miércoles, 1 de abril de 2015

ELECCION. Capítulo décimo. (Rated +18) (Registrado el 24 sept 2014)

Crédito a quién corresponda
El coche paró en la puerta, el conductor le abrió  y ella tardó en salir. Miró hacia fuera, cerró fuertemente los puños, respiró hondo, exhaló todo el aire que tenía, y se decidió a salir.


En el momento justo de ella elevar la vista, se abrió el gran portalón de acceso a la casona, y salió el doctor , que se disponía a recibirla con la mano extendida.

Conforme fue subiendo las escaleras, rezó todo lo que pudo y los nervios la dejaron. Sabía que una vez entrase ya no había vuelta posible ni marcha atrás. Regresaba con todas las consecuencias.


Pese al guante, ese preciso momento de entregarle la mano al doctor supuso electrizante. 
Él la sostenía con fuerza, como si no quisiera que volviera a marcharse, y ella,  simplemente recibió con cierta resignación aquel gesto, aunque en el fondo no se sintió tampoco tan incómoda como en otras ocasiones.

Él se la llevó al despacho mientras ordenaba al resto del personal que colocasen su equipaje en su dormitorio.

Le abrió la puerta, esperó que pasase, y la cerró  tras de sí.
Ella quedó de pie junto a la mesa. Él se acercó,  y viendo que ella trataba de desabrocharse el abrigo , le ofreció sus manos   para retirárselo y colgarlo.

Mirándole sus manos enguantadas, con la vista y la cabeza,   le hizo el gesto para que se las ofreciera y así poder ayudarla a desnudarlas. Atentamente , le desabrochó los botones que los cerraban,  y tiró de ellos dedo por dedo hasta poder extraérselos por completo, y así uno tras otro, sin perderla de vista. Casey se mostraba incapaz de mirarle a los ojos salvo esporádicamente y de forma tímida.
Los colocó encima de la mesa y le ofreció algo de beber, jerez, y ella no dijo que no.
Le entregó la pequeña copa y se sentó sobre una de sus piernas en el borde de la mesa con la otra pierna en el suelo.  Intrigado por su silencio, por su actitud, por su viaje, por todo aquello que la rodeaba, incluso por su cambio de vestimenta, se dispuso a comenzar su particular interrogatorio.

  • •             Dr.  Cárthaigh :  Respecto a su marcha…- le interrumpió ella-.
  • •             CASEY: Lo lamento, debía marcharme por asuntos urgentes.
  • •             Dr.  Cárthaigh : nada grave espero.
  • •             CASEY: nada que no pudiera arreglarse.
  • •             Dr.  Cárthaigh :  Por un momento pensé que……

 Realmente extraño, aquel tono de voz, casi pareciera preocupado.
A ella le costaba fijar su mirada en un punto concreto y aún menos en él.

  • •             Dr.  Cárthaigh :  Su hábito……. Veo que ya no lo lleva ¿puedo saber la razón?
  • •             CASEY: He recibido una dispensa por motivo de trabajo.
  • •             Dr.  Cárthaigh : - se sonrió ligeramente-  ¿Así que ha ido a ver a los suyos?
  • •             CASEY: Yo no he dicho eso.
  • •             Dr.  Cárthaigh :  Debe de estar muy cansada. Será mejor que se retire y descanse algo antes de la cena, ya nos reuniremos mañana temprano para reanudar el trabajo.

 Ella se levantó  , y al dejar la copa encima de la mesa, él le cogió la mano.

  • •             Dr.  Cárthaigh :   Recuerdo alguna ocasión , en que hacer esto me habría costado una mirada inquisitiva suya , ¿no voy a conseguirlo esta vez, Casey?

 Fue al oír pronunciar su nombre con aquella voz tan intrigante,  lo que hizo que por fin le mirase de forma directa a aquellos ojos que la perdían.  Su nombre, dicho por él..... Ya no había un “hermana”  de por medio, el hecho de que el hábito desapareciese y comenzase a llamarla por su nombre , sólo podía significar, como bien auguró el Obispo, mayor facilidad en el acercamiento.

  • •             Dr.  Cárthaigh :  Vaya, si llego a saber que causaba esa reacción  os hubiera llamado antes por vuestro nombre.
  • •             CASEY: Desearía retirarme a mi habitación.
  • •             Dr.  Cárthaigh : y ¿quién os lo impide?
  • •             CASEY: Vos,  que no me soltáis la mano.

 Él miró  y efectivamente aún la sujetaba. Soltó de inmediato.

•             Dr.  Cárthaigh : Disculpad.

•             CASEY : Con vuestro permiso me retiro.
•             Dr.  Cárthaigh : ¿Bajaréis para la cena?

Casey se quedó pensativa, especialmente porque no recordaba que él hubiese compartido ninguna de las veladas anteriores,  y porque en su mente conservaba fresca la respuesta de la Dra Mhic a ese respecto.

  • •             CASEY: No puedo asegurároslo.
  • •             Dr.  Cárthaigh :  Os lo digo porque no suelo prodigarme mucho en el comedor, pero si lo considerarais,  me gustaría poder compartir la cena con vos, en lugar a parte.

 Un cambio de actitud absolutamente brutal. El doctor se mostraba caballeroso, sereno.

  • •             CASEY: Sí lo hiciese , os lo haré comunicar, descuidad.
  • •             Dr.  Cárthaigh :  no quisiese que pensarais que os presiono, pero a efectos de quedar avisada la cocina sería recomendable….-ella le interrumpió con su respuesta-.
  • •             CASEY: Está bien, cenaré con vos, ya que tanto insistís.
  • •             Dr.  Cárthaigh : Perfecto. Enviaré a alguien a buscaros.

 Casey  salió del despacho con una sensación muy extraña. ¿El cambio en el doctor? ¿por qué? Pero se encontraba demasiado cansada para pensar con claridad.

Cerca de las  seis, alguien tocó en la puerta de la habitación de Casey. Una de las chicas del servicio venía a buscarla por orden del Dr para llevarla hasta dónde se encontraba él y poder cenar.

Casey se sentía especialmente extraña y sensible.  Las palabras del Obispo aún retumbaban en su cabeza a modo de tranquilizador mensaje. 
Debía sacar fuerzas de donde pudiera, volver a ser la misma y no dejar entrever su debilidad actual. Ése era el pensamiento con el que lentamente bajó las escaleras y siguió a la joven del servicio que la llevó directamente hasta la biblioteca.  
Atravesar aquella puerta le devolvía ciertas imágenes sobrecogedoras, ciertos rostros. Pero lo que más la descolocó,  fue adentrarse en la sala oculta del piano. 

Con Casey aún en la puerta,  y sin haber aparentemente nadie, la sala , cuyo tamaño resultaba difícil de percibir dada la oscuridad, sólo se iluminaba , en una mesa muy bien decorada y elegantemente puesta,  por unas velas y dos candelabros de pie cuya luz parecía acariciar el lateral del piano.
Ni un solo ruido, un silencio sepulcral , salvo el del fuego cuando la corriente de aire movía las velas.

Entró despacio, con mucho cuidado, y se acercó al piano. Rozó la tapa con los dedos y se decidió a abrirla lentamente .
Disfrutó mirando las teclas y no pudo resistir la tentación de tocar una, y después la de al lado,  sin percatarse que ya era observada desde la puerta.

Pocas veces recordaba Aen haberse sentido contrariado tantas  veces en tan poco tiempo por  estar tan  a gusto con alguien en la misma estancia. Contrariado por cuanto ello significaba .

Entró sin hacer ruido. Ella parecía absorta en el piano y en el silencio ambiental , tanto,  que no se percató de su presencia ni cuando lo tuvo a menos de dos centímetros de su espalda.
Aen decidió sacarla de su estado , y procuró hacerlo sin sobresaltarla demasiado.

  • •             Dr.  Cárthaigh : ¿sabéis tocarlo?

 Casey se sobresaltó de tal forma que acabó chocando con el cuerpo de él. Sólo cuando notó que sus brazos eran sostenidos por sus manos , se apartó .

  • •             Dr.  Cárthaigh:  Lo lamento, pero parecíais demasiado concentrada como para poderos devolver a la realidad de otra forma- miró al piano y se sentó en un lado del banco, la miró a ella- ¿queréis acompañarme?

 Casey aceptó sentándose a su lado con ambas manos encima de su faldón, y sin quitar la vista de las teclas.
El doctor se preparó para tocar, y la pieza exquisitamente escogida no podía ser más apropiada: Beethoven - Moonlight Sonata - Piano Sonata No. 14.
Nunca una pieza musical pudo resultar más significativa.

 En aquella habitación, casi a oscuras, aquel continuo roce de la madera con sus cuerdas parecían cubrir toda la sala. Aquella pasión al tocar, aquel cuidado exquisito. Ambiente propicio para que Casey cerrase sus ojos por un instante  y sintiese el vibrato de aquel bendito instrumento en su interior.  
Era tan fácil evadirse…. Tan fácil imaginar que se podía estar en otro lugar…

Aen no tocó la pieza entera, pero durante sus últimos compases, desvió su mirada hacia ella, y fue entonces cuando Casey, sin quererlo , le mostró parte de su debilidad, parte de su sentido delicado:  su rostro, dulce, fresco y en sumo placer auditivo parecieran transportarla a otro lugar.
Cuando ella hubo abierto los ojos, una medio sonrisa cómplice en la cara del doctor hizo que volviese a ser la misma fría, seca e impertérrita mujer de siempre.

Él se levantó para  ofrecerle el asiento que le correspondía en la mesa, y le acercó la silla caballerosamente.
El personal se dispuso a servir la cena. Aen le ofreció vino y ella no se lo negó.
Casi en silencio, apenas unas miradas esporádicas por parte de los dos, más de él que de ella, y mucha corrección. En su término , el doctor ya no podía soportar aquella situación.

  • •             Dr.  Cárthaigh :  Estáis muy callada.
  • •             CASEY: Disculpadme- dejando la copa de vino en la mesa- ¿Espero no haberos parecido descortés?.
  • •             Dr.  Cárthaigh : Sólo pensativa.

 Su forma de mirarla había cambiado, y ella se había percatado en todo momento. Ahora, su incomodidad, más que justificada, le serviría como arma para recordarle , que en la medida de lo posible debía mostrarse receptiva para que confiase en ella, pero sólo lo justo para no caer.

  • •             Dr.  Cárthaigh : He de preguntaros algo, con la sincera esperanza de no molestaros con ello.
  • •             CASEY: Entonces es que esperáis molestarme haciéndola.
  • •             Dr.  Cárthaigh : ¿Habéis estado intentando resolver vuestro problemas de fe?
  • •             CASEY: - mostrándose molesta- Ya os dije que recibí un aviso urgente por temas personales.
  • •             Dr.  Cárthaigh :  En Galway.
  • •             CASEY: ¿Habéis preguntado al cochero?
  • •             Dr.  Cárthaigh : Debéis intentar entenderme- fue interrumpido por el sonido de la silla de ella al levantarse ofuscada-.
  • •             CASEY: ¿Queréis que entienda que pese a dejaros una nota aclaratoria en la que os avisaba , aún así, no conforme con ello, habéis interrogado al cochero sobre mi procedencia?
  • •             Dr.  Cárthaigh : La nota no decía gran cosa. Debéis entenderme, fue todo muy precipitado.
  • •             CASEY: Ya os lo dije , me avisaron que debía partir con urgencia.
  • •             Dr.  Cárthaigh : Pero no me decidáis ni fecha de vuelta ni lugar donde localizaros en caso de ser necesario.

 Su molestia pasó a ofuscación con la misma rapidez con la que sin decir ni una sola palabra más se dispuso a salir de la habitación.  Aen la siguió de cerca mientras trataba de razonar con ella, a su manera.

  • •             Dr.  Cárthaigh:  ¡No me habéis respondido!

Ella siguió con paso firme y decidido sin saber muy bien a dónde dirigirse.

  • •             Dr.  Cárthaigh : ¡¿Realmente qué es lo que os molesta tanto de mi pregunta?!
  • •             CASEY: No es asunto vuestro.
  • •             Dr.  Cárthaigh : ¡¿ Haceros la pregunta o la respuesta?!
  • •             CASEY: ¡Ambas! ¡Por Dios, queréis dejar de seguirme!

Su única salida, salir de la casa. El viento frío que llegaba del mar, fuerte y raudo, la despeinaba por completo tapándole el rostro con el cabello,  dificultándole  poder andar o ver hacia dónde se dirigía.

  • •             Dr.  Cárthaigh : ¡Quizás si no os empeñarais en esquivar mis preguntas os resultaría más fácil !

Casey seguía caminando sin saber bien a donde, de forma incontrolada mientras el Dr continuaba a su saga.

  • •             CASEY: ¡Si dejarais de hacerlas!


Conforme más caminaba, Aen veía que más se acercaba al filo del precipicio , y aceleró el paso para interceptarla.

  • •             Dr.  Cárthaigh : ¡Haced el favor de deteneros, os estáis acercando demasiado al acantilado!

 Pero Casey seguía ofuscada, caminando , casi corriendo sin control. Aen aceleró su paso hasta el punto de poder cogerla por la mano. Ella forcejeó con él sacando fuerzas de no se sabe dónde.  A él le costaba reducirla para que se tranquilizase  puesto que cada vez se acercaba más al límite de tierra.

Prácticamente , tuvo que forzar un gesto  tirando de ella,   y cuando  tuvo su cuerpo junto al suyo, abrazarla para inmovilizarle los brazos y obligarla a sentarse en el suelo.

  • •             Dr.  Cárthaigh : ¡Queréis tranquilizaros de una vez!
  • •             CASEY: ¡Soltadme!
  • •             Dr.  Cárthaigh : ¡Mirad a vuestra derecha!
  • •             CASEY: ¿Qué?
  • •             Dr.  Cárthaigh : ¡Que miréis a vuestra derecha!


Uno de sus pies quedaba fuera del borde, recogiéndolo de inmediato.
Casey no era consciente en ese momento de lo que realmente hubiera pasado si Aen no hubiera intercedido siguiéndola.

Al ver que se había tranquilizado , le aflojó los brazos que la rodeaban hasta soltarla. Ella lo miró , y aquellos ojos seguían observándola de forma diferente a como estaba acostumbrada.

Él, con una de sus manos,  le retiró el pelo revuelto de la cara, y mientras ella no podía dejar de mirar sus labios porque a sus ojos no se atrevía, él , sin pensar, se acercó a su boca tan despacio como temeroso de su reacción. Casey, inmóvil entre abrió los suyos dejándose llevar.
Cuando apenas el roce era el más leve suspiro, algo en él hizo que volviera la cordura .

  • •             Dr.  Cárthaigh :  Será mejor regresar.


Más confusa que nunca, no pudo por más que quedar en silencio consigo misma y sus propias palabras  que se iba diciendo a sí misma.

En la casona, mientras Aen la veía subir las escaleras y oía la puerta de su habitación cerrarse, se dirigió a su despacho abriendo la puerta de golpe y dando un portazo. Se acercó a la ventana furioso consigo mismo, se dio la vuelta, miró hacia su mesa, y de un solo golpe tiró todo lo que había en ella gritando sin importarle quién pudiera escuchar. 

Comenzó a andar poseído por una rabia interior infinita, se paró frente al gran espejo situado en una de las paredes, cogió una botella cuadrada y pesada de licor que tenía a mano, y la tiró contra él rompiéndose en mil pedazos viendo su imagen cuarteada por completo.


Una temible sensación de impotencia podía con él. 
Un terrible sentimiento incontrolado, algo a lo que él no estaba acostumbrado ni podía permitirse.
 Algo que debería comenzar a quitarse de la cabeza .

FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)

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