sábado, 11 de abril de 2015

ELECCION . Capítulo vigésimo primero (Rated +18) (Registrado 24 Septiembre 2014)

Créditos a quién corresponda
A la mañana siguiente,  la jornada se desarrollaría desde bien temprano en el laboratorio. 
Aen se encontraba realizando inventario de todo lo que tenía y poniendo algo de orden , mientras Casey  etiquetaba las dosis medicinales.

El silencio era el protagonista; un silencio sólo interrumpido por el sonido sordo e íntimo de las miradas furtivas que ambos se intercambiaban  de vez en cuando.

Aengus,  había suavizado sus gestos, hasta su tono de voz parecía distinto. Los gestos de cariño aprovechando su paso al lado de ella eran casi constantes. Una mirada suya, una leve sonrisa, sus labios…. Cualquier pequeño detalle, por muy insignificante que pareciese,  le bastaba para que el doctor sonriese por unos instantes y se volviese más humano.


Se acercaba la hora del almuerzo y él dispuso que se lo subieran para los dos en el laboratorio, era importante no perder demasiado tiempo y todo debía estar listo ese día.
Se preparó una de las mesas cerca de un ventanal, con vistas a la costa y al prado. El día invitaba a disfrutarlo en su exterior, con el cielo despejado y una brisa agradable, pero el trabajo era lo primero, especialmente porque se esperaba una nueva entrega y los productos no debían mezclarse.

Durante el almuerzo, Aen no paraba de observarla. Por su expresión podría decirse que ansiaba comentarle algo o preguntarle cualquier cosa.

  • •             CASEY: En algún momento vas a tener que decirme qué ocurre.
  • •             Dr.  Cárthaigh  : Tengo que ir a  Londres mañana por la mañana y quiero que vengas conmigo.

Ella se encontraba bebiendo algo de vino cuando, sorprendida por el ofrecimiento, se atragantó.

  • •             CASEY: ¿Qué te acompañe? Pero…. ¿quién se quedaría a cargo de todo esto?
  • •             Dr.  Cárthaigh  : La Dra. Mhic como siempre, ya era así  antes de que tú llegases.
  • •             CASEY. Pero…
  • •             Dr.  Cárthaigh  : Normalmente voy y vengo el mismo día , pero he pensado que podría estar todo el fin de semana,  y tú pasarlo conmigo. Aprovecharíamos para ir al teatro, a cenar, y quién sabe, quizás alguna carrera de caballos que hace mucho tiempo que no piso el hipódromo.

 Pese a resultarle extraña tal petición  no pudo decirle que no. Dada la cara de felicidad que mostró después de su respuesta , posiblemente no le hubiera importado contestarle antes,  incluso porque la misma resultaba impagable.
Claro que aquella incipiente felicidad duró relativamente poco cuando Casey,  se dio cuenta de que no poseía la ropa adecuada a los planes de Aengus. Él le prometió solucionarlo nada más llegar a la ciudad.

Aquella tarde, después de que todo estuviese listo para su marcha antes del amanecer, Casey bajó a la biblioteca para coger prestado un libro que llevarse. Al llegar,  oyó  música de piano, miró al fondo y efectivamente la sala anexa se encontraba abierta.  Se encaminó toda decidida,  pero de pronto la música paró haciéndose el silencio en toda la estancia.
Nada más atravesar la puerta, sintió como algo le tiraba fuertemente del brazo empujándola contra la pared, le tapaba la boca y oyó cerrar la puerta. Cuando logró reaccionar vio que se trataba de Brian.

  • •             BRIAN: ¿Así que te marchas con él ?  ¿Te ha dicho para qué te lleva realmente?

Cuando él reaccionaba de esta forma lograba atemorizarla hasta cierto punto. Ella misma había tenido que reconocer su enorme poder acrecentado con los años , lo que le convertía en alguien al que tener mucho respeto.

Le retiró lentamente la mano de la boca para darle oportunidad de que hablara.

  • •             CASEY: No , no lo sé y no me importa.
  • •             BRIAN: Pues debería, porque creo que le vas a romper el corazón cuando le tengas que dar una respuesta.
  • •             CASEY: ¿De qué estás hablando ahora?
  • •             BRIAN: El listillo de mi hermano sabe quién eres y lo que eres pero no conoce las reglas que nos manejan a ambos en realidad, especialmente las vuestras. El muy iluso, cree en el fondo que eres una mujer normal con cierto poder , una hechicera humana, no sabe nada de los códigos , de las tradiciones, de las prohibiciones. 

Brian se alejó de ella para acercarse al piano y sentarse en la tapa que cubría las teclas.

  • •             BRIAN: Quizás deberías dejarle claro algunos temas antes de proseguir con él. Porque ciertamente, cuando vuelva decepcionado y cabreado de Londres,  quien va a tener que soportar su déspota actitud voy a ser yo, y no me apetece.
  • •             CASEY: Estoy cansada de tus enigmas y tus acertijos Brian.
  • •             BRIAN: Bien, ¿quieres claridad? Tendrás claridad. Mi hermano tiene rondando en su cabeza privilegiada la idea de pedirte que te cases con él, y lo hará en un momento determinado cuando estéis allí.  Ciertamente será muy curioso observar su cara cuando tengas que decirle que no puedes aceptar, salvo……..
  • •             CASEY: No sé qué estás buscando ahora Brian, pero tu hermano no tiene en mente hacer eso, ni siquiera lo ha pensado.
  • •             BRIAN: ¿Estás segura? Mi hermano piensa que aún sigue en pie nuestro plan inicial, y que haciendo esto podría librarte. Pobre iluso, aún desconoce que decidí variar los planes iniciales y que tú ya no entras en ellos, no al menos como estaba previsto.

 Casey se encontraba muy desconcertada, no sólo por la noticia que Brian le estaba transmitiendo y de la cual , en lo más adentro de su interior no dudaba, sino además por el temerario adelanto de cambio de planes. Algo se le escapaba y en aquel instante no era capaz de casar ideas. Nadie le había hablado de la posibilidad de cambios, los rituales estaban escritos y eran demasiado definidos. Por otra parte,  los tiempos seguían siendo los mismos y materialmente no quedaba mucho para que todo se realizase en la noche prevista, y por si fuera poco,  Brian destapando esos nuevos planes tan abiertamente, como queriendo demostrarle que nada había cambiado,  y que él es quien maneja toda la situación mientras Aen es una simple marioneta.

  • •             CASEY: No puedes variar los rituales ancestrales , y lo sabes.

Brian se rió abiertamente. Aquella sonrisa y su postura de aparente seguridad , con los brazos cruzados sobre el pecho y la barbilla levantada, no dejaban menor duda de que sabía lo que estaba haciendo.

  • •             BRIAN: Querida , nadie ha hablado de cambiar el  ritual, pero resulta que alguien que debía facilitarlo ha decidido estropearme el momento culminante y ya no me vale, así que el único elemento esencial tendrá su correspondiente sustituta,  y éste podrá llevarse a cabo, y respecto a ti, ya me encargaré yo de que ocupes el lugar en él que mereces.

Casey se acercó a él bastante ofuscada, pero procurando mantener cierta distancia.

  • •             CASEY: No podrás culminarlo, no voy a dejarte , aunque me deje la vida en ello.
  • •             BRIAN: Querida  Veleda, quizás no seas tú la que la pierda en el intento de impedirlo, puede que alguien decida que debe sacrificarse para que tú vivas, o ¿no es lo que te pone  tu libro especial? ¿el que te entregó tu amigo el Sr Obispo? ¿No es cierto que hablaba de “un sacrificio realmente personal, salido del corazón del que ama verdaderamente”?

 Casey se daba cuenta del poder que realmente había alcanzado en este tipo de gestos . Capaz de introducirse en el cuerpo y la mente de otro sin que nadie, ni la propia víctima , fuese consciente de ello.  Vanagloriándose de su capacidad de demostrar a quien tenía en frente,  que podía saber qué pensaba y qué hacía en cada instante , que podía tenerle vigilado sin ningún esfuerzo. 
Negarle la evidencia era harto ridículo e inútil, él sabía que era cierto y de nada servía tratar de engañarle.

  • •             CASEY: ¿Y qué más has visto Brian?- le dijo desafiante-.
  • •             BRIAN: ¿Crees que hay algo que no haya visto? – se levantó  y al llegar hasta donde ella estaba comenzó a andar alrededor suyo, mirándola de arriba abajo- Aún estás a tiempo, no se te permite casarte con humano de otro clan,  pero nada dice que te prohíba unirte a otro como tú.- se colocó a su espalda y se le acercó al oído- Sería tan fácil, y más aún hacerlo esa misma noche- con tono emocionado- Fastuoso.
  • •             CASEY: Nunca me tendrás Brian, ni tú ni los de tu clan. Antes preferiré estar muerta .
  • •             BRIAN: - Delante de ella y con gesto y tono serio- Entonces que así sea.

 Casey se marchó a su dormitorio con el convencimiento de que apenas le quedaba tiempo para actuar y que se veía sola. Si realmente los cambios anunciados se llevaban a cabo, ello significaba que ya había dejado de ser un objetivo , pero entonces Brian había buscado a otra víctima , la cuestión era quién.

El coche saldría la mañana siguiente ,  poco antes de que los primeros rayos de sol comenzasen a aparecer, era la única forma de llegar lo suficientemente temprano a Londres y especialmente al puerto,  donde esperaba encontrarse con la misma gente que como siempre, desde hacía años, le traía puntualmente la mercancía cada dos meses.
El camino se hizo relativamente corto dada la conversación que ambos mantenían en el coche, llegando al puente sobre las diez de la mañana.

Les dejaron en el hotel y el chófer fue a aparcarlo una vez bajaron las maletas.  Un botones les acompañó amablemente a la recepción. Sorpresivamente, Aen tenía reservadas dos habitaciones contiguas con puerta separadora en su interior. Casey no sabía si por ser demasiado previsor contando con que ella le diría que sí, ni , en ese caso, cuánto tiempo lo llevaría pensando; o más bien , costumbre suya para no tener a nadie al lado ya que su habitación habitual daba a la pared de la calle.

Tras refrescarse ligeramente, ambos decidieron dar un paseo por las bulliciosas calles londinenses, y para sorpresa de ella , la hizo adentrarse en una de las boutiques más conocidas  de la ciudad , donde resultó que él era conocido de la dueña, lo que le descubría a un Aen no tan reservado y antisociable como daba a entender.
Tras salir de allí , con dos modelos más apropiados a los planes sugeridos que serían enviados al hotel de inmediato, pararon en una pequeña tetería para tomar un tentempié.

Aengus se convirtió increíblemente  en una compañía más que agradable . Imagen la suya, muy distanciada del individuo oscuro y constantemente preocupado por su trabajo que parecía atesorar sus propios problemas y los de los demás.
Aquel mismo día,  aprovecharon para ir al teatro y ver una obra que llevaba en cartel mucho tiempo recibiendo  las mejores críticas de  forma continua durante semanas, y al día siguiente , tocaría visita al hipódromo tal y como él le había prometido. Para Casey , todo aquello era nuevo y desconocido, y como si de una niña pequeña a la que le descubrían el mágico mundo que pudiera encontrarse en el interior de un armario secreto o detrás de un espejo, ella recibía todas aquellas experiencias y visiones totalmente sobrecogida, pero muy emocionada. Aunque sólo fuera por unos instantes , disfrutaba de ser simplemente Casey, una mujer , joven, viva, y acompañada por un galante caballero de modales exquisitos,  guía voluntario de las muestras más evidentes de aquel nivel de vida al que él sí estaba acostumbrado.

Aquella noche de sábado culminaba, después de un día muy intenso, con una cena ligera en el restaurante del hotel. Desde media tarde, Aengus se mostró ligeramente distinto, más preocupado de lo que había estado el día anterior, y sin dejar de observarla.  Alguna sonrisa cómplice de vez en cuando , parecía devolver a la situación cotidiana con la que se había comenzado ese fin de semana. 
De hecho, cuando ambos se acostaron , mientras ella dormía plácidamente rendida por la intensidad del día, él velaba su sueño, despierto, acariciando su desnuda  espalda , observando cada centímetro de su piel, su rostro de ángel .

Y así pasaron las horas, y Aen, sin poder ni querer dormir, quedó maravillado por la imagen de la dulce cara de Casey,  iluminada por los primeros rayos de sol que entraban a través de la ventana abierta.
Ella abrió los ojos  , y la primera imagen que se encontró fue la de él , mirándola apoyado  sobre uno de sus brazos mientras con su otra mano hacía suya su cintura.
Aquellos ojos, los de él, hablaban por si solos, y antes de que pudiera decirle nada, ella se levantó de la cama y cogió la primera prenda de ropa que tenía a mano, una camisa de él colocada encima de una de las sillas. 
  • •             Dr.  Cárthaigh  : Casey.

Ella respiró profundamente. Aquello parecía el preámbulo de una conversación mucho más seria.
  • •             CASEY: Será mejor prepararnos para salir temprano y así llegar antes de que la tarde nos sorprenda.

Dejó la camisa de nuevo en la silla y fue a darse un baño. La deliciosa imagen de aquel cuerpo desnudo caminando sigilosamente haca el cuarto de baño resultaba altamente reconfortante.

Cuando ella salió , Aen ya estaba medio vestido , con la camisa a medio abotonar y el chaleco completamente abierto. De pie,  en frente del gran espejo del dormitorio. La imagen de aquel perfil suyo  y como una de sus manos , cubierta con crema de jabón, se deslizaba lentamente por parte de su cara hasta cubrir parte de su cuello , le resultó harto placentera,  no pudiendo evitar apoyarse en la moldura de la puerta del baño y observarle, y perseguir con sus ojos   aquella mano que se extendía como si se acariciase a sí mismo. 

En un par de ocasiones,  él la miró soslayadamente, y como si tratara de provocarla, al verla apoyada sobre sus manos  en aquella puerta, con aquella cara de niña tentada y ansiosa,  se enjuagaba las manos en el balde de agua que tenía justo delante, secándoselas   en la pequeña toalla situada a su izquierda.

Cogió la navaja de afeitar, la abrió, y seguidamente, la miró de medio lado señalándole si le apetecía hacerlo a ella. 
Él cogió una de las sillas libres y la acercó al mueble donde estaba el Balde, se sentó  y extendió su brazo para ofrecerle la navaja.
Casey se acercó  y se adentró en el interior de sus piernas abiertas. Le cogió la navaja, le levantó la barbilla un poco y mirándole a los ojos le preguntó: “Confías en mí”. Él miró la navaja, devolvió la mirada hacia ella, y le contestó :” Enteramente”.

Con mucho cuidado, ella depositó la afilada hoja en la base del cuello de él, y ascendía a lo largo del mismo tan segura como lentamente, mientras él se mostraba todo lo seguro que podía al haber cedido su cuello por primera vez  a alguien. Para él, sentir el frio filo en su piel y como ella se apoderaba de lo que más preciaba,  le resultaba una situación más tensa de lo normal por mucho que confiase en ella.
A cada pasada,  ella se giraba para limpiarla en el balde dejando a la vista  su cuerpo desnudo,  ligeramente cubierto por una bata.  Sus ojos, en cuanto ella volvía su vista en él, ya le decían con bastante claridad en lo que él se centraba para relajarse.

Al llegar a su barbilla, tan pronunciada y de líneas tan marcadas , tuvo que levantársela algo más y pedirle que se estuviera quieto.
Conforme ella pasaba con mucho cuidado la navaja por su filo, comenzó a sentir que las manos de él le abrían la bata y se introducían  en su interior buscando el contacto de su piel por su exterior.

Casey, intentando tener cuidado y no desconcentrarse, procuró pasar la navaja con mano firme mientras sentía sus dedos subiendo poco a poco  por sus muslos.
Conforme la presión de sus manos sobre su piel crecía, a ella le costaba cada vez más mantener el pulso firme debiendo parar.

Sentir como sus manos se volvían en locura compulsión , hizo que tuviera que separar la navaja de su cara, y que no pudiera evitar dejarse llevar, hasta que hubo algo que no le pareció normal . Aen era apasionado cuando se encontraba a solas con ella, pero la derivación que estaba adoptando aquella forma de tocar, no era propia de él. Se encontraba mirando hacia abajo y ella creyó reconocer la situación, en sus adentros esperaba que no fuese cierto.
  • •             CASEY: ¿Aen?

Él no respondía, seguía con la cabeza baja  mientras se apoderaba poco a poco de su intimidad.

  • •             CASEY: -temerosamente- ¿Brian?

Él levantó la vista muy despacio, y efectivamente sus ojos no eran los mismos. Al verse descubierto la cogió con más fuerza aún hacia él, a lo que ella intercedió una de sus manos en su clavícula para separarle . Al ver que no cedía,  sacó su otra mano de la espalda y con la navaja abierta  se la mostró amenazante.
Él se detuvo en seco  e intercaló sus ojos a la misma y al rostro amenazante de ella.

  • •             CASEY: ¿En serio quieres jugar a esto Brian? Porque  yo empiezo a cansarme.

Él guardaba silencio aunque realmente le resultaba intimidatorio ver aquella cara de Casey y la navaja en la otra mano de la forma en la que la portaba.

  • •             Dr.  Cárthaigh  :  -susurrando- No puedes hacerlo y lo sabes.
  • •             CASEY: ¿Estás seguro? Tiéntame.

 Él se  quedó mirándola fijamente,  y a la navaja por el rabillo del ojo. Sólo una reacción, una palabra mal dicha y ella pondría fin a todo.

 La tensión entre ambos casi podría cortarse con un cuchillo. El cuerpo de Casey, enormemente tenso , se encontraba flanqueado por los brazos de él y su propio cuerpo. El Dr.  Cárthaigh (Brian) sabía que ella podría ser capaz de acabar con él si se lo proponía, pero aun así tenía una duda, y esa duda es la que le otorgó margen de juego.

  El Dr.  Cárthaigh  (Brian) la sostuvo fuertemente por la cintura con una de sus manos mientras que con la otra, en la nuca, atraía hacia su rostro el de ella. Quería saber si realmente era capaz de hacer lo que estaba pensando y deseaba

El tono de su voz siguió siendo susurrante, casi hipnotizador. Sabía el poder que ejercía sobre el que no resistía la tentación de escucharle. 
No era la primera vez que lograba lo que se proponía con sólo las palabras justas, aunque con Casey aún no lo había probado.

  • •             Dr.  Cárthaigh  (Brian): ¿Serías capaz de hacerle daño a quién se supone que amas?
  • •             CASEY: Tú no eres Aen.
  • •             Dr.  Cárthaigh  : Es cierto, yo no soy el endeble y debilucho de mi hermano.

Sus manos se iban apoderando del cuerpo de Casey sin que ella pudiera hacer nada.

  • •             Dr.  Cárthaigh  : Pero, eso ya tú lo sabes ¿verdad?- se fijó en sus ojos  y le observaban fijamente sólo como recordaba haberlos visto una vez, hace mucho tiempo- .

 El mirarle a los ojos le traía viejos recuerdos, recuerdos de su propia historia. De aquella historia que ambos tenían en común  y de la que apenas se  sabía nada salvo por los  más viejos lugareños de las colinas , creyentes en las mitologías celtas, que  disfrutaban de contar a sus nietos.
Aquellos ojos no habían cambiado. Aquella expresión de su cara al mirarla tampoco. En realidad , él nunca supo hacerlo de otra forma, jamás quiso intentar evitarla , ocultarse. Simplemente no pudo.

Esas historias contaban que................... 
“//Veleda era apenas una cría de 14 años , muy avanzada para su edad y muy inteligente. Las druidesas más ancianas ya la preparaban desde que apenas contaba con tres como era tradicional para aquellas que habían nacido con un fin concreto, y ella lo había sido para ser druidesa de primer grado, el máximo nivel al que se podía aspirar.
Él  se llamaba entonces Eiden ( galeico , FUEGO) y tenía apenas 20 años cuando la vio por primera vez, al regresar de una cacería.
A las jóvenes aspirantes se las mantenía prácticamente ocultas hasta llegada cierta edad, en el más absoluto de los recogimientos, por lo que pese a convivir en el mismo poblado jamás habían podido verse.
Aquel día regresaba él junto a su padre y toda la cuadrilla de hombres destinados para cazar , cuyos caballos portaban las piezas conseguidas en la jornada.
Cuando se dirigían al punto concreto en el que se entregarían los animales para ser preparados, tuvieron que pararse para dejarlas pasar .
Había una norma no escrita que se inculcaba a todos los niños desde que eran pequeños: nunca se las debía mirar a los ojos directamente salvo que ellas lo pidiesen.

 Eiden distendía con su padre,  cuando vio por el rabillo del ojo a una joven pasar con media cara cubierta por un velo, y de la que sólo recordaba llamarle la atención por sus largas pestañas. Al ver su padre cómo  se quedaba observándola, le dio un toque en la espalda para que bajase la cabeza como correspondía en señal de respeto.
La comitiva se detuvo durante un instante justo dónde se encontraban ellos, y él no pudo evitar subir su mirada sin mover la cabeza para poder verla mejor, pero sólo pudo ver su mano, una mano delgada, de dedos finos y piel blanca que no podía permanecer quieta . 
Veleda se sintió observada y ladeó ligeramente la cabeza hacia él, pero sin mirarle directamente. La comitiva prosiguió, y cuando los hombres se incorporaron, él no pudo evitar seguirla con los ojos para intentar verle el rostro.
Su mejor amigo, Kael (galeico. Esbelto. Más tarde Aengus ) al observarle se acercó a él y cogiéndolo del brazo  se lo llevó a parte.
Criados juntos como hermanos,  al quedar huérfano Kael, eran inseparables. Aunque sus caracteres fueran distintos , Kael siempre ejercía de protector con Eiden ya que su impetuosidad  le había traído más de un problema.
  • •             KAEL: Eiden debes olvidarte de ella. Sabes perfectamente que cualquier intento podría costarte no sólo el enfado de padre sino tu desacreditación social.
  • •             EIDEN: ¿No sé de qué me estás hablando?
  • •             KAEL: Y además ella precisamente. Olvídala, hazme caso.

Pero Eiden no pudo  olvidarla. Todas las mañanas , bien temprano, las llevaban desde  sus aposentos hasta el cerro cercano para  los rituales de entrega, y todas las mañanas, Eiden esperaba paciente desde donde no fuera descubierto , para verla pasar.
Él , siendo quién era, el hijo del jefe del clan, conocía mejor que nadie las reglas , las escritas y las no escritas, pero algo en su cabeza no dejaba de perseguirle desde que apenas la vio , y necesitaba acercarse un poco más.
Una tarde, ella fue enviada para  colocar las nuevas ofrendas en el cerro. Fue sola, aunque alguien la acompañaba en la distancia. Al llegar , se sentó,  y cuando hubo colocado todo , un leve ruido a su espalda le confirmaría lo que ella presentía.
  • •             VELEDA: Mucha curiosidad debes tener cuando arriesgas tanto por una visión que te está prohibida.

Eiden salió de los matorrales donde se encontraba apostado y se acercó muy despacio quedando a una distancia prudencial.
  • •             EIDEN: no voy a negar lo que es evidente, especialmente para ti, ya que no se te puede mentir.
  • •             VELEDA: ¿Sabes que te pasará si te cogen aquí verdad? Sobre todo siendo quién eres, Kael, hijo de Alai( defensor de los hombres), el gran jefe del clan.
  • •             EIDEN: Lo sé.
  • •             VELEDA: ¿Y aún así te arriesgas?
  • •             EIDEN: Sí.

Eiden dio algunos pasos más para acercarse a ella pero Veleda tuvo que detenerlo.
  • •             VELEDA: No sigas. Márchate por dónde has venido, alguien te está buscando.

Nadie en el clan osaba discutir con ellas. Era inútil no hacer aquello que ordenaban. Así que él se dio la vuelta y se marchó, pero no cesó en su empeño. 

Pasó mucho tiempo antes de que pudiera volver a encontrar otro momento de tranquilidad en el que poder acercarse tanto a ella y hablarle , oportunidad que aprovechó para, decididamente, intentar verle el rostro .
Y esa oportunidad se dio justo antes del solsticio de verano. A ella le habían encomendado realizar todos los preparativos para el ritual nocturno , y como siempre , iría sola. Igual que en la ocasión anterior, Eiden la siguió hasta el cerro,  pero cuando llegó a la cima, decidió no ocultarse.
  • •             VELEDA: Tienes a quién salir. Eres tan cabezota como tu padre.
  • •             EIDEN: Procuraré tomármelo a bien.

Con media sonrisa picarona fue acercándose a Veleda. Ella deambulaba de un lado a otro , grácil y delicadamente colocando todas las cosas en su respectivo lugar.
Mientras se acercaba con cuidado, intentaba que su rostro quedase justo a la vista, pero ella, siendo más previsora y lista, lo mantenía oculto.
  • •             VELEDA: ¿Por qué ese empeño?
  • •             EIDEN: Porque desde que te vi , y sólo pude hacerlo de tus ojos y no por entero, no puedo quitarte de mi cabeza.
  • •             VELEDA: Eso os pasa a todos con nosotras, y sabéis que no os conviene, por eso se os prohíbe mirarnos.
  • •             EIDEN: pero…
  • •             VELEDA: sabes perfectamente por qué se os impone esa regla. Apenas me has visto y fíjate el efecto que produzco en ti, ¿qué crees que pasará si me miras a los ojos directamente?

Fue rodeándola hasta que , quedando justo delante de ella y sin escapatoria , la agarró de los brazos para impedir que pudiera huir. Ella se mantenía con la cabeza baja. Eiden la soltó para , con mucho cuidado, retirarle el velo de la cara hacia detrás.
  • •             VELEDA: No deberías estar haciendo esto.
  • •             EIDEN: Asumo el riesgo, pero necesito hacerlo.

Su tez blanca contrastaba con aquella luz del atardecer. Parecía irreal. Al cogerle la barbilla para elevarle el rostro , apenas imperceptiblemente, pudo comprobar la calidez de su piel y su suavidad.
Una vez su cabeza estuvo a su altura, ella , aún con los ojos bajos, intentaba evitarle las consecuencias de lo que él buscaba con tanta ansiedad.
  • •             EIDEN: Mírame.
  • •             VELEDA: Sabes que si lo hago ya no habrá vuelta atrás.
  • •             EIDEN: Lo sé.

Ella subiendo su vista,  dibujando cada una de las líneas que trazaban el rostro de él: su barbilla y mentón marcados, sus labios finos y definidos con un pequeño hoyuelo debajo del labio inferior, su nariz , y finalmente sus ojos. Unos ojos que mostraron toda la alegría que pudieron y  cuya sorpresa por la aceptación de la ofrenda , resultó más de lo que su dueño podía esperar.
No hizo falta decir nada, ni hacer nada más, sólo que ambos se miraran para entender qué pasaba.

Y la vieja tradición, la vieja regla no escrita se cumplió , como antaño lo hizo con otros. Una vieja norma que señalaba que no se las debía mirar directamente a los ojos porque se enamoraban de ellas siendo el más cruel de los destinos puesto  que no podían pertenecer a nadie  , y menos aún se les permitía amar a determinados individuos, sobre todo a los que eran como ellas, y ese es un aspecto que Eiden aún  desconocía, no así ella.

El tiempo prosiguió para los dos, y aún continuaron viéndose a escondidas. Él seguía aprovechando aquellas ocasiones en que a ella la dejaban sola , mientras ella continuaba su preparación.

Sin embargo, a él le costaba cada vez más disimular lo que sentía cuando la veía, su expresividad era demasiado evidente, y un  día, estando con Kael , éste tuvo que hablar sinceramente con él.
  • •             KAEL: Así que no me hiciste caso?
  • •             EIDEN: ¿Cómo evitarlo?
  • •             KAEL: De todas las mujeres del poblado vas a enamorarte justo de la que no debes . Nunca será tuya y lo sabes.
  • •             EIDEN: Pues no entiendo por qué. Soy un hombre como todos los demás , y cuando mi padre fallezca ,…
  • •             KAEL: Si tu padre se entera de esto te puedo asegurar que nombrará a otro. Yo soy un hombre más pero tú no , eres  más que el hijo del Jefe, eres un ardtiarna ( gran señor).
  • •             EIDEN: Aún no.
  • •             KAEL: Nunca lo permitirán, si la descubren, serán ellos quienes le elijan al hombre .
  • •             EIDEN : No permitiré que la descubran.
  • •             KAEL: No hará falta, ellas lo acabarán descubriendo al final. Ellas lo saben todo.

 Una tarde en que ambos aprovechaban que estaban solos en el cerro, él no pudo resistir la tentación acariciar su rostro y besarla, y fue en ese momento cuando un tropel de gente del poblado, soldados y damas protectoras de las druidesas se presentaron de improviso separándoles. 
Él , pese a los forcejeos y la resistencia , fue retenido entre cuatro hombres y llevado ante el Consejo del poblado presidido por su padre. 
Ella fue llevada ,  a la fuerza ,pese a los gritos de desesperanza ,  al templo dónde se la encerró aislada hasta nueva orden.

En el consejo, la ofuscación y rabia interior de su padre se externalizaban de tal forma que todos le tenían un miedo atroz, todos menos su hijo. Eiden había obrado mal y era consciente de ello , asumiendo cualquier consecuencia que pudiera depararle, pero su cabeza se encontraba en otro lugar en ese instante: en el templo y las celdas de aislamiento.
Tras juzgar otros hombres del Consejo duramente a Eiden por infringir las normas siendo quién era, se le comunicó la decisión  de la mayor de las druidesas. 
Veleda sería entregada a Kael como castigo por su actitud . Él , que se encontraba en la misma sala para dar apoyo a su casi hermano, no podía creer lo que estaba escuchando. Y Eiden, al oír el nombre de Kael, se dio la vuelta y su mirada de desesperación se compenetraba con las negaciones en gestos con su cabeza.
Eiden,  evitó la deshonra,   no así la mancha social que esto le supuso mientras vivió, porque los ancianos del Consejo se apiadaron de él. En lo que respecta a Veleda, después de la noche de la entrega, jamás volvió a salir de la reclusión de la celda de aislamiento, en la que permanecía por voluntad propia, prosiguiendo en ella su formación.
Pasado los años, muerto su padre, Eiden se convirtió en el jefe del clan, y pese a los años pasados jamás logró olvidarla.
El mismo día de su nombramiento oficial, las druidesas adoptaron la resolución de enviarla fuera del poblado para terminar su formación en otro lugar. Cuando le informaron de que se encontraba en el camino, cerca de los límites exteriores, cogió su caballo y fue a dar con ella.
Al encontrársela a caballo, sola, cabalgó prestó hasta llegar a su lado. Cuando ella hubo    levantado su rostro, éste había permanecido igual, pero su tez estaba cambiada y su mirada resultaba tremendamente triste. Sus ojos se habían hundido posiblemente de tanto llorar  y se encontraba visiblemente cansada. 

•             EIDEN: Volveremos a encontrarnos.
Una lágrima de uno de sus ojos supuso el punto de partida de la continuación del camino, y aquella imagen suya marchándose,  fue lo último que vio de ella y supo.///”


De vueltas a su realidad, a aquellos que vivían en ese instante, ambos habían tenido el mismo recuerdo al mismo tiempo, y la lágrima que él vio correr entonces en la mejilla de Veleda, la vio huir en ese instante en  la de Casey.
La soltó, y con el anverso de una de sus manos  intentó detenerla, pero no pudo evitar cogerle suavemente la cara con ambas manos y acercarse a ella para besarla , siendo correspondido en ese acercamiento por ella.

Apenas unos milímetros separaban sus labios , cuando Casey volvió a la realidad.

  • •             CASEY: Déjale en paz y vete.
  • •             Dr.  Cárthaigh  (Brian) : - desesperado y emocionado- Sabía que aún estabas ahí, que seguías siendo la misma.
  • •             CASEY: las circunstancias no han cambiado, tú y yo no podemos ni debemos estar juntos,  y mucho menos ahora que te has convertido en lo que eres.
  • •             Dr.  Cárthaigh  (Brian): - Ante esas palabras , él reaccionó - Sin embargo, preferiste repetir la historia con Kael(Aen)
  • •             CASEY: No lo busqué, ni siquiera estaba preparada para ello. Yo a Kael ni lo llegué a conocer, pero Aen es todo lo que siempre he querido, y por ello, sólo por esa razón, no permitiré que le hagas daño.  Sal de él con la misma tranquilidad con la que entraste , sin que él se haya dado cuenta, y no vuelvas a hacerlo.
  • •             Dr.  Cárthaigh  (Brian): ¿Cómo crees que puedes impedírmelo?

 Casey le colocó el filo de la navaja en el cuello, justo a la altura de la yugular.

  • •             CASEY: Si he de sacrificarle para que dejes de hacerle daño, aunque muera de dolor , lo haré, y tú sabes que soy perfectamente capaz.
  • •             Dr.  Cárthaigh  (Brian): - medio sonriente- ¿no serías capaz?

Casey apretó el filo de la afilada hoja contra la carne y comenzó a rodar muy lentamente la navaja , abriéndole una pequeñísima herida.
  • •             Dr.  Cárthaigh  (Brian): - viendo que aquello iba en serio- vale vale, para.
  • •             CASEY: La próxima vez no habrá parada, y tú estarás muerto.

Instantes después, Aen volvía a ser él, aunque tremendamente cansado sin saber por qué, y con un escozor en el cuello. Cuando se tocó, vio que sangraba.  Pero lo que más le llamó la atención, era lo tremendamente cerca de él que se encontraba ella.

  • •             Dr.  Cárthaigh : Ei! ¿Qué ha pasado?
  • •             CASEY: - aparentando total normalidad- Te he cortado un poco . espera voy a limpiarlo. Moviste el cuello y tenía la navaja demasiado cerca.
  • •             Dr.  Cárthaigh : - mirándola de arriba abajo- Vaya, no me extraña que se te fuese la mano, ¿no pretenderías aprovecharte de mí con eso?

Casey lo miró Sí , volvía a ser él.

Aengus la estuvo observando detenidamente mientras terminaba de afeitarla, y la notó diferente, algo distante. Cuando iba a terminarle la zona del cuello , le sostuvo la mano y le preguntó directamente.

  • •             Dr.  Cárthaigh : ¿Ha pasado algo?

Casey no sabía dónde mirar. Estaba demasiado cerca para poder esquivarle, y cada vez le resultaba más difícil disimular cuando lo tenía delante.
  • •             CASEY: Nada.
  • •             Dr.  Cárthaigh: Sé que está pasando algo, lo veo en tus ojos, y no sé por qué no me lo cuentas.
  • •             CASEY: no me pasa nada de verdad, déjame terminar por favor.

Cuando hubo terminado, mientras recogía las cosas, Aengus decidió que la conversación no había terminado.

  • •             Dr.  Cárthaigh. ¿Ha vuelto a molestarte Brian?

Un sudor frío recorrió el cuerpo de ella.
  • •             CASEY: ¿Molestarme? No.

Aen terminó de vestirse.

  • •             Dr.  Cárthaigh:  Por cierto, tendremos que quedarnos un par de días más. He sido invitado al baile de disfraces que organiza el Sr Bronston, el afamado magistrado. Se organiza todos los años con fines benéficos. No es que me apetezca asistir, pero sabe que estoy en Londres y quedaría notablemente mal visto no acudir.
  • •             CASEY: ¿Un baile de disfraces? ¿Y tiene alguna temática? ¿Dónde los conseguiremos?
  • •             Dr.  Cárthaigh: Yo siempre voy a la misma tienda de la calle Harley, los alquilan con lo que resulta mucho más rentable. Tú podrías hacer lo mismo si quieres. Ahora he de irme , aprovecho que nos quedamos para realizar algunas gestiones. ¿te acercarás ahora ?
  • •             CASEY : Sí claro.

 Y pasó el día. Aengus estuvo adelantando trabajo a base de gestiones pendientes, y Casey, tras encargar el disfraz y procurar que se lo llevasen al hotel, se acercó a la Rectoría para hacer una visita sorpresa a su amigo el Obispo, el cual se sorprendió mucho al verla.

Tras un reconfortante té y unas deliciosas pastas de acompañamiento, ambos conversaron en el despacho que le tenían habilitado en  la Rectoría .

  • •             OBISPO : Una grata sorpresa tu visita, lo cierto es que no esperaba que volvieses por Londres.
  • •             CASEY: He venido acompañando al Dr.  Cárthaigh.
  • •             OBISPO: Así que observo que por fin conseguiste recuperar su confianza.
  • •             CASEY: Supongo.
  • •             OBISPO: ¿Y su hermano?

La cara de Casey lo decía todo.

  • •             OBISPO: Comprendo.
  • •             CASEY: nada que no pueda solucionar por mí misma.
  • •             OBISPO: ¿Siguen en pie con sus planes para esa noche?
  • •             CASEY: Por supuesto, aunque Brian me habló de una variación, no en lo fundamental , pero sí en uno de los elementos.

El obispo se mostró preocupado.

  • •             OBISPO: Una variante imprevista que les hace cambiar uno de los elementos. ¿Hay algo qué quisieras contarme Casey?

Ella se quedó pensativa, responderle afirmativamente podría ser considerado un gran fallo en su confianza, y mentirle no era lo más conveniente, pero, sopesando todas las circunstancias, optó por la segunda posibilidad.

  • •             CASEY: No, nada.
  • •             OBISPO: ¿La variante entonces?
  • •             CASEY: No lo sé, Aengus me enseñó el libro.
  • •             OBISPO: -extrañado por la confianza adoptada- ¿Aengus?
  • •             CASEY: - cayó en la cuenta e intentó corregir- El Dr.  Cárthaigh.
  • •             OBISPO: ¿Y?
  • •             CASEY: No lo sé le faltaban páginas.
  • •             OBISPO: -Pensativo – Cambio imprevisto no organizado. Pues ha debido ser una contrariedad lo suficientemente importante e imprevista como para reorganizar algo así en tan poco tiempo.
  • •             CASEY: Supongo.
  • •             OBISPO : Bien, habrá que prepararse de todas formas Tú tienes tu libro y él te ayudará, lo demás te vendrá solo , eres lista , sabrás qué hacer.
  • •             CASEY: No estoy tan segura de eso señor.
  • •             OBISPO: ¿Dudas de ti?
  • •             CASEY: Brian ha conseguido acumular mucho más poder del que pensaba en un principio. No será fácil.
  • •             OBISPO: Por eso mismo fuiste escogida, si hubiera sido fácil iría otro.  Pero tomemos otra deliciosa taza de té y disfrutemos de un poco de conversación.


Las palabras del Obispo eran muy ciertas. Ella había resultado escogida por ser las persona mejor preparada ante los inconvenientes más rudos y difíciles.
Las disquisiciones personales, los enfrentamientos y situaciones producto del pasado que vuelven tarde o temprano , todo ello, forma un conglomerado difícil de atajar o de asumir.

Un choque frontal de sentimientos encontrados que apenas recordaba, visiones que reaparecen en su mente después de tanto tiempo….

Casey estuvo media tarde en la Rectoría, hablando de lo humano y lo divino. Cuando se dio cuenta, casi se le hacía tarde para volver al hotel, asearse y cambiarse de ropa.

Quedaba el trago de la fiesta de disfraces, algo que por supuesto no le apetecía nada, pero a la que no le quedaba más remedio que asistir.

Cuando llegó a la habitación, Aengus no se encontraba en ella, en su lugar una nota en la peinadora: “ Casey, espero me disculpes pero  he tenido que salir antes, el coche estará esperándote a las seis y te llevará a destino. Me encontraré contigo allí.  FDO: Aengus.”


FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos  los derechos reservados)

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