Surco mares de sentimientos
con mis alas de fino cristal.
Delicadeza extrema en tus manos.
Tempestad de caracteres.
Tú,
el que hiciste liviano mi cuerpo,
el que me hiciste viajar sin mirar atrás,
el que puso en mi puerta
una montaña rusa de emociones,
de la que no quiero bajarme
jamás.
Tú,
que me provocas hasta cuándo no te tengo delante.
Cuya imagen no logro quitarme de la cabeza.
Aquel, cuyo aroma en su piel,
permanece en la mía sin suavizarse.
Marca casi de propiedad ,
invisible ante los demás.
Tú,
que supiste sacarme del mundo que me tenía prisionera,
aquel en el que me sentía segura,
tranquila.
Aquel, que me enseño a amar la vida
y a arañarla cuando se mostraba esquiva.
Aquel, que supo sacar de mí,
la mujer que por lo que la rodeaba,
vivía acogotada y gris.
Tú,
que diste sentido a las lágrimas en las despedidas,
al eterno abrazo de buenas noches,
a escuchar la respiración mutua
para saber que seguimos juntos,
que le diste un nuevo
significado al calor humano,
y a las palabras cotidianas.
Aquel,
con el que aprendí a añorar,
a desesperarme sintiéndome desnuda sin ti,
a sentir ansiedad por no escuchar tu voz,
a convertir tu presencia
en el brazo que siempre noté que me faltaba,
en el apoyo sincero .
Tú,
que me conocías sin
apenas saber de mí,
que calaste todos mis defectos
y preferiste apoyarte en las virtudes,
que ante mis enfados
siempre supo extraer
una sonrisa,
que recogió mis lágrimas de impotencia
convirtiéndolas en el agua que saciase mi sed de
desesperanza.
Tú,
por quién nadie apostaba,
por quién me llamaron loca
cuando lo hube dejado todo.
Aquel, que sin proponérselo,
se convirtió en todo lo que necesitaba,
me hizo ser persona y mirar a los demás como iguales,
sin género,
sin raza.
Aquel ,
que me enseñó que hay diferentes formas de amar
y de sentirse vivos.
Aquel,
que me enseñó a dejar de vivir tras mi cámara,
para comenzar a disfrutar delante de ella,
a despojarme de mis complejos y de mis intimidades,
que me enseñó, cómo
hay que arriesgarse a la entrega ,
especialmente cuando se ama.
Tú,
que fuiste hombre,
y ahora....................
¿Cómo definirte ahora?
Objetivo codiciado,,
en otra época ajusticiado por hereje,
por defensa de costumbras paganas.
Sin tiempo , ni medida de las horas,
sin reloj que te indique,
te limitas a vivir y a enseñar a los demás cómo hacerlo.
Tú,
mi luz,
mi no oscuridad,
mi no límite,
mí amanecer sin tarde,
mis días con mil noches,
mi piano con un
millón de teclas
y las manos que no se detendrán mientras las notas sigan
sonando,
mi violín de los mil arcos,
tocado por el aire emitido por tu aliento sincero,
mi melodía celestial,
sin partitura fija,
con la que me dejo llevar.
Tú,
mi maestro,
mi aprendiz.
Tú,
mi nobleza,
mi ira.
Tú,
que has hecho de mi fragilidad
la lección de mi fuerza,
que me has echo olvidar que soy sufrimiento
para ser vida,
que me has enseñado a aferrarme a mí misma
como el puerto más seguro.
Tú............................
Tú.
Yo.
El mundo.
Mi mundo,
el nuestro.
Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchísimas gracias por participar en esta página