| Crédito foto :Ana P. Cruz López |
Y llegó el día de la gala Final.
En contra de lo previsible, Izan sí se presentó en el teatro acompañando
a Jesse, y pese a su ánimo cabizbajo también se incorporaría a la fiesta
posterior.
Lo cierto es que el cambio de aires y de rutina nocturna le iba
sentando bien, ello le daba la opción de no pensar, de no tener las mismas
malas sensaciones conforme las ideas brotaban en su cabeza.
- · JESSE: Estás muy pensativo.
- · IZAN: No en exceso.
- · JESSE: Querido amigo mío, teniendo en cuenta que te encanta la mitología, quizás puedas resolverme una duda.
- · IZAN: Lánzala.
- · JESSE: Dicen que cuando las sirenas desplegaban sus supuestas malas artes y enamoraban a los marineros , era cuando caían en sus redes y ellas los miraban a los ojos mientras ellos las escuchaban. Perdidos completamente, en mitad de la locura producida, o bien caían al agua y morían ahogados por no saber nadar, o las soltaban de sus redes. En ese caso, se decía que la sirena sería por siempre de ese marinero que le otorgaba la libertad; y ese marinero, cada vez que volvía a faenar en el mismo sitio, miraba desconsolado el mar en espera de que su sirena apareciese. Por otra parte, también podía darse el caso contrario. Que la sirena salvada de su prisión, decidiese dejar su hábitat para convertirse en humana y amar a ese marinero el resto de su vida. Claro que, me pregunto hasta qué punto el marinero estaría dispuesto a aceptar su vuelta como humana.
- · IZAN: Esto que estás contando no tiene nada que ver con mitología.
- · JESSE: Pero dime, si se diese ese caso, en que la sirena ofreciese su eternidad como sacrificio y decidiese salir del agua y convertirse en humana para volver junto al hombre que ama ¿crees que el marinero la aceptaría en su nueva naturaleza o, que simplemente la dejaría marchar porque en realidad lo que adora es su simbología y lo que transmite?
- · IZAN: La mitología simplemente dice que los marineros morían al lanzarse al agua por no saber nadar cuando les escuchaban su canto, no dice nada de vueltas y conversiones.
- · IZAN: ¿Tú?
- · JESSE: - con sonrisa de asentimiento- No te lo tomes a mal, alguien tenían que prevenirla.
- · IZAN: ¿prevenirla?
- · JESSE: Estabas a punto de volver, y tendrás que reconocerme que nunca te ha gustado comprometerte. Itzabó no era como las demás chicas Izan, no podía permitir no advertirla.
- · IZAN: Eso no voy a discutírtelo.
Ambos se acercaron hasta los ventanales . la luna llena
iluminaba gran parte del campo que rodeaba la escuela dándole el aspecto de un
paraíso, un cruel y hermoso paraíso dónde él había pasado sus peores y sus
mejores momentos.
- · JESSE: ¿Y si tú fueras ese marinero?
Izan se encontraba despistado.
- · IZAN: ¿Qué?
- · JESSE: ¿Qué si tú fueras el marinero qué harías? ¿La aceptarías tal y como es o seguirías enamorado de lo que fue?
- · IZAN: No lo sé, supongo que si la amase de verdad la aceptaría por lo que es sin olvidar lo que fue.
- · JESSE: Voy a buscar otra copa de vino ¿te traigo una?
- · IZAN: No gracias.
En ese momento la música cambió. Aquellos primeros acordes
no parecían reconocibles hasta pasados dos minutos: LOVE THEME DE SPARTACUS
(FRED HERSCH –PIANO).
Todo lo olvidado por un instante
volvió a su mente. Ése fue el tema musical que sonó la primera vez que estuvo
en casa de Itzabó. Aturdido, comenzó a
notar que la sala se hacía más pequeña cada vez, que había demasiada gente y
que a él le costaba respirar. Abrió el portalón que comunicaba con la terraza y
salió fuera agarrándose fuertemente de la barandilla. Cerró los ojos, y aún
aquella pieza seguía sonando. Cuanto más intentaba respirar , más creía que se
ahogaba . Intentaba no pensar en ella, pero su mente le traicionaba a cada
instante.
Una mano se apoyó firmemente en
la mitad de su espalda. Una voz, familiar pero que él creía fruto de su
imaginación haría el resto.
- · ITZABÓ: Escucha sólo mi voz. Cierra los ojos y respira muy despacio y muy hondo.
Una vez más, Izan hizo lo que
aquella voz le mandató en aquel tono susurrante y mágico. La paz y la calma
fueron regresando poco a poco, aunque la presión en el pecho no había
desaparecido, ni él se atrevía a darse la vuelta por miedo a que aquello no
fuera real.
- · ITZABÓ: Tranquilo- con mano acariciaba su espalda siguiendo la línea de la columna- Debes tranquilizarte.
Izan no era capaz de moverse o
articular palabra, pero a cada paso de su mano por su espalda, los vellos de su
cuerpo se estremecían por completo, y
sus manos se sostenían cada vez más fuerte de la barandilla de madera como
única salvaguarda.
- · ITZABÓ: Izan , mírame.
Al ver que no respondía, que se
quedaba inmóvil y continuaba en silencio, desde donde estaba , alargó una de
sus manos y la puso encima de una de las suyas, acariciándole la piel desde la
muñeca hasta donde los dedos comenzaban, intentando que soltase la madera .
Como si de un acto reflejo se tratara, cuando sus dedos se acercaron a los de
él, ella notó que su mano se relajaba, y , sin esperarlo, como mismo estaba,
entrelazó fuertemente sus dedos con los de ella.
Itzabó le abrazó rodeándole con
su otro brazo el pecho, y pudo sentir como su agitado corazón se tranquilizaba
hasta alcanzar su pulsación normal.
- · ITZABÓ: Mírame Izan.
- · IZAN: No puedo.
- · ITZABÓ: Soy yo , estoy aquí y esto es real.
- · IZAN: Tengo la impresión de que esto es un sueño, maravilloso e increíble; y no quiero despertarme y volver a la realidad, porque ya lo hice una vez y tú no estabas, en tu lugar había una carta dolorosa y malditas letras .
- · ITZABÓ: Izan, no voy a tratar de justificar mis palabras de entonces porque las sigo corroborando. Nunca he creído ser suficiente , pero no sólo para ti, sino para todo el mundo. Mi vida ha sido siempre el ballet, no he conocido otra cosa. El accidente me arrebató todo lo que más quería y por todo lo que había luchado durante años, ser primera bailarina de una compañía importante, y poder tener a mi lado a uno de los seres más buenos de este mundo, a la estrella que admiraba y al hombre que amaba.Cuando desperté en el coche , recuerdo más que el dolor de la rodilla completamente destrozada, la imagen de aquel hombre al lado mío, sin vida, mirándome. Sólo sé que no podía evitar hacerme preguntas que nadie respondía, y me prometí a mi misma que nunca volvería a entregarme por completo a alguien, puesto que si lo perdía por el motivo que fuera, sabía que me mantendría entera. Sin embargo te conocí, y ni sé cómo supiste entrar en mi corazón a través de mi arte y del tuyo. Tu forma de mirarme mientras bailaba, aquella pasión desbordada en tus ojos…. Aquella sensación de que me tocabas sin hacerlo.Me marché porque me entró miedo, miedo a sentirme cómo me sentía cuándo estaba contigo, miedo a tu nivel de entrega y a mi incapacidad para no perder la razón cuando me tocabas o simplemente me sonreías. Miedo a amarte como ya te amaba.
- · IZAN: Un año, he sentido esta maldita presión en el pecho un año. Me pedías que te dejara y que no te buscara y no lo hice, pero, no puedes imaginar con cuánto dolor he tenido que autonconvencerme de que hice lo correcto sólo porque tú me lo pediste. He estado a punto de volverme loco sin ti a mi lado.
Izan se giró y sus hermosos ojos
azules, aquellos que tanto gustaban a Itzabó , se mostraban tristes, apagados y
llorosos. Aquel hombre de mirada limpia y capaz de alegrar a todo el mundo,
parecía haber envejecido .
- · ITZABÓ: Soy yo Izan, estoy aquí y esto es muy real.
- · IZAN: ¿Cuando volverás a marcharte?
Ella se mordisqueó el labio
inferior, se humedeció los labios, y con una cara de satisfacción plena ,
segura de sí misma y de que aquella era la mejor decisión, decidió responder a
la eterna pregunta.
- · ITZABÓ: ¿Has logrado responderte aquella pregunta que te surgió desde la primera vez que me viste y nunca te atreviste a hacerme?
- · IZAN: Sí, ahora sí.
- · ITZABÓ: ¿Y bien?
- · IZAN: Sí serías capaz de quererme como yo ya te quería desde ese momento.
- · ITZABÓ:- se sonrió- Sí, he sido, soy y seré capaz Izan. No más cartas, no más despedidas. Entré en tu vida siendo la bailarina a la que te apasionaba ver bailar. Ahora es la mujer la que se queda en ella, si tú decides aceptarla.
Sus ojos azules volvieron a
iluminarse, recuperaron su vivacidad y el rostro de Izan brillaba gracias a una
abierta sonrisa nerviosa y una deliciosa e inmensa sensación de felicidad que
invadía su cuerpo. Su frente terminó
apoyada en la de ella , y sus brazos agarrándola contra su pecho con toda la
fuerza de que era capaz. No volvería a escaparse, a huir. Felicidad plena para él que por fin
consideraba que había encontrado en ella a quien podría cubrir los huecos que en su vida habían siendo
correspondido en todo cuanto entregaba , y la seguridad , para ella, de saber
que podía amar y ser amada de nuevo cómo
sólo él podía hacerlo.
FIN.
FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)
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