miércoles, 22 de julio de 2015

MOMENTOS . Siempre tuya (95)

Deseo impuro y feroz,
única forma de entrega.
Renegar de los propios sentimientos,
por el simple sabor de la carne.
Goce completo exclusivo para nuestros ojos.

Pleno estallido en cada encuentro,
sin importar quién quiera que haya al rededor.
Hacemos los espacios nuestros,
y el mobiliario urbano es nuestro escenario.


A punto de comenzar la representación,
la de nuestra vida ,
la que motivó que todo  empezase ,
la que nunca ha encontrado final,
la que no acabaremos jamás......
las cadenas que nos unieron,
vuelven a unir nuestras manos .

Inconformistas,
arriesgados,
nunca nos movimos por las reglas prefijadas.
Siempre fuimos diferentes.

Vida a más de doscientos por hora,
sin asunción de riesgo.
Sólo vivir.

Despertar sin saber si habrá mañana,
disfrutar de nuestra plenitud,
como si el mundo se acabase en un instante.
Poseyendo el cuerpo del otro
como salvaje ritual.
Cada parte del cuerpo,
arma mortal al servicio del placer,
tal, y como tú  y yo siempre lo entendimos.

Hay quién dice,
que será el infierno el que habrá de juzgarnos.
En nuestra mente,
una deliciosa imagen de puro cuero y metal,
con líneas definidas en nuestros cuerpos
y ansiedad por devorar,
es la imagen que nos incita a seguir adelante,
a seguir infringiendo las reglas,
a no llevarnos por las normas,
a no medir el concepto de autoridad salvo en la intimidad,
y siempre seguido de puros gemidos de placer infinito.

Vicio,
en tono despectivo,
donde para nosotros ,
sólo hay amor.

Depravación,
como  insulto,
ante el regusto ácido en mi boca
como restos del recuerdo  de la noche anterior.

Como si prendieran una hoguera a nuestro paso,
siento el fuego interior.
Desafio es mi respuesta.
Sonrisa maldiciente , la tuya.

Degenerados,
donde nosotros sólo vemos vida,
la que disfrutamos a través de las sensaciones ,
de las humedades compartidas,
de los sonidos de placer incandescente,
de la presión ejercida,
de los roles tolerables sin negociación.

Donde los demás sólo ven oscuridad,
nosotros vemos luz.
Donde los demás sólo ven animales ,
nosotros convertimos su celo en algo que los dioses envidian.

Un día cualquiera,
una entrega sin mediar palabra,
mientras tus manos  se apoderaban de mi cuello
sin casi dejarme respirar,
tu cuerpo se hacía mío, sin necesidad de más,
y sólo quedó,
seguir adelante.
Sin pausa,
con toda la prisa del mundo,
con el éxtasis generoso y compartido,
con la novedad de no necesitar dormir ,
de no sentir si quiera hambre.

Juzgados por los demás,
hemos elegido condena,
reproducido en ciega envidia
por la conjunción perfecta ,
aquella que sólo ellos sueñan,
de quiénes  poseen entregándose sin preguntas
y sin buscar respuestas,
en quiénes saben lo que necesitan y lo dan sin más.

Ana Patricia Cruz López
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