jueves, 23 de julio de 2015

MOMENTOS. Siempre tuya (108)

Tú,
incapaz de sentir  como un humano mortal,
incapaz de ponerte en el lugar de aquellos que llamas súbditos,
de los que subyugas voluntades a tu capricho,
sólo hay algo que llega a perturbarte,
llegando a ser tus ojos,
quienes reflejan tu verdadero estado.

Nacido de seres sin alma,
autoinvestido de un falso poder regio
y creyéndote el centro del mundo,
algo te ha salido mal ante tu planificación estudiada.
Algo nos has podido controlar,
y eso hace que te sientas confuso,
convirtiendo tus dudas en ira.


Tú,
engañado y vilipendiado por todos
excepto por la que obró como tu madre,
crees poder evadir ésto que te reconcome, 
con esos trucos de supuesto erudito de la magia,
cuando en realidad,
pensar y dejarte llevar como un humano,
bastaría para recobrar la paz.

Cruel momento aquel,
en el que todas tus defensas se  desvanecían
sin que pudieras hacer nada,
en que tus pensamientos se mezclaron con las imágenes de lo deseado,
de aquello que te hacía sentir extraño,
de aquello de lo que renegabas.

Sentimientos dolorosos
de impotencia y falta de entendimiento,
ocultos tras tu imponente figura,
tras tu carácter endiablado y totalitario,
propio de quiénes el concepto libertad es entendido a sus anchas,
y en donde el sometimiento a los demás,
sólo entiende de sangre.

Desesperado por lo que te oprime el pecho,
día tras día,
tratas de recordar aquello que un día salió como no esperabas,
aquello que comenzó a humanizarte a tu pesar,
aquello que lograba extraer tus miedos infantiles,
buscando las respuestas ocultas .

Inquieto y temeroso
ante una posible locura que te invadiera,
recalaste sin darte cuenta en unos brazos familiares.
Brazos en los que confiabas sin saber por qué,
en los que te reconfortabas ,
haciendo que la tranquilidad volviera a invadir tu cuerpo.
Brazos, donde tu conciencia no piensa,
donde tu cuerpo simplemente se deja ir,
donde el silencio te embauca,
y encuentras la paz,
aquella que añoras ,
aquella que en realidad siempre has buscado,
aquella que siempre ha estado contigo,
primero, como tu madre,
después, como............

¡No! ¡No quieres  si quiera pensar que eso sea posible!
¡No quieres reconocerte con corazón  ,
porque ello te haría más débil!
¡No!
¡No quieres alzar la cabeza,
y ahora que me tienes junto a  ti,
mirarme a los ojos y decirme lo qué sientes!

Y yo, con el respeto que me inspiras,
me limito a contemplarte en silencio,
angustiada por no poder ayudarte,
por no poder  siquiera dirigirme a ti
para enfrentarte a la verdad,
a tu verdad ,
que tú convertiste un día en mía,
y que tu orgullo no deja que disfrutes.

Exclava voluntaria de tus palabras,
mis sentidos son tuyos de forma absoluta  e incondicional.
Extrañamente tranquila ante tu presencia,
lo tomas como un desafío a tu aclamada obediencia ciega,
aquella que exigiste a todos desde el primer día.
Y sin saber cómo,
me convertiste en el puerto en el que recala tu alma inquieta ,
el abrigo de tu frío interior.

Es en mis ojos en quién únicamente confías,
es a ellos a quiénes confiesas tus miedos.
Es a ellos , a quién entregas tu alma indefensa
y resquebrajada.

¿Cómo poder responderte de otra forma más cómo lo hago?
Una historia propia de dos seres,
silenciada hasta en la intimidad más oculta .
Una historia , que un día tú mismo comenzaste,
una historia que jamás se hará pública,
una historia de devoción absoluta e incomprensible,
de locura remota y eterna hacia tu persona y lo que representas.
De obsesión absoluta  por tus emblemas ,
por tus palabras,
por tu presencia.

Tu mundo,  en una mirada.
Mi alma, en tus manos,
mi cuerpo............. tu recodo y remanso.

Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Muchísimas gracias por participar en esta página