Palabras sordas oídas una y otra vez,
caen de nuevo en el saco roto de la desesperanza.
Siempre fue más fácil para ambos huir
en lugar de dar la cara.
Palabras que se arrojan a muros de papel,
y que lo atraviesan como aire.
Un intento de salvar aquello que nos importó un día,
para continuar adelante .
Esconderse , tu mejor salida.
La mía, enfrentarme y hablar,
cuando es la nada lo que encuentro.
Seguir intentando hacer esto una realidad,
costumbres que la vida me enseñó hace ya tanto.
Ilusiones en estado gaseoso,
endebles e inalcanzables.
No tenerte , me hace daño.
No puedo sostenerte el rostro,
con ambas manos,
y con palabras sinceras
gritarte que no debes tener miedo,
que la vida consiste en este juego
en el que las fichas rondan de casilla en casilla
hasta varar en el arrecife de nuestros corazones.
Cabeza que te traiciona,
que te hace sentir
que siempre eres tú el culpable.
Necesidad de que logres sentirte como yo,
como el otro jugador.
Aquel, al que un día
le enseñaste otra forma de amar.
Aquel, que añora
saber qué se siente
contemplando un amanecer abrazado a ti.
Aquel, que siente envidia de tus sábanas,
por disfrutar de la caricia de tu piel mientras duermes.
Aquel, que aspira , cada día, a poder mirarte a los ojos ,
y deseando besarte,
sólo te dice un "te quiero", inolvidable y
sincero.
Cual partida de ajedrez,
donde las piezas parecen disponerse solas,
sin reglas,
sin impedimentos,
siento a veces , que
he debido perder la costumbre
en el manejo de estos barcos,
que la estrategia, se confirma como no mía,
y que , pese a los años pasados
y los que hayan de llegar,
las piezas seguirán manejándose solas.
Nunca fui una estratega,
y pese a haber creído que aprendí de mis errores,
creo que aún los sigo cometiendo,
y es que mi fe ciega en el ser humano,
y en que éste es diferente,
me puede.
Aún hay tiempo para seguir moviendo.
Aún hay tiempo para seguir esperando
el siguiente movimiento tuyo.
Aún hay tiempo para que mis esperanzas cobren vida,
y , algún día,
pueda decirte a la cara cuánto te quiero,
y cuánto te he echado de menos ,
que sin duda alguna, aunque suene extraño,
es desde antes de conocerte.
Y todo, porque algo ahí arriba,
sé que me guardaba una grata sorpresa,
silenciada,
sin pista posible.
El término de mi soledad ingrata,
con tu nombre grabado,
con tu presencia resguardada.
Ana Patricia Cruz López
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