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Tras una noche agitada, un nuevo amanecer , despejado y
soleado aunque frío , se hizo con todo el entorno.
Apenas salir el sol, una de las enfermeras despertaba a
Casey para ayudarla a bañarse y cambiarse de
camisón.
Justo cuando la enfermera se encontraba peinándola, Aen entró
en la habitación y aquella imagen de
Casey , con su pelo suelto siendo peinado lentamente por la enfermera mientras
ella, sentada y quieta, miraba fijamente a lo que se veía tras la ventana, le
resultó lo más agradable que recordaba en mucho tiempo.
En cuanto la enfermera se dio cuenta de su presencia, dejó
de cepillarla. Y ante ello, Casey ladeó
ligeramente su cabeza. El sol, que entraba en ese momento, le iluminaba su
rostro, lánguido y como de dejarse llevar. Hermosa y relajada, sólo cuando ella
levantó la vista para mirar aquello que había interrumpido su placentero
despertar, él no pudo evitar sobrecogerse.
Nunca hasta ese día , le había visto
mirarlo con ojos tan dulces y diferentes.
Entró en la habitación y comenzó
a repasar el informe de la noche anterior.
- • ENFERMERA: Disculpe Dr, si no va a necesitarme volveré al cuarto de enfermeras.
- • Dr. Cárthaigh : Gracias.
Aen dejó los informes encima de la mesa auxiliar, y se
acercó para revisarle las heridas y el estado del cuello.
Pese a encontrarse a menos de cinco centímetros de él, ella,
inmutable, no hizo el menor gesto.
El doctor agachó su espalda
hasta su altura , y le retiró el pelo hacia delante para dejar libre la
zona de la nuca dónde el vendaje inmovilizador había sido fijado. Con mucho
cuidado, quitó la fijeza y comenzó a retirárselo sin que ella moviese la cabeza ni un
ápice, aunque él tampoco tuvo necesidad de decirle nada al respecto.
Cuando el vendaje hubo desaparecido en su totalidad, quedaba
la parte más delicada de todas, los apósitos . Con aún más delicadeza si cabe,
Aen los fue retirando uno a uno, con algún gesto de dolor ahogado por parte de
ella. Tras ver que las heridas se encontraban
en buen estado, salió a la puerta para solicitar todo el equipo de curas, y mientras éste
llegaba, procedió a realizar las comprobaciones sobre el estado muscular del
cuello. Sin dejar de mirarla y ella sin dejar de hacerlo a lo que había al otro
lado de la ventana, con el cuidado exquisito requerido, cogió su barbilla y se
la levantó muy despacio. Ni siquiera
entonces él logró ser correspondido en sus observaciones.
Con extrema
lentitud, fue moviendo su cabeza de un lado a otro y realizando giros
comprobando si le dolía. Salvo algún gesto de molestia , todo parecía marchar
bien.
Al llegar el carro de curas, la enfermera que lo portaba le
preguntó al doctor si quería que lo hiciese ella, a lo que le respondió que no hacía falta, que ya se
encargaría él. La enfermera se marchó y
él comenzó a limpiarle las zonas dañadas .
Al observar su rostro, pudo
comprobar que aquellas curas si resultaban bastante molestas, sin embargo,
ninguna queja por su parte obtuvo.
Una vez hubo terminado y los apósitos nuevos estuvieron
colocados , decidió no volverle a inmovilizar el cuello, y tras recoger todo y
dejarlo en la mesita, se dispuso a recolocarle el pelo como lo tenía,
dejándoselo bien estirado en la espalda , mientras aprovechaba para apreciar la sensación de su
suavidad al acariciarlo.
Sólo cuando retiró las manos y se disponía a recoger sus
cosas, sintió que ella le cogía la mano derecha . Extrañado , se centró en ella, y sólo en ese instante,
consiguió que sus ojos, lánguidos por motivos que él desconocía, se le clavaran
sólo como él lo había hecho con ella anteriormente. Ojos que parecían mirar en
su interior, y que él decidió tomar como un agradecimiento sincero por todo lo
hecho.
Aquello le sobrepasaba. Aen no estaba acostumbrado a que le
agradecieran nada, y ella……. esa forma de mirarle.
Sólo fue un instante, ese leve contacto bastó para que a él
se le grabara a fuego y no lo olvidara.
Ella soltó su mano, la devolvió a su regazo, y quedó allí
inmóvil. Él, inquieto, desconcentrado, intentó recuperar la normalidad poco a
poco. Después de aquello , debía comenzar la ronda habitual.
Horas más tarde, poco después del almuerzo, el centro
recibía una sorpresa inesperada. El ama de llaves abrió la puerta . En ella ,
el Obispo , venido expresamente de Galway.
Se le hizo pasar a la biblioteca en espera de que su
presencia fuese comunicada al doctor , el cual aún continuaba sus rondas y
sesiones. No pasaron más de cinco
minutos cuando Aen se personó en la sala. El Obispo parecía estar interesado en
la obras colocadas en las librerías, precisamente en las de Clásicos
Universales.
- • Dr. Cárthaigh : Cada vez que viene le sorprendo frente a la misma librería.
Ante el acercamiento de Aen con el brazo extendido para
estrecharle la mano no pudo negarse, aunque la idea no le hiciese gracia.
- • Dr. Cárthaigh : Claro que, teniendo en cuenta que la mitad de ellos son de lectura prohibida por ustedes…… - le hizo señas de que se sentase en uno de los sillones . Él hizo lo propio en el otro- .
- • OBISPO: Sin embargo el echo de prohibir no entraña el de no disfrutarlo por lo que veo.
- • Dr. Cárthaigh : Los habemos que en su día tuvimos la suficiente inteligencia como para esconderlos.
- • Dr. Cárthaigh : ¿Y bien? ¿A qué debemos el honor de su largo recorrido hasta aquí?
- • OBISPO: Ciertamente , largo y tortuoso. En realidad Dr. ésto me caía de camino. Me dirijo a Londres , y pasaba a entregarle una misiva urgente a la hermanan Casey.
- • Dr. Cárthaigh : ¿Urgente? ¿Ha sucedido algo grave?
- • OBISPO: Nada que deba preocuparle . Es del exclusivo interés de la hermana.
- • Dr. Cárthaigh : Verá, da la casualidad que si me preocupa e interesa, sobre todo por el hecho que acaba de mencionar y es su urgencia, porque si ella es cierta, significa que es preocupante, y por desgracia Casey…- se dio cuenta del gesto del obispo y corrigió sobre la marcha- la hermana Casey se encuentra hospitalizada- antes de poder proseguir, fue interrumpido -.
- • OBISPO : ¿Hospitalizada?
- • Dr. Cárthaigh : No es nada grave se lo aseguro, un pequeño percance con una paciente , claro que ha sido muy reciente y necesita descansar y no recibir emociones fuertes así que…. Si no es muy importante…
- • OBISPO: Me temo que no puede esperar, voy a estar en Londres un tiempo y no volveré a Galway hasta dentro de unos meses, para entonces será demasiado tarde.
- • Dr. Cárthaigh : También puede entregármela a mi . Puede tener la certeza que se la haré llegar de inmediato.
- • OBISPO : Me temo que eso no es posible, ha de ser entregada personalmente.
- • Dr. Cárthaigh : Pues me temo que yo, como médico suyo que soy, no recomendaría su entrega en este momento si con ello sólo se logra disgustarla o …
- • OBISPO: - levantándose del asiento- No quisiera parecer descortés Dr. Cárthaigh, pero lamentaría mucho tener que recordarle cómo se financia esta institución en su mayor parte, y aún más, tener que comentar al Rectorado y a la Vicaría los motivos de por qué se desaconseja seguir con la financiación.
- • Dr. Cárthaigh : Está bien, pero será mejor que aproveche el tiempo, aún está aturdida y sólo podrá disponer de cinco escasos minutos.
- • OBISPO: Me bastarán.
Durante el trayecto, él sólo pensaba qué podía ser tan
urgente e importante como para no poder hacerse su entrega de otra forma, como
para no poder esperar, y al mismo tiempo, escudriñaba la forma de poder
enterarse. Vueltas y más vueltas en una
cabeza de por sí aturdida y presionada, una cabeza que en poco tiempo debería
tomar decisiones importantes.
Aquel posiblemente resultara el camino hacia el hospital más
incómodo que Aen había tenido que realizar. Algo en su interior le decía que
aquello olía a contrariedad y a problemas, pero no podía evitar que la viera o
éstos sólo se acrecentarían.
Cuando ambos llegaron a la habitación, Casey se encontraba
despierta pero completamente acostada,
sobre su lado derecho, mirando hacia la ventana, con sus piernas recogidas en
posición fetal.
Aen fue el primero en entrar e ir a su cabecero, y la
sorprendió llorando. Los ojos hinchados denotaban que no había empezado ahora
precisamente. Verle allí, supuso la vuelta a la realidad para ella, que recibió
con sorpresa la noticia de la visita.
- • Dr. Cárthaigh : Disculpe hermana, tiene visita. Le dije que necesitaba descansar pero insistió que era importante y urgente.
Casey se medio incorporó, y nada más ver al Obispo se dio prisa en secarse los ojos y poner su
mejor sonrisa , aunque fuera forzada.
- • Dr. Cárthaigh : Bien , les dejaré solos- dirigiéndose al clérigo- Recuerde, cinco minutos, necesita descansar.
El Obispo se le
acercó y se sentó a su lado en la cama, la miró bien , y pese al cansancio más que evidente, no parecía ,
en principio , tan maltrecha como él creía.
- • CASEY: Excelencia Reverendísima- bajó la cabeza y le besó el anillo.
- • OBISPO: Lo cierto es que Cárthaigh había logrado ponerme nervioso. Me dijo que sufriste un accidente con una paciente.
- • CASEY: Sí pero estoy bien, algo aturdida aún. Pero decidme ¿qué os trae hasta aquí?
- • OBISPO: Marcho a Londres, la Rectoría me ha hecho llamar para prestar servicios, estaré fuera probablemente lo que queda de año.
- • CASEY: ¿Entonces…?
- • OBISPO: Querida he venido a traerte esto.
- • OBISPO: Hermana ¿se encuentra bien?
- • CASEY: Sí… es que….. no se….. llevo tanto tiempo esperando esto. Y si no ….
- • OBISPO: Pequeña Casey, veo y siento temor en tus palabras. Como bien dices llevas esperando esto hace mucho tiempo y ahora pareces dudar sobre la conveniencia si quiera de abrirlo. ¿Dudas sobre seguir adelante ? Y sabes a lo que me refiero.
Sólo una frase le bastó para que
de forma involuntaria, se le humedecieran los ojos. Sin embargo, cuando el
Obispo la vio, lo confundió con emoción por la noticia recibida y no dudó en
felicitarla.
- • OBISPO: Sabía que te emocionaría recibir la aceptación por fin.
- • CASEY: Claro, es lo que llevaba tanto tiempo esperando.
- • OBISPO: La ceremonia se realizará en Londres, en la Rectoría. Seréis varias.
- • CASEY: ¿Cuándo?
- • OBISPO: Dentro de dos semanas. Mandarán un coche a buscarte y deberás quedarte en Londres al menos tres días.
- • CASEY: ¿y después?
- • OBISPO: Volverás aquí, tras un período en Dublín que es donde vais todas.
- • CASEY: ¿Dublín? Pero ¿Cuánto?
- • OBISPO:- extrañado por la incipiente curiosidad ansiosa de Casey_- Pero… ¿qué te ocurre? Pareces nerviosa y a disgusto?
- • CASEY: No su Excelencia, si estoy contenta pero…. Es que aquí…. mi trabajo…
- • OBISPO: No debes preocuparte , se las han arreglado bien meses sin ti , podrán volver a hacerlo. Además, necesitas completar tu formación después de adoptar los votos definitivos, y eso es en Dublín. Bueno querida, te dejo, que creo que ya llevo más del tiempo que se me aconsejó estar y no quiero cansarte en exceso , que se que has sufrido muchas emociones.
- • CASEY: Que pasa con….
- • OBISPO: Habremos de interrumpirlo cuando te vayas , cuando vuelvas lo reiniciaremos.
- • CASEY: Por supuesto, su Excelencia Reverendísima.
Él volvió a extenderle la mano, y ella volvió a besarle el
anillo.
La nota y su sobre cayeron a plomo encima de la colcha.
Casey no pudo evitar llorar de forma ahogada y en silencio, mordiéndose una de
sus manos , clavando los dientes con tanta fuerza que no era capaz de sentir el
dolor de su angustia, mientras con la otra se agarraba del nacimiento del
cabello haciendo un nudo.
Mientras tanto, en la habitación desocupada de al lado, contigua a la de Casey, y
comunicada por un pequeño ventanuco cuadrado siempre abierto, alguien apoyado
en una pared, apretaba sus puños sobre ella con auténtica rabia, mientras la
impotencia se apoderaba de él, y fueron lágrimas rebeldes lo que lo
exteriorizaron.
Aen procuró calmarse antes de salir de la habitación. No se
equivocaba cuando dedujo que aquello olía a contrariedad y a problemas. Sobre
todo, porque en su lucha interior, sabía que Brian debía saberlo y él tendría
que decírselo, que había llegado la hora de soltarle sin más demora, y que en
cuanto éste lo supiese, actuaría sin
control alguno.
Sin embargo, algo le hizo parar en toda aquella lluvia de
preocupaciones , en un momento dado, cuando más silencio había, le pareció oír
algo a través del ventanuco , y al no poder identificarlo bien, estuvo más atento
por si volvía a repetirse. Oír parte de ese llanto ahogado confirmó su primera
impresión auditiva, es más, no era porque llorase lo que le tenía en alerta,
sino por la forma de llorar. Ese llanto ahogado y ansioso no parecía de
felicidad y goce, teniendo en cuenta los meses que ella llevaba esperando dicha
noticia. Lloraba con angustia, con auténtico dolor , y guardándose parte para
sí, lo que hacía que se encontrase en peor estado.
Aen se limitó a bajar la cabeza, cerrar fuertemente sus
ojos, respirar hondo, y salir de la habitación
dirigiéndose al laboratorio.
Dos días más tarde, con Casey más recuperada, decidió
incorporarse al trabajo. Dos largos días, durante los cuales no vio al doctor ni supo nada
de él. No había pasado a verla, ni a hacerle las curas, ni siquiera revisó los
informes. Nada más llegar al despacho de la doctora Mhic , le preguntó a ella
por él.
- • CASEY: Disculpe doctora
Ésta , que se encontraba en su despacho terminando unos
informes, se sorprendió al verla en frente suya debidamente vestida e
interesada , con determinación, para incorporarse.
- • DRA: MHIC: ¿Qué hace aquí? Se supone que debería estar descansando.
- • CASEY: Quiero incorporarme, lo necesito.
- • DRA. MHIC: No creo que aún esté en condiciones. Ha sufrido un proceso traumático muy fuerte.
- • CASEY: Precisamente por eso, necesito volver a la normalidad.
- • DRA. MHIC: No creo que el Doctor lo haya aprobado.
- • CASEY: -Más nerviosa por momentos procuraba evitar alzar la voz pero no podía evitarlo- Dra. No sé si lo aprobaría o no porque sencillamente no le he visto los dos últimos días. Por cierto ¿dónde está?
- • DRA. MHIC: Debería dejarse de tonterías y volver a la habitación.
- • CASEY: - desquiciada de los nervios , elevó más aún la voz- ¿Dónde está?
- • DRA. MHIC: Llamaré a un enfermero para que la acompañe a su habitación.
- • CASEY: -terminó abalanzándose encima de su mesa dando un puñetazo y gritando- No volveré a preguntárselo doctora ¿Dónde está el doctor?
- • DRA MHIC: - Sorprendida por su actitud – En el laboratorio, lleva encerrado allí dos días.
- • CASEY: -rebajando el tono- ¿Le importaría darme mis llaves y mis pases por favor?
Al abrir , la imagen del impoluto laboratorio no había
cambiado, pero la habitación se encontraba fría, más húmeda de lo habitual. Al
entrar, comprobó que todas las ventanas estaban
abiertas, que incluso había entrado agua de lluvia porque el suelo de
madera aún lo constataba.
El viento gélido y fuerte entraba con sus ráfagas
violentas moviéndolo todo , así que ella optó por ir cerrando las ventanas como
pudo, ya que a esa altura la fuerza del viento parecía multiplicarse y éstas
pesaban demasiado. Al llegar a la última, el viento racheado no la dejaba cerrarla por
más fuerza que emplease. Empujaba y empujaba pero no podía, hasta que unas
manos por detrás de ella la ayudaron a cerrarla. Sólo al verlas , supo que era él. Respiró hondo
y se dio la vuelta. La imagen con la que se encontró la devolvió a su inicial
percepción del doctor. Brusco, seco, apático, intolerante, agresivo. Casi no se
atrevió a preguntar.
Él se alejó para dirigirse a las mesas.
- • Dr. Cárthaigh : ¿Qué se supone que hace aquí hermana?
Desgraciadamente, los argumentos con los que Casey venía a
verle , se desarmaron completamente al verle a él así.
- • CASEY: He venido a comunicarle que me incorporo al trabajo. He venido para ayudarle.
- • Dr. Cárthaigh : ¿Ha perdido el juicio? No está aún bien para ello.
- • CASEY: Me encuentro bien, además necesito..- él la interrumpió-.
- • Dr. Cárthaigh : ¡Márchese hermana!
- • CASEY: No- dio un paso, él dirigió su vista hacia ella y pudo sentir toda su agresividad-.
- • Dr. Cárthaigh : No de un paso más hermana si no es para salir de aquí.
- • CASEY: No, he venido para trabajar de nuevo y eso será lo que haga- dio otro paso, consiguiendo acrecentar su enfurecimiento-.
- • Dr. Cárthaigh : No lo haga hermana – tenía un vaso de probeta en la mano, y ésta se fue cerrando cada vez más fuerte- Márchese.
- • CASEY: -continuó andando lentamente hasta acercarse tanto como para poder sentir la energía que transpiraba- Necesito volver a la normalidad-
Sentir de pronto como aquel odio se convertía
progresivamente en una rabia de pura impotencia, oír romperse un cristal, mirar a su derecha y
descubrir la mano ensangrentada de Aen
con el puño aún cerrado, volverle a mirar, y que sus ojos demostrasen
auténtico dolor , resultó demasiado para
ella.
Cogió su mano para ver si se había
clavado algún cristal, y aparentemente no tenía ninguno, pero debía tapar con
cuidado y que se lo vieran en la enfermería. Buscó algo con que tapárselo y
tras varias vueltas , lo acompañó hasta el hospital cerrando con su llave el
laboratorio.
Tras tenerle que dar varios puntos de sutura, Aen se extrañó de que ella lo hubiera dejado
allí y se hubiera ido. La estuvo buscando por toda la casa e incluso preguntó por ella en el hospital, pero nadie
la había visto. Sólo el empleado que cuidaba de los caballos le dijo haberla
visto yendo para el antiguo cobertizo , pero que hacía horas de eso.
Él se dirigió hacia allí, y al ver que la puerta se encontraba entreabierta, dedujo que aún
continuaba en su interior.
Y allí seguía, sentada en el pequeño saliente de la vieja
ventana rota. Con sus manos en la falda, mirando , como siempre hacía, lo que
había al otro lado.
No fue hasta bien adentrado en su interior, cuando sus
zapatos hicieron ruido en la madera, por lo menos el suficiente para traer de
nuevo al presente a Casey.
Con su cabeza apoyada en el marco, la giró hacia
él. Hacía tiempo que las palabras sobraban. Cada uno, a su manera,
era consciente de que aquel mundo aparte, creado por ambos, les podía.
Él se acercó a la ventana para compartir la misma vista.
Sólo cuando Casey encontró el momento, decidió darle la
noticia.
- • CASEY: He recibido respuesta del Vicario.
Aen seguía mirando a través de la ventana con gesto serio
pero sin mirarla.
- • CASEY: Confirman mis votos en dos semanas.
- • CASEY: Después tendré que estar en Dublín un tiempo.
- • CASEY: Tardaré meses antes de poder volver.
Al ver que no conseguía reacción por su parte, decidió
marcharse, pero al intentar levantarse , el brazo de él se interpuso, y cuando
ella le miró, el rostro de él había cambiado, y se encontraba tan sumamente
cerca que su respiración volvía a
percibirse. Una respiración agitada, unos ojos que se detenían con demasiada
frecuencia en sus labios, y unos labios, los de él, que se entreabrían ligeramente
con demasiada ansia.
- • CASEY: Debo regresar a la casa.
Pero él no aflojaba el brazo por más que ella intentó empujárselo con el cuerpo.
- • CASEY: No quisiera que el servicio comenzase a chismorrear.
Pero el brazo de él continuaba bloqueando su salida.
Aen apoyó su frente en la de ella, y Casey sólo pudo cerrar
sus ojos.
Apenas unos segundos después, ella sintió que él se
separaba, y que el brazo que en cierta
forma la retenía desaparecía de su apoyo dejándole vía libre.
Ella se fue alejando poco a poco, mientras él permanecía en
el mismo sitio, y a mitad de camino, ella no aguantó más.
- • CASEY: ¿En serio no vais a decirme nada?
- • CASEY: ¿Os dais cuenta de lo que acabo de deciros?
- • CASEY: Claro que lo sabéis, lo sabéis perfectamente y – comenzó a caminar rápidamente de vuelta a la ventana , alterada y alzando la voz- ¡Y no os importa!
- • Dr. Cárthaigh : -gritando muy cerca de su cara-¿ Quién os habéis creído para otorgaros el derecho a juzgarme? – sus ojos comenzaron a humedecerse pero su ira no había desaparecido, su impotencia continuaba ahí- ¿Creéis siquiera por un segundo que os abriría la puerta incluso? ¿Queréis que lo haga? ¡Decidme!
- • CASEY: - elevando igualmente la voz- ¿queréis? ¿Seriáis capaz de abrirla sabiendo que puede que no regrese?
Su ira había desaparecido para dejar paso a aquel sentimiento de impotencia
absoluta y dación en cuerpo y alma. No pudo evitarlo, se le mostró de una forma
que no podía controlar, con el alma desnuda en aquellos ojos que ya eran
incapaces de mirarla con ira, con malditas lágrimas retenidas en su
subconsciente y ofrecidas en bandeja de plata como pedazos de su alma.
Entonces, algo sonó muy cerca, el cielo se había oscurecido
y una tormenta repentina comenzó a caer.
Ellos no se percataron de nada, sólo estaban de pie, uno frente a otro, junto a
aquella ventana rota.
De pronto, Casey vio una lágrima huir de su ojo izquierdo y
bajar por la mejilla rauda y veloz en
busca de su mentón, pero ella no pudo dejarla seguir huyendo, y la hizo desaparecer con su mano, acariciando
su mejilla. Él cerró los ojos mientras
apoyaba su cara en su mano, dejándose llevar.
Ella sabía que con aquel simple gesto , Aen le entregaba su
alma, el alma del hombre que había dentro del doctor. Y ante ese gesto, ella
decidió hacer lo mismo.
Acercó su rostro
al de él, y justo cuando él abría sus ojos ,
viendo sus labios tan cerca, se acercó
haciéndolos suyos delicadamente.
Casey comenzó a sentir como un calor agradablemente
combinado con un cosquilleo se apoderaba de su cuerpo en cuestión de segundos.
Él , tras disfrutar de sus cálidos e inocentes labios, se
calmó, se separó algo de ella, y mientras los ojos de Casey demostraban una
entrega total y absoluta corroborado por
su boca entre abierta, él , acercó una
de sus manos hasta la parte de atrás de su cabeza y le soltó aquello que le
agarraba el pelo en un prominente moño. Su rostro, mientras veía como iba deslizándose lentamente por su cuello
y su pecho hasta llegar a su cintura,
demostraban un placer sin medida, sin daño, la más agradable sensación que no
había experimentado nunca , llena de paz.
Una hermosa cara, inocente, aquella cara ,
aquella mujer que era un poco más suya, que le correspondía , y que se mostraba
dispuesta a entregarse.
FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)

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