| Museo De Orsay . París Crédito fotos Ana P. Cruz López |
La vida continuó con normalidad.
Mañanas intensas propias del
acercamiento del final de curso y preparación de exámenes.
Iniciación de las
pruebas de admisión de los nuevos alumnos .
Agotadoras y largas horas de ensayo compensadas por las más que
placenteras sesiones de conversación y vida relajantemente contemplativa
mantenida por Itzabó e Izan.
Largos paseos por algunos de los más hermosos parques de la
ciudad.
Y cuando él se encontraba en
pleno proceso creativo , ella disfrutaba observándolo trabajar, aunque a él le
costase hacerlo con alguien vigilante. Normalmente no permitía a nadie en el
taller, pero con ella le apeteció hacer una excepción, y no sería la única.
Itzabó, sin proponérselo, le había hecho reconsiderarse algunas de sus propias
reglas y costumbres sin que le resultase en absoluto traumático, es más, se
sentía mucho más a gusto cuando ella estaba con él.
Durante todo este tiempo, Stelle había sobrellevado la situación como
buenamente pudo. Para ella , lo más fácil era no dirigirle la palabra a Itzabó,
y procurar ser educada y correcta con Izan; y de forma tácita, la situación fue
aceptada por los tres.
Dos días antes de la finalización oficial del año académico y de la
fiesta de fin de curso, Jesse le encargó a Stelle que hablara con Izan para
concretar algo de cara al año siguiente.
Él se encontraba trabajando en el aula
taller. Tras tocar la puerta y él darle paso, ella entró.
- · IZAN: Cierra la puerta por favor, estoy preparando algo que se supone que no debe ver nadie hasta mañana.
- · STELLE: Me envía Jesse a entregarte los cuadrantes del año que viene, para que los veas y los firmes si estás de acuerdo.
- · IZAN: Vale.
- · STELLE: Bien, entonces me voy ¿se los bajas tú al despacho luego?
- · IZAN: No, no te vayas, quédate. Quiero que me des tu opinión sincera sobre algo.
Stelle se sentó en el filo de la mesa de trabajo mientras le veía
terminar de pulir algo.
- · STELLE: ¿no puedo volver luego? Es que tengo mucho trabajo aún.
- · IZAN: Vamos, quédate, será sólo un minuto- se apartó a un lado – Bien ¿qué te parece?
Al retirarse, apareció una nueva creación. Una escultura de tamaño
mediano que representaba un joven hermoso y rodeado de todas las
manifestaciones artísticas posibles.
- · IZAN: Vamos , dime qué te parece.
Se sentó al lado de ella.
- · STELLE: ¿Te la encargó Jesse?
- · IZAN: No exactamente, él me encargó que hiciese algo representativo para colocar en el vestíbulo, y qué más representativo que un alumno y todas las posibilidades artísticas de la Escuela.- la miró y no parecía muy convencida- No te gusta, lo veo en tu cara.
- · STELLE: No… sí está bien y es muy representativa.
- · IZAN: ¿Pero?
- · STELLE: No es lo que tú sueles hacer.
- · IZAN: Hombre , eso sí.
- · STELLE: Ni siquiera trabajas por encargo.
- · IZAN: Pero , tampoco está tan mal ¿no?
- · STELLE: Diferente.
- · IZAN: Sí , eso sí.
Ambos se rieron, porque después de mucho tiempo habían logrado estar
de acuerdo en algo: a ninguno le terminaba de convencer del todo.
Sólo por lo que había habido entre ellos dos, complicidad absoluta
durante cuatro años en todos los aspectos, él aún sentía cierto aprecio y se
preocupaba por ella, especialmente después de lo sucedido , siendo consciente
de que la persona que más incómoda debía de estar con todo aquello era ella.
Aprovechando que ella parecía haber bajado la guardia y , aunque sólo fuera
por un momento, volvía a ser la Stelle de siempre. Izan aprovechó la ocasión para
informarse de cómo se encontraba anímicamente, puesto que desde hacía semanas, la
encontraba bastante desmejorada.
- · IZAN: ¿Cómo estás?
- · STELLE: Bien.
- · IZAN: ¿Ni tú misma pareces muy convencida?
- · STELLE: ¿Denoto preocupación en su tono Sr. Thorm?
- · IZAN: Tengo ojos, y observo.
- · STELLE: Pues cualquiera lo diría – al sentir la mirada inquisitiva de Izan por su tono , intentó corregir sobre la marcha- Lo siento. Estoy bien, sólo un poco cansada.
- · IZAN: ¿Cabrá la posibilidad de volver a ser amigos como antes?
- · IZAN: Echo de menos aquello, lo que había entre nosotros antes de complicarlo todo.
- · STELLE: Pareciera que te arrepientes del paso posterior.
- · IZAN: No, pero…… perdimos lo que teníamos.
- · STELLE: No creo que lo perdiéramos por eso precisamente. Nos dejamos llevar. Empezamos por dejar de hablar, de confesarnos nuestras cosas al oído. Seguimos por dejar de disfrutar de lo que antes nos gustaba hacer en común, pasamos poco tiempo juntos porque nos centrábamos en el trabajo, y llegó el día en que al mirarte a los ojos ya no te encontré. Curiosamente lo único en lo que nunca hicieron falta palabras y jamás hubieron reproches fue en el instinto más primario. Bastaba mirarnos para saber lo que queríamos. Sin negociación alguna, sin importar nada. Hasta en los momentos más tensos , nos mirábamos y lo olvidábamos todo por un rato.
- · IZAN: No puedo culparte por lo que sentiste entonces , y aún menos por lo que puedes sentir ahora. Ni yo mismo sabría decirte porque me dejé ir. Sé que he hecho muchas cosas mal en esta vida, especialmente en cuanto a mis relaciones personales se refiere, y en la mayoría de las ocasiones ni me paré a pensar en el otro.- la cogió por los hombros y con una mirada entrañable- echo de menos a la amiga que siempre fuiste Stelle ¿podrás perdonarme algún día?
Cuando él se acercó para abrazarla, ella aprovechó que sus rostros quedaron tremendamente juntos y sus ojos azules
volvían a adentrarse en su interior, para acercar sus labios y besarle, y sólo
por un instante, él perdió la noción del espacio y de la situación
correspondiéndola.
En ese preciso instante Itzabó bajaba al aula taller, la puerta se
encontraba entornada y la terminó de abrir. Tras lograr reaccionar , se dio la
vuelta y se marchó angustiada y con dolor en el pecho. Un incipiente ataque de
ansiedad y la desorientación se apoderaron de ella.
En un halo de racionalidad , Izan volvió a la realidad y se dio cuenta
de lo qué estaba haciendo, apartando a Stelle .
- · IZAN: - Enfurecido- ¡No, no no ! ¡Dios! ¿Qué estoy haciendo?
- · STELLE: -llorando- Lo sabía, aún me quieres, aún sientes algo por mí.
- · IZAN: - bastante alterado- No Stelle, no , yo no te quiero , no te confundas.
- · STELLE: Lo he sentido al besarme, aún sientes algo por mí.
- · IZAN: - descontrolado y muy nervioso caminaba sin rumbo por el aula- He perdió la cabeza por un instante , nada más.
- · STELLE: Aún me deseas Izan.
- · IZAN: ¡No! Amo a Itzabó ¿lo entiendes? A ella, ésto ha sido…. Un error .. ¡Dios! ¿En qué diablos estaba pensando?
- · STELLE: Llámalo como quieras, pero eras tú al que he sentido besarme, no un cuerpo confundido. Tú Izan. Aún existe esa química entre nosotros, lo sé. Podemos –se fue acercando a él y lo agarró del brazo- volver a darnos otra oportunidad, volver a ser dos, como estaban las cosas antes.
- · IZAN: No hay un nosotros, ni un entre tú y yo Stelle. No lo hay ni lo habrá . Itzabó es lo más grande e importante que me ha pasado en mi vida y de éso , pese a todas las dudas que pueda haberme planteado en el pasado, estoy más seguro que nunca. Soy incapaz de respirar por mi mismo sin ella, soy incapaz de sentir mis manos si no es en su piel. Cuando esculpo lo hago pensando en ella , en lo que transmite, en su fuerza y sus ganas de vivir, en cómo me hace sentir cuando me hace suyo, y eso Stelle es inapagable. Ella me hace mejor persona de lo que puedo ser o imaginar, mejor hombre de lo que puedo esperar y mejor artista de lo que jamás hubiera imaginado. No , no sé cómo saldrá ni sé cuánto durará, pero no pienso perder esta oportunidad de ser completamente feliz por algo que no me ofrezca, como mínimo, al menos algo como eso, y te aseguro que lo veo imposible.
- · STELLE: Dios mío, estás enamorado en serio. Ella ha vuelto a ganar, aunque no sé de qué me sorprendo. Al volver de Nueva York esperaba encontrar al Izan de siempre, y sin embargo me he visto involucrada en la misma partida de antaño, con la misma competidora, y , casualidades de la vida, ella sigue ganándome.
- · IZAN: Stelle -ella le hizo un gesto de negación con la cabeza para que no siguiera hablando sobre el tema-.
- · STELLE: No merece la pena.
En un arranque de rabia por permitirse haber caído, con uno de los
brazos tiró bruscamente al suelo todo lo que había encima de la mesa. Poco le
importaba en ese momento quién pudiera verle o escucharle, pero estaba muy
enfadado consigo mismo y debía manifestarlo de alguna forma.
Sintiendo la necesidad imperiosa de ver a Itzabó y estar con ella, cogió el teléfono móvil y la
llamó. Tras tres intentos fallidos decidió esperar un poco. Pasó una hora,
pasaron dos y hasta tres horas, y ante la insistencia de Izan y la no respuesta
durante todo ese tiempo de Itzabó, decidió acercarse a su casa. Tocó el portero
varias veces pero allí nadie contestó, y para más desgracia ningún vecino se
asomó para ver quién aporreaba así la puerta,
con lo que no pudo preguntarle a nadie.
Extrañado, esperó durante un rato apoyado por fuera del coche a ver si se decidía a aparecer. Tras
aproximadamente una hora sin rastros de ella , decidió marcharse a su casa , no
sin antes, seguir insistiendo vía telefónica.
Aquella noche, Izan apenas pudo conciliar el sueño. No saber nada de
ella era más que sospechoso. Intentaba recordar si en algún momento le
habría comentado alguna salida o lugar
al que tuviera que ir ese día, pero no recordaba nada.
Dándole vueltas a su cabeza el sueño le rindió.
Mañana sería otro día,
mañana hablaría con ella.
FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)
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