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| Crédito foto a quién corresponda |
Nada más llegar a la escuela, Izan subió las escaleras a toda
velocidad esperando ver a Itzabó en su aula, pero ésta se encontraba apagada .
Jesse, que lo vio desde la puerta de su despacho lo llamó y le hizo
señas para que se acercara.
Según llegó , le mandó cerrar la puerta y sentarse.
- · IZAN: ¿Qué pasa?
- · JESSE: Abre y léelo- le lanzó un sobre hasta donde él estaba-
- · IZAN: ¿Qué…qué significa esto?
- · JESSE: Esperaba que tú me lo dijeras. ¿No habrás tenido nada que ver?
- · IZAN: Pero ¿De qué estás hablando? ¿Cuándo te lo entregó?
- · JESSE: Me lo encontré esta mañana en el suelo , debió de meterlo por debajo de la puerta anoche.
- · IZAN: Aquí habla de que presenta la dimisión de forma irrevocable.
- · JESSE : Por motivos personales, por eso he pensado que quizás tú habrías tenido algo que ver.
- · IZAN: Algo ha tenido que pasarle, ayer intenté contactar con ella y fue imposible, ni siquiera estaba en su casa. Volveré a intentarlo .
- · JESSE: Izan ¿Hay algo que debiera saber?
- · IZAN : -Visiblemente muy preocupado- No lo sé Jesse, pero voy a averiguarlo. Volveré en cuanto pueda.- salía corriendo por la puerta cuando Jesse le preguntó a voz en grito-
- · JESSE: ¿Qué hago con tus alumnos?
- · IZAN: -mientras corría escaleras abajo- Sustitúyeme.
- · JESSE: Pero ¿cómo? – se quedó pensativo un instante - ¿Yo? Imposible.
- · VECINA: Disculpe ¿Buscaba algo?
- · IZAN: Sí, perdone que la moleste, estaba buscando a la mujer que vive aquí.
- · VECINA: No está.
- · IZAN: Sí lo sé, llevo rato tocando pero, verá, estoy preocupado, ayer también estuve intentando localizarla y no he podido dar con ella.
- · VECINA: Pues no la va a encontrar, aquí no por lo menos.
- · IZAN: Y ¿Usted sabe dónde puedo..?
- · VECINA: Pues la verdad no puedo decirle, pero salió en la madrugada y con dos maletas grandes bastante pesadas y un pequeño maletín, yo diría que iba a realizar un viaje bastante largo, pero no puedo decirle nada más.
- · IZAN: Muchas gracias.
- · VECINA: Espero haberle sido de ayuda joven.
- · IZAN: Sí, muchas gracias.
- · IZAN: Jesse reten la dimisión 48 horas.
- · JESSE: Debe pasar por el Consejo y lo sabes.
- · IZAN: Sólo 48 horas. Por favor.
- · JESSE: Pero ¿qué ha pasado?
- · IZAN: No puedo contarte nada , aún no lo sé , pero se ha marchado.
- · JESSE: ¿Marchado?
- · IZAN: Voy a ir a buscarla y la traeré de vuelta, pero necesito que reordenes mis clases dos días y retengas la dimisión hasta que vuelva.
- · JESSE: Pero…. ¿Y dónde la vas a buscar?
- · IZAN: - muy seguro de sí mismo- Sé dónde está, tranquilo.
Casi 2500 kilómetros y algo más de tres horas y media separaban a
Izan de Itzabó, o por lo menos eso pensaba él. Lo que encontrase en la capital
rusa podía ser otra historia.
Durante todo el trayecto no hizo otra cosa que preguntarse cuáles
habrían sido las razones de una marcha tan repentina; más que viaje parecía
huida pero ¿de qué? ¿de quién?
Recién recogió su maleta, buscó un taxi y se dirigió directamente al
Bolshói. La entrada lateral de personal y proveedores se encontraba abierta , y
él , viendo que había una recepción, decidió preguntar por ella.
- · IZAN: Disculpe, ¿habla inglés?
El hombre que atendía sólo lo hacía en ruso, y tras intentar ser entendido durante bastante rato , una mujer se le acercó por detrás.
- · MUJER: No habla más que ruso- Izan se dio la vuelta , la mujer pronunciaba inglés con un acento muy similar al de Itzabó- ¿puedo ayudarle Sr. Thorm?
- · MUJER: Será mejor que nos alejemos de la entrada o acabará llamando a seguridad.
- · IZAN: Disculpe..
- · MUJER: Mi nombre es Natasha Varinov, soy amiga de Itzabó.
- · IZAN: ¿Sabe..?
- · MUJER: Ahora no está aquí. Se marchó hace rato, los martes termina antes para dar clases en un colegio .
- · IZAN: Tengo que hablar con ella. Es muy importante.
- · MUJER: Espere aquí un momento.
- · MUJER: Ésta es la dirección de su casa, tendrá que esperarla porque llega tarde.
Izan no sabía cómo agradecérselo.
- · MUJER: Vaya, y llévela de regreso a París.
- · IZAN: Gracias, muchísimas gracias.
Cogió un taxi que le llevara a esa dirección. El barrio se encontraba lejos del centro,
lleno de edificios viejos reformados.
Pareciera una vieja zona industrial reconvertida. Tocó el portero pero no abría
nadie, así que decidió esperar a que llegase.
La noche iba inundándolo todo, y el frío y la humedad arreciaban. Izan se acurrucó como pudo entre sus piernas y se apoyó sobre las rodillas.
La noche iba inundándolo todo, y el frío y la humedad arreciaban. Izan se acurrucó como pudo entre sus piernas y se apoyó sobre las rodillas.
Itzabó terminó las clases más tarde de lo que tenía pensado, y como el colegio quedaba cerca de su casa siempre iba caminando. Cuando logró avistar su portón, la figura sentada en él no le resultó nada agradable a primera vista, pensó que podía ser un mendigo.
Cuando se hubo acercado lo suficiente, pudo reconocer el cabello, pero
aún así prefería equivocarse. Se agachó a su altura y le introdujo los
dedos de una de sus manos entre el pelo echándoselo hacia atrás. Izan levantó la cara y un intento de sonrisa
dulce por su parte fue la mejor de las imágenes.
- · ITZABÓ: Anda, será mejor que subas.
El piso no tenía nada que ver con el de París. Mucho más tosco en su
decoración, sin buenas vistas y mucho más oscuro.
- · ITZABÓ: Será mejor que te quites el abrigo , el jersey y la camisa, te daré algo mientras se seca.
Fue al dormitorio y se puso a rebuscar algo del armario, Izan le
apareció en la puerta tal y como lo encontró.
- · ITZABÓ: ¿Es qué estás buscando que te ayudé?
Izan no podía articular palabra, su cabeza no paraba de rondar ideas ,
y sus ganas por besarla y abrazarla eran tan inmensas que en el fondo no se
atrevía. Itzabó le ayudó a quitarse todo
y le colocó el jersey.
- · ITZABÓ: Era de Jordan, espero que no te importe, no suelo tener ropa masculina en casa.
Cogió su ropa y quiso llevarla a la cocina para ponerla a secar cuando él le intercedió el paso cruzándole el
brazo.
- · ITZABO: - visiblemente nerviosa- Izan..
- · IZAN: ¿Por qué?
- · ITZABÓ: - Intentó zafarse y quitarle el brazo , pero él la agarró por la cintura arrastrándola a su cuerpo sin dejarle margen de maniobra- Tenía que irme.
- · IZAN: ¿De esa forma? ¿Presentando la dimisión en la Escuela por debajo de la puerta? ¿Yéndote de madrugada en el primer vuelo? ¿Sin despedirte?
- · ITZABÓ: - visiblemente seria- ¿A qué has venido Izan?
- · IZAN: ¿no es evidente? Vengo a llevarte conmigo de regreso. Jesse aguantará tu dimisión dos días .
- · ITZABÓ: No puedo volver.
- · IZAN: Pero ¿qué dices? - incrédulo con sus palabras- ¿Por qué?
- · ITZABÓ: - Intentando mantenerse firme- He firmado un contrato con la compañía.
- · IZAN: Bien pues paga lo que sea y vente.
- · ITZABÓ: No Izan.
La estrechó aún más fuertemente si cabe, teniendo sus tentadores labios
tan cerca que casi podía rozarlos.
- · IZAN: Tú no eres feliz aquí, por eso te viniste a París. Allí lo tienes todo, calidad de vida, tus museos preferidos, los alumnos , el ambiente…. Yo.
Itzabó bajó la mirada a su boca, y los esfuerzos por resistirse la
estaban consumiendo.
- · ITZABÓ: ¿Tú? ¿Acaso tienes claro lo que quieres inglés?
- · IZAN: Yo sí ¿y tú?
La tensión entre ambos impediría pasar la hoja de un cuchillo. Era un
poder y dejarse llevar y no querer hacerlo.
- · ITZABÓ: No estoy tan segura que lo sepas con tanta certeza.
- · IZAN: ¿Qué es lo que quieres oír Itzabó? ¿Quieres la respuesta británicamente correcta o prefieres la del hombre que tienes delante ?
- · ITZABÓ: ¿Cuál de las dos se supone que me va a convencer?
- · IZAN: El caballero inglés dudo que fuera capaz de decirte que vuelvas con él porque sin ti no es nada, que se siente solo y perdido, ni creo que tampoco te dijera , o no de esta forma, que jamás ha conocido a ninguna mujer que le haga sentir la vida con tanta intensidad como tú le has enseñado .
- · ITZABÓ: No sigas por favor- la debilidad comenzaba a notarse en sus piernas-.
- · IZAN: El caballero inglés sería incapaz – la soltó para sostener fuertemente su cabeza a ambos lados- de decirte que te ama con locura, y que es incapaz de conocer otra forma de amar si no es contigo.
- · ITZABÓ: Por favor.. Izan…
- · IZAN: Itzabó….. mírame
Ella le huía la mirada fija porque sabía que era su debilidad.
- · IZAN: Mírame- ella aguantó lo que pudo hasta que no resistió más- Te he amado desde el primer día que te vi en aquella aula, cuando me descubriste observándote. Has llegado a mi corazón sin saber cómo , y ahora no quiero que salgas, porque se sentiría muy solo sin ti. Te necesito , para respirar, para vivir, para disfrutar de lo que creo, para ser yo mismo.
- · ITZABÓ: No hay nada que me ate a París, nada. Tú nunca serás enteramente mío, ni creo que te merezca .
Izan le retiró el pelo de la cara, y aunque ella intentaba esquivarle ,
él la buscaba para hacer sus labios suyos. Conjunción sensual perfecta ,como siempre, de ambos cuerpos. Entrega absoluta sin medida ni tiempo.
Aquella noche no fue igual que las otras. Nada que ocultar, verdad en cada torsión de cadera o de esternón. Dedos que buscaban, entrelazados, sentir más intensamente la entrega. Sus senos, devorados por un amante mucho más ansioso que de costumbre que quería disfrutar del sabor de su piel en cada instante.
Dominación absoluta de la espalda de él por la ansiedad de su boca femenina y entregada, que con la punta de la lengua la recorría lentamente.
Aquella noche no fue igual que las otras. Nada que ocultar, verdad en cada torsión de cadera o de esternón. Dedos que buscaban, entrelazados, sentir más intensamente la entrega. Sus senos, devorados por un amante mucho más ansioso que de costumbre que quería disfrutar del sabor de su piel en cada instante.
Dominación absoluta de la espalda de él por la ansiedad de su boca femenina y entregada, que con la punta de la lengua la recorría lentamente.
Sin control, combinación perfecta de dulzura y fuerza .
Sin premeditación, sin planearlo, Izan decidió entregarse siendo ella su prioridad. Recuerdo imborrable del intercambio de caricias continuas , nombres susurrados, un te amo mirado fijamente a los ojos y un abrazo perpetuo sin ganas de separarse. Dos cuerpos que eran más uno que nunca.
Una muestra de amor incondicionalmente infinito por parte de Izan, que
él no estaba acostumbrado a ofrecer ni
ella a recibir.
Ambos, uno en frente del otro, en silencio, mirándose , e Itzabó
percatándose del echo de que aquello era real , y que su mirada, sus ojos, no
mentían. La amaba de verdad y de forma
desmedida, sólo como el artista puede llegar a amar su obra en pleno proceso
creativo, y es que aquella noche , Itzabó se sintió la hermosa y viva escultura de su taller.

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