miércoles, 1 de abril de 2015

ELECCION. Capítulo décimo segundo. (Rated +18) ( Registrado 24 sept 2014)

Créditos a quién corresponda
Una vez Casey salió de la celda no había rastro de Aen. 
Ni siquiera se dignó a esperarla, y en aquel instante,  hasta su presencia le hubiera servido de apoyo. 

No era capaz de entender lo que había vivido, escuchado y oído. Algo se le escapaba, y por una vez, en  su interior, tuvo que reconocer que sentía mucho más temor ante la presencia de un Brian que desconocía y del que estaba segura que no se había mostrado en toda su plenitud, que de un doctor al que ya había sufrido en algunos de sus peores momentos.

Al lado de la puerta de la celda , junto a la bandeja, Aen le dejó un sobre con unos documentos y una ruta a seguir, pero al salir apresuradamente de la celda , ni se dio cuenta de cogerlo. 
De pronto, cayó en la cuenta que se olvidaba  de ella y volvió sobre sus pasos. 


Sin más explicaciones, sólo con la nota anexa que incorporó , Casey entendió que debía proseguir la ruta sin él, y que a su término,  debería llevarle todo  a su despacho. 
Ella sobreentendió que pese a la clausura , en caso de encontrarse con la Dra Mhic, esa nota, guardada a buen recaudo, serviría de salvoconducto , porque nadie mejor que él debía saber de la prohibición de acceder.

Tras dos horas de consulta con el resto de pacientes femeninas , la última sin duda debía de ser Keira. Lo cierto es que a Casey no le apetecía nada haberla visto de las primeras ya que no se encontraba nada relajada, y esa mujer llegaba a alterarla tanto con sus visiones y presentimientos, con sus preguntas y comentarios, que prefería olvidarse de todo lo pasado durante al menos un instante, pero , desgraciadamente, su paz mental no duraría demasiado. 

Cuando el agente de seguridad  abrió la puerta de la celda, una imagen inusual de Keira se expandió frente a sus ojos.

Estaba en el suelo, en una esquina,  sentada de medio lado, con el pelo alborotado tapándole la cara, apoyada de mala gana en la pared, como si se hubiera dejado caer.  
Cuando Casey oyó los pasos de retirada del agente , le pidió que se detuviera un instante ,que esperase.

Dejó las cosas que llevaba en las manos cerca de la puerta y se le acercó muy despacio y cautelosamente, rodeando la mesa y las sillas a fin de tenerla de frente.
Intentó verle la cara pero su pelo se la ocultaba por completo.

Sus brazos , flácidos,  parecían muertos. La tez de su piel se había palidecido mucho, y al fijarse en sus manos, parte de sus uñas se habían roto y parecían tener restos de algo que ella no lograba descifrar aún.

Cuando el agente se fijó bien en la paciente, le recomendó a Casey que no siguiera acercándose, que esperara a solicitar refuerzos y que una vez sedada hiciera lo que quisiera, pero ella desoyó la recomendación. 
Cuando llegó a su lado se agachó, y con sumo cuidado,   le fue retirando el pelo de la cara. Tenía los ojos abiertos, hinchados de  presumiblemente haber llorado mucho y no haber dormido, sus ojeras se le veían con demasiada claridad dado su nuevo tono de piel. Su mirada, perdida a un punto del suelo que sólo ella era capaz de adivinar.

Asegurado el terreno a juicio de Casey, le dijo al agente que no harían falta los refuerzos ni la sedación, y le pidió que las dejara solas. Cuando el agente se encontraba cerrando la puerta, y Casey de pie para acercarse a recoger sus papeles, Keira se levantó sin hacer ruido.  Ahora , su centro de atención ya no era el suelo,  sino Casey. 
Sin que pudiese oírla, la exmadre superiora se abalanzó sobre ella agarrándola por los hombros aprovechando su mayor corpulencia y altura , y la tiró al suelo recibiendo un golpe en la cabeza al chocar contra la pared de en frente.

El agente entró  e intentó separarla de Casey ,pero cuanto más tiraba de ella  ésta más le apretaba el cuello. Keira se encontraba fuera de sí. Casey se asfixiaba,  y por más que intentaba quitarle las manos de la garganta,  le era imposible. Su fuerza inusitada , podía con ella y con el corpulento agente, el cual comenzó a chillar solicitando ayuda, una ayuda que tardaba demasiado en llegar.
Casey intentó que al menos una de sus manos llegase a la cara de su atacante , pero pese a lograr levantársela , ella no soltaba. Intentó llegar hasta sus ojos pero le era difícil, sus fuerzas flaqueaban conforme más esfuerzos realizaba por sobrevivir y más le costaba respirar.

Apenas sin fuerzas, llegaron dos agentes más para ayudar al que ya estaba en la celda. Como si estuviera poseída por una fuerza desconocida, los tres corpulentos hombres tiraban de ella e intentaban despegarle las manos del cuello de Casey , pero su fijeza y la fuerza de las mismas era casi sorprendente. 
Justo cuando los ojos de  la víctima parecieron perderse relajadamente en el techo, uno de los agentes ejerció toda la fuerza bruta que pudo y , pese a los arañazos dejados por Keira, logró quitarle las manos de la garganta.

Cogida por los otros dos que intentaban  separarla y , arrastrándola ,  llevarla al camastro a fin de poder inmovilizarla, el otro agente  se quedó con Casey, comprobando si respiraba. Pese a hacerlo de varias maneras, cuando alertado se cercioró de que no lo hacía , comenzó a gritar solicitando ayuda, pero Aen apareció en ese instante en la celda, alarmado por la comunicación de la alerta ya que no le habían dicho que se trataba de ella.

Tras quedar paralizado milésimas de segundo en la puerta, reaccionó y corrió hacia ella. Intentó dar con el cierre del cuello del traje,  y entre las prisas y los nervios, al no encontrarlo, optó por romperlo y abrirlo hasta el comienzo del pecho para que no estorbara. Tomó el pulso en la carótida y no tenía.  Colocó su cabeza derecha con el cuello levantado ,le abrió la boca,  le cerró  la nariz y comenzó a hacerle la respiración asistida reanimadora, ante el asombro de cuantos se encontraban allí que no sabían qué estaba haciendo, todos salvo Keira.

Una y otra vez insufló aire, colocó sus manos en el pecho y apretó sucesivas veces con una mano encima de otra de forma rítmica  , removiendo todo su cuerpo al tiempo. Pese a seguirlo intentando , Casey no recobraba ni el aliento ni el sentido. 
Aen decidió entonces realizar una táctica de choque mucho más brutal, golpearla seca y fuertemente en el pecho, dónde se sitúa el corazón.

Por su parte, pese a la retención que sufría, al ver aquello, Keira se relajó, fue aflojando su resistencia;  quizás , por su asombro más inmediato por la imagen que presenciaban sus ojos:   la actitud de Aen hacia Casey y  la expresión de su rostro, de auténtica angustia y desesperación.
Tras varios intentos, cuando hasta él lo daba todo perdido, y con aquella misma mirada de angustia mezclada con severo odio,  giró su cara hacia Keira y un halo de respiración agónica se oyó. 
Aen se acercó para comprobarlo , la maniobra había resultado, Casey volvía en sí, aunque muy aturdida y dolorida.

Aen volvió a mirar a Keira y ésta se sobrecogió. Su destino: una celda de aislamiento dónde él ya se encargaría de ella, como en tantas otras ocasiones, sin fecha de salida.

Él  cogió a Casey en brazos y la sacó de allí. La llevó a la enfermería donde el personal estuvo atendiéndola y evaluándola, mientras él permanecía pendiente de cualquier evolución en el despacho de la doctora Mhic a la que se le había encargado se ocupara personalmente.

Por la noche, cuando todo el personal se hubo retirado y sólo quedaban las enfermeras de guardia, Aen realizó una visita a su habitación. 

Casey se encontraba aún dormida. y él  la observó durante largo rato, apacible, serena.  Decidió sentarse a su lado, en un pequeño hueco, e intentar compartir algo de aquella serenidad que invadía toda la estancia. Su mano, delgada, pequeña, apoyada en la colcha, al lado de su cuerpo. Una deliciosa tentación en ese preciso instante de inconsciencia. Sólo un leve roce con sus dedos le bastaba, y pese a las dudas, ahora que nadie les veía, tragando saliva con mucha dificultad por la tensión que le corroía por dentro, decidió alargar la suya hasta que las puntas de sus dedos tocasen los de ella. Casey, inmutable, ajena a todo aquello, continuaba sumergida en su mundo onírico. Él , queriendo ir un poco más allá, fue subiendo sus dedos por encima de los de ella hasta tener , en el interior de su mano la de ella.

Sin reacción por  parte de ella, decidió cogérsela con ambas manos y, con los ojos cerrados y la cabeza gacha, llevársela a su boca, como si de un pequeño y delicado pájaro que entre sus manos hubiera encontrado refugio. Cuando , presintiendo algo en su interior,  Aen  abrió los ojos y levantó la mirada , encontró una Casey despierta aunque adormilada que lo observaba y que también observaba su mano, la forma en que se la sostenía. Pero ni ella hizo esfuerzo alguno por retirársela, ni él por soltarla.

No hubieron palabras, los silencios mutuos bastaban, las miradas lo explicaban todo. Ella era perfectamente consciente de lo que había pasado, y aunque no le dijera nada, también sabía quién, de forma incomprensible, le había salvado la vida. Altamente sedada aún, volvió a cerrar sus ojos, con la expresión de él en su sueño y su mano atrapada entre las suyas, sólo un leve apretón por parte de ella, le bastó al doctor como signo de agradecimiento.

Él aún permanecería allí unas horas, hasta que decidió dejarla para que descansase.

Aen  volvió a la casona sin poder conciliar el sueño. Llevaba mucho tiempo sin poder dormir, o por lo menos no en condiciones normales. Tal vez alguna cabezada esporádica en el sofá de su despacho, no más de una hora, tal vez dos. Hacía mucho tiempo que su mente no  permanecía tranquila, quizás su conciencia, quizás su trabajo. Nadie lo sabía. Y ahora…. Una preocupación más.

 Sin embargo , él no fue el único que no pudo dormir aquella noche.
Keira , retenida con las correas de píes y manos tampoco pudo hacerlo. 

En mitad de la noche, encontrándose sedada,  sintió que su cuerpo convulsionaba una y otra vez. Comenzó a encontrarse mal, como si algo o alguien apretase su estómago con dos manos y no quisiera soltar. 
Quería despertarse pero no conseguía abrir los ojos. 
Comenzó a sentir ardor en la piel, como si algo la arañase o la cortara con algo muy afilado en la espalda y en los muslos. En sus sueños chillaba,  pero nadie la oía. 
De pronto,  todo había parado. Cuando se creyó calmada, el dolor desapareció para dejar paso a una imagen mental de un largo pasillo de piedra, con antorchas colgadas de sus paredes. Un largo pasillo que parecía no tener fin, y se vio ella misma andando por él, como casi flotando. De pronto, una niebla espesa lo cubría todo, apenas dejaba ver nada, y ésta, de pronto,  se fue disipando. 
Miró a su alrededor y sólo había oscuridad, ya no había paredes, miró hacia abajo y tampoco había fin. De esa impresión,  su cuerpo volvió a convulsionar, hasta que sintió suelo bajo sus pies.  No podía verlo pero sabía que ahí estaba, que había algo que la sustentaba.  
Mientras, en el exterior, su cabeza se movía agitada hacia todos lados, en el interior , su cuerpo era literalmente empujado en medio de la oscuridad por algo que sentía sin poder ver. La llevaron hasta un habitáculo con una especie de altar de piedra, y encima, un libro grande abierto casi por la mitad con su separador rojo.
Una voz susurrante le decía que leyera muy despacio, que debía procurar memorizar su contenido . Y ella lo estuvo haciendo,  pero en su interior no entendía nada de lo que ponía. Letras extrañas, gráficos y dibujos …. Sin embargo, su contenido si era debidamente aprendido.

En su subconsciente, aquella  voz continuaba hablándole, y aunque al principio no era capaz de reconocerla, en el exterior,  su cuerpo volvía a convulsionar cuando fue mucho más clara, tanto que se hacía daño con las correas al intentar soltarse.
Mientras escuchaba la voz, sintió que algo que no podía ver la agarraba del cuello, le separaba las piernas presionando tanto,  que el dolor en su carne la hacía gritar desesperada. Esa misma voz que una y otra vez la amenazaba como hiciera antaño , y que provocaba que hasta de la tensión de su cuerpo exteriormente le doliese en su propia piel y  varios de sus huesos sonasen estrepitosamente , mientras sus  músculos se tensaban  hasta casi romper.

En su interior se encontraba inmóvil, el dolor la inmovilizaba. Lo que fuera que la agarraba lo hacía por todos los frentes, y continuó diciéndole aquellas cosas que tanto dolor le producía oír  , mientras su corazón  notaba partirse en mil pedazos. Y fue eso mismo, lo que ella escuchaba y la agarraba, la que levantó su cuerpo y la empujó sobre el altar arrancándole la ropa. Sólo entonces,  pudo ver su rostro y su cuerpo salvaje desnudo , tal y como ella lo recordaba.
Sentado encima de ella , mientras Keira no podía dejar de mirar sus ojos, aquellos ojos  que siempre la impresionaron, él , con un puñal en una de sus manos, se lo acercó al cuello justo por debajo de la barbilla.

Exteriormente su cuerpo parecía relajado , pero se encontraba tenso como un tronco y con la cabeza hacia detrás, dejando el cuello completamente libre y descubierto.

La punta de aquel puñal ,  fue bajando lentamente arañando suavemente su piel,  conformando aquella línea recta perfecta y estudiada  por la mano hábil que ya la había manejado más de una vez. Aquella mano precisa , que fue desgarrando su traje vaporoso sin ninguna dificultad por lo afilado de su hoja. Un vestido,  que conforme era roto, caía hacia sus laterales exteriores dejando el cuerpo desnudo de Keira a merced de aquel que ella conocía tan bien, con la confianza por su parte, de que como en aquella otra ocasión, no la haría daño. 
Pero algo sembraba dudas en ella. El motivo que lo había provocado era distinto, y sus ojos no la miraban de la misma forma. Sus intenciones no parecían las mismas , y aquella vez pasada no le hizo tanto daño.

De pronto,  su rostro cambió, se acercó hasta su oído, y mientras le hablaba, comenzó a sentir un ardor brutal que la quemaba en sus entrañas y que ascendía desde sus partes íntimas recorriendo todo su cuerpo. Exteriormente, las convulsiones habían dejado paso a una mayor tirantez de su cuerpo, a que todas y cada una de las venas  sobresalieran de la piel y se le fueran oscureciendo progresiva y lentamente , conforme en su subconsciente sentía , como la terrible sensación de quemarse viva le circulaba penosamente y se extendía.

Aquella voz , seguía retumbando en su oído , y el dolor era tan intenso,  que en el exterior podía haber perdido la conciencia hacía rato, pero era su subconsciente,  capaz de hacerla sentir aquel grado de dolor, aquella intensidad. 

Sólo cuando culminó y su cuerpo se cubrió de la misma sensación, paró, y la voz se silenció. Los ojos que ella nunca olvidó  aparecían normales de nuevo, observándola  como recordatorio de lo que le había dicho. Y simplemente todo desapareció. Pero a diferencia de otras veces no despertó. 
Exteriormente su cuerpo se relajó, aunque las marcas en su cuerpo quedaron.

Ella le conocía bien,  pero nunca había sido así. Algo le provocó. Algo que le hizo mostrarse más terrible que nunca. 
Una advertencia clara que ella jamás olvidaría, ni aun cuando despertase.

FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)


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