jueves, 26 de marzo de 2015

ELECCION. Capítulo tercero. (Rated +18) (Registrado 24 sept 2014)

Crédito foto a quién corresponda
A la mañana siguiente, una vez terminó de desayunar, se dirigió al despacho de la doctora para que la acompañase , pero se encontró con un cambio inesperado.
  • •             DRA. MHIC: Observo que no ha descansado bien.
  • •             CASEY: No demasiado.
  • •             DRA. MHIC: Le he preparado las nuevas carpetas de los casos de los que se encargará a partir de ahora.
  • •             CASEY: -Extrañada- ¿Casos? ¿Creía que eso era competencia del Dr.?
  • •             DRA. MHIC: Ha habido un cambio de planes. El Dr. Ha decidido que se la destina al Ala de mujeres hasta nueva orden.
  • •             CASEY: Pero…. Se suponía que se me había contratado para trabajar directamente con él. ¿Cuál ha sido la razón de este repentino cambio?
  • •             DRA. MHIC: Viniendo de dónde viene ¿tiene por costumbre discutir todas las órdenes que se le dan? No hay razones ni explicaciones que dar, el Dr.lo ha decidido así y así habrá de hacerse, salvo que él ordene lo contrario, lo cual  me temo mucho que aún tardara bastante en producirse a juzgar por su comportamiento de estos últimos dos días. Tome- le entrego algo- su propia identificación y su llave de seguridad. Se accede al final de este pasillo a la izquierda, el encargado de la seguridad  que se encuentra al otro lado la está esperando.
  • •             CASEY:  ¿Quién se supone que supervisará  mi trabajo?
  • •             DRA. MHIC: -observándola por encima de sus gafas- Eso es algo de lo que no debería preocuparse. Buenos días Hermana.



Casey salió del despacho convencida de que aquello debía de resultar algún tipo de castigo, aunque por otra parte tampoco es que dicho cambio pudiera considerarse una mala opción. 
Nada de prohibiciones, ni momentos violentos. Durante un tiempo estaría tranquila respecto de los desaires del doctor y su extraño comportamiento.

Tras atravesar la puerta de seguridad,  el agente que allí se encontraba le dio las instrucciones precisas a seguir.

Aquella Ala del hospital poco se diferenciaba de la de los hombres. La misma tranquilidad, el mismo silencio, todas sus puertas cerradas. Casi se podría decir que no se encontrase en un hospital de esas características.
La única diferencia no era tanto el número de pacientes, notablemente inferior, sino que en ella no existía parte exclusiva para aquellos pacientes de extrema peligrosidad, aunque tampoco lo hubieran necesitado , puesto que bajo aquella categoría sólo se encontraba una interna, a la cual, simplemente, se la mantenía aislada en la última celda del fondo del pasillo.

La Dra. Mhic, posiblemente mandatada por el Dr. , había puesto mucho énfasis en la importancia de que fuese Casey personalmente quien la atendiera, y ello, lejos de molestarle o extrañarle, la congratuló sobremanera puesto que, sin saber por qué, le estaba dando capacidad de decisión sobre un paciente, su paciente.

Con el expediente de la misma en su brazo , se dirigió a la celda . Nada más abrir  el encargado de seguridad la puerta de pesado metal, cuatro paredes de blanco impoluto, un ventanón ojo de buey en la parte superior de una de ellas, una mesa y una silla mimetizadas perfectamente debido a su mismo color y tonalidad,  y una mujer con pelo largo y blanco , ligeramente ondulado, de pie frente al ventanón, la primera e inolvidable imagen.

La mujer apenas ladeó la cabeza hacia un lado como queriendo corroborar que junto a ella se encontraba otra persona.
Conforme Casey profundizaba más en aquella primera lectura de la documentación, algo la llamó la atención.
  • •             CASEY: ¿Hermana Ó Conaill? ¿Keira Ó Conaill?

 La mujer permanecía imperturbable en la misma posición, de pie frente al ventanón, sin respuesta alguna ni intención de darla a priori.

  • •             CASEY: - continuó leyendo y su sorpresa aumentaba- ¿Madre Superiora?

Aquel silencio llegaba a resultar muy molesto. Ella casi hubiese preferido encontrarse con una paciente histérica que hablase de forma atropellada antes que ésto. Hasta que las primeras palabras de la paciente fueron incapaces de dejarla indiferente.

  • •             KEIRA: Ya no.

 Por su voz, podría decirse que en tiempos pasados podría haber sido una mujer de carácter fuerte y con personalidad.

  • •             CASEY: Disculpe, el informe pone…
  • •             KEIRA : Se lo que pone.

 La mujer continuaba sin intención de modificar su posición dentro de la celda y a priori,  sin intención de darse la vuelta para dirigírsele a la cara.

  • •             KEIRA: Dejé de serlo desde el día en que su Dios y la institución a la que se suponía que representaba,  me encerraron aquí dentro por decir una gran verdad.

 La paciente por fin decidió mostrar su rostro. Pese al pelo largo y blanco, la tez de su rostro era blanca y joven. No tenía tantos años como aparentaba, y destacaba sobre todo por su hermosura.
  • •             CASEY: Disculpe, no era mi intención molestarla. Mi nombre es Casey y a partir de ahora llevaré personalmente su caso.
  • •             KEIRA: ¿Así que ya la han enviado aquí? ¿qué es lo que le ha hecho al doctor?
  • •             CASEY: ¿Disculpe?
  • •             KEIRA: La pregunta requiere respuesta y me consta que usted me ha escuchado bien.
  • •             CASEY: No lo sé. No han querido darme explicaciones.
  • •             KEIRA: Seguro que le ha enojado, o mejor aún, ¿ha osado desobedecerle?
  • •             CASEY: Posiblemente …..ayer….
  • •             KEIRA: ¿No habrá tenido nada que ver con uno de los pacientes……. de las celdas de aislamiento?

El tono de su voz, misterioso y seguro de acertar todas las preguntas antes de conseguir ser respondidas.
Keira se acercó a ella, se apoyó en la mesa,  y tuvo el rostro de Casey tan cerca al suyo, que podían sentirse el aliento mutuamente. Casey la miró durante un instante, pero seguidamente bajó la cabeza.

La paciente comenzó a reírse y a mostrar otra faceta de su presunta personalidad múltiple diagnosticada.

  • •             KEIRA: ¿Así que también habéis pecado de curiosidad? Y hasta podría aseverar con quién.  ¿La celda cinco tal vez?

 Casey era incapaz de contestarle. Apenas acabante de conocerla, se permitía hablar de unos echos que pareciera conocer bien por haber sido testigo mudo de los mismos.
Keira comenzó a andar alrededor de ella en círculos.

  • •             KEIRA: Antes de que os lo hiciera , ya había escogido a otras, claro que con ellas había tardado un poco más en exiliarlas.
  • •             CASEY: Independientemente de las razones que hayan llevado al doctor a trasladarme a esta parte del hospital, lo cierto es que lo prefiero, aquí gozo de una libertad que presumía no poder tener a su lado y en constante vigilancia.
  • •             KEIRA: Mi querida hermana, ¿en serio creéis en la buena voluntad del doctor? ¿En serio estimáis que esto no es acaso un castigo por haber cometido desobediencia, curiosidad y obstinación? Defectos tremendamente inaceptables para él, hombre de supuesta perfección sin tacha, sin rubor, sin grieta por donde su maldita alma pueda escaparse.

Un cierto tono de resentimiento en el fondo de aquellas palabras daba la pista a Casey de que por algún motivo  aquella paciente no lo habría tenido nada fácil con él.

  • •             CASEY: Antes habéis dicho que os internaron aquí por hacer determinadas afirmaciones.
  • •             KEIRA: Si eso mismo que en su día dije lo hubiera afirmado un hombre , aún con sotana revestido, nunca se le hubiera encerrado aquí. Pero el falso profeta se sintió ofendido, herido en su orgullo más íntimo y voraz, y sólo le quedó lograr que se me apartase del mundanal ruido y de la vida corriente.
  • •             CASEY: Sra. Ó Conaill, su orden de internamiento pone claramente un diagnóstico de personalidad múltiple. Incluso está firmado por dos psiquiatras expertos.
  • •             KEIRA: De los suyos.
  • •             CASEY: ¿Disculpe?
  • •             KEIRA: Dos sacerdotes. Los dos psiquiatras son sacerdotes.
  • •             CASEY: Escuche, no sé qué ha podido hacerle el Dr.  Cárthaigh  pero…..

 La mujer cambió la expresión de su cara en cuanto oyó su nombre.
  • •             KEIRA: Judas traicionó a Jesús con besos. Caín fue capaz de matar a su hermano de la peor forma. Ese Dios misericordioso al que alabáis ha sido capaz de acabar con toda la humanidad debajo del agua.
  • •             CASEY: No voy a hablar con usted sobre mi fe y su descreimiento. Estoy aquí para ayudarla médicamente.
  • •             KEIRA: Pues entonces , comience por quitarse ese maldito hábito de encima ahora que aún puede hacerlo. –se acercó a la ventana – Y fueron los mismos sacerdotes los que convirtieron el templo en un mal mercado. Váyase mientras pueda hermana, de lo contrario algo más poderoso que la cólera de Dios caerá sobre usted.

Y Casey salió de la celda con la sensación de haber recibido mucha información sin sentido. Una mujer tan misteriosa como enferma pensó ella en un principio…y aquella advertencia. Pero entre todas las frases y palabras dichas, dos fueron las que no lograría quitarse de la cabeza “falso profeta”. ¿A qué se referiría?.

Horas más tarde, cuando hubo terminado su trabajo, salió del ala para volver a la casona. Casey se encontraba muy cansada y apenas podía mantenerse en píe. Tomó un baño, y se cambió de ropa, pero lejos de permanecer de pie para conseguir estar despierta, al menos hasta el momento de cenar, se reclinó sobre la cama con la idea de descansar sólo un poco, pero las horas pasaron y el sueño profundo en el que se encontraba imbuida , no la dejaba suelta por un instante.
Cuando logró despertarse , la noche más cerrada había caído y se encontraba en plena dominación de aquel lado del país. 
  Todo rastro de tormenta había desaparecido, y en su lugar, una ligera y agradable brisa era capaz de recorrer cada palmo de su cuerpo dibujando curiosas figuras.
Al no llegar a tiempo para la cena por ser muy tarde, Casey decidió bajar a la cocina para prepararse algo de comer. La casona estaba profundamente oscura, el silencio se había apoderado hacía tiempo ya de todas las estancias, y pese a lo tétrico del panorama, ella se dirigió decidida a la cocina que se encontraba un piso más abajo del vestíbulo.
La cocinera , considerada por quienes podían tener ciertos apetitos nocturnos, siempre solía dejar una jarra de leche fresca y una bandeja de galletas de miel y almendras caseras encima de la mesa de la cocina.
Tras  coger un vaso, y comenzar a servirse, algo la sobresaltó, una voz harto familiar más ténebre que la propia presencia de la casa.

  • •             Dr.  Cárthaigh  : ¿Continúan sus problemas para dormir?

 La jarra de barro se le cayó al suelo. El sobresalto en aquel ambiente era de lo más perturbador, y lejos de querer volver a importunarle, tras intentar recoger el estropicio lo mejor posible, decidiría retirarse de nuevo a la habitación.
Casey cogió todos los paños que pudo a efectos de secar la leche del suelo, pero conforme iba recogiendo el líquido elemento parecía estarse multiplicando. Comenzaron sus prisas y su agobio por intentar salir de allí lo antes posible.

  • •             Dr.  Cárthaigh  : Observo que seguís sin contestarme.

Él se acercó , se agachó y comenzó a recoger los trozos de la jarra de barro.

  • •             CASEY: No deberíais  haberos molestado.
  • •             Dr.  Cárthaigh  : ¿Nerviosa?

 Ese particular y desquiciante tono suyo resultaba especialmente desesperante.

  • •             Dr.  Cárthaigh  :  Os recuerdo que ésta sigue siendo mi casa, por tanto , aún soy yo quien adopta mis propias decisiones sobre el terreno.
  • •             CASEY: No voy a volver a disculparme Dr.  Cárthaigh  .
  • •               Dr.  Cárthaigh  : ¡Vaya! ¿Sabéis hacerlo?
  • •             CASEY: Será mejor que me marche a mi dormitorio.
  • •             Dr.  Cárthaigh  : ¡esperad! Aún no me habéis dicho qué tal os ha ido en vuestro ruta.
  • •             CASEY: Bien.- una respuesta seca y distante-

 Aquella contestación no pareció convencerle demasiado al doctor, pero aún así prefirió seguir indagando.

  • •             Dr.  Cárthaigh  : me preguntaba cómo os habría ido con vuestra colega de hábitos.
  • •             CASEY:¿ La Sra. Ó Conaill? Bueno,  no hemos tenido demasiada oportunidad para hablar, casi se ha tratado más bien de una presentación.
  • •             Dr.  Cárthaigh  : Una mujer misteriosa la Sra. Ó Conaill, siempre lo fue. ¿No os dijo nada?
  • •             CASEY: Dijo muchas cosas, pero nada que pudiera ser de vuestro interés.
  • •             Dr.  Cárthaigh  : No creo que eso os toque valorarlo a vos. Esa paciente sufre de un trastorno obsesivo y sumamente violento,  complicado por múltiples personalidades a cual más destructiva. De echo, sufre de fantasías y alucinaciones sobre su vida y  las razones de su encierro.  Supongo que os habrá contado que fue obligada tras verter una serie de falacias y graves acusaciones hacia mi persona.
  • •             CASEY: Nunca había oído que hacer comentarios sobre una persona fuera motivo suficiente para internarle en un hospital.
  • •             Dr.  Cárthaigh  : Sus alucinaciones van más allá , cree ver y hablar con fuerzas oscuras y demonios. Es capaz de inventarse toda una batalla sobre la vuelta de los ángeles caídos y no sé qué cosas más . Debo recordaros,  que esa mujer fue desposeída de su cargo por quienes mismo la nombraron,  por perder la cabeza y creer en demasía en esas lecturas en las que las sumergen- volvió a acercarse a ella. Su costumbre de intimidarla nunca conseguía el efecto deseado-  No siendo habitual en mí, voy a permitirme daros una recomendación, no prestéis oídos atentos a las argumentaciones banales y mundanas. Los pacientes son personas acostumbradas a mentir como única forma de sobrevivir aquí dentro.
  • •             CASEY: Sin embargo, aunque no fue mencionado directamente, si pude deducir que usted y ella no deben llevarse muy bien.
  • •             Dr.  Cárthaigh  : Mi única obligación para con los pacientes es tratarles como se merecen, como enfermos. Todo lo que se extralimite de ahí, se queda en las cuatro paredes de su celda, y nunca es asunto nuestro.
  • •             CASEY: - de forma involuntaria continuó provocando al doctor- Pero ella...

 Y tanto le funcionó la táctica empleada, que consiguió alterar al doctor de nuevo.
  • •             Dr.  Cárthaigh   : Pero ¿ella? Ya dudé en su momento de que estuviera lo suficientemente preparada para ostentar este puesto, pero lo que no imaginé jamás es que disfrutase sacándome de mis casillas de forma reiterada .

 Y como de costumbre , comenzó a elevar la voz y a gesticular violentamente mientras se dirigía a ella.

  • •             CASEY: Si tan incompetente me creíais  entonces y aún hoy dudáis de que pueda seros útil, a qué esperáis  para echarme.
  • •             Dr.  Cárthaigh  : Ojalá pudiera, pero eso es ahora  mismo un lujo que no puedo permitirme.
  • •             CASEY: ¿por qué?
  • •             Dr.  Cárthaigh  : Por qué no puedo prescindir de nadie.
  • •             CASEY: Excusas, mi trabajo lo puede desarrollar cualquiera, además tenéis la costumbre de ocuparos personalmente de todo.

 Bastante alterado, con sus manos se echó el pelo hacia detrás, y en medio de un arranque de ira , le gritó tan fuerte en la cara  que Casey sintió retumbar su cuerpo.

  • •             Dr.  Cárthaigh  : ¡Dejad de cuestionar mis decisiones y mi forma de trabajar de una vez! ¿Quién os habéis creído ser? No sois más que una mujer llena de dudas que no sabe lo que quiere hacer con su insignificante vida y sólo por eso , busca cualquier excusa para alejarse de aquello que ha decidido, porque no tiene  ni tendrá valor suficiente para adoptar la decisión de frente. ¿Y sois vos la que recién llegada aquí , con vuestros aires de superioridad divina, os atrevéis a cuestionarme? Ni vuestro Dios se atrevería a tanto.

 Brutal. Recio. Exacto. Pero ¿cómo?

Sólo una tímida lágrima fue su respuesta . Se dio la vuelta y salió de la cocina con muchas preguntas sin respuesta.

Ya en su habitación, otra noche más , donde el simple echo de recostarse en la cama resultaría un tormento. Su mente, aún más cansada que su cuerpo, no la dejaba tranquila ni aún con los ojos cerrados.
Pasarían horas antes de que el auténtico cansancio le ganase la partida una vez más. Claro que, no fue lo único que volvía a vencer en esa partida.

Otra noche más sin lograr conciliar un sueño tranquilo.
En mitad de un profundo sueño, sintió mucho calor. No habían tensiones, no sentía presiones. Parecía que flotase. Algo desconocido la susurraba al oído en una lengua extraña, casi imperceptible, pero que ella , por razones que desconocía entendía perfectamente. 
Como dominada y sin voluntad, comenzó a pasar sus manos por cada parte de su cuerpo , acariciándose . En sus sueños, alguien la observaba de píe en la cama , frente a ella, una gran figura oscura, sin rostro definido pero unos ojos muy penetrantes.
La misma voz que de forma continua la incitaba a complacer al desconocido espectador, y le dijo que se diera la vuelta quedando de espaldas a él.
Con voluntad y entrega absoluta, pudo sentir como algo la agarraba por las manos para colocarle los brazos estirados en cruz,  su cara pegada a la almohada. Aquellas manos se introducían en el interior de su camisón presionando la piel mientras ascendían. 
Lo siguiente, el calor de lo que ella entendía como un cuerpo por su tamaño, y una leve presión en su espalda , una leve caricia casi imperceptible en su cuello, y un leve susurro .

Algo la hizo despertarse de pronto. Asustada,   sin entender por qué se encontraba en la cama de aquella forma,  con el camisón completamente levantado hasta la cintura.
Agotada y nerviosa, sin entender que le estaba ocurriendo desde que llegó a la Casona y al hospital. Una lucha interior entre lo que creía y lo que en su conciencia parecía tremendamente real.

A la mañana siguiente, al mirarse en el espejo, pudo comprobar que las ojeras se habían acentuado aún más. Su rostro se mostraba mucho más cansado y apenas se sostenía en píe, pero debía coger fuerzas y disimular en la medida de lo posible, aún a riesgo de que el Dr. la interrogase.
Conforme bajó las escaleras, en vez de dirigirse al comedor,   fue directamente al despacho del Dr. dispuesta a tocar, se dio cuenta de que la puerta estaba algo abierta y oyó voces. Se quedó detrás a escuchar.

  • •             Dra. Mhic: ¿no cree que está yendo demasiado deprisa?
  • •             Dr.  Cárthaigh  : ¿Y usted no cree que se está tomando demasiadas libertades Dra?
  • •             Dra. MHIC:  Sólo expreso lo que pienso, especialmente si tenemos en cuenta su objetivo.

Una silla rodó violentamente, Casey dedujo que había sido la de él.
  • •             Dr.  Cárthaigh  : Carezco tanto de paciencia como de tiempo.
  • •             DRA. MHIC: Con más razón para hacer las cosas bien. No puede permitirse errores.

Se oyeron pasos acercarse rápidamente hacia la puerta , Casey se retiró un poco para dar la impresión de que acababa de llegar y cuando la Dra. Mhic la vio , se sobresaltó porque no la esperaba.
Pasó a su lado dejando la puerta abierta, y aunque ella no le dejó ver demasiado bien su cara, la doctora sí se había percatado de su pésimo aspecto.

Casey tocó la puerta y el Dr. le dio paso.  Tras tomar asiento, mantuvo su cabeza baja la mayor del tiempo, lo que llamó la atención de él.
  • •             Dr.  Cárthaigh  : ¿Dormís bien?

Su tono extrañamente conciliador no le sirvió a Casey para bajar la guardia u otorgarle un beneficio de duda.
  • •             CASEY: Me han dicho que me llamabais.

Arisca y bastante cortante dadas las reacciones que suscitaba en él últimamente, procuró no mirarle a los ojos directamente.
  • •             Dr.  Cárthaigh  : - de forma bastante condescendiente- ¿Os importaría levantar el rostro?
  • •             CASEY: ¿Para qué me queríais?
  • •             Dr.  Cárthaigh  : Por favor.

Pese a no fiarse en nada de él, decidió hacerle caso dado el tono casi rogatorio empleado. Sus ojos verdes volvieron a clavársele hasta el fondo de su interior. Era su mirada penetrante lo que realmente la incomodaba. Sentía como escudriñaba en su propio yo, desposeída de su capacidad para decir que no.

  • •             Dr.  Cárthaigh  : Por lo que veo os cuesta adaptaros.
  • •             CASEY: -a la defensiva- Vos no me lo habéis puesto fácil ¿no creéis?

 El doctor  que se encontraba apoyado en el filo de su mesa, optó por levantarse y acercarse a uno de los ventanales. La luz de esa mañana, gris y con un sol queriendo escaparse por entre las nubes, le hacía una especie de aureola extraña alrededor de su cuerpo.

  • •             Dr.  Cárthaigh  : Quiero que vuelva conmigo , pero sin abandonar sus obligaciones  en el ala de mujeres.
  • •             CASEY: ¿Es qué cree que así puede controlarme mejor?
  • •             Dr.  Cárthaigh  : Soy plenamente consciente de que hemos empezado con mal pie, y me gustaría que empezásemos de cero.

 ¿Le estaba tendiendo una mano amigable? Casey no terminaba de creer que detrás de una propuesta como esa, sus intenciones fueran tan honestas.

  • •             CASEY: Me temo que llega tarde su solicitud de tregua Dr. Tengo pensado marcharme mañana por la mañana temprano.
  • •             Dr.  Cárthaigh  : -sorprendido- ¡Noooo!

Aquella noticia debía de haberle roto muchos planeamientos. Ahora le tocaba a él mover ficha.

  • •             CASEY: ¿Perdón?

 Se le acercó nervioso, y agachado ante sus rodillas, le cogió una de las manos con las suyas y mirándola fijamente,  se dispuso a convencerla de que no llevase a cabo esa decisión.

  • •             Dr.  Cárthaigh  :  Se que no me he comportado con vos como esperabais.
  • •             CASEY: ¿Y cómo se supone que debía esperar que os comportarais?
  • •             Dr.  Cárthaigh  : Con un poco más de respeto , al menos.

 Sus palabras resultaban disciplinadas y medidas, pero extremadamente sinceras.

  • •             Dr.  Cárthaigh  : Supongo,  que  con el tiempo he perdido mi capacidad para saber relacionarme con ciertas personas, y sólo por eso, aunque no compense el daño que os haya podido hacer,  ruego me disculpéis.

Aquella voz, siempre la misma tonalidad, ni un solo acento más alto que otro. Aquella voz suave y penetrante, convincente por sí sola. Aquella voz que era capaz de causar sensaciones desagradables y fantásticas al mismo tiempo. Una voz que resonaba en sus oídos a solicitud de una segunda oportunidad, de un nuevo comienzo, lo que para un hombre como el doctor , debía resultar un auténtico sacrificio.

  • •             CASEY: Curiosa forma de disculparos la vuestra.
  • •             Dr.  Cárthaigh  : Pero aún no me habéis dicho si las aceptáis.
  • •             CASEY : En mi deber está el perdonaros  vuestras ofensas, pero ello no hará que cambie de opinión respecto mi marcha.

 Se levantó del asiento retirándole la mano, y dirigiéndose a la puerta . Él , con una creciente rabia interior debidamente retenida, se incorporó y corrió detrás de ella, impidiéndole con su brazo que pudiera abrirla.

  • •             Dr.  Cárthaigh  : Quedaros.

Aquellos ojos tan grandes como profundamente verdes. Ojos de los que se debía desconfiar, ojos que sabían mejor interpretar su papel que el propio caballero que los portaba.

  • •             CASEY: Dejadme salir.
  • •             Dr.  Cárthaigh  :  No, hasta que me digáis que vais a quedaros.
  • •             CASEY: Dejadme salir os lo ruego.
  • •             Dr.  Cárthaigh  : - su rabia contenida le presionaba el pecho, el dolor era cada vez más creciente, a punto de estallar- Decídmelo.
  • •             CASEY: Decidme vos primero porque habría de hacerlo? Desde que he llegado, no habéis hecho otra cosa que darme información a medias, vigilarme tan de cerca y de forma tan desconfiada que no pareciera que necesitarais a una profesional que os ayudase. Todo han sido malos gestos , gritos y feas palabras , ofensivas y dolorosas sobre unos hechos cuya fuente de información desconozco,  pero que lo único que ha provocado en vos, es que conozcáis una versión trasgiversada de la realidad. Me ocultáis información  de pacientes que se supone he de atender, os molestáis por mi interés y lo pintáis  de curiosidad. Os creéis  con el derecho a llamarme obstinada, orgullosa y más cosas sin conocerme. ¿En serio creéis que puedo tener las ganas y la devoción de servicio que mi trabajo requiere,  cuando éste sólo ha sido el comienzo, y bajo la eterna sospecha de saber o imaginar qué es lo que puede pasar más adelante?

 Él se apoyó en la puerta y bajó la cabeza. Respiró hondo y pensó dos segundos antes de hablar cuál debía ser su respuesta.

  • •             Dr.  Cárthaigh  : Os necesito.

 Esa especie de tono lamentoso era el peor castigo que Casey podía recibir a su actuación intencionadamente orgullosa.

  • •             CASEY: Dejadme salir , por favor.

 Él bajó el brazo y se apartó para que Casey abriera la puerta, esperando que saliese  sin nada más que decir, pero justo antes de atravesarla definitivamente, con la cabeza muy alta, le dijo la última palabra.

  • •             CASEY: ¿Me dejaréis trabajar en libertad? Con vuestra supervisión , por supuesto.

 Ambos se miraron, era la mejor opción que él podía aceptar en ese instante, y lo sabía.

  • •             Dr.  Cárthaigh  : Id a desayunar,  y venid al despacho cuando terminéis.
  • •             CASEY: ¿He de sobreentender eso como una respuesta afirmativa?
  • •             Dr.  Cárthaigh  : Sí.

 Y salió del despacho volviendo, tal y como él le había dicho  , apenas diez  minutos más tarde.
Él le tenía preparadas las carpetas que portaban los expedientes de los pacientes  más peligrosos, y Casey comenzó a contarlas: habían sólo cuatro.

  • •             Dr.  Cárthaigh  :  Revisadlas, debéis estudiarlas y realizarme un informe de situación.
  • •             CASEY: ¿Dónde está la que falta?
  • •             Dr.  Cárthaigh  :  ¿Disculpad?

Aquellos ojos , instantes antes amables y compasivos, volvían a mostrarse tal y como siempre eran , agresivos y profundamente temibles.

  • •             CASEY: Falta el  expediente del paciente de la celda cinco.

 Su gesto, nervioso , no pronosticaba nada bueno.

  • •             Dr.  Cárthaigh  : Os encargaréis de éstos, el paciente cinco siempre ha sido asunto mío.
  • •             CASEY: ¿Os recuerdo lo que habéis prometido?

 Se levantó muy enfadado dando un golpe en la mesa  con uno de los puños.

  • •             Dr.  Cárthaigh  :  Bien- se acercó hasta el mueble situado a su izquierda y lo abrió con una llave colgada al cuello, cogió una carpeta y la lanzó encima de la mesa-  Vos lo habéis querido. Pero os advierto que no me responsabilizaré de lo que os pase, lleva demasiado tiempo aislado y es extremadamente peligroso. Tenedlo en cuenta si os decidís a entrar.

Y le entregó su nueva identificación que le permitía acceder sola a esa parte y las llaves de seguridad .

Apenas salió de allí, comenzó a estudiar esa carpeta en primer lugar. No quiso perder demasiado tiempo en ello y sólo le dio tiempo de hacerlo por encima. Su informe resultaba vago, sin demasiado orden. Sin fechas, ni tiempo de permanencia en esa situación, ni revisiones temporales, ni tratamiento.
Tan sólo tres hojas y media de divagaciones absurdas que cuestionaban  constantemente su capacidad para vivir en sociedad. Nada debidamente contrastado, ningún estudio, sin cifras comparativas. Nada. 

El paciente de la celda número cinco resultaba ser un auténtico misterio, y el riesgo que debía asumirse al conocerle, con la única referencia de lo dicho por el Doctor, era más que evidente, puesto que el principal temor es adentrarse en un terreno completamente desconocido : no se sabía el motivo por el que se encontraba encerrado allí.
Pero lejos de aseverarse en sus miedos, Casey decidió arriesgarse e ir personalmente a conocerle.

Cuando logró llegar, el encargado  de seguridad le insistió en que no era buena idea , y mucho menos sola, pero cuanto más le decía él, ella más se autoconvencía de que debía de acceder a la celda. Así que al hombre uniformado no le quedó más remedio que abrirle la puerta y dejarla entrar.

Al principio hubo de quedarse un instante cerca de la puerta. La celda estaba muy oscura, apenas se veía nada en su interior. El ventanuco de la que las demás gozaban, en este caso, había sido reducido a la mínima expresión y su escasa luz daba en el suelo.. Su olor resultaba bastante desagradable, y por el tacto de sus zapatos con el suelo, daba la impresión de no haber habido mucha higiene.

Ella detectó , entre la oscuridad, que el paciente la estaba observando, pero que permanecía inmóvil junto a la pared del fondo.

Casey comenzó a andar con uno de los brazos extendidos a efectos de poderse encontrar con él, muy despacio.

Cuando creía acercarse a la pared del fondo, tropezó con algo , y sólo unos brazos impidieron que se cayese al suelo . Cuando ella levantó la mirada, la escasa luz había pasado a ser un hilo de luz brillante del sol que caía sobre parte de su rostro.Un cabello largo y desarreglado, y un poblada barba que cubrían de forma salvaje su cara. 
Pero lo que más le llamó la atención fueron sus ojos. Ojos claros , aparentemente grises, grandes, muy expresivos y  muy tristes.

Él la soltó y volvió a la oscuridad, donde se encontraba mucho más seguro.

Ella necesitaba respuestas, pero antes algunas cosas debían cambiar.

FDO: ANA PATRICIA CRUZ LOPEZ
(Todos los derechos reservados)

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