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A la mañana siguiente, una vez terminó de desayunar, se
dirigió al despacho de la doctora para que la acompañase , pero se encontró con
un cambio inesperado.
- • DRA. MHIC: Observo que no ha descansado bien.
- • CASEY: No demasiado.
- • DRA. MHIC: Le he preparado las nuevas carpetas de los casos de los que se encargará a partir de ahora.
- • CASEY: -Extrañada- ¿Casos? ¿Creía que eso era competencia del Dr.?
- • DRA. MHIC: Ha habido un cambio de planes. El Dr. Ha decidido que se la destina al Ala de mujeres hasta nueva orden.
- • CASEY: Pero…. Se suponía que se me había contratado para trabajar directamente con él. ¿Cuál ha sido la razón de este repentino cambio?
- • DRA. MHIC: Viniendo de dónde viene ¿tiene por costumbre discutir todas las órdenes que se le dan? No hay razones ni explicaciones que dar, el Dr.lo ha decidido así y así habrá de hacerse, salvo que él ordene lo contrario, lo cual me temo mucho que aún tardara bastante en producirse a juzgar por su comportamiento de estos últimos dos días. Tome- le entrego algo- su propia identificación y su llave de seguridad. Se accede al final de este pasillo a la izquierda, el encargado de la seguridad que se encuentra al otro lado la está esperando.
- • CASEY: ¿Quién se supone que supervisará mi trabajo?
- • DRA. MHIC: -observándola por encima de sus gafas- Eso es algo de lo que no debería preocuparse. Buenos días Hermana.
Casey salió del despacho convencida de que aquello debía de resultar algún tipo de castigo, aunque por otra parte tampoco es que dicho cambio pudiera considerarse una mala opción.
Nada de prohibiciones, ni momentos
violentos. Durante un tiempo estaría tranquila respecto de los desaires del
doctor y su extraño comportamiento.
Tras atravesar la puerta de seguridad, el agente que allí se
encontraba le dio las instrucciones precisas a seguir.
Aquella Ala del hospital poco se diferenciaba de la de los
hombres. La misma tranquilidad, el mismo silencio, todas sus puertas cerradas.
Casi se podría decir que no se encontrase en un hospital de esas
características.
La única diferencia no era tanto el número de pacientes,
notablemente inferior, sino que en ella no existía parte exclusiva para
aquellos pacientes de extrema peligrosidad, aunque tampoco lo hubieran
necesitado , puesto que bajo aquella categoría sólo se encontraba una interna, a
la cual, simplemente, se la mantenía aislada en la última celda del fondo del
pasillo.
La Dra. Mhic, posiblemente mandatada por el Dr. , había puesto
mucho énfasis en la importancia de que fuese Casey personalmente quien la
atendiera, y ello, lejos de molestarle o extrañarle, la congratuló sobremanera
puesto que, sin saber por qué, le estaba dando capacidad de decisión sobre un
paciente, su paciente.
Con el expediente de la misma en su brazo , se dirigió a la
celda . Nada más abrir el encargado de seguridad la puerta de pesado metal, cuatro paredes de
blanco impoluto, un ventanón ojo de buey en la parte superior de una de ellas,
una mesa y una silla mimetizadas perfectamente debido a su mismo color y
tonalidad, y una mujer con pelo largo y
blanco , ligeramente ondulado, de pie frente al ventanón, la primera e
inolvidable imagen.
La mujer apenas ladeó la cabeza hacia un lado como queriendo
corroborar que junto a ella se encontraba otra persona.
Conforme Casey profundizaba más en aquella primera lectura
de la documentación, algo la llamó la atención.
- • CASEY: ¿Hermana Ó Conaill? ¿Keira Ó Conaill?
- • CASEY: - continuó leyendo y su sorpresa aumentaba- ¿Madre Superiora?
Aquel silencio llegaba a resultar muy molesto. Ella casi
hubiese preferido encontrarse con una paciente histérica que hablase de forma
atropellada antes que ésto. Hasta que las primeras palabras de la paciente fueron
incapaces de dejarla indiferente.
- • KEIRA: Ya no.
- • CASEY: Disculpe, el informe pone…
- • KEIRA : Se lo que pone.
- • KEIRA: Dejé de serlo desde el día en que su Dios y la institución a la que se suponía que representaba, me encerraron aquí dentro por decir una gran verdad.
- • CASEY: Disculpe, no era mi intención molestarla. Mi nombre es Casey y a partir de ahora llevaré personalmente su caso.
- • KEIRA: ¿Así que ya la han enviado aquí? ¿qué es lo que le ha hecho al doctor?
- • CASEY: ¿Disculpe?
- • KEIRA: La pregunta requiere respuesta y me consta que usted me ha escuchado bien.
- • CASEY: No lo sé. No han querido darme explicaciones.
- • KEIRA: Seguro que le ha enojado, o mejor aún, ¿ha osado desobedecerle?
- • CASEY: Posiblemente …..ayer….
- • KEIRA: ¿No habrá tenido nada que ver con uno de los pacientes……. de las celdas de aislamiento?
El tono de su voz, misterioso y seguro de acertar todas las
preguntas antes de conseguir ser respondidas.
Keira se acercó a ella, se apoyó en la mesa, y tuvo el rostro
de Casey tan cerca al suyo, que podían sentirse el aliento mutuamente. Casey
la miró durante un instante, pero seguidamente bajó la cabeza.
La paciente comenzó a reírse y a mostrar otra faceta de su
presunta personalidad múltiple diagnosticada.
- • KEIRA: ¿Así que también habéis pecado de curiosidad? Y hasta podría aseverar con quién. ¿La celda cinco tal vez?
Keira comenzó a andar alrededor de ella en círculos.
- • KEIRA: Antes de que os lo hiciera , ya había escogido a otras, claro que con ellas había tardado un poco más en exiliarlas.
- • CASEY: Independientemente de las razones que hayan llevado al doctor a trasladarme a esta parte del hospital, lo cierto es que lo prefiero, aquí gozo de una libertad que presumía no poder tener a su lado y en constante vigilancia.
- • KEIRA: Mi querida hermana, ¿en serio creéis en la buena voluntad del doctor? ¿En serio estimáis que esto no es acaso un castigo por haber cometido desobediencia, curiosidad y obstinación? Defectos tremendamente inaceptables para él, hombre de supuesta perfección sin tacha, sin rubor, sin grieta por donde su maldita alma pueda escaparse.
Un cierto tono de resentimiento en el fondo de aquellas
palabras daba la pista a Casey de que por algún motivo aquella paciente no lo habría tenido nada
fácil con él.
- • CASEY: Antes habéis dicho que os internaron aquí por hacer determinadas afirmaciones.
- • KEIRA: Si eso mismo que en su día dije lo hubiera afirmado un hombre , aún con sotana revestido, nunca se le hubiera encerrado aquí. Pero el falso profeta se sintió ofendido, herido en su orgullo más íntimo y voraz, y sólo le quedó lograr que se me apartase del mundanal ruido y de la vida corriente.
- • CASEY: Sra. Ó Conaill, su orden de internamiento pone claramente un diagnóstico de personalidad múltiple. Incluso está firmado por dos psiquiatras expertos.
- • KEIRA: De los suyos.
- • CASEY: ¿Disculpe?
- • KEIRA: Dos sacerdotes. Los dos psiquiatras son sacerdotes.
- • CASEY: Escuche, no sé qué ha podido hacerle el Dr. Cárthaigh pero…..
- • KEIRA: Judas traicionó a Jesús con besos. Caín fue capaz de matar a su hermano de la peor forma. Ese Dios misericordioso al que alabáis ha sido capaz de acabar con toda la humanidad debajo del agua.
- • CASEY: No voy a hablar con usted sobre mi fe y su descreimiento. Estoy aquí para ayudarla médicamente.
- • KEIRA: Pues entonces , comience por quitarse ese maldito hábito de encima ahora que aún puede hacerlo. –se acercó a la ventana – Y fueron los mismos sacerdotes los que convirtieron el templo en un mal mercado. Váyase mientras pueda hermana, de lo contrario algo más poderoso que la cólera de Dios caerá sobre usted.
Y Casey salió de la celda con la sensación de haber recibido
mucha información sin sentido. Una mujer tan misteriosa como enferma pensó ella
en un principio…y aquella advertencia. Pero entre todas las frases y palabras
dichas, dos fueron las que no lograría quitarse de la cabeza “falso profeta”.
¿A qué se referiría?.
Horas más tarde, cuando hubo terminado su trabajo, salió del
ala para volver a la casona. Casey se encontraba muy cansada y apenas podía
mantenerse en píe. Tomó un baño, y se cambió de ropa, pero lejos de permanecer
de pie para conseguir estar despierta, al menos hasta el momento de cenar, se
reclinó sobre la cama con la idea de descansar sólo un poco, pero las horas
pasaron y el sueño profundo en el que se encontraba imbuida , no la dejaba
suelta por un instante.
Cuando logró despertarse , la noche más cerrada había caído
y se encontraba en plena dominación de aquel lado del país.
Todo rastro de tormenta había desaparecido, y
en su lugar, una ligera y agradable brisa era capaz de recorrer cada palmo de
su cuerpo dibujando curiosas figuras.
Al no llegar a tiempo para la cena por ser muy tarde, Casey
decidió bajar a la cocina para prepararse algo de comer. La casona estaba
profundamente oscura, el silencio se había apoderado hacía tiempo ya de todas
las estancias, y pese a lo tétrico del panorama, ella se dirigió decidida a la
cocina que se encontraba un piso más abajo del vestíbulo.
La cocinera , considerada por quienes podían tener ciertos
apetitos nocturnos, siempre solía dejar una jarra de leche fresca y una bandeja
de galletas de miel y almendras caseras encima de la mesa de la cocina.
Tras coger un vaso, y
comenzar a servirse, algo la sobresaltó, una voz harto familiar más ténebre que
la propia presencia de la casa.
- • Dr. Cárthaigh : ¿Continúan sus problemas para dormir?
Casey cogió todos los paños que pudo a efectos de secar la
leche del suelo, pero conforme iba recogiendo el líquido elemento parecía
estarse multiplicando. Comenzaron sus prisas y su agobio por intentar salir de
allí lo antes posible.
- • Dr. Cárthaigh : Observo que seguís sin contestarme.
Él se acercó , se agachó y comenzó a recoger los trozos de
la jarra de barro.
- • CASEY: No deberíais haberos molestado.
- • Dr. Cárthaigh : ¿Nerviosa?
- • Dr. Cárthaigh : Os recuerdo que ésta sigue siendo mi casa, por tanto , aún soy yo quien adopta mis propias decisiones sobre el terreno.
- • CASEY: No voy a volver a disculparme Dr. Cárthaigh .
- • Dr. Cárthaigh : ¡Vaya! ¿Sabéis hacerlo?
- • CASEY: Será mejor que me marche a mi dormitorio.
- • Dr. Cárthaigh : ¡esperad! Aún no me habéis dicho qué tal os ha ido en vuestro ruta.
- • CASEY: Bien.- una respuesta seca y distante-
- • Dr. Cárthaigh : me preguntaba cómo os habría ido con vuestra colega de hábitos.
- • CASEY:¿ La Sra. Ó Conaill? Bueno, no hemos tenido demasiada oportunidad para hablar, casi se ha tratado más bien de una presentación.
- • Dr. Cárthaigh : Una mujer misteriosa la Sra. Ó Conaill, siempre lo fue. ¿No os dijo nada?
- • CASEY: Dijo muchas cosas, pero nada que pudiera ser de vuestro interés.
- • Dr. Cárthaigh : No creo que eso os toque valorarlo a vos. Esa paciente sufre de un trastorno obsesivo y sumamente violento, complicado por múltiples personalidades a cual más destructiva. De echo, sufre de fantasías y alucinaciones sobre su vida y las razones de su encierro. Supongo que os habrá contado que fue obligada tras verter una serie de falacias y graves acusaciones hacia mi persona.
- • CASEY: Nunca había oído que hacer comentarios sobre una persona fuera motivo suficiente para internarle en un hospital.
- • Dr. Cárthaigh : Sus alucinaciones van más allá , cree ver y hablar con fuerzas oscuras y demonios. Es capaz de inventarse toda una batalla sobre la vuelta de los ángeles caídos y no sé qué cosas más . Debo recordaros, que esa mujer fue desposeída de su cargo por quienes mismo la nombraron, por perder la cabeza y creer en demasía en esas lecturas en las que las sumergen- volvió a acercarse a ella. Su costumbre de intimidarla nunca conseguía el efecto deseado- No siendo habitual en mí, voy a permitirme daros una recomendación, no prestéis oídos atentos a las argumentaciones banales y mundanas. Los pacientes son personas acostumbradas a mentir como única forma de sobrevivir aquí dentro.
- • CASEY: Sin embargo, aunque no fue mencionado directamente, si pude deducir que usted y ella no deben llevarse muy bien.
- • Dr. Cárthaigh : Mi única obligación para con los pacientes es tratarles como se merecen, como enfermos. Todo lo que se extralimite de ahí, se queda en las cuatro paredes de su celda, y nunca es asunto nuestro.
- • CASEY: - de forma involuntaria continuó provocando al doctor- Pero ella...
- • Dr. Cárthaigh : Pero ¿ella? Ya dudé en su momento de que estuviera lo suficientemente preparada para ostentar este puesto, pero lo que no imaginé jamás es que disfrutase sacándome de mis casillas de forma reiterada .
- • CASEY: Si tan incompetente me creíais entonces y aún hoy dudáis de que pueda seros útil, a qué esperáis para echarme.
- • Dr. Cárthaigh : Ojalá pudiera, pero eso es ahora mismo un lujo que no puedo permitirme.
- • CASEY: ¿por qué?
- • Dr. Cárthaigh : Por qué no puedo prescindir de nadie.
- • CASEY: Excusas, mi trabajo lo puede desarrollar cualquiera, además tenéis la costumbre de ocuparos personalmente de todo.
- • Dr. Cárthaigh : ¡Dejad de cuestionar mis decisiones y mi forma de trabajar de una vez! ¿Quién os habéis creído ser? No sois más que una mujer llena de dudas que no sabe lo que quiere hacer con su insignificante vida y sólo por eso , busca cualquier excusa para alejarse de aquello que ha decidido, porque no tiene ni tendrá valor suficiente para adoptar la decisión de frente. ¿Y sois vos la que recién llegada aquí , con vuestros aires de superioridad divina, os atrevéis a cuestionarme? Ni vuestro Dios se atrevería a tanto.
Sólo una tímida lágrima fue su respuesta . Se dio la vuelta
y salió de la cocina con muchas preguntas sin respuesta.
Ya en su habitación, otra noche más , donde el simple echo de recostarse en la cama
resultaría un tormento. Su mente, aún más cansada que su cuerpo, no la dejaba
tranquila ni aún con los ojos cerrados.
Pasarían horas antes de que el auténtico cansancio le ganase
la partida una vez más. Claro que, no fue lo único que volvía a vencer en esa
partida.
Otra noche más sin lograr conciliar un sueño tranquilo.
En mitad de un profundo sueño, sintió mucho calor. No habían
tensiones, no sentía presiones. Parecía que flotase. Algo desconocido la
susurraba al oído en una lengua extraña, casi imperceptible, pero que ella ,
por razones que desconocía entendía perfectamente.
Como dominada y sin
voluntad, comenzó a pasar sus manos por cada parte de su cuerpo , acariciándose
. En sus sueños, alguien la observaba de píe en la cama , frente a ella, una
gran figura oscura, sin rostro definido pero unos ojos muy penetrantes.
La misma voz que de forma continua la incitaba a complacer
al desconocido espectador, y le dijo que se diera la vuelta quedando de
espaldas a él.
Con voluntad y entrega absoluta, pudo sentir como algo la
agarraba por las manos para colocarle los brazos estirados en cruz, su cara pegada a la almohada. Aquellas manos
se introducían en el interior de su camisón presionando la piel mientras
ascendían.
Lo siguiente, el calor de lo que ella entendía como un cuerpo por su tamaño, y una
leve presión en su espalda , una leve caricia casi imperceptible en su cuello,
y un leve susurro .
Algo la hizo despertarse de pronto. Asustada, sin entender
por qué se encontraba en la cama de aquella forma, con el camisón
completamente levantado hasta la cintura.
Agotada y nerviosa, sin entender que le estaba ocurriendo
desde que llegó a la Casona y al hospital. Una lucha interior entre lo que
creía y lo que en su conciencia parecía tremendamente real.
A la mañana siguiente, al mirarse en el espejo, pudo
comprobar que las ojeras se habían acentuado aún más. Su rostro se mostraba
mucho más cansado y apenas se sostenía en píe, pero debía coger fuerzas y
disimular en la medida de lo posible, aún a riesgo de que el Dr. la
interrogase.
Conforme bajó las escaleras, en vez de dirigirse al
comedor, fue directamente al despacho del
Dr. dispuesta a tocar, se dio cuenta de que la puerta estaba algo abierta y oyó voces. Se
quedó detrás a escuchar.
- • Dra. Mhic: ¿no cree que está yendo demasiado deprisa?
- • Dr. Cárthaigh : ¿Y usted no cree que se está tomando demasiadas libertades Dra?
- • Dra. MHIC: Sólo expreso lo que pienso, especialmente si tenemos en cuenta su objetivo.
Una silla rodó violentamente, Casey dedujo que había sido la
de él.
- • Dr. Cárthaigh : Carezco tanto de paciencia como de tiempo.
- • DRA. MHIC: Con más razón para hacer las cosas bien. No puede permitirse errores.
Se oyeron pasos acercarse rápidamente hacia la puerta ,
Casey se retiró un poco para dar la impresión de que acababa de llegar y cuando
la Dra. Mhic la vio , se sobresaltó porque no la esperaba.
Pasó a su lado dejando la puerta abierta, y aunque ella no
le dejó ver demasiado bien su cara, la doctora sí se había percatado de su
pésimo aspecto.
Casey tocó la puerta y el Dr. le dio paso. Tras tomar asiento, mantuvo su cabeza baja la
mayor del tiempo, lo que llamó la atención de él.
- • Dr. Cárthaigh : ¿Dormís bien?
Su tono extrañamente conciliador no le sirvió a Casey para
bajar la guardia u otorgarle un beneficio de duda.
- • CASEY: Me han dicho que me llamabais.
Arisca y bastante cortante dadas las reacciones que
suscitaba en él últimamente, procuró no mirarle a los ojos directamente.
- • Dr. Cárthaigh : - de forma bastante condescendiente- ¿Os importaría levantar el rostro?
- • CASEY: ¿Para qué me queríais?
- • Dr. Cárthaigh : Por favor.
Pese a no fiarse en nada de él, decidió hacerle caso dado el
tono casi rogatorio empleado. Sus ojos verdes volvieron a clavársele hasta el
fondo de su interior. Era su mirada penetrante lo que realmente la incomodaba.
Sentía como escudriñaba en su propio yo, desposeída de su capacidad para decir
que no.
- • Dr. Cárthaigh : Por lo que veo os cuesta adaptaros.
- • CASEY: -a la defensiva- Vos no me lo habéis puesto fácil ¿no creéis?
- • Dr. Cárthaigh : Quiero que vuelva conmigo , pero sin abandonar sus obligaciones en el ala de mujeres.
- • CASEY: ¿Es qué cree que así puede controlarme mejor?
- • Dr. Cárthaigh : Soy plenamente consciente de que hemos empezado con mal pie, y me gustaría que empezásemos de cero.
- • CASEY: Me temo que llega tarde su solicitud de tregua Dr. Tengo pensado marcharme mañana por la mañana temprano.
- • Dr. Cárthaigh : -sorprendido- ¡Noooo!
Aquella noticia debía de haberle roto muchos planeamientos.
Ahora le tocaba a él mover ficha.
- • CASEY: ¿Perdón?
- • Dr. Cárthaigh : Se que no me he comportado con vos como esperabais.
- • CASEY: ¿Y cómo se supone que debía esperar que os comportarais?
- • Dr. Cárthaigh : Con un poco más de respeto , al menos.
- • Dr. Cárthaigh : Supongo, que con el tiempo he perdido mi capacidad para saber relacionarme con ciertas personas, y sólo por eso, aunque no compense el daño que os haya podido hacer, ruego me disculpéis.
Aquella voz, siempre la misma tonalidad, ni un solo acento
más alto que otro. Aquella voz suave y penetrante, convincente por sí sola.
Aquella voz que era capaz de causar sensaciones desagradables y fantásticas al
mismo tiempo. Una voz que resonaba en sus oídos a solicitud de una segunda
oportunidad, de un nuevo comienzo, lo que para un hombre como el doctor , debía
resultar un auténtico sacrificio.
- • CASEY: Curiosa forma de disculparos la vuestra.
- • Dr. Cárthaigh : Pero aún no me habéis dicho si las aceptáis.
- • CASEY : En mi deber está el perdonaros vuestras ofensas, pero ello no hará que cambie de opinión respecto mi marcha.
- • Dr. Cárthaigh : Quedaros.
Aquellos ojos tan grandes como profundamente verdes. Ojos de
los que se debía desconfiar, ojos que sabían mejor interpretar su papel que el
propio caballero que los portaba.
- • CASEY: Dejadme salir.
- • Dr. Cárthaigh : No, hasta que me digáis que vais a quedaros.
- • CASEY: Dejadme salir os lo ruego.
- • Dr. Cárthaigh : - su rabia contenida le presionaba el pecho, el dolor era cada vez más creciente, a punto de estallar- Decídmelo.
- • CASEY: Decidme vos primero porque habría de hacerlo? Desde que he llegado, no habéis hecho otra cosa que darme información a medias, vigilarme tan de cerca y de forma tan desconfiada que no pareciera que necesitarais a una profesional que os ayudase. Todo han sido malos gestos , gritos y feas palabras , ofensivas y dolorosas sobre unos hechos cuya fuente de información desconozco, pero que lo único que ha provocado en vos, es que conozcáis una versión trasgiversada de la realidad. Me ocultáis información de pacientes que se supone he de atender, os molestáis por mi interés y lo pintáis de curiosidad. Os creéis con el derecho a llamarme obstinada, orgullosa y más cosas sin conocerme. ¿En serio creéis que puedo tener las ganas y la devoción de servicio que mi trabajo requiere, cuando éste sólo ha sido el comienzo, y bajo la eterna sospecha de saber o imaginar qué es lo que puede pasar más adelante?
- • Dr. Cárthaigh : Os necesito.
- • CASEY: Dejadme salir , por favor.
- • CASEY: ¿Me dejaréis trabajar en libertad? Con vuestra supervisión , por supuesto.
- • Dr. Cárthaigh : Id a desayunar, y venid al despacho cuando terminéis.
- • CASEY: ¿He de sobreentender eso como una respuesta afirmativa?
- • Dr. Cárthaigh : Sí.
Él le tenía preparadas las carpetas que portaban los
expedientes de los pacientes más
peligrosos, y Casey comenzó a contarlas: habían sólo cuatro.
- • Dr. Cárthaigh : Revisadlas, debéis estudiarlas y realizarme un informe de situación.
- • CASEY: ¿Dónde está la que falta?
- • Dr. Cárthaigh : ¿Disculpad?
Aquellos ojos , instantes antes amables y compasivos, volvían
a mostrarse tal y como siempre eran , agresivos y profundamente temibles.
- • CASEY: Falta el expediente del paciente de la celda cinco.
- • Dr. Cárthaigh : Os encargaréis de éstos, el paciente cinco siempre ha sido asunto mío.
- • CASEY: ¿Os recuerdo lo que habéis prometido?
- • Dr. Cárthaigh : Bien- se acercó hasta el mueble situado a su izquierda y lo abrió con una llave colgada al cuello, cogió una carpeta y la lanzó encima de la mesa- Vos lo habéis querido. Pero os advierto que no me responsabilizaré de lo que os pase, lleva demasiado tiempo aislado y es extremadamente peligroso. Tenedlo en cuenta si os decidís a entrar.
Y le entregó su nueva identificación que le permitía acceder
sola a esa parte y las llaves de seguridad .
Apenas salió de allí, comenzó a estudiar esa carpeta en
primer lugar. No quiso perder demasiado tiempo en ello y sólo le dio tiempo de
hacerlo por encima. Su informe resultaba vago, sin demasiado orden. Sin fechas,
ni tiempo de permanencia en esa situación, ni revisiones temporales, ni
tratamiento.
Tan sólo tres hojas y media de divagaciones absurdas que
cuestionaban constantemente su capacidad
para vivir en sociedad. Nada debidamente contrastado, ningún estudio, sin
cifras comparativas. Nada.
El paciente de la celda número cinco resultaba ser
un auténtico misterio, y el riesgo que debía asumirse al conocerle, con la única
referencia de lo dicho por el Doctor, era más que evidente, puesto que el
principal temor es adentrarse en un terreno completamente desconocido : no se
sabía el motivo por el que se encontraba encerrado allí.
Pero lejos de aseverarse en sus miedos, Casey decidió
arriesgarse e ir personalmente a conocerle.
Cuando logró llegar, el encargado de seguridad le insistió en que no era buena
idea , y mucho menos sola, pero cuanto más le decía él, ella más se
autoconvencía de que debía de acceder a la celda. Así que al hombre uniformado no le quedó más remedio que abrirle la puerta y dejarla entrar.
Al principio hubo de quedarse un instante cerca de la puerta.
La celda estaba muy oscura, apenas se veía nada en su interior. El ventanuco de
la que las demás gozaban, en este caso, había sido reducido a la mínima
expresión y su escasa luz daba en el suelo.. Su olor resultaba bastante
desagradable, y por el tacto de sus zapatos con el suelo, daba la impresión de
no haber habido mucha higiene.
Ella detectó , entre la oscuridad, que el paciente la estaba
observando, pero que permanecía inmóvil junto a la pared del fondo.
Casey comenzó a andar con uno de los brazos extendidos a
efectos de poderse encontrar con él, muy despacio.
Cuando creía acercarse a la pared del fondo, tropezó con
algo , y sólo unos brazos impidieron que se cayese al suelo . Cuando ella
levantó la mirada, la escasa luz había pasado a ser un hilo de luz brillante
del sol que caía sobre parte de su rostro.Un cabello largo y desarreglado, y un
poblada barba que cubrían de forma salvaje su cara.
Pero lo que más le llamó la
atención fueron sus ojos. Ojos claros , aparentemente grises, grandes, muy expresivos y muy tristes.
Él la soltó y volvió a la oscuridad, donde se encontraba
mucho más seguro.
Ella necesitaba respuestas, pero antes algunas cosas debían
cambiar.
FDO: ANA PATRICIA CRUZ LOPEZ
(Todos los derechos reservados)

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