jueves, 16 de abril de 2015

ELECCION. Capítulo vigésimo segundo (Rated +18) (registrado 24 septiembre 2014)

Créditos a quién corresponda
Cuando el coche vino a recogerla , alguien desde recepción envío a un botones para que la avisase.
 Casey no estaba acostumbrada a vestir determinados ropajes, y mucho menos a asistir a actos sociales donde las buenas  formas lo representaban todo.


La fiesta se  celebraba en el Museo de Historia Natural, en una de las salas anexas que se solía habilitar para la celebración de eventos. Cuando su coche llegó, aún había mucho bullicio en la calle,  puesto que los invitados , lo más granado de la sociedad británica, iban llegando poco a poco.

Para la ocasión, ella tuvo que pedir consejo a la dueña de la tienda, la cual, en cuanto le dijo para lo qué lo necesitaba , le encontró lo más exquisito y delicado de toda su tienda. Un traje corte María Antonieta, con un ceñido corsé que apenas la dejaba respirar , en verde oscuro ,  con pequeños y discretos adornos.  


La única condición obligatoria exigida,  era llevar antifaz o máscara,  y no quitársela en público durante toda la velada, así que la propietaria de la tienda,  le buscó un antifaz que le ocultase el rostro excepto los labios.  Incluyendo la gran peluca blanca y el polvo talco que utilizó para blanquear aún más su piel, se podría decir que apenas podrían reconocerla.
Nada más bajarse del coche, se recolocó el vestido , se revisó para que todo estuviera adecuado, y cayó en la cuenta de que una vez dentro, tendría el problema de reconocer a Aengus , puesto que ni él sabía cuál era el disfraz de ella ni ella el de él. Una vez planteada la duda, prefirió entrar en la sala e intentar averiguarlo una vez en su interior.

La enorme sala , acondicionada para la ocasión, se encontraba repleta de gente. Apenas habría algún hueco de espacio libre donde poder sentir el aire. La sensación de incomodidad inicial , ante tal tumulto,  se vio ligeramente aplacado cuando logró vislumbrar una puerta entreabierta al fondo, hacia la cual se dirigió con toda la rapidez que le permitían cuantos la rodeaban . 
Dicha puerta daba a una especie de terraza, y allí permaneció durante unos instantes , intentando coger algo de aire aprovechando que la noche era fresca pero agradable. 
Lo cierto es , que no sabía si le agobiaba más la cantidad de gente habida en la sala y a la que ella no estaba acostumbrada, o el echo de comenzar a darse cuenta de que la búsqueda de Aen sería prácticamente misión imposible.

Conforme se fue calmando y pensando que era la hora de adentrarse de nuevo en el interior, un brazo se apoderó de su cintura desde su espalda. Una voz dulce, cálida y susurrante la alivió del susto inicial: “Una dama tan hermosa no debería estar tan sola”.
Ella se dio la vuelta y realmente se dio cuenta de que hubiera sido imposible reconocer a Aen. Vestido de impoluto negro de terciopelo , con chaleco abotonado , gran capa hasta casi el suelo, sombrero negro de tres picos y una máscara que le cubría toda la cara, dejando vislumbrar sólo sus ojos.

  • •             CASEY: ¿Cómo me has reconocido?
  • •             Dr.  Cárthaigh : Imposible no hacerlo. ¿Estás bien?
  • •             CASEY: Demasiada gente, yo no…
  • •             Dr.  Cárthaigh : Lo sé, demasiada gente . Ciertamente he perdido la costumbre de estar rodeado de tanta multitud , desde que Brian y yo dejamos Londres y nos recluimos en la vida tranquila , estos actos pasaron a la historia, pero el magistrado sabía que me encontraba aquí, de lo contrario hubiéramos regresado.
  • •             CASEY: ¿Y has podido hablar con él?
  • •             Dr.  Cárthaigh : Sí, aunque me temo que le he dejado a mitad de conversación al venir a dar contigo y he de volver.  Procuraré terminar lo antes posible ¿estarás bien?
  • •             CASEY: Sí descuida.
  • •             Dr.  Cárthaigh: Deberías entrar, aquí comienza a refrescar, además así puede que consigas con quién poder bailar.

 Aen la besó en la mejilla y volvió en busca del magistrado.

Casey se acercó a la puerta y observó cómo entre el tumulto de gente , en el fondo, parecía haber algo más de espacio, aunque teniendo en cuenta que se veían cabezas saltar ligeramente, dedujo que era la zona habilitada para el baile.
Se fue acercando como pudo, nunca había pedido tantas disculpas en su vida como aquella noche, pero después de un buen rato caminando y esquivando cuerpos, logró llegar hasta la hilera de asistentes que conformaban los límites móviles de la improvisada pista de baile.

En aquel preciso instante , una pieza mucho más lenta y selecta convocó a los asistentes a relajar sus intenciones festivas. En la sala se hizo el silencio, y las improvisadas parejas, con respeto sumo y máxima delicadeza, combinaban las medias vueltas con el suave roce de sus manos, todo lleno de significado.  Las miradas entre ellos denotaban una gran complicidad, hasta el punto de que se diferenciaba a la perfección aquellos que resultaban ser más que amigos de los que sólo constaban como acompañantes ocupantes de una línea en la cartilla de baile.
Líneas precisas, vueltas delicadas, todo al compás del violín más exquisito. Los faldones conservaban la calma de sus propios pesos , los giros, casi estudiados, hacían destacar aún más si cabe, las hermosas figuras de las jóvenes damas que departían , instantes antes, en gloriosas conversaciones con los mismos caballeros que ahora se apoderaban de sus dulces y silenciosas compañías.

Y la música no cesaba, y las parejas apenas se intercambiaban. Aquella era una imagen idílica para Casey,  la cual se sentía transportada a otro lugar y a otro mundo que quizás pudo haber vivido si no fuera por ser quien es , por ser quien ha sido toda su vida.

Absorta en sus pensamientos y en el disfrute más pleno de la visión de la sala de baile,  ni se percató de que era observada desde lo alto de la misma. Aen se encontraba departiendo con el magistrado abiertamente, pero en el fondo, sus deseos y sus pensamientos se encontraban en la parte baja , en Casey. Aquella exuberante y hermosa visión que sólo recordaba haber visto así una vez. Aquella misma expresión de su rostro, dulce, sencilla, disfrutando con su propia paz interior, sin miedo.

Aquella exuberante y hermosa visión que sólo recordaba haber visto así una vez...............


///””” Aquella noche las doncellas la prepararon, la bañaron en agua perfumada, la vistieron con una túnica blanca y le cepillaron el cabello más de cien veces como era la tradición. En circunstancias normales,  las normas no impuestas dicen que son ellas, las druidesas , quienes eligen  al hombre al que se entregan por primera vez  entregándoles el alma por siempre, pero en esta ocasión, dado el grave incumplimiento cometido y no evitado, el Consejo de Druidesas decidió aplicar el mayor de los castigos: elegir el momento y el hombre al cual debía entregarse.
Veleda no había tenido una infancia fácil, pero lo que nadie recordaba es haberla visto y sentido llorar tanto como aquel día. Por mucho que le dijeran, las lágrimas le brotaban solas. Lo peor del castigo, de la dación obligatoria de su cuerpo y de su persona,  que hasta que llegase el momento no sabría de quién se trataba, y la sensación , en su interior, de que por la gravedad de la falta cometida , las mujeres podrían haber escogido al peor de los hombres, y ello la ahogaba en su propia desesperación y llanto.

Una vez preparada, fue acompañada hasta la cabaña del afortunado que la tendría para él. Ella, con la cabeza baja, intentando disimular su pena y su angustia, juntó sus manos como un intento de armarse de fuerza.
Abrieron la puerta , y sin levantar la cabeza entró.
En su interior le esperaba Kael, que lejos de alegrarse por algo que le era dado sin solicitarlo , sentía pena por su casi hermano Eiden que era el que de verdad la amaba y por ella misma.
Pero sabiendo que esa sería la única oportunidad en que se le permitiría mirarla directamente a la cara sin recibir castigo alguno, y no habiéndose fijado en ella como mujer, sintió , cual niño pequeño, la curiosidad por entender qué es lo que había enamorado a su hermano de ella.
Kael se acercó a Veleda, y rodeándola , pudo admirar su cuerpo, la hermosura de su pelo el cual no pudo evitar tocar sin que ella le respondiese con gesto de rechazo alguno.

  • •             KAEL: No tengas miedo.

El escuchar una voz joven la tranquilizó.
  • •             KAEL: No voy a hacerte daño.

Ante aquellas palabras, ella decidió comprobar la identidad de aquel hombre cuya voz le generaba confianza. 
Cuando alzó el rostro y vio que se trataba de Kael, algo se le encogió por dentro. Hubiera preferido la opción del anciano barrigón, borracho y bruto que ésto.
Por su parte, a él le sobraron las palabras cuando la vio, y especialmente cuando pudo sentir lo que sentiría su hermano la primera vez que la miró a los ojos.

  • •             KAEL: Ahora entiendo la regla no escrita, y a Eiden, y su necesidad imperiosa por conocerte.
  • •             VELEDA: No debió pasar, y menos siendo quién es.
  • •             KAEL: Pero pasó, y ya nada puede hacerse para romperlo.  Yo no puedo hacerle daño por ser como mi hermano, ni puedo hacértelo a ti por ser a quién él ama.

Aquella ternura la sobrepasaba. Siempre oyó hablar de él como el hermanastro del hijo del jefe , y como tal, siempre se le había inculcado la imagen de que eran hombres rudos en su trato con los demás, especialmente con las mujeres. Aquella sobredosis de respeto contrastaba con la más cruda de las realidades.

  • •             VELEDA: Me temo que no hay opción. Eiden ya ha ofendido bastante a su padre ante el Consejo y no volverá a confiar en él ,ha infringido la peor de las normas no escritas.  Tú eres su sustituto natural y por lo tanto, si le fallaras, su vergüenza sería inaguantable , a parte del castigo que recibirías por ello. Respecto a mí, ellas lo sabrán, siempre lo saben.  Tendrás que hacerlo.
  • •             KAEL: - nervioso- pero debe de haber alguna solución, alguna alternativa , se supone que tienes poderes , podrías utilizarlos.
  • •             VELEDA: No puedo y menos contra ellas. Aún no estoy autorizada , y en tal caso, aunque lo estuviera, si lo hiciera…..

Kael la silenció colocándole una de sus manos en sus labios. Se acercó a su mejilla y la besó suavemente. Siguió besándole la frente y culminó en el otro lado del rostro.
Lo que allí sucedió aquella noche, entre ambos quedó. 

A la mañana siguiente , Eiden esperaba sentado por fuera de la habitación.   Kael salió de ella , lo vio y se quedó paralizado en la puerta . Al mirar entre la abertura dejada , Eiden vio a Veleda encima del camastro , ella se  giró al oír como Kael lo nombraba, y el cruce de miradas fue más que suficiente para que Eiden se marchara con los ojos llorosos de impotencia y rabia.

A Veleda la enviaron fuera de allí para terminar su preparación, y Eiden y Kael fueron sometidos  al mayor castigo posible, especialmente después del grave altercado habido entre ambos durante aquella mañana.  
Kael regresaba de la cacería con el resto de la cuadrilla y se encontraban tomando algo cuando Eiden entró en la venta . Aún podía verse el odio más acérrimo en sus ojos. Kael, que se encontraba de espaldas a la puerta en ese instante, supo lo que pasaba cuando vio la cara a sus hombres y éstos fueron retirándose.
Sin mediar palabra, Eiden se acercó a su hermano a paso presto para agarrarle por el cuello de la ropa y levantarlo en peso,  mientras Kael intentaba que lo soltara. Tras unos cuantos puñetazos , Eiden logró  dar dos golpes certeros en la cabeza a su casi hermano dejándolo aturdido, circunstancia que aprovechó para , con ambas manos en el cuello, apretar cada vez más fuerte. Por más palabras que los que les rodeaban le dijeran , él no era capaz de oír nada, y nadie se atrevía a meterse en medio de los dos. Hasta que llegó uno de los hombres de confianza de su padre , alertado por uno de los que acompañaban a Kael. Sólo éste se atrevió a tirar de él y levantarlo, llevándolo lejos de allí. 

Tras la celebración del Consejo oportuno, su castigo irremediable vendría de mano de las  druidesas, las cuales determinaron  que Eiden  debería convivir con Kael como hermano a lo largo del tiempo, teniendo su mismo aspecto para que al mirarle recordara lo que pudo haber sido y nunca llegó a ser , sólo rompiendo tal relación la dación en muerte de alguno de los dos. De lo contrario, Eiden perdería todos los poderes que como  maestro y hechicero le corresponderían y que había ido adquiriendo con los años. Y dicho por ellas, así se hizo su voluntad.  Y así pervivieron , como tales, hasta ese preciso momento.///”.
 .......................
Sí, ciertamente su imagen aquella noche le recordaba a la de aquel encuentro en su habitación. Aquella mirada ligeramente ida, tierna, dejándose llevar por todo la que le rodeaba. 
Aen, a diferencia de su hermano, no pudo reconocerla hasta que Brian le dijo quién era. Sabía que había algo que le atraía fuertemente de ella pero no lograba saber el qué, y sin embargo, ella jugando con esa ventaja, por razones que desconocía pero intuía, decidió escogerle a él y no a Brian. Lo que Aen sí tenía claro, por encima de cualquier posible duda, es que ahora al igual que entonces, resultaba imposible no amarla.
Y fue el magistrado quien le sacó de su ensoñación de recuerdos y le devolvió a la realidad , desesperado por terminar y volver con ella.

Mientras, en la parte baja,  la sala habilitada para el baile se preparaba para una pieza muy especial. Sólo aquellos realmente atrevidos o acompañados por sus respectivas parejas formales se atreverían a ocupar parte de la sala y danzar a su son. El contacto era mucho más habitual que en el resto de piezas. 
Según la historia que se ocultaban detrás y conocida por todos gracias a su creador. 
De hecho, éste había tenido muchos problemas en Inglaterra con las mentes más puritanas que entendían un auténtico despropósito provocador esa pieza, sin embargo, en ciertos bailes de alta sociedad  especialmente, solía llegar el punto de la noche donde la pieza era reclamada , normalmente por el anfitrión.

Casey fue retrocediendo hasta la pared que tenía detrás  para dejar espacio a las parejas.
Visualizando toda la sala , vio a alguien vestido exactamente de igual forma que Aengus venir decidido hacia ella. El hecho de tener una máscara que le cubría la totalidad de la cara no ayudaba  a identificarlo, pero la  decisión en su paso y objetivo le hicieron pensar en todo momento y sin duda de que se trataba de Aengus.

Al llegar hasta donde se encontraba ella, el caballero, con exquisitas manera, s le hizo la correspondiente reverencia de cortesía y le ofreció su mano para incorporarse al baile. Ante la duda de ella , que con los ojos trataba de buscar a Aengus sin resultado hasta donde le alcanzaba la vista, el caballero se le acercó mucho más y le susurró al oído: “ Brindadme el honor de bailar con vos”.
Pese al ruido de su alrededor , escuchó la propuesta pero no fue capaz de reconocer a Aengus tras aquella voz.

Era harto conocido que socialmente , en este tipo de actos, cuando un caballero invitaba a una dama a bailar,  no debía ser rechazado porque se consideraría una gran descortesía y ocasionaría , en el caso de que ese rechazo partiera de una mujer, una mancha social en su acompañante , y lo último que ella quería, dada la importancia del evento para Aengus era perjudicarle , así que , pese a los nervios, aceptó el ofrecimiento extendiendo su mano y colocándola encima de la del caballero, que no había dejado de mirarla fijamente  desde que la invitó.
Cogiéndole la mano con firmeza, él se la llevó al centro de la sala y al centro de los bailarines.
 Las damas situadas en hilera en frente de los caballeros. Una reverencia cortés por parte de ambos casi al unísono, y aquellos ojos que continuaban centrando en ella toda su atención.

Comenzaron los primeros compases, lentos , muy suaves. Las parejas, por separado, comenzaban a caminar y cada tres pasos se reverenciaban. Así unas tres veces. Cuando tocó darse la vuelta, ya debían de cogerse por una de las manos.  Tras dos pasos reverenciados , ambos bailarines debían quedar uno en frente del otro mirándose a los ojos más cerca de lo normal y volverse a separarsepara ellas girar sobre sí mismas. 
Llegando el momento de bailar entre el resto de acompañantes , en círculo y con movimientos trenzados de ellas sobre los caballeros,  Casey pasó por delante de su acompañante , notando un leve tirón de la falda. Se detuvo un instante  para mirar si se había enganchado , volvió a encontrarse con sus ojos. Al comprobar que la falda estaba suelta ,prosiguió, ya que retrasaba a los demás.
Aunque trataba de disimularlo, aquella situación con aquel hombre la comenzaba a incomodar , pero aun así el baile debía continuar y terminarse.

Cada vez que las manos debían juntarse, más nerviosa se ponía Casey, algo extraño percibía en él cada vez que la rozaba. Cuando la pieza llegó a su parte intermedia, una especie de vals arreglado se intercaló, y aunque la distancia entre ellos resultó ser la justa, no parecía correr el aire entre ellos. 
A Casey comenzaba a costarle respirar con cierta normalidad , por lo que su cuerpo llevaba tiempo sintiendo desde que aquel sujeto fue buscándola, y por lo que era capaz de sentir cada vez que la rozaba.  Algo familiar, tenebroso, demasiado fuerte.
La mano situada en la cintura de ella parecía recorrer todo su cuerpo, no era un mero depósito para bailar, era una apropiación de piel encima de un vestido. 

Cada vez que ella intentaba mirar hacia detrás, él tiraba de ella acercándola más y más .

Cada vuelta de aquel sinuoso vals se convertían en una tortura. Con sus ojos comenzó a buscar a Aengus sin conseguir verle, en parte gracias a su acompañante que , oportunamente, cada vez que ella situaba sus ojos en otro punto que no fuera él, la atraía secamente hacia sí y con su cuerpo le tapaba toda posibilidad de búsqueda .

Una de esas ocasiones, estando sus rostros muy cerca el uno del otro, él le preguntó : “¿ Le estás buscando?”.

Casey  se detuvo de pronto, volvió a mirarle a los ojos, y él tiró de ella puesto que paralizaba todo de nuevo. Unas cuantas vueltas y su cuerpo se encontraba flojo. Tocó realizar una reverencia por parte de las damas, y al  incorporarse debían quedar junto a los caballeros, sin moverse hasta cambiar de compás, circunstancia que , aunque breve,  fue espléndidamente aprovechada por los dos. 

Ambos fijamente a los ojos.

  • •             CASEY: ¿Creías que no te acabaría reconociendo? ¿Aunque cambiases su color?
  • •             BRIAN: Contaba con ello.

La cogió de la cintura y de la mano de nuevo y tuvieron que continuar. El cuerpo de ella parecía desvanecerse, se encontraba extraña, y de donde no sabía , encontraba fuerzas para mantenerse erguida y con apariencia de dureza.

Aquel baile incrementaba el número y necesidad de los roces y contactos. El próximo cambio implicaba que los caballeros se colocasen detrás de las damas , con una de sus  manos en sus cinturas y la otra en su mano libre. Brian , sabiendo que ella no podría huir ni reaccionar como quería por miedo al escándalo y a los que la rodeaban, aprovechó para situarle la mano más allá de la cintura, en su vientre empujándola hacia él , cerrando ella los ojos  por un instante al sentir su cuerpo ; le apretó la mano de nuevo y ahora ellas debían dejarse llevar, mostrándose ligeras. Casey se encontraba demasiado tensa para poder cumplir las expectativas. Brian se acercó de nuevo a su oído mientras ella sentía su aliento en su cuello.
  • •             BRIAN: Es inútil que vayas en contra de tus propios sentimientos y deseos Casey.

Ella intentó soltarse pero él la apretó contra su pecho más fuertemente.
  • •             BRIAN: Yo de ti no lo haría, ¿no querrás provocar un escándalo? Recuerda con quién vienes.

Nada más terminar de hablarle, él rozó sus labios con su piel en aquel lateral de piel sedosa y blanquecina, logrando que , mientras  se erizaba por completo , sus fuerzas volvieran a debilitarse y su resistencia fuera desapareciendo.

¡Por dios , cuánto más puede durar esta pieza! Eso es lo que pensaba una y otra vez Casey.  Aquel baile era una consecución encadenada de piezas que cambiaban de forma casi imperceptible. 
Encontrándose totalmente a su merced, Brian hacía suyo sus oídos y su mente, sabía que ella jamás perjudicaría a Aengus con un escándalo, y contaba con  una esperanza que no le haría desistir: volver a recuperarla.

Aquella parte de la pieza musical se lo ponía muy fácil. Sus acercamientos a sus oídos eran cada vez más habituales, al tener que acercar mucho su cabeza a la de ella .

  • •             BRIAN: Podría hacerte tan feliz.
  • •             CASEY: -Cada palabra suya resonaba en sus adentros como si escuchase un eco que la relajase , justo el efecto tan propio de su voz que debía evitar- Sabes que eso no es posible, nunca lo ha sido.

Brian la apretó tanto en la cintura en ese instante que a Casey le costaba respirar,  e hizo lo mismo con la mano , hasta que una creciente  sensación de dolor fue apoderándose de su brazo.
  • •             BRIAN: Él te traicionará, no es nada ni nadie. Sólo es un  hombre, simple y sin nada que ofrecer.
  • •             CASEY: Sí, un hombre simple,  pero un hombre que cuando se entrega se da por entero.

Tocaba en ese momento dar la vuelta a las damas y  apoyar las manos en la parte baja de la espalda , mientras seguían sin soltarse de la otra mano.
  • •             BRIAN: Yo podría haber sido tuyo si me hubieran dejado.
  • •             CASEY: Lo nuestro nunca debió de haber empezado.

Cada palabra que ella le decía ,  le suponía irse clavando algo en el pecho e irlo introduciendo poco a poco, para él , el desagarro lo sentía en la carne y no en algo tan superficial como la piel.

Y por fin tocaba la parte final, los últimos compases, el último arreglo que el compositor pensó para dicha pieza. Los movimientos se suavizaron, pero ambos contendientes en esta especie de batalla de música y seducción soslayada , debían mantenerse la mirada quitándose las máscaras , y en ningún caso  tocarse hasta el final, pero con la condición que entre ellos no hubiese más que la separación justa para no rozarse.

Ella fue la primera en quitársela y sus ojos , llorosos demostraban que aquella situación no era cómoda para ella.
Él se la retiró , y ella terminó de desmoronarse. Mientras había hablado con ella había estado llorando, y sus mejillas conservaban el brillo de la humedad.

En silencio, sin necesidad de nada más,  comenzaron a danzar . Sólo el diálogo silencioso de sus miradas era suficiente. Un momento para ellos dos en exclusiva, nadie más alrededor . 
No existía el pasado, ni el tiempo, sólo ellos. 
Ni más recuerdos, ni más imágenes, sólo el momento.

Él aprovechaba los momentos de giro y acercamiento para, disimuladamente, cogerle la falda de nuevo como aquella vez en la celda, o para rozarle las manos hasta casi cogérselas. 
Y la pieza llegó a su fin de la misma forma suave como había comenzado, y las distintas parejas terminaron como empezaron, con reverencias de respeto.

Casie, al incorporarse, volvió a mirar a Brian y se dio la vuelta caminando todo lo más deprisa que pudo hasta la puerta que daba a la terraza, necesitaba respirar profundamente.
Brian la siguió quedándose cerca.
  • •             BRIAN: Pero empezó.

Casey bajó la cabeza, cada vez le era más difícil oír su voz.
  • •             BRIAN: - caminó hacia ella- Y nunca tenía que haber terminado.
  • •             CASEY: Los dos cometimos un grave error entonces , y no permitiré que volvamos a cometerlo ahora.
  • •             BRIAN: - Dolido y sin creerse lo que estaba escuchando- ¿Un error? ¿A quererte más que a mi vida lo llamas error?

Brian comenzaba a encenderse de la impotencia y el dolor de las palabras vertidas por ella , mientras Casey tragaba saliva como podía, mientras intentaba solventar la situación .
  • •             BRIAN: ¡Mírame a los ojos si tienes el valor suficiente y dime que no me querías entonces y que aún no sientes lo mismo!

Su rostro permanecía tan junto al de ella que toda su furia era trasmitida en toda su extensión  llegando a hacer que a  Casei le  temblase la voz.
  • •             CASEI: No puedes pedirme eso.
  • •             BRIAN: ¿No? ¿Al menos no merezco una respuesta sincera por una vez?

A Casei le costaba mantenerle la mirada.
  • •             CASEI: Quiero a Aengus,  Brian.
  • •             BRIAN: ¡Eso no es cierto ¡- bajando algo la voz, cabizbajo – y lo sabes.
  • •             CASEI: Nada de lo que digas hará que lo que siento por él cambie.

Aengus, que llevaba bastante tiempo buscándola apareció en la terraza, no pudiendo contener su sorpresa  por la situación y la presencia de Brian en la fiesta .
  • •             Dr.  Cárthaigh: ¡¿Brian?!¿Qué diablos está pasando aquí?
  • •             CASEY: Nada que no pueda arreglar o aclarar ¿Verdad Brian?
  • •             Dr.  Cárthaigh: Se supone que te quedarías en el hospital, no sabía que vendrías a Londres , desde cuando estás aquí.
  • •             BRIAN: - sin dejar de mirar  a Casey- he llegado hoy, tenía que arreglar algunas cosas.
  • •             Dr.  Cárthaigh: - acercándose a ambos- ¿qué se supone que tienes que arreglar con él Casey?
  • •             BRIAN: -Hablándole a Casey en voz baja, casi susurrante- ¿Se lo dices tú o lo hago yo?
  • •             CASEY: -realmente nerviosa- No lo hagas Brian.
  • •             Dr.  Cárthaigh: ¿Es que nadie va a contestarme?
  • •             BRIAN: ¿Tú o yo ?
  • •             CASEY: - cogiéndole de la mano sin que Aengus le viera- Brian no, por favor.

Aún no se sabrá porque lo hizo, porque evitó contestarle a su hermano aquello que preguntaba. Quizás el tono suplicante de Casey,  o ese roce cómplice que lo esperanzaba de que podía continuar habiendo algo a lo que ella se estaba negando.

Cuando Aengus llegó hasta donde estaban ellos, la cara de susto de Casey le daba la señal de que algo no iba bien.
  • •             Dr.  Cárthaigh . Brian ¿qué es lo que quieres?
  • •             BRIAN: (sin dejar de mirar a Casey) Ya nada, lo que más he querido en mi vida te has encargado de arrebatármelo. Siempre has estado en medio, siempre has salido ganando a raíz de robarle a los demás.

Casey no dejaba de mirar por un segundo a Brian.
  • •             BRIAN: ¡Tú hermanito! ¡El que siempre lo tuvo más fácil que los demás, el amado hijo deseado por mi padre en detrimento de su sangre!
  • •             Dr.  Cárthaigh: No sabes lo que estás diciendo. Para padre lo eras todo.

Brian giró hacia su espalda la cabeza y el estallido de ira se anunciaba por sí solo.
  • •             BRIAN: Para padre sólo era algo que moldear, sin más, sin tacha ni fallos hasta que decidí ser humano y sentir. Algo de lo que poder presumir ante el Consejo ; tú sin embargo, sí  supiste hacerlo . Buen chico, correcto y cariñoso, el hijo perfecto que mi padre siempre quiso tener.
  • •             Dr.  Cárthaigh: Brian…
  • •             BRIAN: Y para algo que era enteramente mío, ella, al chico bueno le hacen un ofrecimiento y acepta sin miramientos. Te miré a la cara y me negaste que fueses a hacer nada, ¡me lo negaste  Aengus.! Y pese a tu negación la hiciste tuya.  Pasa el tiempo, ni siquiera la reconoces pero – girándose del todo hacia su hermano- consigues arrebatármela de nuevo. ¿Qué crees que debo pensar hermanito?
  • •             Dr.  Cárthaigh : Brian no es lo que piensas..
  • •             BRIAN: ¿Y bien? – preguntándole directamente a ella- ¿No vas a decir nada?
  • •             CASEY: ¿Serviría de algo? Tú nunca has querido saber la verdad, te bastó quedarte con mi imagen en el camastro de Kael, cualquier explicación te sobraba. Lo que sucedió en aquella habitación, se quedó en aquella habitación, y se quedará entre Kael y yo.

 Casey lo apartó con el brazo y se acercó a Aengus para marcharse juntos de allí.
La vuelta al hotel estuvo presidida por un silencio casi cortante por ambas partes,  y miradas furtivas  de Aen hacia Casey  intentando que ella le hablase y le dijese que estaba pasando en realidad entre ellos. Silencio sólo interrumpido,  por la cogida de mano de Aen hacia ella , y correspondido con fuerza.

Al llegar a la recepción del hotel, mientras recogían la llave, a Casey le pareció oír algo de una conversación mantenida por dos hombres. Algo relacionado con la reciente desaparición de una joven,   una menor de 16 años miembro de una de las familias más influyentes de Londres.


Ella recordó entonces algo que Brian le había dicho, un cambio permitido en el ritual. Sólo le cabía esperar que él no tuviera nada que ver y que aquello hubiera sido mera casualidad.

FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Muchísimas gracias por participar en esta página