¿En qué me
has convertido?
¿Qué extraña
influencia has ejercido sobre mí?
¿Qué es lo
que te hace tan inevitable,
que no puedo
dejar de mirarte a los ojos?
¿Qué has
hecho conmigo qué no soy capaz de percibir?
Ando sin
rumbo ,
buscando en
los demás lo que un día vi en ti.
Aquella
profundidad capaz de ahogarme hasta agonizar.
¿Dónde
estás?
No puedo
hacer otra cosa más que gritar tu nombre.
Son mis
manos las que vuelven a pedir el roce de las tuyas
meintras me
inmovilizas a placer .
Echo de
menos aquella mezcla de olores,
la de tu
piel impregnándome por completo de ti,
y la del
cuero que empleabas conmigo
en aquel
juego casi mortal,
dónde el
dolor convertías en placer,
dónde me
reconocía en ti,
buscando mi
extraña apariencia reflejada en tu retina.
Mi rostro
desconocido reflejado,
sólo una
imagen de lo que deseabas que fuera,
de lo que
era estando contigo.
Carne
incapaz de sentir,
voluntad a
mil .
Que fácil
fue pasar de exhigir a rogar,
que difícil
que aceptases ese nivel.
Entregada a
tu voluntad,
donde el
cuerpo se separa por completo de mi alma,
donde sabes
que ya soy tuya sin discusión,
te adentras
en mí ,
como el
afilado cuchillo de hoja fina que vi brillar más de una vez.
Necesidad de
ti que nunca se sacia,
¿Y ahora
qué?
¿Dónde
estás?
¿Qué hago
ahora ?
Huidizo y
cobarde a partes iguales,
sólo cuando
fui capaz de descubrir quién eras,
a través de
tus ojos,
toda tu
entrega se enfrió.
El juego ya
no te divirtió,
deseando
buscar otra ficha a la que poder engañar.
Demasiado
transparente para alguien como yo,
tus ojos me
lo contaron todo,
me
desvelaron tus verdaderas intenciones.
Ando sola
por la calle,
buscándote
entre la multitud.
Retiro a
quienes son distintos,
y doy la
vuelta a mis intentos,
fallidos.
Y entre la
multitud,
la lluvia
recae sobre mí,
haciéndome
suya sólo como tú lo hiciste previamente.
Recuerdos
imborrables,
de como
utilizabas tu cuerpo para castigarme,
como me
fustigabas hasta hacer mis llagas sangrar.
heridas de
una guerra deliciosa que me provocaste a comenzar.
Agobiada por
el ruido exterior,
tomo aire y
vuelvo a gritar tu nombre.
¿Qué me has
hecho?
¿Quién soy
ahora?
Arrodillada
en el suelo húmedo,
hundida y
desesperada,
sólo deseo
encontrar el camino,
aquel que me
permita seguir adelante sin ti.
Pero........
Inconformista
por tradición,
viviendo a
través de los demás,
marcando con
tu estigma
la piel de
los cadáveres que has ido dejando,
ni vives ,
ni dejas vivir,
te apropias
y no compartes,
marcas lo
tuyo igual que el lobo solitario alejado de la manada,
y como tal,
siempre vuelves al punto de partida.
La lluvia se
detiene.
La multitud
se separa, abre paso.
Siento pasos
acercándose lentamente sobre el piso encharcado.
Algo se
remueve en mi interior.
La brisa me
ha devuelto aquella excitante combinación,
piel , la
tuya ,
y
cuero, tu marca en mí.
Sé que eres
tú,
quiero
creerlo,
deseo
saberlo.
Frente a mí,
elevé el
rostro y,
aquellos
ojos en los que tantas veces me reflejé,
aquellos en
los que ansiaba encontrarme,
volvieron a
mostrarme la única salida posible.
Ojos , los
tuyos,
que eran mi
mayor perdición.
Deseo
irrefrenable y enviciado de
sangre y
sudor.
Mezcla
inflamable de ansiedad y ganas,
de entrega y
orden,
de completa
dependencia mutua a lo que habría de ser,
y a lo que
siempre fue.
Tú y yo,
juego mortal
de puro
instinto y placer.
Y yo,
perdida por
completo
sometida sin esperarlo ,
viva sólo
cuando estoy en ti,
me resigno
pensando,
que el día
que la dulce muerte me lleve,
sean tus ojos lo úñtimo que vea.
Ana Patricia
Cruz López
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