaron los días y llegó la fiesta y su consecuente representación del
trimestre, lo que se agradecía después de los exámenes.
Ese día sólo había clases por la mañana, a mediodía todos se marchaban
para dejar listo todo para la tarde y verse en el teatro.
Jesse e Izan acudieron juntos y en aquella ocasión, la expectación se
había acrecentado con un rumor sobre un número sorpresa no previsto que
cerraría el espectáculo, pero del que no se sabía nada.
Este año las Perfomances se basaban en bandas sonoras de películas, y
en ellas, se habían arreglado incluso piezas clásicas para entremezclarlas
sorprendentemente con músicas más modernas
y arreglos de todo tipo.
El espectáculo sólo iba a mayores. Cada número
mejoraba al anterior , y se notaba mucho la calidad de los alumnos y el duro
trabajo realizado. Ni un solo fallo, ni una mínima descoordinación.
Dos horas
después llegaba el final. Un inesperado final
no anunciado. Cuando finalizó el último número citado en el libreto, el telón fue echado, pero nadie se movió, nadie dijo nada. Un silencio sepulcral colmado en su
inmensidad por la oscuridad del escenario sólo hacía presagiar que lo visto no era el final real.
El telón se levantó pero
el escenario seguía a oscuras. De pronto , junto con el primer compás de
la melodía , un sólo foco iluminó el centro del escenario . Los primeros acordes hacían muy reconocible la pieza musical ejecutada: EL
TANGO DE ROXANNE , y la figura iluminada en uno de los extremos del escenario, la única , era Itzabó.
Como no podía ser de otra forma, por razones que nadie conocía, ella
decidió aquella noche y aquel año participar en el espectáculo , con una perfomance donde sólo ella y los
bailarines lo llenaban todo. Tanto Jesse como Izan se quedaron muy
sorprendidos, hasta el punto de que el segundo se incorporó sobre su silla y
apoyó su barbilla sobre sus manos.
- · JESSE: Increíble, no dijo nada a nadie. –le puso la mano sobre el hombro a su amigo- ¿Querías conocer a la verdadera Itzabó ? Ahí la tienes amigo, en todo su esplendor.
Fuerza en cada gesto, ya no era tan etérea, ni tan inalcanzable.
Parecía una mujer real, fuerte, capaz de darlo todo.
Al término del espectáculo, tras una ovación con el auditorio en píe y su imagen aún grabada en su mente, Izan y Jesse fueron a la fiesta que se
celebraba en una de las aulas. Llevando
allí un tiempo considerable, Izan se percató de que estando todos los profesores
ella no se encontraba allí.
Jesse, que estaba pendiente , le dijo que además de
rara no acudía a actos sociales ni a
fiestas. Pero no contento con la
respuesta, comenzó a buscarla por el resto de la escuela. Abriendo y cerrando
aulas, probando puertas sin éxito. De pronto un pálpito le decía que subiese
hasta el piso superior.
Creyendo que podría estar en el aula de siempre, su
decepción por ver todo apagado y cerrado sólo fue superada por una pequeña
esperanza. La última aula del final de ese pasillo, la principal suya, el aula
de prácticas, se encontraba encendida. Extrañado por si pudiera haber dejado él las luces así, fue directo a comprobarlo.
Cuando llegó a la puerta, en su interior se encontraba Itzabó con una
de las esculturas. Aquella férrea mujer se le presentaba ante sus ojos de forma inquietantemente sutil al verla pasar los dedos delicadamente por la
fría piedra, acariciándola.
Él decidió entrar pese a interrumpir tal colosal momento.
- · IZAN: Yo también prefiero que pasen a que se queden en la puerta.
Ella , lejos de asustarse o dejar de observar y acariciar la escultura, siguió haciéndolo.
- · ITZABÓ: Es tuya .
- · IZAN: ¿Preguntas o afirmas?-hablándole desde la espalda-
- · ITZABÓ: Afirmo. Vi tu exposición en Londres.
- · ITZABÓ: Te llaman el nuevo Rodin. ¿También extraes las figuras directamente del bloque de piedra? Sin boceto, la idea de la cabeza.
- · IZAN: Sí, de un único bloque de mármol, sin cortes, sin partes a ensamblar. ¿Y qué te pareció, si puedo preguntarte?
- · ITZABÓ: Dolor, sentimientos encontrados, fuerza brutal medida en forma de pasión. Como ésta.
- · IZAN: Es la desesperanza.
- · ITZABÓ: ¿Por? ¿Una vida sin sentido? ¿O porque le arrancaron salvajemente aquello por lo que merecía la pena seguir viva? La expresión de su cara….. – acarició la misma con tanta suavidad que pareciera que acariciase a una persona- Como si le hubieran arrancado sin esperárselo algo a lo que se sentía aferrada. Son tan expresivos…… sus ojos….. ¿alguna vez te has sentido así como para poder plasmarlo?
- · IZAN: Es posible, pero la mejor forma de sentir el interior que su autor quiso transmitir no es tocándola así. ¿puedo?
Ella giró ligeramente su cabeza hacia él , y sin mirarlo, le
autorizó asintiendo. Con su mano izquierda sobre la cara de la escultura, él
colocó la suya justo encima y presionó la de ella para que pudiera sentir bien
el frío de la piedra, y la guió en su recorrido por cada recoveco y por cada
milímetro mientras le hablaba.
- · IZAN: Para poder transmitir lo que quieres tienes que sentir la piedra, dejar que ella te posea, te hable, y que sean sus vibraciones las que te guíen. Empiezas por unos golpes toscos, sin mucha forma, y conforme va perdiendo pedazos es como si le arrancases un trozo de alma. El mármol es frío, pero conforme le das forma deja de serlo. Entonces la imagen va tomando forma en tu cabeza y empiezas a redondear. Poco a poco te atrapa su fuerza, su vigor, y las manos del escultor son el corazón que le falta. Acabas escuchando lo que te quiere decir, y quiere dejar de ser una fría pieza de piedra para convertirse en algo hermoso, cálido, suave.
- · ITZABÓ: Será mejor que me vaya.
- · IZAN: ¿Irte? ¿Querrás decir bajar con los demás a la fiesta?
- · ITZABÓ: Nunca asisto a fiestas. Tengo mucho trabajo mañana.
Salió por la puerta y él salió
detrás.
- · IZAN: ¡Itzabó!- ella siguió su paso y él tuvo que correr hacia ella deteniéndola por el brazo.- ¿es qué nunca te permites un descanso? ¡Vamos! Es lo mínimo que te podrías permitir después de lo de hoy.
- · ITZABO: ¿Lo de hoy?
- · IZAN: Sí, el trabajo tan maravilloso con los chicos y…. el tuyo personal.
- · ITZABO: ¿En serio crees que esos ojos azules que tienes y una par de palabras de galantería te van a servir de algo?
- · IZAN: Pero…- sorprendido- vamos, ¿crees que yo…?
- · ITZABO: Como te he dicho , no asisto a actos sociales ni fiestas, mucho menos cuando trabajo. Procuro tomármelo en serio.
- · IZAN:¿ Insinúas que yo no me lo tomo, o los demás ?
- · ITZABO: Yo no insinúo nada.
- · IZAN: Y en todo caso, si así fuera, ¿ cuál es el problema?
- · ITZABO: No se de qué me estás hablando- ella se fue alejando para marcharse-.
- · IZAN: Pues la vida así es muy aburrida, no me extraña que no tengas amigos.
A la mañana siguiente , él se presentó en el aula al término de una clase de
Itzabó , esperó que los alumnos se marcharan y entró, pero se quedó en la puerta.
Ella lo vio y todavía se encontraba molesta, continuó recogiendo sus cosas.
- · ITZABÓ : Empiezo a pensar que tienes complejo de portero.
- · IZAN: No es mi terreno. Esperaba que me dieses permiso.
- · ITZABÓ: Si te molestases igual en pedir permiso para ofender , posiblemente tu distinguida y carísima educación inglesa no se vería tan perjudicada.
Ella lo miró , pero la respuesta dada no era la que esperaba él.
- · ITZABÓ: Soy alérgica a las flores.
Izan levantó una ceja, miró la flor, y comenzó a comerse los pétalos.
- · ITZABÓ: Pero ¿se puede saber que haces?
- · IZAN: No puedo permitir que mi pedida de disculpas se vea empañada por un gesto que te moleste o cause enfermedad, además no creo que pase nada, se usan en cocina …. –poniendo cara de asco-… hay que ver que malas están.
- · ITZABÓ: Oh Dios la has destrozado.
- · IZAN: Sólo ha sido un pétalo… o dos.
- · ITZABO: Además en cocina las arreglan antes de servirlas. Toma agua anda- le dejó su botella – Así que ¿sin malas intenciones?
- · IZAN: - sonrió- ¿Además de bailar como lo haces también entiendes el lenguaje de las flores?
- · ITZABO: -con un amago de sonrisa inevitable- Hay muchas cosas que no sabes de mí inglés.
- · IZAN: ¿Me dejas compensarte invitándote a un café al menos? No es un acto social ni una fiesta. Un café en un lugar público.
- · ITZABÓ: - pensativa- De acuerdo.
- · IZAN: ¿Qué tal ahora?
- · ITZABÓ: Vale, tengo un rato antes de la próxima clase.
- · IZAN: Bien, entonces vamos.
Un café, el
primer paso.
FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)

bueno algo bueno salio de esta lectura me hiciste escuchar a Mozart Requiem in D minor hehehe hermosa musica.
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