jueves, 12 de marzo de 2015

PURO SENTIMIENTO. CAPITULO NOVENO ( RATED +18)

Museo De Orsay . París
Crédito fotos Ana P. Cruz López
La vida continuó con normalidad. 

Mañanas intensas propias del acercamiento del final de curso y preparación de exámenes. 
Iniciación de las pruebas de admisión de los nuevos alumnos . 
Agotadoras y largas  horas de ensayo compensadas por las más que placenteras sesiones de conversación y vida relajantemente contemplativa mantenida por Itzabó e Izan. 
Largos paseos  por algunos de los más hermosos parques de la ciudad.

Y cuando él se encontraba en pleno proceso creativo , ella disfrutaba observándolo trabajar, aunque a él le costase hacerlo con alguien vigilante. Normalmente no permitía a nadie en el taller, pero con ella le apeteció hacer una excepción, y no sería la única. Itzabó, sin proponérselo, le había hecho reconsiderarse algunas de sus propias reglas y costumbres sin que le resultase en absoluto traumático, es más, se sentía mucho más a gusto cuando ella estaba con él.

Durante todo este tiempo, Stelle había sobrellevado la situación como buenamente pudo. Para ella , lo más fácil era no dirigirle la palabra a Itzabó, y procurar ser educada y correcta con Izan; y de forma tácita, la situación fue aceptada por los tres.

Dos días antes de la finalización oficial del año académico y de la fiesta de fin de curso, Jesse le encargó a Stelle que hablara con Izan para concretar algo de cara al año siguiente.
 Él se encontraba trabajando en el aula taller. Tras tocar la puerta y él darle paso, ella entró.


  • ·         IZAN: Cierra la puerta por favor, estoy preparando algo que se supone que no debe ver nadie hasta mañana.
  • ·         STELLE: Me envía Jesse a entregarte los cuadrantes del año que viene, para que los veas y los firmes si estás de acuerdo.
  • ·         IZAN: Vale.
  • ·         STELLE: Bien, entonces me voy ¿se los bajas tú al despacho luego?
  • ·         IZAN: No, no te vayas, quédate. Quiero que me des tu opinión sincera sobre algo.

Stelle se sentó en el filo de la mesa de trabajo mientras le veía terminar de pulir algo.

  • ·         STELLE: ¿no puedo volver luego? Es que tengo mucho trabajo aún.
  • ·         IZAN: Vamos, quédate, será sólo un minuto- se apartó a un lado – Bien ¿qué te parece?

Al retirarse, apareció una nueva creación. Una escultura de tamaño mediano que representaba un joven hermoso y rodeado de todas las manifestaciones artísticas posibles.
  • ·         IZAN: Vamos , dime qué te parece.

Se sentó al lado de ella.

  • ·         STELLE: ¿Te la encargó Jesse?
  • ·         IZAN: No exactamente, él me encargó que hiciese algo representativo para colocar en el vestíbulo, y qué más representativo que un alumno y todas las posibilidades artísticas de la Escuela.- la miró y no parecía muy convencida- No te gusta, lo veo en tu cara.
  • ·         STELLE:  No… sí está bien y es muy representativa.
  • ·         IZAN: ¿Pero?
  • ·         STELLE: No es lo que tú sueles hacer.
  • ·         IZAN: Hombre , eso sí.
  • ·         STELLE: Ni siquiera trabajas por encargo.
  • ·         IZAN: Pero , tampoco está tan mal ¿no?
  • ·         STELLE: Diferente.
  • ·         IZAN: Sí , eso sí.


Ambos se rieron, porque después de mucho tiempo habían logrado estar de acuerdo en algo: a ninguno le terminaba de convencer del todo.

Sólo por lo que había habido entre ellos dos, complicidad absoluta durante cuatro años en todos los aspectos, él aún sentía cierto aprecio y se preocupaba por ella, especialmente después de lo sucedido , siendo consciente de que la persona que más incómoda debía de estar con todo aquello era ella.

Aprovechando que ella parecía haber bajado la guardia y , aunque sólo fuera por un momento, volvía a ser la Stelle de siempre. Izan aprovechó la ocasión para informarse de cómo se encontraba anímicamente, puesto que desde hacía semanas, la encontraba bastante desmejorada.

  • ·         IZAN: ¿Cómo estás?
  • ·         STELLE: Bien.
  • ·         IZAN:  ¿Ni tú misma pareces muy convencida?
  • ·         STELLE: ¿Denoto preocupación en su tono Sr. Thorm?
  • ·         IZAN: Tengo ojos, y observo.
  • ·         STELLE: Pues cualquiera lo diría – al sentir la mirada inquisitiva de Izan  por su tono , intentó corregir sobre la marcha- Lo siento. Estoy bien, sólo un poco cansada.
  • ·         IZAN: ¿Cabrá la posibilidad de volver  a ser amigos como antes?

 Aquello casi la enterneció. Todas sus ideas prefijadas de lo que se convertiría su relación con él se derrumbaban como un castillo de naipes.

  • ·         IZAN: Echo de menos aquello, lo que había entre nosotros antes de complicarlo todo.
  • ·         STELLE: Pareciera que te arrepientes del paso posterior.
  • ·         IZAN: No, pero…… perdimos lo que teníamos.
  • ·         STELLE: No creo que lo perdiéramos  por eso precisamente.  Nos dejamos llevar. Empezamos por dejar de hablar, de confesarnos nuestras cosas al oído. Seguimos por dejar de disfrutar de lo que antes nos gustaba hacer en común, pasamos poco tiempo juntos porque nos centrábamos en el trabajo, y llegó el día en que al mirarte a  los ojos ya no te encontré. Curiosamente lo único en lo que nunca hicieron falta palabras y jamás hubieron reproches  fue en el instinto más primario. Bastaba mirarnos para saber lo que queríamos. Sin negociación alguna, sin importar nada. Hasta en los momentos más tensos , nos mirábamos y lo olvidábamos todo por un rato.

 Imágenes , recuerdos. El resumen que Izan logró hacerse en su cabeza sobre aquella relación,  se reducía a una intimidad fabulosa, pero a nada más. Recordaba sentirse vacío por último, confuso, y si bien era cierto que no conversaban como al principio, él jamás tuvo verdadero interés por arreglarlo y salir de dudas con ella. Siempre fue él , el que marcó los tiempos, el de comienzo y el de finalización, y ella se dejó llevar cuando ya sabía que el barco se iba a pique sólo por poder compartir con él un instante más, aunque el final fuese más que predecible.

  • ·         IZAN: No puedo culparte por lo que sentiste entonces , y aún menos por lo que puedes sentir ahora. Ni yo mismo sabría decirte porque me dejé ir. Sé que he hecho muchas cosas mal en esta vida, especialmente en cuanto a mis relaciones personales se refiere, y en la mayoría de las ocasiones ni me paré a pensar en el otro.- la cogió por los hombros y con una mirada entrañable- echo de menos a la amiga que siempre fuiste Stelle ¿podrás perdonarme algún día?

 Por su gesto dulcificado, Izan sabía perfectamente que no había margen para recibir una respuesta negativa por su parte, lo que le congratulaba sobremanera, especialmente,  porque si había algo que siempre había admirado de ella era su facilidad para comprender. Aunque ésta quedaba disipada cuando confundía las cosas o intentaba lanzar un último cabo para evitar ahogarse.

Cuando él se acercó para abrazarla, ella aprovechó que sus rostros quedaron tremendamente juntos y sus ojos azules volvían a adentrarse en su interior, para acercar sus labios y besarle, y sólo por un instante, él perdió la noción del espacio y de la situación correspondiéndola.

En ese preciso instante Itzabó bajaba al aula taller, la puerta se encontraba entornada y la terminó de abrir. Tras lograr reaccionar , se dio la vuelta y se marchó angustiada y con dolor en el pecho. Un incipiente ataque de ansiedad y la desorientación se apoderaron de ella.

En un halo de racionalidad , Izan volvió a la realidad y se dio cuenta de lo qué estaba haciendo,  apartando  a Stelle .

  • ·         IZAN: - Enfurecido-  ¡No, no no ! ¡Dios! ¿Qué estoy haciendo?
  • ·         STELLE: -llorando- Lo sabía, aún me quieres, aún sientes algo por mí.
  • ·         IZAN: - bastante alterado- No Stelle, no , yo no te quiero , no te confundas.
  • ·         STELLE: Lo he sentido al besarme, aún sientes algo por mí.
  • ·         IZAN: - descontrolado y muy nervioso caminaba sin rumbo por el aula-  He perdió la cabeza por un instante , nada más.
  • ·         STELLE: Aún me deseas Izan.
  • ·         IZAN: ¡No! Amo a Itzabó ¿lo entiendes? A ella, ésto ha sido…. Un error .. ¡Dios! ¿En qué diablos estaba pensando?
  • ·         STELLE:  Llámalo como quieras, pero eras tú al que he sentido besarme, no un cuerpo confundido. Tú Izan. Aún existe esa química entre nosotros, lo sé. Podemos –se fue acercando a él y lo agarró del brazo- volver a darnos otra oportunidad, volver a ser dos, como estaban las cosas antes.
  • ·         IZAN: No hay un nosotros,  ni un entre tú y yo Stelle. No lo hay ni lo habrá . Itzabó es lo más grande e importante que me ha pasado en mi vida y de éso , pese a todas las dudas que pueda haberme planteado en el pasado, estoy más seguro que nunca. Soy incapaz de respirar por mi mismo sin ella, soy incapaz de sentir mis manos si no es en su piel. Cuando esculpo lo hago pensando en ella , en lo que transmite, en su fuerza y sus ganas de vivir, en cómo me hace sentir cuando me hace suyo, y eso Stelle es inapagable.  Ella me hace mejor persona de lo que puedo ser o imaginar, mejor hombre de lo que puedo esperar y mejor artista de lo que jamás hubiera imaginado. No , no sé cómo saldrá ni sé cuánto durará, pero no pienso perder esta oportunidad de ser  completamente feliz por algo que no me ofrezca, como mínimo,  al menos algo como eso, y te aseguro que lo veo imposible.

 No era tanto lo que decía, si no cómo lo decía. Nunca sus impresionantes ojos azules se habían visto tan grandes y tan brillantes  como cuando  hablaba de ella.

  • ·         STELLE: Dios mío, estás enamorado en serio. Ella ha vuelto a ganar, aunque no sé de qué me sorprendo. Al volver de Nueva York esperaba encontrar al Izan de siempre, y sin embargo me he visto involucrada en la misma partida de antaño, con la misma competidora, y , casualidades de la vida, ella sigue ganándome.
  • ·         IZAN: Stelle -ella le hizo un gesto de negación con la cabeza para que no siguiera hablando sobre el tema-.
  • ·         STELLE: No merece la pena.  

 Una última mirada hacia lo que pudo volver a ser, y se retiraba cual perdedora derrotada por completo.

En un arranque de rabia por permitirse haber caído, con uno de los brazos tiró bruscamente al suelo todo lo que había encima de la mesa. Poco le importaba en ese momento quién pudiera verle o escucharle, pero estaba muy enfadado consigo mismo y debía manifestarlo de alguna forma.

Sintiendo la necesidad imperiosa de ver a Itzabó y  estar con ella, cogió el teléfono móvil y la llamó. Tras tres intentos fallidos decidió esperar un poco. Pasó una hora, pasaron dos y hasta tres horas, y ante la insistencia de Izan y la no respuesta durante todo ese tiempo de Itzabó, decidió acercarse a su casa. Tocó el portero varias veces pero allí nadie contestó, y para más desgracia ningún vecino se asomó para ver quién aporreaba así la puerta,   con lo que no pudo preguntarle a nadie.
Extrañado,  esperó durante un rato apoyado por fuera del coche  a ver si se decidía a aparecer. Tras aproximadamente una hora sin rastros de ella , decidió marcharse a su casa , no sin antes,  seguir insistiendo vía telefónica.

Aquella noche, Izan apenas pudo conciliar el sueño. No saber nada de ella era más que sospechoso. Intentaba recordar si en algún momento  le habría comentado alguna salida  o lugar al que tuviera que ir ese día, pero no recordaba nada.


Dándole vueltas a su cabeza el sueño le rindió. 
Mañana sería otro día, mañana hablaría con ella.

FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Muchísimas gracias por participar en esta página