miércoles, 22 de julio de 2015

MOMENTOS. Siempre tuya (97)

Negra sombra la que me cobija
al amparo de la oscuridad de la noche.

Manos invisibles que me retienen en el mismo lugar.
Aquel, del que quiero huir.

Ojos que me observan desde una esquina,
sin dejarse ver.


Ventana abierta.
La brisa,
se ha convertido en helado viento que lo recubre todo.
Algo veo acercarse ,
cabalgando entre las nubes a punto de estallar.

Yo,
dispuesta a rendirme, a  entregarme ,
como evocación de la única verdad posible.
La que me impide olvidarte,
la que reclama que vuelvas a mí,
la que me impide no amarte,
la que me vence cuando quiero odiarte .

Sentimiento resquebrajante,
cuyos alaridos oigo en mi mente una vez más.
Palabras que ya escuché más de una vez.
Verdades revestidas de la mentira de tu existencia.
Una mentira con sabor a tu cuerpo ,
entregado como excusa para engatusarme.

Algo en mi interior ,
me pide que cierre la ventana,
que no te deje pasar.
Que mi mente te olvide ,
que simplemente, me aleje.

Sabor agrio en mi boca,
de la sangre de tu sufrido castigo,
que como humano recibiste,
al desearme.

Viento que me traes su aroma,
su voz suplicante que le deje entrar en mí una vez más.
Y mientras,
la coraza de mi corazón  se refuerza sola
conforme siente tu cercanía.

Tanto dolor,
tanto sufrimiento.
Tantas caricias robadas a algo que creí que era verdad,
nuestra verdad.

De pie junto a la ventana,
dispuesta a cerrar con todo ,
y enfrentarme a una declaración de guerra inevitable
con las fuerzas que nunca podría controlar,
ni pude en el pasado,
siento que vuelves a atravesarme,
que vuelves a hacerme tuya .

No te veo,
no puedo tocarte,
pero siento la presión de tus dedos inmovilizándome una vez más,
siento el calor entrecortado emanado de tus labios haciéndose con mi cuello,
mientras mis labios tratan de escapar.

Y mientras,
aquella coraza de férreo hierro que construiste,
para protegerlo de ti,
pese a su defensa,
pese a resistirse,
simplemente, a vuelto a  desaparecer.


Sólo abrí mis ojos una vez,
y tras ver que las nubes se marchaban jubilosas,
el viento calmaba de repente,
tendiendo su alfombra de dulce brisa ,
para los amantes reencontrados bajo el auspicio de la madre luna,
observadora paciente,
de tu vuelta a mí,
y de mi entrega incondicional.

Ana Patricia Cruz López
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