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| Créditos a quién corresponda |
Cuando el coche vino a recogerla , alguien desde recepción
envío a un botones para que la avisase.
Casey no estaba acostumbrada a vestir
determinados ropajes, y mucho menos a asistir a actos sociales donde las
buenas formas lo representaban todo.
La fiesta se
celebraba en el Museo de Historia Natural, en una de las salas anexas
que se solía habilitar para la celebración de eventos. Cuando su coche llegó,
aún había mucho bullicio en la calle, puesto que los invitados , lo más granado
de la sociedad británica, iban llegando poco a poco.
Para la ocasión, ella tuvo que pedir consejo a la dueña de
la tienda, la cual, en cuanto le dijo para lo qué lo necesitaba , le encontró
lo más exquisito y delicado de toda su tienda. Un traje corte María Antonieta, con
un ceñido corsé que apenas la dejaba respirar , en verde oscuro , con pequeños
y discretos adornos.
La única condición
obligatoria exigida, era llevar antifaz o máscara, y no quitársela en público
durante toda la velada, así que la propietaria de la tienda, le buscó un antifaz
que le ocultase el rostro excepto los labios.
Incluyendo la gran peluca blanca y el polvo talco que utilizó para
blanquear aún más su piel, se podría decir que apenas podrían reconocerla.
Nada más bajarse del coche, se recolocó el vestido , se
revisó para que todo estuviera adecuado, y cayó en la cuenta de que una vez
dentro, tendría el problema de reconocer a Aengus , puesto que ni él sabía cuál
era el disfraz de ella ni ella el de él. Una vez planteada la duda, prefirió
entrar en la sala e intentar averiguarlo una vez en su interior.
La enorme sala , acondicionada para la ocasión, se
encontraba repleta de gente. Apenas habría algún hueco de espacio libre donde
poder sentir el aire. La sensación de incomodidad inicial , ante tal tumulto, se
vio ligeramente aplacado cuando logró vislumbrar una puerta entreabierta al
fondo, hacia la cual se dirigió con toda la rapidez que le permitían cuantos la
rodeaban .
Dicha puerta daba a una especie de terraza, y allí permaneció
durante unos instantes , intentando coger algo de aire aprovechando que la
noche era fresca pero agradable.
Lo cierto es , que no sabía si le agobiaba más
la cantidad de gente habida en la sala y a la que ella no estaba acostumbrada,
o el echo de comenzar a darse cuenta de que la búsqueda de Aen sería
prácticamente misión imposible.
Conforme se fue calmando y pensando que era la hora de
adentrarse de nuevo en el interior, un brazo se apoderó de su cintura desde su
espalda. Una voz dulce, cálida y susurrante la alivió del susto inicial: “Una
dama tan hermosa no debería estar tan sola”.
Ella se dio la vuelta y realmente se dio cuenta de que
hubiera sido imposible reconocer a Aen. Vestido de impoluto negro de terciopelo
, con chaleco abotonado , gran capa hasta casi el suelo, sombrero negro de tres
picos y una máscara que le cubría toda la cara, dejando vislumbrar sólo sus
ojos.
- • CASEY: ¿Cómo me has reconocido?
- • Dr. Cárthaigh : Imposible no hacerlo. ¿Estás bien?
- • CASEY: Demasiada gente, yo no…
- • Dr. Cárthaigh : Lo sé, demasiada gente . Ciertamente he perdido la costumbre de estar rodeado de tanta multitud , desde que Brian y yo dejamos Londres y nos recluimos en la vida tranquila , estos actos pasaron a la historia, pero el magistrado sabía que me encontraba aquí, de lo contrario hubiéramos regresado.
- • CASEY: ¿Y has podido hablar con él?
- • Dr. Cárthaigh : Sí, aunque me temo que le he dejado a mitad de conversación al venir a dar contigo y he de volver. Procuraré terminar lo antes posible ¿estarás bien?
- • CASEY: Sí descuida.
- • Dr. Cárthaigh: Deberías entrar, aquí comienza a refrescar, además así puede que consigas con quién poder bailar.
Casey se acercó a la puerta y observó cómo entre el tumulto
de gente , en el fondo, parecía haber algo más de espacio, aunque teniendo en
cuenta que se veían cabezas saltar ligeramente, dedujo que era la zona
habilitada para el baile.
Se fue acercando como pudo, nunca había pedido tantas
disculpas en su vida como aquella noche, pero después de un buen rato caminando
y esquivando cuerpos, logró llegar hasta la hilera de asistentes que conformaban
los límites móviles de la improvisada pista de baile.
En aquel preciso instante , una pieza mucho más lenta y
selecta convocó a los asistentes a relajar sus intenciones festivas. En la sala
se hizo el silencio, y las improvisadas parejas, con respeto sumo y máxima
delicadeza, combinaban las medias vueltas con el suave roce de sus manos, todo
lleno de significado. Las miradas entre
ellos denotaban una gran complicidad, hasta el punto de que se diferenciaba a
la perfección aquellos que resultaban ser más que amigos de los que sólo
constaban como acompañantes ocupantes de una línea en la cartilla de baile.
Líneas precisas, vueltas delicadas, todo al compás del
violín más exquisito. Los faldones conservaban la calma de sus propios pesos ,
los giros, casi estudiados, hacían destacar aún más si cabe, las hermosas
figuras de las jóvenes damas que departían , instantes antes, en gloriosas
conversaciones con los mismos caballeros que ahora se apoderaban de sus dulces
y silenciosas compañías.
Y la música no cesaba, y las parejas apenas se
intercambiaban. Aquella era una imagen idílica para Casey, la cual se sentía
transportada a otro lugar y a otro mundo que quizás pudo haber vivido si no
fuera por ser quien es , por ser quien ha sido toda su vida.
Absorta en sus pensamientos y en el disfrute más pleno de la
visión de la sala de baile, ni se percató de que era observada desde lo alto de
la misma. Aen se encontraba departiendo con el magistrado abiertamente, pero en
el fondo, sus deseos y sus pensamientos se encontraban en la parte baja , en Casey. Aquella exuberante y hermosa visión que sólo recordaba haber
visto así una vez. Aquella misma expresión de su rostro, dulce, sencilla,
disfrutando con su propia paz interior, sin miedo.
///””” Aquella noche las doncellas la prepararon, la bañaron
en agua perfumada, la vistieron con una túnica blanca y le cepillaron el
cabello más de cien veces como era la tradición. En circunstancias normales, las
normas no impuestas dicen que son ellas, las druidesas , quienes eligen al hombre al que se entregan por primera
vez entregándoles el alma por siempre,
pero en esta ocasión, dado el grave incumplimiento cometido y no evitado, el
Consejo de Druidesas decidió aplicar el mayor de los castigos: elegir el
momento y el hombre al cual debía entregarse.
Veleda no había tenido una infancia fácil, pero lo que nadie
recordaba es haberla visto y sentido llorar tanto como aquel día. Por mucho que
le dijeran, las lágrimas le brotaban solas. Lo peor del castigo, de la dación
obligatoria de su cuerpo y de su persona, que hasta que llegase el
momento no sabría de quién se trataba, y la sensación , en su interior, de que
por la gravedad de la falta cometida , las mujeres podrían haber escogido al
peor de los hombres, y ello la ahogaba en su propia desesperación y llanto.
Una vez preparada, fue acompañada hasta la cabaña del
afortunado que la tendría para él. Ella, con la cabeza baja, intentando
disimular su pena y su angustia, juntó sus manos como un intento de armarse de
fuerza.
Abrieron la puerta , y sin levantar la cabeza entró.
En su interior le esperaba Kael, que lejos de alegrarse por
algo que le era dado sin solicitarlo , sentía pena por su casi hermano Eiden
que era el que de verdad la amaba y por ella misma.
Pero sabiendo que esa sería la única oportunidad en que se
le permitiría mirarla directamente a la cara sin recibir castigo alguno, y no
habiéndose fijado en ella como mujer, sintió , cual niño pequeño, la curiosidad
por entender qué es lo que había enamorado a su hermano de ella.
Kael se acercó a Veleda, y rodeándola , pudo admirar su
cuerpo, la hermosura de su pelo el cual no pudo evitar tocar sin que ella le
respondiese con gesto de rechazo alguno.
- • KAEL: No tengas miedo.
El escuchar una voz joven la tranquilizó.
- • KAEL: No voy a hacerte daño.
Ante aquellas palabras, ella decidió comprobar la identidad
de aquel hombre cuya voz le generaba confianza.
Cuando alzó el rostro y vio que se trataba de Kael, algo se
le encogió por dentro. Hubiera preferido la opción del anciano barrigón,
borracho y bruto que ésto.
Por su parte, a él le sobraron las palabras cuando la vio, y
especialmente cuando pudo sentir lo que sentiría su hermano la primera vez que
la miró a los ojos.
- • KAEL: Ahora entiendo la regla no escrita, y a Eiden, y su necesidad imperiosa por conocerte.
- • VELEDA: No debió pasar, y menos siendo quién es.
- • KAEL: Pero pasó, y ya nada puede hacerse para romperlo. Yo no puedo hacerle daño por ser como mi hermano, ni puedo hacértelo a ti por ser a quién él ama.
Aquella ternura la sobrepasaba. Siempre oyó hablar de él
como el hermanastro del hijo del jefe , y como tal, siempre se le había
inculcado la imagen de que eran hombres rudos en su trato con los demás,
especialmente con las mujeres. Aquella sobredosis de respeto contrastaba con la
más cruda de las realidades.
- • VELEDA: Me temo que no hay opción. Eiden ya ha ofendido bastante a su padre ante el Consejo y no volverá a confiar en él ,ha infringido la peor de las normas no escritas. Tú eres su sustituto natural y por lo tanto, si le fallaras, su vergüenza sería inaguantable , a parte del castigo que recibirías por ello. Respecto a mí, ellas lo sabrán, siempre lo saben. Tendrás que hacerlo.
- • KAEL: - nervioso- pero debe de haber alguna solución, alguna alternativa , se supone que tienes poderes , podrías utilizarlos.
- • VELEDA: No puedo y menos contra ellas. Aún no estoy autorizada , y en tal caso, aunque lo estuviera, si lo hiciera…..
Kael la silenció colocándole una de sus manos en sus labios.
Se acercó a su mejilla y la besó suavemente. Siguió besándole la frente y
culminó en el otro lado del rostro.
Lo que allí sucedió aquella noche, entre ambos quedó.
A la
mañana siguiente , Eiden esperaba sentado por fuera de la habitación. Kael salió de ella , lo vio y se quedó
paralizado en la puerta . Al mirar entre la abertura dejada , Eiden vio a
Veleda encima del camastro , ella se
giró al oír como Kael lo nombraba, y el cruce de miradas fue más que
suficiente para que Eiden se marchara con los ojos llorosos de impotencia y
rabia.
A Veleda la enviaron fuera de allí para terminar su
preparación, y Eiden y Kael fueron sometidos
al mayor castigo posible, especialmente después del grave altercado
habido entre ambos durante aquella mañana.
Kael regresaba de la cacería con el resto de la cuadrilla y se
encontraban tomando algo cuando Eiden entró en la venta . Aún podía verse el
odio más acérrimo en sus ojos. Kael, que se encontraba de espaldas a la puerta
en ese instante, supo lo que pasaba cuando vio la cara a sus hombres y éstos
fueron retirándose.
Sin mediar palabra, Eiden se acercó a su hermano a paso
presto para agarrarle por el cuello de la ropa y levantarlo en peso, mientras
Kael intentaba que lo soltara. Tras unos cuantos puñetazos , Eiden logró dar dos golpes certeros en la cabeza a su
casi hermano dejándolo aturdido, circunstancia que aprovechó para , con ambas
manos en el cuello, apretar cada vez más fuerte. Por más palabras que los que
les rodeaban le dijeran , él no era capaz de oír nada, y nadie se atrevía a meterse
en medio de los dos. Hasta que llegó uno de los hombres de confianza de su
padre , alertado por uno de los que acompañaban a Kael. Sólo éste se atrevió a
tirar de él y levantarlo, llevándolo lejos de allí.
Tras la celebración del
Consejo oportuno, su castigo irremediable vendría de mano de las druidesas, las cuales determinaron que Eiden
debería convivir con Kael como hermano a lo largo del tiempo, teniendo
su mismo aspecto para que al mirarle recordara lo que pudo haber sido y nunca
llegó a ser , sólo rompiendo tal relación la dación en muerte de alguno de los
dos. De lo contrario, Eiden perdería todos los poderes que como maestro y hechicero le corresponderían y que
había ido adquiriendo con los años. Y dicho por ellas, así se hizo su
voluntad. Y así pervivieron , como
tales, hasta ese preciso momento.///”.
Sí, ciertamente su imagen aquella noche le recordaba a la de
aquel encuentro en su habitación. Aquella mirada ligeramente ida, tierna,
dejándose llevar por todo la que le rodeaba.
Aen, a diferencia de su hermano,
no pudo reconocerla hasta que Brian le dijo quién era. Sabía que había algo que
le atraía fuertemente de ella pero no lograba saber el qué, y sin embargo, ella
jugando con esa ventaja, por razones que desconocía pero intuía, decidió escogerle
a él y no a Brian. Lo que Aen sí tenía claro, por encima de cualquier posible
duda, es que ahora al igual que entonces, resultaba imposible no amarla.
Y fue el magistrado quien le sacó de su ensoñación de
recuerdos y le devolvió a la realidad , desesperado por terminar y volver con
ella.
Mientras, en la parte baja,
la sala habilitada para el baile se preparaba para una pieza muy
especial. Sólo aquellos realmente atrevidos o acompañados por sus respectivas
parejas formales se atreverían a ocupar parte de la sala y danzar a su son. El
contacto era mucho más habitual que en el resto de piezas.
Según la historia
que se ocultaban detrás y conocida por todos gracias a su creador.
De hecho,
éste había tenido muchos problemas en Inglaterra con las mentes más puritanas
que entendían un auténtico despropósito provocador esa pieza, sin embargo, en
ciertos bailes de alta sociedad
especialmente, solía llegar el punto de la noche donde la pieza era
reclamada , normalmente por el anfitrión.
Casey fue retrocediendo hasta la pared que tenía detrás para dejar espacio a las parejas.
Visualizando toda la sala , vio a alguien vestido exactamente
de igual forma que Aengus venir decidido hacia ella. El hecho de tener una
máscara que le cubría la totalidad de la cara no ayudaba a identificarlo, pero la decisión en su paso y objetivo le hicieron
pensar en todo momento y sin duda de que se trataba de Aengus.
Al llegar hasta donde se encontraba ella, el caballero, con
exquisitas manera, s le hizo la correspondiente reverencia de cortesía y le
ofreció su mano para incorporarse al baile. Ante la duda de ella , que con los
ojos trataba de buscar a Aengus sin resultado hasta donde le alcanzaba la
vista, el caballero se le acercó mucho más y le susurró al oído: “ Brindadme el
honor de bailar con vos”.
Pese al ruido de su alrededor , escuchó la propuesta pero no
fue capaz de reconocer a Aengus tras aquella voz.
Era harto conocido que socialmente , en este tipo de actos,
cuando un caballero invitaba a una dama a bailar, no debía ser rechazado porque
se consideraría una gran descortesía y ocasionaría , en el caso de que ese
rechazo partiera de una mujer, una mancha social en su acompañante , y lo
último que ella quería, dada la importancia del evento para Aengus era
perjudicarle , así que , pese a los nervios, aceptó el ofrecimiento extendiendo
su mano y colocándola encima de la del caballero, que no había dejado de
mirarla fijamente desde que la invitó.
Cogiéndole la mano con firmeza, él se la llevó al centro de la
sala y al centro de los bailarines.
Las damas situadas en hilera en frente de
los caballeros. Una reverencia cortés por parte de ambos casi al unísono, y
aquellos ojos que continuaban centrando en ella toda su atención.
Comenzaron los primeros compases, lentos , muy suaves. Las parejas,
por separado, comenzaban a caminar y cada tres pasos se reverenciaban. Así unas
tres veces. Cuando tocó darse la vuelta, ya debían de cogerse por una de las
manos. Tras dos pasos reverenciados ,
ambos bailarines debían quedar uno en frente del otro mirándose a los ojos más
cerca de lo normal y volverse a separarsepara ellas girar sobre sí mismas.
Llegando el momento de bailar entre el resto de acompañantes , en círculo y con
movimientos trenzados de ellas sobre los caballeros, Casey pasó por
delante de su acompañante , notando un leve tirón de la falda. Se detuvo un instante para mirar si
se había enganchado , volvió a encontrarse con sus ojos. Al comprobar que la
falda estaba suelta ,prosiguió, ya que retrasaba a los demás.
Aunque trataba de disimularlo, aquella situación con aquel
hombre la comenzaba a incomodar , pero aun así el baile debía continuar y
terminarse.
Cada vez que las manos debían juntarse, más nerviosa se
ponía Casey, algo extraño percibía en él cada vez que la rozaba. Cuando la
pieza llegó a su parte intermedia, una especie de vals arreglado se intercaló,
y aunque la distancia entre ellos resultó ser la justa, no parecía correr el
aire entre ellos.
A Casey comenzaba a costarle respirar con cierta normalidad , por lo que su cuerpo
llevaba tiempo sintiendo desde que aquel sujeto fue buscándola, y por lo que
era capaz de sentir cada vez que la rozaba.
Algo familiar, tenebroso, demasiado fuerte.
La mano situada en la cintura de ella parecía recorrer todo
su cuerpo, no era un mero depósito para bailar, era una apropiación de piel
encima de un vestido.
Cada vez que ella intentaba mirar hacia detrás, él tiraba
de ella acercándola más y más .
Cada vuelta de aquel sinuoso vals se convertían en una
tortura. Con sus ojos comenzó a buscar a Aengus sin conseguir verle, en parte
gracias a su acompañante que , oportunamente, cada vez que ella situaba sus
ojos en otro punto que no fuera él, la atraía secamente hacia sí y con su
cuerpo le tapaba toda posibilidad de búsqueda .
Una de esas ocasiones, estando sus rostros muy cerca el uno
del otro, él le preguntó : “¿ Le estás buscando?”.
Casey se detuvo de
pronto, volvió a mirarle a los ojos, y él tiró de ella puesto que paralizaba
todo de nuevo. Unas cuantas vueltas y su cuerpo se encontraba flojo. Tocó
realizar una reverencia por parte de las damas, y al incorporarse debían quedar junto a los
caballeros, sin moverse hasta cambiar de compás, circunstancia que , aunque
breve, fue espléndidamente aprovechada por los dos.
Ambos fijamente a los ojos.
- • CASEY: ¿Creías que no te acabaría reconociendo? ¿Aunque cambiases su color?
- • BRIAN: Contaba con ello.
La cogió de la cintura y de la mano de nuevo y tuvieron que
continuar. El cuerpo de ella parecía desvanecerse, se encontraba extraña, y de
donde no sabía , encontraba fuerzas para mantenerse erguida y con apariencia de
dureza.
Aquel baile incrementaba el número y necesidad de los roces
y contactos. El próximo cambio implicaba que los caballeros se colocasen detrás
de las damas , con una de sus manos en
sus cinturas y la otra en su mano libre. Brian , sabiendo que ella no podría
huir ni reaccionar como quería por miedo al escándalo y a los que la rodeaban,
aprovechó para situarle la mano más allá de la cintura, en su vientre
empujándola hacia él , cerrando ella los ojos
por un instante al sentir su cuerpo ; le apretó la mano de nuevo y ahora
ellas debían dejarse llevar, mostrándose ligeras. Casey se encontraba demasiado
tensa para poder cumplir las expectativas. Brian se acercó de nuevo a su oído
mientras ella sentía su aliento en su cuello.
- • BRIAN: Es inútil que vayas en contra de tus propios sentimientos y deseos Casey.
Ella intentó soltarse pero él la apretó contra su pecho más
fuertemente.
- • BRIAN: Yo de ti no lo haría, ¿no querrás provocar un escándalo? Recuerda con quién vienes.
Nada más terminar de hablarle, él rozó sus labios con su
piel en aquel lateral de piel sedosa y blanquecina, logrando que , mientras se erizaba por completo , sus
fuerzas volvieran a debilitarse y su resistencia fuera desapareciendo.
¡Por dios , cuánto más puede durar esta pieza! Eso es lo que
pensaba una y otra vez Casey. Aquel
baile era una consecución encadenada de piezas que cambiaban de forma casi
imperceptible.
Encontrándose totalmente a su merced, Brian hacía suyo sus oídos
y su mente, sabía que ella jamás perjudicaría a Aengus con un escándalo, y
contaba con una esperanza que no le
haría desistir: volver a recuperarla.
Aquella parte de la pieza musical se lo ponía muy fácil. Sus
acercamientos a sus oídos eran cada vez más habituales, al tener que acercar
mucho su cabeza a la de ella .
- • BRIAN: Podría hacerte tan feliz.
- • CASEY: -Cada palabra suya resonaba en sus adentros como si escuchase un eco que la relajase , justo el efecto tan propio de su voz que debía evitar- Sabes que eso no es posible, nunca lo ha sido.
Brian la apretó tanto en la cintura en ese instante que a
Casey le costaba respirar, e hizo lo
mismo con la mano , hasta que una creciente
sensación de dolor fue apoderándose de su brazo.
- • BRIAN: Él te traicionará, no es nada ni nadie. Sólo es un hombre, simple y sin nada que ofrecer.
- • CASEY: Sí, un hombre simple, pero un hombre que cuando se entrega se da por entero.
Tocaba en ese momento dar la vuelta a las damas y apoyar las manos en la parte baja de la
espalda , mientras seguían sin soltarse de la otra mano.
- • BRIAN: Yo podría haber sido tuyo si me hubieran dejado.
- • CASEY: Lo nuestro nunca debió de haber empezado.
Cada palabra que ella le decía , le suponía irse clavando
algo en el pecho e irlo introduciendo poco a poco, para él , el desagarro lo
sentía en la carne y no en algo tan superficial como la piel.
Y por fin tocaba la parte final, los últimos compases, el
último arreglo que el compositor pensó para dicha pieza. Los movimientos se
suavizaron, pero ambos contendientes en esta especie de batalla de música y
seducción soslayada , debían mantenerse la mirada quitándose las máscaras , y
en ningún caso tocarse hasta el final,
pero con la condición que entre ellos no hubiese más que la separación justa
para no rozarse.
Ella fue la primera en quitársela y sus ojos , llorosos
demostraban que aquella situación no era cómoda para ella.
Él se la retiró , y ella terminó de desmoronarse. Mientras
había hablado con ella había estado llorando, y sus mejillas conservaban el
brillo de la humedad.
En silencio, sin necesidad de nada más, comenzaron a danzar . Sólo el diálogo silencioso de sus miradas era suficiente. Un momento para ellos
dos en exclusiva, nadie más alrededor .
No existía el pasado, ni el tiempo,
sólo ellos.
Ni más recuerdos, ni más imágenes, sólo el momento.
Él aprovechaba los momentos de giro y acercamiento para,
disimuladamente, cogerle la falda de nuevo como aquella vez en la celda, o para
rozarle las manos hasta casi cogérselas.
Y la pieza llegó a su fin de la misma forma suave como había comenzado,
y las distintas parejas terminaron como empezaron, con reverencias de respeto.
Casie, al incorporarse, volvió a mirar a Brian y se dio la
vuelta caminando todo lo más deprisa que pudo hasta la puerta que daba a la
terraza, necesitaba respirar profundamente.
Brian la siguió quedándose cerca.
- • BRIAN: Pero empezó.
Casey bajó la cabeza, cada vez le era más difícil oír su
voz.
- • BRIAN: - caminó hacia ella- Y nunca tenía que haber terminado.
- • CASEY: Los dos cometimos un grave error entonces , y no permitiré que volvamos a cometerlo ahora.
- • BRIAN: - Dolido y sin creerse lo que estaba escuchando- ¿Un error? ¿A quererte más que a mi vida lo llamas error?
Brian comenzaba a encenderse de la impotencia y el dolor de
las palabras vertidas por ella , mientras Casey tragaba saliva como podía,
mientras intentaba solventar la situación .
- • BRIAN: ¡Mírame a los ojos si tienes el valor suficiente y dime que no me querías entonces y que aún no sientes lo mismo!
Su rostro permanecía tan junto al de ella que toda su furia
era trasmitida en toda su extensión
llegando a hacer que a Casei
le temblase la voz.
- • CASEI: No puedes pedirme eso.
- • BRIAN: ¿No? ¿Al menos no merezco una respuesta sincera por una vez?
A Casei le costaba mantenerle la mirada.
- • CASEI: Quiero a Aengus, Brian.
- • BRIAN: ¡Eso no es cierto ¡- bajando algo la voz, cabizbajo – y lo sabes.
- • CASEI: Nada de lo que digas hará que lo que siento por él cambie.
Aengus, que llevaba bastante tiempo buscándola apareció en
la terraza, no pudiendo contener su sorpresa
por la situación y la presencia de Brian en la fiesta .
- • Dr. Cárthaigh: ¡¿Brian?!¿Qué diablos está pasando aquí?
- • CASEY: Nada que no pueda arreglar o aclarar ¿Verdad Brian?
- • Dr. Cárthaigh: Se supone que te quedarías en el hospital, no sabía que vendrías a Londres , desde cuando estás aquí.
- • BRIAN: - sin dejar de mirar a Casey- he llegado hoy, tenía que arreglar algunas cosas.
- • Dr. Cárthaigh: - acercándose a ambos- ¿qué se supone que tienes que arreglar con él Casey?
- • BRIAN: -Hablándole a Casey en voz baja, casi susurrante- ¿Se lo dices tú o lo hago yo?
- • CASEY: -realmente nerviosa- No lo hagas Brian.
- • Dr. Cárthaigh: ¿Es que nadie va a contestarme?
- • BRIAN: ¿Tú o yo ?
- • CASEY: - cogiéndole de la mano sin que Aengus le viera- Brian no, por favor.
Aún no se sabrá porque lo hizo, porque evitó contestarle a
su hermano aquello que preguntaba. Quizás el tono suplicante de Casey, o ese
roce cómplice que lo esperanzaba de que podía continuar habiendo algo a lo que
ella se estaba negando.
Cuando Aengus llegó hasta donde estaban ellos, la cara de
susto de Casey le daba la señal de que algo no iba bien.
- • Dr. Cárthaigh . Brian ¿qué es lo que quieres?
- • BRIAN: (sin dejar de mirar a Casey) Ya nada, lo que más he querido en mi vida te has encargado de arrebatármelo. Siempre has estado en medio, siempre has salido ganando a raíz de robarle a los demás.
Casey no dejaba de mirar por un segundo a Brian.
- • BRIAN: ¡Tú hermanito! ¡El que siempre lo tuvo más fácil que los demás, el amado hijo deseado por mi padre en detrimento de su sangre!
- • Dr. Cárthaigh: No sabes lo que estás diciendo. Para padre lo eras todo.
Brian giró hacia su espalda la cabeza y el estallido de ira
se anunciaba por sí solo.
- • BRIAN: Para padre sólo era algo que moldear, sin más, sin tacha ni fallos hasta que decidí ser humano y sentir. Algo de lo que poder presumir ante el Consejo ; tú sin embargo, sí supiste hacerlo . Buen chico, correcto y cariñoso, el hijo perfecto que mi padre siempre quiso tener.
- • Dr. Cárthaigh: Brian…
- • BRIAN: Y para algo que era enteramente mío, ella, al chico bueno le hacen un ofrecimiento y acepta sin miramientos. Te miré a la cara y me negaste que fueses a hacer nada, ¡me lo negaste Aengus.! Y pese a tu negación la hiciste tuya. Pasa el tiempo, ni siquiera la reconoces pero – girándose del todo hacia su hermano- consigues arrebatármela de nuevo. ¿Qué crees que debo pensar hermanito?
- • Dr. Cárthaigh : Brian no es lo que piensas..
- • BRIAN: ¿Y bien? – preguntándole directamente a ella- ¿No vas a decir nada?
- • CASEY: ¿Serviría de algo? Tú nunca has querido saber la verdad, te bastó quedarte con mi imagen en el camastro de Kael, cualquier explicación te sobraba. Lo que sucedió en aquella habitación, se quedó en aquella habitación, y se quedará entre Kael y yo.
La vuelta al hotel estuvo presidida por un silencio casi
cortante por ambas partes, y miradas furtivas
de Aen hacia Casey intentando que
ella le hablase y le dijese que estaba pasando en realidad entre ellos.
Silencio sólo interrumpido, por la cogida de mano de Aen hacia ella , y
correspondido con fuerza.
Al llegar a la recepción del hotel, mientras recogían la
llave, a Casey le pareció oír algo de una conversación mantenida por dos
hombres. Algo relacionado con la reciente desaparición de una joven, una menor de 16 años miembro de una de las
familias más influyentes de Londres.
Ella recordó entonces algo que Brian le había dicho, un
cambio permitido en el ritual. Sólo le cabía esperar que él no tuviera nada que
ver y que aquello hubiera sido mera casualidad.
FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)

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