Mañana lluviosa y fría en Moscú.
| Museo de Orsay(Paris) Créd. foto: Ana Patricia Cruz López |
Izan, en la cama, se dio la vuelta para asegurarse de que Itzabó
continuara durmiendo ya que disfrutaba de aquella visión. Sin embargo, se
encontró la imagen de la cama vacía, y un pequeño sobre en la almohada.
Con el temor de creer de lo que se trataba, lo cogió y se dispuso a
leerlo. Era de ella.
Siento
en el alma que en tu despertar hayas encontrado esta breve carta en lugar de mi
persona, pero de no haberlo hecho así, jamás hubiera encontrado el valor
suficiente para decirte lo que debo, ya que tan sólo mirarte a los ojos hace
que mi alma se retuerza, y el dolor sea tan intenso que ningún tratamiento
puede aliviarlo.
Izan, te has despertado solo en
casa y así será por todo el día, y por el tiempo necesario hasta que decidas
marcharte, por supuesto, sin mí.
No puedes imaginar cuan echido
de orgullo está mi pecho al saber del amor que me tienes y que has sido capaz
de entregarme durante todo este tiempo, pero son muchas las dudas que me
asaltan y no considero justo arrastrarte con ellas.
No quiero de ninguna de las maneras posibles,
que creas que esta decisión se deba a
culpa tuya, porque ello no sólo sería injusto sino además no incierto.
Quizás la cruda realidad , es que aquí no hay culpables, salvo si amarse sin medida
conlleve alguna culpa de lo que pueda pasar después.
Te he querido y te quiero como
sé que nunca podré querer a nadie; tú lograste devolverme la inspiración que
buscaba y las ganas de bailar y entregarme haciéndolo. Tú me has arrebatado
parte de mi alma y todo mi corazón, por cómo eres y por lo qué eres.
Mi vida, mereces ser feliz, amar
y que te amen con el mismo ahínco y de la misma forma, mereces vivir y hacerlo
al lado de alguien que sepa que está a tu altura, alguien que te conozca ,
alguien que tenga las ganas suficientes de siempre volver a tu vida, alguien
que te haga sentir el delirio más absoluto.
Sólo una cosa te ruego: no me
busques, regresa a París y se feliz.
Te quiero.
Itzabó.”
La misma sensación que el sediento cuando ve que el único agua que
tiene para beber se le escapa entre los dedos, así se sentía Izan, pero aunque
le doliera, sólo por el amor y respecto que le tenía, recogería sus cosas con
dirección al Aeropuerto , eso sí, con la sensación de que le desgarraban el corazón a pedazos
delante de sus narices sin que pudiera hacer nada.
Su vuelta con las manos vacías se notó en demasía. Casi inconsolable,
la alegría había desaparecido de su rostro, pero no había que preocuparse, el
tiempo lo curaba todo.
Y la vida siguió adelante. Stelle recuperó la titularidad del
departamento de clásica, y no fue lo único que consiguió, su amistad con Izan
había vuelto a ser lo que siempre fue, y casi cabría que decir que más
fortalecida en estos momentos duros para él.
Ella había aprendido a tomarse las cosas con tiempo, a ir despacio, a
disfrutar de volver a tenerle cerca y a tener esperanzas de que el tiempo
pudiera jugar a su favor. A él le sirvió para distraerle y mantener sus pocos
ociosos ratos con la mente ocupada, mientras intentaba trabajar, y se dice
bien: intentar.
Podía haber recuperado el ánimo, pero lo que no conseguía retomar
era su trabajo artístico con el mismo convencimiento de antes, con la misma
fuerza o las mismas ganas. Las ideas
frescas parecían haber desaparecido ,le costaba ejecutarlas o por lo menos de
forma convincente.
Su representante le conseguía fechas para nuevas exposiciones sin que
pudiera entregarle el catálogo de obras porque no creaba nada.
Tras meses intentándolo, decidió darse un tiempo y centrarse en las
clases. Como buen conocedor de sus aptitudes creativas, no convenía forzar la
máquina si se quería sorprender con lo creado.
Y así pasaron los meses. Un nuevo curso se había iniciado con cambios
y éstos se convirtieron en la más estricta normalidad apenas comenzar.
Stelle se adaptó a llevar los diferentes grupos de clásico al no poder
sustituir a tiempo a Itzabó, de la que nadie o casi nadie mejor dicho , sabía
nada.
Y pasó el año sin apenas darse cuenta nadie, todavía se mantenía
fresco el fin de curso anterior y ya se les echaba encima el de este año. Justo después de la reunión preparatoria de
los tribunales de examen, Jesse invitó a Izan a un café en el centro.
- · JESSE: Otro año que vuela solo- izan se encontraba muy pensativo- ¿Vas a decirme qué te ocurre o voy a tener que sacártelo con cuchara como casi siempre?
- · IZAN: Estoy pensando en tomarme un año sabático.
- · JESSE: ¿Tú un año sabático?
- · IZAN: Marcharme a alguna parte, no sé, aquí tengo la sensación de ahogarme.
- · JESSE: Izan…- su tono denotaba una incipiente pregunta comprometida- tú has llegado a superar lo de Itzabó ¿verdad?
- · IZAN: - molesto- ¿qué se supone que tenía que superar?
- · JESSE: ¿has sabido algo de ella desde….Moscú?
- · IZAN: Pero ¿se puede saber que regusto morboso te lleva a preguntarme por ella ahora casi un año después de que se fuera? De verdad….- se quedó pensando y una mezcla intencional de tentación y curiosidad pudo con él nada más ver el rostro de Jesse. Eran muchos años ya, y se conocían demasiado bien- ¿A qué estás esperando para contármelo?
- · JESSE: Lleva todo el año de gira con su compañía .
- · IZAN: Vaya, curioso, muy curioso. Bueno, ¿y qué?
- · JESSE: Por nada, pensé que quizás te gustaría saberlo.
- · IZAN: El mundo es un sitio muy amplio, creo que a estas alturas cabemos ella , yo , y algunos miles de millones más.
La aparente normalidad mostrada de cara a la galería por Izan, desvelaba en su interior que aún le afectaba hablar de ella, así que decidió
cambiar de tema para relajarlo.
- · JESSE: ¿ Supongo que podré contar contigo para que me acompañes este año a la gala?
- · IZAN: No, pensaba marcharme justo el día de mis últimos exámenes.
- · JESSE: No has faltado nunca y ¿lo vas a hacer justo este año?
- · IZAN: Eso no es del todo cierto, mi año de la gira no vine.
- · JESSE: Causa de fuerza mayor, no cuenta.
- · IZAN: No me apetece Jesse.
- · JESSE: Vale , entonces dime que por lo menos vienes a la fiesta posterior.
- · IZAN: - cansado de tanta insistencia- Pero sólo un rato, después me iré.
- · STELLE: - Izan era demasiado expresivo y lo que su acompañante femenina observó la preocupó- ¿estás bien?
- · IZAN: Sí.
- · STELLE: ¿Me equivoco o le estabas dando largas a Jesse sobre la fiesta?
- · IZAN: Haré acto de presencia y me iré, no tengo demasiadas ganas.
- · STELLE: Podrías venir conmigo, así se te haría menos duro. Cuando te quieras marchar lo haces y ya está.
- · IZAN: No es tan fácil, en realidad iré porque me comprometí con Jesse, pero no tengo ninguna gana.
- · STELLE: -Con una de sus manos acariciando una de sus mejillas- Izan ¿te pasa algo?
- · IZAN: Me voy a casa, tengo que hacer un par de cosas en el taller
Aún sin verse directamente, los ojos
tendían a fijarse en ella. La luz facilitaba vislumbrar la insinuante silueta
…. De sus manos, aquellas deliciosas y expresivas manos que más de una vez
acariciaron su cuerpo.
Se acercó a ella muy despacio, y tiró de la sábana que la cubría .
Hacía un año que la escultura permanecía tapada por voluntad de su
autor. Volver a tenerla delante, en todo su esplendor, hizo que las imágenes que
creía olvidadas en un cajón invisible de su cerebro recobrasen vida una vez más.
Algo se
resquebrajaba en su interior una vez más, una creciente y silenciosa rabia
interior de enorme impotencia que le resultaba tremendamente familiar lo
invadía. Apenas podía pensar si quisiera en tocarla, pero alargó su mano, y apenas
le bastó rozarla para sentir lo mismo que antaño , cuando la creaba, para
sentir cada paso, cada gesto, cada mirada. Cerró sus ojos , respiró profundo, y
lo que en principio eran las puntas de sus dedos , pasaron a ser las manos
completas acariciándola.
Apoyó su cabeza en ella. Unos tímidos toques reconciliatorios, acabaron convirtiéndose en un intenso abrazo. Angustia
de lo que pudo haber sido y no fue
traducido en lágrimas desesperadas que
asaltaban su rostro .
Izan había aprendido a disimular muy bien, pero no, no la
había olvidado. Dejándose llevar por la desesperanza, cayó de rodillas junto a
ella sin alejarse por un instante.
Tras recuperar el aire y la calma, algo hizo que se levantarse con rabia, se
acercase a la mesa de herramientas , y con
el cincel en una de sus manos, corriera a toda prisa hacia la figura impactándole con todas sus fuerzas en el pedestal al no poder hacerlo en ella.
·
- IZAN: ¿Qué me hiciste Itzabó? ¿Qué me estás haciendo?
FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)
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