Atardecer de un día cualquiera.
Sentada en el porche, aproveché un halo de suave brisa ,
para cerrar mis ojos y pensar en ti.
No pasará mucho tiempo en qué vuelva a necesitarte de nuevo,
en que sepa que estarás ahí , como antaño has estado
siempre,
porque eres el único que no me ha fallado nunca.
Mi pequeño y dulce niño asustado.
Me has enseñado tanto
Contigo he aprendido a vivir una nueva vida.
a sentirte cercano
a gozar de imágenes tan cristalinas como el agua que recorre
mis manos.
Siento tu presencia
me invade ese olor fresco y suave
deliciosamente dulzón de tu piel,
Abro mis ojos , y me encuentro con los tuyos,
sinceros, profundos, amantes de la felicidad y la
complacencia de las cosas bien hechas ,
del sí mismo considerado.
Sabes como hacerlo, siempre has sabido cómo mirarme.
Y sé que lo sabes.
Sé que sabes que me regocija una paz inmensa cuando te tengo
en frente,
Sé que sabes , que eres lo más hermoso y puro que tengo
Sé que lo sabes.
Sabes que te quiero como nunca he podido querer a nadie,
porque contigo ha sido diferente, no he tenido que aprenderlo y nadie me ha
enseñado.
Mi amor sale solo desde mis entrañas , y lo hace desde que
lo provocaste el primer día.
Sí mi vida, tú lo iniciaste y ahora soy yo la que se niega a
pararlo,
la que se niega a seguir respirando incluso si no es a
través de ti,
la que se niega a comer, si tú no eres el alimento
la que se niega a beber , si tú no eres el agua.
Sí, me miras y te asusta todo ésto.
Te asusta lo desconocido
lo qué puedo llegar a amarte y no conoces.
Oh, mi vida!
Tienes miedo a lo que desconoces , cuando en realidad soy yo
la que debería tenerlo.
Miedo a cerrar mis ojos y no verte,
a abrir mis labios y no sentir los tuyos como
correspondencia
A abrirte mi pecho, y no sentirte en él.
Maldito cansancio el mío
maldito cuerpo y maldita la cabeza, que me hace pensar en lo
no posible
Desdicha vana la mía,
por ansiar lo que no tengo , lo que más deseo, lo que más
quiero.
Amor eterno que quema mi alma cada día que pasa, y me va
consumiendo.
Está bien, haré eso
Volveré a creer que eres tú el que me sigue mirando , el que
coge mis manos , el que besa mis labios, el que hace suyo mi corazón , el que
entreteje mi alma a su antojo, el que me hace llorar y reír al mismo tiempo, el
que me saluda cuando creo que no me ve, el que se percata de mi presencia entre
un millón de personas , el que..........................
¡Maldita vanidad la mía!
Abro mis ojos
El mismo atardecer
Sólo.
Pero sé, que sigues ahí, que estás, y que no me dejarás
sola.
Lo sé..........o creo.
FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)
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