jueves, 26 de marzo de 2015

ELECCION. Capítulo segundo. (Rated +18) (Registrado 24 sept 2014)

Créditos foto a quién corresponda
El día había transcurrido con normalidad salvo por el desagradable suceso de la mañana con el Doctor.

Lo que Casey tenía muy claro es que su carácter ,inestable y raro, no era conveniente alterar, y que su susceptibilidad podría estar a flor de piel casi todo el tiempo.

Tras familiarizarse con  los protocolos del hospital, llegó la hora de la cena. Por segunda noche consecutiva, el doctor no acompañaba a sus invitados.
 Aprovechando la presencia de la Doctora Mhic, decidió preguntar por él.


  • •             CASEY: Doctora Mhic, ¿volvemos una noche más a no gozar de la compañía del doctor?
  • •             DRA. MHIC: El doctor nunca nos acompaña, suele realizar las comidas en su despacho mientras trabaja.
  • •             CASEY:  Dios, realmente debe de estar sumido por completo en su trabajo cuando no se permite ni un momento de asueto.
  • •             DRA. MHIC: El Dr.  Cárthaigh  es un gran profesional , y un perfeccionista nato. Su tiempo lo dedica a lo que cree realmente importante.
  • •             CASEY: ¿Y cuándo vive?
Aquella pregunta le resultó del todo molesta a la Dra.

  • •             DRA. MHIC: Una pregunta del todo inapropiada viniendo de alguien como usted ¿no le parece , hermana?
Y se levantó de la mesa , dejando bruscamente su servilleta encima de su plato, y caminando agitada con paso firme hacia la puerta.
Lo cierto es que Casey siempre había tenido ese don involuntario de la inoportunidad, pero ciertamente, dado el panorama presentado por la doctora, ahora no le extrañaba nada el carácter del misterioso doctor.

Nada más terminar, se dirigió a su habitación subiendo por las anchas y largas escaleras que la llevaban al piso superior, pero le pareció escuchar música, lejana, suave. Parecía que alguien estuviese tocando un piano.
Desanduvo sus pasos y llevándose por los suaves y deliciosos sonidos que le llegaban, siguió la senda del pasillo que la guiaba hasta la misma biblioteca.
Extrañada,  porque el camino la llevaba hasta aquella enorme habitación en la que ella no recordaba haber visto dicho instrumento, prosiguió su paso .

Efectivamente el sonido, cada vez más fuerte, provenía de su interior. Abrió  la puerta con mucho cuidado, accedió al interior de la biblioteca , pero allí no había nadie y sin embargo, la música resonaba con más fuerza cada vez. Al mirar hacia uno de los lados, una de las estanterías se encontraba abierta como una puerta, a través de ella , los sonidos de aquel maravilloso y melancólico piano resonaban entre la oscuridad más tenebrosa.
Sin demasiada decisión, accedió a dicha sala y apenas la luz de algunas velas mal iluminaba  aquella estancia. Al fondo, la figura solemne de quien había decidido deleitar de forma desconocida sus oídos , de espaldas, concentrado en las caricias que sus dedos  propiciaban a las teclas.

Al principio no pudo descifrar bien de quién se trataba, pero conforme se fue acercando , su perplejidad y confusión fueron máximas , ya que el  hombre,  que con tanta inspiración inundaba aquella sala , era el mismo insociable y peculiar Dr.  Cárthaigh .
Observadora silenciosa , se limitó a disfrutar de aquella otra oculta faceta del doctor, la cual contrastaba tremendamente con esa primera desagradable imagen que guardaba de él.

Deleitada por la música y la paz respirada, no fue capaz de darse cuenta de que se había acercado en demasía al sorpresivo caballero, y él, en su halo de concentración definitiva, sólo fue capaz de darse cuenta de su presencia cuando hubo casi terminado la pieza, al llegarle  el ligero olor de su perfume.
De forma inesperada , dejó de tocar sin separar las manos del teclado. Casey intentó retirarse discretamente , pero no más darse la vuelta , oyó el banco del asiento arrastrarse hasta caerse, y no pudo por más que parar en seco.

  • •             Dr.  Cárthaigh  : ¿Huís?
  • •             CASEY: - sin poder darse la vuelta- lo siento , yo…
  • •             Dr.  Cárthaigh  : ¿Una nueva disculpa? – su tono resultaba  tan altivo y prepotente como su propia figura- Comienzo a pensar que más que un defecto, la curiosidad os es una costumbre.
  • •             CASEY: No pretendía molestaros. Me disponía a retirarme a mi habitación cuando escuché la música.
Sus pasos acercándose a ella resonaban estruendosos en aquel piso de madera.

  • •             Dr.  Cárthaigh  : Y no conforme con escuchar y seguir vuestro camino, decidís volver sobre vuestros propios pasos y aparecer aquí.
  • •             CASEY: Vuelvo a pediros … a rogaros aceptéis mis más sinceras disculpas, me retiraré ahora para que podáis proseguir.
Sin embargo no pudo, su presencia , alta e imponente, con aquel rostro altivo y de rasgos fuertemente marcados le cortaba la trayectoria. ella evitaba mirarle de forma directa, especialmente desde que tuvieron el problema con el paciente desconocido.

  • •             Dr.  Cárthaigh  :  ¿Debo tomarme como muestra de respeto o de disconformidad con mi persona el hecho de que no seáis capaz de mirarme mientras os hablo?
Los ojos de ella buscaban abrigo en la uniformidad del Dr. centrándose en los detalles del conjunto de traje de chaqueta oscuro , con chaleco gris  y corbata a juego. Lo que sí pudo sacar en claro,  es que el Dr.  Cárthaigh  era un maniático de la perfección no sólo profesionalmente , sino también en su ámbito personal. Ni una sola tacha, ni una arruga , ninguna pieza más colocada o a desnivel. Manos finas, tez blanca, dedos largos,  perfectamente encuadradas en unos puños perfectos. El cuello de la camisa perfectamente almidonado, tieso, debidamente aderezado por un nudo de corbata espectacularmente realizado.
Prosiguiendo su camino de ascenso, la fisonomía de aquel hombre resultaba acorde con su extraña personalidad. Líneas delgadas muy marcadas que afinaban su mentón, labios delgados, gesto serio, y ojos…. Aquellos grandes, expresivos y tenebrosos ojos verdes.

  • •             Dr.  Cárthaigh  : Normalmente no suelo ser yo el analizado.  ¿Encontráis todo a vuestro exquisito gusto o destacaríais algo anormal en mi personalidad?  Lo digo por la particular forma en que habéis parado vuestra vista en cada una de los detalles de mi atuendo , o de mis manos, o incluso de mi cara.
  • •             CASEY: Lo lamento…- fue interrumpida-
  • •             Dr.  Cárthaigh  : ¡Oh por Dios! ¿Hay algo que hagáis sin disculparos?
  • •             CASEY: ¿Por qué no me decís qué es lo que os molesta? Quizás así evitaría incordiaros.
El tono de la conversación subía por momentos, y la tensión de la misma también.

  • •             Dr.  Cárthaigh  :  -se quedó pensando brevemente- sí, posiblemente eso es lo que deseáis, sólo que os sería tremendamente fácil creer qué de esa forma podríais manipularme.
  • •             CASEY: - mostrándose ofendida por el comentario- pero ¿acaso os estáis escuchando? No me conocéis, y sin embargo , siendo el que solicitó mis servicios , no habéis hecho otra cosa que contrariarme y violentarme. ¿qué es lo que os molesta tanto de mí?
Su presencia imponía aún más cuanto más cerca se encontraba su cuerpo, su cara, o su boca amenazante cuyas palabras  rechinaban en el interior de Casey como si dentro de una gran campana se encontrase. Sin embargo, a diferencia de la primera vez, se llenó del valor suficiente para no retirarse y hacerle frente.
Sus ojos se clavaban en los de ella como auténticas cuchillas que entrasen una y otra vez, y desgarrasen la carne y la piel al salir lentamente.

Pero no le contestó. Se limitó a incorporarse, a darse la vuelta y a volver sobre sus pasos, parsimoniosamente hasta el piano, al frente del cual volvió a sentarse para un instante después continuar tocando.
Casey  intentó recobrar el aliento y la compostura para salir discretamente de aquella habitación. Una vez en el vestíbulo, echó a correr escaleras arriba y tras cerrar su puerta con llave,  sintió la necesidad de soltarse el hábito, de quitárselo. Se ahogaba y el aire  no pareciera querer entrar.  ¿Qué raro efecto causaba aquel hombre en ella que la intranquilizaba tanto y hasta lograba que la ansiedad la atormentase de esa forma?


Tras  una hora , larga y lenta , en la que intentó recuperar la compostura y tranquilidad suficiente para poder dormir, el sueño invadió su cuerpo y su mente, pero durante aquella noche, sueños atormentadores la hacían moverse bruscamente en la cama.
 Parecía mantener una lucha con algo o con alguien, agitaba los brazos apartando algo que ni ella misma lograba saber bien qué podía ser. El sudor hizo presencia en su cuerpo, un calor abrasador se incrementaba en su interior recorriendo cada parte del mismo.
Trataba como de huir pero no podía, algo la retenía por las piernas y paralizaba sus movimientos. Quería despertar , lo deseaba más que nada en este mundo pero no podía, sentía sus ojos muy pesados , tanto…… y aquella presión sobre su cuerpo también se extendió a sus brazos.
Quería gritar, y estaba segura de hacerlo, pero sentía que algo le presionaba la garganta. Por más que forcejeaba no lograba huir, no podía escapar de algo que no era capaz de ver, de oír o de saber de qué se trataba, pero que la mantenía en un forcejeo constante.

Hasta que agotada y vencida, lo que la presionaba la soltó, y ella se despertó sobresaltada, con un sudor frío recorriendo todo su cuerpo, el pelo alborotado, y la ventana completamente abierta; pero lo más extraño y temeroso: la sensación de que todo aquello había sido más que un sueño y que alguien en la habitación lo había presenciado todo.

FDO: ANA PATRICIA CRUZ LOPEZ
(Todos los derechos reservados)

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