CAPITULO PRIMERO
VUELTA A CASA
![]() |
| Créditos a quién corresponda |
Diez de Diciembre.
Centro de Retención de Miami. Once y media de la mañana.
Una funcionaria del centro , con una carta en la mano, se dirige desde
la oficina de comunicaciones a una de las celdas. Llega hasta el ascensor ,
sube al sexto piso y camina por
aquel largo pasillo, hasta detenerse en la última puerta a la
derecha, la celda 625.
Con gesto serio,
introdujo la llave en la cerradura de seguridad , y a través del walky,
solicita su apertura automática, no sin advertir previamente a la interna,
sentada en el camastro, que se levantase,
se incorporara de cara a la
pared y de espaldas a la puerta.
Una vez se hubo asegurado que lo había hecho, dentro de la celda, procedió a comunicarle el contenido del
documento que traía consigo.
• FUNCIONARIA: Acaba
de llegar. Tienes una hora para recoger
tus cosas. Alguien vendrá a buscarte.
Y de la misma forma que entró en el habitáculo ,salió de él, dejando
tras de sí el particular sonido del cierre automático de la puerta. Un sonido
al que por desgracia, había tenido que
acostumbrarse y que por suerte, ese día, oiría por última vez.
Libre! Una expresión duramente deseada estos últimos siete años. Aún
en la soledad de la noche, recordaba sus primeros temores sobre si llegaría a
la mañana siguiente.
Trasladada allí apenas hacía dos días, proveniente de su internamiento
en aquella especie de campo de concentración moderno que había sido su residencia todos estos años: la prisión de
mujeres de Arizona. Un centro de reclusión a la vieja usanza, donde aún se
mantiene a los reclusos encadenados y en trabajos casi forzosos no siempre muy
recomendables de realizar dadas las altas temperaturas del lugar. Situada en
pleno desierto . Un lugar, en el que las
pocas horas de esparcimiento al día , se situaba a las internas en barracones
techados con tela de carpa y literas a las cuales se les unía los pies con cadenas
.
Un régimen casi de lucha continua y de vigilancia constante , donde
sobrevivir se convertía en un juego demasiado arriesgado para algunos y
necesario para la mayoría.
Su mejor amiga y abogada, Liz Adkins, ya le había comunicado dos
semanas antes, que posiblemente la tan
ansiada carta no tardase en llegar , y que tras salir, debería permanecer en
situación condicional unos cinco años.
Nunca a lo largo de su vida
había hecho un bulto de viaje con tanta rapidez y facilidad. Apenas
quince minutos después de la visita de la funcionaria, todo estaba listo para
salir.
Antes de poder respirar la libertad , aún hubo de pasar por el
registro de salida , con su último cacheo correspondiente, y firmar los últimos
documentos que acreditarían su marcha
oficial y su nuevo estado .
Desde la puerta de aquel despacho, apenas cincuenta metros la
separaban de la última puerta.
Una vez delante de la gran puerta de salida, los nervios
comenzaron a recorrer su cuerpo, y una sensación de ahogo ante lo que podía
encontrarse fuera, después de tantos años, era
lo que casi le impedía dar un paso.
Una señal del policía de vigilancia, y aquella pesada puerta de hierro
comenzó a abrirse , y a dejar ver lo que se encontraba al otro lado.
Ataviada con un pantalón
deportivo oscuro, una sudadera , zapatillas deportivas y gafas de sol, una
imagen completamente desaliñada y diferente a la que solía tener acostumbrados
a los suyos, se pensó mucho con qué pie salir de allí. Ansiaba más que nada
marcharse y olvidarse de todo aquello, pero de pronto, muchas imágenes que habían permanecido
resguardadas en su mente de forma intencional, comenzaban a hacer acto de
presencia.
Sólo logró recuperar algo de serenidad, cuando tras abrirse completamente la puerta,
vio a uno de sus más íntimos amigos y casi su ángel de la guarda Michael
Fassworth, esperándola apoyado en un coche de lujo como antaño ya los había
tenido, correctamente ataviado , protegiendo sus ojos con gafas oscuras , y los brazos cruzados en
el pecho.
Con paso firme, se acercó a él.
Cuando Heyden llegó al coche,
se apoyó a la izquierda, de la que era
sin duda, la persona clave de su vida, y él único capaz de comprenderla.
Alguien al que conocía desde hacía tantos años, que seguía bastando un solo gesto para saber los deseos o
pensamientos del otro.
Un silencio cortante, pero la respiración de ella parecía calmada,
aunque su cuerpo aún manifestase cierto grado de tensión. Michael procuró darle
la bienvenida en su forma acostumbrada para mostrarle que las cosas , al menos
aparentemente, no habían cambiado.
• MICHAEL: (Con su
habitual y desquiciante tono irónico) Estás horrible. Encima que el Estado te
ha pagado unas vacaciones a costa de los contribuyentes, tú se lo devuelves de esta guisa.
Dado el tono habitual de sarcasmo puro y duro del que solía hacer gala
normalmente en las situaciones tensas, ella no pudo evitar hacer un ámago de
sonrisa.
• HEYDEN : Sácame de
aquí.
Se subieron al coche y se
dirigieron al hotel preferido de ella, tal y como él le había prometido el día
que la encerraron. Cuando se encontraban en recepción , mientras Heyden concretaba el papeleo, él no
dejaba de observarla. Algo había cambiado y era más que evidente, no sólo
físicamente, sino por algo que , sin saber exactamente de qué se trataba, era
capaz de percibir de ella.
Durante el camino hacia los ascensores, o durante los pasos que les
llevarían a la suite , el silencio era cada vez más pesado y lastrante.
Con la llave electrónica de la puerta en la mano, antes de
introducirla, se quedó pensativa.
Antes de que él pudiera preguntarle nada, volvió en sí, y abrió.
Una vez en el interior, Michael, tan atento como de costumbre, le preparaba un baño mientras ella se
desvestía en el dormitorio, cubriendo su
cuerpo con una toalla enrollada,
observándose todo el tiempo en el espejo del tocador de la habitación.
Cuando él volvía con una copa en la mano , quedó paralizado en la puerta
ante la incredulidad de lo que se mostraba ante sus ojos.
Dada su experiencia profesional y avatares diversos de su vida,
conocía perfectamente el daño que podía producir estar en un sitio como el
centro de reclusión en el que había vivido o sobrevivido estos últimos siete
años. Envejecimiento temprano , ojos profundamente tristes, y el más dantesco espectáculo que se ocultaba
tras la vestimenta, las peores fotografías fijas más difíciles de olvidar, algo de lo que él se
alegraba que nadie más fuese testigo.
Delgadez extrema, hasta el
punto de poder contar cada una de las vértebras y nudos de su columna sin tener
que tocar. El recuerdo de lo que era su enorme melena castaña ligeramente
ondulada , ahora estropeada y sin
brillo, y una cara de auténtica languidez y tristeza extrema que bien hacía en
ocultar tras las gafas de sol.
Aquella no parecía ni la sombra de la Heyden Nash que todos creían conocer. La Heyden fuerte y aguerrida,
rompedora y con una naturaleza salvaje que la convertía en un animal tan
hermoso y excitante, oculta tras una
cara inocente y un aspecto aparentemente normal.
La Heyden imponente de 1.75cm, con piernas de escándalo, pechos
turgentes, caderas sinuosas y marcadas,
y que disfrutaba , sin embargo, de su apariencia discreta pero no
indiferente.
Ella le pilló observándola desde la puerta por su imagen reflejada en el espejo, y sin
poder mirarle a la cara, bajó la cabeza y se dirigió al baño.
Michael entró detrás de ella y le colocó la copa que le había
preparado en una pequeña silla auxiliar situada al lado de la bañera.
Volvió al saloncito de la suite y decidió esperarla allí .
Cuando ella hubo terminado, vestida con el albornoz del hotel , se sentó junto a él en el gran sofá de la
terraza. Una noche , despejada y con
luna llena. Las espectaculares
vistas y
una temperatura envidiable para ser Diciembre, fueron el marco ideal para aquel reencuentro.
Con su brazo en el espaldar, Michael giró su cabeza hacia ella, y con
los ojos, como si fuesen sus dedos, recorría todo su perfil, algo que no había
olvidado jamás durante todo este tiempo.
Con su mano, decidió ayudar a relajarse
acariciándole la nuca y el nacimiento del pelo.
• MICHAEL: ¿Y ahora?
• HEYDEN: Me iré unos días fuera.
• MICHAEL:- la miró
extrañado- ¿Unos días?
• HEYDEN: Sí- con la
mirada al azul horizonte , partido en dos por la diferencia de tonalidad entre
el cielo y el mar, bebió un sorbo de su copa- lo justo para recuperarme. Pero
no tienes de qué preocuparte, cuando vuelva, lo haré por la misma puerta grande
por la que me sacaron de todo cuando me arrestaron. Además, hay gente que me
debe favores, ya es hora de que los vayan devolviendo.
• MICHAEL: ¿Irás a verla?
• HEYDEN: Sí. Creo que
ya ha estado sin mí suficiente tempo.
• MICHAEL: - serio y
temeroso de la respuesta, tuvo que realizarle la siguiente pregunta- ¿Y a él?
Ella apuró su copa. La relajación producida por el baño dejaba paso de
nuevo a cierta tensión que se acrecentaba en ella por momentos.
• HEYDEN: No…
El tema seguía doliéndole demasiado como para poder afrontarlo.
• MICHAEL: No le has
dejado que te viera en todo este tiempo, y lo único que ha hecho es
insistir y preguntar por ti.
• HEYDEN: ¡Dios!-
alterada, se levantó del sofá hacia el borde de la barandilla- No le convenía
estar cerca de mí, y menos allí. Además, nunca supo realmente porque estuve y
será mejor así.
• MICHAEL: No
exactamente.
Extrañada, se dio la vuelta hacia él.
• MICHAEL: Poco
después del juicio sus preguntas se hicieron cada vez mas rutinarias, no hacía
otra cosa que preguntar , no entendía nada, y al final, tuve que contárselo.
Soltando la copa en la mesita auxiliar , le sobrepuso el cuerpo hasta
casi arrinconarlo en el sillón.
• HEYDEN: ¿Contárselo?
¿Qué diablos le tuviste que contar?
Acostumbrado a este tipo de arranques de temperamento por su parte, y
lejos de sentirse amenazado, prefirió conservar la calma y continuar contestándole.
• MICHAEL: La verdad.
Ella volvió a incorporarse, y tanto el tono como la expresión de su
voz cambiaron.
• HEYDEN: ¿Todo?
• MICHAEL: Todo ….lo
que debía saber.
Con eso bastaba para que la tranquilidad volviese y pudiese respirar
de otra forma de nuevo. Con eso bastaba para entenderse.
Sin decir nada más, se adentró de nuevo en el interior de la
habitación, mientras la voz de Michael seguía resonando con otro tema.
• MICHAEL: Te he
dejado encima de la mesa unos papeles que me gustaría que leyeses y firmases
antes de irte.
Ella se acercó a la mesa y vio una carpeta, pero a su derecha habían ,
perfectamente alineados, tres juegos de llaves, los tres muy reconocibles.
• HEYDEN: ¿Qué hace
este tercer juego de llaves aquí?
• MICHAEL: El coche,
la moto . y….- ella le interrumpió-.
• HEYDEN: Se de lo
que es, por eso te lo pregunto ¿qué hace aquí?
• MICHAEL: Sé lo que
me dijiste , pero no pude. Lo reformé, y quería que lo vieras una vez más antes
de hacer nada.
• HEYDEN: No voy a
volver a entrar ahí , y lo sabes.
• MICHAEL: Sólo una
vez más. Si cuando lo veas, aún sigues insistiendo en que lo venda, lo haré, su
comprador lo lleva esperando siete años.
• HEYDEN: ¿Esperando?
¿Siete años? ¿Cómo has logrado aguantarlo tanto tiempo?
• MICHAEL: Bueno, -
mientras se acercaba a ella con media sonrisa en su rostro- en realidad ,
siempre ha estado enamorado de él y, haría lo que fuera por tenerlo, así que,
no le importaba esperar lo que fuera necesario.
• HEYDEN: ¿Y quién es
ese iluso?
Se señaló con los brazos abiertos.
• MICHAEL: Sí, supongo
que ser un soñador tiene sus consecuencias.
Ella no podía creérselo, pero aún así, como siempre, logró sacarle una
sonrisa.
• HEYDEN: ¿Tú?
Pero….. ¿Enamorado de mi piso? ¿Desde cuándo?
• MICHAEL: Desde que
lo vimos, y no me hagas recordar el día que lo hicimos- con sus manos en ambos
hombros y tono condescendiente, intentó convencerla una última vez- No podía permitir que se perdiera en manos
desconocidas. El piso con los mejores amaneceres y los más tiernos atardeceres
de toda la ciudad.- respiró hondo- Sólo
una vez más. Si después de hacerlo quieres seguir adelante, te lo compraré yo.
• HEYDEN: ¿Te has
dado cuenta de que si lo vendo, por el mismo motivo no iría a visitarte?
Se encogió de hombros resignado.
- MICHAEL: ¿Eso significa que no dormiremos más juntos?
Ella no pudo evitar reírse, y le quitó las manos de encima.
• HEYDEN: ¡Dios,
Michael! – se dirigió hacia el bar- No
deberías tentarme. Para una mujer como yo , siete años son muchos para notar
una ausencia. Y sabes que eso es algo que prefiero no plantearme, no contigo.
No podría prescindir de ti, y menos aún perderte.
Él se sentó tras el mostrador, y con sus brazos apoyados, los alógenos
blaquecinos del techo aclaraban más aún sus cristalinos ojos azules, resultando un panorama más que
tentador, evocándole a ella , imágenes de tiempos pasados, del día que esos
ojos fueron vistos de cerca por primera vez y del día en que él se convertiría
en su ángel protector.
Mientras tanto, ese mismo día, esa misma tarde, en Nueva York, Liz Adkins se disponía a entrar en su
despacho cuando al estirar su cabeza
pudo ver que David Nash,
hermano de Heyden, y socio suyo en el
despacho de abogados donde trabajaba , estaba en el suyo leyendo el periódico.
Decidida y bajo la excusa de llevarle unos papeles firmados, aprovechó para
invadir con su presencia todo el habitáculo, y sin esperar a que él le diese el paso o el permiso oportuno,
entró y se acercó hasta la mesa.
• LIZ: Buenos días.
Te he traído los documentos que me pediste.
David, con gesto muy serio no levantaba la vista del periódico.
• DAVID: ¿Dónde has
estado?
• LIZ: En Registros y
en la Notaría.
David , impertérrito seguía sin querer dejar de prestar atención a su
lectura.
• LIZ: -intentando
aplicar sus dotes diplomáticas a la hora de darle información sobre Heyden-
Está bien, aunque visiblemente mucho más delgada , al parecer.
Ni un mínimo gesto , ni de conformidad o discrepancia. David tenía un
carácter normalmente afable, pero de vez en cuando era capaz de mostrar unos
prontos bastante sorprendentes en una persona como él, y por una vez, Liz hubiera preferido una reacción algo más viva , sobre todo para no terminar
desquiciada, así que decidió insistir
con el objetivo de que reaccionara.
• LIZ: Pasará unos días fuera.
• DAVID: ¿Por qué me
cuentas todo eso? Yo no te he preguntado.
La frialdad extrema demostrada por él en ese instante, la enfurecía tanto que se levantó bruscamente
de la silla, y gritando desesperada le espetó en su cara.
• LIZ: ¡Dios David!
¿Cuánto tiempo vas a seguir manteniendo ésto así?
David cerró el periódico , lo dobló y lo dejó encima de la mesa , y
sin perder la calma aparentemente, se dirigió a Liz.
• DAVID: Te recuerdo
que yo no empecé esto.
• LIZ: Han pasado
siete años, ¡por amor de Dios!. Es lo único que te queda.
• DAVID: Yo no
provoqué esta situación.
• LIZ: Es tu hermana
David, la única familia que tienes- al ver su imperturbable reacción , Liz se
enfureció más aún.-¿qué por qué te digo esto? ¿Por qué tú maldito orgullo te impide preguntar por
ella aunque te mueras de ganas de hacerlo?
David se levantó violentamente de la silla y antes de seguir caminando
hacia Liz , paró en seco a mitad de camino.
• DAVID: ¡Aquella
mujer a la que llamas mi hermana , me falló de todas las formas posibles y me
hizo más daño del que jamás hubiera podido esperar soportar!, y ¿aún te atreves
a cuestionar mi actitud con ella?
• LIZ: No lo hago,
sólo he dicho que es demasiado tiempo para que estéis así . David, ella quizás sea más orgullosa y cabezota que
tú, y es cierto, ha hecho cosas terribles de las que no se siente orgullosa y
lo ha reconocido, pero ¿quién no comete fallos en su vida? ¿Cuánta gente
conoces que no haya metido la pata en su forma de hacer las cosas o de tomar
decisiones? ¿A caso estamos nosotros
libres de pecado?
• DAVID: Me ha
fallado, ha vulnerado mi confianza en ella. Era lo que más quería en este
mundo, pero ..
• LIZ: No se siente
orgullosa, pero hizo lo que tenía que hacer para no perjudicarte ni perjudicar
a los demás. ¿Qué te hizo daño? Por supuesto, pero no fuiste el único David.
Estoy segura de que ella aún se quedó peor por todo ello.
• DAVID: Y todo lo que me ocultó…… No fue capaz………
Liz se acercó a él y colocándole la mano en el hombro, intentó
tranquilizarlo.
• LIZ: Todos
guardamos algún secreto que no somos capaces de controlar llegado el momento de
su descubrimiento, porque mientras ha sido nuestro, no había nada que controlar.
Mientras Liz respiraba hondo, David pensaba en cuánta razón tenían sus
palabras, pero siendo conscientes ambos, de que el dolor padecido había sido
demasiado grande , y las heridas infringidas demasiado profundas como para
poder olvidarlo todo de un plumazo.
Y la vida continuaba, aquí, allí, en todas partes. Nuevos amaneceres,
nuevas conversaciones, noches que invaden cuerpos sin parar, experiencias
exprimidas hasta el último aliento, planes inconclusos, y muchos días aún en
los que tomar decisiones trascendentes.
Michael acudía por amistad con él durante las dos campañas
presidenciales que estuvo dirigiendo.
Pasada aproximadamente una media hora desde el supuesto inicio oficial
de la velada, el anfitrión hizo acto de presencia , aunque no fue tanto su
persona la que causó expectación a los asistentes , sino más bien la exuberante
y más que llamativa acompañante que,
agarrada de su brazo, se
presentaba en sociedad después de mucho tiempo ausente de todo acto social.
Habiendo sido una habitual de
este tipo de celebraciones, desde su encarcelamiento y ya previamente, cuando
comenzaba a rumorearse sobre los posibles orígenes no muy lícitos de sus
ingresos, nadie en los círculos de la
más selecta sociedad de Miami, ni de
otros tantos estados presentes aquella noche allí, daban ni un solo dólar
porque ella pudiera regresar a la vista de todos, y mucho menos de la mano del
mismísimo gobernador. Altiva y serenamente bella. Una mujer completamente
diferente a la de hacía dos semanas.
Heyden Nash volvía a la escena pública,
y volvía para ser ella misma, con la cabeza bien alta.
¿Su objetivo asistiendo? No pasar desapercibida, y eso era algo que cuando quería , sabía
transmitir muy bien. ¿La razón? Sólo ella lo sabía, pero estaba claro que con
aquella entrada, comunicaba de forma
oficial su vuelta a la vida pública, los titulares y los eventos.
Pero había algo más detrás de
una reentré de ese calado.
Heyden no acostumbraba a actuar sin pensar primero en el plan de
entrada y su posterior salida. Manejaba los tiempos de
las situaciones en las que se veía envuelta con presta soltura ya que no le
gustaba dejar nada al azar, y todo lo que realizaba meditando, tenía un objetivo claro y preciso. Pero, en
este caso ¿cuál?.
Indiscutiblemente, había
logrado captar la atención de toda la sala , incluido Michael , que ni siquiera
sabía que había vuelto de dónde quisiese que estuviera, y entre la sorpresa y
la admiración que siempre había sentido hacia ella, le pudo más la curiosidad
por saber qué estaría tramando aquel “diablo con cuerpo de ángel”, como a él siempre le encantó definirla.
Tras los saludos iniciales a los invitados que , curiosos cotilleantes
como siempre, se acercaban a ella utilizando la excusa de darle la bienvenida
cordialmente, Heyden , consciente que
desde su entrada en la sala, Michael no
cesaba de observarla con la cara
más lasciva que le caracterizaba cuando
algo quería, se acercó a él.
Aquella forma de caminar tan
especialmente suya, aquel contoneo de sus caderas y el acompasamiento de su cuerpo,
aquella media sonrisa en su rostro, su cabello…….. Por fín él,, podía reconocer
a la mujer que era antes de que todo pasase, pero en su forma de mirarle , sus
pensamientos y recuerdos iban mucho más atrás. Tanto, que no podía evitar que
la piel se le erizase por completo. Heyden había vuelto. La cuestión, era cómo.
Cuando ella le alcanzó,
colocándole la mano en el pecho y acercándose a su oído, le besó en la mejilla, y le susurró algo sin abandonar su sonrisa.
• HEYDEN: Te dije que
volvería por la puerta grande .
Bastó ese gesto para que todas las dudas de Michael se disiparán de
golpe. Seguía siendo la misma, quizás más reforzada y empoderada, pero directa
y sexualmente manipuladora cuando quería. Sólo le quedaba saber por qué.
Así que la conversación prosiguió mientras los dos disfrutaban de la
visión, Michael del resto de la sala, y Heyden de las maravillosas vistas que mostraban en toda su amplitud a través de
los grandes ventanales que daban a la terraza, de espaldas al auditorio que continuaba
cotilleando.
• MICHAEL: La verdad
es que no sé como Celeste no se ha lanzado sobre ti a estas alturas.
• HEYDEN: A ella ,
hace mucho que estas cosas le resbalan bastante. Mientras él no se gaste su
dinero , y le siga pagando los caprichos , ella contenta. Yo no soy la única de
la que ha disfrutado en público.
• MICHAEL: Cierto,
pero sí eres la que en más ocasiones ha lucido con él, incluso en privado.
• HEYDEN: Ella
tampoco es una santa. Hubo una época en la que se dedicaron a perseguirse
mutuamente.
Sorprendido por el hallazgo, no pudo evitar reírse .
• MICHAEL: ¡No fastidies!
• HEYDEN: Lo que
estás oyendo. El que estaba de buenas era el despacho de detectives, fueron tan
poco inteligentes de contratar el mismo.
Intentando disimular la carcajada nerviosa e inevitable, giró su cara
hacia ella y trató de tapase la boca con la copa de vino que portaba.
Con la perspectiva de su perfil, fue serenándose. Pensativa, él sabía que no pararía de darle
vueltas a lo que fuera que le ocupase la mente, y ahora que había vuelto,
necesitaba seguir disipando algunas dudas.
• MICHAEL: Ahora que
estás fuera, ¿Sabes que Bourke vendrá a por ti?
Sin que su gesto variase ni por un instante , le contestó mientras
seguía jugueteando con el borde de la copa de cristal sostenida entre sus
manos.
• HEYDEN: No lo hará.
No al menos cómo crees.
• MICHAEL: Ilumíname – le contestó irónicamente- .
• HEYDEN: Antes que
él, lo harán los federales. Si Bourke hubiera querido terminar el trabajo, ya
lo habría hecho. Sabe que valgo más viva que muerta. Sabe que hice un trato,
que hablé con ellos, pero también sabe
que no fue todo, de lo contrario, hubieran ido por él antes de largarse.
• MICHAEL: ¿Y eso lo
ha deducido sólo o …...?
• HEYDEN: Su gente no
se identifico abiertamente, pero sabían quiénes eran. Un par de altercados , y
una vigilancia constante , me bastaron para saber de qué iba la historia
mientras estuviese allí dentro.
• MICHAEL: Y , ¿los
federales?
• HEYDEN: Esos son
otra historia. Ellos quieren la otra parte de la información que aún se
encuentra aquí- señaló para su cabeza- , la que no les di en su momento.
• MICHAEL: Se dice
que ha sido visto en Panamá.
• HEYDEN: Ha vuelto,
y ha procurado no ser muy discreto, como
siempre. Lo que no estará fijo. Lo de
Panamá fue una tapadera durante un tiempo.
• MICHAEL: ¿México o
Brasil?
• HEYDEN: Para lo que
él quiere, necesita no llamar demasiado la atención , y tener buena
disponibilidad en sus entradas y salidas. México es la mejor opción.
• MICHAEL: Primero ,
te quiso muerta. Ahora, le vales más viva. Lo que me pregunto, es cómo se lo
montará para tratar de conseguir lo que quiere.
• HEYDEN: Ni te lo
cuestiones.- le dijo muy seria, centrándose en él, y con una de sus manos en el
hombro.
Sin embargo, el rostro que veía no era el de un Michael tan
distendido. Observaba fijamente el fondo de la sala, y aunque la música que
amenizaba se encontraba alta, sonidos como de
chismorreos en corrillos parecieron llegarle vagamente.
La cara de Michael, de sorpresa, no aventuraba nada bueno. La miró, y
ella sintió presión en el pecho. Cerrando los ojos y mirando hacia abajo, sólo
pudo oir de él un “lo siento” ahogado.
La altivez de Heyden dio lugar a su más íntima y profunda
miniaturización. Se sentía muy pequeña, con ganas de correr y alejarse , pero
ni su cuerpo ni su mente le respondían al estimulo de su necesidad.
Efectivamente había algo que nunca había podido controlar, su reacción cuando se encontraba cerca de un
hombre muy determinado: Robert Sheldon. Su marido.
Mientras Michael veía como
Robert se acercaba con paso firme y gesto serio, ella no podía dar un solo
paso ni realizar un gesto cualquiera. Ni
siquiera era capaz de pensar.
Tenía que reaccionar de forma
veloz antes de que él llegase , y no se
le ocurrió otra cosa que huir hacia la terraza con la excusa de coger aire.
Cuando Robert vio la huida ,
desvió su camino para dar con ella y Michael , observante puntilloso de
toda la escena, lo interceptó durante el
recorrido antes de que saliese a la terraza.
• MICHAEL: Robert!
El gesto connatural a la interceptación, tratar de detenerle para que pensase bien lo
que iba a hacer antes de llevarlo a cabo,
fue correspondido con un gesto serio de enfado bastante conocido por él
en la persona de Robert, y sólo traducible
en “ o te apartas de mi camino o no respondo”.
Robert respiró hondo y Michael se apartó , prosiguiendo su andar firme hacia dónde se encontraba ella.
Cuando salió a la terraza allí estaba , apoyada en la baranda
observando el mar mientras la brisa movía su pelo. Tras un instante, durante el
cual se limitó a disfrutar observándola,
se acercó lentamente y se apoyó a su lado. Apenas unos centímetros les
separaban de lo que podría ser un roce casual o del más profundo de los
abrazos, pero en aquel momento, se
limitaron a seguir mirando al mar mientras los silencios, profundos y cortantes
, no parecían dejar un hueco a algún
sonido identificable con una palabra.
Ella no fue capaz de mirarle. Sintiéndose fuerte en todo lo demás que rodeaba su vida,
desgraciadamente para ella, en este aspecto en concreto, su fragilidad más incontrolable se mostraba
siempre.
Con el anverso de su mano, ayudado por dos de los dedos de la misma,
suavemente, le retiró parte del cabello
que se le cruzaba en la cara colocándoselo detrás de la oreja . Con un leve
roce en su mejilla, apenas perceptible, su piel se estremeció sin poder evitar
el reflejo de ligero seguimiento y leve complacencia de su cabeza a dicho
gesto.
Como mismo vino, decidió
marcharse, sin una palabra dicha, tan sólo un gesto y ya estaba todo más que
dicho. No hacía falta nada más.
Al salir , Robert se cruzó de nuevo con Michael que lo había visto
todo desde el portalón corredizo de entrada a la terraza, y tras volver a cruzar miradas con él durante unos segundos ,
siguió su camino hacia la puerta de salida. Tras respirar hondo, Michael fue a dar con ella.
• HEYDEN: Llévame a
casa por favor.
Bajaron hasta el parking del hotel sin que mediara entre ellos palabra
alguna en el ascensor.
Este encuentro no estaba previsto, ella tenía la sensación de que algo
había salido mal, que no debía de haber pasado. Algo que creía que estaba
solucionado y aún continuaba pendiente.
Aún había algo de la antigua Heyden en ella.
Se subieron al coche, y tras
arrancar , pensativo porque no estaba seguro de la dirección exacta que deseaba
tomar, en el primer semáforo en el que se vio obligado a detenerse, le
preguntó:
• MICHAEL: ¿Al hotel?
• HEYDEN: No.
Quería ir al Loft. Un extraño cambio de opinión.
Aparcaron el coche en el garaje y subieron. Michael aún continuaba
conservando la llave de repuesto que ella le dio en su momento por si alguna
vez ocurría algo y que mantuvo para poder estar pendiente del piso y vigilar
las obras.
Él abrió la puerta , encendió las luces y Heyden se quedó petrificada
en la entrada sin poder creerse que volviera a estar allí, especialmente
después de lo que había pasado.
No había señales de aquella noche. Completamente reformado, diáfano
como a ella le gustaba, minimalista en cuanto al mobiliario, decorado en blanco
y negro, parecía mucho más amplio aún.
Temerosa en cierta medida por tanto cambio, se sorprendió de que la
decoración hubiera coincidido con su gusto tanto como si lo hubiera hecho ella
misma.
Al verla en la puerta, dubitativa sobre lo qué hacer, intentó
convencerla con la mayor naturalidad posible para que entrase.
• MICHAEL: Deberías
ver el resto.
Ella terminó por entrar , y él
, cerró la puerta tras de sí, acercándose después a los grandes ventanales y
apretando un botón para que los estores subieran lentamente dejando vislumbrar
las fabulosas vistas de la ciudad.
Casi inconscientemente, ella
comenzó a recorrer toda la estancia, fijándose hasta en los detalles más
pequeños, acariciando cada tramo de pared o los sillones, deteniéndose y
observando algunos puntos clave.
• HEYDEN: ¿Ha sido
idea tuya?
• MICHAEL: Sí. Aunque con bastante miedo si te he de ser
sincero. No sabía si te llegaría a gustar.
Todo preparado al milímetro para que ella pudiera regresar sin tener
un solo recuerdo de aquella noche, ni de
cómo era el piso antes de aquello. La insistencia de Michael en que ella lo
viera, en parte se debía ,porque necesitaba confirmar su reacción. Conociéndola
a la perfección , conservaba la
esperanza de que cambiase de opinión sobre la opción de venderlo.
Y su impresión fue variando. Por la expresión de su cara , Heyden se
fue encontrando cada vez más cómoda y relajada. Con sus amagos de sonrisa hacia
Michael, le reconocía el buen trabajo realizado, y los esfuerzos y el empeño puestos en aquel
proyecto involuntario y nada fácil.
• HEYDEN: ¿En serio
lo quieres?
• MICHAEL: Sí.
Ella dirigió su mirada hacia uno de los ventanales en concreto, se
acercó a él, y colocó con miedo sus dedos en un punto concreto del cristal.
Lanzó su vista más allá, hacia la azotea del edificio alto de en frente, y con
voz segura le dijo.
- HEYDEN: Pues , me temo que tendrás que esperar.
Michael no podía disimular su felicidad y satisfacción.
• MICHAEL: Bien.
De hecho decidió que aquella fuera la primera noche de su nueva vida,
una vida que ella misma se había encargado de programar minuciosamente durante
los siete años de aletargado encierro.
Y para comenzarla , nada mejor que un sueño reparador.
A la mañana siguiente, cuando aún la luz del alba no había comenzado a
invadir las calles , Heyden decidió
levantarse y aprovechar el día.
Cuando hubo dejado todo listo y tras tomarse una taza de café recién
hecho, bajó a la recepción del edificio para pedir un taxi que la llevase a su
oficina, y tras la confirmación , salió del vestíbulo a la calle para disfrutar
del aire de la mañana mientras llegaba el coche. Sin embargo, su paz se vio
interrumpida por la visión más que familiar de un coche todoterreno negro que
se acercaba a velocidad media y paraba justo delante de ella. Bajó la cabeza, respiró hondo y oyó una
puerta abrirse y una voz muy familiar a continuación : “ Sube al coche”.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados

Fue la mejor lectura que pude tener en el mes. dios... se nota que cuidaste cada detalle, me encanto... no se... fue bueno leer algo distinto a lo acostumbrado... espero el próximo capitulo
ResponderEliminarPatri mi bella te luciste mujer que capitulo ,estoy de acuerdo con Michi es algo distinto ,me gusto mucho
ResponderEliminar