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| Créditos a quién corresponda |
Una vez Casey salió de la celda no había rastro de Aen.
Ni
siquiera se dignó a esperarla, y en aquel instante, hasta su presencia le hubiera
servido de apoyo.
No era capaz de entender lo que había vivido, escuchado y
oído. Algo se le escapaba, y por una vez, en
su interior, tuvo que reconocer que sentía mucho más temor ante la
presencia de un Brian que desconocía y del que estaba segura que no se había
mostrado en toda su plenitud, que de un doctor al que ya había sufrido en
algunos de sus peores momentos.
Al lado de la puerta de la celda , junto a la bandeja, Aen
le dejó un sobre con unos documentos y una ruta a seguir, pero al salir apresuradamente de la celda , ni se dio cuenta de cogerlo.
De pronto, cayó en la cuenta que se olvidaba de ella y volvió sobre sus pasos.
Sin más explicaciones, sólo con la nota anexa que incorporó , Casey entendió que debía proseguir la ruta sin él, y que a su término, debería
llevarle todo a su despacho.
Ella
sobreentendió que pese a la clausura , en caso de encontrarse con la Dra Mhic,
esa nota, guardada a buen recaudo, serviría de salvoconducto , porque nadie mejor
que él debía saber de la prohibición de acceder.
Tras dos horas de consulta con el resto de pacientes
femeninas , la última sin duda debía de ser Keira. Lo cierto es que a Casey no
le apetecía nada haberla visto de las primeras ya que no se encontraba nada
relajada, y esa mujer llegaba a alterarla tanto con sus visiones y
presentimientos, con sus preguntas y comentarios, que prefería olvidarse de
todo lo pasado durante al menos un instante, pero , desgraciadamente, su paz
mental no duraría demasiado.
Cuando el agente de seguridad abrió la puerta de la celda, una imagen
inusual de Keira se expandió frente a sus ojos.
Estaba en el suelo, en una esquina, sentada de medio lado, con el pelo alborotado
tapándole la cara, apoyada de mala gana en la pared, como si se hubiera dejado
caer.
Cuando Casey oyó los pasos de
retirada del agente , le pidió que se detuviera un instante ,que esperase.
Dejó las cosas que llevaba en las manos cerca de la puerta y
se le acercó muy despacio y cautelosamente, rodeando la mesa y las sillas a fin
de tenerla de frente.
Intentó verle la cara pero su pelo se la ocultaba por
completo.
Sus brazos , flácidos, parecían muertos. La tez de su piel se
había palidecido mucho, y al fijarse en sus manos, parte de sus uñas se
habían roto y parecían tener restos de algo que ella no lograba descifrar aún.
Cuando el agente se fijó bien en la paciente, le recomendó a
Casey que no siguiera acercándose, que esperara a solicitar refuerzos y que una
vez sedada hiciera lo que quisiera, pero ella desoyó la recomendación.
Cuando
llegó a su lado se agachó, y con sumo cuidado,
le fue retirando el pelo de la cara. Tenía los ojos abiertos, hinchados
de presumiblemente haber llorado mucho y
no haber dormido, sus ojeras se le veían con demasiada claridad dado su nuevo
tono de piel. Su mirada, perdida a un punto del suelo que sólo ella era capaz
de adivinar.
Asegurado el terreno a juicio de Casey, le dijo al agente
que no harían falta los refuerzos ni la sedación, y le pidió que las dejara
solas. Cuando el agente se encontraba cerrando la puerta, y Casey de pie para
acercarse a recoger sus papeles, Keira se levantó sin hacer ruido. Ahora , su
centro de atención ya no era el suelo, sino Casey.
Sin que pudiese oírla, la
exmadre superiora se abalanzó sobre ella agarrándola por los hombros
aprovechando su mayor corpulencia y altura , y la tiró al suelo recibiendo un golpe
en la cabeza al chocar contra la pared de en frente.
El agente entró e
intentó separarla de Casey ,pero cuanto más tiraba de ella ésta más le
apretaba el cuello. Keira se encontraba fuera de sí. Casey se asfixiaba, y por
más que intentaba quitarle las manos de la garganta, le era imposible. Su fuerza
inusitada , podía con ella y con el corpulento agente, el cual comenzó a chillar
solicitando ayuda, una ayuda que tardaba demasiado en llegar.
Casey intentó que
al menos una de sus manos llegase a la cara de su atacante , pero pese a lograr
levantársela , ella no soltaba. Intentó llegar hasta sus ojos pero le era
difícil, sus fuerzas flaqueaban conforme más esfuerzos realizaba por sobrevivir
y más le costaba respirar.
Apenas sin fuerzas, llegaron dos agentes más para ayudar al
que ya estaba en la celda. Como si estuviera poseída por una fuerza
desconocida, los tres corpulentos hombres tiraban de ella e intentaban
despegarle las manos del cuello de Casey , pero su fijeza y la fuerza de las
mismas era casi sorprendente.
Justo cuando los ojos de la víctima parecieron perderse relajadamente
en el techo, uno de los agentes ejerció toda la fuerza bruta que pudo y , pese
a los arañazos dejados por Keira, logró quitarle las manos de la garganta.
Cogida por los otros dos que intentaban separarla y , arrastrándola , llevarla al camastro a fin de poder inmovilizarla, el otro agente se quedó
con Casey, comprobando si respiraba. Pese a hacerlo de varias maneras, cuando
alertado se cercioró de que no lo hacía , comenzó a gritar solicitando ayuda,
pero Aen apareció en ese instante en la celda, alarmado por la comunicación de
la alerta ya que no le habían dicho que se trataba de ella.
Tras quedar paralizado milésimas de segundo en la puerta, reaccionó y
corrió hacia ella. Intentó dar con el cierre del cuello del traje, y entre las
prisas y los nervios, al no encontrarlo, optó por romperlo y abrirlo hasta el
comienzo del pecho para que no estorbara. Tomó el pulso en la carótida y no
tenía. Colocó su cabeza derecha con el
cuello levantado ,le abrió la boca, le
cerró la nariz y comenzó a hacerle la
respiración asistida reanimadora, ante el asombro de cuantos se encontraban
allí que no sabían qué estaba haciendo, todos salvo Keira.
Una y otra vez insufló aire, colocó sus manos en el pecho y
apretó sucesivas veces con una mano encima de otra de forma rítmica , removiendo todo su cuerpo al tiempo. Pese a
seguirlo intentando , Casey no recobraba ni el aliento ni el sentido.
Aen
decidió entonces realizar una táctica de choque mucho más brutal, golpearla seca y
fuertemente en el pecho, dónde se sitúa el corazón.
Por su parte, pese a la retención que sufría, al ver
aquello, Keira se relajó, fue aflojando su resistencia; quizás , por su asombro más inmediato por la imagen que presenciaban sus ojos: la
actitud de Aen hacia Casey y la expresión de su rostro, de auténtica angustia y
desesperación.
Tras varios intentos, cuando hasta él lo daba todo perdido,
y con aquella misma mirada de angustia mezclada con severo odio, giró su cara
hacia Keira y un halo de respiración agónica se oyó.
Aen se acercó para
comprobarlo , la maniobra había resultado, Casey volvía en sí, aunque muy
aturdida y dolorida.
Aen volvió a mirar a Keira y ésta se sobrecogió. Su destino:
una celda de aislamiento dónde él ya se encargaría de ella, como en tantas
otras ocasiones, sin fecha de salida.
Él cogió a Casey en brazos y la sacó de allí. La llevó a la
enfermería donde el personal estuvo atendiéndola y evaluándola, mientras él
permanecía pendiente de cualquier evolución en el despacho de la doctora Mhic a
la que se le había encargado se ocupara personalmente.
Por la noche, cuando
todo el personal se hubo retirado y sólo quedaban las enfermeras de guardia,
Aen realizó una visita a su habitación.
Casey se encontraba aún dormida. y él la observó durante
largo rato, apacible, serena.
Decidió sentarse a su lado, en un pequeño hueco, e intentar compartir
algo de aquella serenidad que invadía toda la estancia. Su mano, delgada,
pequeña, apoyada en la colcha, al lado de su cuerpo. Una deliciosa tentación en
ese preciso instante de inconsciencia. Sólo un leve roce con sus dedos le
bastaba, y pese a las dudas, ahora que nadie les veía, tragando saliva con
mucha dificultad por la tensión que le corroía por dentro, decidió alargar la
suya hasta que las puntas de sus dedos tocasen los de ella. Casey, inmutable,
ajena a todo aquello, continuaba sumergida en su mundo onírico. Él , queriendo
ir un poco más allá, fue subiendo sus dedos por encima de los de ella hasta
tener , en el interior de su mano la de ella.
Sin reacción por
parte de ella, decidió cogérsela con ambas manos y, con los ojos
cerrados y la cabeza gacha, llevársela a su boca, como si de un pequeño y
delicado pájaro que entre sus manos hubiera encontrado refugio. Cuando , presintiendo algo en su interior, Aen abrió los ojos y
levantó la mirada , encontró una Casey despierta aunque adormilada que lo
observaba y que también observaba su mano, la forma en que se la sostenía. Pero ni
ella hizo esfuerzo alguno por retirársela, ni él por soltarla.
No hubieron palabras, los silencios mutuos bastaban, las
miradas lo explicaban todo. Ella era perfectamente consciente de lo que había
pasado, y aunque no le dijera nada, también sabía quién, de forma
incomprensible, le había salvado la vida. Altamente sedada aún, volvió a cerrar
sus ojos, con la expresión de él en su sueño y su mano atrapada entre las
suyas, sólo un leve apretón por parte de ella, le bastó al doctor como signo de
agradecimiento.
Él aún permanecería allí unas horas, hasta que decidió dejarla
para que descansase.
Aen volvió a la casona sin poder conciliar el sueño. Llevaba mucho tiempo sin poder dormir, o
por lo menos no en condiciones normales. Tal vez alguna cabezada esporádica en
el sofá de su despacho, no más de una hora, tal vez dos. Hacía mucho tiempo que
su mente no permanecía tranquila, quizás
su conciencia, quizás su trabajo. Nadie lo sabía. Y ahora…. Una preocupación
más.
Keira , retenida con las correas de píes y manos tampoco
pudo hacerlo.
En mitad de la noche, encontrándose sedada, sintió que su
cuerpo convulsionaba una y otra vez. Comenzó a encontrarse mal, como si algo o
alguien apretase su estómago con dos manos y no quisiera soltar.
Quería
despertarse pero no conseguía abrir los ojos.
Comenzó a sentir ardor en la
piel, como si algo la arañase o la cortara con algo muy afilado en la espalda y
en los muslos. En sus sueños chillaba, pero nadie la oía.
De pronto, todo había
parado. Cuando se creyó calmada, el dolor desapareció para dejar paso a una
imagen mental de un largo pasillo de piedra, con antorchas colgadas de sus
paredes. Un largo pasillo que parecía no tener fin, y se vio ella misma andando
por él, como casi flotando. De pronto, una niebla espesa lo cubría todo, apenas
dejaba ver nada, y ésta, de pronto, se fue disipando.
Miró a su alrededor y sólo había
oscuridad, ya no había paredes, miró hacia abajo y tampoco había fin. De esa
impresión, su cuerpo volvió a convulsionar, hasta que sintió suelo bajo sus
pies. No podía verlo pero sabía que ahí
estaba, que había algo que la sustentaba.
Mientras, en el exterior, su cabeza se movía agitada hacia todos lados, en
el interior , su cuerpo era literalmente empujado en medio de la oscuridad por
algo que sentía sin poder ver. La llevaron hasta un habitáculo con una especie
de altar de piedra, y encima, un libro grande abierto casi por la mitad con su
separador rojo.
Una voz susurrante le decía que leyera muy despacio, que
debía procurar memorizar su contenido . Y ella lo estuvo haciendo, pero en su interior no entendía nada de lo
que ponía. Letras extrañas, gráficos y dibujos …. Sin embargo, su contenido si
era debidamente aprendido.
En su subconsciente, aquella
voz continuaba hablándole, y aunque al principio no era capaz de
reconocerla, en el exterior, su cuerpo volvía a convulsionar cuando fue mucho
más clara, tanto que se hacía daño con las correas al intentar soltarse.
Mientras escuchaba la voz, sintió que algo que no podía ver
la agarraba del cuello, le separaba las piernas presionando tanto, que el dolor
en su carne la hacía gritar desesperada. Esa misma voz que una y otra vez la
amenazaba como hiciera antaño , y que provocaba que hasta de la tensión de su
cuerpo exteriormente le doliese en su propia piel y varios de sus huesos sonasen estrepitosamente , mientras sus músculos
se tensaban hasta casi romper.
En su interior se encontraba inmóvil, el dolor la
inmovilizaba. Lo que fuera que la agarraba lo hacía por todos los frentes, y
continuó diciéndole aquellas cosas que tanto dolor le producía oír , mientras su corazón notaba partirse en mil
pedazos. Y fue eso mismo, lo que ella escuchaba y la agarraba, la que levantó
su cuerpo y la empujó sobre el altar arrancándole la ropa. Sólo entonces, pudo
ver su rostro y su cuerpo salvaje desnudo , tal y como ella lo recordaba.
Sentado encima de ella , mientras Keira no podía dejar de
mirar sus ojos, aquellos ojos que
siempre la impresionaron, él , con un puñal en una de sus manos, se lo acercó
al cuello justo por debajo de la barbilla.
Exteriormente su cuerpo parecía relajado , pero se encontraba
tenso como un tronco y con la cabeza hacia detrás, dejando el cuello
completamente libre y descubierto.
La punta de aquel puñal , fue bajando lentamente arañando suavemente su piel, conformando aquella
línea recta perfecta y estudiada por la
mano hábil que ya la había manejado más de una vez. Aquella mano precisa , que
fue desgarrando su traje vaporoso sin ninguna dificultad por lo afilado de su
hoja. Un vestido, que conforme era roto, caía hacia sus laterales exteriores
dejando el cuerpo desnudo de Keira a merced de aquel que ella conocía tan bien,
con la confianza por su parte, de que como en aquella otra ocasión, no la haría
daño.
Pero algo sembraba dudas en ella. El motivo que lo había provocado era
distinto, y sus ojos no la miraban de la misma forma. Sus intenciones no
parecían las mismas , y aquella vez pasada no le hizo tanto daño.
De pronto, su rostro cambió, se acercó hasta su oído, y
mientras le hablaba, comenzó a sentir un ardor brutal que la quemaba en sus
entrañas y que ascendía desde sus partes íntimas recorriendo todo su cuerpo.
Exteriormente, las convulsiones habían dejado paso a una mayor tirantez de su
cuerpo, a que todas y cada una de las venas sobresalieran de la
piel y se le fueran oscureciendo progresiva y lentamente , conforme en su
subconsciente sentía , como la terrible sensación de quemarse viva le circulaba
penosamente y se extendía.
Aquella voz , seguía retumbando en su oído , y el dolor era tan
intenso, que en el exterior podía haber perdido la conciencia hacía rato, pero
era su subconsciente, capaz de hacerla
sentir aquel grado de dolor, aquella intensidad.
Sólo cuando culminó y su cuerpo se cubrió de la misma
sensación, paró, y la voz se silenció. Los ojos que ella nunca olvidó aparecían normales de nuevo, observándola como recordatorio de lo que le había dicho. Y
simplemente todo desapareció. Pero a diferencia de otras veces no despertó.
Exteriormente su cuerpo se relajó, aunque las marcas en su cuerpo quedaron.
Ella le conocía bien,
pero nunca había sido así. Algo le provocó. Algo que le hizo mostrarse
más terrible que nunca.
Una advertencia clara que ella jamás olvidaría, ni aun
cuando despertase.
FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)

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