Negra sombra
la que me cobija
al amparo de
la oscuridad de la noche.
Manos
invisibles que me retienen en el mismo lugar.
Aquel, del
que quiero huir.
Ojos que me
observan desde una esquina,
sin dejarse
ver.
Ventana
abierta.
La brisa,
se ha
convertido en helado viento que lo recubre todo.
Algo veo
acercarse ,
cabalgando
entre las nubes a punto de estallar.
Yo,
dispuesta a
rendirme, a entregarme ,
como
evocación de la única verdad posible.
La que me
impide olvidarte,
la que
reclama que vuelvas a mí,
la que me
impide no amarte,
la que me
vence cuando quiero odiarte .
Sentimiento
resquebrajante,
cuyos
alaridos oigo en mi mente una vez más.
Palabras que
ya escuché más de una vez.
Verdades
revestidas de la mentira de tu existencia.
Una mentira
con sabor a tu cuerpo ,
entregado
como excusa para engatusarme.
Algo en mi
interior ,
me pide que
cierre la ventana,
que no te
deje pasar.
Que mi mente
te olvide ,
que
simplemente, me aleje.
Sabor agrio
en mi boca,
de la sangre
de tu sufrido castigo,
que como
humano recibiste,
al desearme.
Viento que
me traes su aroma,
su voz
suplicante que le deje entrar en mí una vez más.
Y mientras,
la coraza de
mi corazón se refuerza sola
conforme
siente tu cercanía.
Tanto dolor,
tanto
sufrimiento.
Tantas
caricias robadas a algo que creí que era verdad,
nuestra
verdad.
De pie junto
a la ventana,
dispuesta a
cerrar con todo ,
y
enfrentarme a una declaración de guerra inevitable
con las
fuerzas que nunca podría controlar,
ni pude en
el pasado,
siento que
vuelves a atravesarme,
que vuelves
a hacerme tuya .
No te veo,
no puedo
tocarte,
pero siento
la presión de tus dedos inmovilizándome una vez más,
siento el
calor entrecortado emanado de tus labios haciéndose con mi cuello,
mientras mis
labios tratan de escapar.
Y mientras,
aquella
coraza de férreo hierro que construiste,
para
protegerlo de ti,
pese a su
defensa,
pese a
resistirse,
simplemente,
a vuelto a desaparecer.
Sólo abrí
mis ojos una vez,
y tras ver
que las nubes se marchaban jubilosas,
el viento
calmaba de repente,
tendiendo su
alfombra de dulce brisa ,
para los
amantes reencontrados bajo el auspicio de la madre luna,
observadora
paciente,
de tu vuelta
a mí,
y de mi
entrega incondicional.
Ana Patricia
Cruz López
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