| Rodin. Créditos foto: Ana P. Cruz López |
La cafetería del centro se encontraba tranquila, ellos y tal vez dos
profesores más, lo cual se agradecía puesto que normalmente , con el bullicio,
casi no se podía hablar.
No era una situación muy cómoda o normal por así decirlo. Él no sabía
cómo comenzar la conversación ante el
temor de no saber medir sus palabras , y ella aparentaba una falsa tranquilidad
propia de quién no suele estar acostumbrada a este tipo de situaciones. Todo
ello, combinado con miradas hacia el contrincante o hacia el exterior que
rodeaba.
Izan decidió arriesgarse y romper el hielo, independientemente de cuál
fuera el resultado, pero antes de que pudiera decir palabra, nada más abrir la
boca para intentarlo, ella le interrumpió.
- · ITZABÓ: ¿Por qué no lo preguntas de una vez?
Ese suave tintineo de su acento entremezclado con el inglés…….
- · IZAN: ¿El qué?
- · ITZABÓ: Aquello que siempre te mueres de ganas por preguntar, aquello que nadie más preguntaría.
- · IZAN: - se medio sonrió más producto de los nervios que de cualquier otra cosa- ¿Y qué es lo que no te han preguntado los demás?
- · ITZABO: ¿Crees que no sé lo que piensas cuando me miras inglés?
- · IZAN: No se qué es lo que crees que pienso, ni sé si sabes realmente lo qué quiero.
- ·
ITZABO: Tú no me miras como los demás. Para los
demás soy Itzabó Boshyk, la primera
bailarina más joven del Bolshói. La que
todos admiraban y aún admiran, “la Regia” como me llamaban por mi carácter
disciplinado, acorde con los gustos de la Unión Soviética más tradicional. “Un
imposible” para conseguir por mucha gente. No todos los bailarines, ni siquiera rusos, consiguen mantener una
posición así tantos años. Sin embargo inglés, tú no me miras de la misma forma,
ni te preguntas las mismas cosas, por eso sientes lo que sientes cuando me ves
bailar.
- · ITZABÓ: Puede que te preguntes lo mismo que los demás, pero eso no es prioritario para ti. - manejaba el espacio con gran maestría, dominaba los tiempos con precisión, las miradas alternadas a sus ojos, y a la taza de café en cuyo borde jugueteaba rodeándola con los dedos- Eres un artista, sientes algo cuando realizas tu obra, ella y tú sois uno en pleno proceso creativo. Tú me has visto bailar, y sé que te preguntas qué es lo que siento para hacerlo de esa manera. Quieres conocer mi unidad con la música.
- · IZAN: -respiró hondo- ¿En serio crees que soy tan transparente ?
- · ITZABÓ: Para mí sí, porque sólo a mí miras de esa forma.
- · IZAN: -tragando nudos y tenso- ¿Cómo puedes saberlo? Bailas con los ojos cerrados.
- · ITZABÓ: - fijó la mirada directamente a sus ojos azules más penetrantemente que nunca- Puedo sentirte- Miró el reloj y vio que se acercaba la hora de dar su siguiente clase- He de marcharme. Gracias por el café.
Cuando Izan logró reaccionar, salió corriendo detrás de ella que
estaba a punto de entrar en su aula.
- · IZAN: ¡Itzabó!- ella se dio la vuelta pero él , al verla, no fue capaz de articular palabra, sólo se miraron-.
- · ITZABÓ: Lo sé.
Y volvió a entrar en la Escuela. Tras la puerta cerrada el gran enigma. “La Regia” , realmente
aquello se le quedó grabado . Izan , pensativo, se marchó a su aula-taller,
y según entró por la puerta se encontró con “la escultura” , aquella que ella
había marcado con sus huellas guiada por la de él. Imágenes tan frescas como si
estuvieran sucediendo en ese instante. Imágenes, preguntas, y una necesidad que
le ardía por dentro pero que debía exteriorizar, que debía cumplir.
Sin más dilación esperó a que terminase las clases y fue a dar con
ella, pero llegó tarde y no se encontraba en la Escuela.
Con la excusa de que
se había olvidado algo importante y que debía entregárselo, en Secretaría le
dieron su dirección. Vivía en Montmartre, en su parte más alta muy cerca del Sacré-Coeur (Sagrado Corazón).
Un tosco y antiguo edificio de cuatro plantas, que como la inmensa mayoría de
los edificios antiguos de París, no contaría con ascensor, y cuyos escalones ,
más altos de lo normal, podían dejar sin aire a los que no estuviesen muy en
forma.
Parado junto a la puerta del
vestíbulo, paseaba de un lado a otro nervioso, sin saber exactamente si tocar
el timbre, si entrar o no, si habría sido un error, si tras la tregua
conseguida todo se iría al traste.
Salió un vecino, él agarró la puerta justo antes de que se cerrase y
aún continuó dudando, hasta que se armó de valor y subió hasta el último piso ,
donde vivía ella. Tocó el timbre. Oyó que rodaban la mirilla de la puerta para
mirar, la dejaban caer, y a continuación pasaban los fechillos y abrieron.
La puerta se entreabrió un poco , pero detrás no había nadie. Él la
empujó un poco más y le pareció entrar en una vieja casa de principios del
siglo XX. Apenas había colores llamativos. Una gran alfombra cubría el espacio
central del suelo de lo que parecía el salón. Sillones antiguos restaurados en
torno a una pequeña mesita de bordes redondeados color cerezo en el centro.
Repisas y salientes de escayola rodeaban toda la estancia , y encima de ellas ,
antigüedades: cámaras de fotos, relojes …. Cuadros en sus paredes con
motivaciones oscuras, representando lo que parecían aquelarres y castigos
divinos. Y entre ellos, la joya de la corona: Una réplica de una de las obras de
Edgar Degas, el famoso pintor impresionista francés más conocido por el ”pintor
de las bailarinas”, sólo que en esta ocasión no era una bailarina lo que se
representaba, sino “Una mujer peinándose” (1887-1890), cuya obra original se
encontraba en el Museo de Orsay.
La luz que iluminaba la estancia era tenue, apenas entraba por
las ventanas . Él se acercó a una y
,abriendo un poco la persiana de madera, entendió por qué escoger una vivienda así ,
en esa zona y en el último piso: vistas de todo París. Considerando que se
encontraba en la parte más alta de su única colina, indudablemente es imposible
no disfrutar de semejantes vistas de casi toda la ciudad.
Sin esperárselo, una voz le sorprendió.
- · ITZABÓ: ¿Una taza de café o té?
- · IZAN: Te, si puede ser.
Una vez el te estuvo servido y
la taza de él entregada, Itzabó le hizo una proposición que no podía rechazar.
·
- ITZABÓ: Acompáñame.
Resultaba espectacular tener la vista de aquel atardecer sobre París y
la imagen de toda la ciudad. Sin limitaciones ni edificios en medio. Un entorno
de lo más ensoñado por cualquiera y con aquella música ambiental de fondo. El
muro que contorneaba la terraza tenía unos salientes interiores que ella había
procurado acomodar con cojines de jardín. Una mesita alta y dos sillones
alargados en blanco roto, completaban la mejor estancia en que se podía estar ,
teniendo en cuenta que el día acompañaba, , y que sólo una ligera y agradable brisa recordaba que se acercaba la noche.
Mientras él contemplaba maravillado la ciudad de París, Itzabó le
observaba a él. La foto de su perfil dibujado por el sol de fondo, la sombra de
su mano cada vez que bebía, o la de sus ojos cada vez que pestañeaba. Por una
vez era él el observado y así se sentía, era él el analizado. Se sentó a su
lado . Pero se sintió incapaz de afrontar fija su mirada hacia ella.
- · ITZABO: Estabas tardando en venir inglés.
- · IZAN: - sonrió casi tímidamente, poco acostumbrado a que fuera otra persona quién dominara las situaciones, y menos aun una desconocida.- ¿alguna vez vas a llamarme por mi nombre?
- · ITZABO: ¿Crees que realmente cambiará algo si lo hago, Izan?
- · IZAN: ¿Sabías que vendría?
- · ITZABO: Eres demasiado predecible.
- · IZAN : Vaya, eso es la primera vez que me lo dicen.
- · ITZABO: Porque posiblemente no hayas sido tan transparente para nadie como lo eres conmigo.
- · IZAN: Reconozco que voy a acabar creyéndomelo, es la segunda vez que me lo dices.
- · ITZABO: ¿Y eso te asusta?
- · IZAN: - la miró a los ojos con expresión seria y bajó la cabeza- Sí te digo la verdad, - hizo una pausa y respiró hondo antes de contestar- sí.
- · ITZABO: ¿Por qué no me dices qué es lo que resulta tan importante como para haber venido a mi casa?
·
- IZAN: -La miró directamente a los ojos , se armó de valor y se lo dijo- Quiero que poses para mí.
- · ITZABÓ: No.
- · IZAN: -intentó convencerla- Itzabó, te he visto bailar, expresas tanta emotividad y sentimiento con cada gesto, con tus manos , con tu cara….. te he venido observando y se que puedo plasmarlo , pero necesito que poses para mí.
- · ITZABÓ: Tú no sabes lo que siento cuando bailo, ni la impotencia que hay en mí porque sé que no puedo expresar todo lo que hay en mi interior cuando la música comienza. Tú no tienes ni idea.
- · IZAN: - convencido se apresuró a replicarle- Muéstramelo. Házmelo saber.
- · ITZABÓ: - se rió- ¡¡Oh Dios!! Pero ¿sabes lo que estás pidiéndome? ¿Crees que puedo hacerte entender eso en un par de charlas? Lo que tú eres capaz de captar cuando me ves bailar, no es ni la décima parte de lo que recorre mi interior. Ni tú ni nadie, jamás, tendrán la capacidad para expresar mi sentimiento bailando como yo misma puedo hacerlo.
- · IZAN: - Con su gesto de total apasionamiento , casi desesperación intentaba convencerla- Hazme sentirla , o por lo menos intentarlo. Itzabó, eres fuerza, lamento, tensión. Aunque bailes con otra persona lo das todo. Me creía loco porque pensaba que aquello que yo sentía esculpiendo sólo era mío , que jamás encontraría a nadie que pudiera sentir su pasión de la misma forma, y cuando te vi la primera vez en el aula, y continúe viéndote , me dije a mí mismo “ Dios, alguien igual que yo, capaz de entenderlo”.
- · ITZABO: No , tú y yo no somos iguales, tú y yo no sentimos de la misma forma lo qué hacemos, ni lo que amamos. Por eso somos especiales , por nuestra enorme limitación para mostrar al mundo todo lo que guardamos dentro. En tu caso, tu tormento es superior al mío en intensidad porque tu obra perdura en el tiempo, pero el mío, que pronto se olvida, es insuficientemente fuerte y claro como para poder sumergirse entre la gente. Si acepto posar para ti , me habrás arrancado parte de ese sentimiento que en el fondo sólo quiero que sea mío, y eso es algo que no puedo permitirme.
En aquel preciso instante, comenzó a sonar una de las melodías preferidas de
ella, “Love Theme (Spartacus) “. Cada nota, cada golpe de tecla hacía que se
erizara su piel, y aún sin saber exactamente si por efecto de la pieza o no ,
decidió hacerle una propuesta arriesgada por ambas partes pero de la que era
consciente que él no se negaría.
- · ITZABO: Si eres capaz de esculpirme sin que yo pose, yo te enseñaré cómo sentir la música como yo la siento.- se levantó y se acercó lentamente a él. La luz de los pequeños farolillos de la terraza le daban un aspecto más dulce del que normalmente mostraba- . Sé que dudas aunque no sepa por qué, pero eres tú, y tú sabrás hacerlo, porque sólo tú sabes lo que sientes cuando me ves bailar. No necesitas que yo pose para ti. Estoy en tu mente. Cada movimiento, cada gesto…. Si lo haces, yo te enseñaré a sentir lo mismo que yo siento cuando la oigo, y podrás responder a tu pregunta.
Las luces iluminadas de la ciudad ejercían de telón de fondo perfecto.
Una tentación arriesgada. Un reto, al que Izan no podía negarse por su propio
orgullo y, por lo que conseguiría con ello : La respuesta a su pregunta.
FDO: Ana Patricia Cruz López
(Reservados todos los derechos)
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