jueves, 2 de julio de 2015

MOMENTOS. Siempre tuya (88)

Abrázame fuerte.
Quiero sentirte hoy, más que nunca.
Sentir tu abrigo,
tu calor.

Necesito hoy, 
de esos brazos sinceros
capaces de abarcarme por entero.

Fácil conformidad la de mi estado,
al que le basta ese simple gesto tuyo,
sin más.


Sintiéndote indefenso,
con tu valor resquebrajado,
y la desconfianza ante lo que te rodea a mil,
te siento ausente, lejano.

Echando de menos aquellas tardes placenteras,
de paseos interminables y
silencios rotos por nuestros besos;
de puestas de sol a orillas del río y
besos sentidos en las mejillas,
cual chiquillos de colegio  que comienzan a conocerse;
de ternuras incendiadas pero inconsumibles
por lo que para nosotros es inevitable.

Como música coral en una alta catedral
con miras eternas hacia el cielo,
cierro mis ojos ,
y sólo contigo recuerdo la misma sensación de paz.
Aquella que penetra en mi cuerpo,
inunda de felicidad sin sentido  lo que me rodea,
aclama en mi interior tu encuentro,
tus hechuras.

Perdición la de mi carácter,
para tu goce y bendición absoluta,
cual rey  respecto  su plebe,
a la que manda sin compasión y con fuerza,
mientras a los otros,
servir con la cabeza gacha es lo único que les queda.

Tiempos aquellos ,
en que tan sólo un leve gesto bastaba.
Tiempos aquellos,
en los que el orgullo no te podía,
en los que los sentimientos lo eran todo,
en los que las palabras se cruzaban al mismo volumen
y ni siquiera, hacía falta ponerse de acuerdo.
Tiempos de conversaciones con fachada de negociación,
tiempos en que los muros se derrumbaban solos,
y la palabra entendimiento , no se escribía, se practicaba.
Tiempos en que servir voluntariamente por amor al otro,
era el juego de cada día ,
y parte de nuestra supervivencia.
Tiempos,
en que el amor se acrecentaba a cada instante,
cuando ante los ojos de los demás,
como  todo lo azucarado en exceso,
empalagaba.

Tiempos ,
en que tu mano buscaba el roce de mi piel,
por el simple echo de asegurarte que seguía a tu lado,
por sentir mi estremecimiento
y escuchar mis suspiros.

Tiempos ,
en los que cualquier lugar
era perfecto para mostrarme tu afecto,
en donde las miradas de los demás poco importaban,
en donde ..................

¡Ay añoranza mía!
Pena que cruje en mis adentros,
por pensar que gozaba de la felicidad en mis manos
con tal sólo tenerte.

¡Ay pena mía !
Que me haces lamentar cada instante
en que te amé sin condiciones,
sin por qués,
sin explicaciones.

Instantes , en los que te acepté sin más,
sabiendo lo que eras,
sabiendo lo que necesitabas.
Instantes , en los que
el miedo y la indecisión pudieron conmigo,
y , sin ayuda,
tuve que girar mi vida.
Darle un vuelco no previsto.

Instantes que pasé por alto ,
conforme me llenabas con tu gloria
y presunta devoción,
y que  con el tiempo,
tornan grises , cual nubes de tormenta,
impetuosas y desagradecidas por los dioses que las han creado.

¡Ay pena mía !
Que desgarras mi alma de forma irremediable,
ante la entrega realizada.
Craso error,
entregarme por entero,
creyéndome correspondida,
a un amor  con tintes de tragedia griega,
puntos de encuentro invisibles,
y puñales con sierra por lágrimas.

Ahora,
en el borde de este precipicio que llaman vida,
sólo me queda añorarte.
Añorar lo que pudo ser ,
y sólo mi cabeza creyó vivir en ti.
Creer ,
que lo que viví contigo no estuvo sólo en mi cabeza.
Volver a tenerte en frente mío,
mirarte a los ojos,
y que con tu voz sincera me digas:
si realmente , lo nuestro, fue real o fingido,
si aún eres capaz de sangrar amándome,
o sólo es olvido lo que corre por tus venas,
si me has amado de veras alguna vez,
y si realmente ,
aunque sólo fuera por esa vez,
ésto haya merecido la pena.

Vida , es lo que me queda por vivir.
Una vida alejada de todo y todos,
una vida sin sentimientos ,
una vida gris y vacía,
en la que siempre faltará el color.
Aquel que  tú aportabas.
Aquel , que con trazos largos y pinceladas suaves, 
colmabas los lienzos de nuestros días.
Aquel, que danzaba con las puntas de los píes,
caricias de pasos de ballet,
en donde el cisne negro nunca ganaba.

Vida,
en la que mi única compañía será tu recuerdo.
Vida,
en la que no volverás a aparecer , lo sé,
porque es a mí a la que me falta el valor y me sobra el orgullo,
y porque mis deseos más sentidos,
son los que se terminan cumpliendo.

Vida,
en la que sólo el aroma de lo que inevitablemente amo,
en la que su sombra,
cae como pesada losa sobre mi conciencia,
queriendo tentarme una y otra vez.

Vida,
en la que pese a mis intentos frustrados por reconocer mis errores,
y el exceso de devoción por alguien que no lo merecía,
se empeña en recordarme  ,
que debo limitarme a vivir ,
que me deje llevar,
que no piense,
y que ,
empezando de cero,
tragándome las lágrimas que aún me queden por sacar,
abra de nuevo mis brazos ,
para acoger al amo de mi alma,
y señor de mi corazón,
al hombre cuya marca llevo grabada a fuego.

Vida,
en la que sólo me queda esperar,
que las nubes cambien de color,
y por fin,
me otorguen la señal,
de tu vuelta a mí.

Vida,
en la que una vez más,
tendré que seguir esperando.

Ana Patricia Cruz López

(Todos los derechos reservados)

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