sábado, 4 de abril de 2015

ELECCION. Capítulo décimo cuarto . (Rated +18) (Registrado 24 sept 2014)

créditos a quién corresponda
Tras una noche agitada, un nuevo amanecer , despejado y soleado aunque frío , se hizo con todo el entorno.

Apenas salir el sol, una de las enfermeras despertaba a Casey para ayudarla a bañarse y cambiarse de  camisón. 
Justo cuando la enfermera se encontraba peinándola, Aen entró en la habitación  y aquella imagen de Casey , con su pelo suelto siendo peinado lentamente por la enfermera mientras ella, sentada y quieta, miraba fijamente a lo que se veía tras la ventana, le resultó lo más agradable que recordaba en mucho tiempo.
En cuanto la enfermera se dio cuenta de su presencia,  dejó de  cepillarla. Y ante ello, Casey ladeó ligeramente su cabeza. El sol, que entraba en ese momento, le iluminaba su rostro, lánguido y como de dejarse llevar. Hermosa y relajada, sólo cuando ella levantó la vista para mirar aquello que había interrumpido su placentero despertar, él no pudo evitar sobrecogerse. 
Nunca hasta ese día , le había visto mirarlo con ojos tan dulces y diferentes.  

Entró en la habitación y  comenzó a repasar el informe de la noche anterior.


  • •             ENFERMERA: Disculpe Dr, si no va a necesitarme  volveré al cuarto de enfermeras.
  • •             Dr.  Cárthaigh : Gracias.

 Casey había vuelto a mirar hacia la ventana. Por su parte, él , disimulando que leía, levantaba la vista por encima de los papeles para observarla. Aún  con el vendaje en el cuello para tratar de inmovilizarlo y los apósitos puestos por  los arañazos producidos, su imagen , endeble, frágil, distaba mucho de la que siempre le había mantenido alerta de ella.

Aen dejó los informes encima de la mesa auxiliar, y se acercó para revisarle las heridas y el estado del cuello.
Pese a encontrarse a menos de cinco centímetros de él, ella, inmutable, no hizo el menor gesto.

El doctor agachó su espalda  hasta su altura , y le retiró el pelo hacia delante para dejar libre la zona de la nuca dónde el vendaje inmovilizador había sido fijado. Con mucho cuidado,  quitó la fijeza y comenzó a retirárselo   sin que ella moviese la cabeza ni un  ápice, aunque él tampoco tuvo necesidad de decirle nada al respecto.
Cuando el vendaje hubo desaparecido en su totalidad, quedaba la parte más delicada de todas, los apósitos . Con aún más delicadeza si cabe, Aen los fue retirando uno a uno, con algún gesto de dolor ahogado por parte de ella.  Tras ver que las heridas se encontraban en buen estado, salió a la puerta para solicitar  todo el equipo de curas, y mientras éste llegaba, procedió a realizar las comprobaciones sobre el estado muscular del cuello. Sin dejar de mirarla y ella sin dejar de hacerlo a lo que había al otro lado de la ventana, con el cuidado exquisito requerido, cogió su barbilla y se la levantó muy despacio. Ni siquiera   entonces él logró ser correspondido en sus observaciones. 
Con extrema lentitud, fue moviendo su cabeza de un lado a otro y realizando giros comprobando si le dolía. Salvo algún gesto de molestia , todo parecía marchar bien.
Al llegar el carro de curas, la enfermera que lo portaba le preguntó al doctor si quería que lo hiciese ella, a lo que  le respondió que no hacía falta, que ya se encargaría él. La enfermera se  marchó y él comenzó a limpiarle las zonas dañadas .
 Al observar su rostro, pudo comprobar que aquellas curas si resultaban bastante molestas, sin embargo, ninguna queja por su parte obtuvo.
Una vez hubo terminado y los apósitos nuevos estuvieron colocados , decidió no volverle a inmovilizar el cuello, y tras recoger todo y dejarlo en la mesita, se dispuso a recolocarle el pelo como lo tenía, dejándoselo bien estirado en la espalda , mientras aprovechaba para apreciar la sensación de su suavidad al acariciarlo.
Sólo cuando retiró las manos y se disponía a recoger sus cosas, sintió que ella le cogía la mano derecha . Extrañado ,  se centró en ella, y sólo en ese instante, consiguió que sus ojos, lánguidos por motivos que él desconocía, se le clavaran sólo como él lo había hecho con ella anteriormente. Ojos que parecían mirar en su interior, y que él decidió tomar como un agradecimiento sincero por todo lo hecho.  
Aquello le sobrepasaba. Aen no estaba acostumbrado a que le agradecieran nada, y ella……. esa forma de mirarle. 

Sólo fue un instante, ese leve contacto bastó para que a él se le grabara a fuego y no lo olvidara.

Ella soltó su mano, la devolvió a su regazo, y quedó allí inmóvil. Él, inquieto, desconcentrado, intentó recuperar la normalidad poco a poco. Después de aquello , debía comenzar la ronda habitual.

Horas más tarde, poco después del almuerzo, el centro recibía una sorpresa inesperada. El ama de llaves abrió la puerta . En ella , el Obispo , venido expresamente de Galway.

Se le hizo pasar a la biblioteca en espera de que su presencia fuese comunicada al doctor , el cual aún continuaba sus rondas y sesiones.  No pasaron más de cinco minutos cuando Aen se personó en la sala. El Obispo parecía estar interesado en la obras colocadas en las librerías, precisamente en las de Clásicos Universales.

  • •             Dr.  Cárthaigh : Cada vez que viene  le sorprendo frente a la misma librería.

 El Obispo se dio la vuelta.
Ante el acercamiento de Aen con el brazo extendido para estrecharle la mano no pudo negarse, aunque la idea no le hiciese gracia.

  • •             Dr.  Cárthaigh :  Claro que, teniendo en cuenta que la mitad de ellos son  de lectura prohibida por ustedes…… - le hizo señas de que se sentase en uno de los sillones . Él hizo lo propio en el otro- .
  • •             OBISPO: Sin embargo el echo de  prohibir no entraña el de no disfrutarlo por lo que veo.
  • •             Dr.  Cárthaigh :  Los habemos que en su día tuvimos la suficiente inteligencia como para  esconderlos.

 La tensión entre ambos era algo más que palpable. Pronto llamaron a la puerta y era una de las sirvientas que traía te y pastas. Aen se dispuso a servirlo.

  • •             Dr.  Cárthaigh :  ¿Y bien?  ¿A qué debemos el honor de su largo recorrido hasta aquí?
  • •             OBISPO: Ciertamente , largo y tortuoso. En realidad Dr. ésto me caía de camino. Me dirijo a Londres , y pasaba a entregarle una misiva urgente a la hermanan Casey.

 El gesto del doctor cambió la estructura completa de su cara, y con ello el tono de su voz dejando de ser tan condescendiente.

  • •             Dr.  Cárthaigh : ¿Urgente? ¿Ha sucedido algo grave?
  • •             OBISPO: Nada que deba preocuparle . Es  del exclusivo interés de la hermana.
  • •             Dr.  Cárthaigh :  Verá, da la casualidad que si me preocupa e interesa, sobre todo por el hecho que acaba de mencionar y es su urgencia, porque si ella es cierta, significa que es preocupante, y por desgracia  Casey…- se dio cuenta del gesto del obispo y corrigió sobre la marcha- la hermana Casey se encuentra hospitalizada- antes de poder proseguir, fue interrumpido -.
  • •             OBISPO : ¿Hospitalizada?
  • •             Dr.  Cárthaigh :  No es nada grave se lo aseguro, un pequeño percance con una paciente , claro que ha sido muy reciente y necesita descansar y no recibir emociones fuertes así que…. Si no es muy importante…
  • •             OBISPO:  Me temo que no puede esperar, voy a estar en Londres un tiempo y no volveré a Galway hasta dentro de unos meses, para entonces será demasiado tarde.
  • •             Dr.  Cárthaigh : También puede entregármela a mi . Puede tener la certeza que se la haré llegar de inmediato.
  • •             OBISPO : Me temo que eso no es posible, ha de ser entregada personalmente.
  • •             Dr.  Cárthaigh : Pues me temo que yo, como médico suyo que soy, no recomendaría su entrega en este momento si con ello sólo se logra disgustarla o …
  • •             OBISPO: - levantándose del asiento- No quisiera parecer descortés Dr.  Cárthaigh, pero lamentaría mucho tener que recordarle cómo se financia esta institución en su mayor parte, y aún más,  tener que comentar al Rectorado y a la Vicaría los motivos de por qué se desaconseja seguir con la financiación.

 El Dr.  Cárthaigh se levantó, y aunque su tono y su mirada resultaban desafiantes, optó por doblegarse a fin de evitar futuros problemas.
  • •             Dr.  Cárthaigh  : Está bien, pero será mejor que aproveche el tiempo, aún está aturdida y sólo podrá disponer de cinco escasos minutos.
  • •             OBISPO: Me bastarán.

 Aen salió de la estancia seguido por el Obispo en dirección al hospital.
Durante el trayecto, él sólo pensaba qué podía ser tan urgente e importante como para no poder hacerse su entrega de otra forma, como para no poder esperar, y al mismo tiempo, escudriñaba la forma de poder enterarse.  Vueltas y más vueltas en una cabeza de por sí aturdida y presionada, una cabeza que en poco tiempo debería tomar decisiones importantes.
  
Aquel posiblemente resultara el camino hacia el hospital más incómodo que Aen había tenido que realizar. Algo en su interior le decía que aquello olía a contrariedad y a problemas, pero no podía evitar que la viera o éstos sólo se acrecentarían.

Cuando ambos llegaron a la habitación, Casey se encontraba despierta pero completamente  acostada, sobre su lado derecho, mirando hacia la ventana, con sus piernas recogidas en posición fetal.
Aen fue el primero en entrar e ir a su cabecero, y la sorprendió llorando. Los ojos hinchados denotaban que no había empezado ahora precisamente. Verle allí, supuso la vuelta a la realidad para ella, que recibió con sorpresa la noticia de la visita.

  • •             Dr.  Cárthaigh   : Disculpe hermana, tiene visita. Le dije que necesitaba descansar pero insistió que era importante y urgente.

Casey se medio incorporó,  y nada más ver al Obispo  se dio prisa en secarse los ojos y poner su mejor sonrisa , aunque fuera forzada.

  • •             Dr.  Cárthaigh   : Bien , les dejaré solos- dirigiéndose al clérigo- Recuerde, cinco minutos, necesita descansar.

 Y salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí.

El Obispo  se le acercó y se sentó a su lado en la cama, la miró bien , y pese  al cansancio más que evidente, no parecía , en principio , tan maltrecha como él creía.

  • •             CASEY: Excelencia Reverendísima- bajó la cabeza y le besó el anillo.
  • •             OBISPO: Lo cierto es que  Cárthaigh   había logrado ponerme nervioso. Me dijo que sufriste un accidente con una paciente.
  • •             CASEY: Sí pero estoy bien, algo aturdida aún. Pero decidme ¿qué os trae hasta aquí?
  • •             OBISPO: Marcho a  Londres, la Rectoría me ha hecho llamar para prestar servicios, estaré fuera probablemente lo que queda de año.

 Casey bajó la cabeza, para ella esa noticia resultaba difícil de asimilar.

  • •             CASEY: ¿Entonces…?
  • •             OBISPO: Querida he venido a traerte esto.

 Le entregó una nota en un sobre lacrado. El sello era fácilmente reconocible : Rectorado , en Londres.  Teniéndolo en su mano, mirándolo, no sabiendo  si abrirlo o no. El Obispo, que la observaba titubeante, no pudo por más que preguntarle.

  • •             OBISPO: Hermana ¿se encuentra bien?
  • •             CASEY: Sí… es que….. no se….. llevo tanto tiempo esperando esto. Y si no ….
  • •             OBISPO: Pequeña Casey, veo y siento temor en tus palabras. Como bien dices llevas esperando esto hace mucho tiempo y ahora pareces dudar sobre la conveniencia si quiera de abrirlo. ¿Dudas sobre seguir adelante ? Y sabes a lo que me refiero.

 Casey , reticente a mirarle a la cara puesto que la conocía muy bien, tuvo que abrirlo para evitar responder. En su interior, una pequeña nota en papel color vainilla fechada  hace un mes y con el membrete de la Rectoría y la firma del Vicario. Comenzó a leer. Apenas quince escuetas líneas con la formalidad habitual para estos casos. 
Sólo una frase le bastó para que de forma involuntaria,  se le humedecieran los ojos. Sin embargo, cuando el Obispo la vio, lo confundió con emoción por la noticia recibida y no dudó en felicitarla.

  • •             OBISPO: Sabía que te emocionaría recibir la aceptación por fin.

 Casey intentaba disimular lo que verdaderamente sentía, y una leve sonrisa forzada  bastó para seguirle el juego al sacerdote.

  • •             CASEY: Claro, es lo que llevaba tanto tiempo esperando.
  • •             OBISPO: La ceremonia se realizará en Londres, en la Rectoría.  Seréis varias.
  • •             CASEY: ¿Cuándo?
  • •             OBISPO: Dentro de dos semanas. Mandarán un coche a buscarte y deberás quedarte en Londres al menos tres días.
  • •             CASEY: ¿y  después?
  • •             OBISPO: Volverás aquí, tras un período en Dublín que es donde vais todas.
  • •             CASEY: ¿Dublín? Pero   ¿Cuánto?
  • •             OBISPO:- extrañado por la incipiente curiosidad ansiosa de Casey_-  Pero… ¿qué te ocurre? Pareces nerviosa y a disgusto?
  • •             CASEY: No su Excelencia, si estoy contenta pero…. Es que aquí…. mi trabajo…
  • •             OBISPO: No debes preocuparte , se las han arreglado bien  meses sin ti , podrán volver a hacerlo. Además,  necesitas completar tu formación después de adoptar los votos definitivos, y eso es en Dublín.  Bueno querida, te dejo,  que creo que ya llevo más del tiempo que se me aconsejó estar y no quiero cansarte en exceso , que se que has sufrido muchas emociones.
  • •             CASEY: Que pasa con….
  • •             OBISPO:  Habremos de interrumpirlo cuando te vayas , cuando vuelvas lo reiniciaremos.
  • •             CASEY: Por supuesto, su Excelencia Reverendísima.

Él volvió a extenderle la mano, y ella volvió a besarle el anillo. 

La nota y su sobre cayeron a plomo encima de la colcha. Casey no pudo evitar llorar de forma ahogada y en silencio, mordiéndose una de sus manos , clavando los dientes con tanta fuerza que no era capaz de sentir el dolor de su angustia, mientras con la otra se agarraba del nacimiento del cabello haciendo un nudo.

Mientras tanto, en la habitación desocupada  de al lado, contigua a la de Casey, y comunicada por un pequeño ventanuco cuadrado siempre abierto, alguien apoyado en una pared, apretaba sus puños sobre ella con auténtica rabia, mientras la impotencia se apoderaba de él, y fueron lágrimas rebeldes lo que lo exteriorizaron. 
Aen procuró calmarse antes de salir de la habitación. No se equivocaba cuando dedujo que aquello olía a contrariedad y a problemas. Sobre todo,  porque en su lucha interior, sabía que Brian debía saberlo y él tendría que decírselo, que había llegado la hora de soltarle sin más demora, y que en cuanto  éste lo supiese, actuaría sin control alguno. 
Sin embargo, algo le hizo parar en toda aquella lluvia de preocupaciones , en un momento dado, cuando más silencio había, le pareció oír algo a través del ventanuco , y al no poder identificarlo bien, estuvo más atento por si volvía a repetirse. Oír parte de ese llanto ahogado confirmó su primera impresión auditiva, es más, no era porque llorase lo que le tenía en alerta, sino por la forma de llorar. Ese llanto ahogado y ansioso no parecía de felicidad y goce, teniendo en cuenta los meses que ella llevaba esperando dicha noticia. Lloraba con angustia, con auténtico dolor , y guardándose parte para sí,  lo que hacía que se encontrase en peor estado. 

Aen se limitó a bajar la cabeza, cerrar fuertemente sus ojos, respirar hondo, y salir de la habitación  dirigiéndose al laboratorio.

Dos días más tarde, con Casey más recuperada, decidió incorporarse al trabajo. Dos largos días,  durante los cuales no vio al doctor ni supo nada de él. No había pasado a verla, ni a hacerle las curas, ni siquiera revisó los informes. Nada más llegar al despacho de la doctora Mhic , le preguntó a ella por él.

  • •             CASEY: Disculpe doctora

Ésta , que se encontraba en su despacho terminando unos informes, se sorprendió al verla en frente suya debidamente vestida e interesada , con determinación, para incorporarse.

  • •             DRA: MHIC: ¿Qué hace aquí? Se supone que debería estar descansando.
  • •             CASEY: Quiero incorporarme, lo necesito.
  • •             DRA. MHIC: No creo que aún esté en condiciones. Ha sufrido un proceso traumático muy fuerte.
  • •             CASEY: Precisamente por eso, necesito volver a la normalidad.
  • •             DRA. MHIC: No creo que el Doctor lo haya aprobado.
  • •             CASEY: -Más nerviosa por momentos  procuraba evitar alzar la voz pero no podía evitarlo- Dra. No sé si lo aprobaría o no porque sencillamente no le he visto los dos últimos días. Por cierto ¿dónde está?
  • •             DRA. MHIC: Debería dejarse de tonterías y volver a la habitación.
  • •             CASEY: - desquiciada de los nervios , elevó más aún la voz- ¿Dónde está?
  • •             DRA. MHIC: Llamaré a un enfermero para que la acompañe a su habitación.
  • •             CASEY: -terminó abalanzándose encima de su mesa dando un puñetazo y gritando- No volveré a preguntárselo doctora ¿Dónde está el doctor?
  • •             DRA MHIC: - Sorprendida por su actitud – En el laboratorio, lleva encerrado allí dos días.
  • •             CASEY: -rebajando el tono- ¿Le importaría darme mis llaves y mis pases por favor?

 La doctora se los entregó y ella, tras dar las gracias, se dirigió al laboratorio. Tras llegar, tocó a la puerta como de costumbre , pero nadie le contestaba. Lo hizo una segunda vez y nadie volvió a contestarle. Sólo cuando vio que pese a las confirmaciones nadie lo hacía , optó por usar su llave.

Al abrir , la imagen del impoluto laboratorio no había cambiado, pero la habitación se encontraba fría, más húmeda de lo habitual. Al entrar,  comprobó que todas las ventanas estaban  abiertas, que incluso había entrado agua de lluvia porque el suelo de madera aún lo constataba. 
El viento gélido y fuerte entraba con sus ráfagas violentas moviéndolo todo , así que ella optó por ir cerrando las ventanas como pudo,  ya que a esa altura la fuerza del viento parecía multiplicarse y éstas pesaban demasiado. Al llegar a la última, el viento racheado no la dejaba cerrarla  por más fuerza que emplease. Empujaba y empujaba pero no podía, hasta que unas manos por detrás de ella la ayudaron a cerrarla.  Sólo al verlas , supo que era él. Respiró hondo y se dio la vuelta. La imagen con la que se encontró la devolvió a su inicial percepción del doctor. Brusco, seco, apático, intolerante, agresivo. Casi no se atrevió a preguntar.
Él se alejó para dirigirse a las mesas.

  • •             Dr.  Cárthaigh  : ¿Qué se supone que hace aquí hermana?

 Sí, volvía a ser él sin duda. El rudo y casi despiadado doctor. Aquel que la miraba con ira contenida, que , ofuscado, no se estaba quieto y que , de no haber estado en su laboratorio, posiblemente  hubiera comenzado a gritarle y tirar cosas, aunque estando así cualquier cosa podía esperarse.

Desgraciadamente, los argumentos con los que Casey venía a verle , se desarmaron completamente al verle a él así.

  • •             CASEY: He venido a comunicarle que me incorporo al trabajo. He venido para ayudarle.
  • •             Dr.  Cárthaigh    : ¿Ha perdido el juicio? No está aún bien para ello.

 Su tono autoritario y agreste rechinaba en los oídos de ella.

  • •             CASEY: Me encuentro bien, además necesito..- él la interrumpió-.
  • •             Dr.  Cárthaigh     :  ¡Márchese hermana!

 Aquello le traía recuerdos a su cabeza, un reto demasiado familiar con distinto escenario. Decidió asumirlo sabiendo lo qué se encontraba.

  • •             CASEY: No- dio un paso, él dirigió su vista hacia ella y pudo sentir toda su agresividad-.
  • •             Dr.  Cárthaigh    : No de un paso más hermana si no es para salir de aquí.
  • •             CASEY: No, he venido para trabajar de nuevo y eso será lo que haga- dio otro paso, consiguiendo acrecentar su enfurecimiento-.
  • •             Dr.  Cárthaigh    : No lo haga hermana – tenía un vaso de probeta en la mano, y ésta se fue cerrando cada vez más fuerte- Márchese.
  • •             CASEY: -continuó andando lentamente hasta acercarse tanto como para poder sentir la energía que transpiraba- Necesito volver a la normalidad-

 Su voz temblaba , y lo cierto , es que esperaba que aquello pudiera devolverle a la normalidad de los últimos días, pero lo único que consiguió es enfurecerlo tanto, que sólo podía mirarla con odio, pero un odio falso, entrelazado con algo más que sólo su interior era capaz de saber y de sentir, y en qué grado, pero que ella, viendo más allá, quiso descubrir.

Sentir de pronto como aquel odio se convertía progresivamente en una rabia de pura impotencia,  oír romperse un cristal, mirar a su derecha y descubrir la mano ensangrentada de Aen  con el puño aún cerrado, volverle a mirar, y que sus ojos demostrasen auténtico dolor ,  resultó demasiado para ella. 
Cogió su mano para ver si se había clavado algún cristal, y aparentemente no tenía ninguno, pero debía tapar con cuidado y que se lo vieran en la enfermería. Buscó algo con que tapárselo y tras varias vueltas ,  lo acompañó hasta el hospital cerrando con su llave el laboratorio.

Tras tenerle que dar varios puntos de sutura,   Aen se extrañó de que ella lo hubiera dejado allí y se hubiera ido. La estuvo buscando por toda la casa e incluso  preguntó por ella en el hospital, pero nadie la había visto. Sólo el empleado que cuidaba de los caballos le dijo haberla visto yendo para el antiguo cobertizo , pero que hacía horas de eso.
Él se dirigió hacia allí, y al ver que la puerta  se encontraba entreabierta, dedujo que aún continuaba en su interior.

Y allí seguía, sentada en el pequeño saliente de la vieja ventana rota. Con sus manos en la falda, mirando , como siempre hacía,  lo que había al otro lado.
No fue hasta bien adentrado en su interior, cuando sus zapatos hicieron ruido en la madera, por lo menos el suficiente para traer de nuevo al presente a Casey. 
Con su cabeza apoyada en el marco, la giró  hacia él.   Hacía tiempo que  las palabras sobraban. Cada uno, a su manera, era consciente de que aquel mundo aparte, creado por ambos, les podía.
Él se acercó a la ventana para compartir la misma vista.
Sólo cuando Casey encontró el momento, decidió darle la noticia.

  • •             CASEY:  He recibido respuesta del Vicario.

Aen seguía mirando a través de la ventana con gesto serio pero sin mirarla.
  • •             CASEY: Confirman mis votos en dos semanas.

 Él seguía imperturbable.
  • •             CASEY:  Después tendré que estar en Dublín un tiempo.

 La impotencia  y los nervios de Casey por su falta de reacción la estaban  matando de la angustia, aunque intentase mantener la compostura. Él sentía su mirada fija y penetrante, pero no podía mirarla.

  • •             CASEY: Tardaré meses antes de poder volver.

 Nunca la vista de los mismos árboles o  la misma porción de parcela verde fue observada tan continuamente.
Al ver que no conseguía reacción por su parte, decidió marcharse, pero al intentar levantarse , el brazo de él se interpuso, y cuando ella le miró, el rostro de él había cambiado, y se encontraba tan sumamente cerca  que su respiración volvía a percibirse. Una respiración agitada, unos ojos que se detenían con demasiada frecuencia en sus labios, y unos labios, los de él, que se entreabrían ligeramente con demasiada ansia.

  • •             CASEY: Debo regresar a la casa.

Pero él no aflojaba el brazo por más que ella  intentó empujárselo con el cuerpo.

  • •             CASEY: No quisiera que el servicio comenzase a chismorrear.

Pero el brazo de él continuaba bloqueando su salida. 
Aen apoyó su frente en la de ella, y Casey sólo pudo cerrar sus ojos.
Apenas unos segundos después, ella sintió que él se separaba, y que el brazo que  en cierta forma la retenía desaparecía de su apoyo dejándole vía libre.

Ella se fue alejando poco a poco,  mientras él permanecía en el mismo sitio, y a mitad de camino, ella no aguantó más.

  • •             CASEY: ¿En serio no vais a decirme nada?

 Él se limitó a mirarla. Ella se dio la vuelta y lo vio allí, impávido, sin decir nada.

  • •             CASEY: ¿Os dais cuenta de lo que acabo de deciros?

 Él seguía sin hablar. Claro que sabía lo que acababa de decirle, aquella era la propia confirmación de lo que había oído. Sabía lo que significaba , y no ya para sus planes, sino para él mismo.
  • •             CASEY: Claro que lo sabéis, lo sabéis perfectamente y – comenzó a caminar rápidamente de vuelta a la ventana , alterada y alzando la voz- ¡Y no os importa!
  • •             Dr.  Cárthaigh    : -gritando muy cerca de su cara-¿ Quién os habéis creído para otorgaros el derecho a juzgarme? – sus ojos comenzaron a humedecerse pero su ira no había desaparecido, su impotencia continuaba ahí- ¿Creéis siquiera por un segundo que  os abriría la puerta incluso? ¿Queréis que lo haga? ¡Decidme!

 Pese a los intentos por atemorizarla, Casey se encontraba sumergida en bucle de sentimientos que sólo le permitían responderle de la misma forma.

  • •             CASEY: - elevando igualmente la voz- ¿queréis?  ¿Seriáis  capaz de abrirla sabiendo que puede que no regrese?

 La capacidad de resistencia de Aen se venía abajo por momentos. No podía estar quieto, sus ojos se movían de un lado para otro intercalándose con los suyos, le costaba intentar retener lo que llevaba dentro. 
Su ira había desaparecido para dejar paso a aquel sentimiento de impotencia absoluta y dación en cuerpo y alma. No pudo evitarlo, se le mostró de una forma que no podía controlar, con el alma desnuda en aquellos ojos que ya eran incapaces de mirarla con ira, con malditas lágrimas retenidas en su subconsciente y ofrecidas en bandeja de plata como pedazos de su alma. 

Entonces, algo sonó muy cerca, el cielo se había oscurecido y  una tormenta repentina comenzó a caer. Ellos no se percataron de nada, sólo estaban de pie, uno frente a otro, junto a aquella ventana rota.
De pronto,  Casey vio una lágrima huir de su ojo izquierdo y bajar por la mejilla  rauda y veloz en busca de su mentón, pero ella no pudo dejarla seguir huyendo, y  la hizo desaparecer con su mano, acariciando su mejilla.  Él cerró los ojos mientras apoyaba su cara en su mano, dejándose llevar.
Ella sabía que con aquel simple gesto , Aen le entregaba su alma, el alma del hombre que había dentro del doctor. Y ante ese gesto, ella decidió hacer lo mismo. 
  Acercó su rostro al de él, y justo cuando él abría sus ojos ,  viendo sus labios tan cerca, se acercó  haciéndolos suyos delicadamente.

Casey comenzó a sentir como un calor agradablemente combinado con un cosquilleo se apoderaba de su cuerpo en cuestión de segundos.
Él , tras disfrutar de sus cálidos e inocentes labios, se calmó, se separó algo de ella, y mientras los ojos de Casey demostraban una entrega total y absoluta  corroborado por su boca entre abierta,  él , acercó una de sus manos hasta la parte de atrás de su cabeza y le soltó aquello que le agarraba el pelo en un prominente moño. Su rostro,  mientras veía como  iba deslizándose lentamente por su cuello y  su pecho hasta llegar a su cintura, demostraban un placer sin medida, sin daño, la más agradable sensación que no había experimentado nunca , llena de paz. 

Una hermosa cara, inocente, aquella cara , aquella mujer que era un poco más suya, que le correspondía , y que se mostraba dispuesta a entregarse.

FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)


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