A veces ,
creo que es mi carácter
el que hace que choque contra el mismo cristal
una y otra vez.
Aquel, que no fui capaz de ver en su momento,
ni tampoco ahora.
Aquel, que siendo el único sincero conmigo,
me refleja lo que yo
niego por costumbre.
No logro asimilarme.
Dudo de mí misma de forma constante,
creyéndome incapaz de afrontar lo que se me muestra.
Sentimientos que no reconozco,
me absorben en un mar de dudas
hasta el borde de la locura más infinita.
Cientos de voces mías,
que en mi interior
recorren cada punto,
que parecen provenir de cada esquina
del habitáculo en el que me encuentro,
que parecen adoptar las miles de formas gaseosas y etéreas
que las hacen difíciles de atrapar.
Gritos exigentes que me piden que actúe,
que reaccione.
Llevo tanto tiempo encerrada en mi misma,
que no soy capaz de calcular
cuánto tiempo llevo aislada del mundo.
Observo mis manos ,
y ellas, convertidas en mi única realidad durante meses,
me confieren el peor de los recordatorios.
Cada grieta nueva,
cada pequeña herida,
los cortes intencionales ya cicatrizados..........
Y tras el cristal, la
vida.
Gente que sin aparentes preocupaciones,
se desahoga violentando a los demás.
Gente que sin aparentes pecados,
siempre es la que tira la primera piedra.
Gente , que en su día,
provocó mi encierro,
mi ira escondida.
Aquello que un día me cambió,
alejándote de mí.
Insoportable sensación,
estado angustioso sin explicación.
Deseo de romper y volar,
de acabar con aquello que me ahoga.
Ni un adiós pude decir.
Mi esperanza se desleía
como la acuarela del pincel al contacto con el agua,
y tu imagen ,
se iba difuminando
como el sol de la tarde acaba enfriando.
Escalofríos en mi piel
con aquella última mirada tuya.
Aquella, que nunca
fue igual a las demás.
No hubieron palabras,
ni negociadores.
Los que se ofrecieron para intermediar,
no aceptados.
Sólo ,
dolor cubierto de silencio.
Dolor, que lejos de disiparse con el paso del tiempo,
los recuerdos lo hacen
aflorar con más rencor.
¿Cómo vivir así por siempre?
Preguntándome sí tú cerraste todo,
y pasaste página de forma limpia
olvidando nuestra
historia.
Mi tormento ,
el premio a no haber
sabido reaccionar a tiempo,
a no haber sabido retenerte,
a no haberme entregado como debía,
a no hacerte sentir amado como lo que eres,
único.
Ana Patricia Cruz López
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