Libre.
Así me
siento por una vez.
Libre para
vivir ,
y sentir
todo lo que deba con ello.
Libre.
Para
disfrutar con mi piel erizada
al roce con
el viento,
y el frío
que trae a cuestas , mientras cae la
tarde.
Las primeras
gotas de esa vida nueva
empiezan a
invadir lo que me rodea.
Respiro
hondo,
cierro mis
ojos,
y elevo mi
rostro al cielo.
Deliciosa
percepción
del eterno
recorrido ,
que como
caricias ,
toman su
ruta , para deshacerse ante mis ojos.
Brisa que me
traes el olor a azahar,
evocando
lugares aún por conquistarse.
Leve y largo
silbido ,
llamada
oculta de mi nombre.
Y aún
mirando a mi al rededor ,
no logro ver
a nadie.
Nervios ,
que en mi estómago juegan al escondite.
Estrechez y
retorsión invocadas,
por la
creencia ilusoria de que puedas ser tú.
Larga
espera,
desesperante
pasar
de los días,
de las
semanas,
de los
meses,
de los
.........años.
Cuando mi
esperanza creí perdida,
tomé aquello
como una señal.
Necesaria.
Agobiante.
Palidecina.
Tibia.
Hermosa.
Cualquier
gesto natural me valía.
El sonido
del mar,
al descansar
las olas en la orilla,
me recuerda
a tu risa,
sincera y
entregada.
Y, es en su
busca ,
dónde vengo
a refugiarme,
cuando
necesito tenerte .
Un mechón de
pelo que se descolocase,
y la imagen
de tus dedos apartándolo de mi cara,
se dibujaba
fresca y real.
El calor del
sol,
y son tus
brazos los que me reconfortan.
Y el mundo ,
empeñado en
que debo olvidarte,
en que eres
inalcanzable,
en que ya no
volverás de nuevo
sobre tus
propios pasos,
en que sólo
soy ,
parte de una
historia pasada
de un verano
cualquiera.
Una
parte, a la que amaste como si se
acabase el mundo.
Una parte ,
a la que recordaste lo qué es sentirse mujer.
Una parte, a la que no sólo diste lo que tu
instinto buscaba
y el mío
deseaba de pleno,
si no que ,
atrevido y sin miedo,
decidiste
dar mucho más ,
convirtiendo
aquel verano,
en la más
hermosa de las historias.
Una historia
,
para la que,
pese a estar acostumbrada a escribir,
no encuentro
las palabras con qué definirla,
las frases
con las que expresar qué cúmulo de echos maravillosos
nos llevaron
a todo aquello,
porque en
realidad,
creo que ni
siquiera
fuimos
capaces de darnos cuenta.
Un adiós ,
nos unió,
pero
también,
fue lo
último que nos dijimos sin decirnos nada.
Un adiós no
nuestro,
de otros,
fue lo que
nos abrió las puertas,
y lo que
nunca pernmitió que volviesen a
cerrarse.
Conexión
casi inmediata,
sin aparente
necesidad de cariño,
sin aparente
necesidad de compañía.
Sin dolor.
Sólo
ausencia.
Un adiós
certero,
convertido
en nuestro amuleto
una sencilla
tarde de verano,
bendecidos
por un sol que nos daba las buenas noches
con una
sonrisa cómplice en su cara.
Tormenta
confusa de sentimientos imposibles
entre dos
desconocidos.
Vueltas en
mi cabeza ,
una y otra
vez,
a la misma
idea,
a las mismas
preguntas.
Pero, con
una esperanza:
volver a
encontrarte al día siguiente.
Libre,
para seguir
sintiendo,
para
continuar esperando
a que el
cómplice sol ,
en este
inicio de verano,
me confirme
tu vuelta aunque haya pasado el tiempo,
y que , por
una vez,
ese adiós
que un día nos dijimos sin decirnos nada,
sea el hola
más sonoro que podamos haber escuchado jamás.
Ana Patricia
Cruz López
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derechos reservados
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