sábado, 4 de abril de 2015

ELECCION. Capítulo décimo quinto . (Rated +18) (Registrado 24 sept 2014)

Créditos a quién corresponda
Los días subsiguientes transcurrieron con normalidad. 
Las rondas se realizaban temprano, y después de almorzar se procuraba trabajar en el laboratorio.
Pero por encima de todo aquello , algo había cambiado. 

Aen no era el mismo cuando se encontraba Casey a su lado, y menos aún cuando estaban solos .
En la jornada normal, delante de los pacientes y el personal,  seguía siendo el Doctor serio y profesional del que su dureza de carácter jamás se discutía, aunque ahora, de vez en cuando, procurando no ser visto, buscaba la esporádica mirada de ella, y si no , se conformaba con observar su rostro . Aquel perfil redondeado y acaramelado, suave de tan sólo tocarlo con sus ojos.

En el laboratorio, ella era consciente de que Aen , pese a estar pendiente de su trabajo, no paraba de observarla. Incluso se permitía , cual colegial, buscar el más leve contacto , aunque fuese con su falda; la misma que ella noto tirante más de una vez en su parte de atrás,  y que al mirar de soslayo por debajo de sus hombros , pilló retenida por alguna de sus manos en más de una ocasión.  Cuando no, el ímpetu  más respetuoso hacía su deseo de acariciarla, se limitaba a un suave roce con su mano o a colocársela en la cintura bajo la excusa de tener que coger algo que se encontraba delante de ella. No podía evitarlo, estar en la misma estancia y no tocarla resultaba inimaginable.


Aquellas sonrisas  de felicidad le iluminaban su cara, y por ende, esa sensación maravillosa,  era transmitida a un Aen irreconocible y sorprendente, capaz de demostrar su más tierna improvisación en un beso huidizo en la mejilla, o la aún más memorable parsimonia de la plena observación tranquila del movimiento de su cuerpo mientras trabajaba.
Y así fueron las cosas durante las dos semanas siguientes; así hasta que llegó el día en que ella tendría que marcharse.

El día antes se encontraban trabajando los dos en el laboratorio como de costumbre, pero el ambiente, aunque normalizado, no era el mismo.  Ambos se mantenían en silencio, apenas se  miraban, y por un día, la felicidad de días pasados había dejado paso a una tensa angustia.
Evitaban mirarse aunque les resultaba difícil no hacerlo, eran conscientes de que ese día mirarse a los ojos podría no ser lo más recomendable, pero…¿ durante cuánto tiempo?

La tarde iba cayendo. Desde las ventanas , en ocasiones, se podían contemplar atardeceres maravillosos, con aquella luz especial que te hace recordarlos toda la vida, con aquella suave brisa  que lo inundaba todo, con alguna nube esporádica llena de colores variopintos y que se negaba a mantener su forma algodonosa por que el sol la estaba abandonando.

Casey no pudo evitar observar fijamente  la ventana que tenía justo en frente, no podía evitar pensar que quería recordar aquel día y aquella puesta de sol por encima de todas las cosas, ya que sólo con ese recuerdo agradable,  podría siempre echar un poco más de menos todo aquello, pese a lo pasado, pese al dolor, pese  a ….
Y en mitad de aquella ensoñación, respiró hondo , muy hondo, cuando sintió como unos brazos fuertes se le enroscaban en la cintura cruzando sus manos por delante , y el cuerpo de Aen se unía al suyo con su cabeza apoyada en uno de sus hombros.

  • •             Dr.  Cárthaigh    : ¿Cuándo viene el coche ?
  • •             CASEY: Por la mañana temprano, puede que antes del amanecer incluso, querían que llegase a Londres temprano.

 Ella sintió mucho más fuerte su abrazo y su cuerpo en su espalda.

  • •             Dr.  Cárthaigh     : ¿Cuánto tiempo?
  • •             CASEY: Una semana para la ceremonia y …. Unos tres meses en Dublín.

 Las manos de Aen se soltaron de su cintura buscando las manos de ella en la mesa para entrelazar sus dedos, a lo que ella le correspondió apretándolos.

  • •             CASEY: ¿Y si no lo tomara?

 Aen la soltó, la cogió por los hombros y la miró fijamente.

  • •             Dr.  Cárthaigh    :  ¿No lo estarás pensando?

 Casey bajó la cabeza  y él la obligó a mirarle de nuevo al levantarle la barbilla.
  • •             Dr.  Cárthaigh    : ¿Casey….?- los esfuerzos por mantener su vista en los ojos de él confirmaban  sus peores presagios- No hagas que me arrepienta , no lo hagas.
  • •             CASEY: Pero…. – él la calló poniéndole el dedo en los labios- .
  • •             Dr.  Cárthaigh    : No Casey, no lo digas.
  • •             CASEY: ¿Sabes lo que significa verdad?
  • •             Dr.  Cárthaigh    : No , no no … No lo digas por favor.

 Aunque la fecha de su marcha fuese una realidad anunciada, y él hubiera estado haciéndose a la idea desde entonces, la realidad le resultaba más sobrecogedora .  Tuvo que darse la vuelta para poder mirar a otro lado .

  • •             CASEY: Aengus, cuando regrese mis votos estarán confirmados. Yo ahora mismo no me veo capaz de …- él la volvió a interrumpir-.
  • •             Dr.  Cárthaigh    : Es lo que siempre has querido y ahora puedes verlo cumplido.
  • •             CASEY: Pero…

Él se dio la vuelta, estaba alterado y nervioso pero no como otras veces. Nunca antes Casey le había visto tan sumamente angustiado y dolido.

  • •             Dr.  Cárthaigh    : Sé perfectamente lo que significa y lo que implica, pero prefiero que vuelvas  aunque no pueda  tocarte ,  a no volver a verte.

 Casey nunca imaginó hasta dónde podía quererla  , jamás pudo pensar que llegase hasta ese nivel sumo de sacrificio. Sorprendida y abrumada por ello, sólo pudo reaccionar de la única forma que  sentía en ese instante, besándole; mientras él le correspondía con el más fuerte de los abrazos, tanto que pareciese que no quisiera soltarla nunca , tanto que a ella comenzaba a faltarle el aire, pero jamás se lo diría porque aquellos minutos juntos, aquel sentimiento era tan real como extremadamente maravilloso, y sólo si se sentía de verás, podía justificar dicha angustia.

A la  mañana siguiente , tal y como Casey había predicho, apenas acababa de comenzar a amanecer y el coche ya la estaba esperando en la puerta. Fue el ama de llaves quién subió a su habitación a avisarla. Ella ya lo tenía todo listo desde la noche anterior, y mientras sus bultos fueron recogidos por el personal de la casa y llevados al vehículo, ella permanecía en la puerta mirando atrás, a todo lo que la rodeaba ahora y a lo que la había rodeado, a cómo vino y a cómo se marchaba, a lo qué trajo y lo qué dejaba.
Un sentimiento de pena que no esperaba tener cuando entró a trabajar, se le introdujo bien adentro, y aquella bajada de escaleras, con su última mirada a los viejos y espeluznantes cuadros de la gran pared, se le iba incrustando cada vez un poco más , conforme a cada escalón que pasaba por alto.

Aen y ella acordaron no despedirse, sobre todo porque él no sabría si de verdad podría dejarla marchar y ella querría irse, así que , cuando llegó a la puerta del coche, ella se dio la vuelta y miró hacia  arriba, hacia la ventana central del segundo piso bajo el presentimiento de que alguien la observaba, y no se equivocaba. El Dr.  Cárthaigh  , de  pie , esperaba que se subiera al coche.
Ella simplemente subió, pero cuando el coche arrancó, no pudo evitar mirar hacia detrás, y así , mientras el recorrido lo permitió y la casa estuvo a la vista, ella no dejó de mirar sabiendo que él permanecería en la ventana hasta que la bruma lo ocultase todo.

Aquella mañana , Aen necesitó tomar algunas decisiones trascendentales y mantenerse  activo. Necesitaba que la cabeza estuviese lo más ocupada posible, aunque en realidad  , la suya se encontraba en el momento de prepararse para soportar el enojo de su hermano Brian por lo acontecido con ella y su marcha.

Tal y como le había adelantado a su hermano, Brian debía salir y realmente tenía todas las posibilidades. Su hermano preparó la documentación necesaria, la firmó y selló, y se dispuso a acercarse al hospital para dar la buena nueva a su hermano, como forma de contrarrestar  su reacción ante la otra parte de las noticias.
Nunca estuvo tan nervioso ante la puerta de la celda nº 5. El agente abrió, y aquella imagen ya se había convertido en un clásico en Brian, de pie, con las manos a la espalda y mirando hacia la ventana. Un gesto   del Doctor , bastó para que el agente de seguridad cerrase la puerta.

Él se acercó hasta la mesa y depositó los papeles que traía consigo.
La profunda y seria voz de su hermano, tiñó de oscuridad la estancia.

  • •             BRIAN: ¿Cuándo se ha ido?

Aen comenzó a notar su garganta seca, la boca se le empastaba y la sensación de incomodidad ascendía por momentos.

  • •             Dr.  Cárthaigh    : Esta mañana.
  • •             BRIAN: ¿Cuándo vuelve?
  • •             Dr.  Cárthaigh  Dentro de unos tres meses.
  • •             BRIAN: Justo a tiempo.

 Brian se dio la vuelta, altivo, sereno, quizás demasiado para el gusto de su hermano. Se acercó a él y miró los papeles que estaban expuestos en la mesa.

  • •             BRIAN: Una pena que no los trajeras antes, me hubiera encantado despedirme de ella.
  • •             Dr.  Cárthaigh  : Firma de una vez.

 Brian los firmó, pero sin que sus manos se despegaran de ellos, miró a su hermano . Comenzó a sonreírse de esa forma tan desquiciadamente suya.

  • •             BRIAN: Vaya, vaya , vaya . ¿Te ha costado convencerla de que se fuera?

 Aen prefirió no mirar a su hermano, comenzaba a enfadarse .

  • •             BRIAN: ¿Tan bien te lo montaste cómo para que no quisiese irse hermanito? La verdad, cuando al principio te escogieron no estaba seguro que fueses el adecuado ni que estuvieras preparado para algo así, pero ya veo que nos tenías engañados a todos. Te escogieron por descarte y has resultado brillante. Lo que me pregunto- aquellas pausas le ponían aún más nervioso- es hasta dónde fuiste capaz de llegar, si realmente satisfaciste tus deseos más ocultos y de paso le enseñaste lo que se perdía entregándose a eso intangible que dicen adorar.
  • •             Dr.  Cárthaigh   : ¿Por qué siempre tienes que resultar tan retorcido Brian?

 Su hermano si lograba sacarle el Dr.  Cárthaigh   más burdo y agresivo.

  • •             BRIAN: No me hagas preguntártelo  cómo tú sabes que soy capaz de hacerlo, de esa retorcida forma que tanto pareces odiar.
  • •             Dr.  Cárthaigh   : No he tenido  que hacer nada.
  • •             BRIAN: - retirándose al camastro para sentarse con una  pierna apoyada en el borde lateral- ¿estás pretendiendo decirme que no te la has llevado y le …. No me hagas…. Crees que soy estúpido? Hueles a ella de tal forma que es imposible que no la hayas tomado, no necesito los detalles morbosos, esos ya sabes cómo puedo conocerlos , aunque claro, pensándolo bien, hay otra forma de saber la verdad .

Aen se acercó peligrosamente a su hermano

  • •             Dr.  Cárthaigh   : No te atrevas Brian. Te he dicho que no ha hecho falta y no hará. Ella volverá  y punto. Y si te digo que no ha pasado nada es nada ¿entendido? Yo no soy como tú, no necesito forzar  nada ni a nadie.
  • •             BRIAN : No me lo puedo creer. Ya me costó hacerlo hace tiempo pero es que ahora es peor aún. No sólo llevas su esencia en tu piel sino que además  te has enamorado en serio. – se levantó del camastro y se encaró con  su hermano- ¿sabes hermanito? Voy a disfrutar muchísimo viendo su cara cuando sepa la razón de por qué la quieres de vuelta, será impresionante, posiblemente lo más placentero de todo esto, más que culminarlo incluso. – le agarró del cuello de la camisa fuertemente- Sabes cuales son las condiciones y cómo debe estar preparada. Si no lo haces tú me encargaré  yo…. Personalmente. – le soltó del cuello- y ahora vámonos de aquí de una vez, tengo hambre.

Brian salía de la celda mientras Aen, pensativo y enfadado,  recogía los papeles y  salía detrás suya.  
Debía pensar algo, algo práctico que evitase todo, algo con lo que poder saciar las ansias de su hermano y poder cumplir el objetivo… o no. 


Tenía que pensar en algo.. pero tendría tres meses por delante, tres largos y duros meses.

FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)

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