Deseo impuro
y feroz,
única forma
de entrega.
Renegar de
los propios sentimientos,
por el
simple sabor de la carne.
Goce
completo exclusivo para nuestros ojos.
Pleno
estallido en cada encuentro,
sin importar
quién quiera que haya al rededor.
Hacemos los
espacios nuestros,
y el
mobiliario urbano es nuestro escenario.
A punto de
comenzar la representación,
la de
nuestra vida ,
la que
motivó que todo empezase ,
la que nunca
ha encontrado final,
la que no
acabaremos jamás......
las cadenas
que nos unieron,
vuelven a
unir nuestras manos .
Inconformistas,
arriesgados,
nunca nos
movimos por las reglas prefijadas.
Siempre
fuimos diferentes.
Vida a más
de doscientos por hora,
sin asunción
de riesgo.
Sólo vivir.
Despertar
sin saber si habrá mañana,
disfrutar de
nuestra plenitud,
como si el
mundo se acabase en un instante.
Poseyendo el
cuerpo del otro
como salvaje
ritual.
Cada parte
del cuerpo,
arma mortal
al servicio del placer,
tal, y como
tú y yo siempre lo entendimos.
Hay quién
dice,
que será el
infierno el que habrá de juzgarnos.
En nuestra
mente,
una
deliciosa imagen de puro cuero y metal,
con líneas
definidas en nuestros cuerpos
y ansiedad
por devorar,
es la imagen
que nos incita a seguir adelante,
a seguir
infringiendo las reglas,
a no
llevarnos por las normas,
a no medir
el concepto de autoridad salvo en la intimidad,
y siempre
seguido de puros gemidos de placer infinito.
Vicio,
en tono
despectivo,
donde para
nosotros ,
sólo hay
amor.
Depravación,
como insulto,
ante el
regusto ácido en mi boca
como restos
del recuerdo de la noche anterior.
Como si
prendieran una hoguera a nuestro paso,
siento el
fuego interior.
Desafio es
mi respuesta.
Sonrisa
maldiciente , la tuya.
Degenerados,
donde
nosotros sólo vemos vida,
la que
disfrutamos a través de las sensaciones ,
de las
humedades compartidas,
de los
sonidos de placer incandescente,
de la
presión ejercida,
de los roles
tolerables sin negociación.
Donde los
demás sólo ven oscuridad,
nosotros
vemos luz.
Donde los
demás sólo ven animales ,
nosotros
convertimos su celo en algo que los dioses envidian.
Un día
cualquiera,
una entrega
sin mediar palabra,
mientras tus
manos se apoderaban de mi cuello
sin casi
dejarme respirar,
tu cuerpo se
hacía mío, sin necesidad de más,
y sólo
quedó,
seguir
adelante.
Sin pausa,
con toda la
prisa del mundo,
con el
éxtasis generoso y compartido,
con la
novedad de no necesitar dormir ,
de no sentir
si quiera hambre.
Juzgados por
los demás,
hemos
elegido condena,
reproducido
en ciega envidia
por la
conjunción perfecta ,
aquella que
sólo ellos sueñan,
de
quiénes poseen entregándose sin
preguntas
y sin buscar
respuestas,
en quiénes
saben lo que necesitan y lo dan sin más.
Ana Patricia Cruz López
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