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| Créditos a quién correponda |
A la mañana siguiente , muy temprano, alguien del servicio
tocaba la puerta de la habitación de Casey para hacer la habitación como de
costumbre.
Sin embargo, los armarios se encontraban abiertos de par en par,
parcialmente vacíos. Una de las bolsas que trajo al comienzo y que aún se mantenía en
el altillo de uno de ellos, y una nota dirigida al Dr, en la cómoda, fueron las
mejores señas de que algo había ocurrido.
La mujer bajó al despacho del Dr. a entregarle la nota, pero
su secretaria le comunicó que se hallaba en el Hospital, la Dra. Mhic, que sí
se encontraba allí la recibió en su lugar.
Cuando Aen regresó de su ronda, le esperaba la Doctora con
la nota en la mano. Él extrañado de su
presencia allí a esas horas, se percató de que la portaba.
- • Dr. Cárthaigh : ¿Qué es eso?- dijo señalándola con los ojos-
- • DR. MHIC: Una pequeña contrariedad.
- • Dr. Cárthaigh : Está abierta y va dirigida a mí.
- • DRA. MHIC: Teniendo en cuenta de quién provenía y cómo la persona que me la dió dice que ha encontrado su habitación….. pensé que podía ser urgente.
- • Dr. Cárthaigh : ¿Urgente? ¿Y ha esperado hasta que regrese del hospital para entregármela?
Salió del despacho
abriendo la puerta bruscamente y tan rápido como sus piernas daban de sí,
subió las escaleras ante el asombro de todo el personal que se encontraba en la
casa en ese momento. De un portazo, abrió la puerta del dormitorio de Casey, de
tal forma que ésta rebotó en la pared llegando casi a cerrarse. Comenzó a abrir compulsivamente los armarios
, la cómoda, revisó el cuarto de baño, y efectivamente, aún habían cosas suyas ,
pero se había marchado.
La escueta nota decía:
“Dr. Cárthaigh, he de marcharme unos días. Debo
volver a Garlway por motivos estrictamente personales . Siento no habérselo
comunicado a tiempo durante el día de ayer, pero recibí noticias urgentes y
debía partir nada más llegar el coche esta mañana. Lamento las molestias que
ello pueda ocasionarle. Esperando poder volver pronto, reciba un cordial
saludo. FDO: Casey”.
Y realmente bien temprano que se marchó, aún no había
siquiera amanecido. Cierto es que el camino resultaba tedioso, largo y que el tiempo no parecía querer acompañar.
Su marcha, más recibida como una sorpresa por algunos, entre
ellos la de la propia Dra. Mhic, resultó del todo inconveniente al propio Dr. que temía, pese a la nota y al contenido aún en su dormitorio, que no volviese.
Una rabiosa contrariedad para sus
planes, e incluso para sí mismo.
En Galway las cosas seguían igual. Nada había cambiado, ni
siquiera el Convento. Su visita sí resultó una sorpresa más que inquietante
para la madre superiora, pero considerando que fue su solicitud de ver al
Obispo lo que la motivó, y la posterior y
casi inmediata aceptación de éste, para algunos miembros de la Iglesia era más
que esperable.
Pese al cansancio por el viaje realizado, el saludo de rigor
a la Madre Superiora era lo mínimo que podría estirarse.
- • MADRE SUPERIORA: ¡Querida!
- • MADRE SUPERIORA: No tenías que haberte molestado, debes de estar muy cansada , ha debido ser un viaje horrible, y con ese tiempo.
- • CASEY: No más largo, cansado y tortuoso que de costumbre madre.
- • MADRE SUPERIORA: El Sr. Obispo espere le visites en la Vicaría mañana.
- • CASEY: Eso mismo pensaba hacer.
- • MADRE SUPERIORA: Y dime, ¿todo bien?
- • CASEY: - dudando por unos segundos qué responder- Sí claro.
- • MADRE SUPERIORA: ¿Seguro?
- • CASEY: - con una leve y forzada sonrisa- Claro Madre, todo bien, como siempre.
- • MADRE SUPERIORA: ¿Y el trabajo en el centro? Espero que te esté resultando provechoso.
- • CASEY: - intentaba tranquilizarse, pero cada vez le costaba más tragarse su propia saliva- Sí claro , mucho. Una no es consciente de lo que se puede aprender hasta que se está in situ.
- • MADRE SUPERIORA: Será mejor que deje que os retiréis a descansar o el Sr. Obispo no me lo perdonará.
Noche plácida, tranquila, nada que ver con las pasadas.
Volvía a su casa en cierta manera, y así se sentía, Nada la alteraba. Pero, aunque le costase reconocerlo, en cierta forma,
echaba de menos aquel sonido de mar embravecido debajo de su ventana, aquel
fuerte y contundente sonido que la acompañaba aún con la ventana cerrada y con
el que compartía su sueño.
No obstante, lejos de pensar que iba a encontrarse con una plácida noche, su sueño se vio interrumpido.
Imágenes difusas
aparecían en su mente. Poca luz. Alguien que no era capaz de ver , cogiéndola de
la cintura. Una larga escalera de piedra. Una especie de altar. Un libro enorme
abierto de par en par. Voces que hablaban en lengua para ella no comprensible.
Gritos. Capuchas oscuras. Y …unos ojos… que miraban……..
Se despertó sobresaltada, sudando . No había sido igual
que en las otras ocasiones, ni la sensación era la misma, pero resultaba ..........tan
real…………….
A la mañana siguiente, apenas comenzaba a atisbarse los
primeros rayos de sol y Casey se encontraba en la capilla antes de desayunar.
Una vez hubo cumplido sus obligaciones espirituales, tomó algo con el resto de
hermanas y un coche se dispuso a recogerla para llevarla hasta la Vicaría.
El Obispo se dignó
recibirla en la puerta con un saludo muy afectuoso. La acompañó, cogida
paternalmente de la mano, hasta la
biblioteca donde se había dispuesto un ligero refrigerio.
- • OBISPO: ¿Un poco de leche con el té querida?
- CASEY: Sí gracias.
- • OBISPO: ¿Azúcar?
- • CASEY: No, gracias.
- • OBISPO: Bien, Espero que hayas encontrado todo a tu gusto, la vuelta ha sido un poco precipitada pero propicié de que todo pudiese estar listo.
- • CASEY: Todo perfecto sin duda, como siempre.
- • OBISPO: ¿Y vos?
- • OBISPO: Casey, cuando vuestro padre os dejó a mi cargo, acepté sabiendo que asumía una gran responsabilidad. Acepté la dificultad que entraña criar y educar correctamente a una niña rebelde que se sentía abandonada y sola . Una niña que supo por desgracia muy pronto lo que era quedarse sin el amor de unos padres y de un entorno familiar adecuado. Una niña que pronto se convirtió en una joven con sus propios intereses, inteligente y con aptitudes para todo aquello que la iglesia más recalcitrante odiaba y odia, especialmente viniendo de una mujer. Creo que después de todo, disgustos aparte con los más altos y acaudalados gobernantes de mi régimen , creo que me he ganado a estas alturas el derecho de conoceros tan bien como para preguntaros que atesora y quema vuestro corazón.
- • CASEY: No se si debería decíroslo.
- • OBISPO: Sabéis que menos mentir…… si deseáis guardar silencio lo entenderé, pero tengo la impresión de que vos mejor que nadie , sabe que lleváis tiempo queriendo hablar y no habéis podido hacerlo.
- • CASEY: Lo he intentado con él, pero…
- • OBISPO: No recibís ni respuesta ni consuelo.
- • CASEY: No sé cómo….
- • OBISPO: Dejad que os ayude. Ha pasado algo en el centro que os ha estado haciendo replantearos vuestra fe.
- • CASEY: No puedo seguir padre.
- • OBISPO: Casey, cuando quisisteis entrar en la orden ya os avisé de que no os veía apta para ello, dudaba de que precisamente vuestras inmensas dudas os dejaran entrar con verdadera fe, y por ello he ido retrasando vuestra adopción definitiva de votos todo lo que me ha sido posible. Deduzco por vuestro tono de voz y vuestra expresión, sin temor a equivocarme, que esas dudas son aún mayor tormento en este momento. Pedís ayuda, necesitáis que os rescaten, pero por qué.
- • CASEY: No sé qué hacer. He llegado a suplicarle que me haga ver la realidad de lo que he llegado a sentir. La parte de mujer que hay en mí , aflora de forma salvaje y brutal olvidándome de mi otro yo, del que no debería perderse, la auténtica razón de porque estoy allí.
- • OBISPO: Entiendo. Ya perdimos una vez a una buena mujer y aún mejor hermana. Y ahora vos.
- • CASEY: Es casi inevitable. Me he sentido extraña porque por momentos era lo que deseaba , y cómo deseaba sentirme. He mantenido una lucha continua y brutal hacia lo que consideraba correcto y lo que me había llevado hasta allí, pero…… van atrapándome , es una especie de agujero negro sin salida. Es lo que dicen, cómo lo dicen. ¡Dios!, llegué a querer incitar a uno de ellos sin tener en cuenta nada más.
- • OBISPO: Casey, en parte , cuando te encomendé esta misión, sabía del riesgo que podías correr. Como ya te he dicho y sabes, perdimos a una gran hermana y fue irrecuperable. Sabía y sé que es muy difícil , que lo que me cuentas es tan grave como parece, y me hago cargo de que tu lucha interior ha debido ser brutal, porque ellos saben manejar muy bien el terreno en el que pisan, y ni tú ni nadie tenéis lugar donde sentiros protegidos. Pero también sabía que no podía enviar a nadie más, que sólo a ti podría perdonar el altísimo, si por el bien general terminabas cayendo en aquello que te tienta, en aquel lado que más te duele. En parte, ésta es la mejor prueba para determinar si tus dudas son reales y no adoptar los votos definitivos, o si es tu alma la que se atempera y te guía hacia el camino que realmente quieres tomar.Yo no soy nadie para deciros que debéis hacer, pero sabéis que necesitamos conocer la verdad de lo que allí dentro pasa. Confirmar de alguna forma los rumores que nos han llegado, y en caso contrario , descartar otras posibilidades. Si lo que se afirma es cierto, la Iglesia no puede permitirse seguir siendo identificada con semejante institución, ni con quiénes la regentan.
- • OBISPO: Puesto que yo os envíe a lo que podría ser una muerte segura de vuestras creencias y de vuestro espíritu, no seré yo quien os haya de juzgar por aquello que debáis, tengáis o hayáis hecho o hagáis en el futuro. Pero tampoco permitiré que nadie lo haga. Entrasteis siendo una mujer con muchas dudas, tantas , que tentada habéis estado de abandonarnos en más de una ocasión. Si lo hicierais ahora no podría extrañarme.
- • CASEY: ¿Sacrificio justificado?
- • OBISPO: El lado humano sobre el divino o clerical. Vuestra verdadera naturaleza sobre la que vos queréis convertiros. Que sigáis creyendo o no, que sigáis estimando qué es lo correcto, no se dilucida por el echo de llevar un hábito ni dejar colgado un rosario. Si pese a todo seguís creyendo, él jamás os reclamará nada, porque él sabe lo que estáis haciendo, es más, deberíais vestir ropa normal de ahora en adelante, quizás eso os ayudaría a sentiros menos culpable. Y no me contéis nada más, contáis con todo mi apoyo y lo sabéis. Hacedme llamar si realmente necesitáis ayuda .
- • CASEY: Padre…
- • OBISPO: Me conformaría con que no terminarais como ella.
Casey se marchó de vuelta al convento.
Tras dos días de
meditación profunda y de intentar encontrarse consigo misma aprovechando el
silencio del lugar, los largos paseos y las deliciosas puestas de sol, llegó la
hora de pedir el coche de nuevo y volver.
FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)

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