jueves, 2 de julio de 2015

MOMENTOS. Siempre tuya (94)

Libre.
Así me siento por una vez.
Libre para vivir ,
y sentir todo lo que deba con ello.

Libre.
Para disfrutar con mi piel erizada
al roce con el viento,
y el frío que trae a cuestas ,  mientras cae la tarde.


Las primeras gotas de esa vida nueva
empiezan a invadir lo que me rodea.
Respiro hondo,
cierro mis ojos,
y elevo mi rostro al cielo.
Deliciosa percepción
del eterno recorrido ,
que como caricias ,
toman su ruta , para deshacerse ante mis ojos.

Brisa que me traes el olor a azahar,
evocando lugares aún por conquistarse.
Leve y largo silbido ,
llamada oculta de mi nombre.
Y aún mirando a  mi al rededor ,
no logro ver a nadie.

Nervios , que en mi estómago juegan al escondite.
Estrechez y retorsión invocadas,
por la creencia ilusoria de que puedas ser tú.

Larga espera,
desesperante pasar
de los días,
de las semanas,
de los meses,
de los .........años.

Cuando mi esperanza creí perdida,
tomé aquello como una señal.
Necesaria.
Agobiante.
Palidecina.
Tibia.
Hermosa.

Cualquier gesto natural me valía.
El sonido del mar,
al descansar las olas en la orilla,
me recuerda a tu risa,
sincera y entregada.
Y, es en su busca ,
dónde vengo a refugiarme,
cuando necesito tenerte .

Un mechón de pelo que se descolocase,
y la imagen de tus dedos apartándolo de mi cara,
se dibujaba fresca y real.

El calor del sol,
y son tus brazos los que me reconfortan.

Y el mundo ,
empeñado en que debo olvidarte,
en que eres inalcanzable,
en que ya no volverás de nuevo
sobre tus propios pasos,
en que sólo soy ,
parte de una historia pasada
de un verano cualquiera.

Una parte,  a la que amaste como si se acabase el mundo.
Una parte , a la que recordaste lo qué es sentirse mujer.
Una  parte, a la que no sólo diste lo que tu instinto buscaba
y el mío deseaba de pleno,
si no que , atrevido y sin miedo,
decidiste dar mucho más ,
convirtiendo aquel verano,
en la más hermosa de las historias.

Una historia ,
para la que, pese a estar acostumbrada a escribir,
no encuentro las palabras  con qué definirla,
las frases con las que expresar qué cúmulo de echos maravillosos
nos llevaron a todo aquello,
porque en realidad,
creo que ni siquiera
fuimos capaces de darnos cuenta.

Un adiós , nos unió,
pero también,
fue lo último que nos dijimos sin decirnos nada.
Un adiós no nuestro,
de otros,
fue lo que nos  abrió las puertas,
y lo que nunca pernmitió que volviesen  a cerrarse.

Conexión casi inmediata,
sin aparente necesidad de cariño,
sin aparente necesidad de compañía.
Sin dolor.
Sólo ausencia.

Un adiós certero,
convertido en nuestro amuleto
una sencilla tarde de verano,
bendecidos por un sol que nos daba las buenas noches
con una sonrisa cómplice en su cara.

Tormenta confusa de sentimientos imposibles
entre dos desconocidos.
Vueltas en mi cabeza ,
una y otra vez,
a la misma idea,
a las mismas preguntas.
Pero, con una esperanza:
volver a encontrarte al día siguiente.

Libre,
para seguir sintiendo,
para continuar esperando
a que el cómplice sol ,
en este inicio de verano,
me confirme tu vuelta aunque haya pasado el tiempo,
y que , por una vez,
ese adiós que un día nos dijimos sin decirnos nada,
sea el hola más sonoro que podamos haber escuchado jamás.

Ana Patricia Cruz López

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