miércoles, 22 de julio de 2015

MOMENTOS . Siempre tuya (98)


¿En qué me has convertido?
¿Qué extraña influencia has ejercido sobre mí?
¿Qué es lo que te hace tan inevitable,
que no puedo dejar de mirarte a los ojos?
¿Qué has hecho conmigo qué no soy capaz de percibir?

Ando sin rumbo ,
buscando en los demás lo que un  día vi en ti.
Aquella profundidad capaz de ahogarme hasta agonizar.


¿Dónde estás?
No puedo hacer otra cosa más que gritar tu nombre.
Son mis manos las que vuelven a pedir el roce de las tuyas
meintras me inmovilizas a placer .
Echo de menos aquella mezcla de olores,
la de tu piel impregnándome por completo de ti,
y la del cuero que empleabas conmigo
en aquel juego casi mortal,
dónde el dolor convertías en placer,
dónde me reconocía en ti,
buscando mi extraña apariencia reflejada en tu retina.

Mi rostro desconocido reflejado,
sólo una imagen de lo que deseabas que fuera,
de lo que era estando contigo.

Carne incapaz de sentir,
voluntad a mil .
Que fácil fue pasar de exhigir a rogar,
que difícil que aceptases ese nivel.

Entregada a tu voluntad,
donde el cuerpo se separa por completo de mi alma,
donde sabes que ya soy tuya  sin discusión,
te adentras en mí ,
como el afilado cuchillo de hoja fina que vi brillar más de una vez.

Necesidad de ti que nunca se sacia,
¿Y ahora qué?
¿Dónde estás?
¿Qué hago ahora ?

Huidizo y cobarde a partes iguales,
sólo cuando fui capaz de descubrir quién eras,
a través de tus ojos,
toda tu entrega se enfrió.
El juego ya no te divirtió,
deseando buscar otra ficha a la que poder engañar.

Demasiado transparente para alguien como yo,
tus ojos me lo contaron todo,
me desvelaron tus verdaderas intenciones.

Ando sola por la calle,
buscándote entre la multitud.
Retiro a quienes son distintos,
y doy la vuelta a mis intentos,
fallidos.

Y entre la multitud,
la lluvia recae sobre mí,
haciéndome suya sólo como tú lo hiciste previamente.
Recuerdos imborrables,
de como utilizabas  tu cuerpo para castigarme,
como me fustigabas hasta hacer mis llagas sangrar.
heridas de una guerra deliciosa que me provocaste a comenzar.

Agobiada por el ruido exterior,
tomo aire y vuelvo a gritar tu nombre.
¿Qué me has hecho?
¿Quién soy ahora?

Arrodillada en el suelo húmedo,
hundida y desesperada,
sólo deseo encontrar el camino,
aquel que me permita seguir adelante sin ti.

Pero........
Inconformista por tradición,
viviendo a través de los demás,
marcando con tu estigma
la piel de los cadáveres que has ido dejando,
ni vives , ni dejas vivir,
te apropias y no compartes,
marcas lo tuyo igual que el lobo solitario alejado de la manada,
y como tal, siempre vuelves al punto de partida.

La lluvia se detiene.

La multitud se separa, abre paso.
Siento pasos acercándose lentamente sobre el piso encharcado.
Algo se remueve en mi interior.
La brisa me ha devuelto aquella excitante combinación,
piel , la tuya ,
y cuero,  tu marca en mí.
Sé que eres tú,
quiero creerlo,
deseo saberlo.

Frente a mí,
elevé el rostro y,
aquellos ojos en los que tantas veces me reflejé,
aquellos en los que ansiaba encontrarme,
volvieron a mostrarme la única salida posible.

Ojos , los tuyos,
que eran mi mayor perdición.
Deseo irrefrenable y enviciado de
sangre y sudor.
Mezcla inflamable de ansiedad y ganas,
de entrega y orden,
de completa dependencia mutua a lo que habría de ser,
y a lo que siempre fue.

Tú y yo,
juego mortal
de puro instinto y placer.

Y  yo,
perdida por completo 
sometida  sin esperarlo ,
viva sólo cuando estoy en ti,
me resigno pensando,
que el día que la dulce muerte me lleve,
sean  tus ojos lo úñtimo que vea.

Ana Patricia Cruz López
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