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| Créditos a quién corresponda |
Casey se acostó pronto aquella noche, se encontraba muy cansada y bastante
aturdida.
En su mente no paraban de aparecérsele las mismas preguntas una y
otra vez, las mismas incógnitas.
Se encontraba más sola que nunca ante algo que
debería serle muy familiar, pero que en realidad no lo era. Demasiados cambios
y ella involucrada. Sin aliados a los que poder solicitar ayuda, en los que
poder apoyarse. En frente, el ritual resultaba ser lo de menos en esta ocasión.
Toda una Convención de poderes juntos. Con los mellizos más poderosos de lo que
la habían advertido, y con una inocente a la que debía sacar de todo esto antes
de que fuera demasiado tarde.
El cansancio devino en sueño profundo. De madrugada, sintió
que algo la tocaba. Un ligero cosquilleo en una de sus piernas, tan insistente
que tuvo que despertarse. Miró hacia
toda la estancia sin ver aparentemente nada, salvo….
Sabía que alguien se encontraba
sentado en la silla pegada a la pared del fondo, junto a la ventana, en la
oscuridad.
- • CASEY: Creía que ya no necesitabas usar esos trucos.
- • BRIAN: Es la única forma de poder tocarte.
Se incorporó hacia delante , la luz que entraba por la
ventana iluminaba parte de su rostro, especialmente sus ojos, aquellos mismos
que en su día le hicieron saltarse toda regla conocida y no escrita , aquellos
que ella nunca olvidó y que volvió a encontrarse en más de una ocasión con el
paso del tiempo.
Sus ojos y aquella forma de mirarla.
Brian siempre supo cómo
hacerla suya sin necesidad de tocarla. Devoraba su esencia más íntima, se
apropiaba de su alma sin necesidad de tener su cuerpo, y con sólo la sensación
le bastaba.
Aquella noche, Casey tuvo la sensación de haber retrocedido al día
en que se vieron por primera vez, cuando ellos eran simplemente Veleda y Eiden,
una cría aspirante a druidesa y el hijo del jefe del clan. Un hombre
prácticamente formado que se había enamorado de una chiquilla , pero no de una cualquiera,
de una que por derecho le estaba prohibida.
Brian no quiso acercarse, se conformaba con poder
contemplarla y que ella se dejase .
- • CASEY: ¿Qué haces aquí?
- • BRIAN: Márchate, esta noche. En media hora podría tenerte preparado un coche y alguien que te lleve.
Brian mostraba sincera preocupación, su rostro estaba más
desencajado de lo normal.
- • CASEY: ¿Qué estás diciendo?
- • BRIAN: Tienes que marcharte Casey, y debe ser esta noche. Mañana por la mañana será demasiado tarde.
- • CASEY: ¿Dónde la tienes Brian?
Él bajó la cabeza, y con sus manos entre su pelo, trató de
conservar la calma.
- • BRIAN: No voy a conseguir que te fíes de mí jamás ¿verdad?
Se levantó de la silla y se acercó a ella decididamente. Se
sentó en la cama, a su lado , y aunque deseaba siquiera rozarla, se contuvo
para no incomodarla .
- • BRIAN: Sigues creyendo que soy yo quién origina todo esto.
- • CASEY: ¿Dónde está?
- • BRIAN: Si no te marchas las dos seréis sacrificadas.
- • CASEY: No puedo irme , y lo sabes.
- • BRIAN: Entonces confía en mí, por una vez.
- • CASEY: No puedo.
- • BRIAN: Claro, prefieres confiar en él.- se rió compulsivamente y alzó la voz- ¡cuando es él quién ejecutará todo mientras los demás hemos sido meras comparsas!- volvió a bajarla sonando lamentosa- cuando él ha fingido amarte y tú te lo has creído , mientras en realidad pensaba lo maravilloso que sería abrirte en canal para lograr su objetivo.
- • CASEY: No sigas Brian.
- • BRIAN: Aquel día, la primera vez que te vi en la celda, cuando me ayudaste, pensé que todo volvería a ser como antes. Te miré a los ojos Casey y eras tú, aquella chiquilla dulce en un cuerpo de mujer.
- • CASEY: Brian, para.
Los crecientes nervios se la iban comiendo por dentro.
Necesitaba que se callara, ansiaba no tener que escucharle más.
- • BRIAN: Aquella chiquilla con todo por descubrir, y que sólo quería ser normal por una vez, amar y que la amasen.
Casey se levantó de la cama a toda prisa, pero antes de que
pudiera alejarse, Brian la había cogido de la mano. Desde su posición, giró
ligeramente la cabeza hacia él que aún continuaba sentado en el borde la cama.
Se dio la vuelta, él, que no dejaba de observarla, tiró de
su mano hacia él ligeramente con la esperanza de no encontrar resistencia , y
así fue. Ella se dejó atraer, y mientras la agarraba fuertemente por las
piernas, abrazándola, apoyaba su cabeza en el vientre.
Un Brian vulnerable por
una razón que desconocía, se le mostraba ante ella sin pudor, sin miramientos,
sin trabas. Buscando un refugio donde poder recalar aunque sólo fuera un
instante. Un abrazo férreo que la dejaba sin escapatoria, y una necesidad de
sentir algo de calor humano, fue lo que él le trasmitió en ese instante.
Dudando entre si hacerlo o no, acercó sus manos para
acariciarle el pelo entrelazando sus dedos en él. Un suave y agradable masaje
sentido que fue correspondido con la elevación del rostro por su parte.
Brian alzó la cabeza, y con sus labios entre abiertos, fue acercándose lentamente a la boca de ella.
Apenas quedaban unos centímetros para unirse .
Ella fue quien tomó la iniciativa.
Casey no era Casey, era Veleda , y Brian era Eiden en
una conjunción perfecta, sólo que con los conocimientos y circunstancias
actuales.
Ambos se dejaron llevar como auténticos amantes desesperados
que no se hubiesen visto en mucho tiempo. Con esa misma desesperación, como si
el tiempo se les consumiera de inmediato, se arrancaron prácticamente la ropa
sin dejar de tocarse y de apoderarse del cuerpo del otro con cada centímetro de
piel.
En un momento dado , Brian , no creyéndose que aquello
estuviera pasando realmente, necesitaba mirarla, necesitaba ver su cara porque
sólo así podría asegurarse de que realmente ella deseaba que ese momento
pasase. Sus manos en ambos lados de su rostro lo separaron del suyo , y con una
sonrisa de felicidad inmensa , vio en sus
ojos y en sus labios el reflejo de la entrega absoluta y devocional.
Cogiéndola de la cintura , con su cuerpo prácticamente
encima, fue incorporándola con mucho cuidado a la cama. Mientras los dedos de
él dibujaban su piel con espléndidas figuras , como si aquella fuese la primera
vez que les fue robada antaño, él la miró condescendiente, casi suplicante.
Mirarle a los ojos bastaba para entender
lo que pasaba por su cabeza.
Olvidándose de lo pasado, ella asintió con una
media sonrisa, y él supo que podía hacerla suya. Una total entrega sin medida
alguna ni límite conocido por nadie, mientras su boca se apoderaba de sus senos
con absoluta voracidad.
Conforme avanzó la noche , y sin que en ningún momento
él quisiera separarse de ella, apenas dio tregua a su deseo. Aquella noche lo daba todo, se entregaba por
completo y recibía lo mismo en mayor medida.
Como si no hubiera existido todo lo de en medio, su lado más primitivo salía a flote. Con adoración absoluto hacia el cuerpo de la mujer que más había deseado y querido, sus manos no daban avío mientras apretaban sus muslos con cada entrega .
Larga e intensa dación de mutuo placer . ella sólo era una mujer esa noche, su mujer, la que debió haber sido.
Cogiéndola de la cintura, y con u cuerpo completamente entregado, le dio la vuelta . En cuanto sus labios comenzaron a apoderarse de su espalda, ella , agarrada con todas sus fuerzas a la sábana, sólo pudo apoyar su frente contra el colchón.
Sólo deseaba que aquello no terminase . Sintiéndole de nuevo suyo con exquisito cuidado, una de sus manos , en su vientre, la incorporaba con delicadeza hasta apoyar su espalda en su pecho y prácticamente sentarla sobre sus piernas arrodilladas.
Él manejaba los tiempos con absoluta perfección, de la misma forma que se hacía con su cuerpo, guiándola con una mano debajo del pecho y la otra en el cuello, mientras ella dejar reposar su cabeza en su hombro.
Cuando ella no pudo aguantar más, aspiró susurradamente su nombre : "Eiden", ambos se miraron y quedaron así abrazados durante bastante rato.
El cansancio y la extenuación
llegaron casi de amanecida, cuando él tuvo que marcharse de la habitación antes
de que nadie le viera salir de ella, no sin antes, darle los más deliciosos
buenos días en forma de besos rozados en su espalda, a lo largo de la columna ,
erizando toda su piel, y haciendo suya su nuca.
Apenas él salía de su dormitorio sigilosamente, ella se
levantaba. Preparó todo para tomar un baño rápido y disponerse a bajar a
desayunar. Nada más llegar al cuarto de baño, alguien la cogió por la espalda de sorpresa, le colocó un
pañuelo en la boca y la nariz con algún
producto que hizo que fuera perdiendo el
conocimiento, mientras , aun manteniendo algo de consciencia, notó un pinchazo
en el brazo.
Aquella mañana, la
casona se mantenía muy agitada. Todo el
personal trabajaba arduamente en tener todo listo para la noche, mientras un ir
y venir continuo e incesante de coches no permitía separarse demasiado de la
puerta, debiendo, uno de los chóferes, quedarse en ella para recibir a los diferentes invitados.
La Dra. Mhic asumió el papel de anfitriona en sustitución
del Doctor que ultimaba en su despacho
los últimos detalles de la noche.
Uno de los últimos en llegar, fue el hombre que debería
ejercer el papel de maestro de ceremonias : EL GRAN MAESE, un harto conocido de
la casa por cierto, y al que se encargó de recibirlo Brian.
- • BRIAN: Excelentísima, bienvenido.
- • OBISPO: Gracias Brian. ¿Aengus?
- • BRIAN: Rematando los preparativos.
- • OBISPO: ¿Aún? Creí que ya estaría todo más que terminado.
- • BRIAN: Hablemos en un lugar más cómodo y adecuado.
Se dirigieron a la biblioteca. Allí, Brian le sirvió una
copa de Oporto.
- • BRIAN: Han surgido algunas contrariedades, pero todo se ha podido resolver satisfactoriamente.
- • OBISPO: ¿Y ella?
Brian intentó darle la respuesta oportunamente correcta.
- • OBISPO: ¿Ha sido una de esas contrariedades de última hora?
- • BRIAN: - pensando en ella y reflejándosele el último rostro que vio de ella ese amanecer.- No . No ha habido problemas.
- • OBISPO: Sabía que era perfecta para esto.
- • BRIAN: Respecto a ella, Aengus ya le dará los detalles pero ha habido que realizar algunas adaptaciones.
El obispo parecía contrariado.
- • OBISPO: Normalmente las variaciones , si no son preparadas y ensayadas con tiempo no suelen recomendarse.
- • BRIAN: Aen ya lo tiene todo más que resuelto, no creo que haya que preocuparse.
- • OBISPO: Eso espero Brian. Eso espero.
Y allí continuaron ambos hombres bebiendo y departiendo en la Biblioteca, mientras Brian no dejaba de pensar en ella.
FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)

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