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| Créditos a quién corresponda |
Aengus apareció en la biblioteca en cuanto le fue posible
para atender personalmente al Gran Maese.
Antes de que Brian se retirase, su hermano le dio una
instrucción que más pareciera una orden.
- • Dr. Cárthaigh: Asegúrate de que se encuentra bien.
- • BRIAN: Lo haré.
- • Dr. Cárthaigh: Espera.
- • Dr. Cárthaigh : Antes de ir , coge otra dosis , puede que la que se le ha dado no sea suficiente- con sonrisa malévola- ¿no queremos que se despierte ante de tiempo verdad?
Brian miró a su hermano intentando disimular la rabia que le
producían esas palabras.
Guardando la llave a buen recaudo, se dirigió al hospital.
Una vez allí, pasó todas las puertas y
todos los controles sin el menor problema. De hecho, hasta logró quitarle, con gran
habilidad, uno de los juegos de llaves a
uno de los guardas.
Su destino: la celda de Keira.
Ella , que se encontraba medio dormida , se despertó
sobresaltada por el ruido pesado y metálico de aquella cerradura. Quién lo estuviera haciendo nunca las había
abierto , pensó.
Cuando se abrió y vio a Brian, se sobrecogió por entero. Fue
la actitud de él durante la visita lo que la tranquilizó.
- • KEIRA: Hice lo que me ordenaste.
- • BRIAN: Lo sé, pero no he venido para eso.
- • KEIRA: Sé a lo que vienes.
- • BRIAN: Entonces ¿también sabrás lo que te depara si no lo haces?
- • KEIRA: Sé lo que nos pasará a todos si tu hermano consigue su objetivo.
- • BRIAN: Lo tendré todo listo para esta noche. La cuestión es si tú estás dispuesta.
- • KEIRA: Resulta conmovedor que después de todo seas tú el que me esté suplicando.
- • BRIAN: -muy serio- No te estoy suplicando.
- • KEIRA: Y ¿si Aen nos descubre?
- • BRIAN: Escúchame, Aen estará muy ocupado con el Maese, y lo seguirá estando hasta el momento justo de la ceremonia. Éste tiene que prepararle. No estará pendiente de nada, por eso lo ha hecho todo antes. – Le entregó las llaves- éstas son las llaves de uno de los guardas, cuando apaguen las luces, tienen orden de desalojar todo, cerrar, y centrarse arriba, así que no habrá nadie. Cuando oigas las puertas, coges las llaves y sales. Dirígete al cobertizo y espérame. A esa hora ya no habrá nadie.
- • KEIRA: ¿Y después?
- • BRIAN: Es mejor que no lo sepas. Ahora me marcho , he de subir al laboratorio.
- • KEIRA: ¿De verdad merece tanto la pena?
- • BRIAN: Siempre.
Él salió de allí a toda prisa. No contaba con demasiado
tiempo para terminar de ultimar lo que aún quedaba por concretar.
Subió al laboratorio
, y buscó algo en uno de los cajones cerrados que aquella llave abría. Cogió lo
que su hermano le pidió y una caja con dos inyecciones.
Al salir de allí, conforme bajaba la angosta escalera de
piedra, procuraba recordar mentalmente lo que aún le faltaba por hacer antes de
que Aen le reclamara. Cuando llegó
al tramo que escondía la otra entrada
,la que se le indicó a Casey, empujó en una de las esquinas y la puerta se
abrió. La escalera continuaba bajando al
menos el equivalente a tres pisos.
Una vez abajo,
atravesaba un largo pasillo con pequeños charcos en el suelo , y un
fuerte olor a humedad. El moho
cubría las paredes convirtiéndolas en un
apoyo bastante inseguro e inestable.
Con unas antorchas dispersas por todo aquel recorrido, sólo
si se había reconocido el terreno previamente un par de veces , se podía
deambular con relativa calma.
Conforme se llegaba
al final del mismo, se comenzaba a ver los primeros atisbos de luz de la gran sala
que se encontraba al otro extremo. Una vez allí, con mucho cuidado, se aseguró de que no hubiera nadie .
Con la sala asegurada , se acercó al altar. Junto a él, en
un atril , se encontraba abierto el libro que con tanto recelo se guardaba bajo
llave, justo por la página de comienzo del ritual que se llevaría a cabo esa
noche.
Brian le colocó momentáneamente el separador justo donde su
hermano lo había dejado abierto, y manejándolo con mucho cuidado, fue directamente a una página situada casi al
final del libro.
Con mucha delicadeza , arrancó dicha página y la siguiente,
se las guardó en el bolsillo izquierdo , y volvió a colocar el libro tal y como
lo encontró.
Volvió a salir y procuró comportarse con toda normalidad.
Subió a la habitación de Casey. En su interior , una de las enfermeras , por
orden de su hermano, la vigilaba.
- • BRIAN: ¿Cómo se encuentra?
- • ENFERMERA: Sigue inconsciente pero estable.
- • BRIAN: Bien , ¿cuándo viene el relevo?
- • ENFERMERA: Dentro de una hora.
- • BRIAN: De acuerdo, entonces márchese , el Dr. Cárthaigh me ha encargado que me quede con ella.
- • ENFERMERA: - dubitativa- es que mis órdenes….. , las de la Dra Mhic……
- • BRIAN: - mostrándose molesto- ¿Hace falta que le recuerde quién manda en realidad en el hospital? ¿Quién firma su orden de contratación ?
- • ENFERMERA: No señor.
- • BRIAN: Bien , entonces márchese, yo me quedaré hasta el relevo.
- • ENFERMERA: Bien señor.
Con la puerta cerrada, Brian se apresuró a acercarse a Casey. Comprobó sus pulsaciones y observó sus pupilas. La dosis de sedante ordenada por
su hermano había sido excesiva para su peso, y ahora, su nivel de inconsciencia no le venían bien ni a él ni al protagonista de la
noche, ya que Casey debía de mantenerse
algo consciente.
Él le remangó el camisón en uno de los brazos hasta situarlo
por encima de la doblez del codo. Sacó la cajita con las dos inyecciones, le
buscó una vena adecuada y se la clavó inyectándole el contenido lentamente.
De
forma casi inmediata, ella movió la cabeza y pareció despertar, muy aturdida y
confusa, y respirando con dificultad. Él
trató de tranquilizarla hablándole y
forzándola a que se fijase en sus ojos como punto único de referencia, tratando
de que se relajase para que pudiese respirar con normalidad. Poco a poco fue consiguiendo volver a la
normalidad.
Fue al cuarto de baño, cogió una toalla pequeña, y la
humedeció para refrescarle la cara.
- • CASEY: ¿Qué ha pasado?
- • BRIAN: Escúchame, tienes que salir de aquí.
- • CASEY: ¿Salir?
- • BRIAN: Esta noche toda la guardia se quedará abajo a partir de las diez, tienes que salir en cuanto ellos se vayan o vendrán a buscarte.
- • CASEY: Y…. y ¿ la chica?- preguntó con dificultad.
- • BRIAN: Lo tengo todo listo para que salgas de aquí, pero tienes que hacerme caso.
Todo estaba previsto,
incluso una barca que la vendría
a recoger con alguien y que la llevaría a lugar seguro.
Aunque le escuchara y supiera que sus intenciones eran
buenas, y que lo hacía por ella, Casey tenía en mente otros planes y otras
circunstancias. No podía permitir que aquello se llevase a cabo, que el rito se
terminase, y que la joven muriera por
los intentos avariciosos de un loco con ansias de poder.
Las pocas horas que restaban desde ese último encuentro
hasta la hora crucial , pasaron más deprisa de lo que ellos dos hubiesen
deseado.
Tal y como Brian le dijo, a las diez, los vigilantes habían desaparecido de la casona otorgándole un
silencio revestido de aparente
vulnerabilidad. Dada la cantidad
y calidad de los importantes invitados que asistían al evento, aquellos
hombres, agentes vigilantes del hospital , fueron encargados de la seguridad de
los asistentes y de su entorno.
Mientras ella se vestía, en la parte baja de la casa, en los
sótanos, justo en la gran sala todo se
estaba ultimando, dos de las mujeres
invitadas fueron las encargadas de adecentar y vestir a la joven que se
encontraba fuertemente drogada y casi sin voluntad.
Ataviada con una túnica blanca vaporosa, le soltaron el
cabello cayendo sobre su espalda. Largo, brillante , sedoso cabello negro que
le otorgaba, junto con la palidez de su tez , blanca y dulce, un aspecto más
aniñado incluso del que cabría esperar por su edad.
Mientras tanto , en
la gran biblioteca , parte de los invitados hacían tiempo departiendo mientras
tomaban una copa, y el Maese (obispo ) y Aen intentaban relajarse.
- • Dr. Cárthaigh: He de reconocerlo, estaba tranquilo hasta ahora que he mirado el reloj……. Y he visto lo cerca que está la hora.
- • OBISPO: Debes tratar de tranquilizarte, esto es un mero trámite para ti. Por cierto Aengus, hace tiempo que quería preguntarte una cosa.
- • Dr. Cárthaigh : Usted dirá.
- • OBISPO: Le he preguntado a tu hermano pero …. No sé por qué me da, que no me cuenta toda la verdad.
- • Dr. Cárthaigh: Pregunte pues.
- • OBISPO: Sé que has cambiado algo en el ritual con respecto a lo inicialmente previsto, ¿os ha causado problemas ?
- • Dr. Cárthaigh: - Pensativo, trató de disimular- No exactamente, pero digamos que ha habido complicaciones no previstas.
- • OBISPO: Es curioso. Tu hermano me dijo exactamente lo mismo, pero no hubo forma de que me especificara.
- • Dr. Cárthaigh : Tampoco es que tuviera la mayor importancia, pero pensé que podríamos variar el ritual al más antiguo, al primigenio.
- • OBISPO: ¡Vaya! ¿Y cuándo pensabas decírmelo? Claro que…. – ligeramente preocupado- Es más largo y ambas sufrirán más- se quedó pensativo un instante, sonrió morbosamente y le miró satisfecho- Brillante Aen , realmente brillante. Ciertamente , creo que atinamos con tu elección en vez de tu hermano, tu cabeza es más fría , distante, idónea para estas cosas.
- • Dr. Cárthaigh: En su día , le prometí que no habría problemas, y que en cuanto el momento llegase yo estaría preparado.
- • OBISPO: Cierto querido Aen, pero también es cierto que tus antecedentes delataban ..¿cómo decirlo? Demasiados fallos más propios de humanos serviles que de señores con rango. Brian siempre llevó la voz cantante y lo sabes.
- • Dr. Cárthaigh: No le niego esa evidencia, excelencia. Pero justamente su carácter hizo perder la confianza de su padre, y de todos los del clan.
- • OBISPO: Ciertamente, conociéndole, lo que me pregunto es si realmente podrá habituarse a su nueva situación. De señor a siervo.
- • Dr. Cárthaigh: Disfrutemos de la copa y de la deliciosa conversación, Gran Maese. Queda poco , y necesito relajarme.
Mientras el sol caía dejando paso a la noche , cerrada y
fría , casi profetizadora de lo que estaba a punto de suceder la hora
trascendental llegó , y todo el hospital se quedó solitario.
Keira , tal y como le
dijo Brian, esperó a que las puertas se cerrasen y todo estuviese tranquilo
para sacar las llaves que él le entregó y salir de allí.
Aengus, en su dormitorio,
terminaba de ultimar los detalles de su vestimenta ceremonial, una túnica
blanca con capucha completamente cerrada y atada a la cintura en un lateral por
un cinturón del mismo color, y por su cuello . Tranquilo y concentrado,
procuraba repasar mentalmente cada uno de los pasos a dar por su parte mientras
el espejo de su dormitorio le reflejaba la figura del Aen que siempre
quiso estar y ser.
La Dra Mhic se encontraba en la gran sala con el resto de invitados, todos ataviados con túnicas moradas,
esperando que el protagonista apareciese acompañado del Gran Maese.
Brian aún permanecía en su habitación, terminando de
preparar el conjuro que arrancó del libro.
Casey , que llevaba tiempo despierta , aunque algo mareada
aún, se refrescó, se cambió de ropa y abrió la puerta de su habitación.
La casa estaba silenciosa, oscura. De no saber que estaba
repleta de gente aquella noche, daría la
sensación del más triste abandono.
Caminó sin apenas hacer ruido y mirando hacia todos lados
por miedo a encontrarse con alguien. Bajó cuidadosamente las grandes escaleras
centrales, y llegó a las que llevaban
al laboratorio, pero oyó algo que
provenía del otro lado de la sala y se escondió como pudo. Una
túnica blanca pasaba corriendo delante de ella en dirección a la
biblioteca.
Decidió seguir a esa persona a distancia razonable. Por su
paso, se diría que llegaba tarde. Andaba
sosteniéndose la parte baja de la túnica,
puesto que no era una persona muy alta y la rozaba en el suelo.
Apresurada , dejaba las puertas abiertas allí por donde
pasaba. Una vez entró en la biblioteca, Casey, desde la puerta de la misma, vio
como esa persona se adentraba en la sala anexa escondida tras las librerías de
clásicos, la sala del piano.
Casey aceleró su paso
para no perderla de vista, atravesando
la gran sala, hasta que se
encontró con otra gran puerta que daba a un angosto pasillo iluminado por
antorchas , y del que parecía provenir una especie de coral de voces suaves con
una especie de rezo en un lenguaje antiguo que ella creyó reconocer.
Aquella persona que perseguía, pareció perderse al final de aquel pasillo,
de donde provenían las voces , cada vez más claras, y una luz.
Conforme ella más se acercaba , las voces eran más fuertes y
claras, y el idioma hablado más
reconocible : Gaélico antiguo y ancestral.
Cuando apenas le quedaban unos pocos metros para llegar al arco de piedra que parecía servir de
entrada diferenciada entre el pasillo y la gran sala, tuvo que agacharse sobre
su vientre. Se encontraba muy mal . Su estómago parecía romperse en pedazos
cada vez que sentía dolores, y éstos ,
una vez comenzados, parecían no tener fín. Cuanto más cerca estaba del lugar, éstos incrementaban su intensidad,
pero pese a todo, sabía que debería
aguantar.
Se asomó ligeramente para ver quién era toda aquella gente
que , en forma circular, rodeaban la especie de altar de piedra, pero las
capuchas les tapaban el rostro.
De pronto , dejaron
de cantar. Se hizo el silencio, y Aengus apareció en escena junto al Gran Maese
, al que Casey , sólo reconoció como tal por su vestimenta: la túnica roja, porque
aún no le había visto el rostro.
Detrás de ellos , otro sujeto revestido también con túnica,
pero morada.
Como en un acto perfectamente coordinado, sólo cuando Aengus se hubo quitado la capucha
y descubierto su rostro, los demás asistentes hicieron lo mismo.
Casey pudo reconocer a la Dra. Mhic, que además portaba algo
cubierto de un paño de terciopelo negro; a Brian , detrás de su hermano, y al
Gran Maese . Al que confesó hasta el más mínimo de sus pesares y dudas, al que
confío su vida . Se quedó de piedra. ¿Cómo podía ser que aquél que la había
criado estuviera en esto y ella no se diera cuenta? ¿Cómo era mínimamente
posible que toda la educación , los consejos , las confesiones, sus dudas se
hubieran visto acrecentadas y no calmadas por aquel que ahora , era capaz de
sacrificar una vida , incluida la suya propia?
Trató de reponerse pensando en la causa por la cual se
encontraba allí.
El Gran Maese hizo un
gesto con la cabeza a la Dra . Mhic , y ésta, seguida por dos mujeres más , se
retiraron .
Mientras Casey tomaba un plano general de la sala, por un
instante, se creyó descubierta por Brian
ya que sus ojos se encontraron brevemente, pero resultó una falsa alarma, ya que de lo contrario hubiera ido a por
ella.
No pasaron más de dos minutos, cuando una corte de tres
mujeres seguían a la Dra Mhic: las dos que la habían acompañado y la joven.,
que debía ser la de la noticia del secuestro en Londres según pensó
ella. El otro objetivo, la razón que
permitiría variar pero llevar a cabo el ritual. Por su rostro parecía relajada
y tranquila , posiblemente drogada dada su enorme voluntariedad. La llevaron
hasta el Gran Maese, el cual le retiró la vaporosa tela que llevaba,
dejando a la vista su joven y hermoso cuerpo desnudo de tan sólo 16
años.
Alguien la cogió en brazos y la subió al altar de piedra,
ella se recostó, y la Dra. y varias mujeres,
le recolocaron el cuerpo de forma que sus extremidades quedaran sobre
los surcos laterales , y sobre el central.
A continuación, el Gran Maese miró hacia detrás, a Brian, y le hizo una
señal. Éste realizó el mismo camino que
previamente había hecho la doctora, y cuando vino, lo hizo acompañado de
alguien cubierto por una túnica morada, como la de los demás asistentes. Al
llegar a su altura, se apartó, volviendo a su posición inicial, mientras el
obispo le retiraba la túnica. Casey no podía salir de su asombro cuando vio
quien era: Keira.
Mucho menos se creyó lo que
escuchó a continuación . El Gran Maese hablaba con ella llamándola
Casey. ¿Qué estaba pasando? Ella no entendía como siendo Keira , viendo a Keira
y escuchándola, ellos pudieran ver y escuchar a otra persona, a ella.
Fijó su vista en
Brian que la tenía justo en frente. Él no le quitaba los ojos de encima. Muy
serio y concentrado. En su mano derecha, cerrada como un puño, parecía guardar algo que protegía férreamente mientras acariciaba
su exterior con movimientos circulares realizados
por su otra mano.
Esta vez , el Gran Maese autorizó a Aen a proceder, y fue él
quien le desató la túnica. Sin saber aún qué estaba pasando, la reacción de él
ante ella no la dejó indiferente. Su forma de mirar a aquella mujer era
idéntica a cómo lo hacía con ella, aunque de forma más altanera.
Casey no entendía qué estaba pasando , mientras se retorcía
de dolor cada vez más intenso.
Aen cogió a la mujer por los hombros y le dio la vuelta. Se
acercó a su oído, y tras unas palabras
, la soltó para que las mismas dos mujeres que habían estado ayudando a la Dra.
Mhic , se adelantaran hasta ella. La
Dra. se colocó justo en frente , y las mujeres, una al lado de cada brazo.
Uno de los asistentes se dirigió detrás de una de las
columnas, y comenzaron a bajar del techo unas cadenas cuya punta se colmaba por
unos amarres de cuero anchos.
Cuando éstos llegaron a su altura, las mujeres
ayudantes, se los colocaron con fuerza ,
mientras la Dra. Mhic remataba la faena
rodeando su cuello con el más grande y ancho .
Keira se encontraba
demasiado tranquila , no parecía ser consciente de lo que estaba pasando o de a
dónde la llevaría, o tal vez, estaba tranquila , porque por fin se encontraba
donde deseaba, logrando terminar con su agonía.
A Brian comenzaba a notársele nervioso.
El collar del cuello no apretaba lo suficiente como para
ahogarla, pero si lo justo para
sostenerle la cabeza y mantenerla con vida el tiempo suficiente .
Ante la señal dada por el gran maese, el sujeto que bajó las
cadenas se mantuvo atento a la próxima señal.
Mientras las mujeres , con sendos puñales de hoja finamente
afilada, procedieron a cortar
ligeramente por encima de las muñecas. La Dra. Mhic , con el que ella llevaba
en las manos, le rasgó el vestido hasta la cintura, siguiendo toda la línea del
esternón, abriéndolo con las manos.
El Maestro de ceremonias dio la señal, y Keira fue subida
pensando que era Casey a la que se sacrificaba.
Desatándose el ropaje
que lo cubría, su cuerpo desnudo parecía deslumbrar en aquel espacio. Su
rostro, con una serenidad inmensa y mucha seguridad en sí mismo, fue el
preámbulo perfecto para lo que vendría a continuación.
Subido en el altar, caminó hasta la cadera de la joven. Miró
a la que creía su Casey , le entregaron el puñal , aquel que Casey había
recordado ver y que en el libro se confirmaba, lo besó, y apuntó a su pecho.
Aengus la miró y ella
le miró a él con tono suplicante para que terminase con aquel suplicio. Él
colocó sus dos manos sobre el puñal, y
con una fuerza inusitada , se lo clavó hasta el mango , ejerciendo fuerza sobre
él conforme descendía desgarrándose todo su ser mientras era subida , y la
abundante sangre que emanaba de su cuerpo enfermo , caía encima del pecho del falso profeta que acabaría de
rodillas , sentado encima de la pelvis de la joven inmóvil en el altar.
La única respuesta por parte de Keira , fue cerrar los
ojos y respirar hondo.
Casey , que lo seguía observando todo, tuvo que taparse la boca con las manos del
espanto que aquella imagen le causaba, no creyéndose que Brian hiciera
nada por ella, aunque aquello tampoco le
supusiera nada agradable a juzgar por su cara.
Pero sí hizo algo, algo imperceptible para los demás pero no
para Casey. Justo en el momento en que ella cerraba los ojos y aquel puñal
comenzaba a quebrarse en su pecho, la mano de Brian dejó de hacer círculos
sobre la otra para parar en seco,
haciendo un leve barrido ,
convirtiendo su puño, en una mano completamente abierta y sin secretos.
La sangre continuaba brotando del malherido cuerpo de Keira
y cayendo sobre el desnudo pecho del operador del sacrificio , recorriéndolo
por completo y llegando a la joven inocente , víctima real de todo esto.
Brian continuaba muy nervioso, mirando a todas partes, buscando algo que no encontraba o cómo si
esperase algo.
Pero el ritual no había terminado, y aquella forma de mirar
de Aengus a la inocente joven , devenía la segunda parte del sacrificio.
Casey recordó entonces,
algo que hasta ese momento se le había pasado . La famosa variación
. Ellos necesitaban alguien de halo
sagrado que otorgara ese carácter al lugar,
y con Keira , cuando ésta llegó
al centro siendo madre superiora, lo tenían más que consolidado. La muchacha
virgen fue en realidad lo que descolocó todo. Al fallar Casey, hubo que buscar
una alternativa, y aquella, era la más rápida posible.
Vuelve a enderezarse, coge el puñal con las dos manos
apuntando al corazón de la chica, y
elevándolo por encima de él.
Casey , muy dolorida y casi sin fuerzas, sin poder soportarlo más , salió corriendo
como pudo de la esquina donde se encontraba en dirección al altar. Al oír el
ruido, Brian la vio y no podía creerlo.
El Gran Maese , se
dio la vuelta y miró para Brian sin saber qué pasaba, volvió a girarse para
centrarse en la mujer colgada.
Como podía, y casi sin fuerzas, Casey empujaba a todo el que
se interponía en su camino en dirección al altar.
Ante el ruido, Aen perdió la concentración, giró la cabeza hacia el lado por donde venía, se sonrió, y justo
cuando el puñal bajaba, Brian arrancó desde atrás para intentar interceptar a
su hermano antes de que Casey llegase.
Aquel puñal, como si de una cámara lenta se tratase, bajaba
con todo el ímpetu de que Aengus disponía en ese momento. Desde su espalda
podía oírse gritar a Brian “ ¡Aengus noooooo! “ con auténtica angustia.
El gran Maese volvió a mirar a la mujer que se encontraba
colgada y que se suponía que era Casey,
y su cara había cambiado , ahora veían realmente quien era,
reconociéndola.
Justo cuando quedaban pocos centímetros para que ese puñal
se clavase en el pecho de la joven, ante los ojos espantados de un Brian que no
había llegado a tiempo para impedir que su hermano continuase, el puñal se
incrustaba en la espalda de una Casey
que en el último instante había logrado abalanzarse sobre el cuerpo de
la inocente , cubriéndola para impedir que la apuñalara.
Todos quedaron horrorizados y sin reacción. La mayoría no
entendía que había pasado. Brian no podía creerse lo que veía, Aengus no
reaccionaba .
Cuando éste vio que su hermano se acercaba para atacarle,
hizo una señal , y dos hombres le cogieron fuertemente impidiéndole llegar. Aen
le retiró lentamente el puñal , comenzando a brotar su sangre. La cogió, y con mucho cuidado le dio la vuelta . Con su rostro
angustioso, que lo observaba, ella le
miró a los ojos, y lo siguiente que él
sintió, fue algo que se le clavaba en el cuello. Con una de sus manos intentó
saber que era, pero la mano ensangrentada de Casey lo decía todo.
Ante esto, los hombres que retenían a Brian aflojaron , y él logró escaparse. Se
acercó al altar , cogió del cuello de la camisa a Aengus y lo
empujó tirándolo al suelo. Con mucha dificultad y cuidado, cogió en
brazos a Casey y la depositó en el suelo, con él. Su sangre comenzaba a
cubrirlo todo. Desesperado, intentaba
taponarle la herida con sus manos pero no daba abasto.
Casey abrió los ojos centrándose en los de él, mientras él
no podía contener las lágrimas.
- • CASEY: - con mucha dificultad- Lo siento.
- • BRIAN: No digas nada.
- • CASEY: -le hizo la señal para que acercase su oído- No pasó nada.
Brian la miraba, ella comenzó a llorar y no era por el
dolor.
- • BRIAN: ¿qué?
- • CASEY: Kael….. no pasó nada.
Él la estrechó contra su pecho lo más fuerte que pudo. Una
de las veces que la oyó exhalar profundamente , sabía que la había perdido. La
separó , y su cabeza colgó hacia detrás sola, y uno de sus brazos cayó como un
pesado objeto sobre el suelo.
La volvió a estrechar
mientras la rabia se apoderaba de él , y un llanto contenido ,por un
sumo dolor, le retorcía el pecho. La
depositó en el suelo con mucho cuidado y fue a por Aengus que se había
arrastrado hasta la columna más próxima , encontrándose éste aún con
fuerzas al no haber retirado el
cuchillo, evitando moverse.
Con un Brian capaz de sentir más odio por él que nunca, Aen
miró a su hermano, suplicante.
- • Dr. Cárthaigh : Ayúdame.
- • Dr. Cárthaigh : Tú lo tenías todo programado, traicionarme, - gritando- ¡a tu sangre!
- • Dr. Cárthaigh : Todo por una mujer, una maldita bruja que tampoco consiguió lo que se proponía. ¿Realmente te ha valido la pena Brian?
Brian , impertérrito, infranqueable, sin duda alguna, y
mirándole fijamente a los ojos, con una de sus manos , hundió aún más el puñal
en su cuello para quitárselo de un tirón
seco, comenzando a brotarle abundante sangre que provocaba que se ahogara en ella
incluso. Y aun así, a su lado , todavía, mirándole a los ojos, le dijo las que
serían sus últimas palabras.
- • BRIAN: Ahora sí.
Poco después , las noticias sobre la misteriosa desaparición
del Dr. Cárthaigh corrieron como la
pólvora por todo Londres. Durante la
investigación que la policía desarrolló al respecto, durante un registro
completo y a fondo de la casona, encontraron
restos de huesos humanos en unos tarros cerrados , en la única vitrina
cerrada con llave y que hubo que romper para acceder a su contenido. Según los
estudios estimativos de los forenses, se trataban de huesos femeninos de
mujeres jóvenes, que posiblemente hubieran muerto de forma traumática.
Cuando la policía descubrió el falso tratamiento a los
pacientes , así diagnosticado por un psiquiatra titulado, cerraron
inmediatamente el centro y detuvieron a la Dra . Mhic como única
responsable, al encontrarse desaparecido
el doctor.
Respecto al Obispo, desapareció de la misma forma que el
agua de lluvia traspasa la tierra . Con la excusa de las nuevas misiones , escribió una carta
que dejó a buen recaudo en la Rectoría donde daba las razones de su marcha, con
vistas a ser entregada a sus superiores al día siguiente de irse.
Nunca más se supo nada del hospital. Una vez cerrado , con
el paso del tiempo y su falta de mantenimiento, el edificio fue deteriorándose.
Nunca pudieron disponer de él puesto que el otro hermano ,
Brian, no había dado señales de vida tampoco. En su día, llegó a decirse , según cuenta una leyenda urbana, que tras
una gran pelea con su hermano, se marchó
de la casona y del hospital en busca de fortuna .
Bastante tiempo después,
se dijo que lo habían visto en el este de Europa, como empresario
naviero de éxito.
Fuera como fuere, en Inglaterra no fue visto nunca más.
BONUS
Londres. En la actualidad.
Un hombre alto, de porte distinguido y elegantemente vestido
caminaba por una de las calles céntricas de Londres junto con uno de sus socios , cerca de los
teatros.
En un momento determinado, le
pareció reconocer algo por el rabillo del ojo. Levantó la mirada para
asegurarse bien. En la acera de enfrente
vio a una mujer , elegantemente vestida con un cabello negro largo y brillante que le llegaba hasta la
cintura.
Le pidió disculpas a su compañero, quedando en verlo en la oficina de los
astilleros y , mirando a ambos lados de la calle, cruzó de acera y caminó
detrás de ella, siguiéndola. Necesitaba
verla bien, ver su rostro del que sólo había podido ver parte del
lateral de su cara, y su pelo. Aquel pelo, aquella melena que le resultaba tan
familiar.
La mujer se detuvo de
pronto. Él lo hizo también, y al fijarse bien en la zona y el escaparate de la
tienda que ella observaba, reconoció el lugar.
Decidido a arriesgarse, le podía más su curiosidad y sus
ansias por confirmar su identidad , que la precaución debida.
La mujer observaba atenta el escaparate cuando sintió una
voz a su espalda “ha cambiado mucho la tienda de la Sra . Pansworth, desde que te vi aquí por primera vez”
Ella quedó paralizada. Sus
brazos apenas respondían. Aquella voz , la misma voz. Se dio la vuelta.
- • CASEY: Sí, mucho tiempo.
- • BRIAN: - con una amplia sonrisa y los ojos llorosos y sorprendidos- No puedo creerlo.
- • CASEY: lo último que supe de ti es que estabas en Viena. No pensé que te dieran ganas de volver a Londres.
- • BRIAN: - cerrando y abriendo compulsivamente sus manos para intentar tranquilizarse, mientras con sus manos, se tocaba ininterrumpidamente los pantalones para intentar calmar sus ansias de abrazarla- He venido por negocios, vuelvo en un par de días. ¿Y tú?
- • CASEY: Yo vivo aquí Brian. Nunca me fui .Nunca quise irme.
Brian se estaba
quedando sin palabras, sin opciones de respuesta. Dio apenas un paso más
para estar algo más cerca. Su expresión seguía siendo dulce , sofisticada.
Casey miró su reloj.
- • CASEY: He de irme.
- • BRIAN: ¿Ya? Lo siento, quise decir claro. Es que…
Brian parecía casi un colegial nervioso y que no lograba casar una palabra
seguida con otra.
- • CASEY: Me ha encantado verte Brian, sobre todo ver que estás bien y no has cambiado.
- • BRIAN: A mí también me ha encantado.
Casey se dio la vuelta , pero sintió una mano que le impedía
proseguir cogiéndola del brazo. Ella giró la cabeza , él la soltó, ella le miró
y tras una ligera sonrisa, le ofreció su mano.
FIN.
FDO: ANA PATRICIA CRUZ LOPEZ
(Todos los derechos reservados)

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