¿Qué ha sido de lo que que éramos?
¿Qué queda de lo que fue una relación,
tras esta guerra fraticida y salvaje
que nosotros mismos hemos provocado?
¿Qué queda de todos aquellos sueños que fuimos modelando,
con nuestras manos unidas sobre la arcilla de nuestras
ilusiones?
¿Qué fue de aquella pasión
que nos hacía perder la cabeza en cualquier lugar,
sin importar si había gente o no observando curiosa?
¿En dónde ha quedado este corazón ardiente que nos colmaba
con la felicidad que le era propia?
¿Cuándo las palabras dejaron de entenderse?
Tiempo que dedicamos a perder
entre las sábanas de lo que llamábamos relación.
Tiempo en el que el viento ,
cómplice de un destino escrito,
se dedicaba a recordarnos por qué estábamos juntos,
cuando nadie apostaba nada por ello.
Horas en un reloj invisible,
por el que manteníamos ésto
sin saber la verdadera razón.
Sentimientos consumidos en el olvido más profundo.
Conveniencia de normalidad,
de lo aparentemente tolerable.
Manos que pasaron de
buscarse tímidamente ,
a apenas rozarse.
Ojos que buscaron , desesperados, en un primer momento,
y después , prefirieron ignorarse.
Partes de la piel,
deseada con ansiedad en tiempos remotos,
iniciales incursiones en pro de la conquista,
como el juego de dos niños,
y que ahora,
como ancianos conformistas que apenas se soportan,
simplemente sirven para mostrar las huellas de los años,
de las experiencias ganadas,
y de aquellas en las que hemos sido vencidos.
¿Dónde quedó aquella locura inicial
capaz de mover todo bajo nuestros píes y ,
aún así,
mantenernos firmes y unidos en un beso eterno ?
¿Quién osó apagar las llamas
que incendiaron nuestros adentros hasta no hace mucho?
¿Dónde quedó, aquella maravillosa sensación
de echarnos de menos con tan sólo cruzar la puerta de la
habitación?
Rotos del traje perfecto,
inservibles para reconstruir,
inútiles para confeccionar otro.
Una historia de a dos,
en la que siempre parecieron haber más,
defendida con uñas y dientes pese a la adversidad,
convertida, ahora,
en el barco hundido que todos pretenden conquistar ,
con un tesoro oculto del que todos quieren aprovecharse.
Ya no recuerdo cuándo fue la última vez
que sentía que te amaba de verdad,
pero es que ahora, todo
me da igual.
No quiero seguir sintiendo.
No quiero seguir llorando.
No quiero seguir andando por este camino impuesto
por lo mismo que nos destrozó.
Quiero seguir viviendo .
Quiero seguir alargando mis brazos .
Quiero seguir aferrándome a lo único que me importa,
lo único que siempre fue verdad.
Tú.
Ana Patricia Cruz López
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