viernes, 19 de junio de 2015

MOMENTOS . Siempre tuya (83)

Salpicada como sal en mis heridas,
éstas escuecen ,
sin hacerme olvidar
la desazón sentida por la búsqueda insaciable.

Siento que me sobra tiempo.
Tiempo que gasto en pensar,
en sentir.
En creer que estoy viviendo.

Sola.
Hace tiempo que me acostumbré
a este estado,
sin echar de menos nada más.

Acogiéndome a la almohada,
permanezco atenta
por si la noche decide apiadarse de mi sueño,
y traerte de vuelta una vez más.
Una sola vez,
en la que los dos podamos volver
a disfrutar de aquellas vigilias mutuas,
de aquellas caricias robadas
y ofrecidas por sorpresa,
de aquellas palabras que erizaban nuestra piel,
sólo con comenzar a escucharlas de nuestros labios.

Tu cuerpo,
sentir tu piel una sola vez más.
Sueño imposible.

Soledad deseada 
por puro egoísmo vital,
y es que ,
si no puedo tenerte,
no quiero tener a nadie.

Llega de nuevo la noche.
Atraviesa mi puerta cual descarada,
y como tal,
se ríe  para sus adentros.
Fría sonrisa revestida de pura advertencia,
repetida más de una vez.
Cobro de deuda atrasada,
de intereses vencidos ,
por aquellos inmerecidos momentos de felicidad vivida.

Llega la noche,
y  viene sola.
Incapaz de sentir
como pecho de mujer abandonado,
agita su largo cabello capaz de enredar a los más incautos,
y con su voz,
atronadora y firme,
me recuerda que no tengo derecho a exigirle nada.

La ofrenda un día requerida,
nunca fue cubierta,
y la espera se convirtió en desesperanza.
Justa venganza trazada
dejarme en soledad perpetua,
bajo argumentos de complejidad humana
difíciles de resolver,
bajo complejos sonsacados de las esquinas de la mente.

Vivir.
¿Qué sentido tiene?
Mejor así.
Acostumbrada a enfundar mis bultos sola,
a proseguir e iniciar caminos angostos
sin dar un sólo paso atrás,
tomo mis propias decisiones sin contar con nadie,
llevando una vida  de disimulada angustia,
cubriendo el papel de la implícita felicidad buscada,
cuando la realidad,
es que aún sigo esperando,
que la bella luna se apiade de mí,
y en una de sus visitas,
sea a él a quién me envíe,
aunque sólo sea por una vez.

Una sola vez,
con sabor a gloria.

Ana Patricia Cruz López

(Todos los derechos reservados)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Muchísimas gracias por participar en esta página